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domingo, 29 de mayo de 2016

La Matanza. “No podemos dejar que la gente se muera de hambre”… @dealgunamanera...

“No podemos dejar que la gente se muera de hambre”…


La intendenta del distrito más poblado del conurbano contó que la demanda en los comedores creció un 150 por ciento en los barrios más vulnerables. Dijo que si el Gobierno no da respuestas, destinará recursos del municipio a comprar comida.

© Escrito por Nicolás Lantos el domingo 29/05/2016 y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En La Matanza, el distrito más poblado de la provincia de Buenos Aires, a media hora del Obelisco, hay al menos 150 mil personas que no llegan a cubrir las necesidades alimentarias más básicas. La demanda de alimentos en comedores de colegios, iglesias y centros de jubilados aumentó un 50 por ciento en promedio, llegando al 150 por ciento en los barrios más comprometidos socialmente y la respuesta del Estado nacional y provincial son insuficientes. Ese es el panorama que pinta la intendenta Verónica Magario, en diálogo con Página/12.

“El hambre no admite espera. Hay que darle respuesta ahora mismo”, dice la jefa comunal, que pide al gobierno provincial que declare “la emergencia social y laboral” para “destinar partidas” extraordinarias a los comedores de los sectores que quedaron a la intemperie por el aumento de precios y tarifas y la pérdida de empleo. Y advierte que si en los próximos días no tiene una respuesta satisfactoria de la gobernadora María Eugenia Vidal, tomará la decisión de “sacarle recursos al funcionamiento normal del municipio” para utilizarlos en la compra de alimentos.

“En las escuelas públicas de La Matanza los comedores crecieron un 50 por ciento promedio, pero llegaron al 150 por ciento en los sectores más vulnerables. La demanda también llega por las iglesias y los centros de jubilados. Hoy, los abuelos, después del aumento de tarifas, están pagando más de un tercio de una jubilación mínima en servicios. Sumale los medicamentos que dejó de cubrir PAMI. Hay un sector de abuelos que dejó de cenar para tomar un mate cocido o un té. Todo esto se suma a la baja de consumo y a las pérdidas de puestos de trabajo en el sector privado y en el sector informal, que es el primero que se pierde. Tenemos un registro de 150 mil personas por afuera del sistema en lo que respecta a cubrir las necesidades alimentarias más básicas”, plantea Magario.

–¿Cuándo comienza a advertirse esta situación?
–Esto empieza a verse en febrero, marzo, fundamentalmente, cuando abren las escuelas y empezamos a tener indicios por el aumento en los pedidos de leche y de alimento, y se empezó a ver no solo en las escuelas, sino también en los barrios y en los centros de jubilados. Esto es producto de que crecieron muchísimo los precios de los alimentos y de los servicios y así aparecen las primeras demandas puntuales de asalariados que llegaban justo a fin de mes y ya no les alcanza. A eso se suma la gente que se quedó sin trabajo.

–¿Cómo se puede solucionar este problema?
–Cuando tenés despidos, falta de trabajo y hambre hay que declarar la emergencia y dedicar fondos a eso. En la provincia se declaró la emergencia hidráulica y en seguridad. Ese endeudamiento que se votó sirvió para destinar partidas extraordinarias y para agilizar los trámites de las inversión y de compra de equipamiento en seguridad y en las obras contra las inundaciones. Ahora, frente a este escenario, hay que declarar una crisis social y laboral y destinar partidas para lo más urgente, que es el hambre.

–¿Hubo respuestas del gobierno provincial a estas demandas?
–Yo el problema se lo llevé a la gobernadora Vidal en febrero y no tuve respuesta. Recién a fines de marzo empezaron a prestar atención y a darse cuenta de que estaba pasando algo grave. Hace un mes y medio estuve con los ministros de Desarrollo Social, (Carolina) Stanley y (Santiago) López Medrano, y pedimos asistencia alimentaria para estos sectores. Ni siquiera les pedimos que nos den los recursos a nosotros, sino que los hagan llegar a través de las escuelas, de las iglesias. las sociedades de fomento, los centros de jubilados. Producto de eso se empezaron a implementar operativos de la nación en los barrios, con el camioncito, pero lo que hacen ahí es el trámite para obtener el DNI y la inscripción a la Asignación Universal, no dan alimentos. Los que nos mandan a nosotros alcanzan apenas para dos mil personas, y son alimentos secos. Nada de carne, nada de leche, nada de fruta o de verdura. Por eso la decisión de este municipio es empezar a generar partidas para alimentos, para comedores, porque no podemos dejar que la gente se muera de hambre.

–¿De dónde saldrían esas partidas?
–Habrá que sacar de otros presupuestos del municipio. Del alumbrado, de las obras... El municipio pagaba un millón setecientos mil pesos por bimestre de luz y ahora tengo que pagar ocho millones por mes. Con eso se podría dar de comer a veinticinco mil chicos y podría sostener veinticinco mil becas en diversos programas de educación y recuperación para niños y adolescentes. Los municipios no podemos sostener esto. Lo que estamos haciendo es tomar una decisión de sacarle recursos al funcionamiento normal del municipio para comprar comida. En vez de asfalto, en vez de luminaria, yo voy a comprar alimentos. ¿Cuánto puede durar esto? Un par de meses, no más. Además los municipios tenemos nuestra recaudación atada a la caída del consumo, a través del IVA y de la tasa de Seguridad e Higiene, que se aplica sobre las ventas empresas y comercios, que también cayeron.

–Hace algunos días el asesor presidencial Jaime Durán Barba dijo que no hay hambre en el país y que si hay, es por culpa del gobierno anterior...

–En febrero intentaban decirnos que era la herencia. Desde marzo para acá los funcionarios con los que tratamos se empezaron a dar cuenta de que la crisis es real y más allá de lo que intenten mostrar, ya no tienen cómo justificar lo que está pasando y se sabe que es producto de las medidas económicas y el plan económico del Presidente. Ellos en privado reconocen esto, pero dicen que no tienen plata para dar soluciones. Si el municipio puede cambiar partidas, yo creo que el gobierno provincial también tiene herramientas para hacerlo. Estoy esperando en estas horas una respuesta para ver si la provincia aumenta los cupos a comedores. Si no, esta semana comenzaré a mover las partidas para dar comida a nuestra gente. Le pedí a los maestros que abran las puertas de todos los comedores, a las sociedades de fomento, a los clubes, a los centros de jubilados, que abran sus puertas para recibir a los vecinos que no tienen un plato y que nosotros nos encargaremos de llevar comida.


sábado, 14 de marzo de 2015

Campanópolis: un oasis medieval en González Catán… De Alguna Manera...

Campanópolis: un oasis medieval en el conurbano…


Apenas 30 km la separan de la Capital Federal. Por año la visitan 5000 personas y es utilizada como escenario de diferentes eventos.

“Al contar la historia de la vida de mi padre es imposible distinguir entre los hechos y la ficción, entre el hombre y el mito”, reza un fragmento del film El Gran Pez donde el personaje Edward Bloom es rememorado por su hijo. Algo similar ocurre cuando uno quiere comprender el origen de Campanópolis.

Antonio Campana, hijo de inmigrantes, compró hace cuatro décadas un predio de 200 hectáreas con llanuras, bosques selváticos, cruzadas por ríos y arroyos. Esas tierras le fueron expropiadas para utilizarlas como un basural. Años más tarde las recupera y es cuando inicia su obra. No era arquitecto, no era albañil, de hecho sólo cursó hasta sexto grado, pero tenía una meta que podía parecer utópica: crear su propia ciudad. Y así lo hizo. Asiduo de los antiguos remates que había en la ciudad de Buenos Aires, adquirió verdaderas piezas históricas y de un enorme valor cultural para construir este lugar. Desde relojes de la estación ferroviaria de Retiro, adoquines de avenida La Plata, medidores eléctricos de la ex SEGBA (compañía estatal que proveía servicio eléctrico) y hasta una escalera que perteneció a la Basílica de Luján.

Construyó en un predio de La Matanza una urbe adoquinada que se convirtió en un sitio de interés para los 5000 visitantes que recibe al año. Al entrar se produce un impacto entre el presente tecnológico y el estilo antiguo que invita a un viaje en el tiempo. Campanópolis, que lleva ese nombre por su creador, es una aldea de estilo ecléctico ubicada en González Catán, a 30km de la Capital Federal.

Cuando se ingresa a pie parece que, de un momento a otro aparecerá por el camino ripiado un hombre enfundado en armadura, montado a un caballo o una aldeana en camino a la Iglesia o al mercado. El césped se asemeja a una alfombra sobre la que se puede andar descalzo sin temor a lastimarse. A este extremo llega la fantasía que recreó tal vez, sin quererlo, un hombre que pasó los últimos años de su vida dedicado a este proyecto.

Sergio es el guía más antiguo que trabaja ahí y relata algunas curiosidades vividas en el predio: “Susana Giménez grabó la apertura de una de sus temporadas, la banda Maná presentó un álbum, el director técnico Carlos Bianchi celebró un cumpleaños y hasta la tira juvenil Chiquititas grabó escenas aquí”. El lugar puede utilizarse para eventos, y recuerda que una vez “hubo un casamiento al aire libre, la novia llegó con una carroza y luego de la fiesta la pareja se fue del lugar en un globo aerostático”.

Según relatan, Antonio Campana no tenía como objetivo que el lugar fuera un paseo turístico o de recreación, sino que sólo deseaba esa obra como algo personal. Pero la vida suele jugar malas pasadas y le diagnosticaron cáncer. Falleció en 2008 y lo que quedó a medio construir, permanece tal cual lo dejó. Campana pudo al igual que el personaje de la película Edward Bloom descubrir que su destino “era llegar allí al final, después de todo, ningún hombre puede evitar llegar al fin de su vida”.

Para vivir este viaje al pasado por un rato debe realizarse una reserva para concurrir los sábados.Campanópolis es el sueño concretado de un hombre, y disfrutado por muchos.


© Escrito por Florencia de Sousa el viernes 13/03/2015 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 Antonio Campana


sábado, 7 de febrero de 2015

Luciano Arruga... El Estado lo Desapareció... De Alguna Manera...

Caravana para cambiar la historia...


Miles de personas marcharon el sábado 31 por las calles de La Matanza para conmemorar los seis años del secuestro, desaparición y muerte de Luciano Arruga. En una jornada impecable, con fuerte presencia juvenil, dos frases sintetizaron el corazón de la actividad: “La policía lo mató. El Estado lo desapareció”. Escraches, tres horas de movilización y 30 cuadras de recorrido dejaron en claro el principal objetivo de la movilización: construir condena social.

A las 10 de la mañana, Lomas del Mirador despertó. Sus calles matanceras, cubiertas de negocios y un cemento que golpea como el sol, suelen ofrecer un cuadro similar, uniforme, monótono a lo largo de los 364 días del año que cubren el ancho de la avenida Mosconi, su arteria principal. Las persianas se abren, los autos arrancan, algunos frenan, otros se saltan los semáforos en rojo, los colectivos atestados, la gente se putea, pocos piden permiso, y ese círculo humano y social que se pone en marcha y poco difiere del día anterior.

Un Truman Show conurbano. Mejor dicho: uno de muchos.

Pero hay un día, uno solo, que subvierte ese lienzo. Que lo toma, lo da vuelta, lo sacude y lo transforma. Por eso, cuando Lomas del Mirador, partido de La Matanza, corazón del Gran Buenos Aires, despertó, a las 10 de la mañana del 31 de enero de 2015, el mundo volvió a su lugar exacto, después de un año, luego del anterior 31 de enero, y del anterior a ese, y del otro, y así hace seis años.

Seis.

Así, envuelto en un sol que se mostró bondadoso a lo largo del día, durante 32 cuadras, La Matanza vibró bajo un solo nombre, escrito en las paredes, en las calles, en las plazas, colgado en los postes de luz y grabado en cada una de las miles de personas que participaron de una jornada memorable, impecable, sólida, histórica.

Un solo nombre. Una síntesis. Una cuestión nacional.

Luciano Arruga.

El mensaje

La caravana partió a las 12 del mediodía. Organizaciones de derechos humanos y sociales (APDH, H.I.J.O.S., Correpi, Ceprodh, La Poderosa, entre otras) y partidos políticos de todos los colores (estuvieron dirigentes como Christian Castillo, Vilma Ripoll, Pablo Ferreyra, Horacio Pietragalla, entre otros y otras), confluyeron en la placita de Perú y Pringles, en el barrio 12 de Octubre, a pocas cuadras donde Luciano Arruga vivió gran parte de su vida. Tenía 16 años y sufría un profundo hostigamiento policial cuando el 31 de enero de 2009 desapareció. No volvió a su casa. Su hermana Vanesa y su mamá Mónica lo buscaron por todos lados. Sólo sabían algo: a Luciano lo metieron en un patrullero y a Luciano lo vieron golpeado en el ex destacamento de Lomas del Mirador. Esa subdelegación policial, que dependía de la Comisaría 8º (ex Centro Clandestino de Detención en dictadura, conocido como “Sheraton”), no estaba autorizada a alojar detenidos. Sin embargo, Vanesa y Mónica ya habían escuchado cómo su hermano pedía ayuda cuando el 22 de septiembre de 2008 los policías de ese lugar – que no era ni más ni menos que un simple chalet barrial- lo detuvieron y lo torturaron.

El motivo: Luciano se negó a robar para la policía. Los oficiales le ofrecían “seguridad”, herramientas y dinero para efectuar robos. Luciano no quiso. Luciano dijo no.

Y el mensaje fue aterrador: Luciano desapareció.

Vecino, vecina

La Caravana era muy nutrida. En su gran mayoría, jóvenes. La salida de la plaza derivó en la avenida Mosconi, y de allí siguió hasta avenida San Martín. Familiares de víctimas de la represión policial y la violencia estatal encabezaban la marcha, con las fotos de sus hijos, de sus sobrinos, de sus nietos, de sus hermanos, de sus primos, unidos bajo los carteles de “Justicia”, y entrelazados, hombres y mujeres, niñas y niños, más fuerte que nunca.

Frente a ellos, un camión guiaba el recorrido. Llevaba los carteles para señalizar los lugares y albergaba los equipos de sonido. Allí, en la calle, Vanesa Orieta condujo la movilización.

Tomó el micrófono.

“Hoy nos encontramos marchando para que los vecinos y vecinas entiendan lo que significa en este barrio la violencia por parte de la policía y qué representa que un niño de 16 años estuviera desaparecido durante 5 años y 8 meses”, comenzó. “Luciano está desaparecido, vecino y vecina, por haberse negado a robar para la policía de este barrio. La misma policía que trata por medio de amenazas de incorporar a los jóvenes de los barrios humildes a redes delictivas manejadas por la policía. Vecino, vecina: usted lo sabe, sabe de las zonas liberadas, de los desarmaderos de autos, de los expendios de drogas, de los delitos cometidos en complicidad y con participación de la policía. Por lo tanto, vecino y vecina, dejemos de criminalizar a los pibes que vienen en los barrios y empecemos a poner el acento en esa policía que está al servicio del delito y somete a nuestros pibes a detenciones arbitrarias, a torturas, al gatillo fácil, a desapariciones forzadas. Empecemos a tener conciencia de que hoy, los pibes en los barrios humildes no son respetados”.

Vanesa hablaba, Vanesa explicaba, Vanesa caminaba. Vanesa conducía y hablaba a esa columna en movimiento que se extendía por cuadras, y que escuchaba, porque no podía no escuchar, porque era imposible no sentirse parte de un evento único y conmoverse con esa mujer que se ha convertido en una referente ineludible de una generación, que no paró de denunciar a todos los actores, a todos los policías, políticos, jueces, fiscales y médicos que no supieron ni quisieron decirle qué había pasado con su hermano, y que contribuyeron a que un niño de 16 años estuviera desaparecido casi seis años.

Por eso, a las 12 de la mañana, Lomas del Mirador no sólo estaba despierta.

Lomas del Mirador latía.

Los días previos

Las actividades que Familiares y Amigos de Luciano Arruga han organizado durante los 5 años de pedido de justicia se han convertido en auténticos festivales, con una convocatoria masiva brillante. Durante cinco años, la agrupación transformó ese evento en una ceremonia colectiva que enseñó cómo construir Justicia en uno de los lugares más picantes del conurbano bonaerense.

Pero los días, las semanas, los meses previos a la conmemoración de los seis años fueron movidos. El pasado 17 de octubre una noticia conmovió al país. Luego de 5 años y 8 meses de búsqueda y lucha inclaudicable, se supo dónde estaba Luciano. Una batería de medidas desatadas a raíz de la presentación de un hábeas corpus concluyó que Luciano estaba enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. Luego, se supo que Luciano había sido atropellado a las 3.21 de la madrugada en el cruce de General Paz y Emilio Castro; que falleció el 1 de febrero de 2009 a las 8 de la mañana en el Hospital Santojanni; que había sido trasladado por el SAME; que fue catalogado como NN en la Morgue Judicial y ese fue su destino en el Cementerio.

Dos frases

Nada cerraba. Luciano intentó cruzar la General Paz por un lugar imposible. Vanesa, al cierre de la marcha, advirtió: “Quería que vieran ustedes mismos por donde quiso cruzar mi hermano”. Así fue: ese fue el sitio donde la actividad culminó. En ese lugar hay un terraplén de césped que sólo trepando se puede acceder a la vía rápida de la avenida. A metros del punto exacto donde Luciano fue atropellado, hay un paso a nivel. Luciano lo sabía: su casa está a 17 cuadras de allí.

Hay más. El conductor que atropelló a Luciano declaró que el joven “cruzó como desesperado”. Aclaró que “no estaba trotando ni caminando sino corriendo”. Y el punto que más llamó la atención de los funcionarios y actores judiciales que intervienen hoy en la causa: “Por lógica parecía que estaba escapando”. Pero, por si fuera poco, declaró un testigo que fue la primera persona que vio e intervino en el hecho. Fue un motociclista que, al detenerse en plena General Paz para evitar que Luciano fuera atropellado por otros vehículos, divisó una camioneta doble cabina de la Bonaerense estacionada con las balizas apagadas en la colectora de la avenida, a la altura del atropello.

Por eso, la principal hipótesis en la investigación que busca determinar que sucedió entre esas horas en las que Luciano fue visto por última vez en su barrio y las que fue atropellado, sigue la hipótesis policial.

Por eso, la convocatoria, las paredes y las banderas sintetizaban dos frases.

Una: “La policía lo mató”.

La otra: “El Estado lo desapareció”.

El villero que no quiso robar

Manzanas, bananas, agua, jugo. Algunos buscaban sombra. Otras preferían un gorro. Hizo calor y el sol, aunque menos violento que eneros anteriores, picó. Vanesa conducía, hablaba. El camión se movía a un ritmo lento para que la Caravana pudiera seguirlo a pocos metros. En la vereda, un integrante de Familiares y Amigos trepó por una escalera y colgó un cartel en un poste de luz. “31/01/09. Prohibido olvidar”, rezaba. Luego, se cruzó e hizo lo mismo en la mano de enfrente.

La Caravana dobló por avenida San Martín y se detuvo en la intersección con Indart. Allí, a media cuadra, funcionó el ex destacamento que detuvo, secuestró y torturó a Luciano Arruga. Allí fue visto la noche de su desaparición. Y así lo marcaba otro cartel colgado en otro poste de luz: “A 200 metros funcionó el destacamento donde fue torturado Luciano”. El verbo está en pasado. La lucha de Familiares y Amigos, que incluyó un acampe que soportó los peores climas y las peores provocaciones vecinales, logró expropiar ese lugar para instalar allí un centro cultural que lleve el nombre de Luciano. Por esa razón la voz de Vanesa se volvió ronca.

“En 2007 se inauguró en esa casa un destacamento bajo el pedido de más seguridad de un grupo de vecinos nucleados en VALOMI (Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador). Debía ser una mera base de operaciones de la comisaría 8va. Pero en este lugar se llevaron adelante detenciones arbitrarias. No tenía instalaciones para albergar detenidos. Hace muy poco conseguimos la llave del ex destacamento. Ese lugar se va a convertir en un espacio de memoria social y cultural que va a llevar el nombre de un pibe de un barrio humilde”.

Vanesa respiró hondo y largó:

“¡Este espacio se va a llamar Luciano Arruga, en memoria de un villero que se negó a robar para la policía bonaerense!”.

La calle casi se hunde.

Escrache

La marcha y las señalizaciones siguieron. La Caravana continuó por avenida San Martín hasta el predio Monte Dorrego, un lugar de recreación y actividad deportiva donde un peritaje con perros ordenado en el marco de la investigación por la desaparición de Luciano arrojó un resultado positivo. Allí fue trasladado el destacamento que funcionaba en Indart luego de su cierre producto de la lucha y la movilización de Familiares y Amigos. En ese lugar hubo escrache.

“Luciano desaparece, la sociedad Arruga”, se podía leer en el suelo, frente a la subdelegación. Otras pintadas y frases ilustraron el lugar. Hubo cantos contra la policía y la denuncia implacable de Vanesa: “Basura, cobardes, asesinos. Vergüenza no tienen, porque si tuvieran, saldrían a denunciar los graves delitos que cometen sus compañeros. 

Esta familia no va a parar hasta que cada uno de sus compañeros termine preso”.

Práctica sistemática

La columna avanzó por San Martín hasta Ruta 3. El próximo destino fue la comisaría 8va, conocida como el Sheraton en tiempos de dictadura. De esa comisaría dependía el ex destacamento que secuestró y desapareció a Luciano Arruga. El joven, tras negarse a robar para la policía, comenzó a ser hostigado y a sufrir detenciones arbitrarias por parte de esa misma fuerza. “Los vecinos de Lomas tienen que tener en cuenta que es un hecho gravísimo”, sostuvo Vanesa. “Esto pasaba habitualmente en dictadura. Los mataban, los desaparecían. Esta es una marcha que viene a demostrar que no todos queremos silenciar la violencia por parte de la policía. Y esta marcha viene a demostrar tristemente que son muchos los familiares que denuncian la violencia institucional”.

Así fue. A lo largo de la movilización hablaron, entre otros y otras, Martín Bernhardt, hermano de Matías Bernhardt, asesinado por un policía federal en 2007; Angélica Urquiza, mamá de Jonathan “Kiki” Lezcano, asesinado por un policía federal en 2009; Celeste Lepratti, hermana de Claudio “Pocho” Lepratti, asesinado en 2001; familiares de Facundo Rivera Alegre, asesinado en Córdoba; sobrevivientes de Cromañón y de la tragedia de Once.

También hubo familiares de Ismael Sosa, el joven que viajó a Córdoba para ir a ver a La Renga y desapareció. Ni siquiera pudo entrar al recital. Denunciaron que fue reprimido por la policía en el primer control de ingreso. Su cuerpo apareció flotando en el río. “Todavía no tenemos noticias de lo que pasó”, afirmaron en la marcha. El lunes habrá una movilización a Plaza de Mayo a las 19.

Cambiar

Faltaba poco para que la movilización llegara al final. Faltaban pocas cuadras para que la nutrida caravana llegara hasta la intersección de General Paz y Mosconi (Emilio Castro del lado de Capital). Vanesa volvió a hablar, críticó al gobernador de la provincia de Buenos Aires y futuro precandidato presidencial, Daniel Scioli (“basura política”), como uno de los principales responsables políticos de la desaparición de Luciano, y sentenció: “Es necesario que un solo objetivo tengamos en común: defender los derechos humanos de los pibes. Nuestros enemigos son las policías torturando a nuestros pibes. Nuestros enemigos son los políticos que generan discriminación y criminalización. Nuestros enemigos son esa Justicia de mierda a la llegan nuestras causas y nunca avanzan. Esos son nuestros enemigos, no una familia que denuncia la violencia institucional. Son los que matan a nuestros pibes”.

Desde el comienzo de la movilización hasta el cierre, Vanesa Orieta jamás perdió el eje de su discurso, fuertemente político. Sus palabras focalizaron en una nueva agenda de derechos humanos, que subraye cuál es el sujeto de represión de esta época: pibes pobres de barrios pobres. “Somos todos del mismo lugar: sectores humildes”, puntualizó. “Hacia nosotros están dirigidas fundamentalmente la violencia y la represión. Y somos nosotros los que podemos cambiar ese todo de las cosas. Somos nosotros los que podemos cambiar la historia”.

Parte de la historia

La última parada fue General Paz y Mosconi. Tras más tres horas de marcha y más de 30 cuadras de movilización, las Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora tomaron la palabra. Primero, Norita Cortiñas: “No podemos concebir que Argentina siga siendo un país de impunidad”. Luego fue el turno de Elia Espen: “Con todo el dolor que pasamos, seguimos peleando. No hay que callarse”.

Un capítulo aparte se merece la organización de la jornada. Sólidos, ordenados, metódicos, anticipándose a cada movimiento, la seguridad de la movilización no tuvo fallas, y cada corte de calle demostró a las claras la rigurosa planificación previa de la actividad. Sin lugar a dudas, allí radica gran parte del éxito de una tarde admirable.

Pablo Pimentel, referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza (una de los organismos que acompañó a la familia desde el minuto cero), también habló: “Pasaron más de cinco años de impunidad. Los derechos humanos son para todos. 

Luciano tiene que ser la bisagra para equilibrar la balanza de la justicia. Luciano Arruga ya no es solamente de su familia. Luciano es parte de la historia argentina”.

Luego se leyó el documento de Familiares y Amigos, que llevó la adhesión de organizaciones sociales, partidos políticos y medios comunitarios y populares. El comunicado denunció la complicidad de los funcionarios políticos que posibilitaron que un joven de 16 años estuviera desaparecido durante casi seis años. También recordó la desidia de los actores judiciales que convirtieron la causa de Luciano en un monumento a la impunidad judicial: el juez Gustavo Banco y las fiscales Roxana Castelli y Celia Cejas, que este año afrontarán un jury de enjuiciamiento. “Vamos a ir hasta el final. El hallazgo del cuerpo puso al descubierto un entramado de complicidades”, leyeron.

La lucha

Mónica Alegre, mamá de Luciano, fue de las últimas oradoras. “Gracias a todos por estar, por hacernos el aguante, por acordarse del Negro todos los días y por hacerlo parte de ustedes”, dijo.

Vanesa fue la encargada de cerrar la jornada: “Acá hubo que luchar mucho, poner mucho el cuerpo y desgastarse. Y a pesar de eso, somos una familia que salimos adelante, con valor y fortaleza. Nosotros empezamos siendo un grupo de familiares y amigos que luchaban solos. Enfrentamos a la Bonaerense, fuimos perseguidos, golpeados, amenazados. Y fruto de seis años de lucha dio la posibilidad de visibilizar la causa de Luciano. Y también esta lucha dio la posibilidad que entendieran que había una familia que denunciaba que esto no se trataba de hechos aislados, sino de una problemática que se llevaba la vida de muchos pibes. Y todo este fue lo que hoy generó esta marcha”.

Vanesa agradeció a todas las personas que participaron de la movilización. Agradeció puntualmente a sus compañeras y compañeros por la impecable organización. Y esa porción de La Matanza, nuevamente despierta, luego de un año, y así hasta el próximo, se sumió en un grito unánime, completo, recargado:

“¡Luciano Arruga, presente! ¡Ahora y siempre!”.

© Publicado el domingo 01/02/2015 por http://www.lavaca.org


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cromañon... Ni la bengala ni el rock and roll… De Alguna Manera...

Ni la bengala ni el rock and roll…


Con la masacre de Cromañon consumada quienes suelen instalar los discursos dominantes de la sociedad comenzaron a darle respuestas a la sociedad, la que a esa altura todavía se encontraba  aturdida por la magnitud del daño generado.   

Los primeros misiles fueron dirigidos al rock chabon o barrial, movimiento musical suburbano de incipiente crecimiento a partir de la década de los noventa que venía a romper con las partituras y las metáforas de los grandes músicos de nuestro rock nacional, para contar la cotidianeidad de los pibes de los barrios donde la política noventista más daño había hecho.

La estigmatización de este movimiento rockero se agudizó tremendamente con la masacre de cromañon, donde se señaló como primeros responsables a los negros que curten esa cultura: “Esto en el Colon no podía pasar porque ahí asisten artistas y gente bien, no como los cabezas que escuchan rocanrol” era, en resumidas cuentas, el mensaje que se bajaba a la sociedad.

Convertidos en seres marginales se instalaron mentiras que aun hoy siguen instaladas, como la que decía que en el baño había guardería de niños. Pensémoslo.  Estos negros tienen muchos hijos, son tan cabezas que van esos antros con sus pibes y, como si fuera poco, los hacinan en los baños. El discurso cerraba de manera perfecta, lástima que es una mentira atroz que buscaba poner la lupa en las víctimas y no en los victimarios. 

Así fue que se elaboró la teoría de la “futbolización del rock”, cuyo argumento central gira en torno a la cuestión del aguante y de las banderas, los canticos, la pertenencia barrial y, en ese momento, las bengalas (que hasta hoy se usan en las canchas, ya no en los recitales).

Siempre esa lectura de los jóvenes tuvo cierta cuestión tendenciosa que buscaba reunir y señalar todos los comportamientos “antisociales” y colocarlos en el centro de la escena, dejando en un segundo (o tercer) plano las responsabilidades de los señores de traje y corbata. Es un dedo que señala siempre al eslabón mas débil de la cadena para luego cortarlo y que para lograr tal fin, omite contar, por ejemplo, que una gran parte de los chicos fallecidos salieron con vida de Cromañon y fallecieron al volver entrar al local en su intento de ayudar a otros.

Después nos quedamos sin lugares para ir a ver bandas, para los grupos chicos fue dificilísimo mantenerse en la escena. A esa altura éramos todos peligrosos. Algo parecido a lo que pasa con el fútbol, donde por esos grupos “que todos conocemos” nadie puede ir de visitante a la cancha y en algunos clubes no se puede ir ni de local, aunque en el caso del rock, siempre los más peligrosos fueron los dueños de los boliches, bah… en el fútbol pasa lo mismo.

Yo, hijo de una profesional y un comerciante, clase media sin problemas materiales, cuarta generación quemera de mi familia, egresado de una secundaria católica salesiana, blanquito y bien nutrido fui a despedir el año con mis amigos a Cromañon. A ver una banda que casualmente había escuchado por primera vez ese año o el anterior, viajando a Córdoba a ver Huracán. De pura suerte los ocho que fuimos logramos salir con vida, una vida muy distinta a la que teníamos hasta ese entonces, pero vida al fin.

Estuve casi dos años prácticamente sin ir a la cancha, desinteresado de casi todo lo que antes me interesaba, hablando casi exclusivamente de Cromañon. Tratando de desarticular estos discursos, malditos, que solo suman más dolor al dolor. Buscando justicia y haciendo ejercicio de memoria.   

Siempre recuerdo que mi viejo, después de un largo abrazo, me dijo, esa misma noche en la esquina de La Rioja y Rivadavia que me había estado buscando entre los chicos fallecidos y que veía que todos éramos iguales “todos eran pibes, de la misma edad, todos teñidos de negro, pantalón corto, en cuero, todos eran como vos hijo… les miraba las piernas haber si encontraba tu tatuaje de Huracán”.

Somos todos iguales. Como en la tribuna. No importa si venimos de La Matanza, de San Isidro, de Parque Patricios, La Boca, Congreso o Recoleta. Todos somos personas y tenemos derecho de ir a un recital o a ver un partido de futbol y volver a casa.

Hace 10 años 194 personas perdieron la vida. Ellos son víctimas de la codicia de empresarios y políticos, de personas inescrupulosas y siniestras que piensan más en el dinero y en el negocio que en las personas. No los mató ni la bengala ni el rock and roll, los mató la corrupción y es nuestra obligación como sociedad recordar. Recordar siempre. Saber que nos pudo tocar a todos y que nadie está a salvo de ser víctima de los efectos directos de la corrupción.

Estas líneas buscan rendir homenaje a los pibes que ya no están, especialmente a Pablo, a Maria, Gerardo y a Laurita, hinchas de Huracán que alientan desde arriba y a todos los quemeros, que estuvimos ahí y que hoy nos damos el lujo de poder festejar este gran año que tuvo Huracán.


© Escrito por Tago Barea el miércoles 31/12/2014 y publicado por Patria Quemera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.