sábado, 24 de diciembre de 2011

Esa noche... Cuento de Marcelo Birmajer... De Alguna Manera...


Esa noche...
 

Ya pasaron veinte años. Todavía no se había inaugurado el Shopping Abasto. Se decía que el gigantesco mercado en desuso era el palacio de las ratas, y que bastaba con intentar cualquier obra para que Buenos Aires se convirtiera en Hamelin. 

Alrededor de aquel coloso dormido se arracimaban edificios derruidos habitados por okupas. Años más tarde, un incendio destruiría varias de esas viviendas sobre la avenida Corrientes. Lavalle o Agüero nocturnas, a esa altura, no eran aconsejables. Aquel 24 de diciembre se había cortado la luz alrededor de las ocho de la noche y yo estaba solo como un velador, extendido sobre mi sofá cama. Hasta hacía unos minutos había estado observando las luces de mis vecinos: los arbolitos de Navidad, las guirnaldas, las estrellitas artificiales. 

La electricidad había cesado súbitamente, pero una guirnalda permaneció encendida durante unos treinta segundos, por algún prodigio que se me escapaba, para finalmente dejarse llevar a la oscuridad como todos los demás artefactos. Y como mi propia persona. Por una parte, yo no festejaba. Por otra, había decidido apartarme de la raza humana. Ya estábamos bien: cada cual por su lado. No me había sido fácil. 

En los primeros años en aquel departamento, lo suficientemente alto como para poder sentirme en una torre, a una cuadra de la avenida Corrientes pero lejos de todo bullicio, habían llamado insistentemente preguntando por un tal señor Paravini. ¿El señor Paravini? ¿Se encuentra el señor Paravini? Evidentemente, era el anterior habitante de mi modesta covacha. Sobre Navidad y Año Nuevo los llamados multiplicaban; pero fui tan terminante, por momentos reconozco que incluso brusco, en mi negativa a ser el señor Paravini, que hacía ya un año que nadie lo llamaba. 

Sudé como un cochino en el sofá. El sudor es una de esas secreciones que no aprendemos a dominar en ningún período de nuestro ciclo vital. Me levanté para bañarme... ¿con qué objetivo? No tenía que ir a ningún lado, nadie vendría a visitarme. Ni siquiera podrían tocar el portero eléctrico sorpresivamente, ni para un ring raje. Pero intuí menos despiadada la soledad si me refrescaba.

En la penumbra del baño me sorprendió una lucecita roja, titilante; me asustó como si se tratara de un insecto extraterrestre. Pero simplemente había olvidado allí el teléfono, el primero eléctrico que usaba. La batería estaba dando su último suspiro. Cerré de un portazo, como si quisiera proteger mi intimidad de algún ser de las tinieblas. Escuché como caía el picaporte del otro lado. Eso me recordó que ya lo había notado flojo, pero me había limitado a no cerrar de un portazo. Probé de abrir y no podía. Me bañé diciéndome que, refrescado, seguro encontraría el yeite. Pero lo volví a intentar y no cedía. No podía patear la puerta porque estaba descalzo, y tampoco darle con el hombro, porque se me podía salir.

Tomé el teléfono: la batería hacía el pip pip de su cercana muerte, pero aún se escuchaba detrás el sonido del tono. Marqué el teléfono de uno de mis pocos amigos, que me había anunciado su partida a Miramar para esa misma fecha, con la esperanza de que algo lo hubiera retrasado. Nadie me atendió. El edificio estaba vacío: los que no habían marchado a casas de parientes, huyeron del corte de luz. 

¿Pasaría la noche en el baño? Y al día siguiente, ¿quién me rescataría? La gente regresaba entrada la madrugada del 25, y despertaba después del mediodía. Incluso despiertos, desde donde estaba, alejado de todos, no era fácil que escucharan mis gritos. Me consoló contar con el agua del grifo: hacía varios años que aceptaba la mortalidad, pero no de sed. Me recosté en la bañera y repasé mis logros hasta aquel momento: le había sacado dos juegos gratis al flipper de Terminator. 

Pasaron las horas. Pensé en Robinson Crusoe. Pero un baño no es una isla. Me adormecí. No calculé al tiempo hasta que una cañita voladora surcó la noche, como despidiéndose de mí. Varios petardos y una ametralladora la siguieron. De pronto, el teléfono dio su canto de cisne: un timbre apenas audible entre los estallidos de las doce. Atendí como un náufrago.

–¿Señor Paravini? –dijeron.

–¡Sí! –grité, sintiendo la garganta seca y caliente–. ¡Soy el señor Paravini y estoy encerrado en el baño... mis coordenadas son...

Pero apenas había dicho la calle y el comienzo de la numeración cuando se acabó la batería. Ahora ya no tenía ni la lucecita roja; y si volvía la electricidad, de nada me serviría sin poder colocar el teléfono en la base. 

Serían las dos de la mañana cuando me despertaron los ruidos de la puerta de entrada. Me di la cabeza contra el borde de la bañera al incorporarme repentinamente, pero estaba lúcido como para escuchar los pasos de dos adultos. 

Dos ladrones. ¿Qué hacer? ¿Advertirles de mi presencia y morir afuera? ¿O callar y morir encerrado? Pero no me dieron opción. Uno preguntó: –¿Señor Paravini? Me escuché decir: –Acá estoy.

De inmediato comenzaron a caer los tornillos del picaporte. Cuando se abrió la puerta, me encontré con un espectáculo inesperado: Papá Noel junto a un sujeto desconocido. El llamado había sido de una obra social que enviaba regalos para los socios y sus familias en la Noche Buena. A mí me mandaron el cerrajero de urgencia.

© Escrito por Marcelo Birmajer y publicado por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 24 de Noviembre de 2011.

La Navidad solidaria...

La Navidad solidaria crece cada año...
 
 
La Comunidad de San Egidio también prepara la mesa de Navidad, ellos para invitar a los más pobres, a la gente que vive en la calle, a los abuelos, a los que menos tienen. Foto: Cedoc


La costumbre se propaga en todo el mundo. Cómo se organiza la comunidad de San Egidio en Buenos Aires.

A días de celebrarse una de las fiestas más importantes de la cristiandad que es la Navidad, muchas familias visitan Shopping y Supermercados para así proveerse de alimentos para el encuentro y regalos para los seres queridos.

La Comunidad de San Egidio también prepara la mesa de Navidad, ellos para invitar a los más pobres, a la gente que vive en la calle, a los abuelos, a los que menos tienen. En el año 1996 empezaron en Buenos Aires los almuerzos navideños, con el ritual de transformar los templos religiosos en grandes salones comedores donde personas con grandes necesidades sienten ese día que vuelven a tener dignidad. Pero esto empezó en la Basílica de Santa María en la ciudad de Trastevere en Italia, en el año 1982 cuando la gente de la Iglesia invitó a las personas que vivían en la calle a compartir con ellos el almuerzo navideño, esa vez eran sólo 47.

Pero se fue propagando a lo largo de todo el mundo, y luego de 25 años ya fueron 401 ciudades de los cinco continentes, participando más de 100.000 personas, se calcula que este año el número va a ser mucho mayor.

Los organizadores tienen muchas premisas, “Para nosotros los pobres son amigos, nosotros encontramos este sentido. Todos son conocidos por su nombre. Quien vive en la calle, y también los abuelos que están en una residencia, a menudo son como personas que no existen. Nadie las llama por su nombre. Pedir el nombre de un pobre, recordarlo, es el primer modo de decir: Para mí sos importante; no sos sólo tu necesidad. Sos mi hermano y yo me acuerdo de vos".

 
La Comunidad de San Egidio también prepara la mesa de Navidad, ellos para invitar a los más pobres, a la gente que vive en la calle, a los abuelos, a los que menos tienen. Foto: Cedoc

Tal es así que cada uno de ellos es invitado con nombre y apellido, esto viene siendo un trabajo de todo el año, de conocerlos en la calle a través del Programa Amigos en la Calle. Aunque si hay alguna persona que está sola y es presentada por alguien también tiene su lugar. Lo importante es saber la cantidad de comensales para recibirlos.

Así es el clima que se va a vivir el 25 de diciembre al mediodía en la Basílica de La Merced, en la Iglesia San Pedro Telmo, en San Pedro de La Boca, en Ntra. Sra. Del Carmen Centro, en Ntra. Sra. De Lujan de Laferrere, en Coronel Pringles y la novedad este año es que también se hará en la Unidad 47 del Servicio Penitenciario Bonaerense del Partido de San Martín donde están detenidos jóvenes adultos. A las Iglesias mencionadas también van a concurrir abuelos de los Hogares Rawson y Don Guanella de Tapiales.

Otro de los temas es el menú, que se unifica para una mejor organización, en todos los almuerzos en Buenos Aires, para esto piden colaboraciones de: pollos cocidos, fruta en lata, empanadas, personas que quieran colaborar para servir, y otro tipo de donaciones que se pueden hacer a través del teléfono 4362-4014 o el mail sanegidiobue@hotmail.com

Es una experiencia maravillosa, tanto para el invitado como para los que organizan, tal es la expresión en los rostros de la gente que muestran las fotos. Dicen los de San Egidio: "Siempre recibimos el cariño y el agradecimiento por compartir una fiesta tan importante juntos. A veces son pocas las palabras, pero muchos los gestos y las expresiones de los rostros que hablan de la alegría y el valor de estos almuerzos de Navidad. Muchos expresan que el almuerzo es como una primicia del Paraíso".


© Escrito por Inés María Correo y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 24 de Diciembre de 2001.

Malvinas Argentinas... Londres duerme… De Alguna Manera...


Londres duerme…


Uno de los más prestigiosos columnistas del Reino Unido, Richard Gott, escribe en el diario The Guardian que su país está “dormido” en cuestiones que tienen que ver “con la Argentina y las Falklands”, es decir las islas Malvinas. Su conclusión es que “Sudamérica está cada vez más fuerte y crecientemente unida”, y que por eso Gran Bretaña “debe despertar ante esta nueva realidad”.

Gott toma como dato clave la última decisión del Mercosur de que ninguno de los cuatro miembros –naturalmente la Argentina, pero tampoco Uruguay, Brasil y Paraguay– permitirá que recale en sus puertos un buque con bandera de las islas. La resolución no es abstracta. Durante muchos años después de la guerra de 1982, cuando los militares argentinos hicieron retroceder la posición negociadora argentina con el desembarco y la derrota, Montevideo permitió el uso de su puerto y de su aeropuerto.

Refleja Gott que “tradicionalmente el Foreign Office dice a los periodistas sotto voce que los gobiernos de América latina (y, muy importante, estas alianzas ahora incluyen Estados del Caribe con lazos históricos con Gran Bretaña) hablan con lenguaje fuerte, pero de verdad no apoyan el reclamo argentino sobre las Falklands”.

Para el columnista, la verdad más fresca es que “la música de fondo cambió”. Y lo explica así: “Las naciones de América latina no miran más hacia Europa y hacia los Estados Unidos en busca de apoyo y consejo”. Esas naciones hacen otra cosa: “Crecieron al punto de que quieren hacer lo suyo. Esta semana, el reclamo argentino sobre las Malvinas resultó poderosamente reforzado”.

El texto de Gott evidencia un nuevo nivel de reflexión. El pedido argentino de negociar la soberanía de las Malvinas con el Reino Unido aparece, en el análisis del columnista, como parte de la nueva realidad del continente. La Argentina consiguió uno de los respaldos más fuertes sobre las islas en la primera reunión de la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. El apoyo caribeño revista la novedad que Gott le atribuye. En buena medida, quizá, por la progresiva lejanía respecto de una Europa en crisis que no puede dar ni reclamar. Y en buena medida, también, por la decadencia mexicana y la creciente influencia venezolana sobre el Caribe, petróleo y diplomacia mediante.

De paso, un apunte histórico. Venezuela sintoniza con la Argentina y al mismo tiempo mantiene intacto su vínculo histórico con el Reino Unido. Todos los años, cuando se celebra el aniversario de las batallas de Carabobo y Boyacá, el gobierno de Caracas rinde homenaje a las Legiones Británicas, el grupo de entre cinco y seis mil voluntarios que pelearon en la independencia americana bajo el mando de Simón Bolívar. Puede atestiguarlo John Hugues, un galés ya retirado del Foreign O-ffice que hoy vive en Londres y fue embajador en Venezuela y en la Argentina.

En un artículo escrito en 2010 y reflejado en este diario, Hugues repitió la política oficial de que “existe un compromiso bipartidario” (en ese momento laborista y conservador) con las islas, se lamentó de que no pudiera construirse con la Argentina una estrategia común frente a la explotación de petróleo, anticipó que habría mayores dificultades en este último terreno y dejó dos pronósticos importantes: uno, que el gobierno que asumiría en la Argentina en 2011 no cambiaría la consigna de “las Malvinas son argentinas”, frase que Hugues puso así en el artículo original; otro, que “no habrá una guerra”.

Gott, que no es diplomático, fue más allá y acaba de escribir que “dado que la Argentina y Gran Bretaña tienen, ambos, un reclamo por las islas, el sentido común debería sugerir que los dos países deberían reunirse para negociar una solución, y eso es exactamente lo que la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner sugirió con frecuencia”. Dice Gott, en ese punto del mismo modo que antes Hugues, que la Presidenta no preparó a las Fuerzas Armadas argentinas para un ataque. Recuerda que los militares quedaron tan desacreditados por la represión como por “el asalto sin resultado a las islas en 1982”, y por eso están confinados a los cuarteles y no tienen ni las armas ni los fondos ni la determinación de atacar las islas. La Presidenta, para Gott, simplemente reitera una política que forma parte del núcleo de la Argentina.

© Escrito por Martín Granovsky y publicado por el Diario Página/12 el sábado 24 de Diciembre de 2011

El silencio como fortaleza o debilidad… De Alguna Manera...


El silencio como fortaleza o debilidad…


Esta vocación por el silencio ¿será entonces fortaleza o debilidad?

Ajuste y ofensiva antiprensa. La autoproclamada “sintonía fina”, el doble discurso oficial y la búsqueda de unificar el relato a la fuerza.

¿Fortaleza o debilidad? El kirchnerismo enfrenta, por primera vez en su historia, la realización de un autoajuste: les toca ahora, en su tercer gobierno consecutivo, hacerse cargo del gasto discrecional. Lo hacen a regañadientes, vistiendo de actos patrióticos la renuncia a subsidios que ellos mismos dieron.

El Gobierno sabe, sin embargo, que aun así no alcanza: el “reacomodamiento” de Boudou es sólo el 6% del total que deberá seguir desgranándose con el correr del año. Ese desfase –que se inauguró con el eufemismo presidencial de “sintonía fina”– dejará en evidencia, cada vez más, el doble discurso kirchnerista: Moyano lo advirtió como el comienzo del final de su poder: una cosa son las góndolas y otra el Indec.

En este marco, la insólita escalada oficial contra la prensa de esta semana no hace más que marcar la necesidad oficial de silencio frente al conflicto.

El Gobierno necesita unificar el relato a la fuerza: por eso intenta controlar la provisión de papel, combina con Daniel Vila y José Luis Manzano el desembarco de la Gendarmería en Cablevisión, trata de acelerar los tiempos del desguace de los monopolios ajenos (mientras reafirma los propios) y fuerza la interpretación judicial de Papel Prensa como delito de lesa humanidad.

A la hora de interpretar los alcances de la flamante ley antiterrorista, el titular de la Unidad de Investigaciones Financieras, José Sbatella, confirmó que no sólo incluye ciertos delitos económicos sino que puede alcanzar incluso a medios de comunicación. “Podrá aplicarse a una especulación que golpee al Gobierno, que aterrorice a la población”, dijo.

La ambigüedad de la norma recuerda a las disposiciones chavistas sobre la prensa, autorizando la detención de quienes “causen zozobra en el público”. ¿Advertir al público de la quiebra de un banco es causar zozobra? ¿Denunciar una bolsa de dinero en el baño de la  ministra de Economía lo es? ¿Cuáles son los límites del terrorismo y quién los marca? ¿A qué distancia se ubica la “zozobra” de la “campaña antiargentina”? ¿En qué momento la crítica libre se convierte en traición a la patria?

Esta vocación por el silencio ¿será entonces fortaleza o debilidad?

© Escrito por Jorge Lanata y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el viernes 23 de Diciembre de 2011.

Traidores... De Alguna Manera...


Traidores...

Quién en el mundo no recuerda la historia del que fuera el amigo predilecto de Jesús, uno de los doce apóstoles, aquel que tuvo la osadía de venderlo por 30 monedas de plata, identificándolo con un beso. Pero después, enloquecido por el remordimiento, se ahorcó…

Pese a los suicidios misteriosos y a las estatizaciones tenebrosas, no debe haber tema más “navideño” que la preocupación por la esperanza. Existen pocas demandas más palpitantes y duraderas que la fantasía y el ansia de una vida menos filosa, no tan hostil. Sin embargo, estas simples y potentes ensoñaciones también se han ido descascarando en la Argentina, desvencijadas por la vociferación reinante. Hasta un árbol de Navidad ha sido incendiado en la calle por patéticos melanco-guerilleros de cartón. Una peculiar y persistente onda de intensa emotividad parece desmentir a quienes esperamos que las sociedades, como las personas, encuentren de vez en cuando denominadores comunes en lugar de seguir cavando trincheras.

Con el expediente de consideraciones ideológicas y hasta generacionales, quienes piensan el país como una batalla sin cuartel han tenido éxito en la puesta en valor de la guerra como escenario principal. La paz, el encuentro, la aceptación de las discrepancias son, en esta Argentina de cara a 2012, expresiones vituperadas, calificadas como melancólicas manifestaciones de ingenuidad o vejez. Amigos distanciados, familias que no pueden hablar de política (porque si lo hacen se insultan y lastiman), parejas enfrentadas, padres e hijos desencajados. Un viscoso y venenoso elixir de odio e intolerancia destruye pasados comunes y el remanente emocional de las experiencias grupales de la juventud.

Los esperanzados o fanáticos del nuevo orden reinante hoy en la Argentina se escandalizan de quienes piensan un poco diferente o todo lo contrario de ellos. Los que hemos sido inscriptos en el batallón de la herejía, o a quienes se nos describe como personas que habrían “traicionado” sus principios de otrora, formamos batallones con los que no hay reconciliación. No lo viví porque era un niño de pantalones cortos, pero me dicen que algo muy parecido sucedió en la Argentina de comienzos de los años cincuenta del siglo pasado. Claro que entonces el poder de Perón al menos no se embriagaba de relatos impregnados de mentiras ideológicas. El peronismo era reciamente anticomunista y no perdía oportunidad de expresar su desagrado y oposición al marxismo apátrida; no había márgenes para despotricar contra los opositores desde composturas “progresistas”. Lo nuevo de estos tiempos es que similar acrimonia se enarbola hoy, pero desde unos supuestos baluartes de superioridad moral y certeza doctrinaria. Es verdaderamente fantástico lo que ha sucedido.

No pretenden reciprocidad quienes carecen de dudas. La vida los ha puesto en un lugar soñado, ese poder en el que, finalmente, los ideales de la juventud se estarían haciendo realidad. Por consiguiente, quienes no lo vemos así o tenemos severas sospechas de que todos aquellos valores fuesen –mirados desde hoy– tan virtuosos como pensábamos entonces somos mecánicamente condenados a un desprecio monumental. Mientras que los herejes, una y otra vez repudiados por haberse “dado vuelta”, en casi todos los casos abren espacios y crean oportunidades para que digan lo suyo los que se alegran de ocupar el poder o adhieren a quienes lo conducen; nada similar sucede en las trincheras oficiales. La reciprocidad no existe; no hay espacio oficial para disentir, aunque los vigilantes del oficialismo se quejen de la supuesta “falta de pluralidad” de los medios que ellos llaman hegemónicos.

La ocasión navideña, por otro lado, nos suele predisponer para miradas menos torvas, actitudes menos belicosas. ¿Por qué se ha producido un tajo tan profundo y tan reacio a cicatrizar? Supongamos que, como dicen los entusiastas de este momento, sencillamente no sienten empatía alguna con quienes, habiendo sido compinches hasta hace seis o siete años, ahora son estigmatizados por pensar diferente. No terroristas o golpistas, sencillamente discrepantes. Así las cosas, ¿serían esas razones lo suficientemente concluyentes como para que reine este estado de sitio existencial? ¿Es tan determinante en las relaciones entre seres humanos lo que cada uno opina sobre las políticas de un gobierno y las alianzas coyunturales que el poder arma para cumplimentar su agenda? ¿Por qué son bienvenidos sin objeciones a este poder camaleones que devinieron justicialistas o progresistas luego de añares revolcándose en la vereda de enfrente, mientras que sólo merecen escarnio quienes, no habiendo sido jamás “de derecha”, se permiten –en cambio– cuestionar ahora parte o mucho de lo que se dice y hace en nombre del “modelo” vigente?

Habrá que inventar palabras o conceptos que describan elocuentemente el punto de inadmisibilidad (¿qué es lo que no perdonan o no aceptan?), que está en la base de esa belicosidad punzante que liquida afectos, destruye historias y corporiza enemistades. Dicen que finalmente ha llegado en la Argentina la hora de manifestar de manera frontal las contradicciones soterradas. Teorizan que nada hay más humano que el conflicto y que es bienvenida la explicitación de las diferencias. Hablan del fin de las hipocresías. No sé, tengo mis severas dudas. Hemos tenido numerosas y fuertes discrepancias en épocas recientes de las que he sido contemporáneo. Nunca antes se había experimentado, sin embargo, una animadversión tan belicosa como la que oscurece hoy el clima de las relaciones y de la mera cotidianidad.

Navidad no es mal momento para tratar de comprender este truculento perfume de discordia que emana hoy del poder y del que se contagian quienes derraman felicidad retórica por el statu quo implantado en 2003. Quisiera equivocarme fieramente y convencerme de que no es para tanto. Pero impresiona la jactancia triunfalista de la pedantería oficial. Uno diría que respiran a la vida en clave de guerra y, por eso, quienes se embanderan en ese alineamiento parecen estar dispuestos a las más temibles maldades. O, al menos, a los más rotundos desdenes. Son como la noche-mala de la noche-buena.

© Escrito por Pepe Eliaschev y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el viernes 23 de Diciembre de 2011.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Islas Malvinas Argentinas... De Alguna Manera...


Gran Bretaña evalúa el envío de un submarino nuclear a Malvinas...

 

El diario Daily Mail muestra una infografía informando que Gran Bretaña manda un submarino nuclear a Malvinas.

Según el diario británico Daily Mail, sería en el marco de un “plan de defensa” de las islas, luego de que esta semana los países del Mercosur acordaran impedir el ingreso de barcos con bandera de las Islas a sus puertos.

Gran Bretaña "desempolva" planes de guerra contra Argentina para "defender" las Islas Malvinas, en el Atlántico Sur, en medio de crecientes pedidos de militares británicos para desplegar un submarino nuclear a la región.

Luego de que esta semana los países del Mercosur acordaron impedir el ingreso de barcos con bandera de las Islas a sus puertos, en apoyo del reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas que Gran Bretaña ocupa desde 1833.

Hoy, el periódico inglés Daily Mail informó que las autoridades militares británicas están preparando un plan de defensa de las Malvinas considerando, además, que el envío el año próximo a las islas del príncipe Guillermo provocará mayores tensiones con Argentina.

La prohibición impuesta por los países del Mercosur, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, afectaría a unas 25 embarcaciones, muchas de las cuales son barcos pesqueros con licencias españolas.

Según el Mail, el ministro de Defensa británico, Philip Hammond, fue informado en Londres sobre la posibilidad de un nuevo conflicto bélico contra Argentina en caso de un empeoramiento de las tensiones bilaterales.

Funcionarios de Inteligencia informaron a Hammond y al Consejo de Seguridad Nacional que por el momento "no hay una amenaza militar creíble" a las Islas por parte de la Fuerza Aérea Argentina.

"Pero si hay una amenaza, haremos preparativos muy rápido. Estamos confiados que los argentinos no pueden ni siquiera atracar ni un barco pesquero en las islas. Pero es importante demostrar que somos serios acerca de nuestras obligaciones", declaró un oficial militar al Mail.


© Publicado por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fuente: Agencia Ansa.

El Ángel de la Bicicleta... De Alguna Manera...


Seguir pedaleando por la justicia...
 

Es un doloroso pero necesario ejercicio recordar los días trágicos del 19 y 20 de diciembre de 2001. En ese entonces, yo era intendente de la ciudad de Rosario y, como tantos otros ciudadanos, veíamos el crecimiento del deterioro social y económico que hundía a miles de argentinos en la pobreza, la desocupación, y el abandono.

Es un doloroso pero necesario ejercicio recordar los días trágicos del 19 y 20 de diciembre de 2001. En ese entonces, yo era intendente de la ciudad de Rosario y, como tantos otros ciudadanos, veíamos el crecimiento del deterioro social y económico que hundía a miles de argentinos en la pobreza, la desocupación, y el abandono.

El gobierno nacional de aquel tiempo consideraba, a nuestro juicio equivocadamente, que sería posible mantener la gobernabilidad sin establecer modificación alguna de las políticas socio económicas neoliberales, caracterizadas por los recortes, las privatizaciones, y el ajuste a aquellos sectores de la sociedad argentina que menos posibilidades tenían de afrontarlos. El resultado de aquel rumbo sería una ciudadanía lacerada, con sus ahorros confiscados pero, sobre todo, con su dignidad herida. La protesta social, el reclamo justo de amplios sectores dela Argentina, sería la forma de expresión del descontento. Ante esos reclamos el gobierno nacional tomaría la alternativa más ominosa: la de la represión, que tendría como saldo la pérdida de la vida de ciudadanos y ciudadanas que, aún hoy y para siempre, guardamos en nuestra memoria.

En aquellas jornadas del 19 y el 20 de diciembre de 2001 sería asesinado por una Itaka de las fuerzas policiales un ciudadano de ilimitada bondad que dedicaba sus horas a colaborar con quienes menos posibilidades de desarrollo tenían: nuestro querido Pocho Lepratti. Así, en el comedor en el que ayudaba y acompañaba a chicos y chicas, y tras gritar ala Policía–que hacía oídos sordos– que no disparasen, el Pocho nos dejaba pero para quedarse en nuestra memoria. Nuestro querido León Gieco lo inmortalizaría en su canción El Ángel de la bicicleta en la que repetiría el grito de Lepratti: “¡¡Bajen las armas!! Que aquí sólo hay pibes comiendo”. Una sociedad donde los pibes puedan comer era el sueño que lo movilizaba y el que también a nosotros nos moviliza.La Justiciase quedó a mitad de camino. Identificó al asesino, lo encarceló, pero no se avanzó sobre el autor ideológico, sobre aquél que ordenó los disparos con balas de plomo, sobre aquéllos que decidieron reprimir las protestas sociales.La Justicia todavía está, entonces, en deuda con la sociedad.


En los días posteriores, como  intendente de Rosario, luego como gobernador de Santa Fe, y cuando el Frente Amplio Progresista me confió la tarea de ser candidato a presidente dela Nación, recordé siempre aquellos episodios, la tremenda fragmentación social de nuestro país, las víctimas de la represión y al Pocho Lepratti. Ese recuerdo me motivó a tomar la decisión de quitar las vallas dela Casade Gobierno de Santa Fe. Aquellas vallas separaban al pueblo de sus representantes porque habían funcionado como mecanismo de segregación y alejamiento. Si nuestra intención era hacer un gobierno cercano a los ciudadanos y las ciudadanas de nuestra provincia la primera medida que debíamos adoptar era eliminar el vallado que impedía concretar ese espíritu de cercanía. La construcción de consensos y el diálogo, el debate y la invitación a la reunión, ha sido mi bandera y la de todos aquellos que nos acompañan. La lección de la historia ha sido ésa: que cuando los gobiernos carecen del espíritu de participación se enfrentan a quienes les han dado el mandato de representarlos.

Diez años después de aquellos trágicos sucesos tenemos una realidad diferente, pero continuamos retrasados en la construcción de una sociedad de valores, única forma de evitar la repetición de sucesos del pasado. Esos valores, que con tanto ahínco defendemos, son los de la solidaridad, la participación y la transparencia. Son los valores que permiten constituir y desarrollar un Estado democrático e inclusivo y, por sobre todas las cosas, un Estado que deje atrás todo viso autoritario y toda pretensión de hegemonía.

Debemos apostar a la buena política para resolver situaciones complejas, debemos apostar al diálogo y a la creación de consensos. Esto es lo que, humildemente, hemos hecho y hacemos en Rosario y Santa Fe. El conflicto existe pero también existe la actitud de diálogo que permite generar acuerdos entre los distintos sectores de la sociedad.

Tenemos que trabajar todos los días para lograr una mejor redistribución de los beneficios de la sociedad. Es la única manera para que realmente podamos aprovechar las ventajas dela Argentina: un país con alta producción de alimentos, con una gran elaboración de productos manufacturados de excelente calidad, con la posibilidad de incorporar a las universidades al conocimiento y aceptar el desafío de que se puede forjar un camino de florecimiento económico en base a una justicia que actúe, un Ejecutivo que sea amplio y un Legislativo que sea transparente. Son los valores y las formas para conseguir una Argentina mejor. Estamos en condiciones de hacerla. Depende de nosotros, del impulso que le demos a las ideas, a la ética y al trabajo.

Sostenemos la memoria para que no se reaparezcan los errores de nuestra historia. Ante estas fechas sólo podemos apelar a ella, porque es terreno fértil para evitar la repetición de acontecimientos trágicos y mecanismo necesario para augurar un futuro mejor para todos los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país.

© Escrito por  Hermes Binner (*) y publicado por Diario El Ciudadano de la Ciudad de Santa Fe de la Veracruz el miércoles 21 de Diciembre de 2011..

(*) Intendente de Rosario 1995-2003. Gobernador de Santa Fe 2007-2011. Candidato a presidente por el FAP 2011.

martes, 20 de diciembre de 2011

2001 - 20 de Diciembre - 2011

2001 - 20 de Diciembre - 2011...

  De la Rúa renuncia y abandona la Casa Rosada en medio del levantamiento popular en diciembre de 2001.

1 de diciembre


Nace el “Corralito”.
Domingo Cavallo anuncia medidas que incluyen una restricción al retiro de fondos en efectivo del sistema bancario. Las extracciones de cuentas no podían superar los $ 1000 por mes y por cuenta. El retiro máximo semanal era de $ 250.
Cualquier otra operación debía hacerse mediante el uso de tarjetas de crédito, débito o cheques. Se intentaba frenar el retiro de depósitos que registra el sistema financiero.
Inquietud en el mercado.

 

2 de diciembre


El ministro de Economía, Domingo Cavallo, señaló que el objetivo del nuevo plan económico era “lograr una economía organizada y evitar que los fondos buitre ganen la batalla especulativa”. Además, estimó que las medidas no afectarían a la población, porque según cálculos del Ministerio de Economía, el 97,5 por ciento de las extracciones no superan los $ 250 semanales.

 

3 de diciembre


Las dos ramas de la CGT reaccionan con dureza contra el paquete de medidas económicas. El líder de la CGT oficial, Rodolfo Daer, las califica como “un acto autoritario”. Mientras, el titular de la CGT rebelde, Hugo Moyano, se declara en “estado de alerta” y acusa al Presidente, Fernando De la Rúa, y a Cavallo de “confiscar virtualmente los salarios y los depósitos de todos los argentinos, transformándolos en rehenes de la banca”.

 

4 de diciembre


Tiene lugar una masiva apertura de cuentas bancarias. En el Banco Nación, se abrieron 14.500 cuentas en dos días, mientras que en el Banco Provincia de Buenos Aires las cifras treparon a 11.980.

 

5 de diciembre


El FMI pospuso el desembolso de US$ 1264 millones que el Gobierno esperaba recibir para hacer frente a vencimientos de deuda pública previstos para el mes. Así, el país queda a un paso de la cesación de pagos. Pese a un haber recibido un paquete por U$S 40.000 millones, los temores de que el país eventualmente incumpla con el servicio de su deuda provocan fuertes oscilaciones en los mercados. El abogado Teobaldo Carulla presenta cargos judiciales contra el Presidente, el ministro de Economía y el presidente del Banco Central por el presunto delito de violación de los deberes de funcionario público y abuso de autoridad.
En una audiencia con periodistas españoles en la Casa Rosada, De la Rúa niega una eventual devaluación o dolarización, y sostiene que “lo importante es la reactivación”. También dice que “las bases de la economía están sólidas” y que los problemas financieros “son transitorios”.

 

8 de diciembre


Gobernadores peronistas del Frente Federal Solidario Adolfo Rodríguez Saá (San Luis), Ángel Maza (La Rioja), Carlos Rovira (Misiones) y Juan Carlos Romero (Salta), se mostraron preocupados ante “la grave y caótica situación social y económica” se pronunciaron a favor de una concertación con el Gobierno nacional para superar la crisis.

 

10 de diciembre

Se cumplieron 2 años del mandato de Fernando de la Rúa. Cuando el 10 de diciembre de 1999 juró como Presidente de la Nación, las encuestas le atribuían una imagen positiva del 75%. Según un sondeo de la agencia Gallup, en 2001 sólo 13% de los encuestados aprobaba su gestión. El Presidente se defendió: “Desde que asumí vivo apagando incendios y afrontando una crisis estructural que es de antes”.

 

11 de diciembre


El Gobierno amenazó con declarar ilegal el paro de 24 horas planeado por las dos CGT y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) para el jueves 12 de diciembre.

 

12 de diciembre


Dos mil desocupados enrolados en la Corriente Clasista Combativa (CCC) y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), se manifiestan con cortes de avenidas y autopistas La Plata, San Martín, Quilmes, Escobar y La Matanza. Se profundizan las manifestaciónes “piqueteras”. La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) protesta en la Plaza de Mayo “para rechazar las políticas de ajuste” que implementaba el Gobierno nacional y los provinciales.


De la Rúa y su antecesor, Carlos Menem, se reunieron en Casa Rosada para buscar un acuerdo político que permitiera encaminar la crisis. Para De la Rúa, el “acuerdo patriótico” entre su Gobierno y Menem parecía ser la última opción para mejorar el clima con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los acreedores extranjeros y obtener así el acuerdo y el desembolso del organismo que serviría para no caer en la cesación de pagos de la deuda pública. Para el Gobierno, la presencia de Menem despertaba la esperanza de que pudiera convencer a los peronistas, que rechazaban nuevos ajustes fiscales.

 

13 de diciembre


Se realizó el séptimo paro nacional durante la presidencia de De la Rúa, hubo entre un 75 y 98% de adhesión entre los trabajadores de Transporte, el Estado, Educación, Salud, Construcción, entre otros. El desempleo superaba el 18% y se estimaba que 14 de los 36 millones de argentinos vivían en la pobreza.
Renunció el viceministro y secretario de Finanzas, Daniel Marx. De la Rúa le había pedido que no abandone su cargo. La vacante la ocupó Miguel Kiguel, presidente del Banco Hipotecario Nacional.

 

14 de diciembre


Los diputados de Alternativa por una República de Iguales (ARI), Elisa Carrió y Mario Cafiero, amenazaron con denunciar a De la Rúa por “traición a la Patria” si no revocaba los decretos de renegociación de la deuda pública.
El senador radical Rodolfo Terragno opinó que el país vivía bajo una “ineptocracia”, con un gobierno lleno de “ineptos” y donde la economía era manejada “con incompetencia”.

 

16 de diciembre


El Gobierno comenzó a darse cuenta del malestar de la población. El ministro de Salud, Héctor Lombardo, defendió la gestión de De la Rúa y dijo no es el “único responsable” de la crisis. Admitió que “es cierto que la gente tiene bronca” porque el gobierno nacional no puede provocar la demorada reactivación económica.

 

17 de diciembre


El Banco Central dispuso que los asalariados puedan extraer de sus cajas de ahorro $ 500 adicionales a partir del 19 de diciembre y hasta el 31 de enero, una flexibilización en el límite para extraer dinero en efectivo de los cajeros automáticos, excepcional y por única vez, en vistas de las fiestas de fin de año. El mismo día, Fernando de la Rúa, admitió que “ni plantea ni habla de dolarización forzosa”.
Se anunció que el peronista Ramón Puerta, presidente provisional del Senado, estaría al frente del Poder Ejecutivo durante la ausencia de Fernando De la Rúa, entre los días 20 y 21 de diciembre. El motivo sería el viaje del mandatario a Uruguay para participar de la Cumbre de Presidentes del Mercosur, viaje que nunca llegaría a concretar.

 

18 de diciembre


El ministro de Economía acumulaba unas 220 demandas judiciales por el decreto que puso a los depósitos en un “corralito” bancario. A raíz de algunas decisiones judiciales que ordenaron devolver la integridad de los salarios y varios plazos fijos, el Gobierno temía una catarata de decisiones judiciales que haga caer el plan de Cavallo.
Comenzaron los saqueos a supermercados de todo el país. Fernando De la Rúa le pidió a los ministros que apliquen medidas de prevención para frenar el caos y que comprometían la gobernabilidad del país. Se preveía un plan de distribución de alimentos y evitar la palabra “saqueos” en los discursos para no alarmar a la población. Entre otras cosas, el Presidente barajó la posibilidad de suspender los canales de televisión para evitar que las malas noticias se difundieran.


A lo largo del día, se realizaron diez piquetes. El Gobierno minimizó la cuestión. El ministro de Trabajo, José Dumón, admitió que la “tensión social y muchos de los incidentes tienen legítimos orígenes”. El ministro de Justicia, Jorge De la Rúa, aseguró que no se advertía “un estado de alteración generalizado” y que “no hay ningún temor de extensión de estos hechos”.
Alrededor de las 22 horas, el Presidente decreta el “Estado de Sitio” y lo anuncia por cadena nacional. Fernando De la Rúa afirmó tener “clara conciencia del sufrimiento de la gente”, aunque advirtió que sabe “distinguir entre los necesitados y los violentos o los delincuentes”.
Minutos antes de las 23, espontáneamente los habitantes de la Ciudad salen a las calles, se concentraron en las esquinas y plazas, y comienzan a hacer sonar cacerolas y bocinas de los pocos autos que circulan por las calles. Las voces se unieron bajo las consignas: “El pueblo unido jamás será vencido” y “Que se vayan todos”.

19 de diciembre


Se sumaron seis muertos en Buenos Aires, Santa Fe y Río Negro. Durante toda la jornada, se registraron saqueos en decenas de supermercados de distintos puntos de Capital Federal y el conurbano bonaerense.
En la medianoche del 19, más de 7.000 personas desafiaban el estado de sitio decretado por De la Rúa y marcharon a Casa de Gobierno. La Policía reprimió con gases lacrimógenos pese a que la marcha se desarrolla en forma pacífica. Las protestas se multiplican por los barrios, con manifestaciones en los principales centros y plazas de Liniers, Palermo, Villa Crespo, Chacarita, Flores y Belgrano.
Pasada la medianoche, Domingo Cavallo renunció al Ministerio de Economía. Tras llevar su carta a la residencia de Olivos, solicitó que el Gobierno le brinde seguridad especial. El Presidente reafirmó que no renunciaría y consideraba necesario “preservar la institucionalidad y la gobernabilidad”.
En Capital Federal y en otras ciudades del país se realizaron cientos de “cacerolazos”. Incendios, pedradas, gritos y golpes de los manifestantes ante el Ministerio de Economía y la Casa Rosada, el Congreso, la casa de Domingo Cavallo, entre otros puntos. Los comercios de Buenos Aires cerraron en horas del mediodía por temor a más saqueos.
De la Rúa decretó un “programa de emergencia alimentaria” que beneficiaría a un millón de personas.
La gravedad de la crisis social llegó a tal punto que se comenzó a hablar de la posible renuncia de De la Rúa.
En el Partido Justicialista especulaban sobre qué dirigente peronista podría completar el mandato. Se analizaban los nombres de Ramón Puerta (presidente provisional del Senado), el gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá; y el senador Eduardo Duhalde.

 

20 de diciembre


Los hechos de violencia continuaban en todo el país y se agravaban por la represión policial. Hubo 20 muertos (todos civiles) y 65 policías heridos. Hubo incendios, destrozos en los comercios y entidades bancarias, y saqueos a almacenes, supermercados e hipermercados en todo el país. Algunos jefes de la Policía Federal coinciden en una sola respuesta: “El Presidente dijo que se tenía que cumplir el estado de sitio y usar la fuerza necesaria para contener a los violentos”.


En un mensaje emitido por cadena nacional, Fernando de la Rúa convocó a las distintas fuerzas políticas a un acuerdo para reformar la Constitución y efectuar todas las variantes políticas necesarias para mejorar la situación del país. “La situación política, económica y social pasa por graves momentos, estamos en una situación crítica. Lo importante no son las personas sino las instituciones”, señaló al comenzar con su discurso. “No estoy acá porque me aferro a un cargo, sino porque es mi deber. He sido elegido por el pueblo”, y prometió completar su mandato.
Pasadas las 18:30, De la Rúa envía al Congreso su carta de renuncia al cargo de Presidente de la Nación: “Me dirijo a usted para presentar mi renuncia como presidente de la Nación. Mi mensaje de hoy para asegurar la gobernabilidad y constituir un gobierno de unidad fue rechazado por líderes parlamentarios. Confío que mi decisión contribuirá a la paz social y a la continuidad institucional de la República. Pido por eso al honorable Congreso que tenga a bien aceptarla. Lo saludo con mi más alta consideración y estima y pido a Dios por la ventura de mi patria. Fernando de la Rúa”. 


De la Rúa abandonó la Casa Rosada a las 19.50 horas en el helicóptero presidencial con rumbo a la residencia de Olivos. Al otro día regresó brevemente a la Casa Rosada, dos horas antes de que el Congreso formalizara su dimisión, para derogar el estado de sitio (luego reinstaurado por el presidente interino). Una juez federal le prohibió abandonar el país para investigar la presunta relación de altos funcionarios con la represión policial de esos días.

 

21 de diciembre


A las 11 de la mañana, el Congreso Nacional aceptó la renuncia de Fernando De la Rúa. El presidente del Senado, Ramón Puerta, queda a cargo del Poder Ejecutivo. Su única función consistió en convocar una sesión extraordinaria del Congreso para designar un presidente interino.

 

23 de diciembre


La opción de Adolfo Rodríguez Saá obtiene 169 votos a favor y 138 en contra, con lo cual quedó designado Presidente interino hasta el 5 de abril de 2002, fecha en que debía entregar el mando al presidente salido. En su discurso inaugural ante el pleno de un Congreso confirma la ruptura con las políticas menemistas con el impactante anuncio de la suspensión de pagos de las deudas externa. La idea era $ 11.000 millones a fondos de emergencia alimentaria y asistencia social.
Rodríguez Saá prometió un millón de puestos de trabajo (el desempleo rozaba el 20% y el subempleo era por lo menos diez puntos mayor), la creación de un seguro de desempleo de 300 pesos para cada cabeza de hogar y de 60 pesos por hijo de hasta 18 años, y la revocación del recorte salarial del 13% para pensionistas y empleados públicos aprobada por el Gobierno anterior. No obstante, mantuvo el “Corralito” y la Ley de Convertibilidad de 1991.

 

25 de diciembre


Rodríguez Saá anunció la emisión de una tercera moneda, el “Argentino”, cuya función primordial sería inyectar liquidez al “consumo popular” y que sustituiría a los distintos bonos emitidos por los gobiernos provinciales para afrontar el pago de salarios, pensiones y prestaciones de desempleo, como los denominados “Patacones” y “Lecop”.

 

29 de diciembre


Estalló una fuerte manifestación popular en Buenos Aires al tiempo que grupos desbordaron a la Policía y asaltaron el edificio del Congreso de la Nación, donde provocaron destrozos e incendiaron muebles, bustos y cortinas. Los miembros del Ejecutivo ponen sus renuncias a disposición del presidente.

 

30 de diciembre


Tras no recibir el respaldo de la mayoría de los gobernadores, el Presidente viaja a San Luis y desde allí anuncia su renuncia “indeclinable”, de la que responsabilizó a las “actitudes de mezquindad y retaceo” exhibidas por los dirigentes nacionales. Debido a que Ramón Puerta dimitió como presidente provisional del Senado, la jefatura del Estado en funciones recayó en el segundo en la línea de sucesión, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño.

© Publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el martes 20 de Diciembre de 2011. 

Colaboración especial: Darío Silva D'Andrea | Material multimedia: Alumnos de Periodismo de la Universidad Católica Argentina | Programación: Micaela Ranea Sánchez | Diseño: Julieta Staheli | Edición de Fotografías: Facundo Falduto



lunes, 19 de diciembre de 2011

Stéphane Hessel... De Alguna Manera...


“Los bancos se pusieron contra la democracia”…

A los 94 años, después de pelear en la Resistencia, sobrevivir a los campos nazis y escribir la Declaración Universal de los Derechos Humanos, publicó un librito de 32 páginas que tuvo un eco global. Su visión de la democracia y el efecto de Argentina en su pensamiento.

La revuelta no tiene edad ni condición. A sus afables, lúcidos y combativos 94 años Stéphane Hessel encarna un momento único de la historia política humana: haber logrado desencadenar un movimiento mundial de contestación democrática y ciudadana con un libro de escasas 32 páginas, Indígnense. El libro apareció en Francia en octubre de 2010 y en marzo de 2011 se convirtió en el zócalo del movimiento español de los indignados. El casi siglo de vida de Stéphane Hessel se conectó primero con la juventud española que ocupó la Puerta del Sol y luego con los demás protagonistas de la indignación que se volvió planetaria: París, Londres, Roma, México, Bruselas, Nueva York, Washington, Tel Aviv, Nueva Delhi, San Pablo. En cada rincón del mundo y bajo diferentes denominaciones, el mensaje de Hessel encontró un eco inimaginable.

Su libro, sin embargo, no contiene ningún alegato ideológico, menos aún algún llamado a la excitación revolucionaria. Indígnense es al mismo tiempo una invitación a tomar conciencia sobre la forma calamitosa en la que estamos gobernados, una restauración noble y humanista de los valores fundamentales de la democracia, un balde de agua fría sobre la adormecida conciencia de los europeos convertidos en consumidores obedientes y una dura defensa del papel del Estado como regulador. No debe existir en la historia editorial un libro tan corto con un alcance tan extenso.

Quien vea la movilización mundial de los indignados puede pensar que Hessel escribió una suerte de panfleto revolucionario, pero nada es más ajeno a esa idea. Indígnense y los indignados se inscriben en una corriente totalmente contraria a la que se desató en las revueltas de Mayo del ’68. Aquella generación estaba contra el Estado. Al revés, el libro de Hessel y sus adeptos reclaman el retorno del Estado, de su capacidad de regular. Nada refleja mejor ese objetivo que uno de los slogans más famosos que surgieron en la Puerta del Sol: “Nosotros no somos antisistema, el sistema es antinosotros”.

En su casa de París, Hessel habla con una convicción en la que la juventud y la energía explotan en cada frase. Hessel tiene una historia personal digna de una novela y es un hombre de dos siglos. Diplomático humanista, miembro de la Resistencia contra la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, sobreviviente de varios campos de concentración, activo protagonista de la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, descendiente de la lucha contra esas dos grandes calamidades del siglo XX que fueron el fascismo y el comunismo soviético. El naciente siglo XXI hizo de él un influyente ensayista.

Cuando su libro salió en Francia, las lenguas afiladas del sistema liberal le cayeron con un aluvión de burlas: “el abuelito Hessel”, el “Papá Noel de las buenas conciencias”, decían en radio y televisión las marionetas para descalificarlo. Muchos intelectuales franceses dijeron que esa obra era un catálogo de banalidades, criticaron su aparente simplismo, su chatura filosófica, lo acusaron de idiota y de antisemita. Hasta el primer ministro francés, François Fillon, descalificó la obra diciendo que “la indignación en sí no es un modo de pensamiento”. Pero el libro siguió otro camino. Más de dos millones de ejemplares vendidos en Francia, medio millón en España, traducciones en decenas de países y difusión masiva en Internet.

El ultraliberalismo predador, la corrupción, la impunidad, la servidumbre de la clase política al sistema financiero, la anexión de la política por la tecnocracia financiera, las industrias que destruyen el planeta, la ocupación israelí de Palestina, en suma, los grandes devastadores del planeta y de las sociedades humanas encontraron en las palabras de Hessel un enemigo inesperado, un argumentario de enunciados básicos, profundamente humanista y de una eficacia inmediata. Sin otra armadura que un pasado político de socialdemócrata reformista y un libro de 32 páginas, Hessel les opuso al pensamiento liberal consumista y al consenso uno de los antídotos que más teme, es decir, la acción.

No se trata de una obra de reflexión política o filosófica sino de una radiografía de la desarticulación de los Estados, de un llamado a la acción para que el Estado y la democracia vuelvan a ser lo que fueron. El libro de Hessel se articula en torno de la acción, que es precisamente a lo que conduce la indignación: respuesta y acción contra una situación, contra el otro. Lo que Hessel califica como mon petit livre es una obra curiosa: no hay nada novedoso en ella, pero todo lo que dice es una suerte de síntesis de lo que la mayor parte del planeta piensa y siente cada mañana cuando se levanta: exasperación e indignación.

–Usted ha sido de alguna manera el hombre del año. Su libro tuvo un éxito mundial y terminó convirtiéndose en el foco del movimiento planetario de los indignados. Hubo, de hecho, dos revoluciones casi simultáneas en el mundo, una en los países árabes y la que usted desencadenó a escala planetaria.

–Nunca preví que el libro tuviera un éxito semejante. Al escribirlo, había pensado en mis compatriotas para decirles que la manera en la que están gobernados plantea interrogantes y que era preciso indignarse ante los problemas mal solucionados. Pero no esperaba que el libro se viera propulsado en más de cuarenta países en los cuatro puntos cardinales. Pero yo no me atribuyo ninguna responsabilidad en el movimiento mundial de los indignados. Fue una coincidencia que mi libro haya aparecido en el mismo momento en que la indignación se expandía por el mundo. Yo sólo llamé a la gente a reflexionar sobre lo que les parece inaceptable. Creo que la circulación tan amplia del libro se debe al hecho de que vivimos un momento muy particular de la historia de nuestras sociedades y, en particular, de esta sociedad global en la que estamos inmersos desde hace diez años. Hoy vivimos en sociedades interdependientes, interconectadas. Esto cambia la perspectiva. Los problemas a los que estamos confrontados son mundiales.

–Las reacciones que desencadenó su libro prueban que existe siempre una pureza moral intacta en la humanidad.

–Lo que permanece intacto son los valores de la democracia. Después de la Segunda Guerra Mundial resolvimos problemas fundamentales de los valores humanos. Ya sabemos cuáles son esos valores fundamentales que debemos tratar de preservar. Pero cuando esto deja de tener vigencia, cuando hay rupturas en la forma de resolver los problemas, como ocurrió luego de los atentados del 11 de septiembre, de la guerra en Afganistán y en Irak, y la crisis económica y financiera de los últimos cuatro años, tomamos conciencia de que las cosas no pueden continuar así. Debemos indignarnos y comprometernos para que la sociedad mundial adopte un nuevo curso.

–¿Quién es responsable de todo este desastre? ¿El liberalismo ultrajante, la tecnocracia, la ceguera de las elites?

–Los gobiernos, en particular los gobiernos democráticos, sufren una presión por parte de las fuerzas del mercado a la cual no supieron resistir. Esas fuerzas económicas y financieras son muy egoístas, sólo buscan el beneficio en todas las formas posibles sin tener en cuenta el impacto que esa búsqueda desenfrenada del provecho tiene en las sociedades. No les importa ni la deuda de los gobiernos, ni las ganancias escuetas de la gente. Yo le atribuyo la responsabilidad de todo esto a las fuerzas financieras. Su egoísmo y su especulación exacerbada son también responsables del deterioro de nuestro planeta. Las fuerzas que están detrás del petróleo, las fuerzas de las energías no renovables nos conducen hacia una dirección muy peligrosa. El socialismo democrático tuvo su momento de gloria después de la Segunda Guerra Mundial. Durante muchos años tuvimos lo que se llama Estados de providencia. Esto derivó en una buena fórmula para regular las relaciones entre los ciudadanos y el Estado. Pero luego nos apartamos de ese camino bajo la influencia de la ideología neoliberal. Milton Friedman y la Escuela de Chicago dijeron: “déjenle las manos libres a la economía, no dejen que el Estado intervenga”. Fue un camino equivocado y hoy nos damos cuenta de que nos encerramos en un camino sin salida. Lo que ocurrió en Grecia, Italia, Portugal y España nos prueba que no es dándole cada vez más fuerza al mercado que se llega a una solución. No. Esa tarea les corresponde a los gobiernos, son ellos quienes deben imponerles reglas a los bancos y a las fuerzas financieras para limitar la sobreexplotación de las riquezas que detentan y la acumulación de beneficios inmensos mientras los Estados se endeudan. Debemos reconocer que los bancos se pusieron en contra de la democracia. Eso no es aceptable.

–Resulta chocante comprobar la indiferencia de la clase política ante la revuelta de los indignados. Los dirigentes de París, Londres, Estados Unidos, en suma, allí donde estalló este movimiento, hicieron caso omiso ante los reclamos de los indignados.

–Sí, es cierto. Por ahora se subestimó la fuerza de esta revuelta y de esta indignación. Los dirigentes se habrán dicho: esto ya lo vimos otras veces, en Mayo del ‘68, etc., etc. Creo que los gobiernos se equivocan. Pero el hecho de que los ciudadanos protesten por la forma en que están gobernados es algo muy nuevo y esa novedad no se detendrá. Predigo que los gobiernos se verán cada vez más presionados por las protestas contra la manera en que los Estados son gobernados. Los gobiernos se empeñan en mantener intacto el sistema. Sin embargo, el cuestionamiento colectivo del funcionamiento del sistema nunca fue tan fuerte como ahora. En Europa atravesamos por un momento muy denso de cuestionamiento, tal como ocurrió antes en América latina. Yo estoy muy orgulloso por la forma en que la Argentina supo superar la gravedad de la crisis. Ello prueba que es posible actuar y que los ciudadanos son capaces de cambiar el curso de las cosas.

–De alguna manera, usted encendió la llama de una suerte de revolución democrática. Sin embargo, no llama a una revolución. ¿Cuál es entonces el camino para romper el cerco en el que vivimos? ¿Cuál es la base del renacimiento de un mundo más justo?

–Debemos transmitirles dos cosas a las nuevas generaciones: la confianza en la posibilidad de mejorar las cosas. Las nuevas generaciones no deben desalentarse. En segundo lugar, debemos hacerles tomar conciencia de todo lo que se está haciendo actualmente y que va en el buen sentido. Pienso en Brasil, por ejemplo, donde hubo muchos progresos, pienso en la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que también hizo que las cosas progresaran mucho, pienso también en todo lo que se realiza en el campo de la economía social y solidaria en tantos y tantos países. En todo esto hay nuevas perspectivas para encarar la educación, los problemas de la desigualdad, los problemas ligados al agua. Hay gente que trabaja mucho y no debemos subestimar sus esfuerzos, incluso si lo que se consigue es poco a causa de la presión del mundo financiero. Son etapas necesarias. Creo que, cada vez más, los ciudadanos y las ciudadanas del mundo están entendiendo que su papel puede ser más decisivo a la hora de hacerles entender a los gobiernos que son responsables de la vigencia de los grandes valores que esos mismos gobiernos están dejando de lado. Hay un riesgo implícito: que los gobiernos autoritarios traten de emplear la violencia para acallar las revueltas. Pero creo que eso ya no es más posible. La forma en que los tunecinos y los egipcios se sacaron de encima a sus gobiernos autoritarios muestra dos cosas: una, que es posible; dos, que con esos gobiernos no se progresa. El progreso sólo es posible si se profundiza la democracia. En los últimos veinte años América latina progresó muchísimo gracias a la profundización de la democracia. A escala mundial, pese a las cosas que se lograron, pese a los avances que se obtuvieron con la economía social y solidaria, todo esto es demasiado lento. La indignación se justifica en eso: los esfuerzos realizados son insuficientes, los gobiernos fueron débiles y hasta los partidos políticos de la izquierda sucumbieron ante la ideología neoliberal. Por eso debemos indignarnos. Si los medios de comunicación, si los ciudadanos y las organizaciones de defensa de los derechos humanos son lo suficientemente potentes como para ejercer una presión sobre los gobiernos las cosas pueden empezar a cambiar mañana.

–¿Se puede acaso cambiar el mundo sin revoluciones violentas?

–Si miramos hacia el pasado vemos que los caminos no violentos fueron más eficaces que los violentos. El espíritu revolucionario que animó el comienzo del siglo XX, la revolución soviética, por ejemplo, condujeron al fracaso. Hombres como el checo Vaclav Havel, Nelson Mandela o Mijail Gorbachov demostraron que, sin violencia, se pueden obtener modificaciones profundas. La revolución ciudadana a la que asistimos hoy puede servir a esa causa. Reconozco que el poder mata, pero ese mismo poder se va cuando la fuerza no violenta gana. Las revoluciones árabes nos demostraron la validez de esto: no fue la violencia la que hizo caer a los regímenes de Túnez y Egipto, no, para nada. Fue la determinación no violenta de la gente.

–¿En qué momento cree usted que el mundo se desvió de su ruta y perdió su base democrática?

–El momento más grave se sitúa en los atentados del 11 de septiembre de 2001. La caída de las torres de Manhattan desencadenó una reacción del presidente norteamericano Georges W. Bush extremadamente perjudicial: la guerra en Afganistán, por ejemplo, fue un episodio en el que se cometieron horrores espantosos. Las consecuencias para la economía mundial fueron igualmente muy duras. Se gastaron sumas considerables en armas y en la guerra en vez de ponerlas a la disposición del progreso económico y social.

–Usted señala con mucha profundidad uno de los problemas que permanecen abiertos como una herida en la conciencia del mundo: el conflicto israelí-palestino.

–Este conflicto dura desde hace sesenta años y todavía no se encontró la manera de reconciliar a estos dos pueblos. Cuando se va a Palestina uno sale traumatizado por la forma en que los israelíes maltratan a sus vecinos palestinos. Palestina tiene derecho a un Estado. Pero también hay que reconocer que, año tras año, vemos cómo aumenta el grupo de países que están en contra del gobierno israelí por su incapacidad de encontrar una solución. Eso lo pudimos constatar con la cantidad de países que apoyaron al presidente palestino Mahmud Abbas, cuando pidió ante las Naciones Unidas que Palestina sea reconocido como un Estado de pleno derecho en el seno de la ONU.

–Su libro, sus entrevistas, este mismo diálogo demuestran que, pese al desastre, usted no perdió la esperanza en la aventura humana.

–No, al contrario. Creo que ante las crisis gravísimas por la que se atraviesa, de pronto el ser humano se despierta. Eso ocurrió muchas veces a lo largo de los siglos y deseo que vuelva a ocurrir ahora.

–“Indignación” es hoy una palabra clave. Cuando usted escribió el libro, fue esa palabra la que lo guió.

–La palabra indignación surgió como una definición de lo que se puede esperar de la gente cuando abre los ojos y ve lo inaceptable. Se puede adormecer a un ser humano, pero no matarlo. En nosotros hay una capacidad de generosidad, de acción positiva y constructiva que puede despertarse cuando asistimos a la violación de los valores. La palabra “dignidad” figura dentro de la palabra “indignidad”. La dignidad humana se despierta cuando se la acorrala. El liberalismo trató de anestesiar esas dos capacidades humanas, la dignidad y la indignación, pero no lo consiguió.

© Escrito por Eduardo Febbro y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el Lunes 19 de Diciembre de 2011.