domingo, 10 de enero de 2021

Hermes Binner. Un socialista más, pero no uno cualquiera… @dealgunamanera...

 Un socialista más, pero no uno cualquiera…


En la historia más que centenaria del socialismo argentino, Hermes Binner ocupará algunas de sus páginas más importantes. Reflexionar sobre su impronta y su legado es, al mismo tiempo, una manera de pensar el futuro del socialismo. 

© Escrito por Mariano Schuster y Fernando Manuel Suárez el  domingo 28/06/2020 y publicado por el Periódico Digital La Vanguardia de la Ciudad Autónoma de los Buenos Aires, República de los Argentinos.




En aquellos viejos debates –esos que alumbraban al socialismo de principios del siglo XX– hubo unos que, hartos ya de todo, levantaron la mano, o el puño, según se quiera. Una mano que, desde el fondo, se alzaba como diciendo: “Muchachas, muchachos: ya tenemos el socialismo teórico, lo que falta es el socialismo práctico”. Ya habían escrito Lassalle y Marx, ya habían hablado Owen y Fourier, ya habían dicho lo suyo los socialistas cristianos, ya estaban blandiendo sus ideas las sufragistas de la izquierda. Había, como dijo una vez Karl Liebknecht, que “estudiar, que organizar y que difundir”. Pero también había que gobernar. La política se hace, sobre todo,  cuando se hace política. Con otros y, sobre todo, para otros.

 

Es cierto: se debatía más, se pensaba más, se militaba mejor. La bandera roja flameaba por igual en partidos que incorporaban todo: trabajadores y clases medias, socialistas liberales y socialistas marxistas, progresistas evolucionistas e imaginadores utópicos que creían que, por fin, un día, llegarían a esa tierra prometida. El socialismo plural no quería ser la expresión de la izquierda: el socialismo era la expresión de la izquierda. De esa izquierda que, como sabemos, iba a dividirse pero no para reproducirse: a veces, simplemente para dividirse. Como si su hora siempre fuera un “más tarde”, en unos cinco minutos que cada vez se alejaban un poco más. Hasta que, por fin, llegaban.

 

Había, como dijo una vez Karl Liebknecht, que “estudiar, que organizar y que difundir”. Pero también había que gobernar. La política se hace, sobre todo,  cuando se hace política. Con otros y, sobre todo, para otros.

 

Los nombres de Jaurés, Lassalle, Prampolini, Labriola y Keir Hardie, convivían mejor entonces. Quizás por eso hoy ya casi nadie sabe quiénes eran. Los socialistas argentinos los habían traído acá, de la mano de La Vanguardia, antes incluso que del Partido Socialista. Porque como todo socialismo, el argentino también fue primero teórico y después “práctico”. Primero el diario, las ideas, la difusión. Después la organización. De la mezcla entre los debates de los más celebérrimos dirigentes –el de Justo con Ferri sobre la posibilidad de un socialismo que fuera a la vez rojo y argentino– y las luchas del incipiente proletariado, con más necesidades que veleidades, nació un partido, que aspiraba a ser el de toda la clase obrera. Pero no mucho tiempo después: apenas un poco.


 

Las modulaciones de la historia argentina, lo sabemos, fueron las que fueron. Las de un Partido Socialista potente y modernizador –no solo igualador social, sino progresista, en el sentido más lineal y evolucionista de la idea de progreso– que iba a perder su predominio obrero (hasta entonces compartido con comunistas y anarquistas) con esa fuerza poderosa que es el peronismo. Antes, sin embargo, hubo una historia. La cantaleta de siempre, la que nos sabemos todos: la organización obrera, las ocho horas, la lucha por la igualdad de género, el combate por el sufragio femenino. Pero también algo más. Algo que se diluyó en el discurso oficial –vaya a saber uno por qué–: una promoción incansable de la solidaridad comunitaria, desde la raíz y codo a codo, que se expresaba en las Casas del Pueblo, verdaderas usinas culturales en las que el ascenso social se fomentaba, también, a través de la movilidad cultural. 


El socialismo que era tanguero y arrabalero, a la vez que pretenciosamente operístico. Ateneos Obreros en los que los obreros aprendían a leer, pero también a divertirse. Lugares donde era tan importante desentrañar la propia opresión, que anidaba en la condición de clase, como liberarse de ella, a través de los derechos laborales, sí, pero también a través del ocio, la camaradería fraterna y el descanso lúdico.

 

Pero la historia nuestra es, lo sabemos, más dialéctica de lo que imaginaban los mismos socialistas –y de lo que proclaman hoy muchos de los que se hacen cargo de esa palabra–. La dialéctica –que en realidad se lleva mal con la idea lineal de progreso– también puede dejarte al costado del camino. Y algo así pasó: porque en la historia hay que saber ubicarse, saber pararse, saber dónde estar. Pero no: a veces no se sabe, no se puede, no se consigue.

 

Los argentinos tenemos una historia particular, pero no más particular que otras. Quizás sea ese, justamente, un rasgo de nuestra peculiaridad: creer que somos más peculiares de lo que realmente somos. El péndulo que nos lleva a creer, un día o por un lado, que somos el mejor país del mundo, y otro día o por otro lado, que somos un país de mierda. Y no: somos el país que somos. 1945 no fue el fin de la historia socialista, apenas un parteaguas. Un momento de división en mil pedazos, de una historia de errores y horrores, pero también de aciertos y pequeñas épicas. Los ignorantes por voluntad –que al final son los que mandan– cuentan una historia en la que no cabe ninguna otra cosa que un socialismo antiperonista, como antes, cuando el socialismo luchaba por los derechos sociales de los postergados, se le acusaba –lisa y llanamente– de antiradical. Y no: ni una ni la otra. O más bien: la una pero también la otra y la de más allá. 1945 fue, es cierto, el año en el que el socialismo quiso honrar su historia riñéndose con ella.  


Era un socialismo en plural, pero atravesado por la discordia y el resentimiento, y un reproche silente, y tal vez injusto, por no haber estado a la altura de la historia. La fractura se manifestaba en hitos y referentes, en valores y proyectos, el pasado común pesaba menos que las diferencias póstumas. 


Los socialistas más liberales se reconocían en Repetto y admiraban con culpa a Ghioldi, los más latinoamericanistas podían blandir a Palacios o a Ingenieros, las feministas encontraban en Alicia Moreau su referente, los más nacionalistas apelaban a Ugarte y miraban de reojo a Puiggrós y a Ramos. Hubo socialistas con Perón como luego los hubo con Alfonsín, los hubo revolucionarios y los hubo claudicantes, adentro y afuera de los partidos hubo socialistas, una gran familia dispersa que, incluso con rencores viejos y miradas esquivas, esperaba el día para volver a reunirse en torno a una mesa. 


No había, como dicen sus detractores, un Partido Socialista: había una miríada de nuevos partidos nacidos bajo las más diversas premisas que habitaban ya en el viejo. La historia mal juzgada refleja más al que hace el juicio que a aquel al que sienta en el banquillo de los acusados.


 

El desacuerdo, mutado en llana antipatía, había dejado ese rico legado mutilado en mil pedazos. Quizá, sin quererlo ni esperarlo, sin predicar ni adoctrinar, fue Binner quien vino a intentar suturar esos años de incomprensión y debates estériles. Un político que, a priori, no parecía tan interesado en esos debates como aquellos viejos compañeros, pero que, a diferencia de ellos, tenía los dos pies en la política. La política que reconcilia las ideas a través de la práctica concreta. 


La política que cambia las cosas. El socialismo se peleaba con su historia, al punto que parecía no querer hacer ninguna. A veces, se necesitan otros hombres para poder volver no a las fuentes teóricas, sino a las prácticas: hacer política y ya.

 

Por ello, la figura de Hermes Binner es difícil de ubicar en esa historia. Porque se reconocía en ella y en su linaje, pero, a la vez, la protagonizó con un sello muy propio. El antiguo PS –dividido entre antiperonistas, no-peronistas, filo-peronizados e izquierdizantes– que había dado cuadros a la derecha y a las organizaciones revolucionarias. El amor incondicional a Alfredo Palacios, ese personaje icónico por su bigote y su “atiende gratis a los pobres”, pero también por su socialismo irreductible y su criollismo, de poncho y pistola, que tanto incomodaba a propios y extraños. 


Binner también fue hijo dilecto de ese nuevo socialismo popular que, de la mano de Estévez Boero, llamaba a votar Perón-Perón mientras reivindicaba a Mao. Que en el 83 coqueteaba con Lúder desde un enfoque “argentino y socialista” para finalmente presentarse en solitario y terminar, en los albores del tiempo alfonsinista, reivindicando la democracia ya no como “vía al socialismo”, sino como la única forma deseable de éste. Y, finalmente, el reencuentro difícil con esos otros compañeros socialistas que en alguna bifurcación de la historia habían optado por un camino diferente. 


La unidad se volvió condición y objetivo de ese socialismo en clave democrática, que volvía a reconocerse en el legado de Justo, pero que también estaba obligado a hacer un ajuste de cuentas con su historia, sin flagelarse pero sin hacerse concesiones a sí mismo. Una evolución teórica que era, también, una evolución práctica. El socialismo había sido confinado a pocos distritos metropolitanos, en los que representaba a clases medias urbanas con ideas de izquierda progresista. Debía asumir, sin olvidarse de los más humildes, que ese nuevo socialismo iba a ser de ciudadanos y ciudadanas, con la democracia como condición y la participación como imperativo.

 

La unidad se volvió condición y objetivo de ese socialismo en clave democrática, que volvía a reconocerse en el legado de Justo, pero que también estaba obligado a hacer un ajuste de cuentas con su historia, sin flagelarse pero sin hacerse concesiones a sí mismo. Una evolución teórica que era, también, una evolución práctica.

 

Binner siempre pareció cabalgar sobre la idea del “socialismo unido” que tanto desvelaba a su mentor, el del retrato que lo acompañó a la Casa Gris: Guillermo Estévez Boero. Una idea que, en el propio PS, se tradujo en el concepto de síntesis, una síntesis difícil, sembrada sobre desconfianzas pretéritas y la creencia genuina en el diálogo fraterno. El debate no era, sin embargo, meramente ideológico. 


El socialismo tenía que volver a reconstruirse desde el territorio, con su gente y de sol a sol. Además de algunas otras ciudades, donde el viejo prestigio batallaba por no ser ya un mero recuerdo o una antigualla del pasado, Rosario fue “la tierra elegida”. El territorio donde el Movimiento Nacional Reformista había dado sus primeros pasos y donde el PSP había construido su casa. Tierra donde Estévez Boero había sembrado su semilla junto a Ernesto Jaimovich, Héctor Cavallero y Juan Carlos Zabalza. Donde Binner hizo sus primeras armas y, junto a él, otros cientos de compañeras y compañeros.


 

El declive del alfonsinismo y un peronismo escorado hacia la derecha con Menem (que se llevó con sus cantos de sirena a Héctor Cavallero, uno de los mejores de ese PSP en vías de madurez), encontró a Binner en el centro de la escena. Quizá sin esperarlo, pero con el deber de asumir la responsabilidad. Fue allí donde Binner se recibió como dirigente, con otra visibilidad y otros compromisos. Fue ideólogo y mentor de un nuevo armado progresista, con viejos aliados y nuevos compañeros de ruta, con el desafío de ampliar sin perder en el camino la esencia del proyecto de transformación. A la democracia y la igualdad se sumaba otro santo y seña del socialismo a la Binner (y a la Estévez Boero, por qué no): el pluralismo. La de construir con muchos, con los que tenemos montones de acuerdos y con los que tenemos unos pocos. 


Dialogar con los que piensan como nosotros pero, sobre todo, con los que piensan distinto. Porque la democracia es de todos y con todos. Esos procesos trajeron tensiones, alianzas incómodas y decisiones difíciles. Porque las convicciones y las responsabilidades no siempre se llevan bien, porque hay que elegir, y las elecciones llevan costos.

 

La gestión binnerista trazaba la reconstrucción del espacio socialista desde el territorio de lo local: primero Rosario, después Santa Fe. Las críticas por izquierda y por derecha arreciaban, pero había un diferencial: Binner le había aportado al socialismo algo de lo que había carecido en esas esferas y en esos años. Su socialismo era uno que no pretendía mostrar que era “racional” o “centrado” ni tampoco “más de izquierda”, era lo que era, en los hechos concretos. 


Un socialismo –y esto podría traer problemas luego, pero era correcto en tiempo y espacio– que solo tenía que mostrar algo: su capacidad de gobernar la cosa pública. Un socialismo capaz de armar presupuestos, un socialismo capaz de pensar con un esquema democrático de lo público, pero también de ponerlo en marcha. La obra en salud fue parte de ese plan: de la puesta en valor de un sistema integral, concebido desde una perspectiva ideológica y, al mismo tiempo, con una irreprochable solvencia técnica. 


La reconciliación entre la ideología y la técnica en un marco de la democracia, con acuerdos y desacuerdos, es eso que se llama política. Los que pensaban, y reprochaban, al socialismo que debía ser “más de izquierda” y los que pensaban que tenía que ser “más técnico” o centrista caían siempre ahí: en Binner. Un gestor de la síntesis, de los equilibrios que parecían imposibles. El mismo que recibía institucionalmente a las Madres y a las Abuelas –cuando buena parte de la política institucional les daba la espalda– o que iba a debatir a las asambleas barriales de 2001 siendo Intendente de Rosario –y habiendo roto, consecuentemente, mucho más temprano de lo que se dice, con la ALIANZA– era el que trazaba los planos, junto a un equipo formado, de una salud, una cultura y una educación que ponían lo público en el centro, pero sin perder de vista las exigencias de la calidad y la eficiencia. Porque la derecha siempre encuentra ese flanco: el de los fríos números. La ideología socialista es abierta, pero los números son cerrados. O cierran o no cierran.

 

Es así que el nombre de Binner es indisociable del de la gestión, contraviniendo ese mantra que, contra los Bronzini y los Arrighi, repetía que los socialistas no sabían, no podían o no querían gobernar. El socialismo entonces se propuso construir organización para transformar la realidad. En ese camino, tuvo que aprender a competir y ganar elecciones, a lidiar con la complejidad de lo público, a poner al Estado al lado del ciudadano. Binner supo ser todo eso. El candidato que atraía las simpatías del electorado, el gestor eficiente e innovador, el gobernante que podía caminar junto al vecino y, más aún, mirarlo de frente.


 

Lo nacional, claro, fue otro terreno. La gestión local no es similar a la nacional y el socialismo intentó esta última con las herramientas aprendidas en el terruño: pero eran diferentes. Debió terciar en una grieta que le costaba y le resultaba absurda: el socialismo apoyaba las principales políticas sociales del kirchnerismo, pero los sectores “más radicalizados” de éste le daban la espalda (cuando no lo atacaban de manera flagrante). Defendía, a la vez, la democracia pluralista y el republicanismo, a veces coqueteando con sectores de nuestra curiosa derecha vernácula, y su límite fue Macri, al que nunca aceptó como representante del liberalismo argentino ni quiso abrazar como la única alternativa posible. Porque incluso el más pluralista tiene sus límites, modulados por convicciones ideológicas que nunca son vencidas del todo por el pragmatismo necesario para sobrevivir en política.

 

Binner supo ser todo eso. El candidato que atraía las simpatías del electorado, el gestor eficiente e innovador, el gobernante que podía caminar junto al vecino y, más aún, mirarlo de frente.

 

Los socialistas soñaron con un Estado Social, con poder conciliar libertad e igualdad, que muchas veces se piensa como una suma, otras como un oxímoron y la mayoría de las veces como una tensión que hay que atravesar mediante el arte de la política. Esa pretensión, loable sin dudas, entró en colisión con la dinámica política argentina, de identidades fuertes y lealtades fluidas. La solución santafesina, que tantos réditos dio, era difícil de ser replicada a nivel nacional e incluso, en ocasiones, se volvió un lastre. 


No era un problema de Binner: era un problema de lógica pura. De una posición que, para crecer, precisaba alianzas, pero que, para sostener su identidad, no podía ser subsumida por ninguna de ellas. Muchas veces se ha escuchado: “el socialismo debe estar con nosotros, somos los verdaderos progresistas”, o “el socialismo debe apostar a los sectores antipopulistas”. 


Lo cierto es que el socialismo, para sostener su organización en un país que no se maneja según sus criterios, tuvo que improvisar en un escenario cada vez más estrecho para las innovaciones y las alternativas heterodoxas. Lo intentó, nadie puede decir que no. Logró la respetabilidad local y no ser subsumido en ninguno de los sectores mayoritarios. 


La supervivencia puede llegar a ser un valor, que quizá parezca módico, pero lo es menos cuando vemos el tendal de fuerzas políticas que han quedado en el camino y de las que ya apenas guardamos un recuerdo. Pero cuidado: también eso hizo al socialismo más vulnerable. La vulnerabilidad, huelga decirlo, solo se supera creciendo. Binner lo hizo crecer, seguramente más que ningún otro.

 

Binner fue un dirigente mayor de la gestión local y provincial, pero cuya incursión en la política nacional quedó como una promesa trunca, que despertó esperanzas pero tuvo sus límites. No es que la política nacional le quedara grande –no hay que olvidar que ningún socialista obtuvo jamás más votos en una elección nacional–, sino que representó un desafío que quizá le llegó demasiado tarde y con demasiados obstáculos. 


Binner prefirió evitar los atajos, ni las ofertas circunstanciales, prefirió el camino largo y la construcción parsimoniosa. Pero, lamentablemente, a veces los tiempos de la política, las organizaciones y los dirigentes no coinciden. Lo que había resultado una fórmula exitosa en Santa Fe no pudo replicarse a nivel nacional, las frustraciones fueron equivalentes a las expectativas, y el desgaste enorme. 


La política nacional manejaba con criterios distintos a los que se verifican en los territorios a los que el socialismo se había acostumbrado, el salto no solo debía ser cuantitativo sino también cualitativo. Quizá el crecimiento y la caída en el espacio nacional fue más un efecto, y un defecto, del propio crecimiento que una muestra de la “imposibilidad” que algunos sectores pretenden achacarle al socialismo. Quizá sea demasiado pronto para balances justos, pero lo logrado no debe ser desdeñado ni despreciado. Pero no como una medalla para colgarse, sino como una experiencia de la que aprender, con sus méritos y sus límites.


 

A partir de esa idea se montó esa casa común que fue el progresismo, que tuvo residentes permanentes, visitantes ilustres y vecinos incómodos. De las promesas incumplidas del FREPASO hasta la fallida transversalidad (que dejó a otros socialistas en el camino), pasando por ese FAP que tantas alegrías dio y tan efímero resultó. Pero ese progresismo, a pesar de los vaivenes, estableció cimientos para una posición que lo excede y que es, aunque minoritaria, fuertemente representativa: la de un acuerdo sobre la igualdad, la participación y la transparencia que resulta irrenunciable. Que quizá no supo lidiar con las urgencias de los tiempos que corren, entre un populismo que despierta pasiones (también dentro del propio socialismo) y una grieta que sembró discordias (otra vez, también dentro del propio socialismo).  


Quizás esa “síntesis” porosa era también un logro: la demostración de que hablar con todos no era signo de debilidad o de claudicación. La “avenida del medio” –presentada por sus detractores “de izquierda” como centrismo y por sus adversarios de derecha como una claudicación ante los “otros progresismos”– era, en realidad, una vía propia. La vía que cree que es más útil levantar puentes que tirarlos. Porque lo construido deja una huella indeleble. Los escombros, en cambio, no dejan nada.

 

La presencia de Binner fue, para muchos, algo más que esto. Fue también la de un hombre honrado, que vivía como pregonaba, y que no dejaba de decirle a sus compañeros que, en el camino, muchos pueden confundirse y torcerse por dinero o por poder. Un discurso que los cínicos de escritorio siempre ridiculizaron, porque los cínicos de escritorio tienen poco que ver con esa vieja cultura de izquierda. La austeridad –una vieja palabra que la derecha pretende ahora disputar– no era lo contrario del goce. 


Tampoco de un socialismo que pensara en el disfrute: era la condición necesaria para saber que es preciso pararse en el “lugar de los comunes”.


Quizá Binner no fue el intendente que Rosario soñó, pero fue el intendente que la animó a soñar. Quizá Binner no fue el gobernador que Santa Fe imaginaba, pero fue el que quiso imaginar una provincia distinta. Quizá Binner no fue el líder que los socialistas buscaban, pero fue, por sobre todo las cosas, el líder que necesitaban.

 



Binner fue un líder atípico, peculiar, sin grandilocuencia ni ampulosidades. Más de los hechos que de las palabras, un legado de grandes obras y pequeños gestos más que de discursos para los anaqueles. Es quizá paradójico que un liderazgo tan idiosincrático y, a su modo, personal anidara en un hombre que solo era capaz de pensar en plural.

 

Binner fue un líder atípico, peculiar, sin grandilocuencia ni ampulosidades. Más de los hechos que de las palabras, un legado de grandes obras y pequeños gestos más que de discursos para los anaqueles.

 

Sus atributos personales y sus logros de gestión serán recordados por sus compañeros, amigos y, por qué no, ciudadanos que alguna vez confiaron en él. También sus detractores aprovecharán la hora para señalar sus debilidades o claroscuros. Pero nada de eso importa mucho ahora, solo refleja una cosa: su legado más valioso será la huella indeleble que dejó en cada uno que lo conocimos, de cerca o de lejos. Su austeridad y sencillez, esa simpatía sin grandes ademanes, esa cortesía tan ajena a la impostura. 


Más afecto a la escucha que al soliloquio, la imagen tantas veces vista de Binner sentado en el fondo del salón en alguna actividad de su querido partido muestra tanto su respeto al prójimo como su desprecio por los privilegios.

 

Ese Binner sentado al fondo del salón, escuchando más que pontificando –y, sin embargo, dirigiendo– es una buena imagen para recordarlo. La de una forma de dirigir  que era, a la vez, una forma de escuchar. Como un socialista más, pero no uno cualquiera.






El sencillo acto de ser un héroe… @dealgunamaneraok...

 El sencillo acto de ser un héroe…

 

Vivir sin esperanza en el deseo de encontrar una voz. Leónidas Lamborghini. 

El último de los héroes nos propuso la redención a través del pecado. El último de los herejes nos dio felicidad y la abrazamos. Tomar es tomar entero. Los héroes se hacen de contradicciones. Como el Halcón Maltés, Diego estaba hecho del material con el que se fabrican los sueños. 

© Escrito por Facundo Milman el  miércoles 25/11/2020 y publicado por el Periódico Digital La Vanguardia de la Ciudad Autónoma de los Buenos Aires, República de los Argentinos.


Se me complica hablar de Diego Armando Maradona, sobre todo, en este día. Un desgarramiento que va más allá del límite de lo imaginable, pero voy a hablar del Diego. No propongo leerlo en algún sentido en específico ni representarlo, no lo pienso volver a presentar, sino por el contrario mi ínfima idea era hablar del significado que tiene Él en mi vida.
 

Maradona: héroe y pecador; salvador y salvado; esperanza y esperanzador. El Héroe resguardó la felicidad no sólo mía, sino de todos. Maradona fue capaz de trascender el mismo campo al cual pertenecía.

 

El Diego es mi Héroe. Un Héroe que se encargó de proteger con su simple sonrisa, dar seguridad a través de ella y simbolizar lo que es Argentina en el mundo. Un Héroe que cargó en su espalda con todos sus pecados, un Héroe que trató de encargarse de sus errores, un Héroe que alcanzó la Redención como categoría teológica, histórica y universal: la Redención a través del pecado. El Diego descansa sobre su símbolo: su sonrisa. Pero ella no se agota. Su sonrisa, su protección y su figura van más allá del límite, es decir, rompe la misma idolatría popular que Él supo encarnar. Diego Armando Maradona va más allá de su figura: su presencia se reafirma en su ausencia. Las huellas psíquicas, sensoriales e ideológicas que dejó al abandonar el mundo terrenal son testigo de la grandeza de su ser.

 

El Héroe llamado Diego Armando Maradona podrá abandonar la vida terrenal, podrá viajar a través del tiempo en la memoria construida por el pueblo y podrá no estar ahora con nosotros. Pero hay algo no podrá hacer el Héroe: volver a repetir los actos heroicos. Diego Armando Maradona es la esperanza que vive en el espíritu del pueblo, es la señal que supimos conseguir como pueblo y, en lo fundamental, es pueblo únicamente por el pueblo. Maradona: héroe y pecador; salvador y salvado; esperanza y esperanzador. El Héroe resguardó la felicidad no sólo mía, sino de todos. Maradona fue capaz de trascender el mismo campo al cual pertenecía.

 


Maradona es mi Héroe, es D10S y también el anfibio. El Diego no sólo se quedó en el campo de juego generando su expresión. Fue más allá: surcó el campo de la política, de la soberanía, del comunismo y puedo seguir nombrando. Es la trascendencia maradoniana: ir más allá de su campo de especificidad. El ídolo popular, mi Héroe, el Dios, el anfibio solicita que abracen sus singularidades, su especificidad y, por lo tanto, sus contradicciones. Abrazar al Diego es no escindirlo.

 

No es interesante recrear un personaje recortándolo porque, por un lado, le quitamos su característica emancipadora y, por otro lado, es hora de aceptarlo para habitar esas contradicciones que él supo suscitar. Acaso, ¿no es más genuino habitar las contradicciones en vez de recortarlas? ¿No sucede un proceso similar con la angustia? ¿No es mejor habitarla que escindirla de uno? ¿Estamos creando un personaje? ¿Estamos creando un Diego que nos quede cómodos a todos? ¿Un Diego que sea soportado por nuestra moralidad? No, no interesa para nada.

 

Si algo así sucede, si recortamos así, si lo amputamos de esa manera, ya no es El Diego, sino un personaje de ficción. Preferible que la esperanza, el amor, la mesura, la cultura popular que vive en la esperanza del pueblo encarnada por Diego Armando Maradona sea con todas las contradicciones posibles, sea con la incomodidad suscitada y, por sobre todas las cosas, sea con todos.

 

Preferible que la esperanza, el amor, la mesura, la cultura popular que vive en la esperanza del pueblo encarnada por Diego Armando Maradona sea con todas las contradicciones posibles, sea con la incomodidad suscitada y, por sobre todas las cosas, sea con todos.

 

Un Héroe anfibio: un Héroe de la calaña de Diego Armando Maradona. Un Héroe que trasciende categorías, campos, pecados y dolores. Se hizo efectivo: la Redención a través del pecado. El último de los herejes. El Diego quizás es eso: una presencia que vive en la ausencia. Una posibilidad que radica más allá de su existencia. Una esperanza que sigue brillando interminablemente a través de los tiempos, a través de la trágica existencia que nos rodea y a través de la errancia de la historia humana. 


Diego Armando Maradona, mi Héroe.







A 10 años de la muerte María Elena Walsh... @dealgunamanera...

 A 10 años de la muerte María Elena Walsh, la inigualable artista argentina…

 

Un día como hoy nos dejaba una de las referentes de la cultura nacional que plasmó en su arte su pasión por la vida, su militancia feminista y su inalterable compromiso social.

© Publicado el domingo 10/010/2021 por Filo News de la Ciudad Autónoma de los Buenos Aires, República de los Argentinos.   

Un día como hoy, hace diez años, fallecía la gran María Elena Walsh, una de las mayores exponentes de la cultura argentina. Se dedicó a las letras en múltiples formas: fue poetisa, escritora, cantautora, dramaturga y compositora. 

Si bien ganó enorme popularidad por ser escritora de cuentos y canciones infantiles que marcaron a varias generaciones y aún viven en la memoria popular -como "El Reino del Revés" o "Cuentopos de Gulubú"- María Elena fue mucho más que eso.

 

Nació el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires. Estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, en Buenos Aires y desde los catorce años comenzó a publicar sus poemas en el diario La Nación, Los Anales de Buenos Aires, que dirigía Jorge Luis Borges, o Sur, de Victoria Ocampo. 

A sus 17 años publicó su primer libro "Otoño imperdonable" (1947), consagrándose como una de las voces más importantes de su generación. El mismísimo Pablo Neruda estuvo entre sus primeros lectores entusiastas.

 

En la década del 50 emigró a Europa junto a su amiga tucumana, Leda Valladares, también poeta, con la que formaron el dúo vocal "Leda y María". Juntas lograron convertirse en una de las propuestas artísticas más originales de esos años y tocaron música argentina en los clubes más importantes del viejo continente. 

La enorme Mercedes Sosa se encargó de llevar a lo más alto del repertorio nacional las letras de María Elena que, interpretadas por la voz de "La Negra", se convirtieron en símbolos de la cultura argentina. "Serenata para la tierra de uno" y "Como la cigarra" son piezas de folclore que lograron conjugar a dos de las más grandes artistas nacionales. 

Mercedes Sosa. Serenata para la tierra de uno.

También se dedicó al teatro y escribió grandiosas obras en las que plasmó su militancia feminista y su protesta contra la injusticia social. En 1978, en plena dictadura cívico militar, harta de la censura y la persecución decidió dejar definitivamente el teatro. Pero su compromiso con el cambio social no iba a terminar allí. 

Refugiada en el periodismo gráfico, durante los años más oscuros de la reciente historia de nuestro país, escribió artículos como "Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes" (1979) en el que, a pesar de la nula libertad de expresión, comparaba al régimen dictatorial de Argentina con un jardín de infantes.

 

En 1981 enfermó de cáncer, por lo que tuvo que enfrentar un largo tratamiento que duró hasta 1983, justo cuando la democracia retornaba en nuestro país. Fue una nueva etapa para la Argentina y también para María Elena que se comprometió, a través de su arte, a restaurar la democracia en los ámbitos más diversos. 

Durante la década del 90 siguió publicando muchas obras como "Novios de antaño" (1991), una novela autobiográfica sobre la niñez en época de la década infame. Entre 1997 y 2004 presenta los libros infantiles: "Manuelita, ¿dónde vas?"; "Hotel Pioho’s Palace" y "¡Cuánto cuento!" y en 2008 publica su último libro: "Fantasmas en el parque".

 

Recibió innumerables reconocimientos nacionales e internacionales: Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Premio Konex de Platino y de Honor en Letras; Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (Dinamarca), el Premio Honor del FNA; Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba, entre otros. 

Falleció el 10 de enero de 2011 en Buenos Aires, dejando un legado inabarcable de obras, poemas, libros y canciones que ya son parte definitiva de la memoria colectiva y constituyen un tesoro invaluable para la cultura nacional.





sábado, 9 de enero de 2021

Jubilaciones y pensiones… @dealgunamanera...

 Jubilaciones y pensiones. Cristina Kirchner cobrará cerca de 1,7 millones de pesos mensuales.


Semejante beneficio no solo demuestra la ausencia del más mínimo escrúpulo de parte de la beneficiada, sino que viola el marco jurídico vigente en la materia.

© Escrito por Daniel Sabsay (*) el viernes 08/01/2020 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

El mismo día que se sancionó la nueva fórmula previsional que no toma en cuenta la inflación para el cálculo de las jubilaciones y por lo tanto importa una seria merma de los haberes de los adultos mayores, una sentencia por lo menos insólita, le concedió a la vicepresidenta el cobro de dos jubilaciones no contributivas, de privilegio, sin pagar impuesto a las ganancias.

 

De resultas de lo cual, Cristina cobrará alrededor de 1,7 millones de pesos mensuales. Importe que resulta de la suma de las dos pensiones más el sueldo de Vicepresidenta. Pero parece que a la ex Presidenta no le alcanza, pues le ha pedido al juez el cobro de un 40% más por zona desfavorable ya que mantuvo su domicilio en El Calafate. Además el magistrado le concedió un retroactivo equivalente a cien millones de pesos.

 

Semejante beneficio no solo demuestra la ausencia del más mínimo escrúpulo de parte de la beneficiada, sino la violación de las más esenciales reglas éticas. Más allá de este tipo de razonamiento, el problema se centra en la violación del marco jurídico vigente en la materia.

 

CFK se sirve de una Argentina sin Ley

 

Del análisis de los antecedentes de la decisión surge que en 2015, cuando Cristina era presidenta le solicitó los beneficios a su cuñada Alicia Kirchner, a la sazón ministra de Desarrollo Social, quien se los concedió de inmediato con el asesoramiento de Carlos Zannini, que se desempeñaba como Secretario Legal y Técnico de la Presidencia. Luego se reformó la ley 24.018 y determinó que el ANSES fuese la autoridad de aplicación. Cabe recordar que bajo la presidencia de Macri se resolvió, por aplicación del art. 5 de la ley, que ella debía elegir entre una de las dos pensiones.

 

Entre otras irregularidades, el juez subrogante Ezequiel Pérez Nami sostuvo que Isabel Perón cobra dos pensiones. Sin embargo, esto no es así, la viuda de Perón cobra una y paga ganancias. El magistrado formalmente es secretario de juzgado, miembro de la lista celeste, la más afín al kirchnerismo. Lamentablemente los K han hecho de las subrogancias un vehículo para la permanencia de meros funcionarios judiciales afines.

 

Recordemos que por el contrario movió todas las piezas contra los traslados de jueces federales dentro de la misma jurisdicción, grado y competencia y logró que la Corte decidiera en el caso Bruglia que los traslados siempre son transitorios.

 

Curioso los subrogantes muchas veces ni siquiera son jueces, como es el caso del sentenciante en el caso que estamos analizando, sin embargo, cuando conviene se los perpetua. Una vez más el doble rasero en función de las circunstancias. También sucede que se los premie como ocurrió con Alejo Ramos Padilla. Pero sorprendentemente Pérez Nami no ganó ninguno de los concursos en los que se presentó.

 

La pensión doble de Cristina: un episodio más de la Argentina inentendible

 

Esta aberrante sentencia (creemos que es el adjetivo que le cabe) ya que no resiste el más mínimo examen a la luz de los principios de legalidad, razonabilidad y proporcionalidad, debería ser apelada por la titular del ANSES o por el inefable Zannini, hoy Procurador del Tesoro de la Nación. Si no lo hicieran, nos preguntamos si es posible aceptar que quede firme, cuando se opone a los más elementales contenidos del Estado de Derecho. Si así ocurriese, se consagraría la desigualdad ante la ley, el abuso de poder, la malversación de caudales públicos, el incumplimiento de los deberes de funcionario público, entre otros posibles delitos.

 

Debe abrirse el acceso a la Justicia, de modo que ante la omisión de los funcionarios, seamos los gobernados quienes defendamos el erario público y en definitiva nuestros derechos derivados de una decisión injusta y contraria a las normas. No tengo dudas de que de quedar firme este fallo, estaríamos frente a cosa juzgada írrita o fraudulenta, como califica a este tipo de decisiones jurisdiccionales Federico Morgenstern en su ya célebre libro.

 

La Corte Suprema ha dicho desde hace varias décadas a partir del  caso “Siri” (Fallos: 239:459, 1957) que consagró el amparo como vía judicial para la protección de los derechos que: “las garantías individuales existen y protegen a los individuos por el sólo hecho de estar consagradas en la Constitución Nacional”.

 

Ahora, frente a tamaño atropello y ante la mirada complaciente del poder deberá aplicar nuevamente este criterio para proteger el Estado de Derecho.

 

(*) Daniel Sabsay. Profesor titular y Director de la Carrera de Posgrado en Derecho Constitucional de la Universidad de Buenos Aires.






jueves, 7 de enero de 2021

Copa Diego Armando Maradona. Huracán 0 vs. Argentinos Juniors 1... @dealgunamanera...

Argentinos derrotó a Huracán y todavía sueña con la final...



El Bicho mantuvo sus aspiraciones por llegar a la final de la Copa Diego Maradona, tras derrotar por 1 a 0 al Globo, al cabo de un discreto encuentro disputado en el Tomás A. Ducó por la cuarta fecha de la Zona Campeonato A.

© Publicado el martes 05/01/2021 por el Diario Jornada de la Ciudad de Trelew, Provincia del Chubut, República de los Argentinos.

Argentinos Juniors derrotó a Huracán 1 a 0, por la cuarta fecha del grupo A de la Zona Campeonato de la Copa Diego Maradona, y si bien depende de otros resultados, mantiene la chance de lograr un lugar en la final.

Matías Romero (17m. ST) marcó el único gol del partido, jugado en el estadio Tomás Adolfo Ducó, en el barrio porteño de Parque Patricios, y arbitrado por Andrés Merlos.

Con esta victoria Argentinos quedó un punto debajo de Boca -al que enfrenta en la próxima fecha- y River.

Argentinos tuvo más claridad para llegar y contó con una propicia situación de gol poco antes de los diez minutos de juego, con un remate bajo de Diego Sosa que sacó muy bien Facundo Cambeses, y en el rebote disparó Gabriel Hauche y la pelota rebotó en Renato Civelli.

Después el conjunto de Diego Davobe tuvo la posesión pero apenas pudo aproximarse con tiros desde fuera del área, desviados.

Huracán emparejó a pura fuerza pero sin ideas, con pelotazos, y de a poco el juego se emparejó, se dividió la pelota y no hubo profundidad.

Sobre el cierre del primer tiempo Huracán tuvo dos buenas opciones de contragolpe, en los pies de Chávez, ambos también desviados.

En la parte complementaria se hizo de ida y vuelta, y "pegó" primero el visitante, con un gran remate del ingresado Romero a distancia que se metió en el ángulo superior izquierdo del arco de Cambeses.

Reaccionó Huracán y lo tuvo con el también ingresado Norberto Briasco, que se lo perdió "debajo del arco".

Pero más allá de esa jugada al local le faltó claridad y fue Argentinos el que controló el juego, para llevarse un triunfo que alimenta su ilusión.

Síntesis:

Huracán 0  

Facundo Cambeses; Raúl Lozano, SaúL Salcedo, Renato Civelli y Ezequiel Bonifacio; Esteban Rolón; Norberto Briasco, Santiago Hezze, Franco Cristaldo y Juan Fernando Garro; Andrés Chávez. DT: Israel Damonte.

Argentinos Juniors 1  

Lucas Chaves; Jonathan Sandoval, Miguel Torren, Carlos Quintana y Kevin Mac Allister; Franco Ibarra y Fausto Vera; Gabriel Hauche, Diego Sosa y Gabriel Florentín; Juan Román Pucheta. DT: Diego Dabove.

Gol en el segundo tiempo: 17m. Romero (AJ).

Cambio en el primer tiempo: 41m. Matías Romero por Florentín (AJ).

Cambios en el segundo tiempo: Inicio Norberto Briasco por Cabral (H), 12m. Francisco Romero por Garro (H), 21m. Federico Marín por Rolón (H) y Matías Forlano por Cristaldo (H), 30m. Patricio Toranzo por Hezze (H), 31m. Mateo Coronel por Hauche (AJ) y Franco Moyano por Ibarra (AJ), 38m. Lucas Ambrogio por Pucheta (AJ).

Amonestados: Lozano (H); Hauche, Torrén (AJ).

Árbitro: Andrés Merlos.

Estadio: Estadio Tomás Adolfo Ducó, del Club Huracán.



                          Video: TNT Sports




La metamorfosis del Presidente... @dealgunamanera...

 La metamorfosis del Presidente... 

Samsa vernáculo, Franz Kafka. Dibujo: Pablo Temes 

El prestigio y la credibilidad de Alberto Fernández se erosionan para satisfacer los deseos de impunidad de CFK. 

© Escrito por Nelson Castro el domingo 03/01/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.


En un artículo sobre la muerte del fiscal Alberto Nisman publicado en el diario La Nación el 16 de febrero de 2015, escribió Alberto Fernández: “Un fiscal que denunció penalmente a la Presidenta apareció muerto días después de formular su demanda y solo un día antes de fundar su imputación ante el Congreso Nacional. En el centro del poder, allí donde la denuncia tocaba fibras, hablaron de suicidio y de asesinato, acusaron al muerto de ser un padre desatento y un títere de factores que operan en las sombras y hasta afirmaron que una suerte de lucha fratricida entre servicios de inteligencia acabó detonando esa muerte. Todo lo dicho sería poco importante de no ser que ha salido de la boca de la Presidenta imputada por el fiscal muerto”.

 

Dijo el mismo Alberto Fernández el jueves pasado en un reportaje con Radio 10 que ahora no le cabían dudas de que Nisman se suicidó. ¿Hubo algún dato nuevo en la investigación de este magnicidio institucional que haya conocido el Presidente y permanezca oculto a la opinión pública? De lo que se sabe, nada de eso hubo. Lo que hay es un presidente que día a día no duda en hacer añicos el valor de su palabra en pos de satisfacer los deseos de impunidad de la ex presidenta en funciones, Cristina Fernández de Kirchner.

 

Nada se escucha, en cambio, hacia los que dictaminan en favor de la vicepresidenta, como el juez federal de la Seguridad Social Ezequiel Pérez Nami, quien la autorizó a cobrar su pensión como ex presidenta más la de su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, con intereses retroactivos y sin pagar el impuesto a las ganancias. Esta sentencia se conoció el mismo día en que se aprobó otra reforma para el cálculo de haberes que representa otro perjuicio para los millones de los ciudadanos y ciudadanas que experimentan a diario la condena de ser jubilados y pensionados en la Argentina.

 

Dijo siempre el Presidente que en la Argentina no hay presos políticos, sino detenciones arbitrarias. Sin embargo, un número creciente de sus funcionarios viene sosteniendo que sí los hay. ¿Cuánto faltará para que el Dr. Fernández cambie de parecer y se lance decididamente a presionar a jueces y fiscales que no satisfagan las demandas de CFK?

 

Supo prometer el Presidente que en su gobierno habría respeto hacia los que piensan diferente. Pero el jueves mandó al psiquiatra a los periodistas que expresan críticas hacia la desvaída gestión de su gobierno, a los que acusó de pregonar el odio y los ataques contra la ex presidenta en funciones. Según el Presidente, el “amor” es patrimonio exclusivo del kirchnerismo. ¿Alguien ha escuchado o visto últimamente a CFK prodigar alguna muestra de “amor”? Por el contrario, lo que se ve en ella es un gesto siempre enojado, y lo que se le escucha son malos tratos a los funcionarios del Gobierno “que no funcionan” y a todos los que piensan diferente.

 

Afirmó también Alberto Fernández que en diciembre pasado se vacunarían millones de personas. Finalmente, fueron poco más de 32 mil. La metamorfosis del Presidente es continua y se acentúa. Es una metamorfosis denigratoria de su dignidad, de la credibilidad de su palabra y de su prestigio.

 

Interna bonaerense. CFK sabe que la gestión no va de la mejor manera. Nunca mostró demasiado interés por el sello provincial, pero necesita calmar la ansiedad y asegurar el futuro. Y sin la provincia de Buenos Aires no hay futuro. Pragmatismo puro, uno de los requisitos del manual del peronismo. Una voz que recorre el Conurbano lo describe con claridad: “La unidad en tiempos difíciles es la llave para la estabilidad en el poder. Más allá de la simpatía o antipatía que CFK pueda tener con los dos intendentes que se alternan en la presidencia del PJ bonaerense –por un acuerdo celebrado hace un par de años– la unión es lo fundamental”.

 

La ex presidenta en funciones sabe que ella es artífice y la garante de esa unidad porque el voto en ese territorio y, más precisamente en el Conurbano, es kirchnerista.  Entonces habrá unidad bajo su presencia y conducción o no habrá nada. Por eso su hijo Máximo está negociando con intendentes como Martín Insaurralde para preparar el terreno y hacer viable su proyecto de presidir el PJ bonaerense.

 

No se han escuchado públicamente voces de los líderes territoriales que, con determinación verdadera, demuestren su oposición. Puntualmente la referencia es a Fernando Gray, intendente de Esteban Echeverria que aún debe presidir el PJ provincial durante 2021. Esto es así porque los alcaldes están haciendo cálculos. Nadie quiere quedarse parado en la vereda incorrecta. Para un jefe comunal el territorio lo es todo. Y las sospechas aumentan: “Si Insaurralde ya está operando a favor de Máximo es porque el acuerdo está muy avanzado”, consigna la misma fuente.

 

Con el encumbramiento del hijo de CFK, La Cámpora empieza a jugar su partido para copar el PJ. A esos efectos es absolutamente funcional la ley impulsada por María Eugenia Vidal –apoyada en su momento por Sergio Massa– para limitar las reelecciones indefinidas de los intendentes. Toda esta trama va transformando a Alberto Fernández en un personaje absolutamente secundario.

 

Mientras tanto, el coronavirus. El aumento de los contagios es el tema del momento en materia sanitaria, y de política económica. El Gobierno se muestra a favor de endurecer las medidas pero nadie se atreve a arriesgar una fecha. “Enero parece intocable. La lógica peronista choca de frente con la idea de cortar el descanso –merecido– luego de 10 meses de encierro”, dicen desde el Patria. Otra incógnita es qué pasaría con la economía y la educación si la segunda ola llega antes que la vacuna haya generado suficiente cantidad de personas con inmunidad. “Si se restringen actividades, el golpe sería brutal y la caída palpable en el corto plazo. Si se opta por relanzar el IFE para paliar las consecuencias se refuerza la espiral inflacionaria vía mayor emisión monetaria. Es un callejón sin salida”, reconoce un consultor especialista en precios y mercados al consumidor.

 

La educación es el otro interrogante ante un posible rebrote de casos. ¿Alcanzan las burbujas implementadas en el último mes del calendario escolar si la pandemia retoma fuerza en los primeros meses del año? Son preguntas que aún no tienen respuesta y el margen de reacción del Gobierno parece, una vez más, tensar la cuerda para tropezar con los mismos errores.

 

Producción periodística: Santiago Serra.