martes, 1 de noviembre de 2011

Despenalización del aborto... De Alguna Manera...

Tiene dictamen el proyecto que despenaliza el aborto en las primeras 12 semanas...

La Comisión de Legislación Penal de Diputados aprobó la iniciativa y la remitió a otras dos comisiones. Afuera del Congreso, se manifestaron grupos a favor y en contra.

Con el apoyo de 7 de los 12 diputados presentes, el proyecto de ley para despenalizar el aborto pasó su primera prueba en la Cámara baja. La Comisión de Legislación Penal le dio dictamen favorable a una iniciativa presentada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, que impulsa la interrupción voluntaria del embarazo dentro las primeras 12 semanas de gestación.

La iniciativa fue impulsada por la legisladora Cecilia Merchán bajo el lema “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” y ahora pasará a las comisiones de Familia y de Salud.

Mucho antes de que comenzara el debate, pasadas las 16, frente al Congreso se manifestaron distintas organizaciones con carteles de colores a favor y en contra del proyecto.

Los diputados que le pusieron la firma al proyecto buscaron sacar de la clandestinidad la interrupción voluntaria del embarazo para evitar las muertes de mujeres que se producen cada año por mala praxis.

La iniciativa contó con el apoyo de diputados del Frente para la Victoria, la Coalición Cívica, la UCR, Nuevo Encuentro, el Partido Socialista y el Gen, entre otros. No obstante, otros legisladores se opusieron a la legalización del aborto y pusieron como prioridad el derecho a la vida que está garantizado en la Constitución Nacional y a través del pacto de San José de Costa Rica.

Los sectores eclesiásticos se mantienen en alerta ante lo que consideran un atentado a la vida. Para la Iglesia, el aborto "nunca es la solución" y reclama que se "preserve y respete" tanto la vida de la madre como del niño por nacer. "Cuando una mujer está embarazada, no hablamos de una vida, sino de dos", dijo un vocero episcopal antes de que comenzara el debate en el Congreso.

Durante el mismo, Cynthia Hotton, diputada de Valores para mi país, se opuso al aborto y expresó que hay muchas ONGs que piensan como ella y que “defienden la posición a favor de la vida” que, según dijo, no es una cuestión “partidaria, ideológica ni religiosa”.

Por su parte, la diputada Marcela Rodríguez se mostró a favor del proyecto que apoya la interrupción del embarazo al argumentar: “Estamos a favor del derecho de la autonomía de la mujer, que no quiere decir apoyar al aborto en términos de considerarlo bueno, sino que siempre luchamos por minimizar el número de abortos a diferencia de muchos que estaban en contra de las leyes a acceso de la anticoncepción y educación sexual. Creo que tienen que respetar a quienes estamos a favor de la vida de la mujer”.

Luego, fue el turno de Horacio Alcuaz, diputado del GEN, quien afianzó su apoyo al proyecto de la Campaña al decir que fue un día tan importante como cuando votaron el Matrimonio Igualitario.

El tratamiento de los proyectos se había postergado por decisión del titular de la Comisión de Legislación Penal, Juan Carlos Vega (de la Coalición Cívica) debido a la cercanía de las elecciones y por la ausencia de legisladores en el Congreso.

Aunque el aborto está prohibido por ley en Argentina, salvo en casos de peligro para la vida o la salud de la madre, violación o abuso a una mujer discapacitada, según cifras oficiales se registran alrededor de 500 mil interrupciones voluntarias del embarazo cada año.

"No al genocidio del aborto", fue la consigna con la que integrantes del colectivo Unidos por la Vida se congregaron en las puertas del Congreso para protestar en contra de este proyecto que ha dado un paso más dentro de Diputados.

© Publicado en el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el martes 1º de Noviembre de 2011.

Alfredo Bravo... Un hombre fiel a sus ideales... De Alguna Manera...

Alfredo Bravo...

Un hombre fiel a sus ideales...

¡¡¡Maestro de grado!!!

Defendió los principios socialistas desde los 18 años. En su rol de gremialista fue uno de los promotores de Ctera. Víctima del terrorismo de Estado, nunca abandonó la lucha por el respeto de los derechos humanos, la educación y la justicia. Una figura atípica en la política nacional, que arrancó lágrimas con su partida.

Los años de plomo Concepción del Uruguay, Entre Ríos, lo vio nacer en 1925. De joven ejerció la docencia, en los 60, se dio el gusto de ser guionista de las “Obras Maestras del Terror” que protagonizó Narciso Ibánez Menta.De buscar la unidad de los numerosos organismos que agrupaban a los maestros, surgió la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera).

En 1974, fue su secretario general. Un año más tarde, fue impulsor de la fundación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), y fue elegido copresidente. El golpe significó una pesadilla que nunca se niega a contar. Alfredo Bravo fue uno de los testigos de cargo en el juicio a los ex comandantes. Además, prestó declaración en el año 2001, en los Juicios por la Verdad en La Plata.

Su secuestro, 8 de septiembre de 1977, fue en la escuela donde estaba dando clases. En los interrogatorios, en medio de las torturas, le preguntaban quienes eran los miembros de la APDH que enviaban información al exterior. Bravo reconoció las voces: de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz. Días más tarde, Camps le advirtió: “Pena de muerte puede ser de dos formas o que lo matemos nosotros o que se suicide usted”.

Sin embargo, las amenazas del represor no se concretaron y en junio de 1978 adoptó un régimen de libertad vigilada. La liberación de Bravo, a principios de 1979, respondió a las gestiones de integrantes de CTERA y otras personalidades del mundo de la política enviando un telegrama al entonces presidente de Estados Unidos Jimmy Carter. Que pidió explicaciones al jerarca de la dictadura Videla y al poco tiempo el dirigente socialista conquistó su libertad. Bandera socialista

En 1983. El gobierno de Raúl Alfonsín lo designó Subsecretario de Actividad Profesional Docente del Ministerio de Educación y tres años más tarde se despidió del cargo cuando se promulgó la ley de Obediencia Debida, por la que alrededor de ochocientos oficiales de las Fuerzas Armadas quedaron en libertad.

A fines de la década del 80 regresó al Partido Socialista Democrático, que había abandonado en 1943 por diferencias. En 1991 ingresó como diputado y fue reelecto en dos oportunidades (1995 y 1999).A pesar de haber sido integrante de la Alianza –conformada por la UCR y el FREPASO- se distanció de la gestión de Fernando de la Rúa, por discrepar con el rumbo que había seguido la administración. En esa época, estrechó sus vínculos con Elisa Carrió, con quien trabajó en numerosos proyectos e investigaciones.

El 24 de octubre de 2001, se presentó en las elecciones legislativas como candidato a senador por Capital Federal, a pesar de haber acumulado los votos suficientes para acceder a su banca en la Cámara alta, debido a la presentación judicial que hizo uno de sus competidores, Gustavo Beliz, nunca pudo asumir. En los últimos meses, después de pelearse con Carrió y de conseguir la reunificación del Partido Socialista Democrático y el Partido Socialista Popular, optó por lanzarse en la carrera por la presidencia de la Nación.

¡¡¡Hasta luego, maestro!!!

En la madrugada del lunes 26 de mayo el corazón del hombre de 78 años no soporto el triple infarto. Estaba angustiado por el “maltrato judicial” por parte de la Corte Suprema con la falta de definición de la banca del tercer senador. El tema de la designación de Beliz como ministro de Justicia ayudó al cuadro que lamentablemente tuvo la madrugada fatídica del primer infarto.

En la despedida el discurso más emotivo fue el de Laura Bonaparte, de Madres de Plaza de Mayo: “Querido compañero socialista, compañero maestro de la educación laica y gratuita, compañero articulador de diferencias (...) Te elegimos y te nombramos senador nacional, compañero defensor de los derechos de la mujer, compañero luchador contra cansancios, vientos y mareas, compañero doblegador de torturas y torturadores, compañero de ideales llevados a la práctica”.

Repentina, conmovedora y triste fue la partida de Alfredo Bravo. Lágrimas y sonrisas se asomaron ese lunes de otoño por la tarde.- Parece increíble que el profesor ya no esté entre nosotros –comenté a uno de sus compañeros más íntimos.- No, no le digas profesor. Él siempre nos corregía fastidiado: “Soy maestro, maestro de grado”.

© Escrito por Jesica Bossi y publicado por
http://lineadepensamientoalfredobravo.blogspot.com

Binner: incursión por sus ideas... De Alguna Manera...

Binner: incursión por sus ideas...

Cuentan sus amigos que Hermes Binner aún se emociona cuando recuerda el día en que conoció a Alicia Moreau de Justo. Médica. Derroche de épica en la lucha a favor de los derechos de la mujer. Y que, siendo universitaria, había seducido a un médico muy mayor que ella. Hombre de voz grave, sólida formación intelectual. Republicano. Inmenso tribuno: Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista Argentino.

Fue hace más de 40 años que Hermes Binner le estampó un beso en la mejilla a aquella por entonces ya muy veterana socialista que vivía en un modesto departamento tapado de libros en un complejo construido por El Hogar Obrero en Plaza Miserere.

–¡Qué grandote que sos vos! –le dijo ella mientras con manos inestables le tomaba los brazos y lo miraba desde su cuerpo pequeño, doblado de tanta carga de años, de luchas.

–Yo no sabía qué decirle… era la historia, estaba frente a la historia –rememora hoy Binner.

Y cuentan sus amigos que Hermes sonríe cuando pasa revista a su vida como médico anestesista. Y en trayecto de revolver esa experiencia emerge Florencio Escardó, aquel médico de pelo muy blanco y abundante que hizo de la pediatría su pasión. De delantal hasta los tobillos, como los usados por el radical Amadeo Sabattini.

–Lo recuerdo rodeado de jóvenes y explicando cosas que a él se le habían ocurrido y había visto ante el cuerpo de un niño a quien se le puede preguntar poco. Esos pediatras son algo que hoy no hay… hoy define la tomografía.

Claro, el tiempo. La mutación. La vida. La dialéctica a la que no escapa, claro, la política.

Por caso: no hay en el Hermes Binner político –este hombre de gestos suaves, amable, palabra siempre bajo exigente control, nada locuaz– el más mínimo atisbo de la oratoria que, por fundacional, proyectó a partir de finales del siglo XIX al socialismo argentino a un primer plano de la política nacional. Una presencia trabajosa. Resistida por lo más duro de los intereses de los sectores hegemónicos. Pero una presencia probada en dignidad en su lucha a favor de la justicia social. Todo un protagonismo que recién resignó posiciones cuando llegó el peronismo y zarandeó (hasta hoy) la política argentina.

Sí, Hermes Binner no tiene el discurso con que Alfredo Palacio arremetía a favor de los trabajadores. Tampoco el verbo doctrinario de Juan B. Justo.

Hermes Binner está en política desde un protagonismo ajeno a clavar pica en Flandes. A poner su rol en dirección a un tajante antes y después. “Su lenguaje es mucho más afín a la moderación centrista que a la invocación transformadora”, opinó el politólogo Edgardo Mocca. Y reflexionando sobre las debilidades del resto de la oposición de cara a las elecciones del 23 acotó que Hermes Binner y su Frente Amplio Progresista “han encontrado un terreno bastante favorable dentro del cual moverse. No necesitan grandes definiciones programáticas, difíciles de alcanzar dentro de una heterogénea coalición. Pueden convivir en su interior sectores de tradición de izquierda con otros más asociados históricamente al centro. Para la batalla electoral de octubre alcanza con ocupar el lugar de la más elemental racionalidad política”.

Y hacia ese sitio condujo Hermes Binner al Frente el domingo anterior. ¿Cómo se ve este rafaelino en la historia que está tejiendo? ¿Cuál es el mundo de ideas con las que enfrenta una etapa de construcción de poder?

Veamos:

• No lo seduce asumirse como flamante jefe de la oposición. Evita definiciones en esa dirección. “Si hay que ocupar ese lugar, lo ocuparemos”. Sincero, lo dice desde un convencimiento que confiesa de distinta manera. Pero siempre se forja en una realidad de hoy: por ahora, el Frente es más una fuerza bajo el desafío de hacerse que una certidumbre de destino manifiesto.

• Su visión de lo que puede la política es ajena a la que asume gran parte de la dirigencia argentina desde muy lejos en la historia. Distante de eso que Beatriz Sarlo define como “pensamiento deseante”. O sea, creer que la política lo puede todo. Y que de todo debe hacerse cargo. “Los socialistas les damos a los argentinos la seguridad de nuestra trayectoria de ocuparnos de ellos, pero siempre en el centro de esta relación está el ser individual, el argentino en su legítima particularidad. Ellos optan”.

• Hermes Binner es renuente a hablar de “proyecto” a la hora de definir sus pasos políticos. Muda la caracterización. Define el compromiso desde otro plano: “programa”. Y programa escrito. Tabulado. Insertado en un tiempo para cumplir. “El proyecto es menos exigente. ¿Qué nos dice hoy hablar sueltamente de ‘proyecto’? Nada. En un mismo partido hay tantos proyectos como uno se imagina. Vale el programa bien marcado, al que todos los días acudimos para ver qué hicimos ayer y qué tenemos que hacer hoy. Y siempre explicándolo a la sociedad. Así gobernamos Santa Fe”.

• Lo anterior se vincula con cierta percepción del orden que tiene Binner. En lo esencial, se despliega en dos direcciones. Uno: el cumplimiento de un programa hace, desde lo más intrínseco, a una idea de gobierno funcionando en rango de orden interno. “De mirarnos todos los días, de autocriticarnos si nos estamos equivocando o en qué acertamos. Éste es un orden mínimo, una ‘razón’ que nos reclama la gestión. No se trata de verticalidad. Se trata de decisión de hacer las cosas bien”. Dos: “Soy socialista, un partido que nació defendiendo el derecho a la protesta, a la huelga. Los primeros en defender esto en la Argentina. Pero tampoco me gusta ver la Nueve de Julio trabada por horas por un piquete; este extremo permisivo debe ser manejado de otra manera. Desalienta. Socialismo y libertad son sinónimo de construcción, no de actitudes que muchas veces se definen desde la prepotencia”.

• El discurso de Hermes Binner tiene desde siempre incorporada una categoría socioeconómica muy olvidada en el resto de la política argentina: cooperativismo. En esto abreva en una larga tradición que funde su razón en la historia de Santa Fe de finales del siglo XIX: la de un desarrollo agropecuario que se expandió bajo el esfuerzo de colonias de chacareros y su agrupamiento en cooperativas. Una expresión que el Partido Socialista Argentino cinceló a escala nacional creando la cooperativa El Hogar Obrero, un espacio de servicios que por más de 80 años hizo historia en Argentina. Hoy Binner vuelve sobre el cooperativismo sin nostalgia. Sí acicateado por las posibilidades que a su criterio entraña para amplios bolsones de la producción agraria esa convergencia de intereses.

En fin, simple recorrido por el ideario de Hermes Binner. No más.

Un político en alza hasta un punto que sólo los tiempos por venir definirán. Político que hace pocas horas advirtió: “Iremos buscando el poder con lo nuestro, que hoy quizá no es mucho pero quizá lo sea”.

Cristina, antes y después... De Alguna Manera...

Cristina, antes y después…

Rupturas y continuidades de la presidenta, a la luz de viejo material de archivo.

Marzo de 2000. Hay una rosa roja en cada mesa porque es el Día Internacional de la Mujer. Cristina Fernández de Kirchner comparte el programa con la voz tanguera de María Volonté y con Martha Oyanharte y María Pimpi Colombo, que en ese entonces competían en la elección interna porteña, una en la lista de Domingo Cavallo y la otra en las de Gustavo Beliz. Cristina contesta:

-¿Qué pasa con la credibilidad de los dirigentes?

-Yo siempre digo que hay dos cambios que desacreditan mucho a la política: los de patrimonio y los de opiniones.

-¿Y los de estado civil?

-No me meto en la intimidad. Ja, ja.

-Usted ha tenido afinidad política e ideológica con Cavallo y con Beliz; es más: trabajó con ambos. ¿A quién votaría en la interna si tuviese que votar en Capital?

-Es una pregunta que no te voy a responder. Tengo amigos en todos lados, incluso en la lista de Irma Roy, que también está por presentarse. Cuando el partido fue intervenido y Beliz fue por afuera lo apoyamos, pero porque era una situación especial. Ahora soy militante de otro distrito y creo que todos tienen méritos, Cavallo, Beliz, Irma. No me obligues a definirme. No sería justo.

¿Existe la posibilidad de ver a Cristina Kirchner en un reportaje televisivo defendiendo a Domingo Cavallo y a Eduardo Duhalde y criticando muy duramente, "por menemista", a su actual ministro de Defensa, Arturo Puricelli?

¿Se imagina a la primera mujer elegida y reelegida presidenta de la Nación en el estudio de un modesto programa de cable fustigando a Alfredo Yabrán y respaldando a Cuba ante una actitud de Fernando de la Rúa que juzgó "vergonzosa"? ¿Le interesaría observar el desempeño de Cristina absolutamente desenvuelta, con un discurso inteligente y seductor frente a las cámaras? ¿Alguien creería que ella trataba en forma afectuosa y por su nombre de pila a Mariano Grondona y Luis Majul, dos de los muchos periodistas hoy satanizados por la cadena estatal y paraestatal de medios K?

No hay forma de probarlo, pero debo de ser el periodista que más veces entrevistó a Cristina. Largos bloques de más de 20 minutos en una docena de programas llamados Le doy mi palabra están prolijamente archivados desde 1997. Eran los tiempos en que Miguel Núñez, luego vocero mudo de Néstor Kirchner y actualmente invisible, se ponía en contacto con los productores de medios audiovisuales para "ofrecer" como entrevistada a la diputada o la senadora santacruceña que, para ser sinceros, siempre "rendía" porque tiraba títulos y no tenía pelos en la lengua.

Allí se puede ver una Cristina al natural, sin los cuidados de la "publicidad oficial" ni los espectaculares spots de Pucho Mentasti. Por momentos sonriente y de buen humor, pero implacable, casi desalmada, a la hora de salir al cruce de otro invitado-adversario, por ejemplo Federico Storani o José María García Arrecha. No se mostraba intolerante. Pero podía paralizar con la mirada y decía las cosas de frente, sin preocuparse por ser políticamente correcta. Eran tiempos casi de amateurismo mediático para ella. No estaba atravesada por el discurso antiperiodístico que tiene ahora desde el poder ni estaba encerrada en la cápsula que hoy la aísla y la preserva, al mismo tiempo, de las preguntas molestas.

Sorprenden sus argumentos sobre las investigaciones periodísticas en temas de corrupción del Gobierno, cuando afirma que "los medios no inventan las cosas, sino que simplemente las muestran", y que decir lo contrario es "subestimar a la gente, porque los medios no la manejan a través de un aparato de radio o tevé".

Puede resultar de utilidad para el análisis ver y escuchar sin filtro el pensamiento de hace más de una década de esa mujer apasionada hoy convertida en la presidenta más poderosa desde la recuperación democrática y con mandato hasta 2015. El ex presidente Lula aconsejó ir diez años atrás en la actuación y en las declaraciones de los políticos para conocerlos en forma más genuina. La idea, entonces, es tener la mayor información posible para analizar mejor los motivos que hay detrás de cada decisión. Pero no con el ánimo de levantar el dedito acusador y subrayar las "contradicciones" en las que Cristina cae, como caemos todos los que trabajamos a telón abierto sobre un material tan subjetivo y cambiante como el estado de ánimo de las sociedades. El truco de editar en forma sesgada para demostrar que "nadie resiste un archivo" ya está agotado y fue vaciado de contenido por la patota mediática oficialista que todos sostenemos con nuestros impuestos. Además, Cristina muestra en esos años muchas convicciones firmes que no dejó en la puerta de la Casa de Gobierno y que todavía hoy impulsa a rajatabla desde el poder. Sobre todo la lucha contra la impunidad; en el terrorismo de Estado, en el caso Cabezas o en el atentado a la AMIA. Su enfrentamiento contra los poderes permanentes, su apuesta a combatir los monopolios y su condición de senadora rebelde frente a los menemistas que la expulsan del bloque. Ella aparece, en esas imágenes antiguas, concluyendo que los que le sacaron tarjeta roja "no querían tener testigos" de lo que luego se conoció como las coimas del Senado que iniciaron el final del gobierno de la Alianza.

Vale la pena escuchar los argumentos con los que Cristina defendía a Duhalde por su valentía para meter mano por primera vez en la policía bonaerense con el objetivo de hacerla menos corrupta, o por su decisión "bien peronista" de ayudar siempre a los más humildes y de no privatizar el Banco Provincia, pese a que su esposo sí privatizó el Banco de Santa Cruz. ¿Cómo fue que luego, en un discurso histórico, lo acusó de ser un "padrino" escapado de la saga de Francis Ford Coppola, y con su marido se encargaron de tirar a Duhalde por la ventana de la historia?

Hay que ver a Cristina en octubre de 1998. En el mejor de los mundos. En su lugar en el mundo. Envuelta en un finísimo sacón de gamuza, tomando el té en la hostería Los Notros. El aire que se respira es de una pureza increíble y, como telón de fondo, la fuente de energía de los Kirchner, el glaciar Perito Moreno, del que ningún científico pudo explicar cómo es que avanza en lugar de retroceder tal como el resto de los glaciares. ¿Habrá que hacer una lectura política de este fenómeno de la naturaleza?

Esta Cristina revisitada gracias a la resistencia de los casetes VHS pronuncia, hace 11 años, las mismas palabras que repitió casi calcadas en su primer discurso como presidenta reelegida: "No hay que creerse el cargo". No tiene precio escucharla caracterizar el espacio que estaban construyendo con Néstor como "una alternativa generacional que quiere construir más autonomía dentro del peronismo; somos el posmenemismo". Suena algo paradójico saber que Carlos Menem revalidó su título de senador nacional al ganar en La Rioja en concubinato con el Frente para la Victoria. Aquella Cristina, y tal vez ésta, se niega a definirse como "progresista" o como "disidente" y se ríe cuando el cronista le consulta si no conforman "el ala izquierda del peronismo". Ironiza sobre ese concepto al que define como "nostálgico" y avanza más todavía, anticipando que "se puede lograr un Estado fuerte que regule las empresas monopólicas sin volver al 45".

Las palabras no suenan prestadas. Son genuinos pensamientos de Cristina, sólo que resignificados por el paso del tiempo y por el salto inmenso y la prueba del ácido que significa para aquella legisladora haber ganado dos elecciones presidenciales. Es revelador ver cómo en 1998 impulsa las internas abiertas y la independencia de criterios y se opone al verticalismo. Se resiste a elogiar todo lo que hace "el gobierno de mi partido" (así se refiere al menemismo) y asegura que no es justa una oposición que critica absolutamente todo lo que se hace.

Sin maldad, sólo como ejercicio de reflexión, uno se pregunta qué diría aquella legisladora de esta presidenta. Algo se sabe. En aquellos tiempos se negó a votar situaciones excepcionales incluso para su esposo presidente. Ahora las exige. ¿Uno hace al cargo o el cargo lo hace a uno? Hasta puede observarse una Cristina que habla en contra de la re-reelección de Menem. ¿Será un anticipo, una primicia periodística? Cristina ya ingresó en la historia. Pero tiene una prehistoria que ofrece muchas pistas para imaginar lo que viene.

© Escrito por Alfredo Leuco y publicado por el Diario La Nación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el martes 1º de Noviembre de 2011.

domingo, 30 de octubre de 2011

Astiz, El retrato del siniestro... De Alguna Manera...

El retrato del siniestro "ángel rubio" que lo mostró ante el mundo…

Inmutable. La misma expresión hierática, tres décadas después. Alfredo Astiz se sentó en el banquillo en 1985, durante el primer juicio a las Juntas; y ahora, cuando fue condenado tras 22 meses de deliberación.

Una semblanza atrapante de Astiz, el militar condenado esta semana a cadena perpetua, escrita hace 30 años por una periodista española. Hace casi treinta años, tras la guerra de Malvinas y antes de la vuelta de la democracia, la periodista española Maruja Torres escribió, para el diario “El País” de Madrid, una minuciosa semblanza del entonces teniente de navío Adolfo Ignacio Astiz. Se valió de los testimonios y descripciones de algunos sobrevivientes entre los 5 mil secuestrados que pasaron por la ESMA, quienes retrataron con detalles los entonces poco conocidos métodos de tortura y desaparición de personas. Esta semana se hizo justicia: Astiz pagará con prisión perpetua su papel protagónico en los años más oscuros. Un texto brillante.

La persona que tengo ante mí y que –como los otros que me nutren para este reportaje– me pide que le respete el anonimato, ya que no los recuerdos, se explica a sabiendas de que me va a costar entenderle: “Cuando digo que Alfredo Astiz no es como le definen los periódicos no quiero significar que sea mejor. Sencillamente, es distinto. No es un torturador, en el sentido de que su misión no era conducir los interrogatorios ni aplicar la picana eléctrica, aunque seguramente alguna vez lo hizo si fue necesario. Pero es un torturador, a lo mejor el que más, porque él era uno de los que suministraban el material humano que luego iba a parar bajo las manos de los verdugos. Desde un punto de vista ético, moral y de responsabilidad histórica, Astiz está metido hasta el cuello. Sin embargo, no quiero ser injusto con él, y si alguna, vez volvemos a encontrarnos cara a cara, pretendo que sepa que nunca le falsifiqué, que expliqué su monstruosidad tal como era, sin simplificarla”.

La persona que tengo ante mí es uno de los pocos supervivientes –unos cien de entre los 5 mil secuestrados que pasaron por la tétrica Escuela de Mecánica de la Armada– que hoy permanecen refugiados en Madrid. Alguien que conocía a Astiz como quizá sólo las víctimas, llegan a calar en sus verdugos.

Otro testimonio –otro superviviente– coincide: “No es un Martín Borman. Eso sería demasiado fácil”.

Y no es un personaje fácil, no, el teniente de navío Alfredo Astiz. No es un hombre a la manera de Pernía, alias el Rata, que antes de hincarle la picana en la carne a una mujer suplicaba: “Permiso, señora”. Ni a la de Acosta, alias el Tigre, un dandy que se cambiaba de atuendo varias veces al día y disponía de distintos relojes marca Rolex para conjugar con el traje, y que entre dos torturas practicaba la navegación a vela, y que descendía a la cámara de los horrores en chándal, con un whisky en una mano y un lanzagranadas en la otra, y que en plena aplicación del suplicio hacía una pausa para explicar, en su gracioso estilo onomatopéyico –“y entonces el destructor, brrrrrrrummmm, en vez de atracar, encalló, plas, plum, y chim, pom”–, ocurrentes chistes mientras sus víctimas gemían de dolor. Tampoco es como Benasi el minucioso, el concienzudo, que aplicaba el martirio tan prolijamente que más adelante fue enviado a Arabia Saudita para asesorar al rey Jaleb. “Astiz era un oficial típico de la Marina argentina. Si su nombre trascendió fue por haberse visto envuelto en asuntos internacionales.”

Intoxicación de titulares. Asuntos internacionales: dos monjas francesas y una súbdita sueca –la suequita, como ellos la llaman– capturadas, torturadas y asesinadas. Pero luego hablaremos de eso. Ahora estamos en que hay que prescindir de la intoxicación de titulares de periódico y notas de agencia, del Astíz pintado como un lobo sediento de sangre humana, para ceñirse a otra realidad mucho más compleja, a otro infierno.

Para entender a quienes se refieren a Alfredo Astiz como a un enemigo distinto –y no por ello menos pavoroso– hay que empezar imaginando, si se puede, ese edificio de cuatro plantas situado en el bonaerense barrio de Núñez, en la Avenida del Libertador, a cuatrocientos metros escasos del estadio de River Plate. La cámara de tortura está en el sótano; en la planta baja se encuentran las oficinas operativas y de inteligencia; en el primer piso hay cuartos vacíos, en el segundo están los dormitorios de los oficiales permanentes, y en el último, la capucha, en donde se hallan, en un ambiente, dividido por tabiques, los detenidos que no están siendo torturados. El mundo comienza y termina ahí, hasta el punto de que los gritos de los hinchas, que llegan amortiguados desde el estadio, parecen sonidos de ultratumba. Es como vivir en el interior de un submarino –es el otro lado del espejo–, la locura, quizá tanto para los verdugos como para sus víctimas. Porque la mayoría de quienes realizan entre esos muros su oficio de muerte tienen detrás una familia destrozada.

Un mundo en el que la lectura favorita de todos es la trilogía de Larteguy, Los centuriones, Los pretorianos y Los mercenarios. Un mundo en el que algunos de los secuestrados sobreviven porque precisamente han tenido alguna vez en sus manos esos libros, y para ellos es como un manual, un catálogo de lo que en la escuela van a encontrarse. Un mundo en el que el prisionero constituye la única familia de su capturador, porque en cuanto uno caía en las redes del Selenio –nombre de batalla del grupo operativo 3.3.3.2, de la Escuela de Mecánica de la Armada–, uno pasaba a pertenecer en cuerpo y alma al oficial que había dirigido la caza.

Tampoco puede entenderse la Escuela sin profundizar antes un poco en el papel de la Marina, cenicienta que ha sido a lo largo de la historia de Argentina, intentando siempre colocar presidentes en lo alto y fracasando siempre, tratando siempre de sobrepasar al Ejército y la Aeronáutica y desbordada siempre.

Ese rosario de frustraciones se vio interrumpido gracias a dos factores: la toma del poder por parte de la Junta Militar en marzo de 1976 y la ambición sin límites del entonces comandante en jefe de la Fuerza Naval, Eduardo Emilio Massera, quien vio la ocasión de hacerse con una importante parcela de poder a cambio de convertir la Escuela, que tradicionalmente servía para impartir enseñanza técnica y formar como suboficiales a muchachos de extracción modesta, en el primer centro de obtención de información enemiga del país; es decir, en el más importante templo de la tortura, el traslado, la desaparición, el exterminio.

Fue inútil que el Servicio de Inteligencia Naval pretendiera que la Escuela y su grupo operativo, Selenio, no se escaparan de su órbita. Massera hizo que ese instrumento de poder dependiera directamente de su voluntad, y a la Junta Militar le pareció muy bien, hasta el punto de que pronto Selenio extendió su radio de acción por todo el país y más allá de los océanos, a pesar de haber nacido con el pretexto de proteger los territorios adyacentes a la Escuela.

(...)

La Marina te llama. En la Escuela se daban tres tipos de represores. Estaban los burócratas, la mayoría, un 70 por ciento, los típicos “hago-lo-que-hago-porque-me-lo-ordenan”, que cumplían al pie de la letra, sin pasarse ni quedarse cortos, y que se llamaban a sí mismos profesionales. Luego estaba un 20 por ciento de psicópatas, de esos que babean, lloriquean y jadean cuando torturan, y que pertenecen al prototipo del verdugo hollywoodense.

Y, finalmente, apenas un 10 por ciento, uno se encontraba con los convencidos, los que actuaban en nombre de una ideología. Eran los peores. Entre ellos se encontraba Alfredo Astiz. Desde muy niño había querido ser oficial de la Marina: por mucho que mire atrás no recuerda haber pretendido otra cosa. Y, de alguna manera, es natural, lo lleva en la sangre. Su abuelo poseía unos astilleros. Su padre fue un marino de los de cuerpo entero, de esos que permanecen en el puente de mando infundiendo valor a sus hombres, capaces de hundirse con el barco, a la manera de un personaje de Conrad o Stevenson. Lástima que tantas virtudes navales tropezaran con la ambición de Massera, que nunca le permitió llegar a contralmirante. En cambio, Massera estuvo encantado de introducir a Astiz hijo en el turbio asunto de la eufemísticamente llamada lucha antirrepresiva: era una forma de pringar a la Marina tradicional hasta el cuello en la más sórdida página que ha conocido la historia argentina.

(…)

Alfredo Astiz tenía 23 años cuando triunfó el golpe y era prácticamente igual que ahora, igual de valiente, igual de seguro, con la sonrisa inocente, el mechón claro acariciándole la frente, el cuerpo de jugador de rugby, el talante caballeroso de oficial de elite frecuentador de niñas bien a las que no presta atención excesiva. La primera operación en la que el joven Astiz participa, antes de pertenecer a Selenio, tiene efecto poco después del golpe, cuando se procede a secuestrar –y podría decirse que es un secuestro hasta cierto punto legal, teniendo en cuenta lo que vendrá después– a políticos y sindicalistas que pueden oponerse al régimen de Videla. La operación se lleva a cabo utilizando microbuses, y Astiz se jacta de su eficacia, de que ha resultado mucho mejor que cuando el golpe de 1966, en el que, según le han dicho, hicieron lo mismo utilizando microbuses de una sola línea y, claro, aquello fue un desmadre.

Más adelante, a principios de 1977, Astiz llega a la Escuela de Mecánica de la Armada como uno de los oficiales rotativos que operan contra los montoneros durante períodos de tres meses y que luego son enviados a otro destino, a descansar y, sobre todo, a olvidar la sucia tarea que estuvieron desempeñando: otro ingenioso invento de Massera para implicar a la oficialidad en la represión.

La suequita. De la desaparición de la ciudadana sueca Dagmar Hagelin –de apenas 16 años–, como de las monjas francesas, los montoneros supervivientes carecen de información directa, y la que tienen les viene de terceros, de médicos o guardianes de la Escuela. Parece bastante seguro, sin embargo, que Alfredo Astiz participó en la operación de captura como uno más entre la treintena de oficiales que sitió la casa a la que ella acudió, aunque resulta bastante probable que la bala que se alojó en su cabeza perteneciera a la escopeta que el joven Astiz –alias el Rubito–solía utilizar en este tipo de operaciones. El disparo rozó el cerebro de Dagmar y la dejo hemipléjica, sin control de esfínteres. Luego la llevaron a la Escuela, la torturaron y, finalmente, la mataron.

En aquel tiempo, la orden de eliminación tenía que proceder de Acosta, el jefe máximo del grupo: Astiz todavía era un recién llegado. Uno y otro habían cometido un dramático error, porque Dagmar no era la montonera que buscaban. Pero cuando pensaron en devolverla, en vista del escándalo internacional que la Embajada sueca estaba organizando, consideraron que la muchacha estaba impresentable. La suprimieron.

“¿Qué han hecho con ‘el Rubito’?” La operación más brillante en que Astiz participó, aquella por la que más tarde se haría, como suele decirse, tristemente famoso, fue su infiltración en el movimiento de las Madres de Plaza de Mayo. Se le puede imaginar fácilmente: joven, rubio, guapo, simpático, tierno, el hijo con el que todas aquellas mujeres desangradas podían identificarle. Apareció en la Plaza de Mayo fingiendo ser hermano de un estudiante desaparecido.

En esa misma ocasión la policía –una hábil maniobra–carga sobre las madres, él trata de defenderlas a golpes, las madres se conmueven, se arrojan sobre los agresores, le rescatan.

Y a partir de ese momento, Alfredo Astiz se convierte, para ellas, en el Rubito, alguien a quien proteger y adoptar, alguien que les protege a su vez. Le introducen en la comisión, y él y una montonera detenida en la Escuela que más tarde se une a él en la infiltración, fingiendo ser hermana suya –hoy, vive en Madrid y afirma que fue obligada a ejecutar ese trabajo–, consiguen asistir a diversas reuniones. El día en que se produce la recaudación de fondos, cuando las dos monjitas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet, acuden a la modesta colecta que han obtenido por su parte, los de Selenio caen sobre ellas. Son capturadas las dos religiosas y 13 madres, y también el Rubito y la Rubita, pero a éstos se les deja en libertad inmediatamente, aunque sus víctimas lo ignorarán siempre.

“¿Dónde está el Rubito?, ¿Qué han hecho con él?”, dicen que preguntaban las monjas en su celda, encapuchadas y con grilletes en tobillos y muñecas. Y dicen también que nadie se atrevió a contarles la verdad.

(…)

El ocaso del guerrero. Dicen que Alfredo Astiz, a veces, reflexionaba en voz alta sobre el futuro. “Si la Marina me larga por lo que he hecho aquí, ¿a qué me voy a dedicar? Claro que”, se animaba, “tengo una buena capacidad técnica, soy hombre rana, paracaidista, experto en explosivos, sé hacer muchas cosas... Podría irme a un país africano como mercenario.” Luego, de repente, renacía su confianza: “No, el Anna no me abandonará”.

Y no le abandonó. Le dio finalmente, como premio, la guerra con la que había soñado desde que era pequeño. Después de haber combatido en esa otra guerra rastrera contra madres y monjas, después de haber asesinado concienzudamente, el teniente de navío Alfredo Astiz pudo finalmente combatir contra verdaderos destructores, contra cañones auténticos y soldados entrenados como él para la muerte.

Y entonces se rindió. De acuerdo con su lógica marcial, hubiera tenido que pegarse un tiro: pero ahí le falló el personaje. Por eso, ahora, quienes le recuerdan, dicen que es un monstruo con fisuras. Un monstruo con los pies de barro.

© Escrito por Maruja Torres (*) y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 29 de Octubre de 2011.

(*) Publicado en Diario El País de Madrid el 22/05/1982.

Donde Encontrarlos... De Alguna Manera...

Dónde encontrarlos...

La desaparición. Ese mal indecible que nos asoló pretendiendo dejarnos inermes, atrapados por el abismo de lo insondable para siempre. Sin tumba para siempre. Sin nombre, sin edad, sin paradero, sin historia, para siempre. ¿Qué se podía hacer frente a una perversidad atroz que hacía de la incertidumbre lo único pasible de hallar en los años de la oscuridad más cerrada que vivió nuestro país?

Nadie sabía. No había respuestas. ¿Qué hacer frente a tamaña ignominia, frente a aquello que de tan siniestro no tenía ni nombre?

Ellas hicieron. Salieron a buscar. Primero a sus hijos, vivos. Los querían con vida. “Hasta que aparezcan todos.” Si la esperanza es un propósito activo, dice el poeta “el mejor modo de esperar es ir al encuentro”. Y ellas no esperaron, salieron a buscar. No esperaron ni aquellas que desaparecieron buscando a sus hijos, “las de la Santa Cruz”; ni las otras, sus compañeras de camino que hoy todavía giran en torno de una Pirámide que las transportó en su búsqueda más allá de cualquier frontera. Que hizo de esa búsqueda un hallazgo.

Luego la conciencia de la tragedia empezó a embargar esos miles de hogares. La posibilidad de esa realidad negada, de la última, de la que uno nada quería saber, empezó a vislumbrarse como el lugar de la desaparición. Como un destino ineluctable. Pero nunca cejaron. Fue un movimiento que las tuvo y las tiene como símbolos pero que encarnó muchas luchas, otras, innumerables luchas que a veces debieron invisibilizarse, pero que sobrevivieron a la desaparición.

Y cada uno de los logros en esa misión de una posición ética a toda prueba fue derribando trabas, corriendo columnas, atravesando sinsabores y deshaciendo obstáculos. Memoria, verdad y justicia. Justicia pedían. Pero dicen “nunca creímos que iba a llegar...”, y “seguimos porque falta mucho, pero mucho también hemos logrado”.

Decía en un escrito en abril de 2005, dando cuenta de esa búsqueda que genera la desaparición, sobre aquellas diferentes instancias adonde se vuelve recurrentemente para encontrar a los desaparecidos: “Te buscamos, como había que buscar entonces, como se buscaba en esa época funesta de nuestra historia, como ustedes nos buscaban a nosotros. Golpeando puertas, recorriendo, denunciando. Todo era inútil. Fueron cartas, presentaciones, viajes, hábeas corpus. Un gran interrogante sin respuestas. Todo era inútil. Eso era la desaparición. Parecía como si se los hubiese tragado la tierra. Pero no era así. Eran las Fuerzas de Seguridad las que secuestraban, torturaban y asesinaban. Por eso ustedes pasaron a ser, también ustedes, detenidas-desaparecidas, como los hijos que buscaban. Las madres buscaban a sus hijos y los hijos buscaban a sus madres, en el país de lo indecible. Después buscamos la justicia. Tampoco llegó. También estaba desaparecida.

Buscamos como había que buscar, y buscamos también de otras maneras: ¿Cómo? ¿Dónde? (...) En las miradas de otras madres, en sus abrazos.

(...) Te buscamos en una plaza con tu nombre, en un árbol plantado en la avenida San Juan. Te buscamos en el río cuando, en un acto simbólico –la pucha, tan bien intencionado– esparcimos las cenizas de papá, para juntarte, simbólicamente, con él. Y vos ya no estabas. Desencuentro trágico que da cuenta, una vez más, de la desaparición. Un equívoco permanente, un no lugar. El problema no es si la cita es en una plaza, en un árbol, en el río, el problema es cuando uno de los dos no puede asistir a esa cita. El problema no es si la tumba o el epitafio.

El problema es la tumba sin epitafio o el epitafio sin tumba.

Y así estuviste vos recluida en los confines de lo siniestro, de lo innombrable durante 28 años, mientras nosotros te buscábamos a ciegas.

Y así tuvimos que aprender, duramente, muy duramente, a encontrarte.

En abrazos ajenos. En las miradas de nuestros hijos. En sus sonrisas. En las imágenes en las que los hijos que ustedes buscaban, madres de todos, las abrazan con sus miradas eternas”.

Con la esperanza intacta y la voluntad irrompible. La desaparición podía ser una madre, un hijo, un hermano, un sobrino, un tío, un primo, un abuelo, un esposo, una esposa, un amigo. Alguien cuya ausencia se tornaba insoportable, alguien a quien urgía encontrar.

Y se fueron construyendo lugares donde encontrarlos. Espacios tangibles e intangibles en donde pudiera aliviarse el alma.

El 26 de octubre de 2011 tuvo lugar un hecho histórico. Fueron condenados un grupo de integrantes del GT332 que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada en esa larga noche de tinieblas.

En una audiencia colmada de presencias, miles de ausencias se encontraron en la búsqueda de cada uno de los presentes. Y entonces los encontramos. Sí, de nuevo los encontramos. En los aplausos, en las fotos enarboladas como escudos que defienden del olvido y de la desmemoria, en las voces pronunciadas entre todos, en sus ojos que miran desde los nuestros.

Y se convirtió, entonces, ese recinto que a esa sociedad le queda chico, en otro lugar, en un nuevo lugar donde encontrarlos. No hace falta que la sociedad asista a las audiencias para hacerse cargo de un hecho que, a todas luces, la involucra, la atraviesa de punta a punta, la invade por todos los poros.

Allí en ese recinto, con el eco de sus nombres, con la verdad que fue eclipsando sin vuelta atrás la impunidad, la Justicia se convirtió, también ella, en un lugar donde encontrarlos.

© Escrito por Ana María Careaga (*) y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 30 de Octubre de 2011.

* Directora del Instituto Espacio para la Memoria. Sobreviviente del CCD El Atlético. Hija de Esther Ballestrino de Careaga, Madre de Plaza de Mayo secuestrada en la Iglesia de la Santa Cruz el 8 de diciembre de 1977.

Comparaciones Odiosas... De Alguna Manera...

Comparaciones odiosas...

Cristina obtuvo una victoria aplastante, cuya extensión y amplitud le importan menos que no haberle fallado a Kirchner. Los seis puntos de ventaja sobre Scioli no la enorgullecen tanto como el resultado en Santa Cruz, donde se radicó por seguirlo. La quita de la deuda griega es un excelente punto de comparación con el caso argentino. Lo que logró Kirchner fortalece a Cristina para las nuevas pulseadas. El juicio ESMA y la diferencia entre una dictadura sin ley y el estado de derecho.

Después de las elecciones del domingo pasado, CFK viajó a Río Gallegos para trasladar a su destino final los restos de Néstor Kirchner, y esta semana asistirá en Francia a la cumbre del G20. Se encontrará allí con algunos de los gobernantes de la Eurozona que el jueves anunciaron en Bruselas una quita del 50 por ciento sobre la deuda soberana griega en manos privadas o un 33 por ciento sobre el total. El liderazgo político de Francia y Alemania y el Fondo Monetario Internacional impusieron esta solución a los bancos, representados por el Instituto Internacional de Finanzas.

Dejaron en claro que era preferible una reestructuración que pudiera presentarse como voluntaria, pero que si los bancos rehusaban, no recibirían una oferta mejor. El acuerdo implicaría para Grecia un ahorro de cien mil millones de euros (141 mil millones de dólares), según una ingeniería de emergencia, atada con alambre. La deuda griega equivale a más de un producto interno bruto y medio, tal como ocurría con la argentina a comienzos de siglo.

Kirchner y la deuda

Estos datos son útiles para redimensionar la negociación que Kirchner condujo en 2005. El trabajo Haircuts and the cost of sovereign default, publicado hace dos semanas en el portal VoxEU.org, del Centre for Economic Policy Research (http://www.CEPR.org) estudia las reestructuraciones de deuda producidas en el mundo entre 1970 y 2010. Según sus autores, Juan José Cruces, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella, y Christoph Trebesch, profesor de la Universidad de Munich, con 43.736 millones de dólares la reestructuración argentina fue la mayor de la última década y la quita, del 76,8 por ciento, sólo fue superada por la de Irak. Pero la deuda iraquí era casi tres veces menor que la argentina y fue condonada bajo la presión de las tropas estadounidenses ocupantes. Los países que declaran la moratoria de sus deudas “no parecen enfrentar serias penalidades en los mercados de crédito a mediano y largo plazo” y sus efectos en los costos del crédito son pequeños o poco duraderos.

Los países que defaultean, a menudo tienen acceso a los mercados de capital “apenas un año después de la crisis”, lo que contradice “la teoría económica que sugiere un castigo en la reputación y la exclusión del mercado”, concluyen. A la luz de este análisis, es más notable que el crecimiento espectacular de la economía se haya realizado sin que el gobierno argentino recurriera a nuevo endeudamiento. Cuando lo haga, cuando las tasas que le ofrezcan sean atractivas, sólo será para financiar obras públicas. Recién ahora, con 141 mil millones de dólares Grecia pasará a encabezar el ranking en valor absoluto, aunque la quita que obtenga será inferior a la que consiguió Kirchner y a cambio de ella Atenas deba admitir una supervisión cotidiana de sus decisiones por parte del Fondo Monetario, el Banco Central Europeo y el Consejo de Europa, que harán añicos lo que queda de su soberanía nacional. Además, Grecia sólo reducirá su ratio de endeudamiento a 120 por ciento del PIB, mientras la Argentina lo hizo al 46,3 por ciento, de las cuales la mitad son deudas con el sector público nacional (ver cuadro 1).

Hablemos de votos

Las comparaciones no son menos odiosas si se habla de votos. Cristina se impuso con el mayor porcentaje de votos y la mayor diferencia con la primera minoría en la historia postdictatorial. Venció en todas las provincias salvo San Luis, en todos los partidos de la provincia de Buenos Aires salvo Rivadavia (cuna del ex dictador Harguindeguy), en todas las grandes ciudades excepto Rosario y en todas las comunas porteñas salvo Recoleta, Palermo, y Núñez-Belgrano- Colegiales. En esas comunas es aún más impactante que en el total del país el trasvasamiento directo de votos de Duhalde a Binner entre las Primarias de agosto y la elección del domingo 23.

En el conjunto del país, Duhalde atrajo a un millón y cuarto menos votantes que en las Primarias, y Binner un millón y medio más. En la provincia de Buenos Aires uno perdió 480 mil votos y el otro sumó 640 mil. En Recoleta, Duhalde perdió 19.775 votos y Binner ganó 17.048; en Palermo, el bañero de Lomas de Zamora retrocedió 24.112 votos y el médico rosarino avanzó 24.596 y en Núñez-Belgrano-Colegiales, el esposo modelo cedió 25.082 votos y la nueva esperanza blanca incrementó su cosecha en 28.525. Esto señala el fuerte carácter antikirchnerista, con especial anclaje en los sectores más acomodados, del Frente Antiinflacionario Progresista, lo cual desmiente la alarmada presunción de que sus votos en el Congreso se sumarían a los del gobierno.

Tal vez ocurra en algún caso, pero nunca como norma. En la provincia de Buenos Aires, CFK obtuvo el 56,28 por ciento de los votos válidos emitidos para la presidencia y Scioli poco más de un punto menos, el 55,06 por ciento para la gobernación. La distancia real es aún mayor, ya que para gobernador hubo 1,1 millón votos en blanco y para presidente apenas 299.000. Cristina fue votada por 4.704.016 bonaerenses, esto es 538.467 más que Scioli, y 48.502 más que la suma de Scioli (4.165.549) y Martín Sabbatella (489.965). Sobre el total de los votos emitidos la diferencia entre la presidente y el gobernador alcanza al 6,17 por ciento. Minimizar su importancia es una clara toma de posición política. Destacarla, también. Cuando habla de las elecciones, Cristina no se detiene en Buenos Aires sino en Santa Cruz y no por razones políticas sino afectivas. “Si Eduardo Costa nos hubiera quitado la gobernación, él se levantaba y nos llamaba inútiles a todos”, bromea muy en serio. Partida de dolor en el aniversario, su consuelo es sentir que no le falló a Kirchner (ver cuadro 2).

La pulseada

La dimensión del triunfo electoral no ha servido como disuasivo para los sectores dominantes, a los que cualquier ocasión les parece propicia para pujar por un cambio de política. Lo plantearon en 2005 luego de la renegociación de la deuda, en 2007 cuando CFK sucedió a Kirchner, en 2008 luego del voto de Cobos a favor de las cámaras patronales agropecuarias, en 2009 al terminar el escrutinio de las elecciones legislativas, en mayo de 2010 ante la masividad de los festejos del Bicentenario y en octubre apenas dos horas después de la muerte de Kirchner. De nuevo después de las primarias del 14 de agosto y otra vez ahora. El propósito invariable es forzar el abandono de las políticas plebiscitadas el domingo 23. El fracaso de la estrategia de demolición intentado por la Sociedad Rural, Techint, el Grupo Clarín y el resto de la oligarquía diversificada dio paso a un acercamiento sinuoso: incidir desde adentro en vez de confrontar, como postula el ex empresario José Mendiguren.

El miércoles comenzó la desilusión, ante la respuesta contundente y una vez más sorpresiva a la escalada contra el peso, que pretende forzar su devaluación, para licuar los salarios, incrementar rentabilidad sin inversión e imponer el ajuste sobre el gasto público y una nueva salida al mercado de capitales. Ese no es el programa del gobierno, sino el de las propuestas electorales derrotadas. Como de costumbre, el kirchnerismo subió la apuesta para que no queden dudas sobre su decisión de ejercer el poder político que, en defensa propia, le confirió la sociedad. El nivel de reservas es más que suficiente para copar la parada y volverá a crecer en 2012, debido a la estacionalidad de las liquidaciones de la cosecha de granos. Cristina, su ministro de Economía y vicepresidente electo, Amado Boudou, la presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray y la ministra de Seguridad, Nilda Garré, son personas poco impresionables por la combinación de amenazas y seducciones y harán todo lo necesario para que quienes se negaron a escuchar el mensaje de las urnas no puedan ignorar los aullidos de lo que Perón llamaba la víscera más sensible del hombre (y de la mujer, como diría si viviera hoy).

Los banqueros deberían saber mejor que nadie que las espaldas del Estado son las más anchas y que si no rectifican su conducta de los últimos meses, serán ellos los que entrarán en dificultades, por más divagaciones sobre presuntas “inconsistencias del modelo” con que intenten encubrir su apuesta perdedora. En el mes que termina mañana los plazos fijos en pesos dieron más rendimiento que el dólar y nada sugiere que esto vaya a cambiar ahora. Todas las medidas adoptadas en estos días son de inobjetable legalidad y perfeccionan la calidad institucional. La obligación a presuntos capitales extranjeros, que en realidad son fondos argentinos fugados, de liquidar divisas por compras de activos en el país es un golpe mortal al circuito en negro en el que se mueven esos capitales especulativos. Desde mañana, además, cuando alguien vaya a un banco a comprar dólares le pedirán el número de su clave única de identificación tributaria o laboral y la base de datos de la AFIP indicará en tiempo real si con sus ingresos puede justificar la operación. La inteligencia financiera que está perfeccionando el gobierno le permite detectar en tiempo real quiénes realizan cada operación con divisas.

Con el pragmatismo habitual, Cristina tiene en preparación nuevas medidas que se aplicarán en el momento menos pensado, de ser necesarias. Algunas podrían coordinarse con Brasil, como ya ocurrió durante los gobiernos de Kirchner y Lula. Los ministros de Economía y de Industria y el secretario de Comercio Interior visitaron en San Nicolás la planta de Techint, que luego de otra pulseada similar debió resignarse a integrar a los directores por la minoría que designó el Estado. El debate prosigue ahora sobre los proyectos de inversión, que el Estado quiere canalizar en función del interés nacional. Los funcionarios discutieron in situ acerca de esas inversiones y saludaron a los trabajadores. La gerencia expuso estadísticas de producción de todo el mundo. Guillermo Moreno los chanceó:

Ah, ustedes cuestionan nuestras estadísticas, pero dan por buenas las de China.

El mensaje es que sólo habrá sonrisas con quienes vayan por las buenas y respeten las decisiones institucionales que procuran garantizar la seguridad jurídica, no para cuarenta empresas sino para cuarenta millones de argentinos.

Tirar el camión

Los históricos socios sindicales del poder económico, cómplices de las privatizaciones del menemismo, procuran aprovechar el momento para recuperar la conducción de la CGT, desplazando a Hugo Moyano, que las resistió entonces junto con la CTA. La exasperación del moyanismo frente al gobierno no es eficiente para la defensa de su posición. La detención del delegado ferroviario Rubén Sobrero y la penosa injerencia del jefe saliente de gabinete, Aníbal Fernández, merecían el firme repudio que cosecharon, pero la afirmación de que sólo los sindicalistas van presos machaca en el mismo clavo corporativo que se puso incandescente cuando llegó la rogatoria judicial suiza.

El anuncio de Pablo Moyano de movilizaciones callejeras para exigir la elevación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias conduce a los camiones a un callejón sin salida. En Estados Unidos y los países más prósperos de Europa el impuesto a los ingresos de las personas oscila entre 8 y 11 por ciento. En la Argentina apenas llega al 1,6 por ciento. Es un impuesto progresivo, porque sólo afecta a los trabajadores de altos ingresos y su tasa se eleva según el nivel de las remuneraciones en un mercado de trabajo formal muy desparejo. El tercio de trabajadores de mayores ingresos recibe casi dos tercios de la masa salarial total, en tanto el tercio que menos gana no llega al 10 por ciento. A esto debe sumarse la persistencia de niveles de informalidad que aún superan un tercio del empleo total y una estructura tributaria volcada sobre el consumo popular.

Es improbable que el gobierno realice concesiones en este tema, en plena pugna por el valor del peso, cuando ha detectado un crecimiento vertical de las compras de dólares en torno de los días de pago. El problema es, una vez más, político, y se centra en la racionalidad de las opciones y alianzas de cada uno. Plantear como tema prioritario el mínimo no imponible es una reivindicación lógica de los bien pagos camioneros, no de la CGT. Si alguna experiencia de la historia debería estudiar Moyano, para no repetirla, es la de la tendencia revolucionaria que intentó disputarle el liderazgo a Perón en 1974. Sin duda, la acción frontal con que amenazó su hijo Pablo incomodaría al gobierno, pero a nadie le haría más daño ni tan rápido como a él mismo. La fortaleza sindical es imprescindible para la defensa de los trabajadores, cuya participación en el ingreso debe seguir en ascenso, pero volverla contra el gobierno popular que lo hace posible, protestar apoyo y atropellar con el camión, sería suicida.

© Escrito Por Horacio Verbitsky y publicado en el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 30 de Octubre de 2011.