martes, 4 de septiembre de 2012

Maurico y El Eternauta... De Alguna Manera...


La verdad del confundido…

El Eternauta y Mauricio Macri

Tal vez quepa preguntarse si por esta vez, por una vez, el que tiene la razón no es Macri. A todas luces daría la impresión de que no, que no la tiene, que se equivoca, que pifió de vuelta. Pero es posible que convenga, por eso mismo, por afán de contradecir la evidencia, plantearse la alternativa opuesta: preguntarse si por esta vez, por una vez, el que está en lo cierto no es él. ¿Razón en haberse opuesto a la entrada del Eternauta en las escuelas? ¿Razón en haberse declarado resuelto a impedir esa entrada?

Claro que no. Porque es justo hacer la salvedad: Macri no quiso prohibir El Eternauta en las escuelas. Tanto que, apenas sus asesores lo pusieron un poco al tanto de su propia gestión de gobierno en la materia, pudo retractarse y recordar que un ministro suyo, el exhumado Narodowski a la sazón, había en su momento procedido al reparto escolar de la obra de Héctor Oesterheld. Pero entonces, ¿qué pasó? Pasó que Macri se explicó mal. Es lo que él dijo, que se había explicado mal. Pero el motivo por el cual se explicó mal es que antes entendió mal. Se confundió: confundió Eternauta con Nestornauta. Ese error lo explica todo.

Durante su discurso en la inauguración en la Feria del Libro de Frankfurt de octubre de 2010, la presidenta Cristina Kirchner decidió rendir homenaje a los escritores argentinos presentes en la figura de Elsa Oesterheld (no podía saber por entonces que esa idea, la idea de que una viuda, por ser tal, prolonga la presencia del esposo ausente, la aplicaría algo después sobre ella misma). Esa vigorosa recuperación de Oesterheld y del Eternauta es parte evidente de la manera en que el kirchnerismo se relaciona con el pasado político de los años 70 y con las víctimas de la represión de la dictadura. Pero esa proyección se reforzó notoriamente con la superposición puntual del Eternauta y de Néstor Kirchner, haciendo que en el visor de la escafandra del personaje de la historieta aparecieran enmarcados los ojos de Kirchner, la dispersión inconfundible de la mirada de Kirchner.

Esa imagen se propagó en banderas, en stencils, en carteles callejeros. ¿Para qué? Evidentemente, para asociar al propio Kirchner con la idea del heroísmo, de la salvación colectiva, aun la de la eternidad. El propósito político era, sin dudas, afianzar esa asociación, establecerla en esa forma de la costumbre que llamamos imaginario colectivo, en ese modo de lo establecido que se vuelve ideología; lograr, en fin, que esas dos figuras se confundieran en una sola.

Y bien, ¿qué fue lo que hizo Macri? Hizo eso, precisamente: confundir una figura con otra. Justo lo que el kirchnerismo quería. No es mi asunto dirimir aquí si el Gobierno está queriendo infiltrar sus ideas en las escuelas primarias o no. Me detengo en esto otro: que parece haberlas infiltrado, en parte al menos, en el propio Mauricio Macri. De allí la aporía del Gobierno en este asunto: si pretenden tener razón, deberían darle la razón a la confusión de Mauricio Macri.

© Escrito por Martín Kohan y pubicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el viernes 31 de Agosto de 2012.



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