miércoles, 26 de diciembre de 2012

Huracán, "El Sexto Grande de Ayer, de Hoy y de Siempre"... De Alguna Manera...


La historia fue escrita hace mucho tiempo...
 
Los Cinco Grandes fueron unos cómicos fenomenales para su tiempo, que se llamaban Zelmar Gueñol, Jorge Luz, Rafael Carret, Guillermo Rico y Juan Carlos Cambón. En el fútbol, los grandes siempre fueron seis. Tres parejas, para ser más exactos: dos de capital y una de Provincia, animadores de los tres grandes clásicos del fútbol nacional: River-Boca, San Lorenzo-Huracán y Racing-Independiente.

De vez en cuando, y desde hace tiempo, aparecen quienes reclaman un lugar para Vélez en la barra de los grandes, y hasta algunos pretenden desplazar al Globo, en verdad ya abandonado del ‘club’ por los más jóvenes habladores y redactores de deportes, y por una empresa a la que varios de ellos pertenecen. Hasta parece haberse creado una polémica al respecto, porque me pidieron que explicara aquí las razones por las cuales Huracán está entre los grandes, que es como tener que explicar por qué Gardel fue Gardel, y no Magaldi.

Los grandes son simplemente grandes, y Huracán ya era grande antes del 30'. El club que nació homenajeando las hazañas de Jorge Newbery se hizo grande con fútbol, cuando éste era nada más y nada menos que un juego. Antes de los feroces años de la recesión -¡oh casualidad!- trajeron el inevitable devenir del profesionalismo.

Desde el tiempo en que aprendí a deletrearlo en las enormes páginas de Crítica, los clásicos entre grandes los protagonizaron, como quedo dicho, River-Boca, Racing-Independiente y San Lorenzo-Huracán, con múltiples combinaciones de sus cruzamientos. Los ‘olvidos’ del Globito entre sus pares comenzaron a aparecer mucho más tarde –especialmente cuando perdió a su aparcero San Lorenzo por un tiempo-, cuando ellos se fueron al descenso, circunstancia infeliz que le cupo luego al Globito, tercer grande que caía al vacío sabatino.

Huracán ya fue pobre, mucho más pobre que en los magros tiempos de hoy: en la época en la que otros anglicados clubes servían té en el vestuario, en la cancha de Patricios se ofrecía un criollo mate cocido a los rivales. Porque Huracán, como decía Julián Centeya, era “el único porteño, entre tanos, gallegos y fifís”. Su “heráldica suburbana del globo rojo sobre campo blanco” (Homero Manzi) lució más tarde en el primer estadio sudamericano, llamado por entonces – y aún hoy por algunos- El Palacio de Cemento. Aquellos fueron tiempos de cierta riqueza, que son sólo una circunstancia en la vida.

La grandeza de un club de fútbol, como la de un hombre, no se mide por su cuenta bancaria (¡Que sería del Gran Racing!) ni por sus años sin ganar campeonatos (otra vez Racing) ni siquiera por carecer de cancha (¿O acaso San Lorenzo fue ‘suspendido’ como grande al perder su Gasómetro?).

Luis Federico Leloir fue un grande sentado en su silla de esterilla, y nunca los otros cargados de oropeles.

Así como existen fórmulas para medir con cierta precisión el nivel socioeconómico de las personas, es posible que alguien pergeñe en el futuro una tabla combinando campañas de los equipos; cantidad de socios; centimil en los medios; estados de cuentas; rating de televisión; plateas disponibles y precio de sponsor en la camiseta, para calificar los clubes de fútbol. No dudo de que en esa tabla –que encabezará River- habrá un buen lugar para Vélez y Rosario Central. Pero, como la grandeza está afianzada en la tradición y no se compra con cemento, los grandes clubes del fútbol seguirán siendo seis.

Nadie podrá negar los méritos institucionales y deportivos de Vélez Sarsfield, que despegó con la grandeza de José Amalfitani y supo aprovechar su ubicación periférica para ganar camino hacia el oeste. Pero si en una supuesta evaluación de todos los clubes también incluyéramos el aporte de talentos al fútbol mundial, nadie en el país podría competir con Argentinos Juniors y Newells Old Boys, tradicionalmente inscriptos en la línea estética que también defienden grandes como River e Independiente, y que hoy el Globo consigue honrar.

No nací ni viví en Parque de los Patricios. Soy del barrio de Huracán, Huracán de Mar del Plata, uno de los tantos Huracanes sembrados por el país (Comodoro Rivadavia, Tres Arroyos, Corrientes, etc.) a partir de la admiración que generan los grandes (A propósito: ¿Cuántos Vélez o Ferro existen fuera de Buenos Aires?).

Vélez Sarsfield es un emergente institucional que carece de linaje, y ni siquiera cuenta con un San Lorenzo –o Boca, o River, o Independiente, o Racing, o Huracán- para jugar un Gran Clásico. No estaba por aquí cuando se entregaron los blasones y ahora ya es tarde para entrar a la nobleza futbolera pagando peaje.

No se puede entrar a la "Nobleza Futbolera" pagando peaje, apenas podrá ser poderoso.

Extraído del libro "El Sexto Grande de Ayer, de Hoy y de Siempre" escrito por Néstor Vicente.

© Publicado por http://www.fotolog.com/kukukemero/36702607 el viernes 10 de Julio e 2009.  http://www.seisgrandes.com.ar

martes, 25 de diciembre de 2012

Sergio “Maravilla” Martínez… De Alguna Manera…


Fenómeno nacional y popular...

Sergio "Maravilla Martínez.

Fue el año de la consagración mediática de Sergio “Maravilla” Martínez. De su instalación como fenómeno nacional y popular, verdadera pasión de multitudes. Millones de argentinos lo abrazaron el 15 de septiembre, aquella noche de su épica victoria ante Julio César Chávez Jr. en Las Vegas, en la que reventaron las mediciones del rating (41 puntos entre televisión abierta y el cable). Como suele abrazarse a los ídolos. A los que vence el irremediable paso de los tiempos.

Acaso el plus de la conmoción que provocó en el país esa pelea por el título mundial de los medianos (sólo comparable a las que causaban las defensas de Carlos Monzón en los lejanos ’70) sea lo que explique la ola de reconocimientos periodísticos que Maravilla recogió esta semana. Fue tan potente el sacudón social que ni los cronistas especializados en boxeo ni los periodistas deportivos de Buenos Aires, ni la sección deportes de un gran diario argentino quisieron/pudieron quedarse afuera. Sergio Martínez fue un boxeador tan grande y un personaje tan irresistible que terminó imponiéndose (con justicia o sin ella, todos los razonamientos son posibles) al año demoledor y a los 91 goles que marcó Lionel Messi y a la medalla dorada en taekwondo que Sebastián Crismanich alzó en los Juegos Olímpicos de Londres.

Si sobre los rings hace rato que Maravilla viene haciendo estragos, este año también demostró ser un superdotado en el juego grande de los medios. Metido en la pantalla chica de los argentinos, supo vender una historia de vida inspiradora en el Bailando por un sueño de Marcelo Tinelli, en un reportaje memorable que le hizo Alejandro Fantino y que superó los dos dígitos de audiencia y en un actuación de stand-up que hizo en Duro de domar. La gente la compró con los ojos cerrados.

De ser casi un desconocido para el gran público y para el establishment mediático que lo ignoraba “porque no era de acá”, Martínez se transformó sin escalas intermedias en un motivo de conversación nacional, ocupó tapas de revistas que jamás se le habrían ofrecido a un boxeador y hasta hizo una videoconferencia con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para anunciar su pelea del 27 de abril del año próximo ante el inglés Martin Murray en un estadio de fútbol. Hoy lo rodean, lo abrazan y lo miman hasta quienes no hace mucho clamaban que el boxeo había dejado de ser negocio porque estaba muerto y rematado.

Pero a no confundirse: los argentinos no se reencontraron con el boxeo gracias a Maravilla. En todo caso, descubrieron primero al personaje y recién después al crack y campeón. Y quedaron fascinados con los dos.

© Escrito por Daniel Guiñazú y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el lunes 24 de Diciembre de 2012.



¡¡¡Huracán es Grande!!! ... De Alguna Manera...


El equipo de Parque Patricios recibió un reconocimiento en el sitio oficial de la FIFA... 

¿Qué tal, eh?

El lema da por sentado que “Grande se nace” y parece que eso no se discute por nada del mundo. Y menos si la que lo afirma es la entidad más importante y prestigiosa que tiene el fútbol en el planeta Tierra. Lo que pasó fue que la FIFA destacó y reconoció en www.fifa.com, su sitio web oficial, la grandeza del Club Atlético Huracán y todo lo que representa no solamente para sus hinchas, claro está, sino también para la historia que rodea a la redonda.

Lo que trata de dejar en claro la Federación Internacional de Fútbol Asociación es que este homenaje, por decirlo de alguna manera, va más allá de los títulos logrados, pese a que en el mismo artículo se mencionan los principales torneos de Primera División amateur (1921, 1922, 1925, 1928), sumado al campeonato de Primera División profesional, en 1973. Y justamente, una de las distinciones que hace la FIFA tiene que ver con el Huracán de aquel año en el que el Globo marcó tendencia y se coronó campeón. “Ese equipo salvó al fútbol argentino”, cita de César Luis Menotti, entrenador del emblématico conjunto quemero, que la entidad pone como ejemplo para reflejar lo que significó.

En su reconocimiento, además de darle un espacio al estadio Tomás Adolfo Ducó, declarado Patrimonio Histórico y de Defensa Estructural de la Ciudad de Buenos Aires, en 2007, también hace un repaso por la rica historia del club. Desde el nacimiento y sus dos fundaciones (la primera el 25 de mayo de 1903 con el recordado “Verde Esperanza y No Pierde” y la segunda el 1º de noviembre 1908) hasta el equipo que en el Clausura 2009 cautivó a todos de la mano de Angel Cappa, Javier Pastore y Matías Defederico, pese al subcampeonato. Con esto, ya no quedan dudas que este es un Globo terráqueo. ¡Felicidades, Huracán!

© Escrito por Nicolas Migliavacca y publicado en el Diario Deportivo Olé de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 23 de Diciembre de 2012.




Un cuento de Navidad... De Alguna Manera...


Un cuento de Navidad...   


Hace mucho tiempo, en un lugar lejano, un viajero llegó a una tierra que no conocía. De inmediato le llamó la atención la hermosura del lugar, de sus arroyos y sus campos. Habiendo caminado un rato, comenzó a vislumbrar las casas de un sencillo poblado. Las casas coloridas con las puertas abiertas de par en par irradiaban un aire de paz y alegría. Al viajero le resultaba difícil creerlo… ¡él venía de un lugar tan distinto!

Poco a poco se siguió acercando. Vio unos niños jugando y a sus padres que salían a su encuentro y con una enorme sonrisa le invitaron a quedarse con ellos unos días.

El viajero aprendió muchas cosas, por ejemplo a hornear el pan, a trabajar la tierra, a ordeñar las vacas… pero había una que le llenaba de curiosidad. Cada día, a veces en varias ocasiones, los miembros de la familia se acercaban a una mesita donde habían colocado las figuras de María y José, junto a un burrito color marrón y una vaca; y muy despacito dejaban una pajita entre María y José. Con el correr de los días la cantidad de pajitas iba aumentando e iban formando un colchoncito que se iba haciendo cada vez a más mullidito.

Cuando le llegó al viajero el momento de partir, la familia le entregó un pan calientito y frutas para el camino, lo abrazaron y se despidieron. Ya se iba cuando, dándose vuelta, les dijo:

- “Quisiera hacerles una pregunta antes de marcharme… ¿Por qué iban dejando esas pajitas a los pies de María y José?”

Todos sonrieron, y el niño más pequeño le dijo:

- “Cada vez que hacemos algo con amor, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Así vamos preparando para que cuando llegue el niñito Jesús, María tenga un buen lugar para recostarlo. Si amamos poco, el colchón va a ser un colchón delgado y por lo mismo frío; pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calientito.”

Por fin el viajero pareció comprenderlo todo y sintió ganas de quedarse con esa familia hasta la Nochebuena. Pero una voz adentro suyo lo invitó a llevar por otros pueblos el maravilloso mensaje de amor que había aprendido de esta sencilla familia…  

Aprendamos nosotros también y tengamos reservado en nuestros hogares un lugar calientito y cómodo donde María pueda recostar al Niñito Jesús el día de Navidad.

© Publicado por Tengo Sed de Ti.