lunes, 6 de agosto de 2012

El estudiante de Harvard y su papá... De Alguna Manera...

El estudiante de Harvard y su papá...


Hace años fui testigo de una situación de fuerte conflicto entre expectativas y hechos. 

En Boston, un joven estudiante de Harvard volvió una tarde a su casa desde la universidad y comunicó a sus padres que se iba a Europa con un amigo, para hacer auto-stop, cosechar manzanas y vivir una “experiencia distinta”. El padre –un hombre riguroso y con principios inflexibles– tuvo un ataque de furia, la madre tuvo un ataque de llanto, y todo terminó en que el chico se fue cargado con la profecía de su padre que presagiaba el fracaso terminal de su vida. Pero meses después el joven volvió a Harvard y fue admitido de nuevo. El padre no sólo no podía entender que su hijo hubiese sido admitido y le siguiese yendo bien en los estudios; tampoco podía aceptarlo. Había establecido una premisa y a partir de ahí buscaba a diario evidencias ocasionales, a menudo puntuales y poco relevantes, para corroborar su premisa: su hijo debía fracasar, o el mundo no era el que se suponía que era. Los datos de la realidad se le escapaban. (El final de la historia es que el joven estudiante no fracasó; más bien quien fracasó fue su padre, por lo menos en el sentido de que no supo entender este mundo tal como es).

Esta historia me viene a la mente cuando veo lo que está sucediendo con la imagen del gobierno argentino, los comentaristas políticos rigurosos en sus premisas, pero más bien predispuestos a recoger los datos que encajan bien con esas premisas, y lo que las encuestas captan de la vox pópuli. Así, en las últimas semanas pudieron leerse varias columnas de opinión en los medios de prensa haciendo referencia a lo mal que le está yendo a la Presidenta en la opinión pública argentina según encuestas que no se publican ni se mencionan con suficiente especificación. Parece que se ha establecido como premisa que la Presidenta tiene que estar mal en la opinión pública y desde ahí se busca afanosamente información consistente con la premisa. A juzgar por lo que se dice, en la Argentina se estarían haciendo encuestas profusamente; se diría que algunas firmas están haciendo encuestas a diario, lo que es difícilmente creíble. Eso no sucede cuando las aguas están más calmas.

Por cierto algunas encuestas se publican. Y no hay duda: algunas muestran a la Presidenta un poco mejor y otras un poco peor. Pero hay pocas certezas acerca del por qué de tales diferencias. El lector atento debería poner el foco en por lo menos tres aspectos muy básicos, los que en la jerga profesional se llaman el instrumento de medición –cómo se pregunta y se mide lo que se quiere medir–, la tendencia “intertemporal” –cómo varía la aprobación o la imagen a través del tiempo medida siempre con el mismo instrumento– y la cobertura geográfica. Descontados esos factores, aún sigue siendo aparentemente cierto que en algunas encuestas, la Presidenta ha bajado más que en otras.

Basándome en encuestas que conozco y cuyos reportes puedo ver con mis ojos –que son las que realiza Ipsos en la Argentina– concluyo que la imagen de la Presidenta ha sufrido poca mella en los últimos meses y se mantiene en altos niveles de aprobación. También el gobernador Scioli, esa suerte de sombra que se proyecta incansablemente sobre la imagen de la Presidenta. La imagen de otros referentes del Gobierno –personas tanto como áreas de gestión– ha bajado más, en algunos casos mucho más. La confianza en la economía y en el futuro del país también ha caído.

Se concluye que el Gobierno se sostiene en la Presidenta –y también en Scioli, tema aparte–; es posible concebir que la imagen de la Presidenta se encuentra en un equilibrio inestable y expuesta a diversos riesgos. Las cosas no están bien en la economía y en las expectativas de muchísimos argentinos. La imagen de la Presidenta podría bajar, hasta cabe aceptar que es esperable que baje, pero no como resultado de una expresión de deseos, sino con base en correlatos conocidos entre datos de la realidad misma y las opiniones de la gente a través de los años. Eso no es lo mismo que decir que ya bajó; aún más, esos correlatos no son leyes inmutables, a veces en el mundo no se siguen de las mismas causas los mismos efectos.

La opinión pública es más parecida a la universidad de Harvard que al papá del joven de mi anécdota: es capaz de readmitir a alguien después de algún “viaje”, como fue el caso con la presidenta Cristina de Kirchner en 2010 después de haber sido casi literalmente dada de baja en 2009. No hay que seguir el modelo del padre del joven estudiante de Harvard, quien por aferrarse ciegamente a su premisa de que su hijo debía fracasar por no haber hecho lo que él esperaba que hiciese, no pudo entender lo que pasaba.

*Sociólogo. Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.

© Escrito por Manuel Mora y Araujo, Sociólogo y Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y publicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Agosto de 2012.


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