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sábado, 27 de diciembre de 2014

Mario Bolatti. Me entusiasma volver a Huracán... De Alguna Manera...

Me Entusiasma…


Mario Bolatti expresó su deseo ponerse nuevamente la camiseta de Huracán. Después de ser confirmado por Néstor Apuzzo como uno de los posibles refuerzos, el volante del Inter de Porto Alegre comentó que le gustaría regresar a Parque Patricios: "Es cuestión de hablarlo".

Es uno de los más queridos de aquel equipo de Huracán de Ángel Cappa que estuvo muy cerca de ser campeón del Clausura 2009. Tras su gran paso por el Globo, Mario Bolatti anduvo por la Fiorentina, Inter de Porto Alegre, Racing, Botafogo y hasta por la Selección Argentina. Los hinchas del Globo nunca se olvidan del mediocampista y ya se ilusionan con su posible regreso a Parque Patricios. "Me entusiasma que se hable de Huracán. Tengo un cariño especial por ese club, me dio muchas cosas. Me tratan de la mejor manera. El cariño sigue estando y eso es muy gratificante", confesó el cordobés en La Red. El DT Néstor Apuzzo ya adelantó que Bolatti es uno de los refuerzos que desea traer. ¿Se dará?

A pesar de que todavía debe retornar al Inter, en donde le quedan unos meses de contrato, el jugador de 29 años se mostró abierto a cualquier negociación con el Globo: "Es cuestión de hablarlo". En su paso por el Botafogo, Bolatti jugó 36 partidos, entre la Serie A del brasileirao y el Carioca 1, convirtió cuatro goles y lo expulsaron una sola vez (por doble amonestación). Será una buena oportunidad para el mediocampista de tener su revancha en el fútbol argentino, en el caso de que se concrete su llega al equipo de  Apuzzo, tras su flojo paso por la Academia.

Por otro lado, el jugador expresó su alegría por lo conseguido por Huracán en el 2014: "Me pone muy contento y muy feliz el presente del club después de todo lo que pasó. Sé que tuvieron momentos difíciles, pero lo bueno es que se pudieron sobreponer". De paso, aprovechó para recordar el equipo de Angel Cappa: "Es una coronación de todo lo que pasó en 2009. Un club grande como Huracán se merece eso y mucho más". 

Y agregó: 

"Gracias a Dios este grupo lo volvió a poner en los primeros lugares ganando un título y ascendiendo a Primera. Hay que tener tranquilidad".


Mario Bolatti. Video: © Estudio Fútbol.

© Publicado el martes 23/12/2014 por el Diario Deportivo Olé de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Club Atlético Huracán, Escuela de Formación de Dirigentes… De Alguna Manera...


Club Atlético Huracán, Escuela de Formación de Dirigentes…

En la pizzería "El Globito" se realizó la presentación de la primera escuela de formación de dirigentes para Huracán.

En Huracán piensan en el futuro y, en esa dirección, la agrupación Englobate presentó la primera escuela de formación de dirigentes para el club. El acto, realizado en en la tradicional pizzería “El Globito” de Parque Patricios, contó con la presencia de una nutrida cantidad de socios, medios huracanenses y entidades del barrio.

La presentación comenzó con un comparativo de datos de Lanús, Vélez, San Lorenzo y Huracán y con especial hincapié en la necesidad de capacitación y diseño de estrategia. Y también presentaron las materias que conforman el curso y los respectivos docentes aludiendo a la importancia de brindar herramientas para propiciar la participación.

“Antes de lanzar este proyecto, consultamos a los socios para conocer su opinión respecto de las causas de la inestabilidad deportiva e institucional, y en la mayoría de los casos nos manifestaban que Huracán necesita dirigentes que entiendan de fútbol, pero por sobre todo que sepan gestionar”, explicó Ezequiel Sandoval Dubarry.

Por su parte, Damian González Farah apuntó: “Huracán padece desde hace ya casi cuatro décadas una grave ausencia de planificación estratégica institucional y esto termina conformando un círculo vicioso que en el tiempo produjo la situación actual”.

En dos módulos semestrales se dictarán las siguientes materias:

1° Módulo

-Historia de Huracán
-Derecho Deportivo.
-Auditoría de Entidades Deportivas.
-Management de RRHH.
-Taller de Ética institucional.

2° Módulo
 

-Marketing deportivo y generación de recursos
-Planeamiento estratégico-institucional
-Política deportiva amateur
-Política deportiva profesional
-Taller de ética deportiva y desarrollo de potencialidades

Todas dictadas por un equipo de profesionales especializados en cada temática.

© Publicado el viernes 12/09/2014 por el Diario Deportivo Olé de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



sábado, 20 de septiembre de 2014

San Lorenzo y Huracán, juntos contra la violencia… De Alguna Manera...


San Lorenzo y Huracán, juntos contra la violencia…

Lammens y Nadur tomaron un cafe en Parque Patricios para unirse contra la violencia. Foto: @Dami_Iribarren

Tras el ataque de los barras del Ciclón, se juntaron en un café de Parque Patricios los presidentes de ambos clubes: Matías Lammens y Alejandro Nadur. “Somos rivales, no enemigos”, coincidieron.


Los presidentes de San Lorenzo, Matías Lammens, y de Huracán, Alejandro Nadur, se mostraron hoy juntos para hacer un llamado contra la violencia y resaltar que en el viejo clásico porteño son “rivales, no enemigos”.

En una exposición que realizaron en conjunto en el tradicional café La Quintana, de Parque Patricios, los dirigentes intentaron poner un manto de paz tras el ataque de barras de San Lorenzo a vecinos y comerciantes de ese barrio el miércoles último.

“Vine a pedirle perdón a los vecinos de Parque Patricios”, dijo Lammens, quien advirtió que se les “aplicará el derecho de admisión” a los responsables de los incidentes una vez que sean identificados por las autoridades, y que “si son socios del club se les retirará el carnet”.
“No era justo que (los daños) los paguen los comerciantes. De ninguna manera la que debe pagar es la gente que está trabajando y ni que hablar del chico de 7 años que quedó lastimado. Es incomprensible que la rivalidad llegue a este extremo”, lamentó el titular de San Lorenzo, quien ofreció hacerse cargo de los gastos.

En tanto, Nadur afirmó que San Lorenzo y Huracán “son rivales, no enemigos” y exigió que “no sucedan más hechos vandálicos”.

“Vine a pedirle perdón a los vecinos de Parque Patricios”, dijo Lammens

“Enemigos son los que llevaron a los chicos a Malvinas. Nosotros somos rivales, nos enfrentamos, ganamos y perdemos”, ejemplificó el presidente del “Globo”, quien sostuvo que se debe “potenciar” la rivalidad y “erradicar los hechos vandálicos”.

Nadur insistió en que fue un “error del operativo” de la Federal que los micros con los barras de San Lorenzo que salían del partido con Defensa y Justicia pasaran por la avenida Caseros, donde los violentos bajaron y destruyeron vidrieras y golpearon gente, entre ellos un niño de 7 años con un botellazo en la cabeza.

Lammens, por su parte, señaló que San Lorenzo será riguroso con las sanciones si los responsables de los incidentes son socios del club: “Va a haber derecho de admisión para todos los que estén identificados y el Comité de Seguridad nos mande la notificación, y si son socios les quitaremos el carnet”.

Ambos presidentes coincidieron en que el miércoles el operativo policial cometió un error al llevar por la Avenida Caseros a los micros con hinchas de San Lorenzo que volvían desde el estadio de Racing tras la eliminación de su equipo de la Copa Argentina.

“El operativo fue un error, pero más allá de eso tenemos que seguir trabajando juntos y no sólo dar un mensaje de paz sino de familia. Muchas veces los cruces se dan en días que no son de partidos, y el operativo no tiene nada que ver”, consideró Lammens.

“Somos rivales, no enemigos”, dijo Nadur

Por su parte, Nadur indicó: “No somos responsables de los actos vandálicos ni podemos contenerlos, no tenemos poder de policía ni de jueces para reprimir o actuar. Tampoco estamos preparados para ello sino que creemos estarlo para ser dirigentes de fútbol”. El presidente de San Lorenzo, quien admitió que en su club saben “quién es la gente de la hinchada”, llamó a hacer jornadas “compartidas” entre hinchas de los dos equipos, mientras que su colega de Huracán advirtió que pedirá a la Policía Federal que “estos hechos no sucedan más”.

“Creo que es bueno seguir mostrándonos juntos. Esta historia de San Lorenzo y Huracán tiene más de 100 años”, reflexionó Lammens, con la venia del titular del clásico rival.

Lammens prometió reencontrase para tomar otro café con Nadur, al que llamó por su nombre de pila, pero en Boedo, para seguir confraternizando.

Y se mostró esperanzado en volver a los tiempos que contaba el Bambino Veira, cuando tras jugar para San Lorenzo iba a jugar al billar a la sede de Huracán.

“Somos rivales, no enemigos”

En la mañana del día de la fecha, Matías Lammens, presidente del Club Atlético San Lorenzo de Almagro y Alejandro Nadur, presidente del Club Atlético Huracán participaron de una conferencia de prensa en el primer piso de la confitería “La Quintana” situada en la esquina de Caseros y La Rioja, ante muchos medios nacionales y partidarios de ambas instituciones en la que ambos expresaron sus deseos de paz, su lamento por lo ocurrido y sus propuestas para que ambos clubes, que tantas cosas los unen y al mismo tiempo los diferencian, se comprometan a trabajar en conjunto para emprender un camino para erradicar la violencia del fútbol argentino.


“A la gente de Parque Patricios ayer vine personalmente a pedirles disculpas”, disparó Lammens en una de sus primeras frases quién se mostró muy apenado por los incidentes del miércoles pasado y declaró hacerse cargo de resarcir a los comerciantes damnificados. Minutos más tarde, Nadur manifestó: “No somos enemigos, somos simplemente rivales deportivos. Nos enfrentamos en la cancha, ganamos y perdemos. Cuando ganamos, yo estaba feliz y el mundo ‘quemero’ también, cuando perdíamos yo quería estar debajo de la cama y ni salir de mi casa”


“”El operativo fue un error, pero más allá de eso tenemos que seguir trabajando juntos y no sólo dar un mensaje de paz sino de familia. Muchas veces los cruces se dan en días que no son de partidos, y el operativo no tiene nada que ver”, adhirió Matías de manera clara y concisa con el consentimiento gestual de su par del “globo”.

En cuanto a reconocer a los autores del hecho, Lammens no dudó en reflejar la intención de tomar medidas de sanción: “Va a haber derecho de admisión para todos los que estén identificados y el Comité de Seguridad nos mande la notificación, y si son socios les quitaremos el carnet”.

A modo de síntesis, el presidente “quemero” cerró: “No somos responsables de los actos vandálicos, y tampoco tenemos policía para actuar ni jueces para juzgar. Estamos preparados para ser dirigentes de fútbol, pero no para hacer actos policiales o judiciales. Le pedimos a la Policía que aclare este hecho”.

Audio de la Conferencia de Prensa:

Fuente: DyN y Departamento de Prensa del Club Atlético Huracán de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

© Publicado el Viernes 19/09/2014 por el Diario Perfil y el Departamenteo de Prensa del Club Atlético Huracán de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

Las fotos:





sábado, 30 de noviembre de 2013

Los barra bravas... De Alguna Manera...


“El barra goza de un amplio prestigio en la zona donde vive”...


Docente en la Unsam e investigador del Conicet, Garriga Zucal convivió cuatro años con la barra brava de Huracán para entender la dimensión simbólica de la “cultura del aguante”. Aquí, analiza qué significa ser barra, sus modos de ascenso, la violencia como prestigio. Advierte sobre los mitos y prejuicios en torno del fenómeno. Y critica por simplistas e ineficaces las medidas como la prohibición de la hinchada visitante.


Analizar a esos sujetos que se ganan un prestigio en base al ejercicio de la violencia que ejercen cuando siguen al equipo de sus amores era una tarea que merecía un abordaje académico que fuera más allá de la mera estigmatización. Es lo que se propuso el antropólogo José Garriga Zucal, que durante cuatro años convivió junto a la barra brava de Huracán para realizar una investigación de campo. Así nació Haciendo amigos a las piñas, un libro que explica cómo los hinchas caracterizados construyen legitimidad entre los socios de un club o los vecinos de un barrio. “El barra quiere respeto, reconocimiento de la gente, y en eso hay una dimensión simbólica muy fuerte”, asegura en una charla con Página/12 este docente de la Universidad Nacional de San Martín e investigador del Conicet. Desde su experiencia, Garriga Zucal considera como un error que los aficionados visitantes tengan vedada la concurrencia a los estadios y propone alternativas “a largo plazo” para erradicar la violencia del fútbol argentino. “Hay que abrir espacios de participación para los hinchas. Se debe escuchar y empoderar a las personas que asisten a las canchas”, propone.


–Su libro Haciendo amigos a las piñas es el resultado de una investigación de campo que llevó a cabo junto a la hinchada de Huracán. Al terminar la investigación ¿notó que el mundo de los barrabravas era en realidad muy diferente del que se había imaginado?

–En rigor, sí. Había realizado algunas investigaciones anteriores en la hinchada de Colegiales, un club de ascenso de Munro. Allí, la noción de la violencia que había podido abordar era más folklórica, simbólica. En cambio, en una hinchada más numerosa como es la de Huracán, la violencia adquiere una dimensión más fáctica y concreta. Y eso es lo que en alguna medida me sorprendió. Me encontré con un sentido de la fuerza propio de la tribuna, que es un factor de inclusión en el mundo masculino. Para pertenecer a una barra hay que pelearse con los otros, dentro y fuera de la hinchada. Es la mejor forma de hacerse respetar y de escalar posiciones en una barra. El que manda es el que más se la aguanta. Y otra cosa novedosa que encontré es que ser integrante de una hinchada les otorga a sus integrantes una amplia red de protección social a nivel barrial. El barra goza de un amplio prestigio en la zona en la que vive. Es un tipo que gestiona cosas. Consigue favores como una cama en el Hospital Penna, facilita la realización de algún trámite en el CGP local o es capaz de apretar a alguien que molesta a los vecinos. La mirada convencional tiende a describir a los hinchas caracterizados como seres marginados, aislados del común de la sociedad, pero en verdad no es así. Son actores sociales integrados que cumplen funciones bien concretas en las comunidades en las que están insertos. Muchos miran el mundo del aguante y creen que la violencia excluye, y en realidad sucede todo lo contrario. El barra se incluye mediante el uso de la violencia que ejerce. Muchas veces, es un gestor de soluciones en la zona en la que vive a través del empleo de sus contactos políticos y sociales. Por ejemplo, si uno sale a caminar por Pompeya con un tipo de segunda línea dentro de la hinchada, Huracán va a notar que lo saluda todo el mundo. La violencia les da prestigio a estos sujetos.

–¿Eso explica la vinculación de los barras con determinados aparatos políticos?

–Es más profundo. La política hoy se profesionalizó bastante y ya no necesita tanto de los barras. Hasta hace unos años, un dirigente necesitaba pintar el barrio con su nombre y recurría a los pibes de la hinchada, pero en la actualidad eso no sucede tanto. Los partidos contratan gente para pintar e incluso personal de seguridad para custodiarlos. De todos modos, quiero remarcar que la vocación de integrar una hinchada no está asociada sólo a lo material y las redes de negocios que pueden llevarse a cabo en una tribuna o alrededor de los estadios. Además de hacer plata, el barra busca otras cosas, que tienen una dimensión simbólica. Quiere el respeto y el reconocimiento de la gente. La imagen que mejor ilustra esto que digo es la gente de Boca pidiéndoles autógrafos y fotos a tipos como el Rafa Di Zeo o Mauro Martín en La Bombonera. En la cancha de Huracán pasa lo mismo, con la diferencia de que hay menos glamour.

–¿Las barras bravas son todas iguales?

–No, hay muchas particularidades en función de cada club o barrio. Lo que funciona igual en casi todas las hinchadas es la lógica del aguante, que es diferencial según cada barra. No es lo mismo la hinchada de Huracán que la de River o Boca, que son equipos más grandes en cantidad de simpatizantes y también en recursos económicos. Pero más allá de las diferencias jerárquicas que puedan producirse, todas están emparentadas en la necesidad de demostrar aguante, y esto es, en definitiva, pelearse para ganar un lugar, un espacio, en términos individuales y grupales.

–¿Cuáles son los códigos que prevalecen en el mundo de las barras?

–Es interesante analizarlo porque en ese sentido hubo una evolución. Hasta hace 30 años, la norma era arreglar todo a las piñas, sin armas de fuego. Con el tiempo eso se perdió y prevaleció la idea de defender a todos los que ocuparan la misma tribuna, aunque hubiera disidencias internas. Hoy, el código que mayormente prevalece es el pelearse. Si un hincha se sube a un paraavalancha para sostener un trapo tiene que ir al frente cuando sea necesario. Si no lo hace, no puede volver nunca más a una barra brava. Y otra cosa que pesa es el hecho de pelearse contra los otros barras o con los policías. Medir fuerzas contra hinchas comunes no está bien visto. Pegarle a la gilada no suma. Eso es algo que todavía se respeta.

–¿En el fútbol argentino siempre hubo violencia?

–Sí, y lo prueban las estadísticas y los documentos periodísticos. Desde que hay fútbol, hay violencia. Lo que pasa es que con el correr de los años las prácticas violentas adquirieron cada vez más legitimidad. Y es a partir de mediados de los setenta, cuando surgen los grupos de hinchas organizados, que la violencia se instala como algo central en el mundo del fútbol. Y la legitimidad de la violencia tiene que ver en muchos casos con percibir al otro como una amenaza. Veinte años atrás, plateístas de Boca y River podían presenciar un clásico juntos, en un espacio común. En la actualidad eso es imposible.

–¿Las barras bravas surgen a mediados de los setenta como un reflejo de la violencia política que se vivía en el país?

–Puede ser, pero hay algo más profundo. La conformación de las barras bravas se emparenta con la desarticulación del mundo del trabajo en función de determinados cambios económicos. Pasa entonces que el trabajo pierde valoración simbólica y sucedáneamente lo mismo con la educación, la familia y la política. Las instituciones que organizan la vida pierden densidad. La gente no construye su identidad en ellas. Se referencia en otros lugares, entre ellos, las hinchadas de fútbol. Las barras son el resultado de la desestructuración laboral que comienza a darse en los setenta.

–¿El barra es un producto de la posmodernidad?

–No, al contrario, es un fenómeno de la modernidad. El barra busca ser alguien a través de una pertenencia, quiere ascender y tener prestigio. Hay una idea de carrera, de progreso muy fuerte en la cultura del aguante. Y eso es algo que no se encuentra en muchas actividades.

–¿Se puede emparentar la violencia en las canchas con la pobreza?

–No, para nada. La violencia no explica ni justifica este fenómeno. Si decimos lo contrario nos equivocamos. Si creemos que los pobres son los violentos arrancamos de un perjuicio de clase que nos impedirá entender el fenómeno. La violencia no tiene condición social. Los grupos de hinchas son socialmente heterogéneos. Hay barras que vienen de barrios pauperizados, de clase media, o incluso de sectores acomodados, si no recordemos lo que sucedió en River con los hermanos Schlenker, que tenían un origen empresarial y durante años manejaron una parte importante de la hinchada. Relacionar la violencia en el fútbol con la pobreza es un error garrafal.

–¿Un club puede prescindir de la barra brava?

–Por la forma en la que está organizado en el fútbol argentino, eso –lamentablemente– es imposible. Todos los clubes, hasta los más chicos, tienen un grupo organizado de hinchas que va al frente y manda en una tribuna. Es que entre las barras se desarrolla una competencia y todos los hinchas quieren formar parte de ella, lamentablemente. Hay que demostrar quién se la banca más en el campeonato del aguante. Pasa incluso en clubes creados recientemente y que compiten en ligas regionales o en la B Nacional. Es una práctica que genera una suerte de radicalización en el sentimiento y que se expresa por la fuerza. Se trata, en definitiva, de lo que está hecha la cultura del aguante.

–Desde hace diez años se verifican enfrentamientos intestinos en el seno de las barras bravas que incluso son más violentos que los choques entre los hinchas de otros equipos. ¿Es consecuencia de la radicalización de la cultura del aguante a la que hace mención?

–Sí, absolutamente. Aunque no es un fenómeno nuevo. Siempre hubo grupos que desplazaron a otros en el manejo de las barras y lo hicieron de forma incruenta, pero hoy estamos ante un recrudecimiento de ese fenómeno. La mayoría de las últimas víctimas fatales como consecuencia de la violencia en el fútbol son personas que murieron en enfrentamientos de hinchas de un mismo club. Lo que pasa es que la forma en la que se organizan las barras hace que las disputas por los liderazgos sean cada vez más violentas. Pero es algo que se produce también como consecuencia de algunas políticas de seguridad, como la prohibición de que concurra público visitante a las canchas.

–¿Por qué?

–Básicamente porque lo que guía a la organización de los grupos de hinchas es la idea del aguante, y al no haber adversarios en la tribuna de enfrente hay que buscarlos entre los propios. Es una situación que se da muy fuertemente en el ascenso, donde los visitantes están vedados desde hace seis años. Fijémonos lo que sucede en equipos como Chicago o Almirante Brown, donde conviven dos o tres grupos de hinchas que se disputan el poder y el manejo de la barra.

–¿Quiere decir que si sigue la prohibición vamos a un incremento de esa lógica violenta?

–Creo que sí. Y la verdad es que no sirve de mucho la prohibición a los visitantes. Son medidas que se toman en base a situaciones coyunturales y muy puntuales, y después generan efectos estructurales. Lo malo es que no se discuten alternativas, se opta por prohibir y punto. Me parece que es un error.

–Sin embargo, muchos dirigentes parecen estar de acuerdo con esta medida.

–Es verdad, aunque no se animan a decirlo. Sin público visitante, los dirigentes se ahorran el costo de los operativos y los problemas que surgen con la organización de los viajes. Pero insisto, ésa no es la solución. Debemos debatir otras alternativas y discutir qué tipo de espectáculo deportivo queremos tener en el fútbol argentino.

–¿Cuáles serían esas alternativas?

–Hace unos años, junto con un grupo de académicos que estudiamos esta problemática elaboramos una serie de propuestas. En primer término, lo que debemos hacer es escuchar a los hinchas e impulsar la formación de instancias que los representen. Es hora de empoderar a los espectadores para que sean ellos los que regulen en buena medida la seguridad en los estadios. Nadie conoce mejor que ellos lo que implica ir a las canchas, así que hay que darles voz. La creación de un estatuto del hincha, que contenga derechos y obligaciones, sería un gran paso. También se podría incentivar la conformación de ámbitos como las subcomisiones de hinchas, espacios en los cuales se pueden gestionar asuntos comunes de las canchas y a los clubes. Son iniciativas que permitirían desalentar las iniciativas violentas, ya que las energías se concentrarían en cuestiones más útiles. Es un trabajo a largo plazo, pero creo que se debería comenzar a transitar por ese camino en vez de crear supernormativas o prohibiciones estrictas.

–¿Y qué se hace con la Policía?

–En el fútbol argentino, las fuerzas policiales terminan siendo parte del problema. No resultan confiables por la calidad de los operativos que organizan. Los espectadores son colocados detrás de vallas, rejas, alambrados y de esta forma se los incita a la transgresión. Muchas veces, la policía es percibida como una barra brava más por la forma en la que confronta con los grupos de hinchas organizados. Hay que capacitar a las fuerzas policiales para que brinden una seguridad efectiva. Un primer paso es que los efectivos concurran a las canchas sin armas. El número de víctimas que está relacionado con el accionar o la impericia policial en el fútbol es muy alto.

–¿Y los medios de comunicación?

–Muchas veces reproducen mensajes que contribuyen a generar violencia. Sobre todo en los medios partidarios que cubren las campañas de los equipos. Me parece que la creación de observatorios que fiscalicen la labor del periodismo deportivo permitiría desalentar la difusión de algunos contenidos que sirven para propiciar los climas de enfrentamiento que rigen la relación entre algunos clubes. Sería una manera de quitarle dramatismo al fútbol.

–Desde hace años, se difunde el ejemplo del fútbol inglés como un modelo a imitar para terminar con la violencia en el fútbol. ¿Le parece que Argentina puede transitar ese camino?

–Lo dudo. En Inglaterra, lo que se hizo básicamente tras las tragedias de Heysel y Hillsborough fue hacer del fútbol un divertimento caro y exclusivo. Eso es la Premier League. Es difícil que en el fútbol argentino pueda hacerse algo similar. Por eso, es necesario debatir sobre cuál es el tipo de espectáculo deportivo que queremos.

–¿Cómo evalúa la experiencia del presidente Javier Cantero en Independiente, que aplicó el derecho de admisión a los barras, pero luego dio marcha atrás con algunos de ellos?

–Lo de Cantero fue una experiencia quijotesca. Una cruzada de tipo personal porque no contó con el respaldo de sus pares. Los dirigentes lo dejaron solo, en parte porque no supo trazar alianzas en el mundo del fútbol y se dedicó a visibilizar los contactos de sus colegas con las barras bravas. Y después hubo una cuestión deportiva que terminó mellando la lucha que él emprendió. Si Independiente hubiera estado mejor acomodado en la tabla, Cantero habría tenido más fuerzas para afirmarse en la pelea, pero sucedió todo lo contrario y el equipo terminó descendiendo. Fue una lástima que una decisión de ir contra lo establecido haya tenido un final tan frustrante. Lo que prueba este caso es lo difícil que puede resultar para los dirigentes la relación con los barras. Tienen que lidiar con una institución dentro de la institución, que además posee una influencia muy grande. Es una relación tensa, conflictiva; por más que se otorguen concesiones, como hizo José María Aguilar en River, nunca se llegará a establecer un vínculo armónico entre directivo y barras. Los dirigentes saben que deben ocuparse de los grupos de hinchas organizados, más allá de que la relación en el último tiempo entre ambos actores haya cambiado un poco.

–¿Cómo es eso?

–Es que cambió un poco el perfil del directivo. Antes, hasta hace diez años, aproximadamente, dirigir un club y ganar títulos era el comienzo de una carrera exitosa que podía desembocar en la política. El presidente de una entidad deportiva mantenía una relación aceitada con la barra brava porque en ella podía establecer las bases de un aparato político. Por eso, le convenía llevarse bien con los muchachos. Hoy, el dirigente es un empresario, y concibe al barra como algo que debe controlar para que no dificulte sus negocios en el fútbol. Aunque es un vínculo distinto, ello no significa que las barras bravas hayan perdido influencia.

–Durante cuatro años convivió con los barras de Huracán, ¿generó un vínculo afectivo con ellos?

–Sí, sobre todo porque compartí muchas cosas con ellos, aunque crea que son equivocadas algunas de sus acciones. Pero me acerqué a ellos para entenderlos. Quedarse en la estigmatización es lo más sencillo frente a un fenómeno complejo como éste. Me costó entrar porque no era de Parque Patricios ni tampoco hincha del club. Llegué con el contacto de un dirigente que está relacionado con el mundo académico y que conocía a gente de la hinchada, eso nos puede dar una noción de lo errada que es esa visión que tiende a describir a los barras como sujetos marginales y aislados de la sociedad. Al principio me miraban como un bicho raro, creían que era policía, pero con el tiempo me gané la confianza de ellos y logré incluso que me protegieran frente a situaciones violentas. Y al final terminé siendo fana del Globo. ¿Cómo no sentir cariño por algunos de ellos?


© Escrito por Leonardo Castillo el lunes 23/09/2013 y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.