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sábado, 11 de abril de 2015

Anticipándonos a Wikileaks, la muerte de Néstor Kirchner... @dealgunamanera...

Qué Dice La Embajada De Estados Unidos Sobre La Muerte De Kirchner...


Esta historia fue reconstruida con fragmentos, autopartes de una información que aún siendo incompleta al menos propone una hoja de ruta para desentrañar el camino que condujo hace poco tiempo a la muerte de Néstor Kirchner. Seguramente en algunos meses, Wikileaks inundará el mundo con cables secretos que terminarán de armar el puzzle sobre el fallecimiento el 27 de octubre de 2010 de quien fuera en ese momento el Presidente virtual y el hombre más poderoso de la Argentina.

Porque la sensación térmica que se tuvo aquella mañana cuando se conoció la noticia, fue que había muerto quien verdaderamente gobernaba el país, y no un ex Jefe de Estado ni un diputado del montón. Quien estaba —y sigue estando— sentada en el sillón de Rivadavia constituía un formalismo necesario, aunque un placebo a la hora de tomar decisiones. Aquí va parte del rompecabezas que, por primera vez, sale a la luz en la Argentina y en el mundo entero. Después veremos cotejarla con la información que figura en esos cables cifrados de la diplomacia norteamericana que en algún tiempo el portal dirigido por Julian Assange ofrecerá sin fisuras.

La primera parte de esta historia arranca después de la derrota kirchnerista en el Senado en boca de aquel…”Mi voto no es positivo…”.

Pasados los primeros sofocones —y el agravamiento momentáneo a causa del stress del aparato cardiovascular de Néstor K—, después de los conatos de renuncia que nadie creyó demasiado en las propias filas oficiales, se supo por boca poco confidencial de Sergio Massa y Alberto Fernández, que Néstor ingresaba en una vorágine de fundamentalismo político que lo conducía a un abismo irrefrenable de toma de decisiones cuasi totalitarias.

Ahí comenzó a pergeñar Eduardo Duhalde su famoso lema: “Al loco lo traje yo y al loco me lo llevo yo.”.

“Bien, pero… ¿cómo haces para llevártelo?”, le preguntaban sus interlocutores ocasionales. Duhalde respondió con hechos.

En principio, algunas de sus segundas y terceras líneas entraron en contacto con sus pares de las divisiones menores del kirchnerismo. La idea era ir enviando mensajes que llegasen a la cúpula y observar las respuestas.

El hombre de Lomas de Zamora le ofrecía al pingüino mayor una salida consensuada y no traumática. Una especie de transición ordenada, sin venganzas y como suele ocurrir en la Argentina, con una parodia de juicios por corrupción que no afectarían al matrimonio Presidencial y buscarían un chivo expiatorio en las zonas menores. Allí fue cuando comenzaron a soltarle la mano a Ricardo Jaime, un papel carbónico de María Julia Alsogaray por la brutalidad con que se creyó impune.

Dicen que Néstor K no rechazó la propuesta como tampoco la aceptó de pleno. Confiaba en que las elecciones de 2009 le serían favorables y si así hubiera sido retomaría la ofensiva a full contra el duhaldismo. Se habló de armar algo así como megacausas separadas al caudillo lomense y a algunos líderes rurales a quienes Néstor tenía en la mira. Hugo Biolcati era la presa campestre más codiciada para llevar al asador del pingüinaje.

El problema mayor de los K fue que sus medios masivos de comunicación ni influían en la opinión pública ni se tornaban creíbles. Página/12 ya era un líbelo más humorístico que informativo y el multimedio de Szpolski una máquina de consumir partidas oficiales a cambio del vacío. El proyecto 6,7,8 causaba indignación en lugar de adhesiones y eso no era favorable al proyecto de la remontada kirchnerista para deshacer los acuerdos de palabra entre las líneas menores de Kirchner y Duhalde.

Pero la derrota a manos de Francisco de Narváez en el 2009 —el colorado ganó por un margen de casi 5 puntos, solo un fraude bien organizado hizo públicamente que la ventaja conocida fuera menor a la real—, agudizó los odios de unos y el fundamentalismo de otros.

En principio, Néstor dejó entrever con resignación que aceptaría la bandera blanca duhaldista. Pero se crispó enseguida y decidió jugar a la ruleta rusa con un revólver a tambor lleno de balas.

Los rumores en la cima del poder eran pavorosos. Néstor K mencionaba tres medidas que erizaban la piel. Una posible reforma agraria al estilo Santa Cruz —confiscar campos y venderlos a precio ruin entre el séquito de amigos y parientes—, meter mano en las cajas de seguridad de los bancos —se cree que allí se guardan más de 16.000 millones de dólares— y por último el proyecto que aceleró la llegada al fatídico 27 de octubre: nacionalizar fábricas del Grupo Techint al estilo Hugo Chávez.

La jerarquía de ese poderoso grupo industrial, al mejor estilo de las masonerías o sociedades secretas de poder, se enteró del proyecto y tomó contacto frecuente con quien decía que “… al loco lo traje yo y al loco me lo llevo yo..”.

Techint venía perdiendo 6.000 millones de dólares en Venezuela y en la Argentina el asedio de Hugo Moyano avalado por la Casa Rosada, con la anuencia o la negligencia de la Justicia, era demasiado.

Se dice que el proyecto nuclear iraní precisa de materiales y tecnología de Techint y Hugo Chávez se dispuso a colaborar. Si la Argentina ingresaba en esa vorágine de pre guerra atómica, el futuro del país oscurecería a pasos agigantados.

La cuestión seguía siendo cómo anular los impulsos de Néstor K para convertirse en Emperador, dueño y señor de las leyes y de todo lo que estuviese en pié en la Argentina.

El Gran Masón de Techint —no es tan así, solo una metáfora…— y el duhaldismo se reunieron en secreto con apenas un selecto número de colaboradores.

Hubo una fecha especial que a todos les parecía tentadora. Algo tenía que ocurrir el 27 de octubre del 2010.

¿Por qué y cómo hacerlo?, eran las dudas estilo Hamlet.

Esos vínculos cuasi corporativos se extendieron hasta otros poderosos —a nivel empresas y dinero— del país. Solo el anciano Ezkenazi se negó a convalidar una conspiración en ciernes.

“Si el viejo no se pliega, cuando precise caños —para YPF— que se los compre a los japoneses”, fue el golpe para quebrarle la voluntad al líder del Grupo Petersen. El emisor del mensaje hablaba en nombre de Techint.

El 13 de septiembre del 2010 Néstor K abandonó el sanatorio Los Arcos y su entorno se dedicó efusivamente a cacarear sobre el perfecto estado de salud de su jefe.

Pero los médicos a su alrededor esgrimían otro diagnóstico. “El corazón del paciente quedó seriamente debilitado”. Le recomendaron lo que nunca haría: guardar reposo y alejarse de la TV y de la lectura de los medios de comunicación.

Si algún pico de stress le volviera a ocurrir, sería el último. El corazón del pingüino no soportaría nuevos embates.

El séquito de conspiradores ideó un Día D: el 27 de octubre del 2010.

El porqué de ese día lo explicó así un conocedor de esta historia novelesca pero real: “El 27 de octubre, día del censo, era feriado en la Argentina pero el resto del mundo trabajaba normalmente. Si ese día le ocurría algo al Presidente virtual del país, no podían producirse corridas bancarias y si para colmo los papeles argentinos en el exterior pegaban un salto, el 28 de octubre los bancos porteños abrirían normalmente y nada sacudiría la rutina del movimiento de dinero en la Argentina…”.

Si éste relato pareciera fantasioso, alguien tendría que explicar por qué sin motivo aparente los bonos argentinos dieron un fuerte salto en su cotización y el riesgo país descendió sin demasiada explicación en Wall Street en el mismo instante en que la lógica hubiera mostrado una réplica diferente si las variables no hubieran tenido una influencia de algún grupo desconocido –o no—, que operó a sabiendas de que la muerte de Kirchner podía desbarrancar la incertidumbre de cómo seguiría la política y la economía en la Argentina.

Con estas señales positivas del mercado internacional del dinero, el país lloraría a su muerto un día feriado y retornaría a la actividad normalmente hasta que se disipara el duelo.

Quienes relatan esta historia dicen que hubo dos protagonistas fundamentales que pudieron haber producido el deceso de Néstor K. Dos hombres que lo llenaron de disgustos las últimas horas hasta hacerle ceder su corazón. El primero fue Hugo Moyano, quien telefónicamente lo inundó de amenazas después de sentirse abandonado en un encuentro peronista en la Provincia de Buenos Aires. Se supone —no hay que ser un Einstein para darse cuenta— que el líder camionero enojado debe infundir temor y zozobra a su víctima circunstancial.

Y el golpe mortal lo arrojó en la última cena de Néstor K uno de sus empresarios de bolsillo quien ya comenzaba a volar sin tutorías: Lázaro Báez.

En el Calafate, Báez arrojó sobre la mesa de Néstor una avalancha de encuestas, mediciones y pronósticos macabros para el futuro del kirchnerismo que terminaron apagando el ya debilitado corazón del santacruceño.

Fue el golpe de gracia, el tiro final de malas noticias difícil de soportar para alguien que jugó todas sus fichas a su propio entronamiento por décadas en el poder local.

¿Por qué Báez, un empresario de mediano pelo santacruceño devenido en multimillonario con el kirchnerismo, habría accedido al pedido de los conspiradores de aturdir a su ex jefe con noticias terroríficas?

 Es que Lázaro Báez está involucrado en una operación de lavado de dinero —Austral Construcciones S.A.— por sumas multimillonarias, diez millones de los cuáles han sido bloqueados en Lichtenstein, un paraíso fiscal en Europa meridional donde se dice solo viven 37 personas. Báez debía zafar de una cárcel segura incluso con influencia de Estados Unidos y sin Néstor K en el camino ahora puede reconocer —cuando lo convoque la justicia— que él solo era un testaferro o intermediario de una persona que ya no está viva.

Lázaro Báez hizo todo —eso dicen las fuentes consultadas— para castigar esa noche el débil y abatido ritmo cardíaco de su ex jefe y protector.

Fue el final previsto. Se cree que la muerte no se produjo cuando la anunciaron sino horas antes, pero había que darla a conocer cuando el sistema bancario local estuviese cerrado y Wall Street abierto. Ni corridas ni bonos en picada sino todo lo contrario.

Que el cajón en que se lo veló en Casa de Gobierno estaba vacío —y hasta que eligieron para la puesta en escena un tamaño menor al que hubiese correspondido a un hombre de estatura alta—, son parte de otra historia que algún día se contará en detalle.

El día del censo hubo llantos en la Casa de Gobierno y festejo algo desmedido alrededor de los conspiradores y sus hombres de confianza. Hay quienes le besaron el anillo al Iluminati de esta historia conspirativa pues la estrategia dio sus frutos.

Si la Justicia dilucida la certeza de esta narración. ¿Alguien será juzgado por conductas conspirativas?

Esperemos que pronto Wikileaks complete esta historia con los cables que enviaron los diplomáticos norteamericanos desde la Argentina, el 27 de octubre del 2010 y días posteriores.

© Escrito por Jorge D. Boimvaser el lunes 28/02/2011 y publicado por Tribuna de Periodistas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.