lunes, 10 de febrero de 2014

El camino boliviano… De Alguna Manera...


El camino boliviano…

Presidente Evo Morales y la Bandera de Bolivia.

Acaban de cumplirse ocho años de la asunción del primer presidente de origen indígena en Bolivia, que marcó el inicio de la conformación de un Estado Plurinacional. Fernando Mayorga, uno de los principales analistas de este proceso, explica cómo fue posible su construcción, cuáles son los nuevos actores de la escena política y de qué manera se amplió la democracia participativa. Las tensiones entre nacionalismo e indigenismo. Los dilemas que enfrenta ahora el gobierno de Evo Morales.

El 22 de enero de 2006, Evo Morales se constituyó en el primer presidente indígena de Bolivia. Años después, la instauración de un Estado Plurinacional, con la nueva Constitución sancionada en 2009, fortaleció los niveles de democratización y participación de la ciudadanía. El reconocimiento del pluralismo atravesó los ámbitos jurídico, lingüístico, económico y político. Sin embargo, la relación Estado-ciudadanía no quedó librada de contradicciones. Reivindicando la consolidación de una democracia representativa, participativa y comunitaria, el politólogo boliviano Fernando Mayorga dialogó con Página/12 sobre los dilemas que arrastra la construcción del modelo estatal boliviano y la tensión existente entre nacionalismo e indigenismo en el marco de este proceso.

–¿Qué rasgos caracterizan el proyecto político que se abrió con el gobierno de Evo Morales? ¿Qué lo diferencia de los anteriores?
–Es un proyecto político que se despliega desde el año 2005, y particularmente desde el 2009, cuando se aplica la nueva Constitución. Es un proyecto político que está tendido en una contradicción entre nacionalismo e indigenismo. En el 2009, la Constitución instauró el Estado Plurinacional, reconociendo a diversas naciones y pueblos indígenas originarios campesinos. En términos discursivos, se construyó un nuevo sujeto portador de derechos colectivos. Es una palabra bien complicada.

–¿Por qué?
–Son catro términos para designar a un sujeto en el reconocimiento del pluralismo en diversos órdenes. Pluralismo jurídico, pluralismo lingüístico, pluralismo económico y pluralismo político.

–¿En qué se expresan?
–El pluralismo jurídico se expresa en el reconocimiento de dos jurisdicciones, una ordinaria y otra indígena, con el mismo rango. Las prácticas, procedimientos y costumbres de las comunidades indígenas son formalizados como mecanismos de resolución de conflictos. El pluralismo económico se expresa en el reconocimiento de cuatro formas de propiedad: privada, pública, cooperativa y comunitaria.

–¿En qué se diferencia la comunitaria de la cooperativa?
–En que la cooperativa no tiene base territorial indígena, tiene lugar en el nivel urbano. Existe particularmente en el sector de la minería, donde los ex trabajadores mineros que fueron despedidos en el período de la caída de precios de los minerales o con las políticas de privatización, se asociaron para la explotación minera y formaron cooperativas en condiciones paupérrimas, de supervivencia. En Bolivia, hay 400 mil de esas cooperativas. Esto significa el reconocimiento a un sector que fue muy importante en las movilizaciones sociales y políticas que llevaron a Evo Morales al poder. En cambio, la comunitaria es más rural y campesina. Es una economía basada en la reciprocidad, en la circulación de ayuda comunitaria para la producción agrícola más que en la producción dirigida al mercado, y tiene fuertes rasgos culturales tradicionales.

–¿Cuáles son esos rasgos?
–La producción comunitaria está ligada a una forma de organización del poder interno con rotación, la toma de decisiones se da mediante asamblea. Eso que siempre fue parte de la economía boliviana ahora está formalizado. El tema es que con esta revolución democrática todo ese mundo indígena ahora pasa a formar parte del orden constitucional del país, en términos reales y legales. El problema lingüístico se expresa en el reconocimiento de más de tres decenas de lenguas nativas que ahora son idiomas oficiales, junto con el español. No solamente el quechua y el aymara, que corresponden a los grandes conglomerados indígenas, sino también otras treinta lenguas de tierras bajas. El pluralismo cultural supone un reconocimiento de las culturas originarias en todas sus facetas, de manera que se pueda expresar la bandera indígena tanto en tierras bajas como en las que no lo son, que está incorporada como símbolo oficial.

–¿Y el pluralismo político en qué se expresa, concretamente?
–El pluralismo político tiene una expresión particular. A diferencia de Ecuador y Venezuela, que han incorporado en sus constituciones a instituciones de la democracia representativa para ampliar la democracia participativa, en Bolivia, además de incorporar esas formas de democracia participativa –como el referéndum– se ha incorporado también la asamblea, el cabildo y la consulta previa.

–¿Qué características tienen esas instituciones? ¿En qué se diferencian de la democracia participativa?
–Además de la democracia representativa y participativa, también se reconoce la democracia comunitaria. A esa combinación de las tres la denominamos “modelo de democracia intercultural”. En tanto que modelo de democracia, el correlato del Estado plurinacional es la democracia intercultural. Consiste en que el cinco por ciento de los diputados es indígena. De hecho, la discusión es si ello debería incrementarse a quince o a treinta y seis.

–¿Quiénes están dando esa discusión?
–Los indígenas. Se ha hecho el nuevo censo de población y vivienda el año pasado y sobre ese mapa demográfico se va a discutir esa proporción. Es un tema de decisiones políticas. El punto es que tú tienes un porcentaje de diputados que son elegidos por su pertenencia identitaria. Punto. Lo importante es que se hace eso sin provocar una situación de dualismo representativo. Bolivia tiene el Parlamento bicameral, en diputados tenemos este porcentaje de indígenas, hay nueve gobiernos departamentales, en las asambleas departamentales hay cuotas étnicas que pueden ser de cinco, diez o quince por ciento. En algunos casos, elegidos por usos y costumbres. Tú tienes representación vía identidad étnica en el Parlamento, en Diputados y en las Asambleas departamentales. En todo. A nivel municipal, se da desde mucho antes, desde 1995. Además, hay tres niveles de gobierno subnacional: el departamento, el municipio y la autonomía indígena. De los 367 municipios, en quince se votó en referéndum su transformación en autonomía indígena: ganaron 11.

–¿Dónde reside la dimensión nacionalista en este nuevo esquema de la democracia boliviana?
–Está en este retorno del Estado como protagonista, que se nutre de una experiencia nacionalista que viene de la revolución de los años ’50. En Bolivia, la ideología más poderosa es el nacionalismo revolucionario surgido de la revolución de 1952. Es tan poderosa que de allí nació el campesinado y el sindicalismo campesino, donde se inserta Evo Morales. En esta figura de naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, tú tienes la combinación de tres movimientos.

–¿Cuáles?
–El movimiento indígena de tierras altas del Altiplano, relacionado con el imperio incaico y el tiahuanacota. Los indígenas de tierras bajas, los de la Amazonia que son nómadas, cazadores y recolectores en su gran mayoría, se llaman a sí mismos “pueblos indígenas”. Son campesinos propietarios privados con acceso a la tierra desde el ’52, cuando tuvo lugar la revolución agraria. Una vez que se empieza a implementar la Constitución política, que reconoce derechos colectivos, empiezan a aparecer las tensiones, las contradicciones.

–En el marco de esta ampliación de la democracia en Bolivia, producto de reivindicaciones sociales que consolidaron el triunfo de Evo Morales, ¿cómo ve hoy la relación entre Evo y esos sectores?
–En el caso “Tipnis” (la marcha indígena contra la construcción de una carretera) aparece una contradicción entre un objetivo estatal de integración territorial –y, por tanto, de ejercicio de soberanía estatal– y un derecho colectivo de los pueblos indígenas que dicen: “respeten nuestro territorio”. O ¿quién decide sobre el uso del territorio? Ahí el MAS opta por la vertiente nacionalista: privilegia lo estatal respecto del derecho colectivo indígena.

–¿Por qué?
–Por una cuestión muy simple: en ese proyecto político prevalece una lógica de construcción estatal. En Bolivia tienes el reconocimiento de derechos colectivos de los pueblos indígenas, que incluye el autogobierno, y derechos que se ejercen territorialmente. Con el siguiente panorama: la mayoría de la población es campesina indígena, con casi dos tercios del territorio bajo demanda de conversión en territorio indígena, dado que un tercio de los municipios tiene mayoría indígena y, además, las tierras comunitarias de origen donde son privilegiados los indígenas. Si haces prevalecer esos derechos colectivos sobre sus territorios, estaríamos en una situación de soberanía estatal que no tendría potestad ni autoridad sobre dos tercios del territorio boliviano. Entonces, prevalece la razón de Estado, la idea de nación. Allí es donde se producen estas contradicciones. El movimiento indígena promueve la Asamblea Constituyente, un nuevo orden constitucional, logra que se reconozcan los derechos colectivos, amplía la ciudadanía con sistemas de derechos, están en el centro de todo el ordenamiento jurídico boliviano. Sin embargo, entran en contradicción. Una tendencia común a cualquier Estado que busca la unificación.

–En su libro Dilemas, usted habla de los “dilemas” que enfrenta hoy el gobierno de Evo. ¿Podría nombrar los más importantes?
–El dilema general que cruza el discurso político del MAS se relaciona con la orientación del propio proceso de construcción del modelo estatal, se da entre nacionalismo e indigenismo. Cuánto de nacionalismo –es decir, cuánto de Estado– y cuánto de indigenismo –de la vigencia de los derechos colectivos–, que ha sido parte medular de la nueva Constitución y son la razón de ser del Estado. Esto tiene varias consecuencias.

–¿Como cuáles?
–Por empezar, sobre la organización vertical del Estado, toda vez que la Constitución reconoce un Estado descentralizado políticamente a través de gobiernos subnacionales que tienen autonomía y asambleas legislativas de la misma categoría. El Estado boliviano reconoce autonomía departamental, autonomía municipal, autonomía regional y autonomía indígena. El dilema reside en que el diseño de descentralización para la gestión está concentrado.

–¿En qué sentido?
–En el sentido de que refuerza el centralismo gubernamental, porque el MAS concentra el poder político e impide que se vaya implementando el régimen de autonomías más rápidamente. El presidente Evo Morales ha definido una estrategia del modelo de desarrollo que es muy sugerente: la Agenda Patriótica del Bicentenario plantea trece metas de desarrollo. Las tres primeras son las más importantes, porque se relacionan con rezagos históricos y estructurales de la sociedad boliviana: eliminación de la pobreza absoluta, acceso universal a servicios básicos y seguridad alimentaria. Allí hay un dilema para el proyecto, porque un sector del gobierno ha propiciado un discurso muy centrado en la descolonización, asumiendo que las distintas formas de Estado antes del 2009 correspondían al Estado colonial. Sobre ello, el discurso del MAS en la Asamblea Constituyente se basó en la idea de una refundación de Bolivia. Cuando Evo Morales dice “Agenda Patriótica del Bicentenario 2025”, está afirmando la necesidad de una mirada de continuidad histórica, es decir, se pone una meta que se cumpliría en 2025 para recordar el nacimiento de la república. Eso significa una modificación en la visión respecto del intento de revisión histórica que negaba el pasado como negativo, como manifestación del colonialismo interno.

–¿Por qué se da este cambio idiosincrático?
–Porque se aferra cada vez más al nacionalismo revolucionario para definir la reorientación del modelo estatal. El nacionalismo revolucionario implica no solamente una visión del Estado o un tipo de interpelación al pueblo, sino además una interpretación del proceso histórico. Entonces se recupera una idea basada en la dicotomía Nación y anti-nación.

–Cuando mencionó la Agenda Patriótica, usted aludió a una revisión histórica.
–Claro, al definirla como prioridad de su gestión y poner como horizonte el 2025, está recuperando la idea de continuidad histórica que antes no tenía. Para cumplir esas metas, el MAS debe propiciar el fortalecimiento de las autonomías, sobre todo las departamentales, que tienen las atribuciones y están habilitadas para cumplir esas tareas. El gobierno central no puede hacer esas tareas. Es una idea centralista que debe convivir con una agenda patriótica que exige fortalecimiento de la descentralización política. Ese nivel subnacional departamental es donde el MAS tiene menor fuerza; en algunas regiones ha perdido las elecciones. Allí observo otro dilema, ya que propiciaría espacios favorables a la oposición, lo que tendría una consecuencia en el proceso político boliviano.

–¿Cuál cree que es la concepción de pluralismo que tiene el MAS?
–Para el MAS, el pluralismo que reconoce la Constitución se da en términos de manifestación de la diversidad étnico-cultural. La Constitución reconoce pluralismo jurídico, económico, lingüístico, cultural y político. Los cuatro primeros están clarísimos, además se traduce en instituciones. En cuanto al pluralismo político, ellos consideran que se expresa en lo que se denomina “democracia intercultural”: la convivencia de instituciones de la democracia representativa, de la democracia participativa y de la democracia comunitaria. En Bolivia hay una tensión entre el grado de ampliación de la democracia con concentración de poder.

–¿En qué se traduce esa tensión?
–Buena parte del derrumbe de los sistemas de partidos en Bolivia, Venezuela y Ecuador tuvo que ver con la pérdida de legitimidad. Vinieron nuevos liderazgos. En Bolivia se trató de un nuevo liderazgo y nueva fuerza política, con la incorporación de nuevos actores y nuevas demandas en la política. Hay una profunda renovación que amplía la legitimidad. Eso va acompañado por una concentración del voto que permite que el proceso decisional esté en manos del MAS. En esta fase de la construcción del Estado plurinacional estamos bajo esa figura: el MAS controla las dos cámaras, tiene el control en siete de nueve gobernaciones y el 85 por ciento de los municipios.

–En el marco de esta concentración del poder, usted mencionó cambios en las pautas de participación, una ampliación de la participación de, por caso, las mujeres.
–Se concentra el poder en el MAS, que es el partido hegemónico. Ahora, dentro del MAS como partido de gobierno hay una renovación de las elites políticas en Bolivia, donde sobresale la presencia del campesinado indígena y las mujeres, muy claramente. En los dos casos, hay reglas que promueven e incentivan eso. En el caso de las mujeres, se ha pasado de la igualdad a la equidad de oportunidades. Actualmente, hay mujeres que son presidentas de las cámaras de Diputados y Senadores, se ha llegado a tener la mitad de ministras mujeres, algunas de ellas, también campesinas e indígenas. La presencia campesina es muy evidente en las esferas gubernamentales y en los espacios de representación. Esos son los actores que más visiblemente han ingresado en la política y, además, lo hicieron como actores decisivos.

–¿Con qué instrumentos cuenta hoy el Estado para regular el mercado, otra dimensión también en tensión?
–La capacidad regulatoria del Estado es muy débil. Lo que tiene, sin embargo, es un manejo adecuado de la estabilidad macroeconómica, relacionado con la generación de excedente económico por la exportación de hidrocarburos y minerales. Eso sostiene la economía boliviana y le da al gobierno de Evo Morales la capacidad de disponer de recursos para ejecutar políticas redistributivas. Hay problemas con la atracción de mayor inversión, no tanto por la política, como era antes, sino por la propia debilidad y falencias del Estado boliviano. En algunos casos le fue imposible regular el mercado. Un ejemplo ilustrativo fue el intento de elevar el precio de la gasolina, en diciembre de 2010. Ese intento de regular el mercado para eliminar una subvención derivó en una protesta popular que incluyó a los aliados del gobierno. Por lo tanto, esa medida no fue posible hasta la fecha. Además del gasolinazo, se dio el movimiento indígena con la famosa carretera del Tipnis, ocurrió con el sector de salud ante la pretensión del gobierno de ampliar la labor de los médicos de 6 a 8 horas. Todos esos episodios implicaron la apertura de espacios de negociación o búsqueda de soluciones de otra índole.

© Escrito por Natalia Aruguete el lunes 10/02/2014 y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

domingo, 9 de febrero de 2014

Desmesura para todos… De Alguna Manera...


Desmesura para todos…

‘WHILE MY GUITAR GENTLY WEEPS...’ Dibujo: Pablo Temes.

La mujer más poderosa del país no detiene su cuesta abajo. Hartazgo peronista con el vice y con Kicillof.

El que se acuesta con este gobierno aparece mojado. O manchado. Es increíble la vuelta de campana que dio la realidad en tan poco tiempo. Cristina fue, y tal vez lo siga siendo, la mujer más poderosa de la política desde el retorno de la democracia. Pero hoy no da pie con bola: todo lo que toca lo convierte en barro. Y si no que lo diga Jorge Capitanich, que en 15 días pasó de comerse a los chicos crudos con su futura candidatura presidencial a que los chicos de La Cámpora se lo comieran a él y lo vaciaran de contenido e identidad y lo empujen a presentar su renuncia. O Marcelo Tinelli, un creativo incombustible y experto gambeteador del poder que quiso hacer unos cambios cosméticos en el fútbol televisado (porque la tanda panfletaria iba a seguir) y alcanzó a pedir el cambio justo a tiempo, antes de que Hebe Bonafini le sacara tarjeta roja y lo sumara a los “enemigos de la patria”. O Amado Boudou, que por su irresponsable voracidad por el dinero fácil sufrió una mutación zoológica y pasó de ser el delfín de Cristina a convertirse en el pavo de la boda.

El peronismo realmente existente, el que siempre es leal con los ganadores, tiene la paciencia colmada. Están hartos de arriesgar su propio pellejo para defender a dos muchachos rubios y pintones que poco tienen que ver ideológicamente con la ancha avenida del centro justicialista. Uno viene de la izquierda posmarxista, y el otro de la derecha neoliberal. Por eso la mayoría no pone la cara ni por Axel Kicillof ni por el vicepresidente de la Nación.

Al ministro lo quieren expulsar del Gobierno por la velocidad que le imprimió a la crisis económica tirando nafta (de YPF, nacional y popular) al fuego. Potenció todas las enfermedades del modelo, como la inflación, la devaluación antipopular y el ajuste ortodoxo tipo FMI, y no aportó un solo remedio. Encima demostró que sus dudas no son la jactancia de los intelectuales, sino que su ir y venir en varias decisiones es la confirmación de que está aprendiendo a gestionar en la cubierta del Titanic.

Amado es el más odiado. En el justicialismo muy pocos orinan agua bendita, y muchos saben cómo se hacen las truchadas para enriquecerse con los dineros públicos. Y todos registraron que Amado fue ineficiente hasta para eso: dejó sus dedos pegados en varias ocasiones. Hay pruebas e indicios muy fuertes en la causa Ciccone, por la que será llamado a indagatoria y tal vez procesado. Es un delito excarcelable, pero si se le suma la acusación sobre enriquecimiento ilícito que tiene como causa paralela, podría terminar en la cárcel, previo juicio político, como sueñan los opositores. Su presentación espontánea en Tribunales fue una jugada astuta, pero su imagen negativa es tan potente que ya es un muerto político. La Justicia decidirá si es culpable y qué tipo de cristiana sepultura deberá recibir.

¿En qué momento y por qué motivos se inició la cuesta abajo de Cristina, cuando tenía todo para ser eterna, menos la autorización constitucional? En el plano económico está muy claro. La intervención de la patota de Guillermo Moreno en el Indec fue la madre de todos los desmadres. Ningún país del mundo se atrevió a tanto. Algo hizo la dictadura de Pinochet en Chile, pero tuvo que recular. Alguna nación africana lo intentó por algunos meses. Pero el único que fracasó exitosamente fue Guillermo Moreno. Se sintió el príncipe elegido de los reyes, Néstor y Cristina, y con su espada les cortó la cabeza a las estadísticas públicas primero, y a la credibilidad del Gobierno después. Quedará grabado en la memoria colectiva como el autor material del envenenamiento de las relaciones comerciales en un país que fracasó pero que tenía todo para crecer y desarrollarse con inclusión social y libertad.

En ese preciso momento dinamitaron el futuro. Hoy vemos las consecuencias, los escombros de aquel modelo productivo que hoy está lleno de heridas sangrantes.

Los que acusan a medio mundo de destituyentes destituyeron a Graciela Bevacqua de su cargo en el Indec. Lo hicieron en forma artera y prepotente. Primero aprovecharon sus vacaciones, y después se lo comunicaron en un café cercano al edificio donde trabajaba. No conformes con eso, apelaron a la desmesura obsesiva que también explica la decadencia veloz de este gobierno. Ven hormigas por todos lados y las matan con misiles.

Moreno le hizo tres juicios a Bevacqua, una funcionaria de prestigio académico y honradez reconocida. Un juicio penal que todavía sigue, y dos por multas de 500 mil pesos, junto a todas las consultoras privadas. La amenaza que recibió Bevacqua fue escuchada por su pequeña hija. Hoy dice que “siente pena por este país”, que desde que se fue Moreno del Gobierno ella está “más tranquila”, pero que en estos siete años “nunca” pudo descansar como corresponde. Fue perseguida por no arrodillarse. Es grave institucionalmente por donde se lo mire.

Ella anticipó todo lo que se venía, todas las esquirlas que hoy Kicillof y Cristina tienen en sus manos porque la granada ya explotó. La experta en índice de precios, hoy como consultora privada, confirmó que según sus mediciones la inflación de enero fue del 6%, y que es la más alta desde 2002. Es cierto que en ese porcentaje que hace correr frío por la espalda impactan los tarifazos progre-reaccionarios de Kicillof en transporte y turismo. Pero, aun sacando esos datos del análisis, la inflación fue la más alta de la década desperdiciada. Y este dato es clave para entender todos los demás.

El gobierno de Cristina no sufrió un ataque de enemigos feroces, como repiten hasta el cansancio. Nadie les pide que apliquen recetas ortodoxas ni noventistas ni que llamen a Cavallo. El sentido común y la racionalidad no tienen ideología. Muchos de los economistas más confiables pasaron por el gobierno kirchnerista o por su génesis duhaldista: Lavagna, Remes Lenicov, Blejer, Peirano, Redrado, Prat Gay, Lousteau, entre otros. Todos recomiendan más o menos lo mismo. Un plan serio y antiinflacionario y el final de los volantazos infantiles. A ninguno de ellos los designó Videla ni Menem. Fueron convocados en su mayoría por Néstor Kirchner. Y todos están colaborando con distintos candidatos a presidente para 2015. ¿Puede ser que Cristina no pueda ver lo que tantos argentinos ven? ¿Sólo es tozudez y capricho, o hay algo más? ¿No es más simple dejar de estigmatizar enemigos imaginarios y ponerse a gobernar y volver a las fuentes?

© Escrito por Alfredo Leuco el Sábado 08/02/2014 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Política, dinero y poder… De Alguna Manera...


Política, dinero y poder…

SIN TITULO. Hebe de Bonafini. Foto: Pablo Temes.

El Gobierno tiene preocupaciones que no son las mismas que las de la gente. Parecidos y diferencias con Alfonsín y Menem.

La mayor parte de las cosas pasa dentro de la cabeza de la gente, no necesariamente en el mundo real”. La frase es de Roman Gubern (El eros electrónico) pero la idea es tan antigua como el pensamiento social. Debería ser un axioma básico de la práctica política. No sólo en estos tiempos del marketing político y de la comunicación exacerbada; ya lo era hace dos siglos en las democracias sin marketing, y en tiempos de Shakespeare y de Maquiavelo, y en los de Cicerón, y sin duda antes. Pueden existir también otros principios para orientar la práctica política: principios éticos, ideas, objetivos de política pública. Pero las imágenes son decisivas y no deben ser ni ignoradas ni subestimadas.

Acerca del gobierno nacional, se discute casi a diario en términos éticos, en términos de sus ideas políticas, en términos de sus a menudo poco claros objetivos de política pública. Pero sus errores comunicacionales llevan a un territorio que a veces parece surrealista, que bien califica como “tragicómico”. Hace algunos años, uno podía escribir que algunos problemas que se presentaban en la escena del país se debían a “errores no forzados” del Gobierno, esencialmente en el plano comunicacional; parecía una idea interesante, no obvia, que algo explicaba. Hoy es tan obvio y tan cotidiano, que decirlo parece casi una tontera; pero sigue siendo así.

Uno de los episodios recientes de esta tragicomedia es el caso Tinelli/Fútbol para Todos. La expresión “tragicomedia” se hizo célebre por La Celestina, la historia de Calisto y Melibea, cuyo autor la llamó de esa manera “partiendo por dos la disputa” entre quienes la veían tragedia y quienes comedia. Esto puede aplicarse a Hebe de Bonafini cuando, irrumpiendo en un tema que no se entiende en qué le concierne, dictamina que “se trata de política, no de hacer dinero”. Si es política, está mal hecha. Si no es dinero, nadie lo cree, empezando por la señora Bonafini. En realidad es poder, y ésta es la peor manera de construir poder: es el mejor camino para acumular una cuota exigua de poder que será, como se lo está viendo, efímera. Es tragicómico –en parte porque Tinelli, con astucia, le aporta un toque de comedia–. Otro es el caso Boudou. El vicepresidente hace lo que puede, como puede; pero debería estar implorando a gritos: “Líbrame, Señor, de mis amigos”.

La capacidad del Gobierno para comunicar mal lo que la gente ya de por sí cree que está mal es asombrosa. Algunas cosas funcionan; ¿por qué no se las comunica? Un ejemplo: una de las pesadillas de los argentinos, desde tiempos remotos, ha sido siempre sacar un documento de identidad; este gobierno lo ha resuelto, contundentemente. Ese problema está resuelto, y es un logro. ¿Alguien habla de eso?

Los hechos negativos se suceden día a día. Algunos son inevitables; otros, producto de malas decisiones. La comunicación del Gobierno suma negativamente tanto a los que son inevitables como a los derivados de errores. Todo gobierno en el mundo se mueve tras objetivos de poder; este gobierno también. Pero buscar acumular poder y al mismo tiempo erosionar la confianza de la sociedad en quien lo hace es alimentar el propio fracaso político. La Cámpora, Unidos, Hebe de Bonafini, podrían operar en la sombra, porque son simplemente piantavotos; el cambio de gabinete producido hace tres meses podría haber sido resaltado y potenciado, porque la sociedad lo vio bien. Hay dos planos en los que el Gobierno parece no ver qué pasa por la cabeza de la gente: el de la “estima” pública, la confianza, la buena imagen –ese capital difuso que miden las encuestas– y el de los votos –ese instrumento inapelable que está en manos de la gente por cuya mente pasa la mayor parte de las cosas–.

La suerte de los gobiernos depende en parte de lo que hacen –y cómo lo hacen– y en gran parte de las expectativas de la gente. Las expectativas instalan a un gobierno y le conceden un capital de confianza para iniciar su camino, y las mismas expectativas lo desgastan y terminan decretando su final inapelable.

Lo que hacen los gobiernos –y cómo lo hacen– también está sometido al filtro implacable de las expectativas. Una buena política económica no es políticamente rentable porque resulte aprobada en un tribunal académico sino porque concita apoyo en la sociedad; y si eso no sucede, resulta políticamente costosa.

Alfonsín asumió el gobierno bajo un shock de confianza que la sociedad le concedió porque se proponía restaurar una democracia plena limitando el poder corporativo de los sindicatos y los militares, y se desintegró porque la sociedad había instalado el tema de la inflación como su prioridad y el gobierno no encontró respuestas. Menem capitalizó la expectativa social de acabar con la inflación, y lo logró; lo desgastó, finalmente, el problema del desempleo, que la sociedad instaló como su mayor preocupación. Kirchner asumió bajo una enorme expectativa de combatir el desempleo, y lo logró; pero con los años la sociedad instaló el tema de la inseguridad, y el Gobierno no le dio respuesta. (El primer gran desafío al gobierno de Kirchner lo protagonizó Blumberg, no los sindicatos ni las protestas “sociales”). El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sigue exigido por ese mismo tema, para el que no tiene respuesta, y además se le suma ahora la reaparición de la inflación como la expectativa creciente en la opinión pública.

Su falta de respuesta a este tema es aún más dramática de lo que fue en los años 80. Alfonsín se enojaba porque el tema no le parecía relevante, pero no negaba que la inflación estaba carcomiendo a la sociedad.

Este gobierno, además de negarla durante casi una década, la está agravando. Los ignotos muchachos de Unidos echan leña al fuego; imaginan un escenario de confrontaciones estratégicas que responde a una lógica de “toma del poder” en una sociedad que vive preocupada porque aumenta el precio del pan, de la carne y de los electrodomésticos, y sólo aspira a tranquilidad y diálogo. Hebe de Bonafini dice que hay que hacer política y no ganar dinero; exactamente lo opuesto a lo que espera la mayoría de la gente en la Argentina de hoy: menos política, un poco más de poder adquisitivo en el bolsillo.

© Escrito por Manuel Mora y Araujo el Sábado 08/02/2014 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Huracán 2 vs. Crucero del Norte 1... De Alguna Manera...

 

De la mano de Toranzo, Huracán dio vuelta su encuentro...


Con goles de Leandro Caruso, de penal, y Matías Defederico en el complemento, Huracán dió vuelta el partido jugado en Parque Patricios ante Crucero del Norte y lo ganó 2 a 1. La visita se había puesto en ventaja por medio de Claudio Felippi cuando se jugaba el primer cuarto de hora del encuentro. Patricio Toranzo, quien volvió al globo después de 4 años, fue la figura del encuentro aplaudido por todos los quemeros.



Con distintas realidades pero el mismo objetivo de obtener un buen resultado al final de los noventa minutos, Huracán y Crucero salieron bajo un cielo gris, anunciando la lluvia, a jugar un nuevo duelo. De movida nomás, con un esquema ofensivo (4-3-3) el conjunto de Frank Kudelka tuvo las primeras situaciones claras en los pies de Villañanez que no se pudieron concretar. La sorpresa ocurrió a los 14’ cuando Fileppi de cabeza, luego que toda la defensa quemera se quedara estancada, anotó solo ante la salida de Gastón Monzón, que nada pudo hacer, el primer tanto del partido. De ahí en más, siendo el globo impreciso a la hora de ir a buscar el empate y ya bajo un fuerte chaparrón que poco dejaba jugar al buen fútbol, ambos equipos partieron al vestuario culminando el primer tiempo.

Otro sería el partido en el complemento, de arranque Patricio Toranzo, quien de a poco se fue poniendo el equipo al hombro, anunciaba que el gol estaba al caer mediante un remate que Caffa logro desviar. A los 18 Germán Mandarino ingresó al área vistante, siendo derribado por Romero ante la vista de Saúl Laverni, quién no dudo en marcar el penal. Leandro Caruso mediante los doce pasos cambió la falta por gol. Sin conformarse con la igualdad y yendo por mucho más, Matías Defederico con un remate preciso colocó el segundo tanto para hacer delirar a toda la popular local.

Si bien el equipo de Iván Delfino, quien se retiró muy enojado con el arbitraje, por medio del ingresado Ernesto Álvarez tuvo alguna situación para empatar sobre el final, por el buen jugo realizado en el complemento Huracán terminó siendo un justo ganador del duelo. Volvió Patricio Toranzo a la quema, jugó un gran partido como en los viejos tiempos del tiki tiki que a más de un memorioso hace ilusionar.

Síntesis:

Huracán 2


Gastón Monzón; Germán Mandarino, Federico Mancinelli, Eduardo Domínguez, Carlos Arano; Víctor Cuesta, Alejandro Capurro, Patricio Toranzo; Lucas Villafañez, Leandro Caruso y Matías Defederico.
 
DT: Frank Kudelka

Suplentes: Marcos Díaz, Leandro Correale, Ezequiel Gallegos, Lucas Villarruel, Alejandro Romero Gamarra, Mauro Milano y Ramón Ábila.

Crucero del Norte (Misiones) 1

Germán Caffa; Alejandro Pérez, Federico Rosso, Gabriel Tomasini, Dardo Romero; Miguel Nievas Escobar, Diego Calgaro, Claudio Fileppi, Juan Olivares; Diego Torres, Víctor Aquino.
 
DT: Iván Delfino.

Suplentes: Juan Mendonca, Facundo Torres, Blas Irala, Carlos Marzuk, Leonardo Roda, Juan Cabrera y Ernesto Álvarez
 
Goles: 13 PT. Claudio Fileppi; 63 ST. Leandro Caruso (de penal); 68 ST. Matías Defederico.

Cambios: Alvarez por Fileppi; Cabrera por Calgaro; Rodas por Torres en Crucero; Abila por Villafañez, Milano por Defederico y Villaruel por Toranzo en Huracán.

Amonestados: Víctor Cuesta (H); Pérez y Romero (C).
 
Expulsado: Claudio Fileppi

Arbitro: Saúl Laverni
 
Líneas: Osvaldo Marconi y Juan Vázquez
 
4to. Árbitro: Ariel Roldan

Cancha: Huracán


© Escrito por Marcelo Savio el Domingo 09/02/2014 y publicado por http://www.mundoascenso.com.ar

Las fotos:


Los goles:


La tabla