sábado, 24 de agosto de 2019

Carta abierta a Luis Brandoni... @dealgunamanera...

Carta abierta a Luis Brandoni...


"Le hablo a usted, Luis Brandoni. Hace ya tiempo que quería decirle algunas cosas. No lo tuteo porque no me conoce, aunque yo sí a usted; bueno, quién no conoce a Luis Brandoni en la Argentina. ¿Ve?, en esto me lleva ventaja, porque mis palabras son las de un ciudadano anónimo, lo que hace que a veces lo que uno dice se transforme en una muda súplica. Pero las suyas son palabras precedidas por la fama de un actor que tiene tantas películas memorables en su haber. Es por eso que creo que hay una responsabilidad especialísima en usted.


De todas las películas que interpretó, hoy quiero recordar una: “La Patagonia Rebelde”. ¿Se acuerda? Seguro que sí, Luis. Se lo abrevio al lector: es una historia real ocurrida en el sur argentino a principios del siglo XX, cuando los trabajadores laneros pedían mejores condiciones y salarios dignos, y el gobierno radical, en defensa de los intereses de los dueños de las estancias, dio la orden al ejército para que terminara con esas protestas. Usted que es tan memorioso, ¿se acuerda cómo termina esa represión, Luis? El teniente coronel Héctor Benigno Varela, cumpliendo con la orden de “normalizar” la situación, terminó fusilando a casi 1.500 trabajadores y deportando a otros cientos hacia Chile y España. En esa película, usted, Brandoni, interpretaba al gallego Soto, Antonio Soto, un español escapado de la miseria de su país, que al momento de las huelgas se desempeñaba como secretario general de la Sociedad Obrera de Río Gallegos. 

Video: TV Canal 10 Córdoba.

¡Qué tiempos esos; los del gallego Antonio Soto y los suyos, Luis, cuando interpretó a ese luchador que enfrentó con dignidad la explotación miserable y el maltrato de los terratenientes!

Pero hagamos más memoria. ¿Sabe de los apellidos de esa oligarquía estanciera que relata la película? Recordemos algunos: Adolfo Bullrich, vendedor de todo lo que la campaña de Roca le quitó a los pueblos originarios y dueño de la mansión que hoy es el Patio Bullrich. Es el tatarabuelo del ex ministro de Educación y actual senador macrista Esteban José Bullrich Zorraquín Ocampo Alvear, tal su apellido popular. Y familiar directo de la Patricia, la ministra de Seguridad de la Nación, la tía segunda de Esteban, descendiente de Honorio Pueyrredón, ministro de Agricultura y posteriormente ministro de Relaciones Exteriores del presidente Hipólito Yrigoyen, cuando ocurrió la represión en la Patagonia. Estaban también los Braun, los Peña Braun, los familiares directos del “patriota” (según Carrió) Marquitos Peña, el jefe de Gabinete del Gran Bonete Mauricio. Ah, casi me olvidaba de Pinedo, el apellido que selló el tratado Roca-Runciman, el que entregó a los ingleses el comercio de las carnes, los frigoríficos y tantas cosas que hacían a la soberanía de la Nación. Aquel es el familiar directísimo del calmo don Federico del PRO, el que fue presidente por unas horas. ¡Qué apellidos! Y no por apellidos sino porque cada una de esas familias han transcurrido el siglo XX y ahora el XXI preñados del mismo dogma de clase.

Pero volvamos al presente. Déjeme ahora recordarle al lector, también a usted y a mí, las palabras que por estos días les dirigió a los militantes y argentinos macristas, en un video que grabó en Madrid, adonde aclara que estaba “cumpliendo un compromiso asumido hace muchos meses”. Allí, con una bien actuada voz, tan cercana al tono de homilía dominical de un cura párroco, dijo lo siguiente: “Acá estamos, en España… ¡preocupado… pero no derrotado! Al contrario, queda mucho por hacer, todavía. Por lo pronto, el sábado, el sábado 24, salgamos a las calles y las plazas de todo el país para mostrar y mostrarnos que somos muchos, muchos más los que queremos un país republicano, democrático y decente. Y prepararnos para la de ‘en de veras’, la del 27 de octubre, con fiscales en todas las mesas, convencidos y seguros. Perdimos la República muchas veces… otra vez no”. Y finaliza sollozando: “Abrazos y viva la patria… eh”.

¿Qué es lo que lo que tanto le preocupa, Luis? ¿Qué insinúa con ese tono mendicante, de hablar bajito, cuando balbucea: “Queremos un país republicano, democrático y decente... con fiscales en todas las mesas, convencidos y seguros”? ¿A qué argentinos está alertando cuando clama bajito: “Perdimos la República muchas veces… otra vez no”?

Su soberbia indigna, pero más su falta de sentido democrático y republicano, el que reclama para sí y para los suyos como patrimonio, dejándome a mí y a millones afuera. Por eso quiero contarle sucintamente quién soy yo, aún a sabiendas de que quizás usted nunca se entere de mis palabras.

Me llamo Marcos Doño; soy periodista y escritor. Como la mayoría de los millones de argentinos, soy un ciudadano común con una historia particular llena de momentos felices y también trágicos. Me crié en una familia de clase media; mis abuelos paternos eran inmigrantes venidos de Turquía y los maternos de Ucrania, escapando a las persecuciones y los pogroms antisemitas. Fueron luchadores incansables, como lo eran todos los inmigrantes llegados a principios y mediados del siglo XX. Mis abuelos paternos trabajaron en la ciudad de Buenos Aires, en Córdoba, en San Isidro y en el partido de Tigre, donde nació mi padre, un genio natural, músico de jazz y luego un pequeño industrial, un trabajador incansable que se vio obligado a salir al ruedo de la vida desde muy temprano, a los ocho años, trabajando de canillita. Los maternos se asentaron en una colonia de un campo de Entre Ríos, donde junto a otros fundaron una cooperativa agrícola. Eran esos gauchos judíos que cuenta la novela homónima de Gerchunof. Y eran socialistas; socialistas de Palacios y de Repetto, como me decía siempre mi zeide (abuelo). Y hablando de ese patriotismo republicano que usted declama como un puñal que se clava en contra de los otros argentinos, los que usted denuesta con cada sílaba, hay un hecho que quiero destacar: mis abuelos tenían la costumbre de colgar la bandera argentina del balcón en cada fecha patria. Y una de esas banderas me fue dada en herencia como un tesoro invalorable. Así crecí, como tantos millones de argentinos, envuelto en esta identidad, educado en la escuela pública, aprendiendo día a día el sentido fundamental del trabajo y la honestidad como los valores esenciales para una vida digna. La ironía maldita quiso, sin embargo, que un día, mejor dicho una noche eterna, cuando estaba secuestrado y torturado, uno de mis verdugos me dijera: “Que seas zurdo vaya y pase… pero donde la cagaste es en que sos judío… vos no sos argentino”. Pero resulta que yo estaba allí, estaqueado en esa cama de metal, desaparecido para el mundo, por ser un joven apasionado que se había decidido a luchar por la Patria, por la República y por la Democracia que usted y los suyos dicen defender y yo no, señor Luis Brandoni.

La República perdida, esa que tanto le asusta, se vuelva a perder con el peronismo, fue secuestrada durante la larga noche que dio inicio el 24 de marzo de 1976 con el golpe de Estado. ¿Recuerda usted, Brandoni, los apellidos de esos cruzados de la muerte que asolaron la Argentina durante los años de la dictadura videlista? Busque y se va a encontrar con la sorpresa de que son las mismas familias, los mismos apellidos que vienen de lejos en el tiempo haciendo las mismas iniquidades desde que decidieron que la Argentina sería por siempre su propiedad privada. Son los mismos apellidos que aborrecían a San Martín y Belgrano y su política de construir una América grande, respetando a sus pueblos originarios en su cultura y en el derecho a la propiedad de sus tierras y sus bienes. A José de San Martín lo odiaban como hoy se odia a otras y a otros. Por eso el Libertador debió irse y morir en Francia, porque no quiso participar de la desunión nacional que promovía el odio a una clase. Y porque su asesinato estaba resuelto. Bien, la mayoría de estos apellidos los va encontrar también reunidos en la Sociedad Rural Argentina. Son los mismos que no tuvieron empacho en insultar y silbar a Raúl Alfonsín, su amado Alfonsín, quien fue claro cuando dijo que Macri era el límite para un radical, en un acto antidemocrático en contra de todo lo que representaba su política distributiva. Usted lo sabe, don Luis, esos gritones ganaderos no eran peronistas.

No, Luis. La vida y la historia no son blanco y negro. Y como en las mejores familias, en los partidos hay de todo; un Alfonsín y un Sanz, un Moreau y un Negri, un Néstor y un López Rega, como el que lo persiguió a usted. Y también a mí, don Brandoni. Y también a tantos peronistas asesinados por esa banda de ultraderecha, las Tres A, que usted siempre pone en punta de lengua cuando quiere tipificar al peronismo de antidemocrático y antirrepublicano. Eso se llama maniqueísmo, Brandoni. Porque usted sabe, o debería saber, que el “brujo” López Rega era de la misma estirpe ideológica que Rivarena Carlés, aquel allegado al radicalismo que casi un siglo atrás comandó la Liga Patriótica durante la Semana Trágica.

No hay ángeles ni demonios, como usted quiere don Luis Brandoni. Sólo hay seres humanos. Por eso la historia es así, sinuosa, como los amores y los odios. Pero si se trata de robo, de saqueo masivo, de robar la República, debería coincidir conmigo en que son ellos, don Luis, los que verdaderamente se robaron la República, una y otra vez. Y mire usted, son los apellidos que hoy defiende con tanto ahínco como la garantía de la democracia y el republicanismo. Tampoco ignora usted, Brandoni, quiénes llenaron las cárceles de la dictadura de los Pinedo, los Bullrich, los Ortiz Ocampo, los Alvear. En su mayoría eran peronistas. ¿Entonces?

Y conste que por esos días yo no sólo no era peronista sino que muchas veces me había comportado como un gorila profesional. Pero eso sí, mi gorilismo jamás rozó el odio, como el que usted transpira. ¿Cómo podría odiar sabiendo que allí anidaba el clamor de la mayoría del pueblo argentino trabajador? Lo mío era un antiperonismo como el de Julio Cortázar o el del Che Guevara. Era más bien un arraigo cultural, una costra de prejuicio nacida de la mirada general de una clase media que odiaba al general, y también de cierta ortodoxia marxista que cabalgaba en mis venas y que me impedía acceder, como lo haría años después, y como finalmente lo hicieron Cortázar, el Che y tantos, a la comprensión de un movimiento popular que para otros millones nunca dejaría de ser la encarnación de todos los males de la Argentina. Reconozco que en mí siempre había anidado una llama que más de una vez me hacía repensar mi posición.

Esa llama la había encendido mi madre, quien desde lo puramente sentimental se había sentido cerca de ese pueblo peronista al que el odio de clase no esperó para etiquetar como el “aluvión zoológico”, desde ese primer 17 de octubre, cuando las masas obreras llegaron y se concentraron en la Plaza de Mayo.

Seguro que usted, Brandoni, como tantos otros millones de argentinos, están convencidos al día de hoy quienes comenzaron con la grieta. Pero no busque tan cerca porque no fue ni Cristina, ni Néstor, ni Perón, ni en alguna grieta lejana en el tiempo, que de tanto en tanto se abre. Esta última, la que divide a peronistas de gorilas, no la va a encontrar en los cuentos y diatribas de Jorge Lanata, Majul, Leuco y usted mismo. ¡No! Al menos tenga valentía intelectual de buscarla en el odio de clase que bautizó a la clase trabajadora de “aluvión zoológico”, cuando la alegría de sentirse dignificados y visibles los llevó a marchar y concentrarse por primera vez en la historia en la Plaza de Mayo, ese 17 de octubre de 1945. Ahí la va encontrar, en el odio explícito y explicitado de una clase social en contra de otra. Hoy, el aluvión tiene otros nombres para ese odio de clase. Se llama “grasa militante”, “choripaneros”, “planeros”, “camporistas”, “vamo' a volver”.

Por todo esto, por sus dudas y por las dudas que peligrosamente usted está tratando de inyectarle a la población, don Brandoni, quiero decirle lo siguiente: Yo soy un ciudadano común que sufrió la cárcel de la dictadura por espacio de casi dos años. Yo viví la muerte, la tortura y las vejaciones más indecentes en carne propia y las sufridas por mujeres y hombres que lucharon por recuperar la República perdida, la República de todos.

Yo soy un ciudadano que se alegró como millones de argentinos cuando la democracia volvió de la mano de Alfonsín como presidente. Un Alfonsín que fue votado por propios y por peronistas. Un Alfonsín que poco tiempo después, cuando su gobierno estuvo acorralado por los militares golpistas carapintadas, se sostuvo en el poder por el apoyo y la lucha de todos los argentinos que salimos a defender la democracia y la República.

Yo soy un hombre común, Brandoni. Soy un hombre decente y republicano que a pesar de haber sufrido el exilio y escarnio, y de haber estado tantas veces cerca de la muerte junto a mi esposa, pude formar una familia maravillosa con tres hijos y nietos que somos parte de la construcción de esta Nación que usted cree es honesta sólo si se la piensa como usted. Por eso yo no voy a permitirle que desde el odio y el resentimiento más profundos, únicas guías de su lengua, me acuse a mí y acuse a millones de argentinos de ser parte de una especie de conspiración que quiere destruir la República.

Le pido que repase en su memoria los apellidos que hoy gobiernan este país y que usted hoy defiende con tanta pasión, alimentado por su memoria cada día más selectiva, tan selectiva como lo es una clase dominante en detrimento de la clase dominada. Son ellos, Brandoni. Allí va a encontrar los apellidos que se robaron la República y la Democracia con toda la indecencia que se pueda uno imaginar.

Y concluyo: no lo odio Brandoni como sí usted me odia a mí. Lo que sí puedo afirmar y decir con razón es que le he perdido todo respeto".


© Escrito por Marcos Doño el Sábado 24/08/2019.




martes, 20 de agosto de 2019

Patronato de Paraná 2 vs. Huracán 1... @dealgunamanera...


El Globo cayó ante Patronato en Paraná…


El conjunto de Parque Patricios perdió ante el Patrón por 2 a 1 en el partido correspondiente a la tercera fecha de la Superliga Argentina 2019-2020. Gabriel Ávalos y Hugo Silveira convirtieron los tantos del local, mientras que Norberto Briasco metió el descuento para la Quema.

Publicado el domingo 18/08/2019 por el Departamento de Prensa del Club Atlético Huracán de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El equipo que conduce Juan Pablo Vojvoda realizó esta mañana su tercera presentación en la Superliga Argentina de Fútbol 2019-2020. Los quemeros enfrentaron al Club Patronato de Paraná, que venía de caer como local frente a Boca Juniors.

Los dirigidos por Mario Sciaqua se adelantaron rápidamente en el marcador. A los 2, Gabriel Ávalos ganó de cabeza después de un córner y puso el 1 a 0 para los rojinegros. El Globo no tuvo grandes chances en la etapa inicial. La de mayor peligro llegó tras un centro de Rodrigo Gómez y un desvío de Juan Fernando Garro, que se fue por arriba del travesaño.

El Patrón estuvo a nada de hacer el segundo con Hugo Silveira, que superó a Antony Silva y definió por encima de la valla quemera. En el segundo tiempo, Huracán estuvo cerca de marcar mediante un zurdazo de Walter Pérez, el cual salió por al lado del palo. A los 15, el uruguayo Silveira cabeceó un centro de la derecha y metió el 2 a 0.

Tras el segundo gol, Patronato contó con varias oportunidades para incrementar el resultado. Gabriel Compagnucci pateó de media distancia y el balón se fue pegado al palo. Posteriormente, Antony Silva le tapó un tiro dentro del área a Federico Mancinelli y, en el rebote, Saúl Salcedo bloqueó a Cristian Tarragona. A su vez, Silveira quedó cara a cara con el portero paraguayo, que intervino de enorme manera.

A los 31, el ingresado Norberto Briasco paró la pelota con el pecho y remató de derecha para poner el 2 a 1. Sobre el final, la institución de Parque Patricios pudo llegar a la igualdad con un tiro libre de Andrés Chávez y una tijera del paraguayo Salcedo, pero ambas ejecuciones fueron a las manos de Matías Ibáñez.

Sin tiempo para más, Huracán perdió 2 a 1 ante Patronato como visitante. Los quemeros volverán a jugar el lunes 26 de agosto cuando reciban a Argentinos Juniors en el Palacio Tomás Adolfo Ducó.

Síntesis:

Patronato (Paraná): 2

Matías Ibáñez; Christian Chimino, Federico Mancinelli, Matías Escudero y Mathías Abero; Gabriel Compagnucci, Julián Chicco, Damián Lemos, Santiago Rosales y Gabriel Ávalos; y Hugo Silveira. DT: Mario Sciacqua.

Huracán: 1

Antony Silva; Gonzalo Bettini, Saúl Salcedo, Mariano Bareiro y Walter Pérez; Lorenzo Faravelli, Adrián Calello y Rodrigo Gómez; Juan Garro, Andrés Chávez y Javier Mendoza. DT: Juan Pablo Vojvoda.

Gol en el primer tiempo: 2m. Gabriel Ávalos (PAT).

Goles en el segundo tiempo: 14m. Hugo Silveira (PAT); 30m. Norberto Briasco (HUR).

Cambios en el segundo tiempo, al comenzar, Cristian Tarragona por Rosales (PAT); 15m. Juan Vieyra por Faravelli (HUR); 24m. Norberto Briasco por Garro (HUR); 29m. Fernando Coniglio por Mendoza (HUR); 33m. Lucas Mancinelli por Silveira (PAT) y 42m. Lautaro Comas por Ávalos (PAT).

Amonestados: Lemos, Salcedo, Tarragona, Abero.

Árbitro: Germán Delfino.

Estadio: Patronato.

  
Video YouTube Superliga Argentina


lunes, 19 de agosto de 2019

Implosión oficial… @dealgunamanera...

Implosión oficial…

Mauricio Macri. Dibujo: Pablo Temes.

Desbande en Gobierno. Solo un error grave puede quitarle el triunfo a Alberto Fernández.

© Escrito por Nelson Castro el domingo 18 de Agosto de 2019 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Desde el domingo por la noche, cuando los resultados de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias dejaron boquiabiertos a todos –oficialistas, opositores, candidatos, militantes, ciudadanos independientes, votantes en blanco, indiferentes, encuestadores y periodistas– comenzó una transición virtual nunca vista en nuestra historia política reciente.

La evidencia fáctica de esa transición se produjo el jueves por la mañana cuando, no bien abrieron los mercados, el valor del dólar y el riesgo país comenzaron a retroceder, trayendo calma luego de  tres días de desasosiego. Esa calma fue producto de dos hechos: el primero, la conversación telefónica que mantuvieron Mauricio Macri y Alberto Fernández; el segundo, la afirmación de Fernández, durante el reportaje con Marcelo Longobardi, de que el dólar a 60 pesos representaba un precio de equilibrio.

Resultados. Guste o no, tenemos hoy un presidente real –Macri– y otro virtual –Fernández–. Esta malhadada circunstancia lleva a una primera conclusión: las PASO deben ser derogadas sin dilación. Hasta antes de conocerse los resultados del domingo, había ya sobrados motivos para pensar en la necesidad de considerar esta alternativa por la ausencia de competencia interna. Desde ahora existe una razón más: el efecto potencialmente negativo que puede tener sobre la gobernabilidad cuando se dan resultados como los del último fin de semana.

Por eso, Macri deberá priorizar ahora su condición de Presidente por sobre la de candidato. Su objetivo es llegar al 10 de diciembre con una situación económica controlada y sin desmadres. Alberto Fernández, a su vez, deberá actuar con extrema prudencia. En los hechos, es un presidente virtualmente electo, por lo que, lo que diga y haga, va a tener efecto no solo en lo que resta de aquí al final del mandato del actual gobierno sino también de lo que vaya a suceder después. De no ocurrir un cisne negro, los mercados –de los cuales va a tener tanta necesidad como la que ha tenido la actual gestión– lo han consagrado ya como el futuro jefe de Estado.

Impera al interior de Cambiemos un ambiente de devastación. En la reunión del gabinete ampliado del jueves en el CCK hubo funcionarios muy enojados que se fueron antes de la finalización del acto. No querían escuchar a Macri. Ni qué hablar del enojo de María Eugenia Vidal con Marcos Peña y compañía, quienes le cerraron la puerta no solo al desdoblamiento de la elección provincial sino también a la posibilidad de un acuerdo con Sergio Massa, quien fue un aliado decisivo para aprobar leyes clave para su gestión como gobernadora.

Está decidido que Vidal, cuya derrota es abrumadora –la palabra que se usa en su círculo es “irremontable”– hará campaña desprendida del Presidente. La semana que viene se reunirá con los intendentes de Cambiemos para los que habrá un mensaje claro: “hagan lo que sea para ganar y, si eso significa esconder la boleta de Macri y/o de Vidal, no duden en hacerlo.” El objetivo es unívoco: retener territorio.

Lo mismo hará Horacio Rodríguez Larreta, quien también quedó golpeado por el tsunami anti-Macri. Los resultados adversos en la Villa –ahora Barrio 31– y en la zona de Villa Lugano, zonas que se destacan por sus proyectos de inclusión social con obras de urbanización y la construcciones de viviendas de calidad, hablan a las claras del impacto y la dimensión de la crisis socioeconómica

Servido. El Frente de Todos tiene todo por ganar. Si no comete errores, la victoria está al alcance de su mano. El resultado del domingo también repercutió en el equilibrio de las cuotas de poder a su interior. Por eso, Alberto Fernández tiene ahora un poder propio del que carecía hasta entonces. Fue él quien logró la incorporación de Massa y el apoyo de los gobernadores peronistas, quienes no querían saber nada con Cristina Fernández de Kirchner y que, durante meses, fogonearon la candidatura de Roberto Lavagna. Hay que recordar que los candidatos y precandidatos a gobernador que respondían a la ex presidenta perdieron en todas las elecciones en las que compitieron.

La cosecha en votos de AF fue determinante no solo para ganar las PASO sino también para alcanzar una cantidad y una diferencia tales que lo dejan ante la perspectiva de una victoria en primera vuelta, objetivo primordial del peronismo kirchnerista. Y aquí hay algo que hay que tener muy en cuenta: algunos gobernadores del peronismo que, ante la incertidumbre del resultado que reflejaban las encuestas, habían estado poco activos durante la campaña, jugarán ahora decididamente a favor de la fórmula Fernández-Fernández. Nadie querrá quedarse afuera de la posibilidad de subirse al carro del ganador. En ese marco, habrá que prestar atención a lo que haga Juan José Schiaretti, a quien sus dirigentes le están pidiendo que abandone su actitud de prescindencia y apoye a AF.

En ese universo, también le fue bien a Massa. “Para muchos votantes, Sergio es la garantía de equilibrio frente a Cristina. Alberto solo es una cosa. Alberto con Sergio, es otro frente a posibles embates del ala dura del kirchnerismo”, señala un intendente bonaerense del massismo.

Números. El principal problema que tiene ahora Cambiemos es la economía. Nicolás Dujovne es uno de los grandes perdedores en la interna. De hecho, las últimas medidas económicas las comunicó el ministro de la Producción, Dante Sica. Dujovne se quiere ir –inclusive del país–, pero Macri no lo deja.

La mezcla de soberbia y endogamia que imperó en los dos últimos años del Gobierno, les impidió a muchos –empezando por el Presidente– leer la crudeza de una realidad económica dificilísima para mucha gente y, especialmente, para la clase media que, carente de medidas de ayuda social, ha sufrido un impresionante deterioro en su calidad de vida. Cuando la gente no tiene para comer, temas como la corrupción, la República, y hasta las obras de infraestructura pasan a un segundo plano.

Macri dejará su gobierno con tres devaluaciones, un índice de inflación récord, caída sostenida de la actividad económica, aumento del desempleo y de la pobreza. ¿Alguien pensó seriamente que, con esos índices, se podía ganar la elección?

Producción periodística: Lucía Di Carlo





lunes, 12 de agosto de 2019

Era la economía, estúpido… @dealgunamanera...

Era la economía, estúpido…

Marcos Peña y Mauricio Macri

Las lecciones que el núcleo duro PRO no supo ni quiso aprender durante el mandato.

© Escrito por Silvio Santamarina el lunes 12/08/2019 y publicado por la Revista Noticia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Aquella frase -“the economy, stupid”-, que acuñó el estratega de campaña de Bill Clinton para ganarle a Bush padre aprovechando los golpes que la recesión le daba a la imagen del presidente republicano, se incorporó a la sabiduría política argentina como pocas. Sin embargo, una lección tan obvia como aquella fue soslayada sistemáticamente por los gurúes electorales del macrismo, desde que empezó a picar la alergia de la inflación recesiva, por motivos que vale la pena repasar.

Uno de ellos es estrictamente de doctrina económica: aunque el Gobierno cambió de funcionarios ante cada crisis financiera que le tocó enfrentar, nunca tuvo la vocación o la ductilidad como para al menos considerar un Plan B. Su teoría y su acción se limitaron a prometer y a esperar la llegada de los “brotes verdes”. Incluso en la conferencia de prensa del Presidente tras la paliza de las PASO, su postura se mantuvo inamovible, acrítica, con la mirada puesta en la demorada “lluvia de inversiones”.


Otro motivo por el que el macrismo olvidó la famosa máxima que el gurú James Carville le bajó a los militantes clintonianos en 1992 es la soberbia tecnocrática del núcleo duro PRO. Las planillas Excel, el proselitismo microsegmentado, la militancia de trolls y bots en redes sociales, la alquimia del Big Data… todo ese humo se desvaneció en el aire de la noche del 11 de agosto, empañando la mirada de un Macri tan sorprendido por el contraste entre las encuestas previas y el escrutinio como cualquier ciudadano superficialmente informado por el noticiero de la hora de cenar. Esa soberbia, a la que hizo referencia la siempre apocalíptica Elisa Carrió sobre el escenario de la derrota, tiene nombre y apellido: Peña y Durán Barba.

Pero de nada sirve –salvo para la mesa chica de la derrota- identificar a los más y los menos responsables de esta catástrofe estratégica. Casi desde el comienzo del mandato, en la opinión pública –incluso la más amigable con el macrismo- se advirtió el riesgo que implicaba la estrategia de polarizar obsesivamente con la figura de Cristina Kirchner, como escudo permanente contra todos los tropiezos económicos en los que incurría el Gobierno.

La grieta funcionaba, es cierto, pero con el mismo potencial explosivo de las Lebacs, las Leliqs y demás artilugios de contención financiera. Tarde o temprano, el monstruo recreado diariamente por el relato PRO resurgiría de sus cenizas para cobrarse venganza. El momento parece haber llegado, con la patética sorpresa de las muertes anunciadas.


Para decirlo en un lenguaje que volverá rápidamente a ponerse de moda en la intelectualidad del futuro oficialismo K: la mirada clasista le impidió ver al macrismo lo evidente. Sin economía, la política no es nada, especialmente en la Argentina de hoy. Y la economía no es solo la voz de los mercados, sino también su otra cara: el barro profundo, la heladera vacía y la persiana baja. Eso que el peronismo todavía sigue percibiendo –y manipulando- con picardía. Aquella lección es la que no terminó de aprender el ala tecno del PRO, desoyendo incluso las advertencias desesperadas de su ala política. Era la economía, estúpido.




domingo, 11 de agosto de 2019

Gane quien Gane… Un país dividido… @dealgunamanera...

Gane quien Gane… Un país dividido…

Electores. Dibujo: Pablo Temes

El escenario de la votación 2019 tiene dudas electorales y certezas sociopolíticas.

© Escrito por Nelson Castro el domingo 11/08/2019 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



Hoy hablarán las urnas. Y eso es lo muy bueno que tiene la democracia. Por eso es importante subrayar la importancia del voto.

Es un derecho que la ciudadanía debe cuidar. Lamentablemente, muchas de las conductas de la dirigencia política en general contribuyen poco –o nada– a estimular la participación del ciudadano.

Veamos algunas razones que explican este fenómeno:

* La primera observación contundente que surge de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias en las que se va a votar hoy es que han quedado absolutamente desvirtuadas. Es que a nivel de las fórmulas que compiten por la presidencia de la Nación no hay ninguna disputa interna. Por lo tanto, así como están, las PASO carecen de sentido, ya que han quedado transformadas en una encuesta cara, que es engorrosa e inentendible para una parte importante de la ciudadanía.

* La segunda observación es que este proceso electoral ha sido una oportunidad perdida para la construcción de una fuerza poderosa que representara la bisectriz de la cual tienen una necesidad impostergable la política y la sociedad argentina a fin de neutralizar y superar el estado de profunda división que las atraviesa dese hace un tiempo demasiado largo.

* La tercera observación es que, como consecuencia de la ausencia de esa tercera alternativa poderosa, la polarización electoral se acentuó y, con ella, la división política se ahondó. Esa división profunda genera una situación antinómica. La antinomia es la antítesis de la democracia porque se opone a un concepto que le es esencial: la pluralidad. En la antinomia, el otro es el enemigo; en la democracia, no. En la antinomia se experimenta una situación de exclusión: es el uno contra el otro; es él o yo. En la democracia se vive en un ambiente de inclusión: es el uno con el otro; es el uno y el otro.

* La cuarta observación es la absoluta ausencia que hubo de un debate de ideas y propuestas constructivas, razonables y razonadas, discutidas y analizadas con firmeza y respeto.

* La quinta observación es la apelación que se hizo del miedo al otro y su presencia efectiva en la motivación de muchos de los ciudadanos y ciudadanas que hoy van a ir a sufragar. Por ello, hay un predominio muy marcado de un voto anti: hoy, muchos no van a ir a las urnas motivados por una convicción real en la capacidad y voluntad de aquel a quien elegirán sino con el objetivo de impedir que gane el otro.

* La sexta observación es que los principales candidatos hablaron durante toda la campaña de la necesidad de recuperar los niveles de convivencia y respeto entre las distintas agrupaciones políticas como condición sine qua non para hacer de la Argentina un país previsible, requisito fundamental para estimular las inversiones, sin las que jamás podrá salir del estado de postración que hoy padece. Sin embargo, en los hechos, lo que hicieron fue todo lo contrario.

* La séptima observación tiene que ver con la disociación entre las leyes y los hechos. La ley dice que durante las 48 horas anteriores al comienzo de los comicios la propaganda política debe cesar. Esto, que se respeta en los medios de comunicación, se viola flagrantemente en las redes sociales. Lo mismo vale para las encuestas, cuya difusión está prohibida desde los diez días anteriores a la fecha de la elección.

Sin embargo, las redes sociales están atestadas de encuestas que circulan abiertamente y que se han seguido realizando hasta el día de hoy.

Según la mayoría de esas encuestas, lo que hoy le espera al oficialismo es una derrota tanto a nivel nacional como a nivel de la provincia de Buenos Aires. El kirchnerismo aguarda una victoria en esos dos ámbitos.

La decisión de Macri de impedirle a Vidal desdoblar las elecciones  provinciales la privó de una victoria segura.

Algún día se sabrá la totalidad de esa historia, cuya trama conocen varios protagonistas que hasta el momento han callado.

Las incógnitas que se develarán hoy son varias: ¿Cuáles serán los porcentajes de votos que alcanzará la fórmula Macri-Pichetto y cuáles la de Fernández-Fernández?

¿Si gana Fernández-Fernández, superará el 41% y quedará a tiro de ganar en primera vuelta?

¿Cuál será el porcentaje de corte de boleta en la provincia de Buenos Aires?

El oficialismo aspira a llegar a la segunda vuelta. En esa instancia, sus chances crecen. Por eso el kirchnerismo necesita ganar en primera vuelta. Un resultado distinto –es decir, un triunfo del Gobierno– sería un verdadero batacazo. 

Eso es lo que mostró una encuesta que entusiasmó en las horas de la tarde del viernes a los mercados, que mostraron un repunte que sorprendió. En esta eventualidad, la incógnita es saber qué pasa si gana Macri y pierde Vidal. La gobernadora habría ganado con absoluta comodidad en la provincia de Buenos Aires si la elección se hubiese desdoblado.  

Por eso, el resultado de hoy tendrá un fuerte impacto en la economía. Y esto se verá a partir de mañana mismo. Si el Gobierno queda lejos de poder revertir un resultado adverso, la inestabilidad económica se acentuará y eso se reflejará en tres variables: el incremento del valor del dólar, la baja de la cotización de las acciones de las empresas que operan en la Bolsa y la suba del riesgo país.

Las consecuencias serán el recalentamiento de la inflación y la caída de la actividad económica. Esto lo sufrirá la gente, lo que dejará al Gobierno sin ninguna posibilidad de triunfo en la elección del 27 de octubre.

Por eso, el oficialismo necesita obtener un resultado que lo deje con chances de dar vuelta una elección que se presenta, prima facie, perdida.

El kirchnerismo necesita no solo ganar sino también hacerlo con una amplitud que lo acerque a la probabilidad de un triunfo en primera vuelta. La segunda vuelta se le haría muy difícil.

Algo sí se puede decir con certeza en esta hora de incertidumbre: quedará un país dividido. Dijo Churchill: “La democracia es saber darle, aunque sea por única vez, la razón al otro”.

Si quien finalmente gane la elección en octubre y/o en noviembre no lo tiene en cuenta, conducirá a su gobierno y al país a otro fracaso.

Producción periodística: Lucía Di Carlo.