Mostrando las entradas con la etiqueta Leopoldo Moreau. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Leopoldo Moreau. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de enero de 2022

CFK en Acción. Sin programa no hay acuerdo... @dealgunamaneraok...

CFK en Acción. Sin programa no hay acuerdo...

Muchas gracias por todo... Cristine Lagarde - Mauricio Macri. Dibujo: Pablo Temes.

Pese al relato oficial sobre el entendimiento con el Fondo Monetario, lo acordado es algo mucho más modesto.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 29/01/2022 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.

En la mañana del viernes, el presidente Alberto Fernández anunció que el Gobierno cerró un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar la deuda tomada por el gobierno de Juntos por el Cambio por US$ 44 mil millones. 

“Había un problema gravísimo y urgente y ahora tenemos una solución posible y razonable”. Las palabras del primer mandatario serán el nuevo latiguillo que pululará por las esferas del poder por tiempo indeterminado. El principio de acuerdo con el FMI es, sin lugar a dudas, una buena noticia; de otra forma, lo que venía era la caída al abismo. Sin embargo, el paso de las horas ha dejado expuesto con claridad los vaivenes del Gobierno, a los que intentó –como siempre– enmascarar con el relato, y las diferencias internas que afectan la credibilidad de AF quien, curiosamente, grabó su discurso en medio de una ambientación similar a la que utilizó Fernando de la Rúa para anunciar el acuerdo con el FMI al que se había arribado en el año 2000.       


Fuego amigo.
 “Todo pudo haber sido más sencillo”, afirmaba una voz importante del FMI desde su oficina en Washington en la gélida mañana del viernes. “El gobierno argentino tiene un importante elemento a su favor: después de los efectos negativos que internacionalmente produjo el default de 2001, nadie quiere repetir algo similar. Es curioso que no se den cuenta de esto para negociar más inteligentemente.” 

Las horas previas al acuerdo sumaron tensión. Desde Balcarce 50 hablaban de “cuestión de Estado” para evitar las filtraciones, pero al mismo tiempo, reconocían que las declaraciones que circularon a mitad de semana sobre la posibilidad de optar por no pagar y cerrar el diálogo con el FMI jugaron en contra.

El propio ministro de la Producción, Matías Kulfas, tuvo que salir a decir que no era razonable plantear un escenario de default: “Esa hipótesis no se valida con la realidad”. Los dardos fueron tanto para el diputado nacional cristinista Leopoldo Moreau como para el director del Banco de la Nación Argentina, Claudio Lozano.

En rigor de verdad, son muchos más los que agitaron esas versiones. La propia CFK arremetió desde Honduras contra los organismos de crédito internacional y ejerció una velada crítica a los Estados Unidos para tirarle un poco más de nafta al fuego.

Una fuente cercana al ministro lo reiteró en sus propias palabras: “El kirchnerismo duro y también el kirchnerismo bobo tiene la fantasía de no pagar y usar la plata para el bienestar del pueblo. Eso es exactamente una retórica estudiantil de las que se usan en el colegio secundario para hacerse el altruista. La realidad indica que si no se acuerda con el Fondo, el costo lo termina pagando la gente. Dejemos la estudiantina para los chicos” –bramó. 

Es justo decir que, para congraciarse con la parte más áspera del Frente de Todos Contra Todos, el propio Presidente optó por montar su propio show en Merlo cuando apeló a la memoria colectiva: “Cuando los ajustes llegaron el pueblo padeció” –dijo con un rostro de congoja impostado. Luego del preacuerdo alcanzado insistió en que el FMI debe hacer una crítica profunda de su política de las últimas décadas. 

En medio de este tira y afloje, el dato político más significativo fue el estrepitoso silencio de CFK. Es un silencio que habla de su desacuerdo y disgusto por el paso que se ha dado. Es producto de su vida en la irrealidad. Recuérdese que en sus dos primeros gobiernos se decidió no tomar préstamos del FMI a tasas del 4 al 6% y se optó por recibirlos de Hugo Chávez a intereses significativamente mayores.

En el discurso de su anuncio Fernández enfatizó diferentes aspectos teñidos de relato: “No restringe, no limita ni condiciona, los derechos de nuestros jubilados que recuperamos en el año 2020. No nos obliga a una reforma laboral. Promueve nuestra inversión en obra pública. No nos impone llegar a un déficit cero”.

Lo primero que hay que subrayar de este párrafo es la mentira de su primera línea: si hay un sector de la sociedad que nada ha recuperado es el de los jubilados y pensionados. Lo segundo es que, en su conferencia de prensa, Martín Guzmán dijo algo diferente: habló que el equilibrio fiscal –déficit cero– se alcanzaría en el 2025. Entonces, ¿se pidió o no se pidió déficit cero?¿Quién miente?

No se explicó cómo se va a financiar el déficit de los próximos años que, según el mismo Guzmán, será del 2,5% del PBI este año, del 1,9% el próximo año y de 0,9% en 2024. Dijo también el ministro que el nuevo programa representaría una cifra de 44 mil millones de dólares, algo que no está mencionado en la comunicación del Fondo. 

“También hemos acordado que el apoyo financiero adicional de los socios internacionales de Argentina ayudaría a reforzar la resiliencia externa del país y sus esfuerzos para asegurar un crecimiento más inclusivo y sostenible”, dice en otro de sus párrafos el parte del FMI. En la acepción segunda de la palabra resiliencia que aparece en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se la define como la “capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”. No queda claro, pues, cuál será la instrumentación por medio de la que la Argentina logrará reforzar la “resiliencia externa”.

“El personal técnico del FMI y las autoridades argentinas han llegado a entendimientos sobre políticas clave como parte de sus discusiones en curso sobre un programa respaldado por el FMI”, señala la declaración del organismo en su comienzo. Lo que hay son “discusiones en curso sobre un programa respaldado por el FMI”. Es decir, falta el programa y sin un programa no habrá acuerdo final posible. A buen entendedor, pocas palabras.



domingo, 24 de diciembre de 2017

Reforma Provisional. Dura enseñanza... @dealgunamanera...

Dura enseñanza...
Profesor Gabinete. Marcos Peña. Dibujo: Pablo Temes

El Gobierno cometió errores y la oposición los desaprovechó. Límites institucionales.

© Escrito por Nelson Castro el domingo 24/12/2017 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Fue una semana dramática en la que el Gobierno puso en juego su sustentabilidad. Eso fue lo que estuvo en danza a lo largo de las 17 horas que duró la maratónica sesión de la Cámara de Diputados que se inició a las dos de la tarde del lunes 18 y terminó a las 7 de la mañana del martes 19. Ni más ni menos. El oficialismo debe sacar enseñanzas de todo este episodio. La oposición –empezando por el kirchnerismo– también. Aunque pretender que el kirchnerismo aprenda de sus errores –que en algunos casos son horrores– es un imposible.

Tres frentes. 

Hubo tres escenarios sobre los que se desarrolló la densa trama de esa jornada. El primero fue el recinto de la Cámara de Diputados. El objetivo de los diputados K era que no hubiera sesión. Para ello armaron una estrategia simple y clara de obstrucción permanente que empezó con la larga retahíla de las cuestiones de privilegio –fueron todas iguales y en una cantidad nunca vista a lo largo de la historia parlamentaria argentina– y, cuando esto fracasó, apelaron a chicanas basadas en informaciones falsas sobre saqueos y muertes que nunca ocurrieron.

El segundo escenario fue la calle. 

Allí la violencia se desató en forma precisa y organizada. Fue tal su virulencia que la mayoría de los manifestantes que habían ido a la Plaza del Congreso para hacer sentir su legítima oposición a la ley de reforma previsional huyeron despavoridos. La magnitud de los incidentes obligó al Gobierno a dejar de lado sus internas en el área de seguridad y a movilizar a la Gendarmería Nacional y a la Policía Federal para reforzar así las escuálidas fuerzas de la Policía de la Ciudad que en un momento estuvieron a punto de ser superadas por los violentos. 

Y el tercer escenario fue el de las redes sociales –transformadas hoy en día en un ámbito de violencia desenfrenada e irracionalidad– a través de las que el kirchnerismo y la izquierda dura fogonearon a los violentos que destrozaron todo e intentaron avanzar sobre el Congreso.

El kirchnerismo tiene un solo objetivo para su existencia actual: destruir al Gobierno. Ese será su norte de aquí en más. El silencio de Cristina Fernández de Kirchner sobre los hechos de violencia no sorprende. La justificación que hizo el diputado Leopoldo Moreau del cobarde y brutal ataque que sufrió nuestro querido colega Julio Bazán –algunos tuits incitaban lisa y llanamente a matarlo– habla de un vale todo que expresa la impotencia de quienes no se resignan a haber perdido el ejercicio del poder.
      
Puertas adentro del Gobierno –y en voz muy baja– hay quienes reconocen los errores cometidos en el apuro por aprobar la reforma previsional. La comunicación de la ley fue decididamente mala. “Eso no fue una casualidad. El primer efecto de la ley es malo y si lo hubiéramos explicado demasiado, no habría habido ley”, reconoce una voz calificada de Cambiemos. Otra voz del oficialismo señala que no había opción, porque “las cosas se encadenaron de tal manera que si no se hubiese aprobado el proyecto, todo lo hecho hasta aquí y lo que debe venir habría estado en riesgo”.

Uno de los errores increíbles fue el no haber anunciado el bono compensador, que hubiese atemperado las objeciones que hicieron caer la sesión del jueves 14.

Otro de los errores cometidos por el Gobierno estuvo en el mal manejo de los acuerdos con los gobernadores. El apuro por aprobar la ley en la frustrada sesión del jueves 14 hizo evidente que había faltado un trabajo de mayor cercanía con los gobernadores y con los diputados que les responden. Eso permitió que el kirchnerismo presionase y les copara la parada. Todo esto le representó al oficialismo un alto costo político que reflejaron por estas horas las encuestas de imagen. En ellas, la caída de imagen positiva del Presidente varía entre 8 y 12 puntos. Esto debería servirle al oficialismo para entender que hay límites para su gestión. Que hayan vuelto los cacerolazos es una muestra de ello.

¿Por qué el apuro del Gobierno? Por una razón simple: necesita avanzar en la reducción del déficit fiscal, que es la principal causa de la inflación que castiga el bolsillo de la gente. Es verdad que en su informe, el FMI advierte sobre lo imprescindible de reducir ese déficit en unos cien mil millones de pesos. En realidad, no hacía falta que lo dijera el Fondo Monetario; es de Perogrullo saber que si el déficit fiscal no se corrige, la economía se resiente.

Secuelas. 

Las internas dentro del Gobierno estuvieron –están– a flor de piel. Marcos Peña está en el centro de todas ellas. Rogelio Frigerio fue el mediador entre tanta interna y el que, luego del fracaso de la primera sesión, trabajó arduamente para comprometer la participación más activa de los gobernadores peronistas que habían afirmado el acuerdo previo. En verdad, el Presidente debería cuidar y mucho a su ministro del Interior, persona con muñeca política, carácter y templanza. Esa deuda de gratitud debería extenderse a Emilio Monzó y a Elisa Carrió.

El delicado momento que se vivió en ese lunes triste y en el que, por milagro, no hubo muertos, deja una moraleja para el Gobierno y para toda la dirigencia política: la Argentina necesita imperiosamente ir a un proceso de pacificación interna sostenido y permanente. No hay lugar para el triunfalismo ni para el enojo. Con el correr de la gestión, Mauricio Macri, que ha hablado siempre de la necesidad de dialogar y ha demostrado voluntad de hacerlo, ha ido cayendo en la tentación de materializarlo con quienes le son afines. Es un error. Chile nos acaba de dar un ejemplo que, a la luz de lo que sucede en nuestro país, luce extraordinario: ver y escuchar a su actual presidenta, Michelle Bachelet, invitar a su casa a dialogar a su sucesor, Sebastián Piñera. Eso da una idea clara de la magnitud del retroceso que la dirigencia argentina ha experimentado, hoy tan alejada de aquel ejemplo extraordinario que dio Raúl Alfonsín, quien, no bien electo presidente, le ofreció a su adversario, Italo Luder, nada menos que la presidencia de la Corte Suprema de Justicia.     
 
Producción periodística: Santiago Serra.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Ley Previsional. Bochorno para todos… @dealgunamanera...

Bochorno para todos…

DARTH VADER NATIVO, Patricia Bullrich. Dibujo: Pablo Temes

Nadie se salvó el día de la sesión frustrada. Pases de facturas y negociaciones. El salvataje de Lilita.

© Escrito por Nelson Castro y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Todo –la militarización perimetral del Congreso, los grupúsculos de violentos munidos de piedras y palos, la represión descontrolada de la Gendarmería, la conducta patoteril del diputado de Unión Ciudadana Leopoldo Moreau y compañía, el descontrol del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó– fue bochornoso. El clima de violencia que se vivió en la tarde del jueves pasado está en consonancia con un germen de intolerancia que se ha instalado en un porcentaje creciente de la sociedad argentina. Las imágenes de la Plaza Congreso y sus adyacencias,  transformada en un verdadero campo de batalla, tuvieron reminiscencias de aquellas otras del trágico diciembre de 2001. 

El Gobierno cometió errores garrafales en la forma como manejó el trámite que desembocó en la fallida sesión de la Cámara de Diputados. A ese error lo llevó el apuro con que quiso aprobar este controvertido proyecto de reforma previsional que, en verdad, es otro ajuste. La realidad de los jubilados ha sido y es penosa para la mayoría de sus “beneficiarios”. 

El pago de esos haberes representa más del 40% del presupuesto nacional y su sustentabilidad es cada vez más compleja porque la relación trabajador activo/jubilado está desfasada. Por eso, a lo largo de los años, las reformas jubilatorias se suceden enmascaradas con discursos que hablan de mejoras que nunca llegan. La dirigencia política vernácula no ha tenido, a lo largo de estos 34 años de democracia, la capacidad de estudiar el problema en profundidad y establecer soluciones consensuadas, posibles y permanentes. La consecuencia de esto es un grotesco que no hace más que ahondar el drama de la clase pasiva.

Antecedentes. 

En octubre de 2010, el conjunto de la oposición encabezada por los legisladores  de Unión-PRO aprobó un proyecto que establecía el reconocimiento del ya legendario 82% móvil para el pago de las jubilaciones. La respuesta de la entonces presidenta no se hizo esperar: “He vetado esta ley de quiebras que ayer sancionó el Parlamento” (...) “Lo que se sancionó, es la ley de quiebra del país y no puedo permitir que el Estado quiebre porque tengo una ley que me obliga”, afirmó Cristina Fernández de Kirchner al justificar su veto.

Se da ahora una situación exactamente inversa: el oficialismo, integrado por muchos de los que en 2010 eran opositores, habla de una modificación del cálculo de haberes de las jubilaciones mínimas so pena de que el sistema es insostenible y la oposición, en la que el kirchnerismo ha hecho punta, lo niega. Lo que pasó el jueves en el Congreso fue el resultado de una trama política compleja de acuerdos débiles entre el gobierno nacional y los gobernadores del peronismo.  

En el entorno de los diputados del PRO insistían y repetían la misma versión: “Teníamos el quórum. Un sector de la oposición fue decidido a generar disturbios; a producirlos dentro y fuera del recinto para lograr el levantamiento de la sesión”. Los aludidos por el oficialismo son el FpV, la izquierda y el Movimiento Evita.

En sectores críticos de la UCR fueron duros con las espadas del PRO. “Cuando no tenés una mayoría parlamentaria como tuvo el kirchnerismo en gran parte de sus mandatos, no podés intentar hacer jugadas como ésta. Hicieron kirchnerismo embriagados por el resultado electoral. No supieron interpretar lo que el proyecto generaba en la calle en un tema tan sensible como sacarles plata a los que menos tienen, y del otro lado, la respuesta fue la barbarie. Le dieron al FpV y a la izquierda todo lo que necesitaban para generar lo que se generó. Pero no le podés echar toda la culpa a la oposición si tu visión de la realidad tenía vicios de miopía”, señalaba una voz radical que no fue escuchada en el Gobierno.

En la cúpula del poder hubo un enojo casi transitivo: el Presidente estaba furioso con los gobernadores y estos, a su vez, lo estaban con sus diputados. Hubo traiciones explícitas. Muchos diputados no soportaron la presión de la calle. Eso se notó cuando el quórum se sostenía de manera intermitente. “Nadie dejaba el culo pegado en la silla por más de tres minutos” –graficó un funcionario que vivió el minuto a minuto de lo que pasó en el recinto de los diputados.

El lunes el Congreso tendrá una segunda oportunidad. A decir verdad será la prueba de fuego para volver a testear lealtades y acuerdos. Hay quienes sostienen que de obtener un nuevo fracaso parlamentario la riesgosa apuesta del DNU vería la luz.

Luego de la reunión del viernes con los gobernadores en la que participaron el ministro del Interior, Rogelio Frigerio; su par de Hacienda, Nicolás Dujovne; el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana; los gobernadores Juan Manuel Urtubey (Salta), Domingo Pe-ppo (Chaco), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza), Gerardo Morales (Jujuy), Omar Gutiérrez (Neuquén) y Rosana Bertone (Tierra del Fuego), la calma pareció volver a las filas del oficialismo.

¿Qué ocurrió?

¿Por qué el cambio? Algunas de esas provincias necesitan del acuerdo con el Gobierno y de las reformas pactadas y, por supuesto, la llegada de obras y financiamiento. Se dice que el trato fue duro, pero cordial y quienes conocen las cuentas provinciales no dudan de que la billetera del Gobierno logró zanjar las diferencias. Salta, por tomar un ejemplo, cerrará el año con un déficit superior a los 4 mil millones de pesos. Sus pares del norte no están mucho mejor.

El Presidente tiene una deuda de gratitud con Elisa Carrió, quien tuvo un rol clave en todo este penoso episodio para evitarle al oficialismo males mayores. De todo lo por ella hecho, lo más trascendente fue el tuit en el que le advirtió el carácter inconstitucional del Decreto de Necesidad y Urgencia que, de haberse promulgado, habría significado el fin de Cambiemos y una grave crisis de sustentabilidad para el gobierno de Mauricio Macri.

Producción periodística: Santiago Serra.