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sábado, 15 de diciembre de 2012

Néstor Kirchner, legados y desafíos... De Alguna Manera...


Néstor Kirchner, legados y desafíos...

Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

Es indiscutible que la inesperada y prematura desaparición de Néstor Kirchner tendrá un enorme impacto sobre la vida política argentina. Sucintamente podría decirse, primero, que con él desaparece el político más influyente de la Argentina, el que marcaba la agenda de la discusión pública y el ritmo de la vida política nacional.

Segundo, que durante su gestión como presidente cambió el rumbo por el que venía transitando la Argentina -muy especialmente en materia de derechos humanos y política internacional, pero también con una ejemplar renovación de la Corte Suprema, reparando las vejaciones que en este rubro, como en tantos otros, había cometido el menemismo.

Tercero: desaparece con su muerte el único que reunía las condiciones requeridas para contener, como ningún otro, la compleja y turbulenta realidad del peronismo, cuyas pugnas internas en épocas pasadas sumieron al país en gravísimas crisis institucionales. Éste tal vez sea el más serio desafío con el que tendrá que lidiar la presidenta.

Cuarto, su muerte la priva de una compañía irreemplazable: durante décadas Néstor Kirchner no sólo militó codo a codo con ella, sino que también fue su consejero, aliado y confidente. Su desaparición deja un vacío muy grande en la Casa Rosada. Pero, contrariamente a muchas malintencionadas especulaciones expresadas en estas horas, la presidenta es una política hecha y derecha y, además, una mujer de mucho temple y carácter y que seguramente sabrá sobreponerse a su inmenso dolor y honrar la memoria del ex presidente manteniendo con firmeza en sus manos el timón del Estado y evitando que al interior del PJ se desencadene una feroz pelea por la sucesión.

Nada autoriza a pensar en un paralelismo entre su situación y la de Isabel Martínez de Perón ante la muerte de su esposo, en 1974. Ésta no reunía las menores condiciones para gobernar la Argentina, no tenía trayectoria política alguna y el país se hallaba en una situación incomparablemente distinta a la actual, donde la presencia de militares fascistas era el dato más significativo de aquella coyuntura. La de hoy es completamente distinta en todas y cada una de aquellas dimensiones. De todos modos, para responder a los desafíos del momento Cristina Fernández tendrá que contar con mucho apoyo, reforzar su articulación con las clases y capas populares mediante la rápida implementación de políticas sociales y económicas más efectivas (y, en algunos casos, largamente demoradas) y, sobre todo, mantener a raya a los aparatos que se arrogan una representación popular que en realidad no tienen y que pueden interferir negativamente en el crucial último año de su mandato y en sus perspectivas electorales. La Argentina se asoma a una nueva etapa signada por la ausencia del ex presidente: el asesinato de Mariano Ferreyra ya había iniciado este proceso; la muerte de Néstor Kirchner lo acelera y profundiza aún más. 

Escrito por Atlio Borón y publicado en http://www.atilioboron.com el jueves 28 de Octubre de 2010. 

De Alguna Manera ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Opinión e información… De Alguna Manera...


Opinión e información…

Verbitsky y abogados del CELS defendiendo a los periodistas incluidos en la demanda de Clarín.

Ante la demanda de Clarín por incitación a la violencia a funcionarios y periodistas, habiendo soportado personalmente juicios de funcionarios y alguna condena, luego revertida gracias a la defensa de los abogados del CELS en la Corte Interamericana, lo más fácil sería integrarme al coro de quienes se oponen a cualquier judicialización del periodismo. Pero no pienso así.

Yo creo que los periodistas no podemos pedir inmunidad judicial. Creo que debemos ser responsables por lo que escribimos y decimos. Y aunque no sea con pena de cárcel, debemos correr el riesgo de algún castigo judicial razonable por lo que comunicamos. Lo creo por el bien del periodismo.

Porque si existiera una especie de fueros permanentes y absolutos que nos dieran privilegios que no tienen ni los jueces ni los gobernantes, aparecerían más personas, de las que aún ya aparecen, usando nuestra profesión para extorsionar y hasta a veces directamente cometer delitos bajo el amparo de la libertad de prensa.

Es evidente que surgen cada vez más personas que sin relación con el periodismo compran medios para usarlos con otros fines, y cada vez hay más infiltrados en el periodismo que, como una célula anómala, pretenden arruinarnos desde dentro con la colaboración activa de diferentes gobiernos. Por eso, es imprescindible exigirnos a nosotros mismos respetar procedimientos verificatorios de la consistencia de las informaciones en los que coincide la gran mayoría de los manuales de periodismo.

También me parece un extremo sostener que a un periodista no se lo pueda citar de testigo en una causa. En este punto la sobreactuación casi cómica de la Sociedad Interamericana de Prensa refleja el clima de pérdida de autoestima periodística. La SIP salió a decir que “aun como testigos los periodistas no pueden ser forzados a aportar ningún tipo de información en la Justicia” porque la Declaración de Chapultepec establece que “no podrá obligarse a ningún periodista a revelar sus fuentes de información”. Es obvio que uno puede mantener en secreto su fuente pero igual ser un útil testigo.

Comparto con la mayoría de quienes esta semana alzaron la voz por el tema, que no se debe judicializar la opinión. La opinión y el debate son esenciales para la democracia. El periodista debe ser un cuestionador nato, un generador incesante de polémica, un problematizador de la realidad y no su naturalizador. Y es también válido que un periodista se pueda asumir como militante de la tarea de transformar la sociedad y no sólo describirla. Pero la implicación social no otorga impunidad para dar informaciones incorrectas o informaciones que no fueron debidamente verificadas como ciertas. Justamente, para que el conocimiento sea el instrumento de una praxis social emancipatoria debe ser verdadero.

Todos nos equivocamos; no quiero caer en esta columna en la misma exageración principista que critico. Gaston Bachelard, el prestigioso epistemólogo francés, sostenía que “el progreso del conocimiento requiere un proceso de rectificación incesante” que él denominó “primado teórico del error”. Llevado al nivel del periodismo, lo que merecería ser castigado en nuestra profesión no es la creencia equivocada de buena fe sino la real malicia.

Es lógico que muchos periodistas, no sólo los incluidos en la demanda, creyesen que la mayor difusión por TN de la huelga en Prefectura y Gendarmería demostraba que el Grupo Clarín alienta el crecimiento de cualquier problema que enfrente el Gobierno sin medir responsabilidades institucionales y eso merezca ser criticado públicamente.

Lo que no fue lógico fue sostener, como hizo el ministro Julio Alak, que la desaparición de Alfonso Severo, testigo en la causa por la muerte de Mariano Ferreyra, pudo ser producida “para amedrentar a la Presidenta para que el 7 de diciembre no se dé por cumplido el proceso de desinversión del Grupo Clarín”. Los modos “suposicionales”, como correctamente lo son en el caso de la opinión, se eximen de la dependencia entre la teoría y su comprobación empírica pero en realidad están sembrando información. Opinión e información deben ser claramente diferenciadas.

Una cita del libro Metodología de la investigación social y educativa: diferentes caminos de la producción de conocimiento, de Luis Rigal y María Teresa Sirvent, puede sernos útil a los periodistas: “La objetividad requiere no una fe ingenua en la neutralidad, sino un acuerdo interpersonal compartido acerca del tipo de normas de indagación y de reglas de racionalidad que garantizará que las teorías sean valoradas críticamente sin la intervención inoportuna de querencias subjetivas o de prejuicios personales. La objetividad se consigue cuando los participantes se revelan dispuestos a someter sus opiniones y preconcepciones a disposición de la inspección crítica y a tomar parte en discusiones y argumentaciones que sean abiertas e imparciales (es la dimensión intersubjetiva de la objetividad científica)”.

© Escrito por Jorge Fontevecchia y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 1º de Diciembre de 2012.



sábado, 24 de noviembre de 2012

“Néstor” no es una película... De Alguna Manera...


“Néstor”, un documental indocumentado…


Una historia se desmorona cuando no puede contarse. El relato no se puede relatar: eso muestra Néstor, the movie , el trabajo de Paula de Luque sobre Néstor Kirchner, una extensa sucesión de hechos donde la Biblia, el calefón, Almendra, Fidel, el Cordobazo, los hippies, Chávez y Maradona se mezclan en un cóctel confuso que finaliza con varias decenas de militantes mirando el cielo, como en el final de ET o en la Resurrección de Cristo, da igual.

En su serie “La Traición de las imágenes” (1928-1929), René Magritte pinta debajo de una pipa “Esto no es una pipa”. Era, claro, la imagen de una pipa.

“Néstor” no es una película.

“Es un aviso largo, ideal para ser difundido en Fútbol para Todos”, sintetizó Osvaldo Bazán en los micrófonos de Radio Mitre.

Pero el aviso, de cumplir su esencia, duraría más que el partido mismo.

El relato no puede relatarse porque no hay mucho que relatar. Tal vez por eso “Néstor” sea un collage deliberadamente confuso montado con discursos y muy pocos testimonios . Comienza con la frase de Martin Luther King pasada por lavandina, “Vengo a proponerles un sueño”, y se compone de una especie de kermese de referencias vinculadas sólo por la edición por corte y la buena voluntad -la voluntad militante- de quien se siente en la butaca: 2001, Cámpora, Fidel, Almendra, Vox Dei, el Cordobazo, Vietnam, la asunción de Néstor, el signo de la paz en una bandera, un cartel buscando a los asesinos de Aramburu, Spinetta, Florencia K entrando a Casa de Gobierno, el hombre en la Luna, Kosteki-Santillán, niños jugando en cámara lenta, cielo del sur, ruta, ruta, ruta, ruta y Néstor que baja del cielo. El trabajo de la directora De Luque y el guión (?) de Carlos Polimeni evitan nombrar a quienes hablan a la cámara: es difícil saber si es una opción estética o se le cayeron los zócalos. Si Néstor se proyecta en cualquier otro país o su público es menor de treinta años, la mitad del trabajo resulta incomprensible: ¿quién habla? ¿por qué lo dice? ¿dónde está? ¿en qué año fue? ¿antes o después? ¿antes o después de qué? Si la omisión de referencias se entiende como una opción estética, es probable que De Luque haya intentado que todas las voces sean anónimas porque son parte de una sola, “la voz del pueblo” , que habla sobre Néstor. Hicimos eso hace treinta años en Radio Belgrano, cuando convocamos a los oyentes a que, por teléfono, contaran sus recuerdos de Eva Perón. La edición de aquel material en el que todos los que hablaban eran anónimos pero a la vez protagonistas, intentó ser eso: la historia contada por autor anónimo. Pero no se presentaba como un documental.

Los “anónimos” de De Luque no son tales: dicen lo que dicen pero importa quiénes son y por qué lo dicen, y Néstor no lo muestra. Son sólo voces que se pierden en el contexto como si fueran verdades reveladas cuando son solamente opiniones . Como el río en Apocalipsis Now (basado en el río de El corazón de las tinieblas , de Joseph Conrad), el trabajo de De Luque y Polimeni está cruzado por eternas imágenes de un travelling delante de ruta, ruta y ruta que jamás termina ni llega a ningún lugar (¿la ruta es el tiempo, el camino o un aviso del Automóvil Club? Es imposible saberlo).

Es difícil construir un mito cuando quienes lo relatan no ayudan: “Nació en el año de San Martín”, dice la mamá de Néstor, como si aquello hubiera marcado su destino, aunque nacer aquel año le debe haber sucedido a unos cuantos cientos de miles de argentinos. “Era travieso”, dice una señora que parece la mamá de Cristina. “Yo era rebelde, quería usar tacos altos a los quince”, dice Alicia Kirchner.

“Anotaba los días que estuvo detenido por la dictadura”, dice una voz. Curioso: sólo fueron dos días , según su compañero de celda, Rafa Flores. Se ve que mucho no anotó.

La producción del “Topo” Devoto y del “Chino” Navarro costó, aseguran, seis millones y medio de pesos: es difícil imaginar en qué se gastaron para un trabajo basado en un noventa por ciento en archivo y en diez o doce jornadas de cámara para lograr la misma cantidad de testimonios. Casi tan difícil como explicar la presencia de José Luis Gioja, eterno gobernador de San Juan, el único político que aparece en medio de una larga lista de quienes, se adivina, son familiares de El.

El relato del relato relata, en paralelo, la historia de algunos “anónimos” que fueron tocados por la varita mágica de Néstor : el chico al que le compró un violín y llora, la chica que dejó de vender flores en la calle, el tipo que iba a irse del país, etc. Son protagonistas de lo que luego se convirtió en la oficina de Documentación de la Presidencia, que el propio Néstor armó con Devoto. T odos, hoy, cuentan cómo cambió su vida después de Néstor: todos son funcionarios del Estado . Nadie más generoso que El con el dinero ajeno. El dinero, claro, no está presente, ya que éste intenta ser un relato épico, pero se lo adivina viendo las imágenes documentales de Néstor y Cristina en súper ocho en la casita de City Bell: fue muy corto el camino que llevó al matrimonio de la casita de material al avión privado.

Hay en “Néstor, the movie” efectos especiales: Máximo habla . Al verlo, uno se explica por qué no lo hizo antes, ya que el don de la palabra no le ha sido dado: treinta y cuatro años, ocupación desconocida, sonrisa franca y bigote incipiente, Máximo se maneja con monosílabos.

La hipótesis (?) del final es extraña: Néstor murió de tristeza por el asesinato de Mariano Ferreyra (el Gobierno debería llevar al cine al ministro de Trabajo Carlos Tomada, íntimo amigo de Pedraza). Para esa secuencia, la directora eligió la “metáfora” del sonido de un tren, que recuerda vagamente a Sueños , la película de Akira Kurosawa en la que un tren “suena” en la cabeza de Van Gogh. Pero así son las cosas: de ruta, ruta, ruta se pasa a vía, vía, vía, lágrimas, multitud, velorio y protagonistas de “Néstor” mirando al cielo (¿Esperarán que baje?).

Títulos, final. Ojalá cuando tenga que filmar Cristina, Paula de Luque, de tanto practicar, ya haya aprendido a hacer documentales.

© Escrito por Jorge Lanata y publicado por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el viernes 23 de Noviembre de 2012.






martes, 20 de noviembre de 2012

Atroden... De Alguna Manera...


“Una maniobra orquestada para la impunidad”


Confirman el procesamiento del ferroviario José Pedraza por cohecho al intentar pagar para ser excarcelado. La Sala VI de la Cámara del Crimen ratificó el procesamiento del dirigente por haber pergeñado un intento de soborno para ser liberado mientras lo juzgaban por el asesinato de Mariano Ferreyra.

El dirigente ferroviario José Pedraza está más cerca de un nuevo juicio oral por haber pergeñado y movido los hilos en un intento de soborno a jueces de la Cámara de Casación Penal para que dejaran en libertad a miembros de una patota de su gremio, la Unión Ferroviaria (UF), acusados de haber matado a Mariano Ferreyra, y evitar en su propio caso terminar en prisión por el homicidio. La situación del sindicalista queda así planteada en función de un fallo de la Sala VI de la Cámara del Crimen, que confirmó su procesamiento por cohecho y tráfico de influencias, junto con los de otros cuatro personajes que colaboraron, desde funciones diferentes, “posicionados en lugares estratégicos”, “con sus relaciones y conocimientos preexistentes”, con una “maniobra orquestada” para “lograr impunidad”. Se trata del contador del sindicado Angel Stafforini, el ex agente de la SIDE Juan José Riquelme, el ex juez subrogante Octavio Aráoz de Lamadrid y el prosecretario de Casación Luis Ameghino Escobar.

Pedraza está siendo juzgado en la actualidad por el Tribunal Oral Criminal 21 (TOC21) como posible instigador del homicidio de Ferreyra, quien recibió un disparo en el abdomen cuando se desconcentraba una protesta de trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca de la que participaba como militante del Partido Obrero (PO). Junto con él están en el banquillo su número dos, Juan Carlos Gallego Fernández, ocho matones y siete policías. La trama del intento de coima fue descubierta en los primeros meses de la investigación, en el verano posterior al asesinato del chico, que había sido en octubre de 2010. Fue cuando la jueza Wilma López tenía varios teléfonos intervenidos, entre ellos el del propio Pedraza, y se topó con conversaciones que dejaban a la vista cómo el líder sindical organizaba en contacto con los otros cuatro implicados, una estrategia para darle un golpe la investigación de primera instancia, conseguir la libertad de los integrantes de la patota, que estaba apelada en Casación, y de esa manera evitar que la pesquisa llegara hasta él.

“Reitero, son verdes”

“Informan del otro lado que son verdes, reitero, son verdes”, es la frase –ya célebre– que Riquelme le dejó a Pedraza en su contestador automático el 24 de enero de 2011, cuando estaban en plenas negociaciones. El ex espía, en efecto, intentaba evacuarle una duda: si lo que debían pagar, de acuerdo a lo conversado con el intermediario Aráoz de Lamadrid, eran pesos o dólares. Porque habían hablado de “85 mil”, pero no de la moneda pactada. Aráoz había actuado en el caso Ferreyra como defensor del picaboletos Guillermo Uño, pero al llegar el final del año se corrió de ese papel y, según la imputación en su contra, fue para ofrecer sus contactos en Casación, donde había sido secretario por una década del camarista Eduardo Riggi y donde conservaba a su amigo, también ex secretario de Riggi, Luis Ameghino Escobar, quien manejaba en el tribunal el sorteo de asignación del expedientes entre las cuatro salas que lo componen. El objetivo, surgía de los comentarios elocuentes del Riquelme, era que fuera “elegida” la sala III, por entonces encabezada precisamente por Riggi, a quien mencionaba como “el amigo Eduardo”. Como si quisiera nombrarlos en clave, a Aráoz de Lamadrid lo llamaba “el amigo de la calle Viamonte”, por la ubicación de su estudio jurídico, y a Ameghino Escobar “el señor de las teclas”, lo que describía su función de manejar la computadora para realizar los sorteos informáticos que definen qué jueces tratan un caso.

“Las constancias de la causa, analizadas y articuladas en forma armónica, permiten demostrar, por lo menos a esta altura del trámite, la presencia de los pactos venales acordados para lograr objetivos ilícitos”, dice el fallo de 64 páginas firmado por los camaristas Mario Filozof, Julio Marcelo Lucini y Ricardo Matías Pinto. Al sentar posición, los jueces dicen que abonan la hipótesis que sostuvo en su momento el fiscal Sandro Abraldes y luego también el juez Luis Rodríguez al dictar los procesamientos: “Hubo una maniobra orquestada entre los imputados que, valiéndose de relaciones y conocimientos preexistentes, se posicionaron en lugares estratégicos para lograr la impunidad de Pedraza y de otras personas más”.

Las escuchas telefónicas que sostienen buena parte de la causa muestran que Riquelme, al hablar, revelaba un vínculo de confianza con Pedraza, y lo iba manteniendo al tanto de sus gestiones, que incluían contactos especialmente con dos camaristas de Casación: con Riggi, con quien tuvo llamados telefónicos en la etapa investigada; y con el ex juez Gustavo Mitchell, a quien decía frecuentar y visitar. También aludía a Mariano González Palazzo, que era subrogante, aunque decía que el lazo con él lo manejaba Aráoz de Lamadrid. Riquelme también negociaba con Aráoz y hacía de puente con Stafforini, vicepresidente de la empresa Belgrano Cargas además de contador de la UF. Aráoz hablaba con Ameghino.

Sorteo y soborno

El fallo de la Cámara describe que “el plan ideado” tenía “dos etapas”: “la primera, radicaba en lograr que fuera sorteada la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal, en la que se desempeñaba el Juez Riggi” para que resolviera los planteos de excarcelación de siete miembros del grupo de choque; “la segunda, cuyo éxito dependía en gran medida de la anterior” “consistía en ejercer una indebida influencia sobre el juez Riggi y, directa o indirectamente a través de él sobre los restantes integrantes de la Sala III, para obtener un fallo favorable a los intereses”. Este tramo del plan habría quedado trunco (hasta donde se sabe) porque a raíz de los seguimientos telefónicos y en la calle que se hicieron a los sospechosos se logró establecer el momento exacto en que Stafforini le llevaba 50 mil dólares a Aráoz de Lamadrid a su estudio jurídico, que fue allanado instantes después de la visita. El dinero, en billetes, fue hallado en un sobre rotulado “Octavio” e incautado por personal policial.

A lo largo de enero de 2011, Riquelme y Aráoz hablaban todo el tiempo del “día dos de febrero” como la fecha clave en que debían haber concretado el pago del direccionamiento del sorteo de Casación. El 26 de enero, todavía sin novedades, Riquelme se empieza a poner nervioso y le dice a Aráoz de Lamadrid: “El amigo José está terriblemente ansioso, hoy tuve doce llamados de él”, y le cuenta cómo trató de calmarlo a Pedraza: “José, mirá te lo dije ayer... si está de por medio el amigo de la calle Viamonte, José, por favor, a vos que te encanta tanto y lo disfrutás y yo te felicito, poné el champán en la heladera, te lo retomás y te vas a acostar, punto y aparte, no te hagas el chinchorrito donde no existe”.

Ese mismo día “el señor de las teclas” hizo su “tarea”, anunciaría después Riquelme. Salió sorteada “la sala de nuestro amigo”, le diría Aráoz de Lamadrid, en alusión a Riggi, después de haber intercambiado ocho mensajes de texto con Ameghino Escobar sobre “el éxito de la tarea encomendada”. “Fue a la sala de los amigos que hemos elegido, donde está el amigo Eduardo”, le transmitiría también Riquelme a Stafforini. La Cámara entre sus conclusiones señala que quienes operan el sistema informático de sorteos pueden hacer alguna maniobra o especulación, como esperar a que estuviera sólo disponible en el bolillero virtual la Sala III.

Aráoz, que estaba en Brasil, adelantó el regreso de sus vacaciones. El 1O de febrero esperaba en su estudio a Stafforini, que fue acompañado por Susana Planas, de Belgrano Cargas. Con el avance de la investigación se estableció que antes de ir allí habían pasado por la caja de seguridad de Stafforini en la sucursal Monserrat del Banco de Galicia, de donde se llevó el dinero en un maletín. Había ido incluso escoltado por Marcelo Daniel Pérez el jefe de seguridad de Belgrano Cargas, para tener protección, algo que Pérez reconoció y relató en detalle cuando fue citado para dar testimonio en tribunales. Los informes de inteligencia dicen que Stafforini entró al edificio de la calle Viamonte con el maletín lleno, y al salir se notaba que estaba vacío. Después del procedimiento, Aráoz lo llamó: “Escuchame, me están allanando por el tema este, corten todos los teléfonos”.

Lo que viene

La Cámara, que confirmó los embargos que llegan a 200 mil pesos, sostiene que está “acreditada” la relación que tuvo Aráoz de Lamadrid con el Juez Riggi que, al igual que Escobar, superó una década de desempeño conjunto (...) tampoco puede soslayarse el conocimiento que tenía Riquelme de ese magistrado y, muestra de esa circunstancia, son las dos conversaciones que tuvieron en el período que interesa a la investigación. Ahí dan cuenta de la confianza y el grado de intimidad que se dispensaban mutuamente. El vínculo entre ambos está comprobado y se puede concluir que la posibilidad de influir de los distintos actores que intervinieron en la maniobra era real y no ficticia”. 

El juez de primera instancia, Rodríguez, (ahora juez federal), despegó a Riggi de sospechas. La Cámara no lo modifica. Habrá que ver qué hace el juez actual del caso, Guillermo Rongo. El Centro de Estudios legales y Sociales, que representa a la mamá de Ferreyra como querellante, pedirá que se profundice la investigación sobre las relaciones de los funcionarios judiciales, dirigentes sindicales y lobbistas. Riggi es el único de los cuestionados por esta causa que sigue en Casación, aunque tiene pedido de juicio político.

© Escrito por Irina Hauser y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el martes 20 de Noviembre de 2012.