miércoles, 20 de junio de 2018

Verás que todo es mentira… @dealgunamanera...

Verás que todo es mentira…

Presidentes del BCRA: Sturzenegger y Caputo. Fotografía: CEDOC/ PERFIL

Las hipótesis a priori deben ser susceptibles de verificación en la realidad, por lo menos tendencialmente. Tantos pronósticos incumplidos ponen en duda la credibilidad de todos los economistas del Gobierno.

© Escrito por Jorge Fontevecchia el sábado 16/06/2018 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

“Con los 50 mil millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, el dólar baja”. No bajó. Como tampoco florecieron los brotes verdes, ni llegó ningún segundo semestre, ni tampoco los precios en pesos de diciembre de 2015 asumían el precio del dólar blue antes de la salida del cepo. ¿Solo Sturzenegger es quien perdió credibilidad? Tantos pronósticos incumplidos ponen en duda la credibilidad de todos los economistas del Gobierno.

Milton Friedman, en The Methodology of Positive Economics, escribió: “Los supuestos de una teoría deben juzgarse en función de su idoneidad para suministrar predicciones suficientemente ajustadas”. No hay ciencia sin algún tipo de posibilidad predictiva. Las hipótesis a priori se deben confirmar en el testeo posterior, ser susceptibles de verificación en la realidad, por lo menos tendencialmente.

Obtener resultados predichos, esencia del apriorismo, es el fin del conocimiento. En una columna de la semana pasada, escrita con el mismo clima de escepticismo que hoy, poniendo en duda que muchos economistas argentinos cumplieran con ese estándar, recibí a pocas horas de ser publicada dos reclamos de dos economistas celosos de su profesión que por su extremadamente opuesta adscripción ideológica pintan la singularidad del Gobierno.

Un pronóstico tras otro se revela equivocado en un clima generalizado de escepticismo.

Ambos coincidían en que hubo injusticia en la generalización porque ellos habían pronosticado en diciembre lo que viene sucediendo, no como la calificadora de riesgo Fitch, que suelta de cuerpo esta semana bajó de un día para el otro (no escalonadamente) su pronóstico de crecimiento del producto bruto argentino en 2018 a la mitad de lo que había previsto en diciembre.

Con razón, Carlos Melconian me recordó la cantidad de advertencias públicas que hizo sobre cómo se subestimaba la herencia, se erraba en el diagnóstico y se cometía mala praxis. Desde la perspectiva opuesta, Axel Kicillof, a quien no conozco, en su argumentación me envió su discurso de diciembre pasado, cuando se aprobó el Presupuesto y, otro anterior donde dice expresamente: “Esto termina en el Fondo Monetario Internacional”.


Que Kicillof, que tiene aversión a Macri, y Melconian, que tiene justificados motivos para sentirse maltratado por el Gobierno, fueran de los pocos notables, junto a alguna otra excepción, que advirtieran en diciembre un futuro económico tan distinto al que preveía el Presupuesto aprobado en el Congreso no quita la importancia de que la mayoría de los pronosticadores no lo haya advertido. Ni las consultoras de economistas argentinos, ni las calificadoras de riesgo como Ficht, ni tampoco el Fondo Monetario Internacional, previeron una megadevaluación.

Una respuesta posible es porque los pronósticos siempre están guiados por intenciones, conscientes o inconscientes, lícitas o ilícitas. El Gobierno y los legisladores de Cambiemos impulsaron un Presupuesto optimista (dólar a 19 pesos en diciembre de 2018 e inflación anual entre 10% y 12%) porque deseaban que así fuera, y con su deseo quisieron contagiar las expectativas de la sociedad para que contribuyera a la realización del pronóstico: la vieja idea de que el oráculo cumple una función performativa, no adivina qué va a pasar sino que dice lo que tiene que pasar. El mismo argumento se podría utilizar para los pronósticos de Kicillof y, de forma muy diferente, de Melconian: que con su sola formulación contribuyeron a que sucediera lo que pronosticaron.

En el caso de los estudios de economistas locales, la explicación puede ser esta: venden sus pronósticos a las empresas cuyos CEO les piden que por favor sean optimistas con sus proyecciones para que los accionistas no reduzcan las inversiones y no tener menos presupuesto para todo, incluso para seguir contratando los informes de los economistas.

En el caso de las calificadoras de riesgo puede deberse a que no cuentan con más recursos de análisis que el periodismo especializado, incluso algunas surgieron de editoriales de publicaciones económicas, y siguen en sus vaticinios lo que dice la mayoría, sin pensamiento propio.

Finalmente, respecto del Fondo Monetario Internacional, salvo que se trate de un país en beligerancia con las principales potencias que integran su directorio, sus informes tienen en cuenta el ámbito político y entonces tratan de no generar la profecía autocumplida.

 En un contexto donde hay crisis de representación, porque las instituciones políticas perdieron autoridad y legitimidad, el descrédito también afecta a la economía, que genera una sensación de vacío en los ciudadanos. A Macri se le reclama que tenga éxito en la economía o que se vaya en 2019, pero en cualquier caso la sociedad precisará volver a creer en los que saben de economía  y creer que ellos la guiarán hacia el progreso. Sin credibilidad no hay economía ni política que resistan.

Si lo que se dice que va a pasar reiteradamente no se cumple, la pregunta a formularse es: ¿“es la economía, estúpido”, como se le dijo a George Bush padre cuando competía contra Clinton por la presidencia de los Estados Unidos y perdió, o “es la política, estúpido”? Puesto en otros términos, ¿el problema era Sturzenegger o en su momento Prat-Gay y hasta el mismo Melconian promoviendo autocrítica desde dentro del Gobierno, o el problema es que el propio Presidente perdió credibilidad?

La pérdida de credibilidad no es solo de Sturzenegger sino del equipo del Gobierno

Otra forma de escaparle al tema de fondo es criticar la comunicación, el clásico “matar al mensajero”. El error de usar para el día a día del Gobierno las mismas técnicas con las que Jaime Duran Barba hace ganar las elecciones no es una explicación válida. No es lo mismo que el Gobierno recién asumido no haya explicado por cadena nacional la pesada herencia recibida que más tarde haya anunciado que lloverían dólares, que en el segundo semestre se despegaría o que ya habían aparecido los “brotes verdes”. Esto no habla de comunicación sino de una percepción distorsionada de la realidad, probablemente potenciada por los economistas argentinos y extranjeros que le pronosticaron a Macri un futuro mejor para poder venderle deuda y servicios de consultoría. En síntesis, no es ni la economía ni la política, “estúpidos”; es el deseo.



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El viejo topo y las topitas… @dealgunamanera...

El viejo topo y las topitas…

Agua. Macri valoró el jueves en Corrientes el debate en Diputados que consagró la despenalización del aborto. Sin embargo, no quiere discutir el acuerdo con el FMI. Fotografía: NA

Un buen político sabe que es peligroso liberar fuerzas que no se está en condiciones de dirigir. En general, Macri no lo hace, por eso hasta hoy no ha puesto en debate público lo que ha firmado con el FMI.

© Escrito por Beatriz Sarlo el domingo 17/06/2018 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

“Hemos acordado un stand by de acceso privado por 50 mil millones de dólares. Esto es un reflejo del apoyo de la comunidad internacional al país”, publicaron los diarios el 7 de junio. Antes de eso, el Gobierno no había dado pistas sobre tal acuerdo. Ni los partidos aliados en Cambiemos conocían lo mínimo como para responder sin trastabillar las preguntas del periodismo. El acontecimiento que definirá los próximos años no fue discutido.

El secretismo del Gobierno contrasta con la decisión de habilitar, en Diputados, la discusión sobre la despenalización del aborto. Uno y otro tema definen, a su manera, el futuro. Pero, a diferencia de la bruma que rodeó el acuerdo con el FMI, el Gobierno le dio la bienvenida a ese debate parlamentario, que trasladó el centro de atención hacia otra parte.

Finalmente, la ley de despenalización tuvo media sanción. El mérito debe reconocerse a la masiva participación juvenil y a la tenacidad de un grupo de mujeres que, desde hace décadas, sostuvieron el reclamo. El debate fue excelente y aquí no cabe diferenciar por partidos. Fernando Iglesias y Daniel Filmus, Gabriela Cerruti y Silvia Lospennato, Fabio Quetglas y Facundo Suárez Lastra fueron tan elocuentes a favor de la despenalización como lo fue el silencio (¿religioso?, ¿narcisista?) de Lilita Carrió, que se expidió por Twitter desde la capilla de la sede parlamentaria. Buscó ese silencio porque se la sabía contraria a la despenalización y lejos de lo que declaró en un documental filmado por Raúl Beceyro que, en 1994, la mostraba dispuesta a defender ese derecho.

Preguntas. Las razones que impulsaron a Macri para habilitar el debate todavía deben conjeturarse. ¿Lo hizo para abrir un escenario que compitiera con el del acuerdo con el FMI? Viendo los resultados, poco importa. La ocasión es buena para que el Presidente aprenda lo que quiso decir Marx cuando se refirió al “viejo topo”, que cava su túnel hasta emerger inesperadamente a la luz. Marx pensaba en las revanchas de la historia y en la potencia invisible de la revolución. Lo que Marx escribía en el 18 Brumario sobre el viejo topo hoy puede servir de lección a Macri. Los jóvenes topitos del cambio, si no se los detiene, pueden horadar túneles hacia el futuro.

Un buen político sabe que es peligroso liberar fuerzas que no se está en condiciones de dirigir. En general, Macri no lo hace, por eso hasta hoy no ha puesto en debate público lo que ha firmado con el FMI. Hubo que esperar a la mañana del último viernes para una deslucida exposición y conferencia de prensa del ministro Dujovne, que agregó algunas precisiones. Primero se firmó el acuerdo con el FMI. Luego, a las cansadas, el Gobierno se refirió a sus imposiciones, sus límites y sus consecuencias. Hay palabras que los argentinos preferimos no volver a usar. Pero el pacto fue un blindaje y significa un severo ajuste, esa dupla semántica y económica que nos marcó en los comienzos de este siglo.

Como si se tratara de una obra jugada en otro teatro, el pacto con el FMI fue todo lo contrario a los apasionados debates de las últimas semanas. Sobre la despenalización del aborto, lo que sucedió en el Congreso fue un modelo de polémica. Una sociedad deliberativa en funciones. Los diputados y las voces de las organizaciones sociales tenían, en la mayoría de los casos, argumentos a favor y en contra. No simplemente un amontonamiento de consignas y prejuicios, sino razones. Hubo esfuerzo intelectual, razonamiento elaborado y movilización discursiva. Hubo deseo de convencer al otro. La ley ha sido aprobada en Diputados. Los que estamos a favor del aborto ganamos, pero no se impuso la humillación sobre los que perdieron, porque tuvieron también su oportunidad de resultar vencedores. La movilización dejará sus enseñanzas entre los más jóvenes, que ocuparon la calle quizá por primera vez.

Necesitamos de políticos que se hagan cargo de achicar la distancia entre complejidad y amplitud, dos cualidades a veces opuestas.

Efectos.

Una consecuencia se percibe de inmediato. La política ha sido siempre una esfera compleja de la vida social y, al mismo tiempo, los demócratas deseamos que sea lo más colectiva posible. Complejidad y amplitud son cualidades no necesariamente complementarias. Y muchas veces se manifiestan como opuestas. La democracia necesita de políticos que se hagan cargo de manera permanente e intensa de achicar la distancia entre estas dos dimensiones, y que reduzcan el indomable principio de contradicción entre lo complejo y lo colectivo.

Precisamente, el acuerdo firmado con el FMI es un ejemplo de opacidad extrema, no porque el periodismo no acerque los datos de las obligaciones contraídas, sino porque esas mismas obligaciones son complicadas y solo el discurso político democrático puede restaurar un nivel aceptable de inteligibilidad. Macri firmó primero y todavía no abrió la boca ni siquiera frente a sus aliados políticos, mucho menos frente a sus opositores. Reclama un acuerdo en un páramo discursivo. En este caso, la falla política no afecta solo a los excluidos sino a vastos sectores sociales más organizados y, probablemente, mejor preparados para comprender de qué se trata y, en consecuencia, para apoyar u oponerse razonadamente.

Todo el mundo está preocupado por alcanzar acuerdos. Debo decir que a mí me preocupa otra cosa: cómo se llega a ellos y cómo se los garantiza. Por eso, los acuerdos antes de firmarse deben ser públicos y debatidos. Lo que Macri y su ministro Dujovne hicieron respecto del FMI fue ciertamente lo contrario. Una falla en lo político que no asegura un buen futuro. La mencionada conferencia de prensa de Dujovne no fue más explicativa que declaraciones anteriores. Mientras tanto, con leyes y con acuerdos, los sectores excluidos son un agujero negro.

Posdata.

Pido a los lectores que disculpen mi prescindencia de la doble mención de masculino y femenino: “diputados y diputadas”. Y que también evite la pintoresca conversión del castellano en una rara especie de catalán rioplatense lleno de “e” finales: “les diputades”, “les alumnes”. Solo a veces coincido con la Real Academia pero, en este caso, le encuentro razón.



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Dante Caputo (1944 – 2018) Q.E.P.D. @dealgunamanera…

Dante Caputo (1944 – 2018) Q.E.P.D. 

A los 74 años, falleció el excanciller Dante Caputo. Fotografía: Twitter

Murió el excanciller Dante Caputo. Tenía 74 años y ocupó la Cancillería durante casi toda la presidencia de Raúl Alfonsín entre 1983 y 1989.

© Publicado el miércoles 20/06/2018 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

A los 74 años, el excanciller de Raúl Alfonsín, Dante Caputo, falleció este miércoles. Fue el único ministro del presidente radical que se mantuvo en el cargo durante los seis años de gobierno entre 1983 y 1989.

Su figura cobró notoriedad cuando firmó el Tratado de paz y amistad entre Argentina y Chile que dio fin al conflicto del Canal del Beagle, en cuyo curso mantuvo un histórico debate televisivo con el senador Vicente Saadi. 

Durante su gestión se concretaron los acuerdos con Uruguay y Brasil que constituyeron la base del Mercosur y en 1988 fue electo presidente de la 43.ª Asamblea General de Naciones Unidas.

En 1989 fue electo diputado nacional por la Unión Cívica Radical, y se desempeñó como vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores. En 1995 abandona la UCR y crea el partido Nuevo Espacio, agrupación que se suma al FREPASO y es electo diputado nacional. En 1997 fue expulsado del radicalismo.

Durante 2005  fue enviado especial de la OEA en Nicaragua para restablecer el diálogo entre el Gobierno, los liberales y los sandinistas con motivo de a las elecciones presidenciales del año siguiente. Fue condecorado por el presidente Bolaños con la orden "José de Marcoleta en el grado de Gran Cruz", máxima distinción que otorga el Estado a un diplomático. De 2006 a 2009 fue Secretario para Asuntos Políticos de la OEA.

Desde 2011 a 2013 fue columnista semanal en asuntos internacionales del Diario Perfil. En 2016, Caputo propuso suspender el reclamo de soberanía argentino sobre las islas Malvinas hasta 2033, año en que se cumplen 200 años de la ocupación británica del archipiélago. 




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La disyuntiva del aborto (II) No Soy Neutral...@dealgunamanera...

No soy Neutral…


Mi nombre es Cecilia María Ousset. Soy católica, médica, especialista en Tocoginecología, madre de cuatros hijos. Trabajo actualmente en el Sistema de Salud privado, aunque me formé y trabajé en el Sistema Público en la Ciudad de Mendoza.

© Escrito por Cecilia María Ousset el  miércoles 06/06/2018 y publicado en su muro de la Red Social Facebook, de la Ciudad de Yerba Buena, Provincia de Tucumán, República Argentina.

Nunca estuve y tal vez no estaré de acuerdo con el aborto en sí; es por esa razón que nunca me hice un aborto y tampoco se lo hice a nadie; a pesar de conocer la técnica perfectamente y ser muy buena (perdón por no ser modesta), en la realización de legrados. 

Muchísimas veces tuve que hacer legrados en el Hospital para “terminar” abortos clandestinos. Mi récord personal son dieciocho legrados en una guardia. 
Vi morir mujeres (a veces madres de varios chicos), que pasaron lamentablemente sus últimos minutos lúcidas conmigo y una policía preguntándole “quién le había realizado el aborto porque era un delito”. Sinceramente, nunca jamás escuché a alguna decir el nombre del que o la que había cobrado por sus inexpertos servicios. 

Recuerdo esas guardias donde armábamos las partes fetales en la mesita quirúrgica para asegurarnos de que no le quede nada adentro a la madre. Siempre la parte más difícil de sacar del útero era la cabeza, porque al ser redonda, rodaba cada vez que la quería “atrapar” con la pinza. Estas mujeres se enteraban tarde del embarazo e intentaban el aborto con más de doce semanas de gestación.

Muchas veces esas chicas estaban en mal estado clínico y con el útero o el intestino destrozado.

Esas mujeres que ingresaban mintiendo que “habían levantado un fuentón con la ropa de los chicos” y habían empezado a sangrar, eran para mí y mis compañeros de guardia, el inicio de una jornada violenta, y la suma de esas jornadas deben haber herido mi alma profundamente: Abortos con perejil, con agujas de tejer, con permanganato de potasio, con Oxaprost en cantidades insuficientes.

Todos servicios pagados en la medida de las paupérrimas posibilidades al inexperto o inexperta del barrio. La mayoría eran mujeres jóvenes, pobres, algunas con otros hijos; que llevaron el dolor, la fiebre, el olor a podrido y el secreto del nombre del “abortero” hasta la tumba.

Estoy segura que es la primera vez que me expreso sobre todo esto. Creo que algunas veces lloré en la intimidad de mi casa y en los brazos de mi esposo. Pero no por el dolor de esas chicas, sino por la impresión que me había dejado el hecho de haber terminado esos “trabajos” con la mayor objetividad y pericia posible.

Esas chicas fueron objeto. En todo momento fueron deshumanizadas y juzgadas. Como lo que habían hecho era ilegal, eran repudiadas desde que entraban al hospital hasta que se iban (vivas, muertas o con una causa judicial).

¡Estoy tan arrepentida de no haberlas comprendido, de no haberlas amado, de no haberlas acompañado amorosamente en un momento tan terrible!

¡Estoy tan arrepentida de haber tenido mi cerebro y mi alma tan limitada decidiendo quién tenía más o menos moral y quién merecía más o menos mi respeto!.

¡Estoy tan arrepentida que siento que las palabras para expresarme todavía no se inventaron!.

Después comencé mi práctica privada. Y ahí empecé a ver la otra cara de la moneda. 

Las chicas que me pedían un aborto “porque mi mamá me va a matar”, “porque quiero terminar mis estudios”, “porque se borró mi novio”, “porque me van a correr del trabajo y mi marido se fue de la casa”, “porque soy catequista y esto es inadmisible...”.

Siempre intenté con la palabra y el respeto de que sigan con su embarazo, buscando alguna salida. Porque muchísimas veces después de un aborto, hay arrepentimiento y dolor. Pero claro, cada uno tiene sus momentos de desesperación y sencillamente se iban (y se siguen yendo), a cualquier otro médico que les practique un aborto seguro en una clínica que les permite después seguir vivas para llorar, confesarse, y tener más hijos con una pareja continente o en una mejor situación emocional o económica. 

Lo sé porque a esos partos yo misma los asisto. Lo sé porque vuelven conmigo a los controles porque aprendí a no juzgar sino a acompañar.

Por todo eso, por dieciocho años en la práctica ginecológica, por mujer, por católica, por trabajar permanentemente mi interior para lograr la coherencia y abandonar en la mayor medida posible la hipocresía, digo: QUIERO ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO para todas las mujeres que se encuentren en una situación desesperante e íntima. 

Me repugna un país donde después de un aborto las ricas se confiesen y las pobres se mueran, donde las ricas sigan estudiando y las pobres queden con una bolsa de colostomía, donde las ricas hayan tapado la vergüenza de su embarazo en una clínica y las pobres queden expuestas en un prontuario policial.

La discusión no es aborto sí o aborto no. Eso lo dejemos para las discusiones de los creyentes y para tomar nuestras decisiones personales.

La discusión en el Congreso de la Nación es si esta sociedad desea que entre las mujeres que indefectiblemente se van a practicar un aborto, se pueden lograr las mismas seguridades clínicas para hacerlo. Para que las pobres no sean mujeres de segunda o tercera categoría. Para que las pobres también sigan vivas para arrepentirse, confesarse, tener un hijo con una pareja continente o en una mejor situación económica o emocional. Para que la sociedad sea menos hipócrita y haya en la realidad de la muerte, un poco más de amor. 

Reportaje del Programa Perros de la Calle:







domingo, 17 de junio de 2018

VW Polo. "Coche Mundial del Año” en USA… @dealgunamanera...

El nuevo VW Polo gana el premio “Coche Mundial del Año” en USA…


La firma alemana gana este premio en Estados Unidos por sexta vez. "Estamos orgullosos de este premio para el Polo, que en su historia ha superado los 14 millones de unidades vendidas”, dijo el jefe de diseño de la marca.

© Publicado el lunes 09/04/2018 por Infoauto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El nuevo  Volkswagen Polo -fabricado en España y, también en Brasil-, ha sido distinguido con el prestigioso premio “Coche Urbano Mundial del Año” en el Salón de Nueva York. Los Premios del Coche Mundial se celebran cada año, y cuentan con más de 80 periodistas internacionales de 24 países que votan a los mejores coches nuevos en el mercado global.


En esta competición, el Polo superó a fuertes rivales internacionales. Klaus Bischoff, jefe de Diseño de la marca Volkswagen, recogió el premio. "Estamos orgullosos de este premio para el Polo, que en su historia ha superado los 14 millones de unidades vendidas, que lo han convertido en uno de los coches pequeños y compactos más exitosos del mundo. La sexta generación del modelo, que se lanzó en otoño de 2017, es aún más madura y deportiva que los modelos anteriores", explica Bischoff.  

 Publicidad Volkswagen Polo 2018

El nuevo Polo se basa en la plataforma modular transversal (MQB), lo que permite ofrecer una amplia gama de sistemas de propulsión. Junto con los numerosos motores de gasolina (TSI) y diésel (TDI), la completamente renovada gama de propulsores también incluye, por primera vez, el Polo TGI3 (60 kW/90 CV) impulsado por gas natural.

El modelo más deportivo de la gama, el potente Polo GTI que entrega 147 kW/200 CV, se ha añadido a la gama desde principios de 2018.


La última generación del Polo es uno de los autos pequeños más avanzados del mundo, con una exhaustiva gama de sistemas de asistencia al conductor, ya sea incluidos de serie o disponibles de forma opcional. Entre los sistemas de serie, destacan el limitador de velocidad y el sistema de vigilancia Front Assist con frenada de emergencia en ciudad y detección de peatones.

   
Entre los sistemas opcionales disponibles, destaca el Control de Crucero Adaptativo (ACC; ahora activable a velocidades de conducción de hasta 210 km/h), el detector de ángulo muerto con la alerta de tráfico trasero, el sistema Park Assist con salida semi-automática de espacios de aparcamiento y la función "freno de maniobra" que protege ante arañazos y abolladuras de forma automática durante el estacionamiento.  

El Comité de Selección del "Coche Urbano Mundial de Año" premió a los vehículos especialmente indicados para el uso en las zonas de tráfico intenso de las grandes ciudades y áreas metropolitanas. Al igual que en las otras categorías, los ocho candidatos nominados para esta categoría fueron ampliamente probados y analizados por el Comité Evaluador.


-Los Volkswagen ganadores del "Premio Coche Mundial": 

2009: VW Golf (Coche Mundial del Año)
2010: VW Polo (Coche Mundial del Año)
2010: VW Blue Motion (Coche Ecológico Mundial del Año)
2011: VW Up! (Coche Mundial del Año)
2013: VW Golf (Coche Mundial del Año)
2018: VW Polo (Coche Urbano Mundial del Año) 



Salir de la burbuja… @dealgunamanera...

Salir de la burbuja…

Asunto Sellado. Federico Sturzenegger. Dibujo: Pablo Temes

Tensiones oficiales por los cambios en el manejo de la economía y la aprobación en Diputados del aborto.

Las paradojas de la Argentina son infinitas. Seguramente nadie imaginó que el gobierno de Mauricio Macri sería el que diera vía libre a la trascendente discusión que se generó en la sociedad y en el Congreso sobre la despenalización del aborto. Y seguramente tampoco nadie imaginó que un gobierno promercado como el actual sería tan castigado por ese ente, que es la quintaesencia del capitalismo. La paradoja de esta circunstancia tiene azoradas a las principales espadas de un gobierno que en las últimas semanas ha demostrado estar desorientado. Nada de esto es casual. Y este es el problema.

La salida de Federico Sturzenegger alegró a varios que en la actualidad son parte del Gobierno y a otros a los que hace tiempo se les dio el adiós. Uno de los que celebraron esa novedad fue Alfonso Prat-Gay.

Quienes han hablado en estos días con quien fue el primer ministro de Hacienda de la actual administración le han escuchado adjudicarle a Sturzenegger la mayor responsabilidad en los errores que, en materia económica, ha cometido el Gobierno.

El ahora ex presidente del Banco Central impuso a su gestión un aire académico. No supo diferenciar lo que son las aulas de Harvard de la realidad argentina. Los hechos, pues, lo lapidaron. El jueves 7 había dicho que el Banco Central ya no intervendría en el mercado cambiario. El martes 12, con el dólar subiendo, cambió de opinión para volver a su postura original el miércoles 13. Macri, harto de tanta volubilidad, lo echó de un plumazo.

Hasta aquí, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no ha servido para frenar la corrida cambiaria, que ha demostrado que el Gobierno tiene menos dólares de los necesarios para hacer frente a la base monetaria y a las Lebac que están en circulación.

Para salir de esta situación hace falta un shock de confianza, un punto clave para entender este complicado presente. Lo que empezó siendo una corrida cambiaria ha derivado en una crisis política que afecta la credibilidad del Gobierno. Y esto le da al problema una dimensión de mayor complejidad. Por eso, en este aspecto, la pregunta es si la designación de Luis Caputo al frente del Banco Central ha sido la mejor elección. “Ser un especialista en tomar deuda y generar expectativas no es lo mismo que estar a cargo del Banco Central”, sentencia un hombre al que el oficialismo suele consultar.

Una primera conclusión es que el Presidente decidió apostar una vez más por la mesa chica para evitar abrir un debate –aunque sea mínimo– dentro de las filas de Cambiemos. Por lo que se vio el viernes, el mercado no le dio a Caputo una bienvenida cordial. Tras una primera baja, la divisa volvió a recuperar impulso. Nadie le jugó a favor y, por ende, no hubo dólares sobre la mesa para poner freno a la corrida. En la reunión con los banqueros, todos le desearon suerte al nuevo funcionario. Eso fue todo. En el horizonte de Caputo está la urgencia por terminar de armar su equipo y hacer frente al próximo vencimiento de las Lebac.

Por lo tanto, este fin de semana transcurre entre conversaciones y negociaciones febriles en las que se intentan acuerdos con los banqueros para asegurar una renovación masiva a tasas de interés inferiores a las exorbitantes que se han venido pagando hasta aquí. Y esto viene complicado. Los representantes de los bancos le han pedido a Caputo que se controle el valor del dólar.

Varios funcionarios están comprobando duramente que “la única verdad es la realidad”

Nervios.

No es la economía lo único que está provocando dentro del Gobierno un clima de desasosiego y reproches. El tema del aborto dejó tensiones y enojos que se deberán restañar para enfrentar un presente difícil y un futuro incierto. La confianza en la seguridad de un triunfo en las elecciones del año que viene está menguada.

El enojo más resonante al respecto ha sido el de Elisa Carrió. Su frase al cierre del maratónico debate del miércoles al jueves –“es el último esfuerzo que hago por no romper”– trajo al presente el fantasma de la renuncia a la vicepresidencia de Carlos “Chacho” Alvarez, hecho que fulminó al gobierno de la Alianza.

Carrió se dio cuenta de lo que significaba esa amenaza, y en la tarde del jueves salió a desactivarla. Macri no permaneció indiferente a eso y de ahí la reunión en la residencia de Olivos a la que convocó a la diputada.

Quien también quedó enojada con el tema fue la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, que le reprochó a Marcos Peña haber sido clave para motorizar esta idea. Este proyecto, que no estaba en la plataforma de Cambiemos, fue sacado por el oficialismo como un conejo de la galera para hacer frente a los primeros signos de la crisis económica allá por marzo. Stanley –al igual que María Eugenia Vidal– vivió en carne propia el malestar que esta iniciativa le ha generado al Papa.

Ello ocurrió durante la reunión privada que ambas tuvieron con el Sumo Pontífice. Por si alguien en el entorno del Presidente no lo creyó así, el nuevo arzobispo de La Plata, monseñor Manuel Fernández –prelado de cercanía estrecha con Francisco– dijo que la visita papal a la Argentina es altamente improbable.

Ni siquiera la Selección ayudó a traer un poco de alegría en este mal momento para el Gobierno, en el que varios de sus funcionarios parecen estar saliendo de una burbuja y comprobando que “la única verdad es la realidad”. Y esa realidad hoy significa inflación desbordada, corrida cambiaria, desempleo e incertidumbre.

Producción periodística: Lucía Di Carlo.



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