miércoles, 31 de diciembre de 2025

Sin luz en el AMBA: Más de lo mismo... @dealgunamanera...

 Sin luz en el AMBA: un corte masivo dejó sin suministro a casi un millón de usuarios y unos 30.000 siguen afectados…

Se originó por una falla en la Subestación Bosques de la empresa Edesur que generó una falla en el suministro eléctrico que alcanza a diferentes subestaciones de Capital Federal y el Conurbano. 

© Publicado el miércoles 31/12/2025 por el portal de noticias Política Argentina de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. 

El último día del 2025 arrancó con un combo mortal en el AMBA: calor extremo y cortes de luz. Este miércoles por la madrugada un gigantesco apagón dejó sin energía eléctrica a un millón de usuarios en la Ciudad y el Conurbano. Según informó Edesur, los problemas se originaron a raíz de un incendio en una subestación de la compañía. Pasadas las 7.30 hs de este 31 de diciembre más de 16 mil hogares continuaban sin electricidad.

Cerca de las 22 horas de este lunes, cuando el termómetro en la Ciudad y sus alrededores todavía superaba los 30 grados, y después de una jornada agobiante, la red de suministro eléctrico del AMBA no aguantó más y se produjo un gigantesco apagón. Así, se registró el escenario más temido: calor extremo y corte de luz. Una situación que, pese a los constantes aumentos de las boletas del servicio eléctrico, continúa sucediendo. Gran cantidad de barrios porteños y el sur del Conurbano se quedaron completamente a oscuras.

Recién horas más tarde, durante la madrugada, Edesur -la empresa responsable en las áreas afectadas por el apagón- salió a dar explicaciones de lo sucedido. Según un comunicado publicado en sus redes sociales oficiales minutos antes de las 2 hs, los problemas fueron causados por un incendio. “Una falla en la Subestación Bosques generó una afectación que alcanza a diferentes subestaciones de Capital Federal y el Conurbano. Nuestros equipos técnicos ya se encuentran trabajando en la zona. El suministro será restablecido en etapas", fue la escueta explicación de la compañía.  

Poco antes de las 4 de esta madrugada, se pudo conocer la dimensión del masivo corte de luz. De acuerdo a la página oficial del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) a esa hora había 952.036 usuarios sin luz. Al mismo tiempo, la compañía explicaba, también por su cuenta de X, que “ más del 50% de los clientes afectados por la falla que se inició en la Subestación Bosques y que generó una afectación en otras subestaciones ya recuperaron el suministro".  

Para las 4.26 hs afirmaron que “el 96% de los clientes afectados cuenta con suministro”. Sin embargo, tres horas después, la web del ENRE mostraba que aún quedaban hogares sin servicio eléctrico. Y es que, en horas de esta mañana de miércoles, unos 30.000 usuarios siguen sin luz por dicha falla. "Nuestros equipos técnicos ya se encuentran trabajando en la zona. El suministro será restablecido en etapas", adelantó la compañía.  

El incidente comenzó ayer por la tarde y el pico máximo de usuarios sin suministro eléctrico se dio a las 16:30 con 42.957 en el área concesionada a Edesur y 2.390 en el área de Edenor. Elevando el total a 45.347 personas con el servicio eléctrico interrumpido. Luego, comenzó a restaurarse, pero remontó y volvió a afectar a 41.722 a las 18:50. En la página del ENRE (www.argentina.gob.ar/enre), los cortes realizados por Edesur se extienden por los municipios de Quilmes, Lomas de Zamora, Lanús, Berazategui, Ezeiza y Almirante Brown y en barrios de la Ciudad de Buenos Aires.

Mientras que los realizados por Edenor alcanzan Pilar, San Fernando, Tres de Febrero, Escobar, General Rodríguez, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Malvinas Argentinas, Marcos Paz, Merlo, Moreno, Morón, San Isidro, Tigre, Vicente López y San Miguel. A las 20:50, los usuarios sin suministro eléctrico descendieron a 34.841, 32.662 de Edesur y 2.179 de Edenor. Además, la demanda de energía rompió la tendencia a la baja y volvió a subir en un contexto de altas temperaturas y a un horario en el que la mayoría de las personas suele estar llegando a sus hogares.

El último sábado hubo un pico de 27.000 cortes de luz en el AMBA por las temperaturas extremas registradas en la zona. El corte masivo tiene lugar en un contexto de altísimas temperaturas. El último día del año será también el más caluroso, con una máxima de 39° y una mínima de 27°. Las máximas arriba de 30° se mantendrán hasta el 1º de enero de 2026.









martes, 30 de diciembre de 2025

Trenes de larga distancia al borde de su extinción, interrumpieron el servicio a Córdoba y Tucumán indefinidamente... @dealgunamanera...

Trenes de larga distancia al borde de su extinción, interrumpieron el servicio a Córdoba y Tucumán indefinidamente...

Tren Constitución Mar del Plata. Fotografía: CEDOC.

El Gobierno avanza con la privatización de Trenes Argentinos, a la vez que las concesionarias privadas interrumpen los servicios de pasajeros.

© Escrito por Luciana Mina, redactora de Breaking News, el lunes 29/12/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Los trenes de pasajeros de larga distancia están al borde de su desaparición. A la interrupción indefinida de la línea Roca a Bahía Blanca ahora se suma la del servicio que conectaba Retiro, Rosario, Córdoba y Tucumán.

La suspensión de los trenes, anunciada en un principio como provisoria, fue realizada a pedido de la empresa privada que administra esas líneas, Nueva Central Argentino (NCA), a raíz del estado de los durmientes luego del descarrilamiento de una unidad en Santiago del Estero hace tres meses. A pesar de que el argumento de la concesionaria radica en la reparación de las vías, el sindicato La Fraternidad advierte que detrás de ese planteo buscan eliminar definitivamente al tren de pasajeros.

“Lo que en principio entendimos acertado, la reparación de vías, luego el descarrilamiento de fecha 20 de septiembre del 2025 del tren a Tucumán, se ha convertido en la excusa ideal para impedir que se repongan los servicios”, indicó el gremio en un comunicado.

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"Así entonces, se configura el lock-outcontra los trenes de pasajeros (larga distancia), privando de esta manera a miles de usuarios la posibilidad de transportarse a costos accesibles para la gente que menos tiene”, agregó el sindicato en el documento firmado por Omar Maturano.

En diálogo con PERFIL, uno de los voceros del sindicato detalló que la interrupción del servicio busca eliminar por completo al tren de pasajeros porque "no quieren invertir en la reparación de la vías", aunque por los mismos rieles siguen circulando los trenes de carga con menor velocidad, lo que no quita el riesgo para los maquinistas que viajan en ellos. A la vez, indicó que si bien NCA es una empresa privada, la suspensión del servicio se enmarca en la nueva ola de privatizaciones que impulsa la gestión de Javier Milei, que esta semana avanzó contra Trenes Argentinos.

NCA tiene la concesión del ramal Mitre, con excepción de los tramos urbanos, desde 1992. En julio de este año el Gobierno se la volvió a extender hasta 2032, a pesar de que en 2021 se la habían negado ante el vencimiento del contrato por el balance negativo en infraestructura y servicios después de más de dos décadas bajo su administración.

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La empresa recientemente debió arreglar las vías, sin embargo, los nuevos durmientes colocados no habrían estado en condiciones para cumplir su función. Esto se comprobó tras el descarrilamiento ocurrido en septiembre por lo que ahora alegan que deben chequear el estado de cada uno de ellos para evitar accidentes.

De manera similar, el tren de pasajeros que unía Ciudad de Buenos Aires con Bahía Blanca y comunicaba numerosas localidades del sur de la provincia bonaerense fue interrumpido en octubre de 2025 de forma indefinida. En este caso, también, primero fue suspendido por un descarrilamiento a la altura de Olavarría en 2022 por falta de mantenimiento de las vías que estaban a cargo de las empresas privadas Ferroexpreso Pampeano y Ferrosur Roca, a las que, sin embargo, recientemente les extendieron las concesiones. Si bien en un primer momento se anunció que se repondría el servicio, eso nunca se concretó y luego, este año, se definió la clausura total.

La experiencia de las privatizaciones y concesiones iniciada en la década de los 1990 dejaron un saldo negativo en varios sentidos, los kilómetros de vía pasaron de ser 35 mil a menos de 10 mil, y se desinvirtió en infraestructura y material rodante, lo que generó una pérdida de calidad y achicamiento del servicio, con un impacto directo sobre las economías regionales y las posibilidades de desarrollo nacional.

Avanza la privatización de Trenes Argentinos.

En forma paralela, en los últimos días, el Gobierno dio un paso más en el proceso de privatización de Trenes Argentinos, que antes era una Sociedad del Estado, y la convirtió en una Sociedad Anónima Unipersonal. La medida se implementó a través del Decreto 70/2023, firmado por Javier Milei apenas asumió, dado que dicha privatización no fue autorizada por la Ley Bases.

“Con esta inscripción se completa el proceso de reorganización de todas las sociedades del Estado Nacional, ordenado por el Presidente”, afirmó el inspector general de Justicia, Daniel Roque Vítolo, tras la inscripción de Trenes Argentinos bajo la figura de S.A.

De la misma forma, la gestión libertaria también convirtió a las empresas estatales Administración de Infraestructura Ferroviaria, Administración General de Puertos, Contenidos Públicos, Edu.Ar, Empresa Argentina de Navegación Aérea, Fabricaciones Militares, Operadora Ferroviaria, Radio y Televisión Argentina, Casa de Moneda y Télam para adecuarlas para la privatización.

LM/ML.



domingo, 28 de diciembre de 2025

La gran amenaza desestabilizadora para 2026: los juicios internacionales que acechan al país… @dealgunamanera...

La gran amenaza desestabilizadora para 2026: los juicios internacionales que acechan al país…

Loretta Preska. Falló en contra de la Argentina en el juicio por la reestatización de YPF. Imagen: Pablo Temes.

Mientras el debate político se concentra en la coyuntura inmediata y en las urgencias del corto plazo, el país enfrenta una bomba de tiempo en los tribunales internacionales. Se trata de un volumen de pasivos judiciales que ronda los USS 30 mil millones, en su mayoría fuera del Presupuesto y prácticamente ausentes del debate público, que podrían comenzar a volverse exigibles a partir de 2026. Los casos más emblemáticos –el juicio por la reestatización de YPF en los tribunales de Nueva York, la causa por la manipulación del PBI y el no pago de los cupones atados al crecimiento económico en Londres– ya cuentan con fallos adversos.

© Escrito por Carlos Burgueño, Periodista. Lic. en Ciencia Política. Máster en Economía y Sociología, el domingo  28/12/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

No está incluido en el Presupuesto. No está mencionado como crítica por parte de la oposición. Prácticamente es un tema ignorado por la clase política argentina. Pero se trata del factor más amenazante de inestabilidad económica, financiera y fiscal para el país. Se trata del altísimo volumen de pasivos que el país mantiene en juicios contra la Argentina en diferentes tribunales internacionales, que podrían estallar en gran parte durante el 2026; y que, de no mediar negociaciones infernales y aperturas amplias de los mercados internacionales, implicarían que el país no podría enfrentar semejante cantidad y calidad de pasivos. En total, sumando todas las causas existentes, se llega a la temeraria cifra de US$ 30 mil millones, con dos juicios emblemáticos a la cabeza: el encauzado por la manera en que se renacionalizó YPF en 2012 y que ya tiene fallo negativo en primera instancia en Nueva York, y el que involucra a la manipulación del PBI y los cupones de los bonos argentinos durante la última etapa del kirchnerismo. Causa que está radicada (y casi perdida) en Londres.

La causa por la petrolera tuvo novedades importantes esta semana. La jueza Loretta Preska anunció que no embargará acciones de la compañía en garantía, a la espera de una decisión de la Cámara de Apelaciones de Nueva York. Ahora se abre un período de tiempo indefinido, donde los jueces de la Segunda de Apelaciones de Nueva York deberán tomar una decisión de fondo sobre la causa por la manera en que se renacionalizó YPF. Estos son Denny Chin, José Cabranes y Beth Robinson, quienes ya están en estudio de la situación, pero aún no dieron pistas sobre los tiempos. Por lo que se presume, no habrá novedades durante el primer trimestre del año, ya que aún no están citadas las partes para escuchar las argumentaciones de rigor; con lo que, a lo sumo, recién habría novedades para el período abril-junio del 2026. O aún más allá del tiempo también.

Los puntos fundamentales de la causa. Para muchos la necesidad de una reestatización de la petrolera era necesaria. Repsol estaba haciendo un desastre, invirtiendo más en Libia que en la Argentina.

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Se razona además que ante la aparición de Vaca Muerta, el proyecto de desarrollo de ese yacimiento debía tener como principal operador a una empresa argentina. En lo posible estatal.

El juicio no es por la decisión de reestatizar, cuestión que era necesaria. Es por la manera en que se reestatizó.

El estatuto de la privatización de 1992 (era Estenssoro) incluía una Oferta Pública de Adquisición (OPA). Esto implica que cualquier operación de toma de acciones en poder de privados, obliga a realizar una oferta similar al resto de los accionistas.

Desde el 26 de junio de 1993 Argentina decide (como país soberano) salir a cotizar parte de las acciones de YPF en la Bolsa de Nueva York. Desde ese momento, inevitablemente, acepta las normas de la SEC, que incluyen el respeto de la OPA. Y la jurisprudencia de EE.UU. indica que esto es superior, incluso a las normas de países. Esto puede gustar o no, pero es así. Y debía haberse tenido en cuenta.

En la decisión de reestatización de 2012 se decide pagar unos US$ 6 mil millones a Repsol, pero no aplicar la OPA. Se decide además dejar de distribuir dividendos a los accionistas.

El Grupo Petersen había acordado con Repsol pagar parte del 25,46% de las acciones a través del giro de esos dividendos. Como ya no se giraba el dinero, Petersen, a través de Petersen Energía y Petersen Inversora, se presentan en concurso (y posterior quiebra) en los tribunales comerciales de Madrid. Desde ese momento, el Grupo Petersen deja de tener que ver con esta causa; y, en consecuencia, probablemente no reciba un solo dólar de este caso. (Crean o no, es así).

El síndico de la causa radicada en Madrid, vende la causa (esto es habitual) el 4 de mayo de 2015. La compra Burford en US$ 15 millones. Lo hace a través de Prospect Capital (una subsidiaria semisecreta, para que no se sepa que Burford estaba detrás). Luego ampliaría “la inversión” en 70 millones.

En septiembre de 2015 Burford se presenta en los tribunales de Nueva York. Por sorteo toca Loretta Preska, heredera del sillón de Thomas Griesa como jueza de primera instancia en el Distrito Sur de Nueva York.

Entre diciembre 2016 y marzo 2018, Preska se toma su tiempo para analizar las leyes cruzadas de Argentina y EE.UU. En marzo 2019 define que las normas de la SEC son más importantes que las leyes locales. Se basa, otra vez, en jurisprudencia de EE.UU.

En septiembre de 2023 falla a favor de Burford y un segundo demandante llamado Eton Park (Dios sabe quién está atrás de estos).

El problema fue no haber extendido el pago a Repsol, a una oferta al resto de los accionistas. Luego estos podían aceptarla o no. Pero era obligación, por estatuto, abrir la oferta al 49% de los accionistas.

Sobre la obligación de esta operación, hay jurisprudencia en la Justicia de EE.UU. Argentina podría haber aceptado o no abrir las cotizaciones de una parte de las acciones de YPF en Wall Street. Pero si lo hacía, debía respetar las reglas de la SEC (autoridad del mercado de capitales norteamericano).

El fallo de fondo fue el de septiembre del 2023. Ahí se perdió el juicio. La Argentina está obligada por leyes locales a apelar. De no hacerlo, al Presidente en ejercicio le cabe la acusación de mal ejercicio en sus funciones.

Por su parte, la causa por la manipulación de títulos públicos en 2013, y el consecuente no pago de los intereses correspondientes al Cupón 2013, tiene ya fallo firme en los tribunales ingleses. La Argentina perdió el caso en primera y segunda instancia, en ambos casos con todos los votos de los jueces en contra, y acudió al máximo tribunal del Reino Unido como última alternativa jurídica para tratar de torcer la historia. Sin embargo, en octubre del año pasado, la Corte británica rechazó tratar la causa, con lo que dejó en firme el fallo de primera y segunda instancia. Son los fallos del juez Stephen Phillips y del Tribunal de Apelación de Inglaterra y Gales a favor de los demandantes Palladian Partners y Norinver Capital, entre otros; que denunciaron a la Argentina por haber abonado intereses correspondientes por el mecanismo de los títulos Cupón PBI emitidos durante el canje de deuda de 2006. Argentina esperaba que la causa en Inglaterra se cayera, dado que en abril de 2023, una causa espejo en el tribunal, curiosamente, de Loretta Preska, resolvió en contra del reclamo. Sin embargo, en marzo de 2024, Phillips ratificó su decisión, y cerró el caso a favor de los demandantes de Londres. Phillips se mantuvo en el criterio jurisprudencial inglés, afirmando que la Argentina efectivamente alteró el PBI de 2013, perjudicando a los ahorristas que habían confiado en el bono emitido por el país para salir del default de 2002, y durante el canje de deuda de 2006.

Según la decisión del juez Phillips del 8 de marzo pasado, “las declaraciones posteriores al fallo (correspondiente a los cupones PBI en euros) de funcionarios argentinos reflejan la misma postura desafiante adoptada frente a los fallos a favor de los holdouts (tenedores de títulos de deuda soberana argentina) años atrás”. Y agregó: “Si bien es cierto que hay un nuevo gobierno desde diciembre, aún no ha demostrado que adoptará un enfoque diferente para honrar los fallos de Cortes internacionales. En particular, la nueva administración no se ha distanciado públicamente de los comentarios realizados por los antiguos funcionarios. También es digno de destacar que la República no ha abonado ningún monto del fallo [YPF] del tribunal del Distrito Sur de Nueva York, ni ha cumplido con las condiciones para suspender la ejecución (embargos) pendiente de apelación en ese caso”.

La causa original fue iniciada en Nueva York por el fondo buitre Aurelius en enero de 2015 por la supuesta “mala fe” del país al alterar la medición del PBI del Indec para el ejercicio 2013; lo que derivó en una causa espejo en Londres, a partir de una presentación del fondo cautivo de Aurelius y Novoriver a la que luego se sumó Palladian con un grupo menor de tenedores de deuda argentina.

Según los demandantes, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, con Axel Kicillof como ministro de Economía, alteró la base de cálculo del Emae para que el crecimiento final del PBI de ese año no superara el 3,22% y así no activar la cláusula de liquidación del Cupón PBI. El Indec calculó para ese año un crecimiento del 2,9%, pero modificando el cálculo base, una acción que para Aurelius fue “adrede” para perjudicar a los tenedores de este bono, en lo que representa “mal desempeño de sus funciones”.



El Gobierno tuvo una Navidad frenética con regalo al final… @dealgunamanera...

El Gobierno tuvo una Navidad frenética con regalo al final…

Curita. Dibujo: Pablo Temes.

La negociación con los gobernadores fue un test match para los nuevos protagonistas de la gestión. 

© Escrito por Nelson Castro el domingo 28/11/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Fue un viernes muy, pero muy intenso. En realidad, fue una Navidad intensa. No hubo mucha paz en los espíritus ni del Gobierno ni de la oposición. Sesionar un 26 de diciembre es algo extraordinario para los legisladores. Esta vez les tocó a los senadores. Seguramente la mayoría de ellos no conoce cómo eran las cosas cuando la Argentina daba sus primeros pasos como república luego de la sanción de la Constitución Nacional. En aquellos años de turbulencia y épica el período ordinario de sesiones del Congreso se extendía desde el 1° de mayo hasta el 30 de septiembre.

Esta sesión significó un test match para Patricia Bullrich. En lo formal, era su debut como jefa del bloque del oficialismo. Pero en los hechos, su rol en el cuerpo va mucho más allá de eso. Ella ha pasado a ser la articuladora entre la Cámara Alta y el Poder Ejecutivo. Esto es consecuencia directa del aislamiento total en el que navega la gestión de Victoria Villarruel. Emana hacia ella un profundo sentimiento de desprecio por parte de los hermanos Milei. Aquella frase referida al Presidente que pronunció durante el reportaje con Jonatan Viale le valió el destierro de las arenas del poder. Por si alguien no lo recuerda, la vicepresidenta dijo que el pobre Milei era un “jamoncito” entre su hermana Karina y ella.

La aprobación del presupuesto es una exigencia del Fondo Monetario Internacional. Pero, antes de eso, hay que decir que es una necesidad del país. El condimento extra es que se trata del primer presupuesto redactado de puño y letra por la administración libertaria ya que, en los últimos dos años, Javier Milei gobernó con presupuestos prácticamente ajenos y sin la aprobación del Congreso. El presupuesto es una herramienta esencial que ordena y da previsibilidad más allá de los errores y desvíos. Este es un punto que el Presidente tuvo en cuenta en sus expresiones durante el reportaje que le concedió a Luis Majul el domingo pasado. Claramente hubo una voz –o varias– que le advirtió de la inconveniencia de aplicar un veto a lo votado por el Congreso. Esas voces vinieron no sólo desde fuera sino también desde adentro del Gobierno. Los votos conseguidos fueron producto de la negociación. De entre ella, la más ardua fue la de Diego Santilli para quien, la aprobación del proyecto de ley de Presupuesto representa una prueba interna y externa. En lo interno está en juego su capacidad y eficacia en la negociación con los sectores dialoguistas. En lo externo, por su parte, su credibilidad. El problema más importante que tuvo Guillermo Francos a lo largo de toda su gestión como jefe de Gabinete fue la validez de sus promesas. Para ponerlo blanco sobre negro: Francos llegaba a acuerdos con los opositores en los que enunciaba a sus eventuales interlocutores –en este caso, gobernadores– diversas promesas que después nunca se cumplían. Santilli, quien estuvo presente en el largo, tedioso y vacuo debate de los senadores, tiene el desafío de hacer que sus promesas se transformen en hechos. En su mensaje en la red X se encargó de resaltar “el coraje de los diputados, senadores y gobernadores que entendieron que el país cambió”. Entre los senadores peronistas que votaron positivamente estuvieron: Guillermo Andrada de Catamarca, y Sandra Mendoza, de Tucumán. Habrán sido producto de un aporte del Grupo JaJa, integrado por los gobernadores Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, como muy ocurrente y agudamente lo definió nuestro colega Federico Mayol. El ministro del Interior es, desde el punto de vista político, uno de los ganadores de este capítulo. “No dejó nada librado al azar, una derrota lo hubiera dejado rengo dentro y fuera del gabinete” –reconocieron en su entorno. La otra, claramente, es Patricia Bullrich. El Presidente quien, consciente de lo que se jugaba, estuvo atento durante todo el día, no demoró un minuto en celebrar en la red X lo que, sin dudas, es un gran triunfo del Gobierno. “Somos una montaña rusa de emociones. Hace menos de 10 días cuando Diputados le dio media sanción al proyecto, los ánimos venían muy abajo por no haber podido derogar la ley de discapacidad y de financiamiento universitario. Hoy la historia es otra, pero deberíamos ser un poco menos ciclotímicos” –reconoció un libertario que no salía de su asombro. No le falta razón, por aquellas horas hasta corrió la versión del veto como un reguero de pólvora.

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La aprobación de la Ley de Presupuesto 2026 en general y en particular representa una nueva derrota para el peronismo en general, y para el kirchnerismo en particular. El poder de Cristina Fernández de Kirchner, afectada de una apendicitis complicada con una peritonitis local que la ha tenido a mal traer durante toda esta semana, va menguando día a día. Esa mengua incluye –y afecta– a su hijo Máximo –enfrentado en una interna que no para de agravarse con Axel Kicillof y compañía. El último episodio de esta saga de final abierto fue el enfrentamiento entre los trapitos y los intendentes de Lanús, Julián Álvarez, y Quilmes, Mayra Mendoza. En medio de todo ese embrollo apareció uno de los así denominados “gerentes de la pobreza”, Juan Grabois. El polémico dirigente representa un clavo en el zapato para Kicillof y sus secuaces. Grabois es CFK, por si alguien lo ha olvidado. “Hasta que el peronismo no logre emanciparse definitivamente de la condenada, no tendrá chances serias de reorganizarse y pelear por el poder real” –aseguraron cerca de un intendente del Conurbano que la sufrió en carne propia.

El PRO es el otro espacio político que ha ido rifando parte de su capital fagocitado por la ola violeta. Del radicalismo mejor ni hablar. La falta de líderes capaces de ofrecer una alternativa seria al oficialismo es un problema que, más pronto que tarde, afectará a la dirigencia responsable que cree en la alternancia como llave para una democracia sana.




miércoles, 24 de diciembre de 2025

Philippe Sands: “Genocidio o crímenes de lesa humanidad no es cuestión de nueve o treinta mil”… @dealgunamanera...

  Philippe Sands: “Genocidio o crímenes de lesa humanidad no es cuestión de nueve o treinta mil”…

GENOCIDIO Y CRÍMENES CONTRA LA HUMANIDAD. “Desde Núremberg, por razones complejas, el genocidio ha pasado a ser visto como el “crimen de los crímenes”, pero en términos jurídicos no lo es: todos son iguales”. Fotografía: Juan Obregón

El reconocido jurista y profesor en University College London, abogado ante la Corte Penal Internacional, combina su experiencia en tribunales con la investigación histórica en su trilogía “Calle Este-Oeste”, “Ruta de escape” y “Calle Londres 38”, donde revela la participación de nazis refugiados en la dictadura chilena y el acuerdo entre gobiernos por la extradición de Pinochet. Reflexiona sobre la justicia internacional como un proceso de largo plazo, la interacción entre derecho y política, la singularidad del Juicio a las Juntas en la Argentina, la percepción pública del genocidio frente a los crímenes de lesa humanidad, y alerta sobre los riesgos de la ultraderecha y la construcción de enemigos internos en sociedades democráticas.

© Escrito por Jorge Fontevecchia el 13/09/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

En “Calle Este-Oeste” usted reconstruye cómo surgieron las categorías de genocidio y crímenes contra la humanidad en Núremberg. Desde el punto de vista jurídico, ¿qué diferencias esenciales existen entre crímenes de guerra, genocidio y crímenes contra la humanidad? ¿Por qué estas distinciones importan más allá del plano académico? 

Las distinciones se crearon en 1945 para Núremberg porque, en ese momento, el juicio solo contemplaba un delito: los crímenes de guerra, que incluían, por ejemplo, ataques contra civiles en tiempos de guerra. Los fiscales se dieron cuenta de que necesitaban más categorías de crímenes, por lo que añadieron dos nuevas. La primera fue los crímenes de lesa humanidad, que básicamente consisten en atacar o asesinar a un gran número de personas. La segunda fue el genocidio, que implica atacar o asesinar a grupos de personas unidos por su nacionalidad, raza o religión. La razón de estas distinciones fue ampliar la jurisdicción del tribunal al juzgar a los nazis en Núremberg.

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—A la luz de su experiencia, ¿qué tensiones conceptuales y políticas persisten entre ambas nociones hoy en día?
—Es una pregunta muy importante. Si un presidente estadounidense declara que está ocurriendo un genocidio en alguna parte del mundo, aparecerá en las portadas de todos los periódicos. Si dice que se trata de un crimen de lesa humanidad o un crimen de guerra, casi no tendrá cobertura. Desde Núremberg, por razones complejas, el genocidio ha pasado a ser visto como el “crimen de los crímenes”, pero en términos jurídicos no lo es: todos son iguales. El asesinato de un gran número de personas, sea crimen de guerra, de lesa humanidad o genocidio, es igualmente grave, y las sentencias serán aproximadamente las mismas. Sin embargo, en la opinión pública ha surgido una distinción, y eso es fuente de muchas dificultades en nuestro tiempo.

"Es evidente que en el momento en el que alguien grita 'genocidio', el efecto público es mucho mayor"

—¿Cree que la noción de genocidio suele generar un mayor impacto en la opinión pública que la de crímenes contra la humanidad? ¿Qué efectos produce esta jerarquía simbólica sobre la aplicación del derecho internacional?  
—Es evidente que en el momento en que alguien grita “genocidio”, el efecto público es mucho mayor. Para mí, esto es lamentable. El genocidio es terrible, pero también lo son los crímenes de lesa humanidad. Déjeme darle un ejemplo. La matanza de 8 mil musulmanes bosnios en Srebrenica, en Bosnia en la década de 1990, fue caracterizada como un genocidio, y recibe mucha atención. En cambio, el asesinato de casi 3 millones de seres humanos en la República Democrática del Congo, aproximadamente en la misma época, fue caracterizado únicamente como un crimen de guerra o un crimen de lesa humanidad, y no recibe atención. ¿Por qué la muerte de 8 mil personas es más importante o más terrible que la de 3 millones? No lo es. Nos hemos obsesionado con estas palabras. Fueron inventadas en 1945. Raphael Lemkin inventó el concepto de genocidio, como describo en mi libro Calle Este-Oeste, y eso abrió la imaginación del público. Pero esta apertura ha sido también la fuente de muchos problemas y muchas dificultades.   

—Profesor, en la Argentina hay debate sobre cómo calificar la última dictadura militar de los años 70 y sobre el número de víctimas, 9 mil confirmadas en campos de concentración, aunque la opinión pública habla de 30 mil. En ese contexto, se discute el uso del término “genocidio”. ¿Podría explicar a nuestra audiencia, especialmente en la Argentina, si hay alguna diferencia entre estas cifras y cómo afecta la calificación jurídica o histórica del régimen? 
—En primer lugar, déjeme decir lo feliz que estoy de tener esta conversación con usted. He estado muchas veces en la Argentina. Estuve allí recientemente en abril para la presentación de mi libro Calle Londres 38, y es un país al que realmente he llegado a querer mucho y sigo de cerca lo que ocurre. Sigo estos debates. Sigo también la historia reciente de la pintura que apareció de repente en el departamento de alguien. La respuesta a su pregunta es la siguiente: el genocidio y los crímenes de lesa humanidad no son una cuestión de números. No es que se tenga que alcanzar un cierto umbral para que sea considerado crimen de lesa humanidad o genocidio. Según la concepción original de genocidio de Raphael Lemkin, si se mata a sesenta personas por pertenecer a una determinada religión o nacionalidad, eso ya constituye un genocidio. El problema es que la definición de Lemkin, escrita en un libro en 1945, no fue adoptada por los gobiernos. Y cuando, en 1948, los gobiernos crearon la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, limitaron las categorías de grupos. Así, los grupos incluyen a los religiosos, raciales, nacionales y étnicos. No incluyen a los grupos políticos. Y en la Argentina, como en Chile, tal como describo en mi nuevo libro, los asesinatos fueron esencialmente de grupos políticos, y por lo tanto, bajo el derecho internacional, esto en general no se considera genocidio. Se trataría de crímenes de lesa humanidad, y probablemente no de crímenes de guerra, porque no había un Estado en guerra en la Argentina durante la dictadura militar. A mi entender, estos son crímenes de lesa humanidad. Pero permítame ser claro: los crímenes de lesa humanidad son tan terribles como el genocidio. No hay jerarquía. No existe una Premier League o una Champions League del horror. Todos están en el mismo nivel de horror. 

"Los crímenes de lesa humanidad son tan terribles como el genocidio. No hay jerarquía"

—A lo largo de su carrera usted ha trabajado en casos vinculados a Ruanda, la ex-Yugoslavia, Myanmar y Darfur. ¿Qué lecciones extrajo sobre los límites y alcances del derecho internacional penal en estos contextos?
—También he trabajado en algunas ocasiones para el Estado argentino. Fui abogado de la Argentina en el caso de las papeleras ante la Corte Internacional de Justicia, por lo que estoy muy familiarizado con el trasfondo de sus preguntas. Lo que les digo a mis estudiantes es que el derecho internacional es un trabajo en construcción. Todo cambió en 1945 con el Tribunal de Núremberg. Fue la primera vez en la historia en que los líderes de un país fueron juzgados por un tribunal internacional. Y luego, en 1998, por primera vez en la historia, los tribunales de un país ejercieron jurisdicción sobre un exlíder de otro país –el general Augusto Pinochet– por crímenes cometidos no en el Reino Unido ni en España, sino en Chile. Fue la primera vez. Los tribunales que trataron los crímenes de la dictadura militar en la Argentina se ocuparon de delitos cometidos en la Argentina, y eso tiene una larga historia. En cambio, lo novedoso es que tribunales internacionales juzguen a líderes o exlíderes, y que los tribunales de un país juzguen a exlíderes de otro país distinto, no a los suyos propios. Y diría que la Justicia internacional es un juego a largo plazo. Estamos apenas en el inicio de un proceso que llevará décadas, si no siglos, en desarrollarse. Esa es la razón por la cual hay tanta decepción en el mundo hoy, frente a los crímenes cometidos en Sudán, en Ucrania, en Palestina, en Gaza, en Israel el 7 de octubre. La gente ve estos crímenes terribles y, con razón, se hace la pregunta: ¿por qué no hay justicia? ¿Por qué sigue ocurriendo?

—¿Qué papel han jugado factores políticos, la voluntad de los Estados, la geopolítica, la selectividad de la Justicia internacional, en determinar qué casos llegan a los tribunales y cuáles quedan impunes?
—Un papel muy, muy grande, debo decir, y creo que todos los países son objeto de dobles estándares. Muéstreme un país que no tenga dobles estándares. Aún no he conocido tal país. Tomemos un ejemplo. Cuando la Corte Penal Internacional acusó al presidente ruso Vladimir Putin, el Senado de Estados Unidos aprobó una resolución, por cien votos a cero, celebrando la imputación de un presidente en funciones. Pero cuando ese mismo tribunal acusó al primer ministro en funciones de Israel, Benjamín Netanyahu, el mismo país protestó amargamente diciendo que era un exceso de jurisdicción. No se puede distinguir entre los dos casos. Es claramente un doble estándar. Y una de las cosas que más molesta a mucha gente es que los países –los occidentales y también los del Sur Global– aplican dobles estándares en la forma en que celebran o critican a la Justicia internacional. Es algo muy selectivo. Y esa selectividad, francamente, comenzó desde el inicio con Núremberg, que fue una forma de justicia de los vencedores. El tribunal de Núremberg juzgó a los líderes de la Alemania nazi por sus crímenes, pero también se cometieron crímenes por parte de Estados Unidos, de la Unión Soviética y de Gran Bretaña, y esos crímenes no fueron juzgados. Así que el derecho internacional tiene una historia de ser desequilibrado, de estar torcido. 

—¿De qué manera casos recientes como Gaza o Ucrania ponen a prueba la capacidad del derecho internacional para aplicarse también a potencias o aliados estratégicos, y no solo a Estados más débiles?
—Este es un momento muy significativo. Por un lado, tenemos ataques a la idea misma de la justicia penal internacional. El papel de la Corte Penal Internacional es cuestionado por países como Rusia, China y Estados Unidos. Por otro lado, al mismo tiempo, otros países, el Consejo de Europa, por ejemplo, han creado un tribunal penal internacional para el crimen de agresión, es decir, para juzgar la guerra ilegal en relación con Ucrania. Así que distintos países están yendo en direcciones diferentes, francamente, de manera muy selectiva, y este desequilibrio del que ya hemos hablado genera un verdadero problema. Pero lo evidente es que, en este momento, la justicia penal internacional enfrenta desafíos muy serios, y los acontecimientos actuales en Ucrania, en Israel-Palestina, en Sudán, en Yemen, creo que muestran las enormes dificultades para hacer cumplir las leyes que se establecieron en 1945. Tenemos un problema, tenemos un problema muy grave. 

"La justicia internacional es un proceso de largo plazo, su desarrollo tomará décadas, siglos"

—¿Qué riesgos ve en la “inflación” de acusaciones de genocidio en la esfera política, donde el término a veces se usa de manera abusiva o estratégica?
—Como dije al principio, ha surgido una brecha entre lo que la gente común entiende por genocidio –la matanza de un gran número de personas– y lo que jurídicamente significa. Mis amigos en Ucrania me dicen que allí está ocurriendo un genocidio. Mis amigos que observan lo que sucede en Gaza dicen que allí está ocurriendo un genocidio. Y entiendo por qué la gente lo dice, y como creyente apasionado en la libertad de expresión, pienso que, si eso es lo que quieren decir, tienen derecho a hacerlo. Pero luego está la definición legal, y la definición legal se centra en una intención especial. Hay que probar la intención de destruir a un grupo, en todo o en parte. Y lo que he aprendido al tratar casos ante tribunales internacionales es que resulta muy difícil demostrar esa intención especial. La Corte Internacional de Justicia básicamente ha señalado que debe ser la única intención vinculada con los asesinatos, y los Estados a menudo actúan por múltiples razones, autodefensa, lucha contra el terrorismo, entre otras. Y, como su pregunta sugiere, el uso de la palabra genocidio enciende pasiones e ira de una forma que términos como crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad no lo hacen. Por eso creo que debemos ser muy cuidadosos en cómo utilizamos estos términos.

—Usted estuvo a punto de integrar la defensa de Pinochet y terminó formando parte de la acusación. ¿Qué enseñanzas extrae de ese tránsito sobre el rol del abogado frente a crímenes de Estado? ¿Cómo se elige estar de un lado o del otro?
—Es otra pregunta magnífica. Soy un barrister. Somos de esos abogados que usamos peluca en la corte y argumentamos casos, y tenemos un principio como barristers, se llama “el principio del taxista”. Somos como conductores de taxi: vamos manejando y alguien levanta la mano y dice: “Quiero que me lleves para que argumentes mi caso”. No se nos permite decir: “No me gusta esta persona. No me gusta su política. No me gusta su aspecto”. Tenemos la obligación, el deber, de tomar el caso. Así que, cuando en un inicio me contactaron los abogados del general Pinochet –porque el caso estaba en los tribunales ingleses–, consideré que el principio del taxista aplicaba. Pero mi esposa, que proviene de una familia española, me dijo que si tomaba ese caso, se divorciaría de mí al día siguiente. Su madre es refugiada de la Guerra Civil española, y entonces encontré una excepción legítima y legal. Pero, para ser honesto, yo habría tomado el caso, porque como abogado independiente siento que esa es mi responsabilidad. El sistema estadounidense es distinto, allí uno elige qué casos quiere llevar. En el sistema inglés, en general, no se puede hacer eso. Mi visión sobre el rol de los abogados es que ser abogado no es un negocio. Tienes una función social como abogado: contribuir a elaborar el sistema del Estado de derecho y a la administración de justicia. Y eso significa que a veces actúo en nombre de personas que no me gustan, con cuyas acciones no estoy de acuerdo, cuyas ideas políticas rechazo. Esa es la realidad. Al final, actué contra Pinochet, y creo que mi vida habría sido muy distinta si hubiera tomado el caso a favor de Pinochet.  

"Existe una interacción entre el derecho y la política, y en cada país opera de modo distinto"

—En su investigación aparece la figura de Walter Rauf, criminal nazi protegido en Chile cuya extradición fue rechazada. ¿Qué revela su trayectoria sobre la complicidad entre nazis refugiados y la represión pinochetista?
—Me interesé en Walter Rauff porque ya había escrito dos libros previos, Calle Este-Oeste y Ruta de escape, y Rauff aparece en Ruta de escape como amigo de un hombre llamado Otto Wächter, un gobernador austriaco de las SS en la Polonia ocupada que fue el protagonista de Ruta de escape. Me interesé en Rauff porque él fue el responsable de gestionar y operar el sistema de camiones de gas, pequeñas furgonetas que circulaban por la Europa ocupada por los nazis y asesinaban a la gente con gas en grupos de unas cincuenta personas. Luego descubrí que en 1958 se había mudado a Chile, y que era amigo de Augusto Pinochet. Entonces surgió la pregunta: ¿qué pasó con él? Supe que Alemania Occidental intentó extraditarlo en 1963, pero la extradición fracasó porque Chile, en ese momento, tenía una ley de prescripción de 15 años. Los crímenes habían ocurrido más de 15 años antes, y por lo tanto no podía ser extraditado. Volvió entonces a Punta Arenas, en la Patagonia chilena, y continuó trabajando como gerente de la Pesquera Camelio, dedicada a las centollas. Pero en 1973, su amigo Augusto Pinochet llegó al poder tras un golpe de Estado. Entonces me hice la pregunta: ¿es posible que Walter Rauff haya colaborado con Pinochet en la desaparición de personas después del 11 de septiembre de 1973? Esa es la investigación central de mi libro. Y lo que encontré –una historia compleja– fue que sí había una conexión, y que Rauff estuvo implicado. Esta es, por lo tanto, la primera vez que se logra encontrar pruebas de que un nazi que se había refugiado en Sudamérica participó en las actividades de la dictadura chilena. Y eso plantea interrogantes sobre la justicia y sobre qué sucede cuando alguien como Walter Rauff no es juzgado por los crímenes cometidos en 1941 y 1942. 

—Tras la publicación de “Calle Londres 38”, ¿qué impacto percibió en la sociedad chilena y qué aspectos reveló que aún permanecían ocultos o silenciados? ¿Cómo influyó el gobierno democrático de Frei en obstruir la posibilidad de extraditar a Pinochet, y qué nos dice eso sobre los límites de la justicia en transiciones políticas?
—Calle Londres 38 tuvo un gran impacto en Chile. Estuvo en la lista de best sellers durante mucho tiempo y muchas, muchas personas lo leyeron. Creo que lo más impactante para la mayoría de la gente fue la evidencia que encontré que confirma que existió un acuerdo entre el gobierno del presidente Frei en Chile y el gobierno de Tony Blair en el Reino Unido, y que, esencialmente, la enfermedad de Augusto Pinochet fue inventada. Fue un pretexto. Su demencia fue un pretexto para permitirle regresar a su país, y me reuní con los negociadores tanto del lado chileno como del británico, quienes me confirmaron que existió tal acuerdo. La gente encontró esto muy impactante, y en particular se centraron en un hecho que descubrí: se preparó un dossier para enseñar al general Pinochet a fingir demencia. Creo que esto realmente sorprendió a las personas, y se generó mucha discusión al respecto. Pero, lo más significativo, creo, fue que parte del acuerdo requería que el lado chileno demostrara al británico que, cuando Pinochet regresara a Chile, perdería su inmunidad ante los tribunales chilenos y enfrentaría la Justicia. Los negociadores chilenos pudieron satisfacer al lado británico llevando a Londres un documento que nadie sabía que existía en Chile hasta que se publicó mi libro: firmado por Augusto Pinochet en 1973, autorizando la Caravana de la Muerte, actos de asesinato de aproximadamente 95 dirigentes sindicales y políticos opositores. Creo que la gente se sorprendió mucho al descubrir, cincuenta años después del golpe de Estado, que existían documentos firmados por Pinochet. Así que el libro ha tenido un gran impacto.  

"Lo que pasó en los 80 en Argentina fue realmente notable y el una lección para el resto del mundo"

—Recuerdo que a principios de los 80, el ministro de Cultura de Nicaragua, Ernesto Cardenal, que era sacerdote, me dijo que en la Argentina nunca sería posible un juicio como Núremberg, porque los militares no podían juzgarse entre sí. Sin embargo, Alfonsín logró avanzar con la justicia de los militares. ¿Por qué considera que la justicia aplicada en la Argentina durante la transición democrática fue tan distinta a la chilena?  
—Es una pregunta maravillosa. Estoy muy impresionado por lo que ocurrió en la Argentina. Una de las preguntas que me hice, mientras pasé diez años escribiendo Calle Londres 38, fue cómo podía ser que en la Argentina, ya en 1985, el sistema legal nacional estuviera impartiendo justicia, cuando en Chile no pasó nada, ni en los años 80 ni en los 90. Fue necesario el regreso de Augusto Pinochet para que se levantara efectivamente la inmunidad de los líderes de la dictadura en Chile y para que comenzaran los juicios, y esta es una cuestión realmente compleja sobre la diferencia de naturaleza entre los dos países. Pero la experiencia argentina es, como sugieres, muy rara y muy significativa a nivel mundial, y como sabrás, por ejemplo, del gran éxito de la película 1985, que describe lo ocurrido en uno de esos juicios importantes y que tuvo una enorme audiencia en todo el mundo. La mayoría de las personas en el mundo no saben lo que se hizo en la Argentina, y en otros países, como Brasil, no ha pasado nada, ni lo que hizo la Argentina ni lo que hizo Chile después de los años 2000. Creo que la lección que aprendemos de esto, y vuelve a una de tus preguntas anteriores, es que existe una interacción entre el derecho y la política, y lo crucial en cada caso es que la política interna de cada país opera de manera diferente. La Argentina, y lo sé por experiencia propia, tiene una cultura diferente de la de Chile y de Brasil, y la política funcionó de otra manera. Pero siempre he aplaudido lo que sucedió en la Argentina. Fue inmensamente valiente. Sé que hoy hay un esfuerzo por revertir algunas de esas decisiones, por otorgar indultos, por moverse en otra dirección, pero lo que pasó en los años 80 en la Argentina fue realmente notable y constituye una lección, sinceramente, para el resto del mundo. Siento, para ser honesto, que deberían estar muy orgullosos de lo que su país logró en ese período. Es casi único, es extraordinario.  

—No solo en Brasil o Chile, sino también en Uruguay, país con una cultura similar a la de la Argentina, la justicia contra las dictaduras no fue posible. ¿En qué medida cree que el contexto político y social argentino, y la existencia del peronismo a mediados del siglo XX, generaron una idea de derechos sociales que permitió una experiencia de justicia tan distinta, no solo respecto de Chile o Brasil, sino también de Uruguay? 
—Permítanme decir un par de cosas. En primer lugar, he ido probablemente unas veinte veces a la Argentina, así que conozco bastante bien el país, pero no soy un experto en la Argentina. Tengo muchos amigos argentinos a lo largo de todo el espectro político. Una cosa importante que quiero señalar es que estos problemas no surgen solo en América del Sur. En mi propio país, el Reino Unido, tuvimos el mismo problema. No se ha hecho justicia en Irlanda del Norte, experiencia que viví personalmente. En Francia, no se ha hecho justicia en relación con Argelia. Y en relación con crímenes de periodos más largos, como el colonialismo y la esclavitud, ¿han hecho los países europeos justicia por las acciones de los Estados? No, no la han hecho. Por lo tanto, estos problemas, creo, deben sumarse a algunos de los acontecimientos más recientes. En relación con Irak, por ejemplo, ¿ha habido justicia por la participación de Gran Bretaña o de Estados Unidos? No, absolutamente no. Esto es casi un problema universal. Volviendo a tu pregunta, no sé qué es lo que caracteriza la cultura en la Argentina, si fue la idea de los derechos sociales, lo único que sí sé es que conozco a muchos abogados argentinos, a muchos jueces argentinos, y este es también un país con una gran tradición jurídica. Ha tenido un papel importante en el derecho internacional. Siempre ha tenido un gran rol en la Corte Internacional de Justicia y en el derecho penal internacional, y creo que la cultura del Estado de derecho en la Argentina funciona de una manera diferente y en un contexto social y político distinto, quizás comparado con países como Uruguay, Brasil o Chile. Pero tu pregunta, en cierto sentido, está más allá de mi experiencia. Todo lo que puedo decir es que he conocido a muchas de las personas que participaron en esos casos y me han impresionado muchísimo. Siempre me ha impresionado la cultura jurídica en la Argentina.

"No sé si fue la idea de los derechos sociales, pero la Argentina tiene una gran tradición jurídica"

—Permítame una especulación: según el papa Francisco, la Argentina tiene tantos recursos que podría ser un país desarrollado, pero sigue subdesarrollada por sus propios habitantes. Alfonsín pagó un alto costo económico para llevar a cabo los juicios a los militares, incluyendo hiperinflación y dificultades posteriores. Otros países menos poderosos o con menos recursos no quisieron asumir ese costo, que es elevado para cualquier nación que emprenda este tipo de justicia.  
—Usted sabe mejor que yo los costos que pagó la Argentina. Creo que esta es una pregunta muy compleja. Recientemente visité Ruanda, un país que vivió un genocidio propio. Nadie duda de que lo que ocurrió, la muerte de un millón de personas en el transcurso de unas pocas semanas, ha sido confirmado sin lugar a dudas como un acto de genocidio, y me ha impresionado mucho el papel de la justicia en Ruanda. En Ruanda tuvieron el Tribunal Penal Internacional para Ruanda y también su propio sistema de justicia local llamado los tribunales “Gacaca”, que se ocuparon de cientos de miles de casos de atrocidades. Una de las cosas más sorprendentes de Ruanda es que ahora se ha embarcado en un camino hacia una mayor prosperidad y estabilidad que algunos de sus vecinos. Muchas personas me hacen la pregunta en sentido inverso a la tuya: ¿podría ser que, debido a que enfrentamos el sistema de justicia y los crímenes que ocurrieron, esto nos puso en un camino más sólido? Lo mismo podría decirse de Alemania después de los crímenes y juicios de la década de 1940, que se volvió muy próspera. Así que mi instinto es que el avance hacia la justicia en la Argentina no explica las dificultades económicas. Pero déjame decirlo muy claramente: cualesquiera que sean las dificultades económicas de tu país, es uno de los países más cultos que he conocido. Y no existe una conexión directa entre su bienestar económico y su bienestar cultural. Siempre me preocupa un poco cuando la gente dice de la Argentina que es un país subdesarrollado. Bueno, es cierto que económicamente enfrenta enormes dificultades, pero la cultura política, la cultura literaria, las películas que producen, el fútbol que juegan, hacen de la Argentina uno de los grandes países del mundo. Y creo que no deberían ser demasiado duros consigo mismos. Obviamente, este no era el propósito de esta entrevista, pero acepté tener esta conversación precisamente porque hay tanto de la Argentina que es impresionante. Claro, la economía ha sido un desastre durante 25 años, pero hay mucho más en la Argentina que es especial, y a veces me gusta también enfocarme en esos aspectos.   

—¿Cómo funcionaron las “ratlines”, las vías de escape nazis hacia la Patagonia argentina y chilena, y qué grado de apoyo local encontraron para consolidarse? y al mismo tiempo, ¿qué vínculos encuentra entre estas redes de protección a criminales nazis y la posterior articulación represiva de las dictaduras del Cono Sur?  
—Conozco mejor la situación chilena que la argentina. He leído libros, incluido el de Uki Goñi, con el que estoy muy familiarizado. Así que seguí la situación en la Argentina y, en general, estoy bastante al tanto. La conclusión es que en todos los países, Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina, Chile, Uruguay, los nazis que huyeron, llegaron siendo asistidos por personas locales. Esto ocurrió en todos los países. Puedo contarles en detalle la historia de Walter Rauff. Fue asistido y bien recibido por muchas personas. De hecho, una de las cosas que revelo en el libro y que la gente desconocía es que Walter Rauff primero huyó por la “ruta del escape”, de Siria a Italia y luego a Ecuador. Vivía en Quito en 1956 cuando él y su esposa, Edith, conocieron a una encantadora pareja chilena que estaban allí y les dijo: “Están en el país equivocado. Vengan a nuestro país, vengan a Chile. Nos gustan personas como ustedes y los ayudaremos. Ayudaremos a sus dos hijos pequeños a entrar en el ejército y en la Armada”. ¿Quiénes eran la pareja en Quito, Ecuador? Augusto y Lucía Pinochet. Llevaron a Walter Rauff y su familia a Chile y les brindaron asistencia. Rauff recibió mucha ayuda durante los procedimientos de extradición de los que hablamos antes, y también tras 1973. Después del golpe de Estado, cuando su amigo Augusto Pinochet se convirtió en presidente de Chile o jefe de la junta militar, Walter Rauff escribió una carta a su hermana en 1974 y le dijo: “Ahora soy como un monumento protegido”. Todos lo cuidaban, estaba seguro por primera vez. Esa frase, “soy como un monumento protegido”, lo dice todo sobre el bienestar de un exnazi fugitivo en Chile y su capacidad de evitar ser capturado. Así que, absolutamente, recibió asistencia. Y como he mostrado en Calle Londres 38, y esto es un descubrimiento muy impactante para muchas personas, el hombre que en 1941 y 1942 estuvo involucrado en la desaparición de personas mediante el uso de camiones de gas, en 1974 y 1975 se involucró en la desaparición de chilenos utilizando otros camiones, camiones refrigerados, porque Walter Rauff estaba asociado con otra pesquera, la Pesquera Arauco en la ciudad de San Antonio. Esa pesquera tenía una flota de 310 camionetas Chevrolet C-10 que se usaban para transportar detenidos y hacer desaparecer personas. Ese fue el papel de Walter Rauff. En su caso, sabemos que existió una conexión de un exnazi en la desaparición de cientos, si no miles, de chilenos.  

"Al centrarme en Pinochet, detecté similitudes entre el Chile del 73-74 y los EE.UU. de 2025"

—En los años 30, el ascenso del nazismo se nutrió de una profunda crisis económica, del resentimiento social y de la manipulación ideológica. Hoy vemos fenómenos de ultraderecha en distintos países, en contextos muy diferentes. ¿Encuentra alguna similitud entre aquellos procesos históricos y los actuales?   
—Siempre he creído que la economía y el bienestar económico juegan un papel en las direcciones políticas. Pienso que los países en los que la ultraderecha tiene éxito, incluyendo Alemania occidental, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, son países muy ricos, no pobres, pero son países en los que existen grandes desigualdades de riqueza, enormes disparidades, hay personas muy ricas, pero en números mucho mayores, hay personas pobres que, en cierto sentido, han perdido la esperanza. Y puedo entender por qué esas personas, en tales circunstancias, se dicen a sí mismas: “El sistema actual no ha funcionado para nosotros, así que vamos a probar algo diferente”, y votan por personas como Trump, como Marine Le Pen, como la AfD en Alemania, como Reform en Reino Unido, simplemente porque han perdido la confianza en los sistemas existentes. Lo que me preocupa es que esas personas, que los pueden votar por razones comprensibles, quizás tengan un sentido limitado de la historia, y comprendemos cómo una cosa lleva a la otra. Por ejemplo, di una conferencia en Nueva York en marzo de este año, y ya estaba preocupado por lo que estaba sucediendo en Estados Unidos. Y debido a que me había centrado en Pinochet en Chile, había detectado similitudes entre lo que ocurrió en Chile bajo Pinochet en 1973 y 1974, y lo que ocurre en Estados Unidos en 2025. Al final de mi conferencia dije: “Lo que voy a observar en Estados Unidos es si llegamos a una situación en la que personas son sacadas de las calles por individuos que no llevan uniforme y usan máscaras”. Increíblemente, esto es ahora lo que está ocurriendo en Estados Unidos. Parece extraordinario, pero está sucediendo. Y eso, creo, demuestra que una vez que se abre la puerta a ciertas formas de pensar, una cosa lleva a la otra. Usted estará al tanto, por ejemplo, del reciente ataque a un barco proveniente de Venezuela, atacado por el ejército estadounidense, en el que murieron 11 personas. Esto plantea preguntas fundamentales sobre la naturaleza del sistema de justicia y la eliminación selectiva de personas que pueden o no estar involucradas en el tráfico de drogas u otros crímenes internacionales. Es evidente, volviendo a una parte anterior de nuestra conversación, que estamos al borde de un momento muy peligroso. Una cosa lleva a la otra, y creo que debemos ser extremadamente cautelosos.   

—La llamada “batalla cultural” se ha vuelto un terreno central de la política contemporánea, donde la ultraderecha disputa significados sobre nación, identidad y democracia. ¿Hasta qué punto este uso de las ideologías replica la instrumentalización política que hicieron los fascismos clásicos? 
—Lo sigue muy, muy de cerca, y hay un reflejo claro. Si se leen algunos de los libros escritos sobre los años 30 y cómo cambió el lenguaje, cómo cambió la cultura y cómo se crearon reglas para que las personas se comportaran de ciertas maneras, se pueden observar patrones que emergen. La historia nunca se repite exactamente, pero hay lecciones de la historia sobre la dirección que podríamos estar tomando. Personalmente creo que muchos de los movimientos culturales del pasado más reciente, lo que se llama “wokeísmo” y la política de identidad, habían llegado a un lugar desconectado de la mayoría de las personas y, claramente, esto ha provocado una reacción, la cual, nuevamente, entiendo por qué irrita a la gente la dirección que se tomó. Pero, de nuevo, las lecciones de los años 30, creo que son muy claras. El tema común en todo mi trabajo, en cada país donde he estado involucrado en casos de criminalidad internacional, es que una comunidad dominante señala con el dedo a otro grupo, a otra comunidad. Esto pasó en Ruanda, pasó en Yugoslavia, está ocurriendo ahora mismo en Estados Unidos en relación con la persecución de inmigrantes. Esto pasó en Alemania en los años 30 en relación con la persecución de judíos, romaníes y otros. La otredad, el hecho de enfocarse en un grupo al que se lo culpa por los problemas de una sociedad particular, es una señal de alerta. Es un mensaje de advertencia de que estamos a punto de entrar en un lugar muy peligroso, y claramente eso está sucediendo ahora mismo. 

"La historia nunca se repite, pero ofrece lecciones sobre el rumbo que podríamos estar tomando"  

—El término “crisis de las democracias” aparece cada vez más en el debate público. ¿Cree que los sistemas democráticos actuales enfrentan riesgos estructurales comparables a los de entreguerras, o se trata de una crisis de otra naturaleza? 
—No es la misma crisis. Tiene una naturaleza diferente, pero creo que hay patrones de similitud. Está claro que estamos frente a un desafío y que nos estamos acercando a un momento crítico. Mi sensación sobre por qué está sucediendo esto es que muchas personas en las democracias sienten que han quedado rezagadas, que no se las escucha, que no se les dan oportunidades, y esto ocurre en gran medida por las desigualdades de riqueza, donde algunas partes de la sociedad se vuelven extraordinariamente prósperas y otras partes, grandes sectores de la sociedad, se quedan atrás. Si me preguntaran cómo abordar lo que está ocurriendo ahora, diría: enfocarse en la desigualdad y en crear mejores oportunidades. Y eso significa que parte de la riqueza increíble que se ve en mi país, en Gran Bretaña, en Estados Unidos, en Francia y otros lugares, debe ser atendida para lograr una distribución más equitativa, para que más personas sientan que tienen oportunidades. Si no hacemos eso, los años 30 nos enseñan que una cosa siempre lleva a la otra, y necesitamos ser muy, muy cuidadosos.

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