lunes, 6 de agosto de 2012

Isabel Vargas Lizano fue Chavela... De Alguna Manera...

La mujer que sabía curar el alma con sus canciones…
 
Chavela nació en Costa Rica, pero su figura está indisolublemente ligada a México.

La inolvidable intérprete de “La llorona”, “Macorina”, “El último trago” y “Volver, volver”, entre tantas otras, falleció después de una sucesión de internaciones. Chavela grabó casi 90 discos y agigantó una leyenda plagada de hazañas y transgresiones.

Isabel Vargas Lizano fue Chavela para el mundo. Fue leyenda y fue la voz más desgarrada, la de las penas más ásperas, la del dolor más acabado, la única capaz de abrir los brazos como Cristo. Fue símbolo de rebeldía, de enfrentamiento a los moldes y prejuicios instalados, de sujeción sólo a las elecciones propias, cueste lo que cueste, arriba, pero sobre todo abajo del escenario. Fue Chavela Vargas. Murió ayer en México, a los 93 años, después de una sucesión de internaciones, la primera de ellas en Madrid, adonde había viajado para presentar su último disco, La luna grande, con el que rindió un homenaje ya casi recitado al poeta Federico García Lorca. Murió a causa de un paro cardiorrespiratorio en México, la patria que adoptó como propia y a la que representó rompiendo las normas de esa representación, tras permanecer varios días internada.

Fue, en rigor, la última de las afrentas que esta mujer le hizo a la muerte: hacía años que Chavela venía enfrentando recaídas en su salud, más o menos graves, para luego salir adelante como si nada, como si aquello hubiera sido sólo una anécdota, algo que no le pertenecía. Como decía su amiga argentina, la cantante Negra Chagra: “Chavela estaba al borde de la muerte, y a la semana salía de gira. Volvía a amenazar con que moría, y aparecía grabando un disco. Caía otra vez, y salía renovada, con otro proyecto más arriesgado todavía”. La cantante tenía una explicación para esto, a lo que no daba demasiada importancia: ella era una chamana, nombrada como tal por los aborígenes huipala, la primera mujer en el mundo en ostentar este honor. Además de capacidades hechiceras y sanadoras, este título le confería el poder de trascender, en una medida en que no les estaba dado a los hombres decidir, y que la alejaba, desde luego, de todo miedo a la muerte.

Esto les explicaba a los médicos que la atendieron en el hospital, Inovamed de la ciudad mexicana de Cuernavaca, donde ingresó a fines de julio después de permanecer otros diez días internada en Madrid. Allí intentó reponerse acompañada por sus amigos más cercanos, entre ellos María Cortina, con quien escribió el libro Dos vidas necesito. Las verdades de Chavela. Permaneció consciente en terapia intensiva, y pidió expresamente a los médicos que no se le aplicasen procedimientos para prolongar su vida: nada de maniobras de resucitación o uso de respiradores. Con ellos habló sobre el final: les explicó que la muerte no existe, que su foco estaba en una trascendencia espiritual. Así pasó sus últimas semanas. La intérprete única de “La llorona”, “Macorina”, “El último trago”, “Que te vaya bonito”, “Volver, volver”, la que aseguraba poder curar las almas con sus canciones –algo de lo que habrá quienes den fe– eligió despedirse entonces.

Su vida

Isabel Lizano había nacido en San José de Flores, Costa Rica, el 17 de abril de 1919. De su país de nacimiento no guardaba buenos recuerdos, tampoco de su familia. Su figura quedó ligada icónicamente a México, adonde se mudó a los 17 años, adoptando la nacionalidad mexicana. Allí inició su carrera cantando con guitarra en las calles de la capital, como tantos artistas callejeros. Ella tenía algo diferente: hacía rancheras, que hasta entonces era un género reservado a los hombres. Era una mujer que cantaba sobre el deseo por las mujeres. Para completar el cuadro, vestía como un hombre, fumaba tabaco, bebía alcohol en cantidades, llevaba pistola y gabán rojo. Allí fue “descubierta” por el cantante y compositor José Alfredo Jiménez, símbolo indiscutido de la ranchera.

Armada de un repertorio de autores como Jiménez o Cuco Sánchez, Chavela Vargas se abrió paso con un modo de cantar que no tenía que ver con lo técnico. Ella no cantaba sus rancheras: las lloraba, las gritaba, las hacía dolientes, las mascullaba entre dientes, con toda la bronca contenida o con la seducción más cómplice. Las ofrendaba. “Ponme la mano aquí, Macorina”, susurraba con ronca sensualidad, y se acariciaba los muslos. Ese tema, transformado en himno lésbico primero, y revolucionario después, cuando la guerrilla salvadoreña le cambió la letra (“ponme la mano aquí, Macorina, para curar la herida que me causó esta bala”, cantaron ellos), fue uno de sus estandartes, vuelto una gran afrenta al macho rancio y latino, en una maravillosa inversión de sentido. Su otro himno fue “La llorona”, y su cenit el grito final: “¿Qué más quieres? Quieres más”. Allí Chavela alcanzaba a revelar, de algún modo, algo del orden de la angustia atávica de la humanidad.

“Yo nunca he cedido nada. Yo soy yo”, aseguraba la mexicana en diálogo con Página/12, al ser consultada sobre el momento en que habló en forma pública sobre su homosexualidad, en 2000, en una entrevista para la televisión colombiana. “La única ventaja que tuve fue que no había Inquisición; si hubiera nacido en los tiempos de Juana de Arco, me hubieran quemado, con todo el gusto. Yo fui como quería ser y me reí de todos, pero también los respeté. Como digo siempre: el respeto al derecho ajeno es la paz. Pero paz con dignidad, sin agachar la cabeza. El grito final de ‘La llorona’ tiene que ver con eso.”

Su primer disco fue editado en 1961 y desde entonces grabó casi 90, aun cuando hubo una etapa en que dejó de cantar profesionalmente, entre fines de los ’70 y principios de los ’90. Su figura se hizo conocida a nivel internacional, más que a través del disco, gracias al cine. Su amigo Pedro Almodóvar fue uno de sus primeros difusores al incluir sus canciones en sus películas. También apareció en Frida, de Julie Taymor, cantando sus clásicos “La llorona” y “Paloma negra”, y en Babel, la premiada película de Alejandro González Iñárritu, interpretando el bolero “Tú me acostumbraste”. En 2004, a los 85 años, presentó el disco En Carnegie Hall, que grabó en vivo en ese escenario icónico.

Su leyenda

La leyenda de Chavela Vargas es copiosa en hazañas, transgresiones, momentos compartidos con grandes artistas. Desde Rock Hudson hasta Frida Kahlo y Diego de Rivera, por ejemplo, que la invitaron a vivir en su casa. Algunos de esos mitos fueron confirmados por ella como reales: que había llegado a disparar unos cuantos tiros desde un escenario, por ejemplo. “Pues sí –aceptó–. Una noche empecé tomándome un tequilita, para quitarme el miedo, y tomé otro y otro, hasta pasar los 30. Había algunos allí abajo que hablaban y yo les dije: ‘¡Se callan o disparo!’. Y tuve que disparar. Y allí nació esa leyenda, porque después andaban diciendo: ‘No la provoquen, porque dispara a cada rato’. Es que a ciertas horas todo se entiende con el lenguaje de las pistolas.”

En cambio se reía del mito que aseguraba que de joven robaba gente al galope, a caballo. “¡Qué divertido! Déjela que corra la leyenda. Si el público se entretiene con eso, ¡déjelos!”, se reía con ganas en una entrevista con este diario. Sí admitía las leyendas sobre sus corridas a toda velocidad en autazos último modelo: “Yo era amiga de uno de los presidentes de México, Adolfo López Mateos, y no pagaba impuestos –seguía contando en la nota–. Así que un Alfa Romeo o un Maserati me costaba la tercera parte. El presidente una vez me regaló un Bentley inglés como el de Isadora Duncan. Nomás que no había repuestos y cuando se rompió, se acabó. Qué divino era ese coche...”. Parecía un personaje más de la novela Crash, de J.G. Ballard, cuando hablaba de la fascinación que le provocaba la velocidad. Le cambiaba el ritmo pausado y musical de su voz cuando relataba las picadas improvisadas que corría con el presidente mexicano. “Los dos corríamos como locos. Por mí hubiera seguido. Pero cada veinte días, un mes, me daba en la torre, chocaba con todo. Y en el último choque me abrí la cabeza, se me levantó el cuero cabelludo desde la frente hasta la mitad de la cabeza. Si no pasaba alguien por ahí, me moría desangrada. Pero fue divino ese tiempo. Y no tengo angustias, ni rencor al pasado, todo se acabó. Se tranquilizó, se puso en paz.”

El alcohol fue una parte importante de esa leyenda negra: “El dinero que tuve me lo bebí, en una temporada. Era borracha y además invitaba a todo el mundo para que se emborracharan conmigo. No vaya a creer que hacía distinción. Lo mismo era mi hermano, el albañil, el que vendía periódicos. Los invitaba porque tenían necesidad de tomar y no tenían con qué. Y yo sabía lo que era eso”, explicaba. Y era perfectamente consciente de que la borracha perdida formaba parte de la leyenda de Chavela Vargas: “El público adora esa parte tuya. Yo tenía un amigo cantante, que no le voy a decir quién, el único que nunca tomó, ni fumó, ni nada. ¡Y la gente nunca lo consideró bohemio, ni artista! Resultó demasiado pulcro para que la gente lo considerase ‘divino’, como nosotros los bohemios sublimes, de amanecer en el Tenampa. Como Alvaro Carrillo, que le dije yo un día: ‘¿Cómo eres tú en tu sano juicio?’. Y me contestó: ‘No sé, porque nunca he estado así’. Un borracho divino. De nosotros, el público se encarga de hacer una leyenda negra, que a mí me parece fascinante. Si hasta resulta que yo andaba a caballo en las calles de México. Imagínese, me hubiera matado. Y es que a mi coche le llamaban ‘el Caballo’”.

Lo que no fue leyenda fue que los aborígenes huipala la nombraron chamana, con lo cual podía curar si era necesario. “Puedo curar muchas almas con mis canciones, y por eso me nombraron chamana”, contaba. “Ya había establecido un puente de comprensión y de amor a través de la música. Y logré lo más costoso del mundo: paz interior, me encontré conmigo. A mí que no me vengan con los Grammy: son una mierda, puedes comprarte veinte si quieres y si tu grabadora tiene dinero. Yo soy la primera mujer en el mundo que tiene el título de chamana. Nunca hubiera imaginado que me iba a pasar una cosa así, pero para eso canté toda mi vida.”

Su despedida

Su última visita a la Argentina fue en 2004, cuando dio un show en el Luna Park, con León Gieco como invitado, en forma totalmente gratuita (tanto para el público como para ella, que no cobró cachet). Antes, en 1999, se había presentado en el Gran Rex, en un show junto con su amigo Almodóvar, que ofició de presentador y maestro de ceremonias. “Tengo apenas dos o tres debilidades en mi vida”, había dicho entonces el director, en tono de bolero. “Una de ellas es Chavela. Allí donde ella esté, si me llama, si me necesita, allí voy, como estoy aquí ahora.” “Pedro es mi único amor en la tierra. Somos dos almas gemelas”, le devolvió ella. Antes de eso, se recuerdan también sus presentaciones en La Trastienda, más íntimas e igualmente celebradas.

De la mexicana Lila Downs a la afroespañola Concha Buika, varias fueron las voces ungidas como “herederas de Chavela”. De la Argentina, Negra Chagra fue la cantante que sembró amistad y compartió varios momentos artísticos con ella, grabando una en los discos de la otra, o para el gran homenaje que se le organizó en México cuando cumplió 90 años, al que asistieron, entre muchos otros, Miguel Bosé y Joaquín Sabina. Su voz, envejecida y tenaz, su canto ya casi recitado, sigue asombrando en sus últimos discos: Por mi culpa, de 2011, y el reciente La luna grande, con 16 poemas de Federico García Lorca y dos que ella le dedicó al poeta, editado en la Argentina por Acqua Records.

“Nací cantando, aunque me decían: ‘Esa niña canta horrible’. No tuve maestros. Aprendí de la vida todo lo que sé. Así que si a alguno no le gusta lo que hago, que le eche la culpa a la vida”, advertía ella. “Al comienzo, a nadie le gustaba lo que hacía, hasta que una noche yo estaba borracha sobre el escenario y todos estaban borrachos abajo. Y al otro día, no sé cómo, abrí los diarios y amanecí famosa. Seguí cantando y luchando, rompí todas las normas establecidas, y aquí estoy todavía.” Aquí seguirá su voz y su figura, cubierta por un joropo rojo con guardas blancas, los brazos alzados como Cristo. “Así me voy a morir, libre, sin yugos”, dijo, y cumplió su palabra.

© Escrito por Karina Micheletto y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el lunes 6 de Agosto de 2012.


El mito en primera persona

- “Si yo fuera una vieja rica, sería insoportable. Sería prepotente, babosa, mandona. Me imagino perfectamente, puedo verme. Qué bueno que soy pobre y vivo entre los pobres. Y qué bueno que fui una borracha perdida y ya no lo soy. Dejé de serlo sola, a puro valor, como digo en la canción: ‘A puro valor he cambiado mi suerte’. Por eso yo jamás le digo a un joven ‘cuidado con la droga, cuidado con el alcohol’. No. Que beban de todo y que fumen de todo. Y los infiernos abrirán sus puertas para recibirlos. Y por experiencia propia, el alcohol es detestable. Las primeras copas te hacen muy bien, hasta eres divertido. Pero cuando se te sube, ya eres repetitiva, tonta, inventas historias cursis, te agarra una mitomanía que no te la crees ni tú. Eso es el alcohol.”

- “En Hollywood tenía una credencial que me permitía entrar a los ensayos con sus grandes estrellas, desde Katharine Hepburn, Ava Gardner hasta Bette Davis. Ellas te decían que había que llegar al escenario realmente frío, con una especie de tranquilidad que en realidad no sientes. Después descubrí que lo más terrible de un escenario es el ingreso desde la primera cortina hasta la llegada a la boca del proscenio. En ese trayecto aparentemente corto no tienes mamá, ni hijos, ni nadie. Es la soledad más grande. No existes más que tú y el público. Yo siempre ingreso de puntas, se me olvida que no tengo tacones. Cuando logro posar los talones y pisar el suelo, pienso: ‘Por fin’. Pero mientras estoy de puntitas pasa una eternidad.”

- “Vivir junto a Frida Kahlo y Diego de Rivera ha sido una de las experiencias más increíbles. Aprendí tantas cosas... Yo era una niña ignorante. Lástima que se me haya quitado la ignorancia, porque fui muy feliz siendo completamente ignorante. Aprendí política, conocí a Trotsky. Todos ellos no parecían tener nada de comunistas. La pasaban muy bien y se divertían mucho. A León todo le daba risa. Un día, Diego me pregunta: ‘¿Crees que soy comunista?’. ‘Pues no, no lo creo’, le respondí, también muerta de risa. Los vi pintar, reírse, como los vi morir. No sé por qué siempre se van los que uno más ama.”

- “A la muerte la respeto muchísimo; me resulta simplemente el paso de una cosa a la otra. El miedo es a lo desconocido. Si se pudiera regresar, yo ya me habría muerto hace rato. Debe ser un descanso tremendo luego de tantas preocupaciones. Es como esto de ir envejeciendo: te sientes llena de recuerdos y a veces llegas a criar joroba, agachada por los años y el peso del pasado. El doctor me aconsejó que tomara una caja de antioxidantes. Me sentí como una motocicleta con ruedas, triste de verdad. Yo en vez de antioxidantes voy a seguir tomando un aceite muy bueno, Texaco, para coches.”

- “A veces cuando me pongo a analizar una canción y le busco otras vueltas y errores, no puedo hacer nada. Compruebo que la he llevado casi a la perfección. Entonces siento miedo porque estoy tocando esas cosas prohibidas que al individuo humano no se le permiten, sobre todo a una mujer. Es cuando comienzan los cuentos y las consejas sobre mí. Comentan que me robo las gentes a caballo. Muy difícil. Un caballo sobre una calle asfaltada, imagínense... Cuando voy a Vallejos, en España, y oigo el cante gitano, me pregunto qué pacto, qué desesperación, qué está buscando esa raza al fin de todo. En el fondo lo mismo que busco yo, algo que nunca encuentro; y ya vi que no era el amor.”

© Publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el lunes 6 de Agosto de 2012.


El estudiante de Harvard y su papá... De Alguna Manera...

El estudiante de Harvard y su papá...


Hace años fui testigo de una situación de fuerte conflicto entre expectativas y hechos. 

En Boston, un joven estudiante de Harvard volvió una tarde a su casa desde la universidad y comunicó a sus padres que se iba a Europa con un amigo, para hacer auto-stop, cosechar manzanas y vivir una “experiencia distinta”. El padre –un hombre riguroso y con principios inflexibles– tuvo un ataque de furia, la madre tuvo un ataque de llanto, y todo terminó en que el chico se fue cargado con la profecía de su padre que presagiaba el fracaso terminal de su vida. Pero meses después el joven volvió a Harvard y fue admitido de nuevo. El padre no sólo no podía entender que su hijo hubiese sido admitido y le siguiese yendo bien en los estudios; tampoco podía aceptarlo. Había establecido una premisa y a partir de ahí buscaba a diario evidencias ocasionales, a menudo puntuales y poco relevantes, para corroborar su premisa: su hijo debía fracasar, o el mundo no era el que se suponía que era. Los datos de la realidad se le escapaban. (El final de la historia es que el joven estudiante no fracasó; más bien quien fracasó fue su padre, por lo menos en el sentido de que no supo entender este mundo tal como es).

Esta historia me viene a la mente cuando veo lo que está sucediendo con la imagen del gobierno argentino, los comentaristas políticos rigurosos en sus premisas, pero más bien predispuestos a recoger los datos que encajan bien con esas premisas, y lo que las encuestas captan de la vox pópuli. Así, en las últimas semanas pudieron leerse varias columnas de opinión en los medios de prensa haciendo referencia a lo mal que le está yendo a la Presidenta en la opinión pública argentina según encuestas que no se publican ni se mencionan con suficiente especificación. Parece que se ha establecido como premisa que la Presidenta tiene que estar mal en la opinión pública y desde ahí se busca afanosamente información consistente con la premisa. A juzgar por lo que se dice, en la Argentina se estarían haciendo encuestas profusamente; se diría que algunas firmas están haciendo encuestas a diario, lo que es difícilmente creíble. Eso no sucede cuando las aguas están más calmas.

Por cierto algunas encuestas se publican. Y no hay duda: algunas muestran a la Presidenta un poco mejor y otras un poco peor. Pero hay pocas certezas acerca del por qué de tales diferencias. El lector atento debería poner el foco en por lo menos tres aspectos muy básicos, los que en la jerga profesional se llaman el instrumento de medición –cómo se pregunta y se mide lo que se quiere medir–, la tendencia “intertemporal” –cómo varía la aprobación o la imagen a través del tiempo medida siempre con el mismo instrumento– y la cobertura geográfica. Descontados esos factores, aún sigue siendo aparentemente cierto que en algunas encuestas, la Presidenta ha bajado más que en otras.

Basándome en encuestas que conozco y cuyos reportes puedo ver con mis ojos –que son las que realiza Ipsos en la Argentina– concluyo que la imagen de la Presidenta ha sufrido poca mella en los últimos meses y se mantiene en altos niveles de aprobación. También el gobernador Scioli, esa suerte de sombra que se proyecta incansablemente sobre la imagen de la Presidenta. La imagen de otros referentes del Gobierno –personas tanto como áreas de gestión– ha bajado más, en algunos casos mucho más. La confianza en la economía y en el futuro del país también ha caído.

Se concluye que el Gobierno se sostiene en la Presidenta –y también en Scioli, tema aparte–; es posible concebir que la imagen de la Presidenta se encuentra en un equilibrio inestable y expuesta a diversos riesgos. Las cosas no están bien en la economía y en las expectativas de muchísimos argentinos. La imagen de la Presidenta podría bajar, hasta cabe aceptar que es esperable que baje, pero no como resultado de una expresión de deseos, sino con base en correlatos conocidos entre datos de la realidad misma y las opiniones de la gente a través de los años. Eso no es lo mismo que decir que ya bajó; aún más, esos correlatos no son leyes inmutables, a veces en el mundo no se siguen de las mismas causas los mismos efectos.

La opinión pública es más parecida a la universidad de Harvard que al papá del joven de mi anécdota: es capaz de readmitir a alguien después de algún “viaje”, como fue el caso con la presidenta Cristina de Kirchner en 2010 después de haber sido casi literalmente dada de baja en 2009. No hay que seguir el modelo del padre del joven estudiante de Harvard, quien por aferrarse ciegamente a su premisa de que su hijo debía fracasar por no haber hecho lo que él esperaba que hiciese, no pudo entender lo que pasaba.

*Sociólogo. Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.

© Escrito por Manuel Mora y Araujo, Sociólogo y Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y publicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Agosto de 2012.


domingo, 5 de agosto de 2012

Trompe-l'oeil (Trampa ante el ojo)… De Alguna Manera...

Trompe-l'oeil…

 Le pays n'a pas fini de faire les frais de cette faillite désordonnée. AP/Natacha Pisarenko
(El país no ha terminado de pagar el precio de este quiebre desordenado)

El 25 de junio, un extenso artículo de Le Monde de París se tituló “Le miracle argentin était en trompe-l’œil”. En lenguaje directo: el milagro argentino era una impostura. Es una idea clave, pero sobre todo es una evidencia incontestable. Desde 2003 a hoy la Argentina ha brindado una clase magistral de ilusión óptica, que ha triunfado más adentro que afuera. Episodio de cabotaje, el engaño al ojo enganchó a intelectuales desahuciados, artistas relegados, empresarios cabizbajos, profesionales crédulos, emigrados nostálgicos y militantes huérfanos de mitos. Fabricado en muchos casos con minuciosa perfección por el grupo que gobierna desde hace nueve años la Argentina y se propone explícitamente seguir haciéndolo por lo menos una década más, sobresale como el más portentoso trompe-l’œil político imaginable. Sus diseñadores y ejecutores no han dejado rincón sin ocupar ni ámbito sin colonizar.

En francés, tromper es engañar y œil es ojo. Trompe-l’oeil es una imagen que engaña al ojo. En España, hablan de “trampantojo” (trampa ante el ojo). En sentido restringido, es una técnica usada en la pintura mediante la que se pretende engañar a la vista humana, jugando con la perspectiva y apelando a otros artificios ópticos. El mecanismo de trompe-l’œil suele ser utilizado en pinturas murales realistas hechas adrede para ofrecer perspectivas falsas, ya sean interiores (representando muebles, ventanas, puertas o conjuntos más complejas), o exteriores, por ejemplo en las medianeras de edificios.

Simular, engañar, aparentar, confundir y devolver al ser humano registros que en la realidad no existen, son funciones esenciales del trompe-l’œil. Maravillas de la ilusión óptica, son espejismos que giran en torno de la humana debilidad de confundir relato con realidades, retórica con hechos, presunciones con evidencias. Es un juego de portentosas proyecciones sociales, culturales y políticas, pero un trompe-l’œil en las artes visuales y en el cine dista de ser un acontecimiento delictivo. Engaño a quien se deja, pero lo hago sin motivaciones venenosas, desde una experiencia asociada con la sensibilidad para el puro goce estético.

No es sencillo engañar. No es para todos, ni es para cualquiera. Si la trampa al ojo requiere meticulosidad, transitarla exitosamente también precisa de credibilidad: debo pergeñar la trampa con tanta perfección que reduzca al mínimo las posibilidades de ser descubierto. Un trompe-l’œil talentosamente hecho permite fabular y suscita bellos ensueños. Es arte, o sea que no tiene restricciones. Un trompe-l’œil torpe y de escandalosa chapucería, abochorna. Se convierte en simulacro, burdo fracaso, trampa que no convence a nadie, mamarracho, caricatura.

Estos días la agenda estuvo dominada por la obscena comprobación de que el Gobierno industrializa en su beneficio bolsones marginales que nadie había cultivado con tanta decisión, como barrabravas y población carcelaria. Aplica el mismo procedimiento, engañando al resto mediante recursos muy ostensibles, como “resocializar” presos, exaltar la “pasión” de los delincuentes que abundan dentro y alrededor del fútbol. Esas trampas visuales prostituyen en profundidad.

Apasionarse y resocializarse son dignos objetivos. En la praxis del Gobierno, se convierten en tretas groseras que, para peor, vacían de contenido todo lo que es bueno. Ahí está Víctor Hortel, el número uno del sistema penitenciario argentino, desfilando en alegre murga dentro de una cárcel, junto a violadores convictos. Es el mismo mecanismo exhibido por el juez de la Corte Raúl Eugenio Zaffaroni, que no sólo no se arrepintió ni excusó por alquilar sus departamentos a prostíbulos, sino que encima tomó la revelación como afrenta. Curiosa deriva de un gobierno encabezado por una mujer y lanzado a mostrarse como el más feminista régimen argentino de la historia. Las salidas “culturales” del homicida convicto Eduardo Vásquez denigran a la mujer y burlan la más elemental medida de justicia, además de castigar de nuevo, impunemente, a la familia de la asesinada. Sobresalen aquí jueces como Patricia Mallo, Pablo Laufer y Luis Fernando Niño, autoproclamado vigilante implacable de los derechos humanos y uno de los mismos tres que condenaron a Vásquez a sólo 18 años por la atenuante de “emoción violenta”. Parece que por su emoción violenta al quemar a Wanda Taddei le permitieron participar de las actividades “culturales” del Vatayón Militante antes y después de ser condenado. Ese es el trompe-l’œil más escandaloso: en nombre de los derechos humanos, terminan excusando a femicidas y violadores de niñas.

Forma del ilusionismo y coronación imperial de las apariencias, las apariencias deleitan a la sociedad argentina. No en vano uno de los manierismos retóricos más en uso, una verdadera epidemia, es el “como que” antepuesto a cualquier frase.

Agréguesele otro recurso tóxico en boga: todo el tiempo se habla anteponiendo un fastidioso “la verdad”. En un mundo de recursos engañosos y apariencias vacías, ese “la verdad” supone que normalmente mentimos. El “como que” o también “como si te dijera que” revela que sobrevolamos la realidad, pero para eludirla, un ballet de juegos visuales, atractivos pero tramposos, una permanente intención de engañar.

Según milenario relato de la antigüedad griega, dos pintores, Zeuxis y Parrasios, rivalizaban. Cada cual debía tratar de hacer que su obra produjera la más perfecta ilusión del mundo real. Uno de ellos, Zeuxis, pintó unas uvas que parecían tan reales que los pájaros se posaban en ellas para picotearlas. Parrasios presentó su cuadro cubierto por un lienzo. Al tratar de visualizar la pintura de su rival retirando el lienzo, Zeuxis se asombró al comprobar que había perdido la apuesta. Lo que parecía un lienzo era, en realidad, la pintura de su competidor. Zeuxis habría dicho: “Yo engañé a los pájaros, pero Parrasios me engañó a mí”.

© Escrito por Pepe Eliaschev y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Agosto de 2012. 



Arbitrariedades sin fin... De Alguna Manera...

Arbitrariedades sin fin...

Superhéroes II Kid Cillof. Dibujo: Pablo Temes.

Un gobierno obcecado. La Presidenta insiste con su relato desbordado. Por qué nos parecemos más a Venezuela que a Suiza. Infiernos provinciales.

Pareció como si se celebrara el día de la liberación nacional. Tal el boato que fue el utilizado por la Presidenta para anunciar el pago del Boden 2012 con el que se dio cumplimiento a los vencimientos destinados a poner fin al nefasto corralito que se llevó los ahorros de millones de argentinos. En su inefable “Aló Presidenta” del jueves pasado, Cristina Fernández de Kirchner se explayó a través de una presentación hecha a su estilo y medida, es decir, extensa, confusa, llena de autoelogios y de críticas para todo aquel que ose discrepar con el Gobierno. Una vez más, abundaron las inexactitudes. En sus reiteradas referencias a la crisis de 2001, la Presidenta insistió con que los medios nada dijeron en anticipación de aquella catástrofe que aún hoy duele. Sin embargo, el simple análisis de los archivos demuestra claramente que eso no es verdad. Fernández de Kirchner lo sabe.

Con el pago del Boden 2012 el Gobierno no ha hecho más que cumplir con la obligación de honrar una deuda, lo cual, al fin y al cabo, es lo que corresponde. Esto debería ayudar a recrear la confianza en el país; sin embargo, la puesta en práctica de medidas restrictivas y dirigistas que afectan el normal desenvolvimiento de la actividad económica del país impedirá que se concreten algunos de los efectos positivos que, en otro contexto, la cancelación de este bono podría haber generado. El país necesita atraer inversiones y para que ello ocurra el primer factor que cuenta es la confianza, que el Gobierno argentino se empeña todos los días en esmerilar.

En el “Aló Presidenta” del jueves pasado en la Bolsa de Comercio, Fernández de Kirchner no dijo una sola palabra acerca de la inflación, que es el principal problema que enfrenta la economía argentina. Los altos índices de inflación que hoy castigan sobre todo al bolsillo de los que menos tienen, sumados al alto nivel de gasto público, se combinan en una mezcla riesgosa que afecta seriamente la actividad productiva y daña la competitividad de los productos argentinos. El corralito cambiario no es la solución, sino la fuente de mayores problemas.

Por suerte para el Gobierno está la soja. Así y todo, sólo la impericia de un equipo económico que exhibe un nivel de falencias técnicas que no deja de sorprender, hace que sea necesaria la puesta en práctica del mentado corralito cambiario, que no sólo complica la vida de muchos ciudadanos sino que también aleja inversiones. Nadie pone su dinero en un lugar donde no tiene la posibilidad de disponer de sus ganancias cuando ellas son bien habidas. Tuvo razón la Presidenta cuando habló de la importancia del control como un instrumento destinado a garantizar el cumplimiento de las normas esenciales a las buenas prácticas de negocios de un país. Lo que ocurre en la Argentina, en cambio, es algo bien distinto: se asiste aquí a un sistema en el que reina la arbitrariedad de funcionarios como Moreno o Kicillof, en el que se favorece a los amigos del poder y en el que se persigue a los que no lo son.

Mientras la Presidenta seguramente aún disfruta de la fiesta en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en las provincias las preocupaciones no cesan, especialmente, claro está, en aquellas que no gozan de la simpatía del Gobierno. Por ello es que el gobernador de Córdoba decidió presentarse ante la Corte Suprema para demandar al Gobierno nacional los fondos previsionales que le adeuda. José Manuel De la Sota sabe que eso equivalió a haber quemado las naves y que nada podrá esperar en el futuro de la Casa Rosada. En verdad, hace tiempo que estaba disuadido de ello. El episodio que sin duda actuó como detonante fue la andanada del kirchnerismo contra Scioli.

Hablando del gobernador de la provincia de Buenos Aires, la angustia por la experiencia vivida parece haberlo curado de espanto. “No quiero pasar más por lo que padecí esta vez con el pago del medio aguinaldo”, se le escuchó decir cuando el alivio de los fondos de la Nación llegó a su gestión. Por lo tanto, consciente del peso que ello tendrá en las próximas elecciones en las que estará en juego su futuro político, Scioli ya ha dado órdenes de tomar todas las precauciones para que, de ahora en más, los fondos correspondientes a los aguinaldos de la administración pública bonaerense estén disponibles en tiempo y forma.

Por muchas de estas cosas que están pasando en las provincias, la idea de algo similar a la liga de gobernadores que tuvo su apogeo en los años de De la Rúa y Duhalde, ha vuelto a surcar la mente de varios de ellos. En las provincias petroleras, además, hay descontento por el manejo que el Gobierno viene haciendo de YPF. Esos gobernadores se sienten usados, ya que fueron la cabeza de playa sobre la que luego se montó la operación de confiscación de lapetrolera y ahora se los ha dejado de lado. Por si ello fuera poco, el manejo que Axel Kicillof hace de la compañía, además, ha puesto en situación incómoda a su presidente, Miguel Galuccio, quien, a pesar de continuar en el cargo, debe enfrentarse a la realidad que lo muestra no como el presidente de YPF sino más bien como un gerente general. En ese ámbito la única asociación posible es con PDVSA, ya que las posibilidades de que las grandes petroleras encaren algún proyecto de asociación con la compañía argentina son casi nulas.

Curiosa Argentina la de hoy día, en la que la Presidenta nos explica que los barrabravas son militantes de la alegría, que los presos se resocializan en actos partidarios y que la inflación no existe. Es como si nos quisiera hacer creer que vivimos en Suiza, aun cuando, en verdad, el rumbo de su gobierno nos acerca cada día más a Venezuela.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

© Escrito por Nelson Castro y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Agosto de 2012.

¿Quién cuida a Cristina?... De Alguna Manera...

Defensores peligrosos...

 Superhéroes I El caballero desciende. Guillermo Moreno. Dibujo: Pablo Temes.

El caso Boudou-Ciccone o la interna Moreno-Kicillof afectan la imagen presidencial, que cayó 30% en las encuestas.

–Pase, ingeniero, no mordemos.
–¿Seguro?
–Por lo menos en esta ocasión, no.
El cruce filoso entre Cristina y Macri en el despacho de Adelmo Gabbi terminó bien porque la Presidenta se puso de pie y le dio un beso. Pero después, en el escenario de la Bolsa de Comercio, una broma, casi una galantería, del jefe de Gobierno fue tomada como una crítica y puso a la defensiva a la Presidenta. Macri le comentó sobre lo difícil que debe ser para una mujer con polleras sentarse en primera fila y de frente a la concurrencia. Se refería a los malabarismos que deben hacer con las piernas para ocultar su ropa interior de las miradas indiscretas. Pero Cristina le contestó que para ella no era un problema “no tener lindas piernas”. La Presidenta es y se siente muy atractiva, pero alguna vez confesó su complejo por no tener tobillos finos.

Pero a Mauricio Macri, políticamente, le impactó esa eterna guardia levantada. Esta se puede imputar a su desconfianza genética, a su mirada conspirativa del ejercicio del poder o al mal momento que está pasando en las encuestas, donde se registra un desplome del 30% de su imagen positiva en sólo seis meses.
Se podría decir que con amigos así no necesita enemigos. O que con sus últimas decisiones no hay buenas mediciones que resistan. Esa es la mala noticia. La buena es que todavía tiene un 40% de apoyo y que ningún presidenciable recibe lo que ella pierde.

El principal problema del Gobierno es obvio; la economía que, cuando marcha a toda velocidad, suele actuar como una frazada que tapa los errores. La plata en el bolsillo de los ciudadanos aumenta siempre los niveles de tolerancia frente a las torpezas y las arbitrariedades. Por eso la Presidenta dilapidó la simpatía de un sector independiente que no la había votado pero que la miraba con esperanza. Y también perdió alrededor de un 15% de sus propios votantes de la clase media más volátil, que ahora no la defienden aunque estén dispuestos a apostar nuevamente por ella si el panorama de competidores sigue tan flaco y Cristina encuentra el rumbo que perdió.

Lo grave es la tendencia. La ecuación negativa es indirectamente proporcional. Cae la economía, sube el pesimismo y el deterioro del Gobierno en la opinión pública. En un trimestre podría volver a su peor momento como presidenta, poco antes de la muerte de Néstor Kirchner. Aquel acontecimiento sepultó también las sospechas de corrupción. Y Amado Boudou tuvo el dudoso privilegio de haberlas resucitado para ubicarlas entre los aspectos que la gente más critica. En lo simbólico, el vicepresidente le hizo mucho daño a Cristina. La chicana de Cristina en la Bolsa contra Macri, eso de “No trajimos ningún convicto, pero hay algún procesado”, se podría transformar en un tiro en los pies. Es que las versiones sobre el procesamiento de Boudou son insistentes. ¿Lo obligarán a pedir licencia? Porque Boudou quedó descolocado por la gravedad de lo que hizo con Adelmo Gabbi. Si es cierto que el hombre de la Bolsa lo quiso coimear, ensució a Cristina que lo recibió en la Casa Rosada con afecto y que esta semana lo trató amigablemente por su nombre de pila. Y si Boudou mintió, además de afectar el buen nombre y honor de Gabbi, se va a tener que bancar una querella por falsa denuncia. No es de Rolando, es de Amado, la mancha que está salpicando a parte del Gobierno con la investigación de enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y tráfico de influencias.

Guillermo Moreno tampoco le ayudó a mantener el prestigio a Cristina. Se la pasó repartiendo remedios que fueron peores que las enfermedades y dejó a la economía al borde de chocar contra el iceberg de la recesión para lograr el objetivo de pagar una deuda de apenas el 0,4% del PBI. Mató un mosquito con un misil. Esa desmesura irracional es reiterativa en la administración del Cristinato. Sacrificar el crecimiento, perder mercados y proveedores y hasta líneas de producción y fuentes de trabajo es algo que va a costar mucho recuperar.

Por eso hoy tambalea la cabeza de Moreno, que ya pasó a tantos a degüello. La lógica K dice que Cristina jamás lo tiraría por la ventana mientras los medios lo estén reclamando. Sería como acceder a sus pedidos y una muestra de debilidad frente a “la corpo”.

Pero pocas veces estuvo tan cuestionado por alguien con tanto poder. Hablamos de la nueva estrella en ascenso, Axel Kicillof, otro rubio fachero economista que deslumbra a Cristina como en su momento Martín Lousteau y Boudou. Entre Moreno y Axel hay un choque cultural que no es original dentro del movimiento. Uno viene del barrio y de la derecha ortodoxa pejotista y el otro, de la universidad y de la utopía marxista.

Inseguridad, corrupción e inflación están en el podio de las preocupaciones de todas las consultas. Todo el vodevil que generaron con el tema carcelario fue directamente a potenciar los miedos de una parte de la población. Tanto que obligó a Sergio Massa, el dirigente de mejor imagen, a recuperar la voz para diferenciarse: “No hay que dar señales de impunidad. Las leyes y las sanciones están para cumplirlas”. Pero hasta personalidades del progresismo como Adolfo Pérez Esquivel o León Arslanian tuvieron palabras cuestionadoras.

La Presidenta cayó en la trampa de defender a un femicida feroz como Eduardo Vásquez o al barrabrava asesino de Gonzalo Acro. Cero sentido común y falta absoluta de sintonía fina con las demandas populares. Fue patética la mirada celebratoria que Cristina hizo de las mafias del fútbol, donde además confirmó que no debe hablar de lo que ignora.

El Gobierno debería cuidar más a la Presidenta. En pocos días apareció al lado de quienes son una suerte de Frankenstein en la opinión de las mayorías. Gerardo Martínez, Mario Ishii o Julio Grondona no son muy progres ni éticos que digamos, son más actores de El Padrino que de Manual de conducción política, para utilizar sus propios conceptos.

La Presidenta es un extraordinario cuadro político, pero no está blindada. Y menos cuando la construcción y la industria automotriz, que fueron estrellas del crecimiento, frenan los motores. Hace apenas noventa días que Miguel Galuccio asumió casi como si fuera un Premio Nobel y ya tuvo que desmentir un par de veces su renuncia producto de que lo puentean todo el tiempo y firman acuerdos en nombre de YPF sin su presencia.
Eso es cristinismo explícito.

© Escrito por Jorge Fontevecchia y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Agosto de 2012.

Víctor Hugo, la dictadura y la historia… De Alguna Manera...

Víctor Hugo, la dictadura y la historia…

Angelus Novus. Pintura de Paul Klee de 1920 que Walter Benjamin adoptó como imagen de la historia porque tiene alas hacia adelante y rostro hacia atrás.

Es bueno que un periodista pruebe su propia medicina. Modera el ego, lo hace más humano y, fundamentalmente, más cuidadoso en el futuro al escribir o hablar sobre los demás.

Duele mucho, pero mucho, que a uno se lo critique justo en aquella área donde cree tener méritos. Por eso es donde normalmente pegan los injustos. El cínico que se sabe carente de toda virtud no sólo no se hace ningún problema sino que hasta transforma su amoralidad en fortaleza: un oportunista en gran escala pasa a ser un estratega.

No comparto lo que dijo Lanata en su programa del domingo pasado sobre que haber ido a jugar al fútbol durante la dictadura uruguaya al Batallón Florida –en el caso de Víctor Hugo Morales– fuera lo mismo que haberlo hecho en la ESMA durante la dictadura argentina. Tampoco comparto las críticas injustas que se le han hecho a Lanata desde los medios oficialistas los últimos años.

Pero lo que me entristece, probablemente por haberlo padecido en carne propia, es la extracción de una parte de la historia que no representa siquiera la mayoría como si fuera un todo, sin incluir en el relato el resto de los acontecimientos relevantes.

Por ejemplo, volver a ver en la tapa de la revista Veintitrés de esta semana que se acusa de doble moral a los “medios hegemónicos” que critican a Víctor Hugo Morales por su comportamiento durante la dictadura uruguaya y en la nota mencionan que “tanto Héctor Magnetto como Bartolomé Mitre y Jorge Fontevecchia tienen pergaminos dignos de ocultar por su posición ante los dictadores”, y omite decir algo tan relevante como que estuve preso en El Olimpo, que la principal publicación de Editorial Perfil fue clausurada y que luego fui puesto a disposición del Poder Ejecutivo por esa dictadura (¿cuántas veces deberé repetirlo para que la repetición de lo opuesto no se transforme en verosímil?).

No creo que Víctor Hugo Morales haya tenido un comportamiento criticable durante la dictadura uruguaya, lo imagino digno y, dentro de los límites de su época, hasta con actos de rebeldía. Tampoco creo que la dictadura uruguaya sea equiparable a la argentina ni que la perspectiva actual sin grises de aquellas dictaduras sea correcta. Walter Bernjamin, en Concepto de filosofía de la historia, recomienda “al historiador que quiere revivir una época que se quite de la cabeza todo lo que sepa del decurso posterior de la historia”.

El comportamiento por el que sí Víctor Hugo merece crítica es haberse sumado frívola y superficialmente a las acusaciones que desde el oficialismo se realizaron sobre la actuación durante la dictadura argentina de quienes hoy resultan molestos al kirchnerismo.

En la Argentina de los últimos años, como pocas veces, se hizo evidente el uso de una historiografía infectada de presente, donde el pasado se acomoda a las necesidades del tiempo de ahora con una irracionalidad diacrónica.

Qué injusto que hayan acusado a Joaquín Morales Solá de colaboracionista con la dictadura por una foto donde, siendo cronista del diario La Gaceta de Tucumán, aparece cubriendo un operativo público del Ejército en esa provincia; es como acusar de complicidad a un movilero de esta época con la “maldita Policía” bonaerense cuando fabricaba casos ante los medios. O, disparatadamente, a la propia Magdalena Ruiz Guiñazú. O a Sabato por haber participado en una reunión colectiva con Videla.

La misma injusticia fue haber acusado a Néstor Kirchner por una foto con el jefe regional del Ejército en Santa Cruz transmitiendo su apoyo durante la Guerra de las Malvinas, o a Héctor Timerman por lo que publicó el diario La Tarde en 1976, sin ponderar que poco después su familia fue una de las más perseguidas entre los periodistas.

Ojalá que lo de Víctor Hugo permita a todos, simpatizantes o no del kirchnerismo, reflexionar sobre la suma de estas injusticias y aprender que tenemos que ser más serios con la historia.

La historia es un conjunto de eventos; los eventos por separado pueden dar una idea hasta exactamente opuesta a lo razonablemente aceptable. La observación, presente o pasada, siempre estará cargada de teoría, pero que haya más de un relato posible no quiere decir que todos valgan lo mismo. Aun comprendiendo la subjetividad trascendental que nos cabe por ser humanos o la brecha evidencial que a veces nos impide el conocimiento exacto, las fuentes interpretadas con un ojo crítico y comparadas con otra fuentes, si bien no garantizan una única posición adecuada, sí excluyen las inadecuadas y nos impiden caer en un subjetivismo irracionalista. Por ejemplo, los negadores del Holocausto se llaman a sí mismos “revisionistas”.

Una cosa es interpretar o significar el pasado y otra es imaginarlo en función de nuestras creencias, inclinaciones y prejuicios. Leopold von Ranke, considerado un padre de la historia científica, hacía dos recomendaciones: tener “interés por descubrir lo general en lo particular”, que es lo opuesto a generalizar lo particular, y “afecto por los humanos” (similar al consejo del maestro Ryszard Kapuscinski sobre que “para ser buen periodista primero hay que ser buena persona”). O sea, los archivos tienen que ser revisados exhaustiva y honestamente y no con el fin de una ortopedia social.

Debemos reconocer que nuestro autointerés, preferencias, hasta el miedo o el enojo, muchas veces opacaron nuestra tarea de periodistas. Por eso son gestos alentadores el pedido de disculpas de Víctor Hugo Morales sobre su desafortunada mención a la salud de Lanata, y que Edi Zunino, jefe de Redacción de la revista Noticias, haya escrito en su última edición para limitar las críticas sobre Víctor Hugo, siendo quien primero difundió en Argentina el contenido del libro que desató la polémica.

© Escrito por Jorge Fontevecchia y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Agosto de 2012.


Reportaje a Eugenio Semino... Distribuir pobreza... De Alguna Manera...

"Distribuimos pobreza entre pobres"…

Mirada. "Hay una preconfiguración de vejez como enfermedad y como pobreza. Cuando uno llega a viejo tiene que acostumbrarse a ser pobre o estar enfermo. Deberíamos tener derecho a un jubileo, no a una jubilopatía."

Reportaje a Eugenio Semino. Ombudsman de la Tercera Edad, lamenta que los jubilados estén financiando con su dinero políticas públicas que amenazan con licuar el capital del sistema de seguridad social. Advierte que hace diez años el 17 por ciento ganaba la jubilación mínima –”con la que no se puede vivir”–, y hoy la proporción es del 76 por ciento.

¿Descapitalización del Fondo de Garantía de la Anses? El ombudsman de la Tercera Edad es un hombre con una fuerte trayectoria. En efecto, después de la dictadura, el doctor Eugenio Semino tuvo a su cargo la Dirección General de Discapacidad y Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires. Luego, a principios de los 90, dirigió la Controladuría General Comunal junto al entonces Defensor del Pueblo, el escribano Antonio Carcañá. El doctor Semino es abogado, gerontólogo y doctor en Criminología.

—Me ocupaba de adultos mayores desde la cuestión social –explica–. Hoy, la geriatría trabaja desde la cuestión médica. Yo hice el doctorado en Madrid puesto que (aunque le cueste creerlo) la Universidad de Buenos Aires no tiene formación en Geriatría

—¿Por qué?nos sorprendemos.
—Solemos decir que “a menos médicos, menos medicamentos”, y resulta que es más negocio el medicamento. Es decir, uno ve a mayores en su casa, la polimedicación es algo absolutamente frecuente y, desde el punto del organismo, no es gratuita. En el área de atención sanitaria lo que hay para el adulto mayor es una atención que debería ser mucho más integral. Por ejemplo, cuando hablamos de un modelo de atención primaria estaríamos refiriéndonos a la necesidad de un equipo de salud. Entre nosotros hay un sistema médico-hegemónico que obliga al médico a resolverlo todo y termina condenándolo (cuando el paciente no avanza) como el hacedor de todos los males. Lo que ocurre a veces con el paciente añoso es que muchas de sus enfermedades no tienen cura. Lo que necesitan son cuidados, lo cual es bastante diferente. Muchas de las patologías son crónicas. En cuanto a la atención primaria, los modelos sociosanitarios tienen que contemplar una cantidad de cuestiones que exceden (en un sentido estricto) al médico. Me refiero a situaciones que tienen que ver con lo social y no con el medicamento, salvo en el momento en que ese medicamento resulte indispensable. Hoy en este tema existe un verdadero abuso. Aun cuando, en el tema psicofármacos, muchas veces la problemática relacionada con la depresión es absolutamente tratable a partir de la actividad o de los proyectos de vida. De fomentar el deseo.

—¿Ganas de vivir?
—Exactamente. Hay una cosa que se niega en esta sociedad, y es que nosotros tenemos la edad de nuestros proyectos. El envejecimiento tiene una característica social y subjetiva. Depende en gran parte de nosotros mismos, de nuestro medio social y familiar…

—También del carácter de cada uno, ¿no es cierto?
—Desde ya. Hay gente que es deprimida desde siempre. Se puede ser viejo a los treinta y joven a los ochenta. Pero hay algo que está estrictamente relacionado con los recursos y la seguridad social. Le explico: desde el punto de vista productivo hay una etapa en la que nosotros dejamos de “servir” socialmente. Y esto es algo decisivo, porque no sólo se jubila a un individuo de sus actividades sino que se lo jubila de la vida.

—En una palabra, dejamos de interesar…
—Así es.

—…Por eso es tan grave el tema del dinero de los jubilados. ¿Es cierto, doctor, que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) no alcanza a cubrir los pagos de jubilaciones y pensiones de un año calendario?
—Así se supone. ¿Por qué digo que se supone? Pues simplemente porque no hay números claros en este sentido. Sabemos que hay grandes erogaciones. Que hay una cantidad enorme de juicios (más de 500 mil) que no están cuantificados. Es decir, no sabemos cuánto le va a costar al Estado a futuro. Hay una vieja costumbre argentina de todos los gobiernos y es que, como los juicios duran más que los períodos gubernamentales, en definitiva será otro quien los pague.

—Hemos visto en distintos programas de televisión las montañas de expedientes que incluso, si no recuerdo mal, provocaron un hundimiento de techos en un juzgado de la calle Cerrito.
—Ocurrió en varios juzgados, porque no soportaban el peso de los expedientes. Y aquí nos preguntamos, ¿por qué se llega a esto? ¿Por qué tantos años (veinte, treinta, cincuenta) de echar mano de la seguridad social? Lo que vemos que se está haciendo con la Anses es lo que se hizo históricamente con las cajas de jubilaciones. Todos los gobiernos iban y tomaban plata fresca de las cajas de jubilaciones. Llegó un día en el que exclamaron, como dijo Cavallo: “Oh, no hay más plata”. Entonces, Cavallo decidió privatizar el sistema. No dijo “no hay que robar” o “no hay que utilizar la plata para otra cosa”. Dio, en cambio, la solución final (entre comillas). Resulta, entonces, que en muchos segmentos de nuestra historia no se notó ese saqueo porque había pocos viejos. Hoy día somos como las cucarachas: ¡nos acostumbramos a todos los venenos! A todos los ministros de Economía. Y seguimos generando expectativas de vida, vivimos más. Pero ahora esta pirámide envejeció. No hay pleno empleo. Ese sueño se extinguió en el mundo. Hoy tenemos una cuota de desempleo; una cuota importante de subempleo (es decir, empleo negro) y, en conclusión, el dinero no alcanza y los desfasajes comienzan a notarse cada vez más. Pero no es solamente esto: a pesar de que no alcanza, cada vez se va sacando más de estos fondos. Y la disputa no es solamente económica, sino simbólica. Hay una preconfiguración de vejez como enfermedad y como pobreza. Cuando uno llegue a viejo tiene que acostumbrarse a ser pobre. O, simplemente, va a estar enfermo porque sí, nomás. En realidad esto no tiene que ver con la vida misma. Tampoco tiene que ver con el siglo XXI. Vivimos más y, por lo tanto, debemos tener más calidad de vida en términos del momento en el que dejamos nuestra actividad. Cuando dejamos ciertos compromisos (desde lo familiar, como crianza de los hijos) deberíamos tener derecho a un jubileo. No a una jubilopatía. Entonces, después de Cavallo, después de esa “solución final” que se llevó la plata a paraísos fiscales y demás, cuando se reestatiza el sistema, lo que vemos es que esos fondos volvieron. Y nos pareció bien porque suponíamos que iban a ser parte de su distribución dentro del sistema jubilatorio. Lo que vemos, en cambio, es que hay comportamientos que reiteran los viejos vicios de todos los gobiernos que acudieron a esos fondos para financiar otras cuestiones (más o menos altruistas) del Estado.

—¿Cuántos jubilados reciben el mínimo?
—Más de cuatro millones de jubilados ganan 1.680 pesos. Nadie puede suponer que con eso se puede vivir. Por lo cual, las explicaciones de Cavallo, Menem, De la Rúa… bueno, pero lo cierto es que hoy esa persona está condenada a la pobreza.

—¿Es correcta la información de que este 2012 quedaremos $ 18.568 millones por debajo del monto necesario para cumplir con jubilaciones y pensiones?
—Esto es lo que se estima e, insisto, sin saber todavía cuánto nos van a costar los juicios. Le explico, el tema es así: en 2007, previo a la reestatización de los fondos que se hizo en 2008, el Poder Ejecutivo dicta un decreto (el Nº 897) que, en su artículo 6, dice que se crea un Fondo de Garantía o Sustentabilidad para cuando el sistema tenga algún problema coyuntural, por ejemplo, de baja recaudación.

—¿Era una reserva?
—Sí. Y esa reserva tenía que ser equivalente a la erogación anual. Es decir, a lo que el sistema paga en beneficios, jubilaciones y pensiones durante todo un año. En 2008 se dicta entonces la Ley 26.425, que es la que crea el sistema integrado de previsión argentino: el SIPA. Este sistema deroga el articulo 6º del Decreto 897 del año anterior, que ponía un tope al Fondo de Garantía equivalente a la erogación anual del sistema, y crea entonces ahora un “sistema de reparto asistido con capitalización de reservas”. Esto quiere decir que el dinero que iba a entrar al sistema se repartiría entre aquéllos que tuvieran el derecho de recibirlo dentro de ese mismo esquema. Es decir, los jubilados que existían hasta ese momento y los que luego accederían en el futuro a la jubilación. Ahí se perdió el tema del tope en términos de acumulación. Y esto es fundamental porque, si uno no sabe cuál es el tope, tampoco sabe cuál es el excedente.

—Disculpe mi ignorancia, doctor, pero ¿es cierto que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses estuvo dando préstamos a empresas a tasas inferiores a la inflación real? Por ejemplo, ¿se tomaron de allí los 600 millones para la provincia de Buenos Aires?
—Así es. Y, en ese sentido, no sabemos si se sacó de lo que era reserva para pagar beneficios o si se sacó del excedente. El Gobierno dice a través de un joven ministro: “Esto es de todos y es reaccionario plantear que es de algunos”, etc. En realidad, lo que se había hecho en 2006 (sacar el tope) genera esa indefinición para que la interpretación sea libre. En definitiva, esto significa habilitar “como se quiera” el uso del recurso. Fíjese que incluso lo dice la presidenta de la Nación cuando se le da este préstamo a la provincia de Buenos Aires. No sólo el préstamo de 600 millones, sino que, a su vez, se emitieron letras. Es decir, un préstamo en letras a la Provincia por casi 900 millones de pesos. Por lo menos así fue anunciado. La Presidenta dice: “Esta es plata de trabajadores para trabajadores”. Pero esto llama un poco la atención porque, si bien los trabajadores activos de la provincia de Buenos Aires necesitan cobrar su aguinaldo, también lo necesitan los trabajadores que dejaron la actividad y que son los jubilados. Yo me pregunto entonces, ¿cuándo van a decir: es plata de la renta financiera o es plata de la transferencia de capitales? ¿Es plata de afuera del sistema que viene al sistema? Si no, distribuimos pobreza entre los pobres. ¿Es decir que la famosa redistribución de la riqueza y demás es sólo un enunciado?

—¿Cómo se explica, doctor, que el crédito de 600 millones para la provincia de Buenos Aires se otorgó a una tasa del 16,4% anual contra una inflación prevista del 24%?
—Este es otro absurdo: propios y ajenos al Gobierno calculan la inflación en ese porcentaje del 24%, y en general los programas que hemos conocido (tanto en los préstamos como en el programa Procrear) hablan, en esos casos, de tasas del 2 al 14%. Entonces, en cualquier circunstancia, al estar por debajo de la inflación real, lo que estamos haciendo es licuar el capital del sistema. Además, no se prioriza lo que corresponde al propio jubilado, que es a quien se le está debiendo. Fíjese: hace diez años un 17% ganaba la mínima. Hoy, un 76% gana la mínima. Nos dicen que, por vía de moratoria, han ingresado más de dos millones de personas. Y esto está muy bien. Me parece una buena medida. Pero tiene que financiarla el Estado desde otro lado porque, si no, al que ingresó está financiándolo el jubilado que ya estaba en el sistema. Algunas provincias, Córdoba por ejemplo, hablan de ir a la Corte Suprema, porque se le debe más de mil millones de pesos al Instituto.

—¿Cómo es eso?
—En 1993, cuando se privatiza el sistema, algunas provincias dicen: “Yo no cedo mi Instituto Provisional. Me quedo con él”. Estas provincias son, por ejemplo, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Santa Cruz y algunas otras. ¿Qué hace entonces Domingo Cavallo? “Para eso –les dice–, para quedarse con su Instituto de Previsión, van a tener que ceder parte de la coparticipación. Y la Anses les va a reintegrar los déficits que tenga el Instituto Provincial”.

—¿Y eso ocurrió?
—Cavallo añadió un párrafo diciendo: “… siempre y cuando armonicen sus regímenes provinciales con el régimen nacional”. ¿Qué quiere decir esto de “armonicen”? También el actual gobierno toma esta palabra como propia… Esos Institutos provinciales tienen reconocido el 82% móvil a sus jubilados, y para “armonizar” con el sistema nacional tienen entonces que salir de su 82% y pagar el 40% o el 50%, que es lo que está ganando el jubilado a nivel nacional con respecto al que estaba en actividad. Es decir que tienen que hacer un “recorte” de jubilaciones. Y esto no lo quieren hacer. El Estado nacional (tomándose de la palabra “armonizar” empleada por Cavallo) decide: “Bueno, yo no les mando nada porque ustedes no ‘armonizan’ con el 40% o el 50% que están ganando los jubilados nacionales”. Y esta disputa, –termina diciendo el doctor Semino– degrada todo el sistema. Los Institutos Provinciales, sin el auxilio de la Anses, no pueden subsistir.

© Escrito por Magdalena Ruiz Guiñazú y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Abril de 2012.

La "Panza" y el "Sexo"... De Alguna Manera...

Los hombres con panza tienen más dificultades sexuales...
  
Medirse. La vida contemporánea lleva a un sedentarismo que trastoca numerosos aspectos físicos.

Estudio del Hospital Presbiteriano de Nueva York. Científicos creen que a los varones que aumentan la grasa abdominal presentan problemas de erección y eyaculación precoz.

Los médicos no se cansan de mencionar la cantidad de beneficios que conlleva contar con una buena línea física, así como su contrapartida: no se cansan de sumar perjuicios y perjuicios de la grasa acumulada. Que los riesgos cardíacos, que los problemas metabólicos, que las dificultades para la autoestima... Ahora un estudio del Hospital Presbiteriano de Nueva York –publicado en el British Journal of Urology International– mostró que estar excedido en grasa abdominal complica la vida de relación y también las relaciones sexuales y hasta la cantidad de veces que los hombres van al baño.

Los que tenían más grasa abdominal, en los 409 estudiados por los científicos, iban al baño más de ocho veces por día; la mitad tenían incluso que levantarse dos veces a la noche a orinar.

Pero eso no sería nada: lo peor es que los investigadores encontraron que el 74,5% con más grasa admitió problemas de erección y 65% sufre de eyaculación precoz; 50% de los de una cantidad mediana de grasa tenían los mismos problemas de erección y 40% de eyaculación, que bajaban a 32% y 21%, respectivamente, en los de menos grasa.

Casos. Pasa en las mejores familias. Marcela y Maxi González llevan más de diez años en pareja. Maxi era flaco y hasta atlético, pero empezó a trabajar en sistemas y, se sabe, la actividad sedentaria de varias horas frente a las computadoras engorda, sobre todo si no se le agrega alguna actividad física intensa diaria. Llegó a 160 kilos; luego bajó a 130 pero el sexo entre ellos ya no era el mismo. “Casi siempre no pasábamos de las caricias”, recuerda Marcela.

Y para ellos la penetración sólo admitía una pose: ella arriba. Sea porque bajó la atracción, o la autoestima de él, o de ambos como pareja, o por cuestiones meramente físicas como la que señala el Hospital Presbiteriano, el punto es que él tenía problemas de erección. Desde entonces, la pareja está en crisis y suman vaivenes.

Similar en sus causas y consecuencias es el problema que enfrentan Elizabeth y Luis Gobelli, aunque su caso no es tan extremos. Luis era muy flaco, pero luego se casarse comenzó a engordar. Cinco años después, estos días, pesa más que antes, es una máquina de transpirar, tiene molestias al orinar y lo hace con más frecuencia que antes. Según contó, las relaciones sexuales son más cortas, ya que se cansa y –cuando logra la erección– acelera la finalización del acto para no sufrir inconvenientes musculares. Sabe que todo el asunto nace de su exceso de peso; piensa ir al médico y hacerse cargo del problema, pero aún no lo hace, no logra hacerse cargo del todo de la situación y enfrentar la enfermedad de la obesidad.

Mientras se suman casos y datos contra la epidemia de obesidad, por otro lado el mercado y la condición laboral moderna de sillas y computadoras no hace sino aumentar los kilos de grasa acumulada.

Finaliza Steven A. Kaplan, urólogo norteamericano: “Tenemos que pensar el cuerpo de un modo completo. Lo que comemos puede tener consecuencias devastadoras más allá del esfuerzo al que está sometido el corazón. Los asuntos de calidad de vida, como la sexualidad y la salud, pueden ser afectados de maneras profundas”.

© Escrito por Martín De Ambrosio / G.N. y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Agosto de 2012.


Hasta Siempre Chavela... De Alguna Manera...

Falleció Chavela Vargas…


'Silencio, silencio: a partir de hoy las amarguras volverán a ser amargas... se ha ido la gran dama Chavela Vargas', se lee en su Twitter.

La cantante Chavela Vargas falleció este domingo luego de días de estar internada en un hospital de Cuernavaca, Morelos, por problemas renales y cardiorespiratorios.

En su cuenta de Twitter se lee: "SILENCIO, SILENCIO: A PARTIR DE HOY LAS AMARGURAS VOLVERÁN A SER AMARGAS... SE HA IDO LA GRAN DAMA CHAVELA VARGAS".

La cantante murió a la edad de 93 años de edad, a consecuencia de una falla orgánica múltiple, derivado de problemas respiratorios.

La intérprete de canciones de corte ranchero como la "Llorona" y "En el último trago" fue internada desde hace siete días en el Hospital Inovamed, donde permaneció con un diagnóstico de "paciente grave" y con el pronóstico clínico reservado.

La cantante de origen costarricense, una de las voces más reconocidas de la música popular, que gracias a ello ha recibido diversos reconocimientos a lo largo de su carrera, fue internada dos días después de haber llegado a México, procedente de Madrid, España, donde presentó su disco "La Luna grande".

En su cuenta enTwitter agrega: "Aquí termina mi historia que comenzó de la nada, dame la mano #LLORONA, que vengo muy lastimada".


Los Macorinos, dos guitarristas muy queridos de la señora Vargas fueron los últimos en visitarla, la señora les sonrió y a ellos les invadió una infinita tristeza.

"Nosotros fuimos músicos de ella en sus espectáculos, sí la pudimos ver aunque ya no era la hora de visitas, pero ella fue quien lo autorizó", señala Juan Carlos Allende, quien vino junto con su comparsa Miguel Peña Tovar.

"Sólo pudimos hablarle en voz baja; pero ella movía sus ojos hacia un lado para decir que sí y hacia el otro para decir que no, sé que sabía que estábamos con ella porque le tocábamos distintas partes de su cuerpo y aún sentía", comenta Miguel Peña.

A las 13:10 salió su biógrafa María Cortina acompañada con su hija y llorando tranquila les comunicó a los medios la terrible noticia. "Chavela se fue con Dios un poquito antes de la una de la tarde, sufrió un paro respiratorio que cegó su existencia".


La señora Cortina siempre se mantuvo al pie del cañón junto con la cantante, porque más que una amiga fue como su hermana.

"Es una gran pena, todos la vamos a extrañar, solamente me quedé con su collar de chamán y por eso lo traigo puesto, pero no me lo quedaré ya que ella se lo llevará a su última morada", puntualizó.

© Publicado por el Diario El Universal de la Ciudad de México el domingo 5 de Agosto de 2012.

Las fotos:

Isabel Vargas Lizano, mejor conocida como Chavela Vargas, nació en 1919 en Costa Rica. Fue bautizada como María Isabel Anita Carmen de Jesús. Archivo: El Universal

En 1936. Chavela se trasladó a México y solía cantar en las calles. Archivo: El Universal

"Cuando tenga la ocurrencia de morirme, por supuesto que será como mexicana". Archivo: El Universal

Sobre su jorongo "Es como la casulla para el sacerdote, con ella celebro mi ritual en el escenario. Me siento como en un rito maya o azteca. Con el jorongo te abrigan cuando naces, cuando enfermas y cuando mueres". Archivo: El Universal

En los años 40 y 50. De la mano de José Alfredo Jiménez se convierte en cantante profesional. También en esta época convive con personajes como Frida Kahlo, Diego Rivera y Agustín Lara. Archivo: El Universal

En el Festival Internacional Cervantino, en Guanajuato, en 2003. Archivo:El Universal

En 2004, Costa Rica le brindó un reconocimiento Archivo: El Universal

En Babel, de Alejandro González Iñárritu, interpreta la canción "Tú me acostumbraste". Archivo: El Universal

En el cine Pedro Almodóvar la utilizó en el soundtrack de Kika ("Luz de luna"); en 1995 en La flor de mi secreto ("En el último trago") y en 1997 en Carne trémula ("Somos"). Archivo: El Universal

En 2012, en la presentación de su último disco, junto a Eugenia León. Archivo: El Universal

En 2004, con la cantante y actriz española. María Dolores Padrera Archivo: El Universal