miércoles, 24 de julio de 2013

1956, la epidemia de polio en la Argentina... De Alguna Manera...


La epidemia de polio me marcó para siempre…

Secuelas. Foto de época: damas de sociedad en una visita a niños enfermos.

Vida complicada pero con travesuras. Cuando tenía dos años, en 1956, sus padres la dejaron en el Hospital Ferrer: con problemas serios de movilidad por la poliomielitis, no la podían cuidar. Creció allí hasta los 11, con otros chicos enfermos. Hoy reside en un hogar del hospital.

La poliomielitis ha sido mi vida. Sé que mucha gente no recuerda o ni siquiera conoce la epidemia que se extendió por todo el país en 1956, pero en mi caso fue la condena que me deparó el destino.

No consigo imaginarme qué hubiera sido de mí sin la enfermedad que me afectó a los dos años, cuando era casi un bebé.

Lo que conozco lo supe por relatos ajenos, poco precisos aunque repetidos, que ya forman parte de la bruma del pasado. Aunque había habido brotes anteriores, el de ese año fue muy poderoso y se cobró más de seis mil víctimas. Ante la amenaza, la gente se desesperaba por tomar algunos recaudos que luego se revelaron inútiles. Cuentan que en pueblos y ciudades se organizaban tareas de limpieza, movidas por la creencia de que el virus estaba “en el aire”. Espontáneamente, los vecinos se dedicaban a limpiar baldíos y desmalezar. Las casas olían a lavandina y acaroína y entre las ropas de los más chicos asomaban las bolsitas con alcanfor despidiendo un inconfundible perfume acre.

El pavor era comprensible porque la enfermedad atacaba a los niños. Cualquier método o sugerencia se adoptaba de inmediato con tal de prevenir el contagio. Era común ver paredes y árboles pintados con una mano de cal, lo que les daba un aspecto extraño, de un blanco fantasmal. Las bandas blancas en los troncos se mantuvieron muchos años, incluso cuando la epidemia ya había pasado al olvido con los planes de vacunación obligatoria.

Ignoro si en mi pueblo reaccionaron de la misma manera. Sólo sé que, con muy escasos recursos, mis padres me trajeron desde el Chaco buscando la cura. Así llegaron hasta el Hospital de Rehabilitación Respiratoria María Ferrer que, por entonces, todavía no estaba especializado en el tema. No encontraron lo que esperaban porque la polio ya me había paralizado sin remedio, y decidieron regresar a casa.

Sin mí.

María y su mundo. Dice que en otro tiempo era una joven huraña pero luego logró criar a su sobrino y eso le significó cierta sensación de familia.

Viví en el Hospital hasta los once años. Allí recibí los cuidados que ellos no podían brindarme. Las vacunas consiguieron ahuyentar el peligro para quienes no se habían infectado, no así las secuelas de los que fuimos alcanzados por el virus y que estaban a la vista en los cuerpos de tantos chicos como yo, que quedamos con problemas motrices y respiratorios crónicos. Fue en ese momento cuando se decidió abrir un Hogar que nos alojara, a muy pocos metros del Hospital. Desde entonces, éste es mi lugar en el mundo.

Es curioso, pero en mi recuerdo de esos años prevalece la alegría. La discapacidad nunca fue un impedimento para la travesura, los juegos, el compañerismo cómplice. En esa época éramos tantos los internos que nunca faltaban las ocasiones para divertirnos. Hice muchos y buenos amigos que con el tiempo se fueron muriendo pero nunca abandonaron el lugar que se ganaron en mi memoria y en mi corazón. Más que una parte de mi infancia, representaron para mí la infancia toda y lo que conservo de ella.

A veces pienso que la creatividad surge de las limitaciones. Nos veo jugando al globo, en sillas de ruedas, llevando en la boca una varilla de más de un metro, de madera muy liviana y flexible. Dos equipos puestos en hilera nos enfrentábamos. Impulsado por la varilla, el globo pasaba de uno al otro bando, cuando no se lo atajaba, se anotaba un tanto.

Al borde de la imprudencia, los voluntarios nos permitían correr carreras en nuestras sillas. La velocidad y el vértigo nos transformaban, gritábamos de excitación.

Con frecuencia, las caídas resultaban inevitables, pero era tan divertido que los golpes no nos importaban.

Ganábamos movimientos en el piso, jugando sobre frazadas y liberados de las restricciones que nos imponía la silla. En ese rectángulo de mullidez dudosa ya no necesitábamos asistencia. Conquistábamos una libertad de un par de metros cuadrados. Por entonces, mirábamos Titanes en el Ring. La lucha libre pronto se convirtió en nuestra pasión. ¡Con qué vehemencia nos revolcábamos imitando a los personajes! Yo era de las más movedizas. El improvisado ring side me daba la excusa para propinarle unos golpes a otra chica que era tremenda, para muchos de nosotros, la mala de la película. Pero mi agilidad no siempre impedía que resultara damnificada: una vez no sé qué toma estaba intentando cuando sentí un desgarro en la espalda. El dolor me cortó la respiración.

Cada vez que en mi mente se cruza la imagen de uno de mis amigos de entonces, Luisito Noriega, se me dibuja una sonrisa. Con él, nos especializábamos en las escondidas. Usábamos frazadas para ocultarnos detrás de una ventana, entre las persianas. Conteníamos la risa al ver que nos buscaban sin encontrarnos, hasta que alguien nos descubría del lado de afuera. También Luisito me propuso que jugáramos a Batman y Robin. ¿Cómo íbamos a hacer con las sillas? Usarlas como una especie de Batimóvil. “Vamos al puente –me dijo–, vos te tirás primero, pero ojo: antes de llegar, tenés que doblar. Después te sigo yo.” Le hice caso, me coloqué en el puente y lo logré, pude doblar antes de llegar. Pero cuando se tiró él, una mala maniobra lo estrelló contra los caños. Estuvo a punto de caer desde el primer piso, pero la sacó barata: se quebró un pie. En cambio a mí me echaron la culpa y me prohibieron las salidas; nadie me creía que la idea había sido suya.

Lo que durante el día era diversión, se volvía tristeza por las noches. Como ya dije, las dificultades respiratorias eran un obstáculo difícil de sortear. En ocasiones, nos era imprescindible recurrir a los aparatos, los respiradores.

Usé cama oscilante durante un tiempo, pero no me resultó.

Se trata de una cama con motor, cuya mitad superior se mueve de arriba para abajo y de atrás para adelante. Se utiliza para movilizar los músculos involuntarios, sobre todo el diafragma. Al dormir, a los que sufrimos polio no nos funcionan esos músculos, por eso, si dormimos no respiramos.

Después empecé a usar el pulmotor, ese aparato horizontal parecido a una cápsula espacial de los años sesenta. En realidad, es un cilindro donde se introduce una camilla, que se cierra herméticamente dejando la cabeza afuera. Trabaja con aire comprimido en movimiento, formando una presión negativa y positiva, y un mecanismo automático que reproduce la frecuencia respiratoria para mantener el diafragma en actividad. Por las noches, el sonido de los fuelles de aquellos pulmones de acero nos acunaba.

La llegada de la adolescencia trastocó el reino de los juegos en dura realidad. Veía en todo lo que me rodeaba un motivo de rebelión. La rabia y la impotencia se apoderaban de mí y me hacían estallar por cualquier motivo. Me urgía tomar revancha por la desgracia que me había tocado en suerte, pero no encontraba contra quién ni contra qué. El mundo entero, la vida misma acrecentaban mi hostilidad. Dejé de ser la niña traviesa para convertirme en una joven huraña y taciturna que le daba vuelta la cara a cualquiera que me dirigiera la palabra. Intratable.

Encontré en el alcohol una manera de apaciguarme. Claro que no bebía a mi antojo, pero sabía aprovechar las oportunidades. También en esto, Luisito me acompañaba. La Fundación VITRA (para vivienda, trabajo y capacitación del lisiado) que funciona en el Hogar, solía organizar peñas en distintos sitios. Eran nuestras citas obligadas, que esperábamos con entusiasmo durante toda la semana. Como no teníamos plata, pasábamos por las mesas y la gente ansiosa por colaborar nos ofrecía bebida. Así nos emborrachábamos en forma. A veces llegábamos a tanto que la camioneta que nos traía de regreso, nos llevaba directamente al hospital para que nos hicieran lavajes de estómago.

Pero cuando recuperaba la sobriedad, la furia me carcomía. Vivía muy angustiada, vacía de esperanzas, clamando por alguien que pudiera ayudarme y rechazándolo al mismo tiempo. A tal punto llegaba mi desesperación, que los médicos del Hospital decidieron, como último recurso, acudir a una iglesia evangélica de la zona. Los psicólogos habían advertido que de no encontrar una solución a mi estado, iba a terminar autodestruyéndome.

Una persona de la congregación Catedral de la Fe, que colaboraba con los chicos en el Hogar, se acercó a mí y yo la escuché. El encuentro espiritual con Jesucristo me devolvió lo que creía perdido. De a poco, la angustia, el rencor y el resentimiento me abandonaron: aprendí a aceptar mi vida tal cual es.

Tal vez porque el juego con la varilla me había preparado, descubrí que podía usar la boca para pintar (tengo muy poca movilidad en mis manos). Entré en contacto con la Asociación de Artistas Pintores con la Boca y el Pie. Ellos me aceptaron, promovieron y becaron. Y me dieron la oportunidad de ganarme la vida. Experimentando sobre las telas, encuentro lo que me gusta –rostros, paisajes, figuras humanas– pero la editorial de la Asociación pone exigencias y pide motivos navideños o cosas así. Descubrí la nobleza de un material como el óleo, que me permite corregir y modificar los trazos a medida que voy pintando. Ahora ya no pinto diariamente, porque desde hace unos años me dializo tres veces por semana, cuatro horas cada vez. Esos días me siento muy cansada.

Con el tiempo construí una familia algo especial, pero familia al fin. Está compuesta por tres amigas y mi sobrino Alan, que tiene 18 años y vive conmigo. Mi hermana, cuyas capacidades fueron muy distintas de las mías, lo dejó a mi cargo cuando era un bebé.

La llegada de Alan causó una revolución que me inundaba de emoción y temor.

¿Podría criarlo? La institución y los médicos se opusieron, pero mi deseo fue más fuerte. Buscaron a una asistente social para que evaluara el caso. No recuerdo qué le dije, pero sin duda fui muy convincente. O ella vio algo muy bueno en mí porque elaboró un informe comprensivo a mi favor.

Durante todos estos años, la crianza fue compartida. Aunque no pertenecen al mundo del Hogar, Adriana, Karina y Sol, mis entrañables amigas y sus respectivas familias, estuvieron y están siempre, compañeras y gauchas, para socorrerme allí donde mis posibilidades no alcanzan. Hicimos un gran equipo. Hoy, a las cuatro nos invade el mismo orgullo cuando vemos a Alan tomar sus carpetas para ir a la facultad.

Yo le agradezco a Dios por haber traído a mi vida la compañía de todos ellos, en especial la de Adriana, que me demostró su generosidad incondicional viniendo a vivir conmigo y acompañándome en las interminables horas de diálisis.

Dicen que los amigos son las disculpas que pide Dios por la familia que nos dio. ¿Cabe alguna duda?

© Escrito por María Angelina Sánchez, el sábado 20/07/2013, afectada por la epidemia de poliomielitis de 1956 y publicado por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



martes, 23 de julio de 2013

Graciela Bullor 1959 - 2013... Q.E.P.D. De Alguna Manera...

Graciela Bullor 1959 - 2013...



Tras la muerte Querida Graciela, para las personas como Vos eras, están reservados los lugares más bellos. Ese gran lugar es un regalo y ese regalo es permanecer en los corazones de los que te han amado y querido; los que te han acompañado en las buenas y en las otras; los que han compartido horas de trabajo y de estudio…

Eso significa ser eterno y la eternidad es inmortal…


© De Alguna Manera… https://www.facebook.com/graciela.bullor


 
© De Alguna Manera… https://www.facebook.com/graciela.bullor


“Sueños”, la nueva campaña de FWK Argentina junto a Grupo Vía y Red Solidaria para prevenir la intoxicación por monóxido de carbono. 

La agencia lanza una acción de la que participan Julián Weich, Mercedes Morán, Liz Solari, Ronnie Arias y Lola Morán, entre otros famosos. 

El 23 de julio de 2013, la intoxicación por monóxido de carbono se cobró la vida de una persona muy querida para todos los que trabajan en publicidad: Graciela Bullor, ejecutiva de cuentas de Grupo Vía. Pero toda esa gente que trabaja en publicidad no quiso quedarse con ese inmenso vacío, sino hacer algo para que esto no vuelva a suceder. En este sentido, se enmarca la creación de la campaña “Sueños”, una acción sin fines de lucro para conocer los peligros que conlleva el monóxido de carbono. 

La agencia de publicidad que realizó la campaña junto a Red Solidaria y Grupo Vía fue FWK Argentina. Las fotos las hizo Martín Kohler, los comerciales Clásica Productora y la banda musical La Pirada. En la campaña participaron Julián Weich, Mercedes Morán, Liz Solari, Ronnie Arias, Lola Morán, Sofía Zámolo, Eugenia Tobal, Gloria Carrá, Christian Sancho, María Eugenia Molinari y Mariano Zabaleta.


Campaña "Sueños" en fotos y video:

Publicado el 04/07/2014 por DossierNet






domingo, 21 de julio de 2013

Test de la casa, el árbol y la persona: ¿Qué significa?... De Alguna Manera...


Test de la casa, el árbol y la persona: ¿Qué significa?


Los procesos de selección de personal pueden incluir este tipo de tests. En el H.T.P. te piden que dibujes estos tres estímulos. Qué representan, qué analizan los expertos y algunos puntos a tener en cuenta a la hora de hacerlo.

El test de la casa, el árbol y la figura humana (conocido como H.T.P. por sus siglas en inglés) es una técnica proyectiva, creada por el psicólogo estadounidense John Buck compuesta por tres estímulos definidos y orientados a conocer rasgos puntuales de la persona que lo realiza.

Cuando dibujamos, proyectamos sobre el papel determinados aspectos o características de nosotros mismos, que podemos conocer o no, ya que esta proyección es inconciente e involuntaria. Básicamente, cuando efectuamos la acción de dibujar, estamos representando aquello que sentimos y tenemos incorporado como modelo mental y no lo que vemos desde un punto de vista objetivo, sino empático. Por lo tanto, la casa no será una reproducción, sino una representación.

Cada persona es única e irrepetible, como consecuencia de ello, no existe un dibujo igual a otro, tal como sucede con nuestra letra y firma. Si bien hay ciertos parámetros y respuestas esperables frente a la consigna, según la edad y nivel educativo, no hay una única respuesta correcta, ni manera de hacerlos.

Cada puesto laboral cuenta con especificaciones en cuanto a competencias blandas y lo que se buscará en una evaluación psicotécnica es conocer si la persona cuenta o no con éstas y cuál es su potencialidad para desarrollarlas.

¿Qué se analiza con el H.T.P?

El dibujo de la casa representa las relaciones interfamiliares. Cómo interpreta el sujeto su vida hogareña, su situación familiar y la imagen de él mismo en relación a este ámbito. Nos permitirá tener una idea de cómo impacta su mundo familiar en su hacer cotidiano y su capacidad productiva.

El árbol representa lo más profundo e inconciente de la personalidad, tal como sucede con el análisis e interpretación de la firma, nos hablará de aquello que guarda la persona para sí misma.

La figura humana representa su autoconcepto, el ideal del yo, si existe alguna representación o identificación con alguien de su mundo afectivo. Nos muestra su comportamiento social, cómo se relaciona con el mundo. Al igual que el análisis de la letra, nos permite conocer como es su mundo social y cómo se vincula con éste.

Se analiza tanto el aspecto general como las particularidades.

Desde un aspecto general

* Ubicación: cada parte de la hoja representa un vector y tiene un significado. Tomando la hoja en forma vertical, se divide en zona superior, que está relacionada con el mundo de las ideas, la fantasía, la imaginación, lo espiritual, etc. La zona media representa el mundo afectivo, el presente, lo cotidiano, etc. La zona inferior, el mundo instintivo, los impulsos, lo biológico, lo material, etc. La derecha está vinculada con el futuro, los proyectos, necesidad de contacto con el medio social, etc. La izquierda, con el pasado, la familia, los recuerdos, pasividad, etc.

* Dimensión: representa el nivel de expansión, autoestima, autoconfianza y vitalidad.

* Presión: representa nivel de tensión y el caudal energético.

* Trazo: se evalúa la firmeza, seguridad en la toma de decisiones y la determinación.

* Dinamismo: representa la capacidad de adaptación, flexibilidad  y afectividad.

* Claridad: está vinculado con la armonía que tiene el dibujo, su nitidez, fluidez en los trazos. No tiene nada que ver con la capacidad artística.

Desde un aspecto particular, se evalúan las distintas partes que componen el dibujo, por ejemplo:

* Partes de la casa

Techo: representa el área mental, fantasía, espiritual e intelectual.

Tejas: el control de la fantasía y tipo de pensamiento.

Chimenea: lo afectivo y sexual.

Paredes: la firmeza y sostén en la personalidad.

Puerta y ventanas: relación con el afuera, contexto social, nivel de integración, etc.

Camino: apertura, acceso a su vida íntima familiar.

Suelo: estabilidad y contacto con la realidad.

* Partes del árbol

Copa: ideas, pensamiento, autoconcepto.

Ramas: contacto social, aspiraciones y nivel de satisfacción o frustración.

Tronco: es el sostén de la personalidad, al igual que en la casa.

Raíces: está vinculado con su mundo instintivo, inconciente y necesidad de arraigo.

Suelo: contacto con la realidad y la estabilidad.

* Partes de la persona

Cabeza: inteligencia, comunicación e imaginación.

Cara: comunicación y sociabilidad.

Pelo: sexualidad, virilidad y sensualidad.

Ojos: comunicación social y percepción del mundo.

Boca: sensualidad, sexualidad, comunicación verbal y nutrición.

Nariz: símbolo fálico.

Manos: mundo afectivo, agresividad, etc.

Cuello: control de los impulsos.

Brazos: adaptación e integración con el mundo social.

Piernas: contacto con la realidad, sostén, estabilidad y seguridad.

Pies: sexualidad y agresividad.

Puntos a tener en cuenta

Al igual que en el análisis de un escrito, se efectúa un barrido e interpretación de cada una de las partes que componen el dibujo, mediante el cual se va validando o invalidando características. Dicho esto, de nada sirve copiar un modelo o tomar como premisa para efectuar un test lo que bajás de Internet. Si sos una persona con tendencia a la fantasía y creatividad por más que le pongas piso a todos y cada uno de tus dibujos, este rasgo tuyo quedará evidenciado en otra parte de tu test. Lo mejor que podés hacer es fluir y hacerlo espontáneamente.

Habitualmente, cuando la persona no es convocada para el puesto, luego de haber transitado la etapa de evaluación psicotécnica, piensa que dicha decisión está directamente sujeta a un error en su psicotécnico. La evaluación es un paso más dentro de un proceso, por lo tanto, la decisión de incorporación estará sujeta a diversas variables, en función de lo que la empresa busca y quiere para conformar su equipo de trabajo.

La estética desde un punto artístico no tiene inferencia alguna sobre el resultado del test. Es primordial que pongas atención a la consigna, evitá pararte en el “ya sé cómo se hace”. Cada etapa de este test cuenta con una consigna particular en su administración y es importante que escuches e interpretes la misma.

© Escrito por Marcela Milesi, licenciada en Recursos Humanos (USAL), Coach Ontológico certificado (ICP) y Grafóloga (Colegio de grafólogos de Bs. As) el domingo 21/07/2013 y publicado por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.