sábado, 3 de marzo de 2012

Es por plata... De Alguna Manera...

Relato fisurado...

 Vía muerta. Secretario Schiavi. Dibujo: Pablo Temes.

Detrás de discursos épicos, la triste realidad. Trenes trágicos, ofensiva anti-ex-aliados y silencio oficial.

Es por plata. No es por cuestiones personales ni por ideología. Las cajas están vacías y ya no hay quien pague la fiesta del consumo. Un dato duro: en 2005, los subsidios a los servicios públicos eran de $ 3.500 millones. Hoy se multiplicaron por veinte y llegan a la friolera de 75 mil millones. Otro: el año pasado se fugaron US$ 23 mil millones. En 2009, apareció el primer semáforo en rojo pero se apeló a los fondos de las AFJP. Tuvieron que disfrazar de epopeya heroica la cara de hereje de la necesidad. Ahora hacen lo mismo con la minería a cielo abierto. Al Gobierno no le importa demasiado si contamina o no. Es casi la única actividad, además de la soja, que todavía sigue trayendo dólares. No quieren combatirla. Para salir a endeudarse deberían pagar una tasa altísima cercana al 10%, como hizo Mauricio Macri.

Esta es la madre de todas las batallas contra los empresarios que hasta ayer eran socios del Gobierno. Esto es lo que explica los bruscos volantazos de Cristina que dinamitan la burguesía nacional y que dejan colgados del pincel, desorientados, a los escribas a sueldo del poder. No saben para qué lado correr ni a quién defender o atacar. Antes era más fácil: Néstor vive y Clarín miente. Pero ahora no terminan de dilucidar cuál es la verdadera CFK. Por eso, en los arrabales del kirchnerismo aparecen las fisuras del relato.

Hebe de Bonafini caracterizó como “pelotudo” a Juan Pablo Schiavi y algunos se quedaron con la anécdota del insulto. Fue mucho más a fondo: “No sé si podrá dormir tranquilo o mirarse al espejo”. Y se preguntó: “¿Qué hace con los 3 millones por día que le dan?”, sin que todavía ni ella ni Sergio Schoklender hayan respondido sobre los 750 millones de la pesadilla de los sueños que compartieron. Lo más inexplicable fue cuando Bonafini confesó que “Schiavi y Jaime dan vergüenza”. 

Luis D’Elía fue en el mismo sentido: “Me gustaría que le sacaran la concesión a Cirigliano y ver preso a Jaime”. Fin del espacio destituyente. ¿No saben acaso que Schiavi fue designado por Cristina y que Cirigliano era hasta ayer uno de los mejores compañeros de ruta? ¿Ricardo Jaime preso? Sería una tragedia para el proyecto nacional y popular porque Jaime fue la mano derecha de Kirchner. El hombre que entraba a Olivos sin golpear porque siempre tenía las manos ocupadas. El señor de los negocios. Hebe y D’Elía están jugando con fuego. 

Contradicciones flagrantes que muchos cuadros políticos ocultan. Un diario oficialista publicó que el grupo Cirigliano utilizaba los subsidios del Estado para comprar dólares y participar en la timba financiera. Son los mismos que hasta hace poco hablaban maravillas de Claudio Cirigliano del brazo de Cristina en sus viajes al exterior o colaborando con el combate mediático fabricando los conversores para la TV Digital.

Idéntica encrucijada se les presenta con cada piedra del camino. ¿Está bien acusar a los docentes de tener “una actitud extorsionadora o cometer una salvajada”, como hizo el ministro Alberto Sileoni, o lo que corresponde a la moral revolucionaria es respaldar a los trabajadores de la educación que apenas reclaman un sueldo mínimo que es menos del 10% de lo que gana un diputado o un senador nacional? Amado Boudou y Julián Domínguez nunca sabrán el daño que le hicieron a la paritaria docente cuando impulsaron la megadieta a cielo abierto en el Parlamento.

La maquinaria estatal y paraestatal de propaganda no sabe dónde pararse. ¿Y vos, chabón, de qué lado estás?, se preguntan por Jorge Brito, Sebastián Esquenazi, Cristiano Ratazzi y hasta la familia Werthein.

El dueño de Macro fue un menemista y conspirador en el origen, según lo denunció el matrimonio presidencial en lo de Mirtha Legrand. Después, un aliado incondicional. Y ahora Guillermo Moreno lo acusa en todos lados de ser el responsable de la “corrida contra el dólar” que todavía no han dominado porque el nivel de transacciones es muy bajo.

Resulta muy revelador escuchar nuevamente los antiguos elogios de Cristina hacia los Esquenazi, su capacidad emprendedora y su vocación por invertir. Eso pasó hace apenas cuatro meses y hoy YPF es blanco de un ataque cotidiano. En el piquete de funcionarios que Axel Kicillof y Daniel Cámeron encabezaron en la reunión de directorio donde estaba Antonio Brufau, sólo faltaron Moreno y sus guantes de boxeo. La infantería de los periodistas militantes y una escribana acompañaron la provocación. ¿Preparan el terreno para una estatización? No tienen fondos para hacerlo, pero el experto privatizador del menemismo y asesor del oficialismo, Roberto Dromi, está buscando los caminos. ¿Tal vez una intervención? Cristina podría anunciarla en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el mismo lugar en el que Oscar Parrilli fue miembro informante para la privatización de YPF allá lejos, cuando todos eran “peroneoliberales”. Pragmatismo a repetición.

Ni qué hablar de las barbaridades que el Gobierno dice del capo de Fiat o de la mezquindad concentradora que Julio De Vido le atribuyó a Telecom, que ganó $ 2.422 millones en 2011 y donde el grupo Werthein tiene el 32% de las acciones. ¿Estos empresarios son víctimas o victimarios del Gobierno? ¿Se derrumbó esa burguesía nacional soñada por Néstor?
Son muchos y graves los problemas que tienen al oficialismo a la defensiva y corriendo detrás de los acontecimientos. Han convertido a Cristina en invisible y a Amado Boudou en mudo. No han dicho una palabra de la apropiación sin expropiación de la ex Ciccone.

El horroroso siniestro ferroviario con sus 51 muertos funcionó como catalizador. El twit mas terrible dijo: “Tuvieron tiempo para frenar ese tren. Tuvieron ocho años”. Ojalá esa Argentina sin frenos ni controles que se estrelló en Once no haya funcionado como una metáfora premonitoria. La muerte masiva de trabajadores y la crisis del transporte popular siempre jaquean a los gobiernos porque indignan a las mayorías. Lo padeció Michelle Bachellet, cuando intentó hacer una reforma en Santiago. Cayó 23 puntos de imagen positiva en un año. El talento de la chilena le permitió recuperarse y retirarse con 88% de aceptación.

Roberto Lavagna fue quien popularizó la definición de “capitalismo de amigos” (crony capitalism, según The Economist) para dejar en evidencia el flanco débil del modelo. Hay algo peor que aquel capitalismo de amigos. Este capitalismo de enemigos.

© Escrito por Alfredo Leuco y publicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 25 de Febrero de 2012.


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