domingo, 7 de agosto de 2011

El legado de Roberto Fontanarrosa... De Alguna Manera...

El legado de Fontanarrosa...

El rosarino compartió los libros que lo marcaron.

Roberto Fontanarrosa nació el 26 de noviembre de 1944 en Rosario, Provincia de Santa Fe. Es autor de los libros de cuentos El mundo ha vivido equivocado, No sé si he sido claro, Nada del otro mundo, El mayor de mis defectos, Usted no me lo va ha creer, Trenes matan autos y La mesa de los galanes, entre otros. Publicó una serie de recopilaciones de humor, entre los que se encuentran los títulos Fontanarrosa y la pareja, Fontanarrosa y la política y Fontanarrosa contra la cultura. En 1994, recibió el Premio Konex de Platino. Murió el 19 de julio de 2007, en la ciudad de Rosario.


Sus Libros recomensados...
  • "El Eternauta", de Héctor Germán Oesterheld, ilustrado por Solano López.
  • "Colmillo Blanco", Jack London.
  • "Aventuras del Capitán Hatteras", Julio Verne.
  • "El hombre mediocre", José Ingenieros.
  • "Cayó sobre su rostro", David Viñas.
  • "Un mundo feliz", Aldous Huxley.
  • "A sangre fría", Truman Capote.
  • "El Aleph", Jorge Luis Borges.
  • "Triste, solitario y final", Osvaldo Soriano.
  • Cualquier libro de Ernest Hemingway o de Norman Mailer.



Entrevista realizada en marzo de 2006, en Rosario, provincia de Santa Fe.


© Publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el viernes 5 de Agosto de 2011.

Attilio Pavesi... De Alguna Manera...

Adios a una leyenda del Ciclismo...

Estampa. El ciclista Attilio Pavesi con su bicicleta y la malla olímpica.

El ciclista italiano Attilio Pavesi murió el miércoles a los 100 años. Había ganado dos medallas doradas en los Juegos Olímpicos de Los Angeles en 1932.


Era el decano de los deportistas olímpicos. El ex bicampeón en los Juegos de Los Angeles 1932, el italiano Attilio Pavesi, falleció a los 100 años y dejó el recuerdo de una vida dedicada de lleno al ciclismo en ruta. Un entusiasta cuya pasión comenzó a forjar en sus primeros años de vida para afirmarse luego como un gran competidor, entrenador y organizador de competencias.

Undécimo hijo de una familia de clase obrera, había nacido en Caorso, una comuna de la provincia de Piacenza, el 1° de octubre de 1910. Para ayudar a solventar los gastos del hogar, a los 13 años comenzó a trabajar como mecánico de autos, motos y bicicletas. Sin dinero para costearse los traslados, a su manera y con un indomable espíritu deportivo se permitía cubrir extenuantes recorridos en su propia bicicleta desde su pueblo hasta las ciudades donde iba a competir. Como amateur obtuvo lauros en la Copa Pavesi Caldirola, el Gran Premio de Aquilano y la Copa Bendoni.

Campeón Olímpico. Pavesi había ganado dos medallas de oro en 1932 en los Juegos de Los Angeles.

Su primer sueño se vio frustrado. No lo dejaron participar del Mundial de ciclismo en Copenhague en 1931 porque estaba cumpliendo el servicio militar, donde tuvo como compañero a otra gloria del deporte italiano, el futbolista Giuseppe Meazza, ídolo de Milan y figura excluyente de la selección azzurra que ganó los Mundiales de 1934 y 1938. Un año después, tuvo su merecida revancha. El líder fascista Benito Mussolini intervino directamente para incitar y convocar a los jóvenes atletas militares a entrenarse en La Farmesina, el complejo de la villa nobiliaria de Roma, para que pudieran ir a los Juegos Olímpicos de Los Angeles. Después de varias carreras clasificatorias, Pavesi fue citado a la delegación como reserva.

No se amilanó, y su potencial obligó a replantear la decisión. Su entrenador lo observó en los entrenamientos previos y lo incluyó en todas las pruebas para la Squadra italiana. Los resultados, concluyentes: obtuvo dos medallas doradas. Una por su conquista individual, por los 100 kilómetros contrarreloj (una disciplina que luego fue eliminada de los Juegos Olímpicos) que cubrió con un tiempo de 2 horas 28 minutos y 5 segundos. La otra fue por su primer puesto en la competencia en equipos, en la que formó parte junto con Guglielmo Segato y Giuseppe Olmo, quienes se clasificaron en el segundo y cuarto lugar, respectivamente."Resonante triunfo del ciclismo italiano en Los Angeles" , tituló el Journal of Sports el 5 de agosto de 1932.

Una anécdota personal grafica aquella situación. El día anterior a la carrera, Pavesi se había sorprendido al recibir un telegrama de Benito Mussolini. "El Duce me incitaba a la victoria. En el momento me ilusioné de haber tenido un tiffoso (hincha) personal muy especial. Hasta que descubrí que el mismo mensaje era recibido por todos los atletas de mi país", recordó en su última entrevista, publicada en el Clarin Zonal en agosto de 2008.

Tras permanecer un mes en Estados Unidos, su carrera en Europa se vio amenazada por una enfermedad en las amígdalas. En 1937 arribó a Argentina para participar en el mítico Luna Park de la Carrera de los Seis Días, donde los ciclistas competían en parejas, relevándose sin parar. Con una Europa sesgada por los problemas económicos y la Segunda Guerra Mundial, eligió radicarse en el país. Tuvo un taller de bicicletas en Sáenz Peña, organizó múltiples competencias (en las que forjó amistad con Antonio Pedro Alexandre, el abuelo de Marcelo, múltiple campeón argentino) y más tarde se afincó definitivamente en José Clemente Paz, donde pasó sus últimos años en el Hogar Armbruster, una casa de retiro para ancianos.

Testimonio. Un ejemplar de la Gazzetta dello Sport refleja el oro de Pavesi.

En el festejo de su centenario, recibió el homenaje de sus pares, entre ellos Walter Pérez, ganador del título para Argentina en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. El estado italiano, a través de su presidente Giorgio Napolitano, recordó sus títulos y lo distinguió con otra medalla de oro recordativa. En una ceremonia muy emotiva, que se transmitió en vivo por teleconferencia para la comuna de Caorso, Pavesi recibió la presea de manos de su compatriota Claudio Santi, organizador de la "Fiesta del Siglo" realizada en su homenaje en julio de 2010 en el velódromo que lleva su nombre, en Fiorenzuola D'Arda.

Además, un libro cuenta su hazaña y rememora su vida. Lo escribió el periodista Graziano Zilli en 2008 y lleva por título "Attilio Pavesi, la historia de un campeón olímpico".

© Escrito por Walter Daniel Raiño y publicado en el Diario Clerín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el viernes 5 de Agosto de 2011.

sábado, 6 de agosto de 2011

La nueva Energía... De Alguna Manera...

¿Qué es la Nueva Energía?...

Estamos viviendo una época única en la historia del Universo: estamos despertando. ¿A qué? A una nueva realidad, la del Espíritu. Hemos sobrevivido dormidos o semi-dormidos, sin registrar los múltiples dones presentes en nosotros. Nos hemos manejado con menos del 10% de nuestro potencial y, así, nos hemos creído víctimas silentes de un sistema que contribuye a desempoderarnos. Es hora de abrir los ojos a una verdad portentosa: somos Seres Espirituales transitando una experiencia Humana. Es hora de encender el Alma, reconociéndonos en nuestra Esencia. Es hora de unirnos concientemente a la Fuerza Creativa del Universo: el Amor. Somos Hijos de la Luz.

¿Cómo comenzó esta travesía? Si bien hubo muchos antecedentes, se coincide en tomar los años 60 como el inicio a través de la llamada Nueva Era. La Nueva Era es, según sus seguidores, el comienzo de una etapa que rompe con los paradigmas de una civilización belicosa, rígida, institucionalizada y racionalista, abriendo paso a una forma de ser y de pensar diferente, bajo el modelo acuariano (¿recuerdas la famosa “Conspiración de Acuario?”). Es el amanecer de la armonía y el entendimiento entre los hombres, basado en una sensibilidad que capta la energía divina manifestada en la conciencia expandida de la Nueva Humanidad. Es un proyecto que abarca la transformación del mundo contemporáneo tal y como lo conocemos ahora.

Muchos lo llaman también “La Ascensión”. Ascensión es la elevación de la frecuencia vibratoria de nuestros campos energéticos, hacia las octavas más elevadas de luz. Es la fusión con nuestra verdadera naturaleza. Ascender es reconocer nuestra matriz divina y recuperar la conciencia de quienes realmente somos, es nuestro camino de reencontrarnos con Dios, al mismo tiempo que traemos a Dios para manifestarse en nuestra personalidad. Y, con la manifestación de Luz en la Tierra, estamos realizando nuestro propósito divino en el planeta.

La Tierra está pasando actualmente por el proceso de ascensión planetaria, que es un progreso natural que ocurre a todos los planetas en un estado específico de su evolución cuando su base cambia de carbono a silicio. Así, la ascensión personal es la consecuencia de la ascensión planetaria. Y es exactamente esto que nosotros estamos vivenciando en los días de hoy.

La ascensión personal ocurre con la participación activa o no de nosotros. Pero, la conciencia de este proceso puede acelerarse de forma que más personas empiecen a despertarse, pasando a auxiliar al planeta en su transformación lo que hace que la misma pueda ocurrir sin grandes complicaciones (cataclismos, tragedias, desastres naturales, etc.). Esto obviamente se traduce también en menos dramas personales al dejar de vibrar con los paradigmas de la Vieja Energía (lucha, esfuerzo, sufrimiento para evolucionar, estrés, emocionalidad desbordada, etc.) para conectarse con la gracia y la fluidez de la Nueva Energía.

¿Cómo se manifiesta esto en nuestra vida cotidiana?

Existen una serie de señales. Enumeraré algunas:

Físicas: cansancio que no se alivia con el sueño, dolores en músculos y articulaciones, ciclos de sueño interrumpido (algo común es despertarse a las 3 de la mañana o muy frecuentemente), aumento o aparición de alergias estacionales (rinitis a repetición, estornudos), incremento de la sensibilidad a los alimentos (necesidad de una nutrición más sana), disturbios digestivos y desórdenes de la eliminación, recurrencia de viejas enfermedades o síntomas que parecían resueltos, zumbidos en los oídos, problemas hormonales (calores y sudores), linfáticos o inmunológicos y otros. Muchas veces, los estudios médicos no muestran nada anormal o son síntomas que aparecen y desaparecen solos o que son provocados por un gran estrés psicológico.

Mentales: invertir palabras o confundirlas en el habla o la escritura, dificultad para concentrarse (sobre todo en libros espirituales), confusión al tomar decisiones que antes eran fáciles, ansiedad elevada acerca del futuro, hacerse ilusiones sobre cambios sin crear cambios, depresión, estrés.

Emocionales: tristeza por el estado de la condición humana y desesperanza por crear un cambio real en el mundo, sentirse estancado en una rutina y no saber cómo cambiar su realidad, desesperación por repetir lo que parecen ser los mismos patrones, miedo de quizás estar “perdiéndose” de algo crítico, adormecimiento acompañado por comportamientos que distraen, sensación de una inmensa liberación o terminación de vínculos o etapas, sentimiento de insuficiencia en las relaciones significativas, enfado por la apatía propia y general.

Sociales: interrupciones en el trabajo (pérdidas, cambios, indecisiones), sensación de estar en la carrera equivocada, sentimiento de que no se está contribuyendo verdaderamente al mundo, incrementado estrés y presión financiera, dificultad para comunicar claramente las ideas a los demás, enojo con los amigos que han sido esporádicos, poco confiables o ausentes, necesidad de moverse a otra parte del país o del mundo, deseo de largar todo e irse.

Espirituales: dificultad para contactar a los guías, retos para aquietar la mente para la meditación, falta de compromiso con la práctica espiritual, “olvidarse” de rezar, no tener las mismas “visiones” de antes, desilusión sobre el camino espiritual, sentirse distanciado de su grupo de referencia, anhelo o nostalgia por “ir a casa”.

Quizás, te preguntes ¿por qué esto se manifiesta en formas difíciles y dolorosas? Muchos creen que “ser espiritual” o “ascender” significa perfección y ausencia de conflicto. En realidad, la frecuencia de la Ascensión llega a través de una prueba o salto de fe, en donde uno duda de la misma existencia de lo Divino por algún tiempo, pasando la oscura noche del alma, para salir a un lugar mucho más profundo que la fe. Esta emergencia espiritual es una gnosis. Gnosis significa “conocer la Chispa Divina interna por la experiencia directa”.

Entonces, también hay señales del despertar:

Físicas: verse más joven, sentirse más vital, conciencia de que sale calor de manos y pies, elevados sentidos del oído, olfato y gusto, volverse más conciente de cómo el cuerpo se mueve y activar gracia y fluidez a través de la postura y la respiración, poner atención a los lugares de dolor/síntomas/enfermedades del cuerpo para aprender su significado y oportunidades de crecimiento, buscar profesionales holísticos que ayuden en la responsabilidad de las propias creaciones, incrementada habilidad para acceder a la paz interna.

Mentales: desconectarse del “sonido blanco” y la información negativa (TV, radio, chismes), más intuición, habilidad para aprender nuevos conceptos o idiomas, anotarse en una clase de enseñanza “superior”, buscar conectarse a través de los ojos y el corazón, vivir en el aquí y ahora, gnosis incrementada (sé porque lo estoy experimentando).

Emocionales: felicidad al experimentar cosas simples como la puesta del sol o una sonrisa, habilidad reaparecida de permitir que las lágrimas fluyan, aumento del sentido del humor y de reírse del ego, más empatía y conexión con las personas, ganas de mostrar las emociones en lugar de esconder el verdadero yo, darse permiso para seguir los deseos del corazón (“yo soy” y “yo puedo” se vuelven las palabras claves), soltar la necesidad de controlar todo.

Sociales: buscar nuevos amigos o grupos que estén interesados en la vida integrada (equilibrio cuerpo-mente-espíritu), conocer nuevas personas “casualmente” y saber que esto es Dirección Divina, ir a nuevos lugares y salir de la zona de comodidad, ofrecer de corazón ayuda a los otros sabiendo que se está ayudando a uno mismo, saber que todos somos espejos de todos.

Espirituales: ver lo Divino en lo mundano, experimentar verdadera rendición a la Voluntad Divina sin sentirse víctima de las propias elecciones, co-crear con Dios, amarse como se es sin la necesidad de calificar, pedir y recibir confirmación de los guías, sentir a Dios dentro del cuerpo, dejar ir las expectativas de cómo se cree que las cosas “deberían ser” y aceptarlas como son, ser guiado por la intuición espiritual en lugar de limitarse por el miedo, ver la belleza y la abundancia en todo y en todos, ser capaz de trascender las percepciones limitadas de la encarnación y ver la experiencia de vida en la realidad del alma, saber que se está en el hogar ahora.

La Ascensión, vivir en la Nueva Energía se trata de conciencia. Conciencia de que estamos aquí para amar, no para sufrir o “compensar” por errores o fechorías pasadas. Hemos elegido estar aquí para perdonarnos, perdonar y amar. Conciencia de que todo tiene significado en nuestras vidas. Esto implica un flujo continuo de “darse cuenta”, experimentando el presente plenamente. Conciencia de que somos un Ser de Conciencia Estelar que estamos aquí para aprender sobre libre albedrío, la elección y la activación de nuestro Verdadero Yo en esta dimensión. Conciencia de que estamos conectados a todo, de que Todos Somos Uno y que, cuando amamos a otro, nos estamos amando, cuando lastimamos a otro nos estamos lastimando. Conciencia de que las energías están acelerándose y alineándose con la Conciencia Divina. Nosotros elegimos armonía o disonancia. La disonancia ocurre cuando nos olvidamos de Quiénes Somos, cuando caemos en la primera lista de señales.

¿A qué estamos despertando? A nuestra completa y plena conciencia estelar. ¿A qué estamos amando? A nosotros mismos y a nuestra alma, que es lo mismo que amar Todo. ¿Qué estamos perdonando? Todas y cada una de las experiencias que alguna vez hemos tenido y que estaban basadas en la ausencia de Amor. ¿Qué estamos sanando? Todas y cada una de las partes de nuestro Ser Sagrado que están desconectadas (o disonantes) de la Única Fuente de Luz y Amor en la que fuimos creados. Cada momento es un momento para el cambio, para el despertar.

¿Qué podemos hacer para acompañar los cambios más armónicamente?

Adoptemos una actitud flexible: no juzgar ni rechazar lo nuevo, sentir y no pensar.

Reduzcamos al mínimo posible el contacto con información negativa y concienticemos el poder de la palabra: no se trata de escapar de la realidad sino de crear una realidad verdadera, fruto de nuestro Poder Creador. Atraemos lo que somos. Evitemos las conversaciones cargadas de negatividad y los NO (no puedo, no quiero, no soy, no tengo).

Redefinamos quiénes somos y qué hacemos: la crisis de la desocupación mundial es un indicador de los cambios económicos y sociales que se avecinan. Debemos trascender el título o actividad laboral que hayamos elegido y mirar nuestros dones y habilidades. Eso que nos dé placer y alegría realizar, eso que nos es fácil y donde se manifiesta nuestra creatividad y sello personal es lo que estamos llamados a hacer.

Acompañemos los ciclos de la espiral evolutiva: la transformación tiene un comportamiento cíclico: lo ascendente toma impulso retrocediendo. Por lo tanto, si sentimos que hemos perdido el rumbo, tomémoslo con calma y sepamos que estamos viviendo el envión para el próximo nivel.

Dejemos aflorar nuestro Niño Interior para traer creatividad a nuestra vida: la imaginación, la libertad para crear, la intuición, el entusiasmo, las emociones son patrimonio del Niño Interno. Sanarlo, contenerlo, nutrirlo, amarlo es prioritario para que nos ayude a encontrar nuestro verdadero camino.

Démosle cabida a nuevos vínculos y aceptemos la culminación de algunas relaciones afectivas: algunas crecerán o cobrarán nuevas perspectivas, otras demandarán distanciamiento y otras, más amorosas y saludables, comenzarán.

Sepamos que cada ilusión, cada mentira, cada decepción y cada engaño será revelado, independientemente de las consecuencias que esto traiga como resultado: a cada alma le ha sido dada la oportunidad de avanzar hacia el reconocimiento, de mirar lo que el juego de la vida le ha presentado y de abrazar cada experiencia para su plenitud y completud. Negarnos sólo incrementa el juego del sufrimiento y la dualidad. No hay lugar donde esconderse y no hay nada que pueda permanecer mucho tiempo escondido.

Reconozcamos el miedo para transformarlo e integrarlo por medio de la Luz y el Amor: Amor y Miedo representan los dos aspectos de la dualidad en la Tierra. La Luz nos revela que el Amor es lo único que existe; por eso a medida que el aumento de la Luz se hace presente, el ego se defiende con su única herramienta: el miedo (con sus múltiples facetas: enojo, ira, conductas abusivas, envidia, odio, etc.). Aprendamos a transmutar el miedo en amor.

Elijamos aplicar el Principio de Luz y Amor a las relaciones personales, a la formación de empresas y organizaciones: el Amor es la esencia de la solidaridad, de la compasión, del respeto por el otro, de la conciencia comunitaria, del cuidado del medio ambiente, del trabajo saludable. Ya no será posible construir ningún sistema social ni económico basados en el abuso y la violencia.

Conectémonos con nuestro corazón y atendamos a la intuición a la hora de elegir un nuevo lugar para vivir: si no estamos en un espacio que mantenga alta nuestra energía o si sentimos que ya no pertenecemos a determinada zona geográfica, hagamos caso y dejémonos llevar.

Alimentemos nuestro espíritu a través del contacto con nuestro planeta y con todos los seres vivos: la Tierra y la Naturaleza son nuestro sustento, soporte y el medio para conectarnos con nuestra verdadera esencia. Alinearnos con lo ciclos de la naturaleza nos devuelve la armonía perdida y reestablecen un ritmo saludable. Podemos contemplar, relajarnos, respirar, caminar, lo que sea que nos ayude.

Confiemos en la Bondad y el Amor Incondicional de nuestros Guías y de los Seres de Luz del Universo que nos acompañan en este maravilloso período: todos los que nos autoelegimos para transitar esta etapa de Ascensión fuimos acompañados y respaldados en esa decisión con mucho amor y júbilo por Seres de Luz de dimensiones elevadas. Por eso, nadie está solo, nadie es olvidado, nadie está perdido. Recordemos conectarnos y solicitar ayuda y encontraremos el camino hacia la Luz.

En este nuevo paradigma:

Vinimos a la Tierra a manifestar cosas nuevas y maravillosas en el nombre del Creador. Estamos cumpliendo nuestra misión cuando creamos y reclamamos todo el amor, la belleza, la generosidad y la abundancia que el mundo tiene para ofrecernos. Nuestra misión es amar, crear, disfrutar y compartir.

Podemos afirmar, visualizar, soñar y desear todo lo que deseemos, pero, si no creemos que somos dignos de la prosperidad y la abundancia, no nos llegará el suministro interminable de opulencia. Estaremos poniendo una barrera entre nosotros y el regalo de la Creación, a través de las formas de pensamiento negativas que hemos construido a nuestro alrededor.

No es necesario, y tampoco efectivo, rezar, rogar o pedir por la abundancia. Ya es nuestra para que la tomemos. Como una faceta del Creador, no hay nada fuera de nosotros, ninguna fuerza externa que satisfaga nuestros deseos. Está dentro de nosotros reclamarla. El Creador no va a interceder o interferir ni va a darnos nada. Recordemos que se nos dijo que saliéramos y creáramos en el nombre del Señor. Por lo tanto, somos los co-creadores de cualquier cosa que hayamos experimentado y que vayamos a experimentar. Entonces, ¿por qué no comenzar a crear amor, júbilo, paz y abundancia en nuestras vidas?

Recordemos: Sanemos y dejemos ir el pasado. Visualicemos y establezcamos metas para el futuro. Tomemos la acción necesaria para traer nuestra visión a gusto. Vivamos en el momento presente, ya que es el único tiempo en el que podemos penetrar dentro de la Energía Cósmica de Fuerza de Vida, desde donde son creadas todas las cosas.

Las características de la dualidad liberada son: escuchar el lenguaje de nuestra alma, la que habla a través de nuestros sentimientos; actuar basados en este lenguaje y crear los cambios que nuestra alma desea realizar; valorar el tiempo en que estamos solos, ya que sólo en silencio podemos oír los susurros del alma; cuestionar la autoridad de los modelos de pensamiento o reglas de comportamiento que bloqueen la libre expresión de nuestra verdadera inspiración y aspiración.

No existe nada ni nadie que pueda quitarnos o reducir el amor que tiene el Creador por nosotros. Somos una faceta divina de Amor del Corazón del Creador y, como tal, nuestro derecho divino de nacimiento está asegurado. Todo lo que tenemos que hacer es reclamarlo.

El amor llega de muchas formas. Sólo nosotros podemos decidir cómo vamos a expresar el precioso regalo del Amor. Sintámoslo, experimentémoslo al máximo por nosotros mismos y repartámoslo.

Podemos ser o tener o convertirnos en cualquier cosa que podemos visualizar.

He tratado de hacer un resumen de la enorme cantidad de canalizaciones acerca de la Nueva Energía. Espero haber podido plasmar una nueva visión para tu vida y haberte dado las herramientas para lograrlo. La más grande es que te reconozcas una Chispa Divina del Corazón de Dios y, como tal, con derecho para co-crear lo que anhelas. Aquí estoy para acompañarte en este hermoso proceso de Ascensión.

© Escrito por Laura Foletto y publicado en http://www.abrazarlavida.com.ar

Memoria Feliz... De Alguna Manera...

Memoria feliz...

Tres granujas, cabello como el trigo

y sus mallas iguales, amarillas

carcajadas y juegos en la orilla

es memoria feliz, recuerdo amigo.


Otro tiempo de mar era el lugar

travesuras, las olas, picardía

un momento de luz y de alegría

es instante de gloria que añorar.


Y después pelota y el picado

cuatro prendas los arcos pertinentes

gran barullo feliz e irreverente

ese tiempo genial hoy tan pasado.


Estos versos que lucen infidentes

para ellos no existe lo privado

mi sentir, los hijos tan amados

siempre están en mis sueños, en la mente.

Julio Cortázar... Final del Juego... De Alguna Manera...

Final del Juego...
Con Leticia y Holanda íbamos a jugar a las vías del Central Argentino los días de calor, esperando que mamá y tía Ruth empezaran su siesta para escaparnos por la puerta blanca. Mamá y tía Ruth estaban siempre cansadas después de lavar la loza, sobre todo cuando Holanda y yo secábamos los platos porque entonces había discusiones, cucharitas por el suelo, frases que sólo nosotras entendíamos, y en general un ambiente en donde el olor a grasa, los maullidos de José y la oscuridad de la cocina acababan en una violentísima pelea y el consiguiente desparramo. Holanda se especializaba en armar esta clase de líos, por ejemplo dejando caer un vaso ya lavado en el tacho del agua sucia, o recordando como al pasar que en la casa de las de Loza había dos sirvientas para todo servicio. Yo usaba otros sistemas, prefería insinuarle a tía Ruth que se le iban a paspar las manos si seguía fregando cacerolas en vez de dedicarse a las copas o los platos, que era precisamente lo que le gustaba lavar a mamá , con lo cual las enfrentaba sordamente en una lucha de ventajeo por la cosa fácil. El recurso heroico, si los consejos y las largas recordaciones familiares empezaban a saturarnos, era volcar agua hirviendo en el lomo del gato. Es una gran mentira eso del gato escaldado, salvo que haya que tomar al pie de la letra la referencia al agua fría; porque de la caliente José no se alejaba nunca, y hasta parecía ofrecerse, pobre animalito, a que le volcá ramos media taza de agua a cien grados o poco menos, bastante menos probablemente porque nunca se le caía el pelo. La cosa es que ardía Troya, y en la confusión coronada por el espléndido si bemol de tía Ruth y la carrera de mamá en busca del bastón de los castigos, Holanda y yo nos perdíamos en la galería cubierta, hacia las piezas vacías del fondo donde Leticia nos esperaba leyendo a Ponson du Terrail, lectura inexplicable.

Por lo regular mamá nos perseguía un buen trecho, pero las ganas de rompernos la cabeza se le pasaban con gran rapidez y al final (habíamos trancado la puerta y le pedíamos perdón con emocionantes partes teatrales) se cansaba y se iba, repitiendo la misma frase: "Van a acabar n en la calle, estas mal nacidas".

Donde acabábamos era en las vías del Central Argentino, cuando la casa quedaba en silencio y veíamos al gato tenderse bajo el limonero para hacer él también su siesta perfumada y zumbante de avispas. Abríamos despacio la puerta blanca, y al cerrarla otra vez era como un viento, una libertad que nos tomaba de las manos, de todo el cuerpo y nos lanzaba hacia adelante. Entonces corríamos buscando impulso para trepar de un envión al breve talud del ferrocarril, encaramadas sobre el mundo contemplábamos silenciosas nuestro reino.

Nuestro reino era así: una gran curva de las vías acababa su comba justo frente a los fondos de nuestra casa. No había más que el balasto, los durmientes y la doble vía; pasto ralo y estúpido entre los pedazos de adoquín donde la mica, el cuarzo y el feldespato Ä que son los componentes del granito Ä brillaban como diamantes legítimos contra el sol de las dos de la tarde. Cuando nos agachá bamos a tocar las vías (sin perder tiempo porque hubiera sido peligroso quedarse mucho ahí, no tanto por los trenes como por los de casa si nos llegaban a ver) nos subía a la cara el fuego de las piedras, y al pararnos contra el viento del río era un calor mojado pegá endose a las mejillas y las orejas. Nos gustaba flexionar las piernas y bajar, subir, bajar otra vez, entrando en una y otra zona de calor, estudiá nonos las caras para apreciar la transpiración, con lo cual al rato éramos una sopa. Y siempre calladas, mirando al fondo de las vías, o el río al otro lado, el pedacito de río color café con leche.

Después de esta primera inspección del reino bajá bamos el talud y nos metíamos en la mala sombra de los sauces pegados a la tapia de nuestra casa, donde se abría la puerta blanca. Ahí estaba la capital del reino, la ciudad silvestre y la central de nuestro juego. La primera en iniciar el juego era Leticia, la más feliz de las tres y la más privilegiada. Leticia no tenía que secar los platos ni hacer las camas, podía pasarse el día leyendo o o pegando figuritas, y de noche la dejaban quedarse hasta más tarde si lo pedía, aparte de la pieza solamente para ella, el caldo de hueso y toda clase de ventajas. Poco a poco se había ido aprovechando de los privilegios, y desde el verano anterior dirigía el juego, yo creo que en realidad dirigía el reino; por lo menos se adelantaba a decir las cosas y Holanda y yo aceptá bamos sin protestar, casi contentas. Es probable que las largas conferencias de mamá sobre cómo debíamos portarnos con Leticia hubieran hecho su efecto, o simplemente que la queríamos bastante y no nos molestaba que fuese la jefa. L ástima que no tenía aspecto para jefa, era la más baja de las tres, y tan flaca. Holanda era flaca, y yo nunca pesé más de cincuenta kilos, pero Leticia era la más flaca de las tres, y para peor una de esas flacuras que se ven de fuera, en el pescuezo y las orejas. Tal vez el endurecimiento de la espalda la hacía parecer más flaca, como casi no podía mover la cabeza a los lados daba la impresión de una tabla de planchar parada, de esas forradas de género blanco como había en la casa de las de Loza. Una tabla de planchar con la parte más ancha para arriba, parada contra la pared. Y nos dirigía.

La satisfacción más profunda era imaginarme que mamá o tía Ruth se enteraran un día del juego. Si llegaban a enterarse del juego se iba a armar una meresunda increíble. El si bemol y los desmayos, las inmensas protestas de devoción y sacrificio malamente recompensados, el amontonamiento de invocaciones a los castigos más célebres, para rematar con el anuncio de nuestros destinos, que consistían en que las tres terminaríamos en la calle. Esto último siempre nos había dejado perplejas, porque terminar en la calle nos parecía bastante normal.

Primero Leticia nos sorteaba. Usábamos piedritas escondidas en la mano, contar hasta veintiuno, cualquier sistema. Si usábamos el de contar hasta veintiuno, imaginábamos dos o tres chicas más y las incluíamos en la cuenta para evitar trampas. Si una de ellas salía veintiuna, la sacá bamos del grupo y sorteá bamos de nuevo, hasta que nos tocaba a una de nosotras. Entonces Holanda y yo levantá bamos la piedra y abríamos la caja de los ornamentos. Suponiendo que Holanda hubiese ganado, Leticia y yo escogíamos los ornamentos. El juego marcaba dos formas: estatuas y actitudes. Las actitudes no requerían ornamentos pero sí mucha expresividad, para la envidia mostrar los dientes, crispar las manos y arreglá rselas de modo de tener un aire amarillo. Para la caridad el ideal era un rostro angélico, con los ojos vueltos al cielo, mientras las manos ofrecían algo -un trapo, una pelota, una rama de sauce- a un pobre huerfanito invisible. La vergüenza y el miedo eran fáciles de hacer; el rencor y los celos exigían estudios más detenidos. Los ornamentos se destinaban casi todos a las estatuas, donde reinaba una libertad absoluta. Para que una estatua resultara, había que pensar bien cada detalle de la indumentaria.

El juego marcaba que la elegida no podía tomar parte en la selección; las dos restantes debatían el asunto y aplicaban luego los ornamentos. La elegida debía inventar su estatua aprovechando lo que le habían puesto, y el juego era así mucho m s complicado y excitante porque a veces había alianzas contra, y la víctima se veía ataviada con ornamentos que no le iban para nada; de su viveza dependía entonces que inventara una buena estatua. Por lo general cuando el juego marcaba actitudes la elegida salía bien parada pero hubo veces en que las estatuas fueron fracasos horribles. Lo que cuento empezó vaya a saber cuá ndo, pero las cosas cambiaron el día en que el primer papelito cayó del tren. Por supuesto que las actitudes y las estatuas no eran para nosotras mismas, porque nos hubiéramos cansado en seguida. El juego marcaba que la elegida debía colocarse al pie del talud, saliendo de la sombra de los sauces, y esperar el tren de las dos y ocho que venía del Tigre. A esa altura de Palermo los trenes pasan bastante r pido, y no nos daba vergüenza hacer la estatua o la actitud. Casi no veíamos a la gente de las ventanillas, pero con el tiempo llegamos a tener pr ctica y sabíamos que algunos pasajeros esperaban vernos.

Un señor de pelo blanco y anteojos de carey sacaba la cabeza por la ventanilla y saludaba a la estatua o la actitud con el pañuelo. Los chicos que volvían del colegio sentados en los estribos gritaban cosas al pasar, pero algunos se quedaban serios mirá ndonos. En realidad la estatua o la actitud no veía nada, por el esfuerzo de mantenerse inmóvil, pero las otras dos bajo los sauces analizaban con gran detalle el buen éxito o la indiferencia producidos. Fue un martes cuando cayó el papelito, al pasar el segundo coche. Cayó muy cerca de Holanda, que ese día era la maledicencia, y reboto hasta mí. Era un papelito muy doblado y sujeto a una tuerca. Con letra de varón y bastante mala, decía: "Muy lindas estatuas. Viajo en la tercera ventanilla del segundo coche, Ariel B." Nos pareció un poco seco, con todo ese trabajo de atarle la tuerca y tirarlo, pero nos encantó. Sorteamos para saber quién se lo quedaría, y me lo gané.. Al otro día ninguna quería jugar para poder ver cómo era Ariel B., pero temimos que interpretara mal nuestra interrupción, de manera que sorteamos y ganó Leticia. Nos alegramos mucho con Holanda porque Leticia era muy buena como estatua, pobre criatura. La parálisis no se notaba estando quieta, y ella era capaz de gestos de una enorme nobleza. Como actitudes elegía siempre la generosidad, el sacrificio y el renunciamiento. Como estatuas buscaba el estilo de Venus de la sala que tía Ruth llamaba la Venus del Nilo. Por eso le elegimos ornamentos especiales para que Ariel se llevara una buena impresión. Le pusimos un pedazo de terciopelo verde a manera de túnica, y una corona de sauce en el pelo. Como andá bamos de manga corta, el efecto griego era grande. Leticia se ensayó un rato a la sombra, y decidimos que nosotras nos asomaríamos también y saludaríamos a Ariel con discreción pero muy amables.

Leticia estuvo magnífica, no se le movía ni un dedo cuando llegó el tren Como no podía girar la cabeza la echaba para atrás, juntado los brazos al cuerpo casi como si le faltaran; aparte el verde de la túnica, era como mirar la Venus del Nilo. En la tercera ventanilla vimos a un muchacho de rulos rubios y ojos claros que nos hizo una gran sonrisa al descubrir que Holanda y yo lo salud bamos. El tren se lo llevó en un segundo, pero eran las cuatro y media y todavía discutíamos si vestía de oscuro, si llevaba corbata roja y si era odioso o simpático. El jueves yo hice la actitud del desaliento, y recibimos otro papelito que decía: "Las tres me gustan mucho. Ariel." Ahora él sacaba la cabeza y un brazo por la ventanilla y nos saludaba riendo. Le calculamos dieciocho años (seguras que no tenía más de dieciséis) y convinimos en que volvía diariamente de algún colegio inglés. Lo más seguro de todo era el colegio inglés, no aceptá bamos un incorporado cualquiera. Se vería que Ariel era muy bien. Pasó que Holanda tuvo la suerte increíble de ganar tres días seguidos. Superá ndose, hizo las actitudes del desengaño y el latrocinio, y una estatua dificilísima de bailarina, sosteni‚ndose en un pie desde que el tren entró en la curva. Al otro día gané yo, y después de nuevo; cuando estaba haciendo la actitud del horror, recibí casi en la nariz un papelito de Ariel que al principio no entendimos: "La más linda es la más haragana." Leticia fue la última en darse cuenta, la vimos que se ponía colorada y se iba a un lado, y Holanda y yo nos miramos con un poco de rabia. Lo primero que se nos ocurrió sentenciar fue que Ariel era un idiota, pero no podíamos decirle eso a Leticia, pobre ángel, con su sensibilidad y la cruz que llevaba encima. Ella no dijo nada, pero pareció entender que el papelito era suyo y se lo guardó. Ese día volvimos bastante calladas a casa, y por la noche no jugamos juntas.

En la mesa Leticia estuvo muy alegre, le brillaban los ojos, y mamá miró una o dos veces a tía Ruth como poniéndola de testigo de su propia alegría. En aquellos días estaban ensayando un nuevo tratamiento fortificante para Leticia, y por lo visto era una maravilla lo bien que le sentaba. Antes de dormirnos, Holanda y yo hablamos del asunto. No nos molestaba el papelito de Ariel, desde un tren andando las cosas se ven como se ven, pero nos parecía que Leticia se estaba aprovechando demasiado de su ventaja sobre nosotras. Sabía que no le íbamos a decir nada, y que en una casa donde hay alguien con algún defecto físico y mucho orgullo, todos juegan a ignorarlo empezando por el enfermo, o más bien se hacen los que no saben que el otro sabe. Pero tampoco había que exagerar y la forma en que Leticia se había portado en la mesa, o su manera de guardarse el papelito, era demasiado. Esa noche yo volví a soñar mis pesadillas con trenes, anduve de madrugada por enormes playas ferroviarias cubiertas de vías llenas de empalmes, viendo a distancia las luces rojas de locomotoras que venían, calculando con angustia si el tren pasaría a mi izquierda, y a la vez amenazada por la posible llegada de un rápido a mi espalda o Ä lo que era peor Ä que a último momento Uno de los trenes tomara uno de los desvíos y se me viniera encima. Pero de mañana me olvidé porque Leticia amaneció muy dolorida y tuvimos que ayudarla a vestirse. Nos pareció que estaba un poco arrepentida de lo de ayer y fuimos muy buenas con ella, diciéndole que esto le pasaba por andar demasiado, y que tal vez lo mejor sería que se quedara leyendo en su cuarto.

Ella no dijo nada pero vino a almorzar a la mesa, y a las preguntas de mamá contestó que ya estaba muy bien y que casi no le dolía la espalda. Se lo decía y nos miraba. Esa tarde gané yo, pero en ese momento me vino un no sé qué y le dije a Leticia que le dejaba mi lugar, claro que sin darle a entender por qué. Ya que el otro la prefería, que la mirara hasta cansarse. Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas sencillas para no complicarle la vida, y ella inventó una especie de princesa china, con aire vergonzoso, mirando al suelo y juntando las manos como hacen las princesas chinas. Cuando pasó el tren, Holanda se puso de espaldas bajo los sauces pero yo miré y vi que Ariel no tenía ojos más que para Leticia. La siguió mirando hasta que el tren se perdió en la curva, y Leticia estaba inmóvil y o sabía que él acababa de mirarla así. Pero cuando vino a descansar bajo los sauces vimos que sí sabía, y que le hubiera gustado seguir con los ornamentos toda la tarde, toda la noche.

El miércoles sorteamos entre Holanda y yo porque Leticia nos dijo que era justo que ella se saliera. Ganó Holanda con su suerte maldita, pero la carta de Ariel cayó de mi lado. Cuando la levanté tuve el impulso de dársela a Leticia que no decía nada, pero pensé que tampoco era cosa de complacerle todos los gustos, y la abrí despacio. Ariel anunciaba que al otro día iba a bajarse en la estación vecina y que vendría por el terraplén para charlar un rato. Todo estaba terriblemente escrito, pero la frase final era hermosa: "Saludo a las tres estatuas muy atentamente. " La firma parecía un garabato aunque se notaba la personalidad.

Mientras le quitábamos los ornamentos a Holanda, Leticia me miró una o dos veces. Yo les había leído el mensaje y nadie hizo comentarios, lo que resultaba molesto porque al fin y al cabo Ariel iba a venir y había que pensar en esa novedad y decidir algo. Si en casa se enteraban, o por desgracia a alguna de las de Loza le daba por espiarnos, con lo envidiosas que eran esas enanas, seguro que se iba a armar la meresunda. Además que era muy raro quedarnos calladas con una cosa así, sin mirarnos casi mientras guard bamos los ornamentos y volvíamos por la puerta blanca. Tía Ruth nos pidió a Holanda y a mí que bañáramos a José, se llevó a Leticia para hacerle el tratamiento, y por fin pudimos desahogarnos tranquilas. Nos parecía maravilloso que viniera Ariel, nunca habíamos tenido un amigo así, a nuestro primo Tito no lo contábamos, un tilingo que juntaba figuritas y creía en la primera comunión. Estábamos nerviosísimas con la expectativa y José pagó el pato, pobre ángel. Holanda fue más valiente y sacó el tema de Leticia. Yo no sabía que pensar, de un lado me parecía horrible que Ariel se enterara, pero también era justo que las cosas se aclararan porque nadie tiene por qué‚ perjudicarse a causa de otro. Lo que yo hubiera querido es que Leticia no sufriera, bastante cruz tenía encima y ahora con el nuevo tratamiento y tantas cosas.

A la noche mamá se extrañó de vernos tan calladas y dijo qué milagro, si nos habían comido la lengua los ratones, después miró a tía Ruth y las dos pensaron seguro que habíamos hecho alguna gorda y que nos remordía la conciencia. Leticia comió muy poco y dijo que estaba dolorida, que la dejaran ir a su cuarto a leer Rocambole. Holanda le dio el brazo aunque ella no quería mucho, y yo me puse a tejer, que es una cosa que me viene cuando estoy nerviosa. Dos veces pensé‚ ir al cuarto de Leticia, no me explicaba qué hacían esas dos ahí solas, pero Holanda volvió con aire de gran importancia y se quedó a mi lado sin hablar hasta que mamá y tía Ruth levantaron la mesa. "Ella no va a ir mañana. Escribió una carta y dijo que si él pregunta mucho, se la demos." Entornando el bolsillo de la blusa me hizo ver un sobre violeta. Después nos llamaron para secar los platos, y esa noche nos dormimos casi en seguida por todas las emociones y el cansancio de bañar a José.

Al otro día me tocó a mi salir de compras al mercado y en toda la mañana no vi a Leticia que seguía en su cuarto. Antes que llamaran a la mesa entré un momento y la encontré al lado de la ventana, con muchas almohadas y el tomo noveno de Rocambole. Se veía que estaba mal, pero se puso a reír y me contó de una abeja que no encontraba la salida y de un sueño cómico que había tenido. Yo le dije que era una lástima que no fuera a venir a los sauces, pero me parecía tan difícil decírselo bien. "Si querés podemos explicarle a Ariel que estabas descompuesta", le propuse, pero ella decía que no y se quedaba callada. Yo insistí un poco en que viniera, y al final me animé y le dije que no tuviese miedo, poniéndole como ejemplo que el verdadero cariño no conoce barreras y otras ideas preciosas que habíamos aprendido en El Tesoro de la Juventud, pero era cada vez más difícil decirle nada porque ella miraba la ventana y parecía como si fuera a ponerse a llorar. Al final me fui diciendo que mamá me precisaba.

El almuerzo duró días, y Holanda se ganó un sopapo de tía Ruth por salpicar el mantel con tuco. Ni me acuerdo de cómo secamos los platos, de repente Estábamos en los sauces y las dos nos abraz bamos llenas de felicidad y nada celosas una de otra. Holanda me explicó todo lo que teníamos que decir sobre nuestros estudios para que Ariel se llevara una buena impresión, porque los del secundario desprecian a las chicas que no han hecho másque la primaria y solamente estudian corte y repujado al aceite. Cuando pasó el tren de las dos y ocho Ariel sacó los brazos con entusiasmo, y con nuestros pañuelos estampados le hicimos señas de bienvenida. Unos veinte minutos después lo llegar por el terraplén, y era más alto de lo que pens bamos y todo de gris. Bien no me acuerdo de lo que hablamos al principio, él era bastante tímido a pesar de haber venido y los papelitos, y decía cosas muy pensadas.

Casi en seguida nos elogió mucho las estatuas y las actitudes y preguntó cómo nos llamábamos y por qu‚ faltaba la tercera. Holanda explicó que Leticia no había podido venir, y él dijo que era una l stima y que Leticia le parecía un nombre precioso. Después nos contó cosas del Industrial, que por desgracia no era un colegio ingl‚s, y quiso saber si le mostraríamos los ornamentos. Holanda levantó la piedra y le hicimos ver las cosas. A él para la estatua oriental", con lo que quería decir la princesa china. Nos sentamos a la sombra de un sauce y él estaba contento pero distraído, se veía que sólo se quedaba de bien educado. Holanda me miró dos o tres veces cuando la conversación decaía, y eso nos hizo mucho mal a las dos, nos dio deseos de irnos o que Ariel no hubiese venido nunca. El preguntó otra vez si Leticia estaba enferma, y Holanda me miró y yo creí que iba a decirle, pero en cambio contestó que Leticia no había podido venir. Con una ramita Ariel dibujaba cuerpos geom‚tricos en la tierra, y de cuando en cuando miraba la puerta blanca y nosotras sabíamos lo que estaba pasando, por eso Holanda hizo bien en sacar el sobre violeta y alcanz rselo, y él se quedó sorprendido con el sobre en la mano, después se puso muy colorado mientras le explic bamos que eso se lo mandaba Leticia, y se guardó la carta en el bolsillo de adentro del saco sin querer leerla delante de nosotras. Casi en seguida dijo que había tenido un gran placer y que estaba encantado de haber venido, pero su mano era blanda y antip tica de modo que fue mejor que la visita se acabara, aunque mástarde no hicimos másque pensar en sus ojos grises y en esa manera triste que tenía de sonreír.

También nos acordamos de cómo se había despedido diciendo: "Hasta siempre", una forma que nunca habíamos oído en casa y que nos pareció tan divina y po‚tica. Todo se lo contamos a Leticia que nos estaba esperando debajo del limonero del patio, y yo hubiese querido preguntarle qu‚ decía su carta pero me dio no s‚ qu‚ porque ella había cerrado el sobre antes de confi rselo a Holanda, así que no le dije nada y solamente le contamos cómo era Ariel y cuantas veces había preguntado por ella. Esto no era nada f fác de decírselo porque era una cosa linda y mala a la vez, nos d bamos cuenta que Leticia se sentía muy feliz y al mismo tiempo estaba casi llorando, hasta que nos fuimos diciendo que tía Ruth nos precisaba y la dejamos mirando las avispas del limonero.

Cuando íbamos a dormirnos esa noche, Holanda me dijo: "Vas a ver que mañana se acaba el juego." Pero se equivocaba aunque no por mucho, y al otro día Leticia nos hizo la seña convenida en el momento del postre. Nos fuimos a lavar la loza bastante asombradas y con un poco de rabia, porque eso era una desvergüenza de Leticia y no estaba bien. Ella nos esperaba en la puerta y casi nos morimos de miedo cuando al llegar a los sauces vimos que sacaba del bolsillo el collar de perlas de mamá y todos los anillos, hasta el grande con rubí de tía ruth. Si las de Loza espiaban y nos veían con las alhajas, seguro que mamá iba a saberlo en seguida y que nos mataría, enanas asquerosas. Pero Leticia no estaba asustada y dijo que si algo sucedía ella era la única responsable. "Quisiera que me dejaran hoy a mí", agregó sin mirarnos. Nosotras sacamos en seguida los ornamentos, de golpe queríamos ser tan buenas con Leticia, darle todos los gustos y eso que en el fondo nos quedaba un poco de encono. Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas preciosas que iban bien con las alhajas, muchas plumas de pavorreal para sujetar el pelo, una piel que de lejos parecía un zorro plateado, y un velo rosa que ella se puso como un turbante. La vimos que pensaba, ensayando la estatua pero sin moverse, y cuando el tren apareció en la curva fue a ponerse al pie del talud con todas las alhajas que brillaban al sol. Levantó los brazos como si en vez de una estatua fuera a hacer una actitud, y con las manos señaló el cielo mientras echaba la cabeza hacia atrás (que era lo único que podía hacer, pobre) y doblaba el cuerpo hasta darnos miedo.

Nos pareció maravillosa, la estatua másregia que había hecho nunca, y entonces vimos a Ariel que la miraba, salido de la ventanilla la miraba solamente a ella, girando la cabeza y mir ndola sin vernos a nosotras hasta que el tren se lo llevó de golpe. No s‚ por qu‚ las dos corrimos al mismo tiempo a sostener a Leticia que estaba con lo ojos cerrados y grandes l grimas por toda la cara. Nos rechazó sin enojo, pero la ayudamos a esconder las alhajas en el bolsillo, y se fue sola a casa mientras guard bamos por última vez los ornamentos en su caja. Casi sabíamos lo que iba a suceder, pero lo mismo al otro día fuimos las dos a los sauces, después que tía Ruth nos exigió silencio absoluto para no molestar a Leticia que estaba dolorida y quería dormir. Cuando llegó el tren vimos sin ninguna sorpresa la tercera ventanilla vacía, y mientras nos sonreíamos entre aliviadas y furiosas, imaginamos a Ariel viajando del otro lado del coche, quieto en su asiento, mirando hacia el río con sus ojos grises.

(Julio Cortázar, "Final del Juego" 1956)
Transcripto por Cybeles (Norberto Gil) - Julio de 1996.

© http://www.juliocortazar.com.ar

jueves, 4 de agosto de 2011

King C. Gillette... De Alguna Manera...

King C. Gillette...

Quiero que sepais que la maquinilla de afeitar la inventó un hombre con cara, nombre y apellidos: King C. Gillette. De ascendencia rusa su familia se trasladó a Chicago dónde lo perdió todo tras el gran incendio de 1871. Mientras trabajaba como viajante de comercio para la empresa Crown Cork, que comercializaba de uno de los grandes inventos de la humanidad, el tapón corona, o sea las chapas con las que se cierran todavía hoy en día la mayoria de las bebidas envasadas, su cabeza daba vueltas al hecho de que lo que él vendía para otros era la esencia misma del negocio: un producto que una vez usado había que tirar. Ya había probado suerte con otros inventos pero un día que su navaja de afeitar se había desafilado, según él mismo cuenta tuvo una visión y tal como la tuvo, la dibujó y la registró. No fue un proceso de investigación, ni de evolución de una idea a otra. Sencillamente la vió y como la vió pretendió desarrollarla

El proceso para llegar a producirla fue largo y penoso ya que con su sueldo de viajante poco podía avanzar y más si sumamos a esto que los propios fabricantes del prototipo le desanimaban diciendole que una lámina de acero tan fina no iba a funcionar, sin embargo tras unos meses de incertidumbre con la ayuda de unos cientos de dólares que aportó un socio que creyó en su idea creó la Gillette Safety Razor Company. El primer año vendió noventa maquinillas mientras aún seguía trabajando como viajante para la Crown Cork. Y de pronto vino el éxito. Más socios, más dinero. Construyó una factoría y comenzó a producir masivamente el producto que se encuentra en el epicentro de la esencia del capitalismo: vender algo que después de usarlo cuatro o cinco veces lo tienes que tirar para comprar otro. Sus maquinillas y sus hojas de afeitar de recambio ya se encontraban en todos los lugares del planeta y lo más sorprendente es que la gente lo reconocía allí donde iba y se sorprendían de que el rostro que aparecía en los envases fuera el de una persona real.

Unos años más tarde, acicateado por un crack económico, vendió su participación en la empresa por la ridícula suma de 900.000 dólares y se retiró a un monumental rancho que se había construído en Santa Mónica a cultivar sus árboles frutales aunque su rostro siguió apareciendo, como un emblema, en las etiquetas de la compañía hasta muchos años después.

Pero la parte más interesante de su vida aún estaba por llegar. King C. Gillette, después de haber sido el baluarte del capitalismo más duro, su ideología evolucionó, a medida que maduraba, hacia un socialismo utópico y escribió dos libros, uno de ellos mano a mano con Upton Sinclair, en los que planteaba un nuevo tipo de sociedad en el que la gente sólo tendría que trabajar cinco años de su vida y el resto del tiempo podría dedicarlo a hace rlo que quisiera.

La base de dicho proyecto era una megaciudad, que funcionaría sin gasto de energía porque la tomaría toda de las Cataratas del Niágara, a la que llamaría Metrópolis. En el centro de dicha ciudad habría una empresa, la United, que lo fabricaría todo y para la que los habitantes tendrían que trabajar gratis cinco años de su vida y que, a cambio, recibirían alojamiento, ropa y comida gratis a lo largo de toda su vida, eliminando así la codicia y la ambición, ya que todo estaría al alcance de la mano de todos, solo necesitarían pedirlo.

La estructura de Metrópolis sería una retícula ajardinada con 24.000 torres de apartamentos, cada torre con un espacio común central, donde se encontrarían una serie de servicios entre los que estarían uno de los grandes avances sociales ideado por Gillette: las cocinas comunales, en las que trabajarían voluntarios, igual que en la factoría, aliviando así para siempre a la mujer del trabajo doméstico.

Este es el aspecto que tendría una de esas torres

Absolutamente todo está previsto en sus escritos. Por ejemplo que las conducciones de energía estarían en un nivel inferior y serían de fácil acceso para no tener que excavar ni hacer boquetes en las calles y así se podría tirar un nuevo cableado o arreglar el alcantarillado sin tener que hacer un trabajo innecesario. Las cúpulas que coronan cada torre estarían revestidas de un cristal que cambiaría de colores, creando efectos de luz. Las calles y los jardines estarían poblados de estatuas y obras de arte, como una galería de belleza sin fin, para deleite de los habitantes que tendrían todo el tiempo del mundo para disfrutarlas...

Es evidente que nada de esto se llegó a construir nunca y que todo quedó en el sueño utópico de un hombre que persiguió un ideal, el de que la humanidad fuera más feliz, menos competitiva, menos injusta, sin diferencias de clase, sin pobreza, sin delitos...

King murió el 9 de julio de 1932 y está enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery, en California, donde espera, sin prisa, que la humanidad deje de vivir el caos.

© Publicado por http://www.luispita.com


domingo, 31 de julio de 2011

Eugenio Raúl Zaffaroni... El juez incorrecto... De Alguna Manera...

El juez incorrecto

Aprueba la reducción de la Corte. Se queja de la prohibición de fumar. Los juicios por jurados. Espionaje de sus mails. El parecido con Putín. Aclara: “No soy afrancesado”. Dice que Kirchner es populista.

En su casa de Flores, Eugenio Raúl Zaffaroni tiene un estudio con puertas-ventanales que dejan ver un frondoso patio interno. Ese es su lugar en el mundo. Allí están su computadora, sus inmensas bibliotecas y una exótica colección de recuerdos de la innumerable cantidad de ciudades del mundo que visitó. Recibió tantos adornos de regalo que hasta pudo armar una estantería, que ocupa una pared, con aquellos que tienen un significado religioso. Así es el lugar favorito del primer juez que eligió Néstor Kirchner en el 2003 para integrar la Corte Suprema en reemplazo de la mayoría automática menemista.

Noticias: Su elección fue la más cuestionada a la Corte.

Raúl Zaffaroni: Fue un debate político. La pulseada no era conmigo, era con el Presidente. Quedé en el medio.

“Soltero” o “garantista” fueron algunas de las insólitas imputaciones que recibió Zaffaroni antes de asumir, epítetos que describían mejor a los acusadores que al supuesto acusado. Lejos de amilanarse, en la entrevista con NOTICIAS, el juez se hará cargo de su perfil y también del resguardo de su privacidad mítica que a tantos desvela. Sin prejuicios ni concesiones, revelará sus pensamientos más íntimos. Con sus palabras y sus silencios.

Noticias: ¿Qué le parece el proyecto de reducción de la Corte?

Zaffaroni: Muy bueno, porque nos ahorramos meses de discusión política sobre candidatos para la Corte en un año electoral, lo que nunca es muy sano en lo institucional. Y además, podremos resolver causas en las que no conseguíamos mayoría.

Noticias: ¿No le pareció excesiva la demora para definir el tema?

Zaffaroni: No sé cuáles habrán sido los motivos. Hubiera preferido que se resolviese antes.

Noticias: ¿Considera que como juez marcó una escuela?

Zaffaroni: Hay mucha gente que hace cosas parecidas a las que hago yo. Quizás sea más inimputable.

Noticias: ¿Por qué?

Zaffaroni: Hay episodios que te hacen perder el temor a ciertas cosas. Fui juez federal en los últimos meses del gobierno constitucional antes de la dictadura. Era muy duro. Después pasé a la Justicia ordinaria y las discusiones me parecían cosas de vecindario. Frente a que no sabías si una noche te acostabas y te velaban o te ponían una bomba en la casa, lo otro era secundario. Sin esa experiencia, hubiese sido un poco más temeroso o prudente. Pero ante eso, no le das importancia a las boludeces. Además, a medida que pasan los años a uno le queda menos.

Noticias: ¿Quiere decir que la edad le quita la autocensura?

Zaffaroni: Sí. Tenía temor de lo que podría hacer al envejecer. Pero me di cuenta de que nunca se hacen estupideces que uno de joven no habría hecho; sino que las hacés, pero con menos frenos inhibitorios.

Noticias: Como una nueva adolescencia. Disfruta más de la libertad.

Zaffaroni: Sí. ¿Qué puede pasar, que me tenga que exiliar? Bueno, no es tan grave. Me siento más libre que a los 30.

Noticias: ¿Hoy hay más jueces que piensan como usted?

Zaffaroni: Siempre hubo, pero no se sintieron apoyados. Hoy, sí. Va saliendo una nueva generación de jueces que viene por concurso. Estamos en un momento positivo de transformación. Los concursos vacunan contra la posibilidad de algunos hechos patológicos que pasaron.

Noticias: ¿Cuáles?

Zaffaroni: No voy a hacer nombres. Pero determinados hechos o nombramientos catastróficos que contribuyeron a desprestigiar el Poder Judicial.

Noticias: ¿En la Corte?

Zaffaroni: Me refiero a otras instancias. Jueces que fueron procesados y condenados, y que no habrían pasado un concurso. Con esto no quiero decir que los jueces nombrados con el viejo sistema sean todos una manga de reaccionarios.

Noticias: ¿Nota cambios en el trato por la calle desde que es juez de la Corte?

Zaffaroni: Con el escándalo que se dio cuando me eligieron, me hice más famoso, pese a haber tenido actividad política. La gente me saluda más.

Noticias: Usted dijo que no se ve en el cargo por mucho tiempo.

Zaffaroni: Me resisto a institucionalizarme. Cuando veo que el personaje me puede tragar, salgo huyendo. No soy juez, yo trabajo de juez. Yo soy yo.

Noticias: ¿A qué se refiere? ¿Usted no es juez?

Zaffaroni: ¿Cómo se fabrica un juez en la Argentina? Es un pibe que un día se recibe, ingresa al Poder Judicial y absorbe valores y jerarquías raras. Hay escritorio de juez, hay escritorio de secretario. Está la bandera en el despacho del juez, no en el del secretario. Hay un cana que le hace la venia al juez y no al secretario. Es una formación de cadetes. Un día llega a ser subteniente: lo nombran secretario. Y tiene que vivir en determinado barrio, tener tal auto e ir a tal club de tenis.

Noticias: Suena como la competencia feroz.

Zaffaroni: En la sociedad hay roles maestros y roles secundarios. El albañil labura 8 horas y se va a su casa, al boliche, al quilombo, o donde quiera. El juez no puede. Corrés el riego de definir tu identidad conforme a tu rol y te hace vulnerable. Cualquier amenaza a tu estabilidad laboral afecta tu identidad. Te esterilizás y te cerrás otros caminos. Ahí huyo. El servicio a la patria tiene un límite.

Noticias: Con esa lógica, usted debería vivir en Barrio Parque.

Zaffaroni: ¿Podría tener los perros o los árboles que tengo? Y no me vengas con un country privado en Pilar, que después tengo una hora de viaje por día. Yo por comodidad viviría arriba del Obelisco.

Noticias: ¿Cómo ve el funcionamiento del nuevo Consejo de la Magistratura?

Zaffaroni: La Constitución de 1994 debería haber definido cómo se integra el Consejo. Pero hay una zona gris de superposición de funciones.

Noticias: ¿Dónde?

Zaffaroni: En el poder reglamentario, por ejemplo. ¿La Corte lo ha perdido o lo conserva? ¿Cuánto le corresponde al Congreso, cuánto al Consejo? Eso genera conflictos.

Noticias: Un reclamo a la Justicia es el de la falta de celeridad. Cristina Kirchner impulsa los juicios por jurados. ¿Qué le parecen?

Zaffaroni: Hay que hacer agilizar procedimientos. Pero el juicio por jurados no acelera la Justicia. Al contrario, la hace más lenta y burocrática. Yo no soy partidario del jurado tradicional.

Noticias: Eso pide Juan Carlos Blumberg.

Zaffaroni: El jurado lego, sin especialistas, me parece que contraviene la Convención Americana de Derechos Humanos porque impide la revisión y la doble instancia. Además, no se puede explicar Derecho en cinco minutos. Hay que tener cuidado con copiar falsos modelos, como el norteamericano. En los Estados Unidos, sólo el tres por ciento de los casos va a jurado. Lo otro es de películas.

Noticias: ¿A qué atribuye las numerosas renuncias de jueces?

Zaffaroni: Eso se va a solucionar a medida que se hagan los concursos, que son un trámite largo y algo pesado. El Ejecutivo tendría que preocuparse por darle más celeridad a la elevación de ternas. Pero no es que hubo algo raro, la gente se cansa y se va porque ganas más afuera o se jubila.

Noticias: Nunca tantos.

Zaffaroni: Tampoco tuvimos tantos jueces antes.

Noticias: ¿Ha recibido amenazas?

Zaffaroni: Sí. Cantidades. Nunca les hice caso. Si alguien quiere hacerme algo, no me lo diría.

Noticias: También le violaron la casilla de mails.

Zaffaroni: Eso me pasó varias veces. Pero nunca hice nada. A tal punto que salió a publicidad la tercera o la cuarta vez que me pasaba.

Noticias: ¿Quién piensa que lo hizo?

Zaffaroni: Tengo la impresión de que esto sale de algún grupo vinculado a la dictadura.

Noticias: ¿No le parece grave?

Zaffaroni: No me afecta. Internet es un medio vulnerable.

Noticias: Pero no es algo para relativizar.

Zaffaroni: Nos hemos acostumbrado. A que nos violen la correspondencia y a que nos vigilen.

Noticias: Suena a que fueran las leyes del juego.

Zaffaroni: Lo son. Si nadie me conociera, nadie se preocuparía por hacerlo. Se ve que soy alguien importante. Si te alarmás, te volvés paranoico.

Noticias: ¿Practica alguna religión?

Zaffaroni: No hago manifestaciones públicas sobre eso.

Noticias: Pero, ¿cree en Dios?

Zaffaroni: En líneas generales sí, soy teísta. Pero no me gusta hablar de religión. Es quizás el acto más personalísimo de todos. Una relación personal con lo absoluto. Es más individual que el sexo, que frecuentemente es entre dos. Esto es todavía más privado.

Noticias: En varias entrevistas noté que el tema de su sexualidad es recurrente. ¿Usted es gay?

Zaffaroni: No formulo manifestaciones sobre opciones personales.

Noticias: ¿Por qué?

Zaffaroni: Eso es de cada uno.

Noticias: Cuando lo eligieron en la Corte intentaban cuestionarlo por ser soltero...

Zaffaroni: En la Argentina eso no le interesa a nadie.

Noticias: ¿Le parece?

Zaffaroni: Salvo a los chismosos, claro.

Noticias: Van a seguir preguntando.

Zaffaroni: Y seguiré sin contestar.

Noticias: Jorge Telerman, dijo ser afrancesado...

Zaffaroni: Yo no soy afrancesado. Puedo ser mexicanizado o peruanizado. Pero afrancesado, no.

Noticias: ¿Cómo nos ven a los argentinos en el extranjero?

Zaffaroni: Para Latinoamérica somos los soberbios. Europa tiene un efecto espejo. Al margen de que Adolfo Pérez Esquivel se merecía el Premio Nobel, yo me pregunto si se lo hubieran dado si nosotros fuéramos negros. Creo que no. Fue decir “¿Cómo estos blanquitos pueden estar haciendo estas barbaridades?”.

Noticias: ¿Se puede llegar al matrimonio gay en la Argentina?

Zaffaroni: No sé si matrimonio. Pero el Estado tiene el deber de fomentar la estabilidad afectiva de sus ciudadanos, al margen de su elección sexual.

Noticias: Este año estuvo en Canadá, en la Conferencia sobre Derechos Gays. ¿Cómo llegó a integrar el Comité Científico?

Zaffaroni: Buscaron especialistas en derechos humanos con trayectoria judicial. Estoy en muchos comités.

Noticias: ¿Cree que generará un cambio?

Zaffaroni: En el futuro, va a tener impacto en la actitud de los organismos internacionales.

Noticias: ¿Qué le dejó haber participado?

Zaffaroni: Me siento bien cuando participo en algo útil sobre derechos humanos.
Noticias: ¿Cómo le cae la prohibición de fumar en lugares públicos, de la ciudad de Buenos Aires?

Zaffaroni: No fumar dos horas no es tan grave. Pero sí hay que tener cuidado con la tutela.

Noticias: ¿Cómo?

Zaffaroni: En la historia, tutelaron a indios, mujeres y negros con resultados terribles. Ahora veo que están los menús dietéticos... Mañana voy a tener que ir con un certificado médico al restaurante para ver si puedo comer ravioles con tuco, si soy hipertenso. Hay un límite. No vivimos para cuidarnos, nos cuidamos para vivir.

Noticias: ¿Se pueden despenalizar las drogas?

Zaffaroni: La penalización está impuesta por los tratados internacionales, nosotros no podemos hacerlo.

Noticias: ¿Probó marihuana?

Zaffaroni: Alguna vez, cuando tenía 30 años. Pero no puedo. Tengo presión normal pero con tendencia a la hipertensión. Corro el riesgo de tener una lipotimia. Me bajó la presión. Fue una experiencia terrible. Y algo que me baja la presión no puedo decir que me encanta, salvo que sea masoquista. Que no lo soy. (Ríe).

Noticias: Usted organiza asados con los otros miembros de la Corte.

Zaffaroni: De vez en cuando nos reunimos. Las nuestras son relaciones más o menos normales, somos gente que se habla y se saluda.

Noticias: ¿Con quién es más cercano en la Corte?

Zaffaroni: Con Carmen Argibay y con Ricardo Lorenzetti. Con Juan Carlos Maqueda estamos juntos en el mismo corredor. Pero con todos hay un respeto mutuo y hasta un vínculo de simpatía.

Noticias: Durante el período de transición se hacía difícil.

Zaffaroni: Sí, había un clima un poco tenso. Pero los que llegamos, tratamos de bajar los decibeles. El acercamiento con Maqueda fue en ese momento.

Noticias: ¿Qué piensa de que alguien como Julio Nazareno haya llegado a juez de la Corte?

Zaffaroni: No lo conozco, lo vi una vez en mi vida. Constitucionalmente, ministro de la Corte puede ser cualquiera. Mientras tenga 8 años de antigüedad de título y 30 de edad. Y sin antecedentes penales. Eso dice la Constitución. Y bueno... Más requisitos no hay.

Noticias: Da la sensación que la Corte impone temas de agenda.

Zaffaroni: No es nuestro propósito. Nuestro rol es el control de constitucionalidad. Y hay veces que la efectividad de los derechos depende de políticas, que debe elegir el Ejecutivo o el Legislativo. Pero tienen que hacer alguna. No pueden no hacer ninguna.

Noticias: ¿Cómo es el trato con el Gobierno?

Zaffaroni: A Néstor Kirchner no lo veo desde hace un año. No me gusta ir a actos. Y al margen del ministro de Justicia, no existe un interlocutor con la Corte. Es raro que no haya un operador. No digo que sea malo, pero en la historia siempre hubo.

Noticias: Usted promueve un sistema parlamentario. ¿Por qué?

Zaffaroni: Hay un fenómeno de atomización de fuerzas, como se ve en la ciudad de Buenos Aires. Desaparecen los partidos. A nivel federal hay un liderazgo fuerte. Pero si se desgastase, podría darse la misma situación caótica que puede terminar en crisis.

Noticias: ¿Ve posible una configuración de izquierda y derecha con el peronismo?

Zaffaroni: El peronismo y el radicalismo se han ido transformando. Tienen alas ideológicas dispares. El populismo tiene estas contradicciones.

Noticias: ¿Kirchner es populista?

Zaffaroni: Creo que sí. Pero no es un insulto. Hay quienes confunden populismo con populacherismo. El populismo privilegia los intereses de la mayoría. Ahora, si es de derecha, de izquierda, privatista o estatista, no sé.

Noticias: Muchos, para atacarlo, señalan que usted es garantista.

Zaffaroni: Si un juez no es garantista, no es juez. Es cierto que hay gente a la que no le gusta la Constitución, aunque no lo dice, porque sabe que no es correcto decirlo. Pero que me digan eso es un elogio. Me preocuparía si me dijesen represor.

© Escrito por Daniel Seifert y publicado por la Revista Noticias Nº 1562 del sábado 2 de Diciembre de 2006.