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domingo, 25 de octubre de 2026

Narcisismo político. Alguien debería hablar con Javier Milei seriamente… @elprofesorcapomasi

 Narcisismo político. Alguien debería hablar con Javier Milei seriamente… 

Sancho farsa la mancha venenosa. Dibujo: Pablo Temes

Ante la dificultad que plantean los números, el Presidente muestra un Hubris exacerbado. Datos graves de la gestión.


© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 25/10/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Alguien debería animarse y hablar urgentemente con Javier Milei para advertirle sobre los hechos de la realidad que demuestra ignorar. Uno de ellos es lo absolutamente contraproducente que resulta su involucramiento en la política interna de otros países.          

Lo protagonizado por el Presidente esta semana en España ha sido tan bochornoso como grave. El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, está siendo sujeto a duras críticas y a acusaciones de hechos de corrupción que se extienden a su propia esposa y miembros de su gabinete. Las evidencias son muy fuertes y concretas. De ahí a tratarlo de “dictador” y a decir que “hay que sacarlo a patadas” hay más de un océano. Tanto es así que, Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular y fuerte candidato a suceder a Sánchez, salió a declarar que no compartía “ni el lenguaje ni las formas” de Milei. Lógico.

La injerencia de un presidente en la política interna de otro país es siempre un hecho grave. Recuérdense las críticas que recayeron sobre Alberto Fernández cuando durante su presidencia decidió ir a visitar a Luis Inácio Lula da Silva a la cárcel, del mismo modo que éste fue criticado cuando fue a reunirse con Cristina Fernández de Kirchner en su “prisión” en la calle San José 1111. No es sólo empatía de los condenados.

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Milei olvida que su calidad de Presidente lo inviste de la representación del Estado argentino y no la de su persona. Nunca pudo comprender en su totalidad esa diferencia vital. Probablemente no haya destinado el menor esfuerzo para hacerlo.

El narcisismo político del Presidente, como todo narcisismo, es dañino y tóxico. Lo es primero para él mismo. Milei disfruta de su desequilibrio emocional. Tiene lengua larga e insulto fácil, dos “atributos” a los que el poder exacerba. Al narcisismo se le agrega el Hubris. Por eso cree que la realidad es como él la cree y no la que es. Para colmo, llegó a la presidencia con la prédica del enojo y la confrontación abierta. Ahora queda claro que no se trataba sólo de argucias de campaña. Por eso se burla de los que dicen que no llegan más allá del 20 de cada mes con argumentos y cuestionamientos tan básicos como infantiles. “La idea de que la gente no llega a fin de mes es una pelotudez que impulsó el kirchnerismo. Si se quedan sin plata realmente el 20, ¿cómo viven diez días sin comer ni beber?” –se preguntó. Ni siquiera se toma la molestia de hablar con alguna de estas personas para enterarse de sus problemas y aprender cómo hacen para vivir y/o –en muchos casos– sobrevivir. ¿No se le ocurre pensar en que existen familiares o amigos que salen a cubrir como pueden aquel déficit?. ¿Tampoco piensa en que, si esto es así, implica la pérdida absoluta de independencia de esas personas? Del mismo modo, su Hubris lo lleva descreer de las cifras del riesgo país, que sigue alto y representa un obstáculo para el acceso al crédito.

Los números de la economía no son buenos. Eso es evidente para la gran mayoría de los integrantes del gobierno en donde hay un clima de discusión. No es lo que se esperaba a esta altura de la gestión. Si bien, Milei está muy lejos de la autocrítica, el jueves ensayó algo parecido: “Los indicadores no están evolucionando tan positivamente como esperábamos”. Por supuesto, se excusó en el temor que produce en los inversores el regreso del kirchnerismo. Es el famoso riesgo “kuka”. Por más que el Presidente se enoje, el factor que más ha hecho crecer la posibilidad del regreso del kirchnerismo o de alguna variante del peronismo, es su propio comportamiento. Hay quienes –incluso– ven con preocupación sus malos hábitos alimenticios: “No come y se la pasa bebiendo coca light sin parar, está hinchado y desencajado”, señaló una fuente que estuvo en uno de sus últimos viajes al exterior.

Dentro del PJ ya nadie oculta los avances en los movimientos internos en busca de un posible competidor serio para Milei. Dejando de lado a Axel Kicillof por falta de consenso, empiezan a sonar figuras más o menos tapadas del interior del país como el Sanjuanino Sergio Uñac y el exgobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora. ¿Sergio Massa dejará pasar otra vuelta consciente del rechazo que su figura genera en el electorado? Lo que no han conseguido aún es la independencia total o parcial de CFK. La ex presidenta sigue formando parte de la ronda de consultas.

Bullrich, a tono con la calle.

Volviendo al oficialismo, quien sí en cambio toma nota del pulso de la calle es Patricia Bullrich, que ha decidido hacérselo saber tanto a Milei como a la gente. “No me quieran hacer decir que no voy a ser candidata, porque no lo voy a decir”, le dijo en la semana a Diego Sehinkman durante la entrevista que le realizó en TN. Los mensajes de la senadora son cada vez más claros en cuanto a expresar su pensamiento: “el proyecto merece ser reelecto”, le dijo hace no muchos días a Ignacio Ortelli por Radio Rivadavia. Más claro, agua. Hoy no está claro cuáles son las posibilidades de Milei de ser reelegido y Bullrich se refiere astutamente “al proyecto”. Solo basta con recorrer sus redes sociales, en especial su cuenta de Instagram, para darse cuenta de que los mensajes que allí se vierten son mucho más parecidos a los spots clásicos de campaña presidencial que a los que puede aspirar alguien que pelea por un cargo se segunda línea.

En este sentido, la eliminación de las PASO sigue siendo una prioridad para evitar sobresaltos entre libertarios. Y hablando de ordenar la casa puertas adentro es imposible no mencionar el desenlace de la causa Libra. El juez Martínez de Giorgi sobreseyó tanto a él como a su hermana y a todos los involucrados en ese expediente en tiempo récord pese a la cantidad de pruebas que señalaban los extraños movimientos. La visita del Papa y la mirada atenta de posibles inversores desde el exterior parece haber disparado la urgencia que, no siempre, es buena consejera.



domingo, 25 de enero de 2026

Un Milei feliz cerca de Trump y un peronismo en pie de guerra… @elprofesorcapomasi...

Un Milei feliz cerca de Trump y un peronismo en pie de guerra…

Hilos invisibles. Dibujo: Pablo Temes. 

El contraste de un Presidente en su salsa en Davos y la feroz interna justicialista marca el ritmo del enero de la política.
 

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 25/01/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Javier Milei se siente definitivamente muy cómodo y feliz en los escenarios internacionales. Lo ayuda indiscutiblemente este momento particular del mundo sometido a los deseos y las imposiciones de Donad Trump en su presidencia imperial. No hay registro de un protagonismo semejante de un presidente argentino en el Foro Económico Mundial de Davos.

Aquel gesto de Milei de ir a saludarlo y darle su apoyo al hoy presidente de los Estados Unidos en febrero de 2024, en ocasión de su participación como orador en la Conferencia de Acción Política Conservadora en Washington, cuando su destino parecía estar más cerca de la cárcel que de la Casa Blanca, generó en Trump una corriente de afecto que va más allá de los lazos generados por la afinidad ideológica. Quienes saben lo que pasó en aquel encuentro resaltan siempre que, además de la gratitud, a Trump le impresionó la decisión con la que Milei estaba llevando adelante su gestión, implementando severas medidas de reducción de la administración pública y de recortes presupuestarios en todos los sectores del Estado. En suma, lo mismo que se viene produciendo en los Estados Unidos desde el 20 de enero de 2025, el día en que tomó posesión del cargo como su cuadragésimo sexto presidente.

Milei salió a apoyar de inmediato la operación militar que culminó con la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela. Ante el contexto que ofrece América Latina, con Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Gustavo Petro en Colombia, Claudia Sheinbaum en México, Gabriel Boric en Chile –todos de orientación izquierdista–, Milei se ha erigido en un protagonista muy importante para la política exterior estadounidense en la región. El salvataje económico que llegó desde Washington después de la catastrófica derrota del Gobierno del 6 de septiembre a manos de Axel Kicillof en los comicios de la provincia de Buenos Aires fue una muestra de esa decisión de la Casa Blanca de darle al presidente argentino todos los apoyos necesarios para que su gestión prospere. Y la decisión de Trump de darle participación –sin el aporte de los mil millones de dólares exigidos a los otros países– en el controvertido Consejo de la Paz es otro gesto que muestra la fuerte conexión existente entre los dos hoy mandatarios. En lo particular de este caso, hasta el orden marcó esa afinidad y predilección: Milei fue el primero de los signatarios que firmaron el acta de creación del organismo.

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Al respecto, es menester pasar la lupa por la integración de este grandilocuente Consejo. Está allí Vladimir Putin, responsable de la invasión rusa a Ucrania que fue el origen de una guerra que ya lleva casi cuatro años, que se intensifica día a día y ha costado decenas de miles de vidas de civiles y soldados, y causado daños que exigirán decenas de miles de millones de euros para la reconstrucción. La participación del líder ruso es una contradicción escandalosa. Por esto y por las amenazas sobre Groenlandia, salvo el caso de Bulgaria, de Hungría y de Turquía –candidato a miembro de la Unión Europea no aceptado por la falta de libertades políticas y las denuncias de violaciones a los derechos humanos–, no hay países europeos en ese board. El resto incluye varios países en los que la democracia y las libertades políticas brillan por su ausencia.

Para cerrar el capítulo Davos, con Milei más moderado y con lenguaje más apropiado, hubo un hecho no menor: el encuentro con foto incluida con Gianni Infantino, en la que estuvo Karina Milei. Casualidad o no, pocas horas después la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) hizo una presentación ante la Justicia pidiendo que se investigue la emisión de facturas apócrifas –truchas– por una cifra que alcanza los 375 millones de pesos. Esta es una causa altamente delicada para Claudio Tapia y Pablo Toviggino, ya que la evasión impositiva –que se agrega a una ya existente por presunta retención ilegal y no pago de aportes previsionales, Ganancias e IVA por 19 mil millones de pesos– está severamente penada, incluyendo la pena de prisión.

Mientras tanto, aquí se vive una cierta calma política a la espera de que, finalizado enero, la rosca vuelva a entrar en acción. El escenario será el Congreso y el debate girará en torno al proyecto de ley de reforma laboral. La palabra debate no describe exactamente lo que ocurrirá. Negociaciones, tampoco. Los mejores vocablos para definir mucho de lo que veremos son riña y transa.

En el peronismo, azotado por la feroz interna que no cesa entre Máximo Kirchner –que en realidad es Cristina Fernández de Kirchner– y Axel Kicillof, la preocupación es creciente. Vale la pena aquí hacer un pequeño alto: dónde estaría Máximo si no fuera el hijo de CFK? ¿Habría llegado a ser el presidente del Partido Justicialista bonaerense? ¿Sería diputado nacional? Llegará el día en que el peronismo, necesitado por la fuerza de los hechos, deje de lado el nepotismo que tanto daño le hizo y le hace al país y al mismo partido. Y de esto no queda excluido el actual oficialismo, con las feroces peleas entre Karina Milei y Santiago Caputo y compañía.

Volviendo a los próximos pasos de la cúpula kirchnerista, más la desvaída conducción de la CGT y sectores de la izquierda, el objetivo es bloquear la eventual aprobación del proyecto de reforma. No obstante, el problema para ellos está en la pérdida de poder territorial, o sea, de gobernadores. Eso ya se evidenció con lo sucedido con la votación parlamentaria favorable a la Ley de Presupuesto 2026. Las provincias están necesitadas no solo de los aportes provenientes del Estado nacional sino también de las futuras posibles inversiones de empresas tanto nacionales como internacionales. Y esto, con la legislación vigente, es y será difícil. Las intensas negociaciones que viene llevando adelante Diego Santilli le permiten al Gobierno ser optimista respecto a la aprobación de la ley. Dicho esto, hay que subrayar siempre que la sola existencia de una nueva legislación no será suficiente para crear nuevas fuentes de trabajo, sobre todo en las pequeñas y medianas empresas. Sin reactivación económica, no hay posibilidad de crear nuevas fuentes de trabajo.

Así como efectiva viene siendo la negociación política, también se siguen evidenciando los problemas de gestión que hay en diversas áreas del Gobierno. En la última semana fueron removidos de sus cargos cuatro funcionarios: tres en el área de transporte y uno –el exfiscal Paul Starc– en la Unidad de Información Financiera. El tema de transporte es de una sensibilidad social enorme. El cesado secretario de Transporte, Luis Pierini, venía siendo criticado por los problemas con Flybondi, por la falta de implementación de las tareas de modernización del sistema ferroviario y por denuncias de las empresas de colectivos contra La Nueva Metropol por presentar rendiciones fraudulentas para acceder indebidamente a subsidios. En el Gobierno se ufanan diciendo que la gestión marcha de maravillas. Estas renuncias ocurridas en 24 horas están demostrando lo contrario. Fin.




sábado, 1 de marzo de 2025

Yamandú Orsi asumió como presidente de Uruguay... @dealgunamanera...

 Yamandú Orsi asumió como presidente de Uruguay: "Seamos siempre adversarios, pero nunca enemigos"…

Asunción presidencial de Yamandú Orsi en Uruguay Fotografía: AFP.


"Vamos a construir un mejor Uruguay", prometió el mandatario. Al evento asistieron mandatarios de toda la región como Lula da Silva (Brasil) y Gabriel Boric (Chile).

© Publicado el sábado 01/03/2025 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

El presidente electo, Yamandú Orsi, y la vice, Carolina Cosse, hicieron la toma de posesión en un acto al aire libre en Plaza Independencia, recogiendo la antorcha de su mentor y padrino político, el exmandatario José "Pepe" Mujica, en el retorno de la izquierda al poder tras cinco años de gobierno de centroderecha. "Vamos a construir un mejor Uruguay", prometió el nuevo mandatario en su discurso.     

A la vez, es una jornada histórica para Uruguay, que este año cumple 40 años de democracia ininterrumpida. Al evento asistieron mandatarios de varios países. Javier Milei se ausentó.

 

Yamandu Orsi y la vicepresidenta Carolina Cosse.

 

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A las 13:45 llegó al Palacio Legislativo el presidente de Chile, Gabriel Boric, quien aseguró que es muy importante su presencia en la asunción "como país latinoamericano, con quien tenemos faroles compartidos". El presidente chileno admitió que el Frente Amplio fue "una inspiración en política". También afirmó que "correspondía asistir para despedir al presidente Lacalle Pou con quien tuvimos un excelente diálogo". 

 

Vista general durante la Ceremonia de Compromiso de Honor Constitucional en el Palacio Legislativo de Montevideo. 

Seguido de Boric llegó, Felipe VI, Rey de España, que se presenta en Uruguay para su segunda asunción presidencial y quien no dio declaraciones a la prensa. Otro mandatario que también arribó al Palacio Legislativo fue Santiago Peña, presidente de Paraguay. Ambos se dirigieron de inmediato a saludar a los ex mandatarios uruguayos, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y José "Pepe" Mujica, dispuestos en un palco especial. 

Video

 

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el de Brasil, Lula da Silva, fueron los últimos dos mandatarios en llegar al evento.


El expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti. 

A las 14:05 arribó al Palacio Legislativo Yamandú Orsi junto a la vicepresidente electa, Carolina Cosse, quienes fueron recibidos por una comisión multipartidaria de legisladores, para luego trasladarse al atril principal del recinto y entonar las estrofas el himno nacional uruguayo.      


A las 14:30 el presidente de la Asamblea General, Alejandro Sánchez, se dispuso a tomarle la promesa de honor de Yamandú Orsi:
 "Yo, Yamandú Orsi, me comprometo por mi honor a desemepeñar lealmente el cargo que se me ha confiado y a guardar y defender la Constitucion de la república". Tras la promesa de honor, Alejándro Sánchez confirmó la investidura de Orsi como presidente de Uruguay. Acto seguido, realizó lo mismo la vicepresidenta Carolina Cosse.
 

 

Lula da Silva, presidente de Brasil.

 

El primer discurso de Yamandú Orsi como presidente de Uruguay.

Ante la Asamblea General, autoridades nacionales e internacionales, expresidentes y el pueblo uruguayo, el nuevo mandatario pronunció un discurso en el que destacó la fortaleza democrática del país y trazó las líneas de su gobierno.

La sesión comenzó con un reconocimiento a la presidenta de la Asamblea General y 
a su "amiga Carolina Cosse", seguido por saludos a "señoras y señores legisladores", al "señor Presidente y Ministro de la Suprema Corte de Justicia", y a los "señores presidentes y jefes de Estado de países hermanos". Orsi también agradeció la presencia de "señoras y señores jefes y miembros de delegaciones internacionales que nos honran con su presencia" y saludó a los "señores comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas" y a los expresidentes presentes: "Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y José Mujica".

Imagen difundida por la agencia de noticias ad hoc que muestra al expresidente uruguayo (1985-1990 y 1995-2000) Julio María Sanguinetti (I), el expresidente (1990-1995) Luis Alberto Lacalle (2-I), el expresidente (2010-2015) José Mujica (2-D) y su esposa y exvicepresidenta Lucía Topolansky (D).

"En un día como hoy, pero hace exactamente cuarenta años, Uruguay recuperaba su democracia", señaló Orsi, recordando el 1 de marzo de 1985, cuando el país "recobraba la institucionalidad democrática luego de trece años de dictadura cívico-militar". Subrayó que desde entonces, "asistimos al período más largo de vida democrática de la historia de nuestro país", un hecho que calificó como "un enorme orgullo poder celebrarlo no solo ante mis propios compatriotas, sino ante mandatarios y autoridades de varias partes del mundo".

En un pasaje clave de su discurso, el presidente llamó a la unidad en la diversidad: "Seamos siempre adversarios, pero nunca enemigos". Añadió que es necesario alejarse "todo lo posible del cinismo y la frivolidad para no tener que lamentar el descreimiento en la política y sus consecuencias". En este sentido, agradeció a los partidos políticos, "vasos comunicantes de la democracia con el pueblo, estructura de los debates civilizados garantizados, del pluralismo democrático, vacuna contra los excesos surgidos del mesianismo".

Gabriel Boric, presidente de Chile.


El presidente evocó el pasado reciente, afirmando que "atrás quedaba el período más doloroso de nuestra historia contemporánea, marcado por la persecución política y la crueldad humana como método de gobierno y por el saqueo económico como parte central de ese proyecto político". Advirtió que "hay secuelas de ese periodo que continúan hasta hoy", por lo que consideró "tan justo como imprescindible mantener intacto el compromiso con la libertad, la verdad y la justicia".

Orsi resaltó la tradición democrática uruguaya, donde "cada cinco años, los ciudadanos han elegido a sus gobernantes en una fiesta cívica que enorgullece a la República". Destacó que "este es un país de partidos políticos, de alternancia en el poder de acuerdos", y que "la confianza sigue siendo un elemento central para su funcionamiento". "Por eso decimos que el Uruguay funciona", afirmó, para luego agradecer: "Gracias, Democracia. Gracias, República. Gracias, partidos políticos por hacer de este Uruguay una amalgama plural de convivencia que aún despierta asombro en el mundo".

 

La candidata presidencial de Ecuador, Luisa González y el senador argentino Eduardo 'Wado' de Pedro.

El mandatario asumió el cargo tras ser electo el pasado 24 de noviembre, cuando "los uruguayos, ciudadanas y ciudadanos de nuestro país me otorgaron a través del voto, la mayor responsabilidad a la que un uruguayo pueda aspirar: la presidencia de la República". Reflexionó que "solo una síntesis de republicanismo con partidos políticos sólidos como la de nuestro país, pudo lograr que alguien como yo, o como ustedes, legisladores electos que venimos del interior o de un barrio de la capital, que somos trabajadores, profesionales o empresarios, podamos, por decisión de la ciudadanía, acceder a estos honorables cargos". 

Con un tono de compromiso, Orsi declaró: "Llego a la presidencia con la misma convicción y vocación de servicio de siempre. No llego solo. Llego con la experiencia de mis años en mi querido Canelones, con lo aprendido de cada vecino o vecina con quienes trabajamos por un mejor departamento". También mencionó las influencias de "Marcos Arámbula, Tabaré Vázquez y José Mujica", cuyos legados lo acompañan en esta nueva etapa.

Rey Felipe VI de España. 
 

Orsi también tuvo palabras de reconocimiento para los expresidentes presentes y para quienes "desgraciadamente ya no están entre nosotros, Jorge Batlle y Tabaré Vázquez", así como para el presidente saliente, Luis Lacalle Pou, "por sostener y alimentar esta reconstrucción democrática de manera ininterrumpida durante cuatro décadas".

El nuevo gobierno, afirmó, "llega precedido de esa acumulación positiva", y prometió cultivarla para conquistar "cada vez más derechos, cada vez más desarrollo cultural, artístico y científico". Recordó que gracias a esa estabilidad, "el país pudo superar en el 2002 su peor crisis en este período democrático"
, mediante "la acción política y el diálogo incansable".

Entre las prioridades de su gestión, Orsi destacó la necesidad de "recuperar la senda de crecimiento" a través del "
desarrollo más intensivo del conocimiento y de la inversión", y enfrentar el cambio climático con "estrategias de desarrollo con un enfoque sostenible y humano". Anunció la creación de una "Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación en Presidencia de la República" y un "plan nacional de aguas" para garantizar recursos y producción.

En materia social, el presidente se comprometió a combatir la pobreza infantil, y afirmó que "un país que no cuida a sus niñas, a sus niños, no se cuida a sí mismo". También subrayó la urgencia de abordar la salud mental y "reconstruir la convivencia", con un enfoque firme contra el crimen organizado, el narcotráfico y el lavado de activos.
 

 

Yamandú Orsi junto a los presidentes Gustavo Petro (Colombia), Lula da Silva (Brasil) y Gabriel Boric (Chile).

Finalmente, Orsi cerró su discurso con una promesa: "Hoy hice un juramento que prometo honrar con dedicación, con escucha atenta, con fervor y con trabajo incansable". Concluyó con un llamado a la acción: "Vamos a construir un mejor Uruguay. Hoy comenzamos. Larga vida a la República. Larga vida a la democracia. Larga vida a los partidos políticos que garantizan el pluralismo y la libertad".


La fiesta de la democracia y la libertad uruguaya.

El Gobierno electo decidió realizar el evento a cielo abierto para "priorizar la fiesta de la democracia y la libertad, con la participación de la ciudadanía a 40 años del retorno de la institucionalidad", luego de considerar “las actualizaciones de los pronósticos meteorológicos", señala el comunicado oficial.

"El traspaso de mando presidencial, asunción y firma de actas de ministras y ministros entrantes" se llevará a cabo en la Plaza Independencia, frente a la Torre Ejecutiva, sede del Gobierno, en la ciudad de Montevideo, detalla el texto.

"Los saludos protocolares tendrán lugar en el Palacio Estévez (antigua Casa de Gobierno) y posteriormente está previsto que el Presidente, Prof. Yamandú Orsi, se dirija a Plaza Independencia para saludar a la ciudadanía y disfrutar del espectáculo artístico", agrega.

"En caso de que las condiciones climáticas lo obliguen, está previsto el uso del Auditorio Nacional Adela Reta como espacio alternativo para el desarrollo de la ceremonia de cambio de mando", puntualiza el Gobierno electo.

Cabe aclarar que, en un país laico como Uruguay, el juramento es modificado por una "promesa de honor", tras la cual el presidente queda investido en su cargo.

El FA regresa al Ejecutivo luego de haber gobernado entre 2005 y 2020, con una interrupción de cinco años, entre el 2019 y 2024. Lo novedoso en esta nueva etapa es la renovación en el liderazgo dentro del espacio que ya no estará en cabeza de los históricos, Tabaré Vazquez o José Mujica, sino de Orsi, un docente de historia de 57 años que fue intendente del departamento de Canelones, y de Cosse, quien fue intendenta de Montevideo.

El triunfo del Frente Amplio en las elecciones de 2024.

En las elecciones realizadas el año pasado, el FA logró imponerse ante la Coalición Multicolor integrada por partidos tradicionales, como el Partido Nacional (Blanco) y el Partido Colorado, pero también por la expresión de la extrema derecha uruguaya, Cabildo Abierto.

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ómo queda el mapa político de Sudamérica tras la victoria de Yamandú Orsi

Luego de varias instancias de votación, en la que los espacios políticos definieron sus candidatos, en segunda vuelta el FA obtuvo el 49,8% de los votos, mientras que la Coalición Multicolor sacó el 45,9%, en unos comicios en los que participó el 90% del padrón electoral.

De esta manera, Orsi, que fue apoyado por el expresidente Mujca, tanto en la interna del FA como en las elecciones generales, salió victorioso frente al delfín de Lacalle Pou, Álvaro Delgado.

LM/HB/NG/Gi



domingo, 1 de enero de 2023

El hombre de las mil batallas… @dealgunamaneraok...

El hombre de las mil batallas…

Otra vez en la lucha. El dirigente metalúrgico en un acto de campaña en San Pablo. Fotografía: AFP.

Presidente por tercera vez, asume el desafío de recuperar el país tras el paso arrasador de Bolsonaro. Biografía personal y política del líder popular que cambió el rostro de Brasil. 

© Escrito por Manuel Alfieri y publicado el domingo 01/01/2023 por la Revista Acción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Su nombre vuelve a resonar con fuerza en Brasil y a nivel mundial. Lula Da Silva regresa a la presidencia del gigante sudamericano tras vencer al ultraderechista Jair Bolsonaro. Cuenta con una historia de lucha que lo avala y, por eso, su vida merece un repaso.

Muchísimo antes de ser conocido como «Lula», Luiz Inácio Da Silva fue uno de los tantos chicos del nordeste brasileño que experimentó la miseria en carne propia. Nació en una casa diminuta en la que llegó a convivir con 13 personas, sin luz ni agua corriente, y sin la presencia de su padre, alcohólico y analfabeto, quien había emigrado tempranamente al sur en busca de empleo.

Entre tanta falta y precariedad, el pequeño Luiz Inácio jamás había soñado con la posibilidad de ser presidente. «De noche soñaba con el desayuno, a la mañana soñaba con el almuerzo, en el almuerzo soñaba con la cena. Era la ley de la supervivencia», contó alguna vez sobre su dura infancia.

En la adultez las cosas tampoco serían fáciles: sufrió la persecución y la cárcel en dictadura y en democracia, y padeció tanto la enfermedad propia como la muerte de muchos seres queridos de forma inesperada.

Los registros oficiales indican que Lula nació el 6 de octubre de 1945, pero su mamá, Eurídice, siempre juró que tuvo al niño el 27 de ese mismo mes. Del lugar de residencia nunca hubo dudas: Caetés, Estado de Pernambuco, una de las zonas más carenciadas del país. A su papá, Arístides Inácio, recién lo conoció a los cinco años, cuando viajó 13 largos días junto a su madre y sus siete hermanos en la caja de un camión hacia Guarujá, paso previo a instalarse definitivamente en San Pablo.

Ahí trabajó como vendedor ambulante, lustrabotas y ayudante de una tintorería. A los catorce, y tras de dejar obligadamente la escuela pese a ser un estudiante aplicado, conocería el mundo obrero e industrial: consiguió un puesto en una planta de producción de tornillos, con un régimen de 12 horas corridas y bajísimo sueldo. Unos años después pasó a una fábrica de carrocería automotriz, donde perdió gran parte del dedo meñique de su mano izquierda. Fue en 1964, justo cuando comenzaba la dictadura militar que tanto marcaría su vida política.

En 1968, el dolor por el arresto y tortura de su hermano, militante del Partido Comunista, lo llevó a meterse en política. Empezó a participar activamente en el sindicalismo, defendiendo los derechos de los trabajadores y en abierta oposición a la dictadura. Su ascenso fue frenético: para mediados de los 80 ya se había convertido en el líder del sindicato metalúrgico.

Desde allí coordinó las mayores huelgas y manifestaciones contra el Gobierno militar, poniendo contra las cuerdas a sus jerarcas y acelerando su caída. En paralelo fundó el Partido de los Trabajadores (PT), plataforma de izquierda que rompería con el tradicional bipartidismo. El régimen que tanta admiración despierta en el excapitán Jair Bolsonaro no se lo perdonó: en 1980, Lula pasó 31 días en la cárcel.

Ni un paso atrás.

La breve pero difícil experiencia del encierro no lo hizo retroceder un centímetro. Al contrario, lo envalentonó y lo llevó a redoblar la apuesta. Con el retorno de la democracia por la que tanto luchó, se presentó a las elecciones de 1986 y fue el diputado federal más votado de Brasil. Su figura crecía, sobre todo en las barriadas populares, y en 1989 decidió competir por primera vez por la presidencia, con un plan que incluía salario mínimo para los trabajadores y reforma agraria. Perdió, al igual que en 1994 y 1998.

En este caso, la cuarta fue la vencida: ganó las elecciones de 2002 con el mayor caudal de votos de la historia brasileña –más de 52 millones– y el 1 de enero de 2003 fue investido presidente. Por primera vez, un obrero que había nacido en el barro de la miseria llegaba al Palacio de la Alvorada. «Y yo, que tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mi país», dijo, emocionado, en su discurso de asunción.

En una porción del mundo signada por la pobreza y el hambre, su primer objetivo de gestión fue sencillo, pero no por eso menos titánico: que todos los brasileños y brasileñas comieran al menos tres veces por día. Y en parte lo logró. Con los programas «Hambre Cero» y «Bolsa Familia» como bandera, la desnutrición infantil se redujo un 46%.

Eso le valió el reconocimiento del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, que concedió a Lula el título de «campeón mundial de la lucha contra el hambre». El empleo creció, el poder adquisitivo de los trabajadores también, y más de 30 millones de personas salieron de la pobreza en menos de una década. La idea de lo que debía hacer un presidente no venía de un manual de ciencia política, sino de su propia experiencia personal, esa que marcó a fuego su infancia: «El mejor ejemplo de gobierno no se saca un de libro. Se saca de una madre: ella siempre va a cuidar al más débil».

Resurrecciones.

El fervor y entusiasmo que produjo en el pueblo brasileño, golpeado por décadas de neoliberalismo, se tradujo en un enorme apoyo popular y en 2006 ganó nuevamente las presidenciales. Pero los logros no fueron solo sociales, sino también económicos. El país creció como nunca y se convirtió en la sexta economía mundial, desplazando de ese lugar al Reino Unido. Lula intervino en todos los debates internacionales posibles: imperialismo, dependencia, desarrollo, educación, salud, cambio climático. Fue, junto con otros presidentes de la región, uno de los máximos impulsores del proceso de integración latinoamericana. Gobernó hasta el 31 de diciembre de 2010, día en que dejó el cargo con un nivel de popularidad impensado para un dirigente político en retirada y vapuleado por los grandes medios de comunicación: 87% de aprobación.

Con su salida del Gobierno volvieron los padecimientos personales y políticos. En 2011, y después de más de 40 años de cigarro, le diagnosticaron un cáncer de garganta, único momento en que perdió su tupida barba a raíz de la quimioterapia. Tiempo después de superar la enfermedad, comenzó la persecución mediática y judicial: denuncias por corrupción que se multiplicaron, una polémica condena y, nuevamente, la cárcel.

Esta vez no fue un mes de encierro como en los años de plomo, sino 580 días. Casualmente, justo cuando las encuestas lo daban como favorito para vencer a Bolsonaro en las elecciones de 2018. Poco antes de eso había muerto su segunda esposa. Durante su encierro en Curitiba también perdió a un hermano y a un nieto de ocho años. Recuperó la libertad en 2019 y en 2021 la Corte Suprema anuló todas las sentencias dictadas en su contra, considerando incompetente y sesgada la actuación del juez Sergio Moro, archienemigo del fundador del PT. Lawfare puro.

Como hace más de 40 años, el encierro le dio a Lula más fuerza. Volvió a casarse y se puso al hombro una gigantesca campaña electoral. Ahora, el hombre de las mil batallas tiene una nueva –y quizás la más desafiante– por delante: recuperar la deteriorada democracia de su país y el bienestar de su pueblo, ese del que él mismo surgió.