lunes, 4 de febrero de 2019

Superliga Argentina. Racing Club 3 vs. Huracán 1... @dealgunamanera...


El Globo cayó ante Racing en Avellaneda…


Huracán perdió frente a la Academia por 3 a 1 en el cotejo correspondiente a la fecha 17 de la Superliga Argentina de Fútbol.

© Escrito por Nicolás Roncoroni el lunes 04/02/2019 y publicado por el Departamento de Prensa el Club Atlético Huracán de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fotografías: Daniel Méndez.

El Club Atlético Huracán enfrentó esta tarde-noche a Racing Club en el Estadio Presidente Perón. El Globo llegaba a este partido después de vencer a Rosario Central en el Palacio, mientras que el actual puntero de la Superliga Argentina venía de derrotar a Aldosivi en Mar del Plata.

Ninguno de los dos equipos tuvo un claro control del juego durante la primera etapa. Los locales fueron superiores en el comienzo, aunque no crearon chances concretas de gol. Los de Parque Patricios emparejaron el encuentro con el paso de los minutos y llegaron al arco rival con un remate de Lucas Barrios, que salió por al lado del palo.

A los 34, Alejandro Donatti ganó de cabeza dentro del área y la pelota pegó en el palo. En el rebote, Jonatan Cristaldo la desvió y puso el 1 a 0 para Racing. En el comienzo del segundo tiempo, Antony Silva le sacó un mano a mano a Pol Fernández. Después de pegarle en el cuerpo al arquero quemero, el balón quedó en los pies de Ricardo Centurión, que pateó por arriba del travesaño.

A los 2, Israel Damonte habilitó a Carlos Auzqui, quien quedó cara a cara contra Gabriel Arias y marcó de derecha el 1 a 1. Los dirigidos por Eduardo Coudet tuvieron dos situaciones para ponerse nuevamente por delante en el marcador con Centurión y Augusto Solari, pero las definiciones fueron defectuosas.

Los quemeros respondieron por medio de un centro de Lucas Gamba para Cristian Chimino, que no llegó a golpear la pelota de la mejor forma. A los 26, Néstor Pitana cobró un penal a favor de la Academia por una mano de Pablo Álvarez. Lisandro López tomó la responsabilidad y metió el 2 a 1.

A minutos del final, Antonio Mohamed buscó el empate con los ingresos de Juan Fernando Garro y Andrés Chávez. A los 42, el árbitro expulsó con doble amarilla a Carlos Auzqui por una falta en la mitad de la cancha. Los de Avellaneda aprovecharon el jugador de más y, a los 44, pusieron el 3 a 1 con un tanto de Leonardo Sigali. Previo al cierre, el juez echó a Chávez con roja directa.

De esta manera, Huracán sumó su primera derrota del 2019. El Globo jugará nuevamente el viernes 8 de febrero a las 21:00 horas frente a Vélez en el Tomás Adolfo Ducó.

Síntesis:

Racing Club 3

Gabriel Arias; Renzo Saravia, Leonardo Sigali, Alejandro Donatti, Eugenio Mena; Marcelo Díaz; Augusto Solari, Matías Zaracho, Ricardo Centurión; Lisandro López y Jonathan Cristaldo. DT: Eduardo Coudet. 
Huracán 1
Antonhy Silva; Christian Chimino, Saúl Salcedo, Omar Alderete, Carlos Araujo, Walter Pérez; Carlos Auzqui, Israel Damonte, Iván Rossi; Lucas Gamba y Lucas Barrios. DT: Antonio Mohamed.

Gol en el primer tiempo: 34m Cristaldo (R).

Goles en el segundo tiempo: 3m Auzqui (H), 26m López (R), de penal, y 44m Sigali (R).

Cambio en el primer tiempo: 26m Guillermo Fernández por Zaracho (R).

Cambios en el segundo tiempo: 13m Darío Cvitanich por Cristaldo (R); 20m Pablo Álvarez por Pérez (H), 28m Nery Domínguez por Centurión (R); 29m Juan Garro por Damonte y Andrés Chávez por Araujo (H).

Incidencias en el segundo tiempo: 42m Auzqui (H), por doble amonestación y 47m Chávez (H) por juego brusco.

Árbitro: Néstor Pitana.

Estadio: Racing Club.

 






domingo, 3 de febrero de 2019

Entrevista a Carlos Ulanovsky… @dealgunamanera...

Entrevista a Carlos Ulanovsky…

Carlos Ulanovsky

En una sustanciosa charla que tuvo con la Revista Cabal, el excelente periodista y escritor Carlos Ulanovsky desgranó distintos recuerdos de una rica vida personal y profesional, que lo ha llevado en sus largos 55 años de labor a protagonizar experiencias que reflejan un modelo de trabajador en los medios que hoy tiende a extinguirse y del cual, sin embargo, las nuevas generaciones podrían aprender todavía mucho, tanto en el plano de la sapiencia en el oficio, como en el moral y de la defensa de los derechos gremiales.

© Escrito por Alberto Catena el domingo 20/01/2019 y publicado por la Revista Cabal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Con medio siglo extenso de actividad en el periodismo gráfico, la radio y la televisión, Carlos Ulanovsky es a los 75 años una de esas referencias obligadas en el país a la hora de conocer cómo fue el desarrollo de la profesión y de los medios en esas tres especialidades durante la segunda mitad de la centuria pasada y en las casi dos primeras décadas de lo que va de este milenio. Lo que ha escrito sobre la radio y la televisión figura entre las investigaciones históricas más serias de esos dos medios e incluyen, entre otros, trabajos como TV Guía negra, TV argentina 25 años después, Días de radio, Paren las rotativas, Estamos en el aire, Siempre los escucho o Qué desastres es la TV, algunos elaborados en colaboración con otros colegas. 

Pero la producción de Ulanovsky no se ha limitado solo a la investigación sino que ha abordado también la narrativa (tiene dos novelas), los libros de crónicas, las biografías, el análisis de lenguaje, en una obra que ya excede los 25 títulos. De ellos mencionaremos solo algunos más: Nunca bailes en dos bodas a la vez y Nada más aburrido que ver filmar (que son sus novelas) y Tato, Mi Congreso de la Lengua, Vivir entre butacas y Toc Toc.
         
Todo eso sin mencionar lo que ha escrito a lo largo de los cincuenta años de periodismo gráfico, que en una selección de sus trabajos más destacados están en Google o en su sitio personal en la web. Se inició como profesional en 1963, aunque ya a los quince había editado una revista, Proa, junto con Rodolfo Terragno. Al salir del secundario, ya con el firme propósito de dedicarse al periodismo, golpeó la puerta de distintas publicaciones como Siete Días, Casos, Panorama y logró que le dieran notas en condición de colaborador. Su primer ingreso a una redacción con trabajo estable fue en la revista Confirmado, en mayo de 1965. Allí estuvo primero hasta 1969, año en que pasó a hacer publicidad, aconsejado por el director teatral Alberto Ure, en la agencia Walter Thompson. En este sitio duró hasta 1970, fecha en que fue echado por adherir a una huelga general en protesta por la represión que se desató luego del incendio de los doce Minimax de los Rockefeller en Argentina, que eran clientes de la agencia. Volvió a Confirmado y al año siguiente, 1971, ingresó al recién lanzado diario La Opinión, de fuerte influencia en el periodismo posterior del país. Después de este medio, del que fue echado por participar en la huelga en protesta por el despido de Horacio Verbitsky, siguió una larga lista de publicaciones, que a riesgo de no ser exhaustivos y ni totalmente precisos, mencionamos a modo de imperfecta síntesis: Satiricón, el diario Noticias, Chaupinela, El Ratón de Occidente, Clarín, Humor, El Porteño, Página 12, La Maga, La Nación, etc. 
        
En su departamento del barrio de Palermo, “Ula”, como llaman los amigos, nos recibe con la cordialidad que todos le reconocen. Nos sirve un café muy rico y nos regala algunos de sus últimos libros. Habla de su carrera con toda naturalidad, en un tono pausado y claro, sin exageran nunca su participación ni su protagonismo en los hechos que vivió en la profesión, algunos realmente riesgosos para su vida.

¿Cuándo te exiliaste por primera vez en México?

En octubre de 1974. Había tenido desde 1972 a esa fecha un tiempo algo loco en mi vida laboral. Trabajé en un espacio de humor con Mario Mactas y Alejandro Dolina que salía por Radio Argentina (Mañanitas nocturnas) durante la mañana y dejábamos grabado otro para la tarde. Y a la noche con Mactas también hacíamos un programa distinto llamado Ruidos en la cabeza. En esos años estuve también en la revista Satiricón y un tiempito en Noticias. Y en 1974 empiezan a atacarnos mucho en las revistas de ultraderecha El Caudillo y  El Burgués. Y en octubre Isabelita (Isabel Perón) clausura Satiricón por inmoral y entonces con mi ex mujer, Marta Merkin, con la que viví 32 años, decidimos exiliarnos en México. Me fui pensando que era una situación pasajera, que se enfriaría en poco tiempo, pero duró un poquito más de un año, hasta enero de 1976. En ese país conseguí un laburo en Televisa, que quería dedicarse a las publicaciones escritas. Me hicieron un contrato y luego me echaron porque dicen que ponía cara de aburrido en las reuniones. Y en el interin hice dos revistas dedicadas al otro lado de los teleteatros, el lado B (lo que ahora se llama el backstage). Y también el número cero de Deporte color, una revista de fútbol. Me echaron y de ahí fui a trabajar al suplemento cultural de El Universal. En Televisa trabajaba un exiliado español, el escritor Paco Taibo, que se compadeció con lo que me pasaba y me llevó a ese periódico. Era el autor de muchos libros y padre del actual Paco Taibo II, que publicó la famosa biografía del Che Guevara, también periodista y escritor, nombrado hace poco por López Obrador presidente de la editorial mexicana oficial, el Fondo de Cultura Económica. Los Taibo fueron fundamentales en nuestra estadía en México, divinas personas, generosos, solidarios. Y ahí estuve hasta que me volví porque mi mujer extrañaba. Todavía no había empezado la dictadura. Con la perspicacia política que siempre nos caracterizó regresamos a comienzos de 1976, recuperamos el departamento alquilado, y el 24 de marzo de ese año estábamos en casa y nos levantamos con la marcha militar.

¿Y cuando volvieron a México por segunda vez?

En abril de 1977. En otros años había trabajado en Chaupinela y El Ratón de Occidente, que editaba Oscar Blotta. Él, ya en la dictadura, comenzó a publicar la revista Emanuelle, que indignaba a los militares. Fue una de las primeras revistas feministas. Y se la cierran, además de secuestrarlo junto a Mario Mactas y una correctora llamada Silvia Vesco. Y me llega la noticia de que los secuestradores preguntaban también por mí, aunque yo no trabajaba ahí. Así que, con Marta e Inés recién nacida (la segunda de sus hijas nacida un 29 de marzo, la otra es Julieta, que es mayor y pertenece a otra unión), nos vamos de vuelta a México. Y ahí me quedé hasta enero de 1983. Y esta estadía fue mucho más permanente y grata. En ese período trabajé primero en una revista que era sucursal española de Interviu, después en el periódico Proceso y los últimos cinco años de residencia en ese país estuve laburando en la parte de comunicación del Instituto Nacional de Defensa de los Consumidores.

¿En qué categoría ingresaste a la revista Confirmado en 1965? 

En Confirmado empecé como informante, que era la categoría primera del Estatuto del Periodista. Luego venía cronista y redactor. Y me di cuenta que cada vez que pedías un aumento de sueldo te cambiaban la categoría. Y de redactor, se pasó –como creación- a redactor especial.  Y ahora está esa figura nefasta que es la de editor. Alguien es editor porque exigió aumento de sueldo y le dijeron: ¿de qué te ponemos? Antes las notas las editaba uno, y si no estaban bien editadas te cagaban a pedos y te obligaban a cambiarla o hacer otra cosa. Y ahí empecé a hacer de todo, en especial entrevistas y al tiempo me mandaron a una sección que se llamaba Reportajes insolentes. Y poco a poco me fui especializando en algo que me acompañó toda la vida, que fue la crítica de televisión. También crítica de radio, pero menos. Casi desde el mismo comienzo trabajé en las secciones vinculadas a Cultura, Sociedad, Espectáculos y Tendencias. Las últimas dos décadas las sintetizaría en los datos que siguen. Después de irme en 1996 de TEA (Taller Escuela Agencia de Periodismo), donde estuve durante diez años, entré al diario La Nación para trabajar en la sección Espectáculos y en la revista. Era un buen sueldo –época de la convertibilidad- y trabajé allí hasta el 2008. Hice de todo en la revista, en especial entrevistas y en Espectáculos también. Y en 2004 me llamaron de Recursos Humanos y me dijeron que querían cortar la relación de dependencia. ¿Por qué? Nuevas decisiones del diario, queremos menos gente, me contestaron.

¿Cuánto vale eso?, les pregunté. Me hicieron la cuenta y me informaron: 17 mil mangos (dólares). Firmé un convenio para seguir escribiendo colaboraciones (artículos, entrevistas y columnas), que fijaba que no podía excederme de las 24 notas al año y así seguí hasta que me fui en 2008. Allí terminó mi periplo en las redacciones.”

Pero seguiste haciendo radio

Toda mi vida profesional hice radio, pero siempre como rebusque porque ahí no se paga bien. Tuve una experiencia linda 2003-2006: me nombraron director en Radio de la Ciudad, en reemplazo de Luis Alberto Badía, y fui también director de La 2x4. Hice cosas que me gustaron y que tenía en la cabeza desde que era chico. Transmitimos teatro desde los teatros con Nora Perlé como relatora y entrevistando artistas. Y cuando dejo las redacciones empiezo a estar muchísimo en mi casa y ésta se convierte en mi redacción y me dedico a escribir libros. Es mi ocupación básica en la actualidad. Ahora trabajo una vez por semana en la radio, estoy en la M750, en el programa Reunión cumbre, que va de 20 a 22 horas. Es un programa con 20 años de existencia. En Radio Nacional lo hice 10 años. Y lo hice 6 años en Del Plata y primero en La Metro. De Radio Nacional me fui en noviembre de 2017. Y hago, para despuntar el vicio, una columna por mes en Tiempo Argentino, además de los libros.

¿Cuántos libros publicaste este año?

Fueron cuatro: primero el de la historia de Toc toc, después otros dos libros, uno de ellos mi segunda novela (Nada más aburrido que ver filmar) y el otro El congreso de la lengua. Y salió la  cuarta edición de Seamos felices mientras estamos aquí, un libro de crónicas del exilio en México. Y ahora terminé un libro con entrevistas a 35 periodistas jóvenes, sub-50, sub-40 y algunos sub-30 años, que dan un promedio de 35,4 de edad. Este texto saldrá en marzo o abril de 2019 por la editorial Punto de Encuentro. Y es un libro que tenía muchas ganas de hacer porque creo que el periodismo atraviesa un momento de baja creatividad y que lo mejor que está pasando, ocurre entre los jóvenes. Y todo lo que genere el libro lo voy a donar a La garganta poderosa. Eso era algo que deseaba. También hay un par de libros que quiero reubicar, recuperar mis derechos sobre ellos, uno de ellos es Días de radio, que lo tiene aún Planeta.

¿Has perdido entusiasmo por la actividad en el periodismo diario?

Fijate que no, cada vez que escribo para Tiempo Argentino me encanta hacer esas notas, imaginar y descubrir cuál es el tema, anotar cosas para futuros escritos. Pero considero que ya no es mi tiempo, que es el tiempo de otros y hay que aceptarlo. En parte esa sensación es la que me llevó a escribir el libro que se publicará en marzo y que se llama En otras palabras. 35 periodistas jóvenes entre la grieta y la precarización. Porque son las dos grandes cosas que salen en las charlas. El efecto de la grieta y la precarización. Son chicos que están atravesando cosas que nosotros a su edad no atravesamos. Tienen que tener seis o siete laburos para sobrevivir. Y también la doble grieta: la de lo político, pero también la que hay entre lo analógico y lo digital. Se los hace ser personas de dos mundos. Empezaron en lo analógico y ahora están en lo digital al mango.

Aceptar la revolución digital es necesario e inevitable, pero eso no debe llevar a pensar que todo lo que se hizo antes no sirve. En una conferencia reciente, el realizador español Alex de la Iglesia, decía frente a ese desafío: ojo, el pasado es siempre la base del futuro. ¿Qué pensas al respecto?

Que es así. Y en el olvido del pasado influyen mucho las redes sociales, una de cuyas bases es la inmediatez. Y la inmediatez sin destino. Se lucha por ver quien dijo algo primero. Ahora, ¿qué es lo se dijo? No se sabe muy bien o para qué. También es muy interesante observar lo que produce el mundo tecnológico en periodismo, porque no es solo un cambio de formato o diseño lo que se está imponiendo, es un cambio más profundo. Un tipo que en la gráfica estaba acostumbrado a un cierre por día, ahora observa que el digital tiene 24 cierras al día, uno por hora y a veces más. Y eso acostumbra a escribir corto. En el libro de entrevistas a periodistas jóvenes del que te hablé hay dos chicas que trabajan en Infobae y dicen que se alegran mucho cada vez que pueden hacer una nota larga porque, en general, todo es corto. Yo que trabajo en radio, me encuentro siempre frente a ese planteo: la superstición de que hay que decirlo todo en dos minutos. Y eso atenta cada vez más contra lo que yo llamo la “radio de autor”, que cada vez hay menos. El otro día se murió Betty Elizalde y pensaba: te podía gustar o no lo que decía, pero era alguien que se sentaba frente al micrófono con un discurso y ese discurso partía de una mujer que tenía algo para decir. Es lo que hace Dolina. 

Hablame de tu trabajo en ficción.

Cuando viví en México escribí una novela que se llamaba Soñar despierto, que era una historia de los años setenta, un tipo que conoce a una mujer, inicia una relación y un día estando con la ella la vienen a secuestrar y se lo llevan también a él. Una historia de perejiles. Y la mandé a un par de concursos y no la eligieron en ninguno. Desde entonces tuve la idea de escribir ficción, soy muy lector de la novelística judeo-norteamericana, me gustan mucho las comedias, son muy aficionado a ellas. Y en 2013 escribí mi primera novela (la considero la primera porque la otra nunca la publiqué): Nunca bailes en dos bodas a la vez. Que es una novela de humor, es la historia de un músico que anima fiestas de casamientos, en especial fiestas judías, y tiene una empresa para organizar estos eventos. Y abriga la fantasía de afanarse un día a una novia de una boda. Y eso es lo que hace. La novela transcurre en las seis horas en las que él está afuera huyendo y lo que pasa adentro, en la fiesta, donde se pudre todo, y lo que pasa afuera.

¿Anduvo bien?

Sí, se vendió una edición completa y ahora la reeditaron, en Planeta. Y en Grupo Editorial Sur salió hace muy poco la segunda novela: Nada más aburrido que ver filmar. Es la historia de un director de cine muy prestigioso en la Argentina que está filmando su película dieciséis durante la dictadura y empiezan a hostigarlo, a darle señales de que la cosa no anda bien con él, hasta que lo prohíben. Contiene también mucho humor. Él es dueño de un perro que se llama Fellini y en un momento lo llaman desde Uruguay, a través de un amigo, para hacerle una propuesta. Y supone que es para hacer un trabajo cinematográfico, pero lo convocan en realidad para dirigir una campaña publicitaria de un nuevo producto para perros, que se llama “Suprema de perro” y le piden que su perro sea protagonista de ella. Finalmente la filma y en ese lugar de Uruguay, que es imaginario, se va quedando con su pareja. Es su vida en la nueva situación, una especie de exilio.

¿Vos crees que la generación tuya –la nuestra diría- tiene algo que enseñarle a las nuevas generaciones?

Sí, pero eso en la presunción de que las nuevas generaciones estuvieran dispuestas a oírnos. Creo con absoluta humildad que tenemos todavía cosas para enseñar y creo que no estaría mal que en algún momento se nos reconociera el lugar del idóneo. Antes en la farmacia existía esta figura, cuando faltaba el farmacéutico estaba ese tipo que se había pasado toda la vida preparando recetas y ungüentos. Nosotros también tenemos esa condición, toda la vida supimos cómo armar cuentitos con principio, desarrollo y final. Pero, bueno, en este momento, y desde hace mucho, existe la superstición de que lo único que vale es lo joven. Y esta manía juvenilista persiste. Por eso, tuve que aclarar en el prólogo del libro próximo, que no me guió, en el deseo de escribirlo, ese culto de admiración por los jóvenes que se practica hoy, no. Simplemente pienso que, entre los jóvenes que yo leo y que son muchos, periodistas que se han dedicado a desarrollar el género de la crónica o han hecho revistas digitales y otras cosas, hay una semilla que puede instalar al periodismo en otro lugar. Pero sí, me parece que todavía somos gente a la que se puede considerar. Y que por el otro lado, somos personas que comprendemos mejor la situación general. Y que no nos asusta. A mí, particularmente, no me asusta la grieta. Sé de qué lado tengo que estar, sé desde donde hablo.

Hace poco tiempo te dieron un premio a la trayectoria, lo que confirma que sos un profesional al que se lo tiene como referencia. 


Bueno, ahora a lo que tendemos es a recibir esos premios, que son gratificantes, pero ahí yo dije esto: soy un tipo sin deudas de ningún tipo, ni materiales ni de otra naturaleza. No tengo deudas, no tengo créditos, no tengo que mantener a nadie. Y ya la guita que hice es la que hice hasta ahora y no voy a hacer más. Y eso me da una gran tranquilidad moral y simbólica. 



Candidatos en danza… @dealgunamanera...

Candidatos en danza…

 

Carga con ese peso, Vidal-Macri. Dibujo: Pablo Temes

 

Sin desdoblamiento, vienen otras decisiones. Quién acompaña a Macri y Vidal. ¿CFK va con Kicillof?


María Eugenia Vidal quemó las naves. Es lo que hizo al decirle “No” al desdoblamiento de las elecciones a gobernador en la provincia de Buenos Aires y atar su suerte a la de Mauricio Macri. Fue una decisión que Vidal tomó contra su voluntad. Ella quería discutirlo con el argumento que le dan los números. Ella mide más que Macri. No hubo posibilidad. El Presidente y Marcos Peña –y Jaime Duran Barba también– se oponían firmemente a considerar esta opción.

Esa es la verdad. Por eso el argumento del ministro de Gobierno bonaerense, Federico Salvai, de decir que el motivo para bajar la idea del desdoblamiento de la elección a gobernador había sido el “costo” es falaz. Desde el vamos se sabía que una iniciativa como ésa conlleva una erogación importante por parte de quien la organiza. El motivo real lo reflejó el título de esta columna del domingo pasado: “No hay Macri sin Vidal”. Es obvio que la gobernadora no quedó feliz ni con las formas ni con la resolución de esta delicada cuestión. Y no lo está porque, como tema de fondo, esto complica sus chances electorales. Y no lo está, además, por lo que significan las formas que, muchas veces, son tan importantes como el fondo.

La gobernadora ha experimentado lo desagradable que es –aún para los oficialistas– tener que “discutir” con Marcos Peña. Vidal tiene un contacto con la realidad del que carece Peña y, por consecuencia, dista de compartir un optimismo proselitista nacido al calor de encuestas de las que muchos oficialistas descreen. La realidad es que el jefe de Gabinete ha recuperado la centralidad del poder. No ha sido por mérito propio –su gestión es de escaso mérito– sino producto de las circunstancias. Como ya se ha dicho aquí, el fuerte suyo no es la gestión sino la elección.

Terminado ya el debate del desdoblamiento, lo que viene ahora es la definición de los candidatos. Por las dudas –y para que nadie se confunda–el candidato a la Presidencia será Macri. Cuando hablamos de candidaturas nos estamos refiriendo a los que acompañarán en la fórmula al Presidente y a la gobernadora. Ahí el panorama es variopinto.

Barajando. El ticket Macri-Michetti todavía tiene aire aún porque, a decir verdad, nadie va a modificar su voto a causa del postulante a la vicepresidencia. Se votará a favor de Macri o en contra de Macri y no de Michetti, Stanley o quien fuere.


La situación es diferente en la provincia de Buenos Aires. Ahí la discusión es tensa e intensa. Veamos: en 2015, Vidal había elegido a Cristian Ritondo para que la acompañara en la fórmula como candidato a vicegobernador. Eso significaba que los cuatro cargos más importantes a los que aspiraba Cambiemos –Presidencia y vicepresidencia de la Nación y gobernación y vicegobernación bonaerense– eran del PRO y de la Capital Federal. 

Ahí fue que Ernesto Sanz –¿dónde estará?– hizo oír su voz de queja, por lo que, en menos de 48 horas se lo bajó a Ritondo y lo pusieron a Daniel Salvador. No está clara la causa por la que Vidal no lo quiere más como compañero de fórmula a su actual vice, que ha sido un hombre leal y con muñeca política para manejar los avatares de la compleja Legislatura provincial. Lo que sí está claro, es que no lo quiere. De ahí la danza de nombres que gira alrededor de ese lugar, hecho que lo ha puesto nuevamente en órbita a Ritondo.

Sin embargo, en esta retahíla de noes, síes y peros, apareció un pero. Sucede que Emilio Monzó ya ha dicho que no competirá por su reelección como diputado. Por lo tanto la presidencia de la Cámara Baja habrá de quedar vacante. El Gobierno –es decir, Macri– quiere que el reemplazante de Monzó sea Diego Santilli o, en su defecto, Ritondo. Quiere que los dos vayan al Congreso. Hay que recordar que, mientras gobernaba Macri en la Ciudad, la Legislatura porteña era manejada por Ritondo y Santilli. Por lo tanto el Presidente aspira a tener a ese dúo –Santilli por la Ciudad y Ritondo por la Provincia– en el Congreso. “Macri quiere a gente con linaje peronista”, afirma un profundo conocedor de la “rosca” interna de Cambiemos. 

Conclusión: Vidal se quedó sin su predilecto para la candidatura a vice.


Pero, a fin de hacer la cosa más maquiavélica y para que Salvador no sienta que el puesto es suyo, ha surgido el nombre de Carolina Stanley. Y si finalmente no fuera la actual ministra de Desarrollo Social, la idea es testear el nombre de alguna persona del riñón vidalista como vice. Si después de tanto vaivén la candidatura recayera otra vez en Salvador, será un logro del radicalismo que seguramente tendrá un costo: la pérdida de legisladores.

Zona K. Del otro lado, está la muy activa Cristina Fernández de Kirchner quien, en uno de sus diálogos con un icónico intendente K de la segunda sección electoral, dijo: “Si yo soy presidenta tengo dos problemas: primero los vencimientos de la deuda externa, que son monstruosos para el 2020 y a mí nadie me va a prestar plata; segundo, es que a principios del último año de mi mandato voy a cumplir 70 años, por lo que lo voy a pensar varias veces antes de ser candidata; tercero, no tengo el equipo que tenía en su momento: el que no está preso, está jubilado.” (N. de la R: a eso llama la ex presidenta un gran equipo). Las tres cosas son ciertas. Sin embargo, al leer bien la entrelínea hay algo que surge en forma nítida: lo que CFK no dijo es que haya tomado la decisión de no ser candidata.

Las encuestas muestran que la ex presidenta mide muy bien en el Conurbano y, que con la diferencia que saca en ese bastión del peronismo, hoy podría ganar la provincia de Buenos Aires. En el resto del país, sin embargo, su imagen cae.

En el GBA despunta otra disputa interna del PJ: la de los intendentes contra Axel Kicillof.

Ninguno de esos alcaldes profesa la menor simpatía por el ex ministro de Economía, a quien CFK sigue tratando con el mimo de los preferidos. En realidad, en el peronismo nadie lo quiere. El problema que tienen es que Kicillof mide bien en las encuestas. Su discurso tiene el mismo sesgo del de la ex presidenta: habla como si no hubiera gobernado nunca; como si no hubiera dejado un 25% de inflación anual que, además, ocultaba; como si no hubiera dejado más de un 25% de pobreza, de la cual no hablaba porque era “estigmatizante”; como si no hubiera tenido nada que ver con el cepo cambiario que contribuyó al aislamiento del país y como si no hubiera tenido nada que ver con la pesada herencia de los “holdouts”.

La vigencia de Fernández de Kirchner y Kicillof da la exacta medida de la dramática dimensión de los groseros errores del gobierno de Macri.

Es una ecuación política tan clara como el agua clara.

Producción periodística: Lucía Di Carlo.


(Fuente: www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de "share" o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a: perfilcom@perfil.com

Aguantadero… @dealgunamanera...

Aguantadero… 

Ejemplo riojano. El gobernador Sergio Casas, uno de los que hacen cualquier cosa para quedarse. Fotografía: Redes Sociales 

¿Por qué 16 gobernadores quieren seguir al frente de sus provincias? ¿Nunca les alcanza el tiempo?

© Escrito por Beatriz Sarlo el domingo 03/02/2019 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Para esto no se pelearon centralistas y provincianos en el siglo XIX. Sus enfrentamientos no significaron solamente ambiciones personales; invocaban cuestiones institucionales, que no siempre eran pretextos para conservar el poder o alcanzarlo. Al reconocer los derechos de las provincias, los constituyentes de 1853 quisieron debilitar el localismo autoritario y feudal, que no ha perdido fuerza en el siglo XXI. En ocasiones, parece que esta larga historia hubiera transcurrido en vano. Las peleas políticas siguen impulsadas por una avidez revestida con “principios” y causas nobles. La semana pasada, 16 gobernadores vieron coronados sus esfuerzos reeleccionistas. Entre ellos, el fabuloso Gildo Insfrán, que va por el noveno período en Formosa.

En un acto escolar, una alumna de su provincia obsequió al gobernador con un poema que halagó su personalismo. No es para menos, porque Insfrán se vanagloria de que Formosa es la provincia que más habría invertido en educación. Los implacables controles de Chequeado.com muestran que, pese al poema recitado por la nenita de guardapolvo blanco, Formosa ocupa el lugar doce en inversión por alumno. Como curiosidad, el Cippec agrupa a Formosa, Buenos Aires y La Rioja en el medio de su cuadro de inversiones educativas, con datos del 2009.

Pero mejor no mirar mucho ese cuadro, porque Urtubey, que ahora tiene aspiraciones presidenciales (¿quién no las tiene?), fue tres veces gobernador de Salta y colocó a su provincia en el peor puesto de la tabla, allí donde menos inversiones se hicieron. Solo superan a Urtubey los Rodríguez Saá que, en amable o conflictiva alternancia, gobernaron décadas San Luis; y Alberto quiere seguir por cuarta vez.

Son 16. Vuelvo a Insfrán porque su caso es llamativo. Sin parar, es gobernador de Formosa desde 1995. En 2003, una Constituyente habilitó la reelección indefinida, un “permiso” que afecta el principio democrático de alternancia. También le sobró tiempo para otros menesteres: es socio de Boudou en Old Fund, que le facturó millones a Formosa por una asesoría; y, al parecer, la sociedad fue más activa que la recaudación de ese dinero, porque sobre ella planea la sombra del affaire Ciccone Calcográfica. En las elecciones de 2019, Insfrán corre de nuevo para batir su propio récord.

El domingo 27, el gobernador Sergio Casas de La Rioja celebró un plebiscito aprovechando el calor de enero. Se votaba para habilitar una reforma de la Constitución que permitiera al gobernador Casas un tercer mandato (poca cosa si se lo compara con el linaje Rodríguez Saá en San Luis o el amigo Insfrán).

Leo el diario y, aunque estoy acostumbrada a las noticias argentinas, me cuesta creerlo. ¿Por qué toda esta gente quiere seguir gobernando su provincia? ¿Por qué no ha habido la alternancia que cualquiera puede comprobar en la lista de los gobernadores norteamericanos del último siglo, para nombrar una nación profundamente federal? Hacer memoria: Dorrego y otros federalistas argentinos admiraron las instituciones norteamericanas. Eran unos soñadores que nunca entendieron el país que les había tocado.

Imagino respuestas a la pasión de los 16 gobernadores que van por la reelección: están orgullosos de lo que han hecho y no quieren dejar su obra a mitad de camino, una obra a la que, como a las catedrales y las pirámides, no le alcanzan quince años, ni veinte; o tal vez han delinquido demasiado y temen un sucesor adverso; quizá no alcanzaron a fortalecer su equipo, o se sienten irreemplazables y temen a sus sucesores no solo porque vayan a cortarles las piernas o mandarlos a la Justicia, sino porque se consideran a sí mismos los únicos capaces. ¿Y si son simplemente personalistas que no se conciben fuera del poder, al que necesitan como aguantadero?

¿Cambiemos? Los gobernadores de Cambiemos conversan hace meses con la Jefatura de Gabinete si conviene o no desdoblar las elecciones nacionales de las provinciales. Vidal quería desdoblarlas, persuadida de que ella podría salvar su ropa más fácilmente si no tenía que ayudar a salvar la de Macri. El Presidente, con toda la razón del mundo, la presionó para que las elecciones nacional y provincial sucedieran el mismo día. En primer lugar, él puso a Vidal en la provincia; y, en segundo, fue generoso con ella, como no lo había sido Cristina con Scioli: “Si Cristina me hubiera tratado como este ejecutivo nacional trató a su gobernadora, no estaría donde estoy ahora, de relleno en las revistas de chismes”, debe fantasear retrospectivamente Scioli.

Por su parte, Vidal quiere ser gobernadora y luego presidenta. Finalmente, el PRO acordó una sensata simultaneidad de ambas elecciones. Nadie pensó si los ciudadanos votarían más libremente si no se vieran obligados a elegir los dos cargos en el mismo día. Nadie creyó en este discurso que circuló por allí. Se discutió hasta que se convencieron de que, sin desdoblamiento, los dos resultaban favorecidos. Que se hayan equivocado o no, es otra cuestión que sabremos en las elecciones. Está claro que a nadie le importó cuál era la forma más libre y racional de plantear una elección. Todo lo que se haya dicho sobre la yuxtaposición o la separación de las fechas es doble discurso y retórica.

La “mesa chica” de Cambiemos quería prolongar hasta marzo el suspenso sobre elecciones conjuntas o desdobladas. Pero los consejeros de Vidal creyeron inconveniente que las vacilaciones se leyeran “como una especulación”. Es decir, no querían que se las interpretara como lo que eran: un cálculo político al que le faltó tiempo y apoyo. Pero, en vez de callarse la boca, siguieron hablando: “Hay que darles previsibilidad a los bonaerenses y decirles cuándo van a votar”. Esto es sencillamente una mentira, porque no se trata de la razón por la cual las elecciones finalmente no se desdoblaron. La razón es que Macri y su entorno creen que todo debe subordinarse a la elección de presidente y que, en consecuencia, no hay que perder los votos que podrían ir a Vidal y no a la reelección de Macri si cada uno jugara su destino por separado.

Juro que creo en mi mentira. El que miente a los otros necesita, por razones políticas, llegar a creer en lo que ha mentido. Gildo Insfrán no piensa que es una transgresión tan disparatada como descomunal ser gobernador de Formosa durante 25 años. Por un lado, conoce la profundidad de su afrenta a la democracia liberal. Por el otro, piensa que no es una simple transgresión, sino algo que está en la necesidad de las cosas, no solo en sus intereses mezquinos.

Por eso, hombres como Insfrán o como el riojano Casas, que será recordado por su plebiscito en plena canícula, no son simples mentirosos, sino algo mucho más dañino. Creen en lo que dicen, como si fuera verdad. Lo cual es mucho peor que la mentira. No son cínicos, como lo era Menem. María Eugenia Vidal y Macri repiten sus razones como si fueran las que más convienen a la gente. Hábiles gestores de una doble moral, creen en lo que dicen, aunque también sepan que son mentiras.

Los gobernadores que van por su reelección son responsables de la falta de sentido de la política argentina. Unen su suerte a su territorio. Son hombres de paja que no están en condiciones de enunciar claramente cuáles son sus motivos. En consecuencia, cualquier objeción y cualquier crítica cae desautorizada, porque no admite respuesta verdadera. Disfrazan la verdad de lo que saben y se justifican: no tengo ningún sucesor en quien confiar; necesito mantener el aguantadero de la casa de gobierno; los que vienen detrás de mí quieren destruirme; esta provincia no puede pasar a la oposición y soy yo el único en condiciones de impedirlo.

Las razones de Macri son diferentes. No puede decir: fracasé cuatro años y por eso necesito otros cuatro para demostrar que soy capaz de superar el fracaso. Tampoco  admite el razonamiento inverso: si fracasó cuatro años, no conviene darle otra oportunidad. La historia, además, muestra que los segundos períodos fueron siempre peores que los primeros. La reelección trae mala suerte.


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