viernes, 27 de abril de 2012

Mentime que me gusta... De Alguna Manera...

Cómo el modelo inflacionario K ha aplastado a los asalariados argentinos...


Para no ser pobre en nuestro país, ya hay que pagar el Impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría. Asimismo, un obrero no especializado industrial debería ganar, al menos, unos $5.000 para que se pueda decir, sin relato, que su poder de compra no se ha visto afectado a lo largo del tiempo. Como esto último no ocurre y más de la mitad de los argentinos trabajadores tanto activos como pasivos, ganan menos que esa cifra, no es muy difícil concluir que al menos el 50% de los argentinos en condición de asalariados o pasivos, son pobres.

Según el Indec —un organismo devastado por el kirchnerismo— solo el 1,7% de los argentinos son indigentes y menos de los 20%, pobres. Cualquier persona que deambula por la patria se da cuenta que dicha explicación es, al menos, una cruel tomadura de pelo.
La pobreza (real) en nuestro país rondaría el 50% de la población, al menos, elevándose al 60% y hasta 70% en las provincias del denominado NEA y NOA, y en las zonas marginales del gran Buenos Aires y las periferias de las principales capitales del norte antedicho, Tucumán, Posadas, Resistencia, etc. Se toma en cuenta el nivel de pasividad, al menos 6 millones de jubilados y pensionados, de los cuales solo medio millón obtendrían beneficios por encima de los $ 5.000, suma aún por debajo de las estimadas por la CTA, organización que lleva un estudio bastante actualizado al respecto y estima la canasta familiar aún por encima de los $ 5.000 antedichos.

De los 16 millones de potenciales trabajadores en actividad, el mismo Ministerio de Trabajo de la Nación, reconoce a nueve años de supuesto “crecimiento”, que el 35% de los trabajadores en actividad está en negro, siendo el 80% de dichos trabajadores en “negro” personas altamente perjudicadas en sus ingresos directos e indirectos (obra social, aportes previsionales, etc.) por lo general poco calificadas y mayormente por debajo de la cifra que tomamos como la base de este trabajo.


“Los falsos privilegiados de Moyano”

Solo el 24% del total de los asalariados argentinos reunirían las condiciones de dignidad mínimas para un trabajador: estar en blanco, ser trabajador activo y estar agremiado y, de esa manera, no ver congelado su ingreso ante la inflación galopante.

Se hace referencia a “activo”, porque de humillar a los pasivos ya se viene encargando el gobierno nacional no reconociendo una jubilación justa, con lo cual ha hundido al 70% de los mismos en condición de haber mínimo y condenando al 60% a no recibir lo que le corresponde, forzándolos a tener que iniciar acciones judiciales por “reajuste”: una especie de confiscación legal, más abultada y socialmente grave que la confiscación de YPF, pero con menos prensa.

En concreto, solo el 24% —unos 4 millones de trabajadores de los 16 en condiciones de trabajar— serían los privilegiados de contar con un gremio que anualmente les actualice sus salarios y defienda los aportes al estar en “blanco”

Ahora, bien, ¿están en la panacea? ¿Les alcanza para vivir?

Puede verse que, ni aún trabajando es posible escapar de la pobreza en la Argentina, atento que el Estado Nacional promueve la inflación como estrategia para licuar las deudas públicas, resultando un impuesto inflacionario no solo para el 24% que no estaría perjudicado por la “pasividad” o el trabajo irregular, sino para el conjunto que ha caído irremediablemente en la miseria, el cuentapropismo, pequeños profesionales, amas de casa, etc.


El informe Prat Gay sobre la inflación

El martes 24 de abril, bajo la pluma del periodista Alcadio Oña en el diario Clarín de dicha jornada, se desarrolla una breve exposición respecto de cómo se han acelerado los efectos negativos de una economía en desaceleración, según las cifras oficiales y en continua regresión distributiva, según los datos de la economía real, la del “hombre de la calle”.

En la referida nota entre otros tópicos, se destaca la escandalosa inflación sobre artículos de los más necesarios para las capas populares.

Así, según el diputado nacional por la Coalición Cívica, Alfonso Prat Gay, por esta vía (salario contra precios de canasta básica) la relevancia del proceso inflacionario.

En septiembre de 2004, con $100 era posible comprar 78 kilos de azúcar. En enero de 2011, el poder adquisitivo del billete había caído a 17 kilos y en abril pasado, a 11.

Otro ejemplo: la cerveza. Aquí la secuencia arroja 53,5 litros (2004), 19 (2011) y 12 (2012).

En el caso del asado, en septiembre de 2004 con $100 podían comprarse 16 kilos. En enero de 2011, poco más de 3, y en abril de este año, apenas 2,4 kilos.

Último ejemplo, la leche. Esta vez, la secuencia da 73,5 litros en 2004, 27,4 en 2011 y 21,4 en 2012.

Vale aclarar que el informe fue elaborado con precios de un supermercado clase media para abajo, siendo demostrativo de cómo se fue achicando la capacidad adquisitiva de estas capas sociales.

Demás está decir que los salarios no aumentaron de cinco a siete veces en estos años, ni siquiera los que se encuentran en el grupo de pseudo privilegiados.

Dicha comparación, ya había sido notada hace tres años exactos, tomando los valores de los salarios de dicho momento con los del proceso del primer peronismo (año 1948), en los cuales se había demostrado que el proceso de distribución del ingreso de aquel momento (del orden del 40% del PBI), resultaba mucho mayor que el de 2009 (un 30%) y seguramente aún muchísimo mayor que el de la actualidad (28%), toda vez que la Argentina de la década del 40 contaba con PBI exiguo, comparado con el mega estado actual y con las súper rentas de casi 100 millones de toneladas de grano, frente a las apenas 16 de la época del verdadero peronismo, lo que denotaba un esfuerzo mucho mayor y más veloz (dos años contra nueve), una vocación de gobierno en dicho orden concreta, y no una falsificación imaginaria y relatada escondida debajo de un modelo de poder carente de todo proyecto real de país, como el de aquella época.

En concreto, hoy, gracias a los cereales exportables y la minería la Argentina cuenta con un PBI mucho mayor en relación con un Estado que gasta más de $100 mil millones de dólares (casi el 38% del PBI total), pero los obreros no reciben la “tajada”, en términos justicialistas.

No hay derrame, la renta se la “come” el Estado con el impuesto inflacionario o se la lleva la súper minería, los exportadores de materias primas, los sojeros y las grandes corporaciones de siempre oligopólicas y de los sectores de servicios, a los cuales se les entregan condiciones de explotación y beneficios muy similares a las propuestas por Martínez de Hoz, Sourrielle o Cavallo.

Este nivel de precios, denota asimismo una inflación en dólares y presagia la inminente staflation (inflación + recesión), atento el país empieza a tener costes altos, empieza a ser improductivo, desaconsejable para la inversión, otra de las grandes falencias del modelo implosionado.


La mentira de la distribución K

Hoy, la masa salarial araña, en términos reales, apenas un 28% de la renta total y, como siempre, los sectores financieros, especuladores y acopiadores o prestadores de servicios monopólicos, gozan de la renta marginal que el Gobierno les permite recaudar.

Releyendo viejos textos, puede verse que aún en el país pequeño y del todo por hacer de la década del 50 (1948 para ser más preciso) por demás ineficiente — hacía solo dos años había salido del feudalismo conservador y fraudulento— se podía distribuir ingreso desde el salario, y no desde planes al descanso y tribulaciones esotéricas e hipócritas, como el regalo de extraños computadores que nadan enseñan y sí esconden la falta de aquellos docentes “en serio”.

Según estudios del autor Carlos Russo en “Acción Social del Peronismo y en la obra “Historia Integral Argentina”, al que no podrán tachar de defensor de la “República Burguesa” —como les gustan denostar, a los pseudo revolucionarios jóvenes de la Juventud Peronista Filial Puerto Madero o La Cámpora— un obrero no especializado en 1948, promedio, real, ganaba $480 pesos, $5760 anualizados, que en términos relativos representaban un gran poder de compra que hoy no se verifica. Podía ir a un mercado y comprar con su propia plata 850 kilos de papas, 270 kilos de carne vacuna, 425 kilos de azúcar, 936 litros de leche, 1560 kilos de pan y 269 docenas de huevos.

Si lo trasladáramos a términos actuales, podría verse que el obrero no especializado de hoy es muchísimo más pobre que aquel, en términos relativos; ello, sin contar con la enorme existencia de nuevas necesidades actuales, como educación paga, porque la estatal no sirve, servicios financieros y bancarios, antes mínimos, servicios adicionales de salud, en el peronismo todos estatales y de excelencia, hoy de pésima calidad, trasporte, esparcimiento —antes cubierto por el estado—, etc.

A continuación, un cuadro comparativo realizado en la actualidad contra el realizado en marzo de 2009, solo con gastos alimenticios que, en alguna medida confirma el desmadre que surge del informe del diputado antedicho y, tomando los índices del autor antedicho, puede notarse la inexistencia de derrame o distribución real del ingreso obrero.

Según el estudio de precios relativos de alimentos, aquel obrero compraba estas cantidades y al lado se vuelcan los precios actuales:

850 kilos de papas ($4,40 por kilo) $3.740.

270 kilos de carne vacuna ($50 por kilo) $13.500.

425 kilos de azucar ($6 por kilo) $ 2.550.

936 litros de leche ($5,80 por litro) $ 5.428.

1560 kilos de pan ($12,50 por kilo) $ 19.550.

269 docenas de huevos (14,50 por doc.) $ 3.900.

En consecuencia:

Mismos productos en marzo de 2008: $ 24.500.

Mismos productos en marzo de 2012: $ 48.668.

Entre marzo 2009 y marzo de 2012 = 99,15% de aumento, y casi ningún sector sindicalizado obtuvo en tres años semejante aumento, en referencia a los “beneficiados obreros en blanco”.

En concreto, ni siquiera los sectores salariales más beneficiados —que gozaron de aumentos de entre el 65% y el 75%— pudieron acompañar la inflación real del almacén.

Y se hace mención de los gremios grandes, Dios ayude al 76% restante: obreros en negro, gremios chicos, jubilados y pensionados.

Así estamos.

© Escrito por José Terenzio y publicado por Tribuna de Periodistas el Viernes 27 de Abril de 2012.


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