lunes, 19 de abril de 2010

Monseñor Bergoglio... Entre San Miguel y Roma... De Alguna Manera...

Entre San Miguel y Roma...



A la muerte de Juan Pablo II, la prensa coincidió en que el argentino Jorge Bergoglio fue el cardenal más votado, después de Joseph Ratzinger, en la elección que consagró al purpurado alemán como Benedicto XVI. Sin embargo, poco se sabe de su personalidad y de su pensamiento. Aquí, un fragmento de El jesuita, en el que rememora su tarea pastoral durante la dictadura, cuando era superior de los jesuitas, en San Miguel. Una biografía del cardenal Jorge Bergoglio.




Cordialidad. En Roma, con Benedicto XVI. Habían competido en el cónclave.

Cuando la vida de Juan Pablo II se apagaba, se intensificaban las especulaciones sobre los candidatos a sucederlo y el nombre de Bergoglio figuraba en casi todos los pronósticos de los periodistas especializados. En esos días, volvía a agitarse una denuncia periodística publicada unos pocos años atrás, en Buenos Aires, sobre una supuesta actuación muy comprometedora del cardenal durante la última dictadura. Más aún: se asegura que, en las vísperas del cónclave, que debía elegir al sucesor del Papa polaco, una copia de un artículo –de una serie del mismo autor– con la acusación fue enviada a las direcciones de correo electrónico de los cardenales electores, con el propósito de perjudicar las chances que se le otorgaban al purpurado argentino.

En la denuncia se le atribuía al cardenal una cuota de responsabilidad por el secuestro de dos sacerdotes jesuitas, que se desempeñaban en una villa de emergencia del barrio porteño de Flores, efectuado por miembros de la Marina en mayo de 1976, dos meses después del golpe. De acuerdo con esa versión, Bergoglio –quien, por entonces, era el provincial de la Compañía de Jesús en la Argentina– les pidió a los padres Orlando Yorio y Francisco Jalics que abandonaran su trabajo pastoral en la barriada y, como ellos se negaron, les comunicó a los militares que los religiosos ya no contaban con el amparo de la Iglesia, dejándoles así el camino expedito para que los secuestraran, con el consiguiente peligro que eso implicaba para sus vidas. El cardenal nunca quiso salir a responder la acusación como, tampoco, jamás se refirió a otras imputaciones del mismo origen sobre supuestos lazos con miembros de la Junta Militar (ni, en general, nunca contó públicamente cuál fue su actitud durante la última dictadura). Pero, frente a nuestro cometido, reconoció que el tema no podía omitirse y accedió a contar su versión sobre los hechos y la actitud que asumió en la noche negra que vivió la Argentina. “Si no hablé en su momento, fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar”, afirmó.

—Cardenal: usted deslizó antes que durante la dictadura, escondió gente que estaba siendo perseguida. ¿Cómo fue aquello? ¿A cuántos protegió?

—En el colegio Máximo de la Compañía de Jesús, en San Miguel, en el Gran Buenos Aires, donde residía, escondí a unos cuantos. No recuerdo exactamente el número, pero fueron varios. Luego de la muerte de monseñor Enrique Angelelli (el obispo de La Rioja, que se caracterizó por su compromiso con los pobres), cobijé en el colegio Máximo a tres seminaristas de su diócesis que estudiaban teología. No estaban escondidos, pero sí cuidados, protegidos. Yendo a La Rioja para participar de un homenaje a Angelelli con motivo de cumplirse 30 años de su muerte, el obispo de Bariloche, Fernando Maletti, se encontró en el micro con uno de esos tres curas que está viviendo actualmente en Villa Eloísa, en la provincia de Santa Fe. Maletti no lo conocía, pero al ponerse a charlar, éste le contó que él y los otros dos sacerdotes veían en el colegio Máximo a personas que hacían “largos ejercicios espirituales de 20 días” y que, con el paso del tiempo, se dieron cuenta de que eso era una pantalla para esconder gente. Maletti después me lo contó, me dijo que no sabía toda esta historia y que habría que difundirla.

—Aparte de esconder gente, ¿hizo algunas otras cosas?

—Saqué del país, por Foz de Iguazú, a un joven que era bastante parecido a mí con mi cédula de identidad, vestido de sacerdote, con el clergiman y, de esa forma, pudo salvar su vida. Además, hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas. Llegué a ver dos veces al general (Jorge) Videla y al almirante (Emilio) Massera. En uno de mis intentos de conversar con Videla, me las arreglé para averiguar qué capellán militar le oficiaba la misa y lo convencí para que dijera que se había enfermado y me enviara a mí en su reemplazo. Recuerdo que oficié en la residencia del comandante en Jefe del Ejército ante toda la familia de Videla, un sábado a la tarde. Después, le pedí a Videla hablar con él, siempre en plan de averiguar el paradero de los curas detenidos. A lugares de detención no fui, salvo una vez que concurrí a una base aeronáutica, cercana a San Miguel, de la vecina localidad de José C. Paz, para averiguar sobre la suerte de un muchacho.

— ¿Hubo algún caso que recuerde especialmente?

—Recuerdo una reunión con una señora que me trajo Esther Balestrino de Careaga, aquella mujer que, como antes conté, fue jefa mía en el laboratorio, que tanto me enseñó de política, luego secuestrada y asesinada y hoy enterrada en la iglesia porteña de Santa Cruz.

La señora, oriunda de Avellaneda, en el Gran Buenos Aires, tenía dos hijos jóvenes con dos o tres años de casados, ambos delegados obreros de militancia comunista, que habían sido secuestrados. Viuda, los dos chicos eran lo único que tenía en su vida. ¡Cómo lloraba esa mujer! Esa imagen no me la olvidaré nunca. Yo hice algunas averiguaciones que no me llevaron a ninguna parte y, con frecuencia, me reprocho no haber hecho lo suficiente.

— ¿Puede relatar alguna gestión que llegó a buen término?

—Me viene a la mente el caso de un joven catequista que había sido secuestrado y por el que me pidieron que intercediera. También en este caso me moví dentro de mis pocas posibilidades y mi escaso peso. No sé cuánto habrán influido mis averiguaciones, pero lo cierto es que, gracias a Dios, al poco tiempo el muchacho fue liberado. ¡Qué contenta estaba su familia! Por eso, reitero: después de situaciones como ésa, cómo no comprender la reacción de tantas madres que vivieron un calvario terrible, pero que, a diferencia de este caso, no volvieron a ver con vida a sus hijos.

— ¿Cuál fue su desempeño en torno al secuestro de los sacerdotes Yorio y Jalics?

—Para responder tengo que contar que ellos estaban pergeñando una congregación religiosa, y le entregaron el primer borrador de las reglas a los monseñores Pironio, Zazpe y Serra. Conservo la copia que me dieron. El superior general de los jesuitas, quien por entonces era el padre Arrupe, dijo que eligieran entre la comunidad en que vivían y la Compañía de Jesús y ordenó que cambiaran de comunidad. Como ellos persistieron en su proyecto, y se disolvió el grupo, pidieron la salida de la Compañía. Fue un largo proceso interno que duró un año y pico. No una decisión expeditiva mía. Cuando se le acepta la dimisión a Yorio (también al padre Luis Dourrón, que se desempeñaba junto con ellos) –con Jalics no era posible hacerlo, porque tenía hecha la profesión solemne y solamente el Sumo Pontífice puede hacer lugar a la solicitud, corría marzo de 1976, más exactamente era el día 19; o sea, faltaban cinco días para el derrocamiento del gobierno de Isabel Perón. Ante los rumores de la inminencia de un golpe, les dije que tuvieran mucho cuidado. Recuerdo que les ofrecí, por si llegaba a ser conveniente para su seguridad, que vinieran a vivir a la casa provincial de la Compañía.

— ¿Ellos corrían peligro simplemente porque se desempeñaban en una villa de emergencia?

—Efectivamente. Vivían en el llamado barrio Rivadavia del Bajo Flores. Nunca creí que estuvieran involucrados en “actividades subversivas” como sostenían sus perseguidores, y realmente no lo estaban. Pero, por su relación con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de caza de brujas. Como permanecieron en el barrio, Yorio y Jalics fueron secuestrados durante un rastrillaje. Dourrón se salvó porque, cuando se produjo el operativo, estaba recorriendo la villa en bicicleta y, al ver todo el movimiento, abandonó el lugar por la calle Varela. Afortunadamente, tiempo después fueron liberados, primero porque no pudieron acusarlos de nada, y segundo, porque nos movimos como locos. Esa misma noche en que me enteré de su secuestro, comencé a moverme. Cuando dije que estuve dos veces con Videla y dos con Massera fue por el secuestro de ellos.

—Según la denuncia, Yorio y Jalics consideraban que usted también los tachaba de subversivos, o poco menos, y ejercía una actitud persecutoria hacia ellos por su condición de progresistas.

—No quiero ceder a los que me quieren meter en un conventillo. Acabo de exponer, con toda sinceridad, cuál era mi visión sobre el desempeño de esos sacerdotes y la actitud que asumí tras su secuestro. Jalics, cuando viene a Buenos Aires, me visita. Una vez, incluso, concelebramos la misa. Viene a dar cursos con mi permiso. En una oportunidad, la Santa Sede le ofreció aceptar su dimisión, pero resolvió seguir dentro de la Compañía de Jesús. Repito: no los eché de la congregación, ni quería que quedaran desprotegidos.

—Además, la denuncia dice que tres años después, cuando Jalics residía en Alemania y en la Argentina todavía había una dictadura, le pidió que intercediera ante la Cancillería para que le renovaran el pasaporte sin tener que venir al país, pero que usted, si bien hizo el trámite, aconsejó a los funcionarios de la Secretaría de Culto del Ministerio de Relaciones Exteriores que no hicieran lugar a la solicitud por los antecedentes subversivos del sacerdote…

—No es exacto. Es verdad, sí, que Jalics –que había nacido en Hungría, pero era ciudadano argentino- con pasaporte argentino me escribió siendo yo todavía provincial para pedirme la gestión pues tenía temor fundado de venir a la Argentina y ser detenido de nuevo. Yo, entonces, escribí una carta a las autoridades con la petición –pero sin consignar la verdadera razón, sino aduciendo que el viaje era muy costoso– para lograr que se instruya a la embajada en Bonn. La entregué en mano y el funcionario, que la recibió, me preguntó cómo fueron las circunstancias que precipitaron la salida de Jalics. “A él y a su compañero los acusaron de guerrilleros y no tenían nada que ver”, le respondí. “Bueno, déjeme la carta, que después le van a contestar”, fueron sus palabras.

— ¿Qué pasó después?

—Por supuesto que no aceptaron la petición. El autor de la denuncia en mi contra revisó el archivo de la Secretaría de Culto y lo único que mencionó fue que encontró un papelito de aquel funcionario en el que había escrito que habló conmigo y que yo le dije que fueron acusados de guerrilleros. En fin, había consignado esa parte de la conversación, pero no la otra en la que yo señalaba que los sacerdotes no tenían nada que ver. Además, el autor de la denuncia soslaya mi carta donde yo ponía la cara por Jalics y hacía la petición.

—También se comentó que usted propició que la Universidad del Salvador, creada por los jesuitas, le entregara un doctorado honoris causa al almirante Massera.

—Creo que no fue un doctorado, sino un profesorado. Yo no lo promoví. Recibí la invitación para el acto, pero no fui. Y, cuando descubrí que un grupo había politizado la universidad, fui a una reunión de la Asociación Civil y les pedí que se fueran, pese a que la Universidad ya no pertenecía a la Compañía de Jesús y que yo no tenía ninguna autoridad más allá de ser un sacerdote. Digo esto porque se me vinculó, además, con ese grupo político. De todas maneras, si respondo a cada imputación, entro en el juego. Hace poco estuve en una sinagoga participando de una ceremonia. Recé mucho y, mientras lo hacía, escuché una frase de los textos sapienciales que no recordaba: “Señor, que en la burla sepa mantener el silencio.” La frase me dio mucha paz y mucha alegría.

Cuando el joven padre Jorge Bergoglio golpeó la puerta de su despacho, la doctora Alicia Oliveira pensó que mantendría una más de las tantas reuniones de trabajo que celebraba como jueza en lo penal, allá, por la primera mitad de la década del setenta.

No se le pasó por la cabeza que establecería una buena sintonía con el sacerdote de la que surgiría una larga amistad, que la terminaría convirtiendo en una testigo calificada de buena parte de la actuación de Bergoglio durante la dictadura militar.

Es que Oliveira cuenta con una larga militancia en la defensa de los derechos humanos, que fue abrazando desde que comenzó a ejercer como penalista. Una militancia que, tras el último golpe militar, le costó su cargo de magistrada, al ser la destinataria del primer decreto de exoneración.

Firmante de cientos de hábeas corpus por detenciones ilegales y desapariciones durante la última dictadura, se desempeñó como letrada e integró la primera comisión directiva del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una de las más emblemáticas ONGs dedicadas a luchar contra las violaciones a los derechos humanos.

Con la vuelta a la democracia, ocupó diversos cargos, entre los que se cuenta haber sido constituyente de la convención nacional de 1994 (resultó electa como integrante de la lista del Frente Grande, una agrupación peronista disidente de centro izquierda); defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires entre 1998 y 2003 y, desde entonces –con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia–, representante especial para los derechos humanos de la Cancillería, tarea que desempeñó durante dos años, hasta que se jubiló.

“Recuerdo que Bergoglio vino a verme al juzgado por un problema de un tercero, allá por 1974 ó 1975, empezamos a charlar y se generó una empatía que abrió paso a nuevas conversaciones. En una de esas charlas, hablamos de la inminencia de un golpe. El era el provincial de los jesuitas y, seguramente, estaba más informado que yo. En la prensa hasta se barajaban los nombres de los futuros ministros. El diario La Razón había publicado que José Alfredo Martínez de Hoz sería el ministro de Economía”, evoca Oliveira y agrega que “Bergoglio estaba muy preocupado por lo que presentía que sobrevendría y, como sabía de mi compromiso con los derechos humanos, temía por mi vida. Llegó a sugerirme que me fuera a vivir un tiempo al colegio Máximo. Pero yo no acepté y le contesté con una humorada completamente desafortunada frente a todo lo que después sucedió en el país: ‘Prefiero que me agarren los militares a tener que ir a vivir con los curas’”. De todas maneras, la magistrada tomó sus prevenciones. Le dijo a la secretaria del juzgado, de su máxima confianza, la doctora Carmen Argibay –a la postre ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a propuesta de Kirchner– que estaba pensando en dejarle un tiempo a los dos hijos que por entonces tenía, para esconderse por temor a ser detenida por los militares. Finalmente, no tomó la decisión ni fue apresada.

En cambio, Argibay fue detenida el mismo día del golpe. Oliveira, desesperada, trató de dar con su paradero hasta que en la cárcel de Devoto le informaron que estaba allí, pero nunca supo –ni ella ni la propia detenida– el motivo por el que Argibay pasó varios meses presa.

Tras la caída del gobierno de Isabel Perón, las reuniones de Oliveira con Bergoglio se hicieron más frecuentes.

“En esas conversaciones, pude comprobar que sus temores eran cada vez mayores, sobre todo por la suerte de los sacerdotes jesuitas del asentamiento”, relata Oliveira.

“Hoy creo que Bergoglio y yo –acota– comenzamos a entender tempranamente cómo eran los militares de aquella época. Su inclinación a la lógica amigo-enemigo, su incapacidad para discernir entre la militancia política, social o religiosa y la lucha armada, tan peligrosas. Y teníamos muy claro el riesgo que corrían los que iban a las barriadas populares. No sólo ellos, sino la gente del lugar, que podía ‘ligarla de rebote’.”

Recuerda que a una chica amiga que iba a catequizar también al asentamiento –y que no tenía militancia alguna– le imploró que no fuese más. “Le advertí que los militares no entendían, y que cuando veían en la villa a alguien que no vivía allí pensaban que era un terrorista-marxista leninista internacional”, cuenta. Le costó mucho hacérselo entender. Al final, la chica se fue y, años después, le reconoció que su consejo le había salvado la vida.

© Escrito por Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti y publicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 18 de Abril de 2010.



domingo, 18 de abril de 2010

Huracán 0 vs. San Lorenzo de Almagro 3... ¡¡¡Cuervo compadre... LChDTM!!! De Alguna Manera...

¡¡¡Cuervo compadre... LChDTM!!!...

San Lorenzo mostró su mejor cara y le dio un duro golpe a Huracán...



En el Nuevo Gasómetro, se impuso con claridad, por 3-0, y frenó el envión del equipo de Rivoira, que fue una sombra. Papu Gómez, Bordagaray y Leiva convirtieron los goles.


San Lorenzo de Almagro redondeó esta tarde un rotundo 3 a 0 en el clásico a Huracán en el marco de la fecha 15 del torneo Clausura. Fue la segunda victoria consecutiva para el Ciclón en el torneo, que parece encontrar el rumbo de la mano de Sebastián Méndez, quien sigue sin poder dirigir dentro del campo de juego.

El desarrollo del juego se tornó aburrido y casi sin jugadas de riesgo para los arqueros. En los primeros 25 minutos San Lorenzo apareció mejor ordenado, con un buen trabajo de Cristian González y Alejandro Gómez. Y ese mejor desempeño tuvo su premio en la conquista del Papu, quien recibió un pase largo de Fernando Meza y definió muy bien al palo derecho de Gastón Monzón, cuando se jugaban 22 minutos.


Después del gol, se recuperó Huracán y dispuso de una gran ocasión para igualar, pero Pablo Migliore le tapó el disparo a Patricio Toranzo, a los 37 minutos.


Para el segundo tiempo, el Chulo Rivoira dispuso el ingreso de Gustavo Balvorín por un intrascendente Andrés Franzoia. Y parecía que el cambio le daría resultado, ya que a los 10 minutos, el delantero ex Vélez y Lanús le cedió el balón a Gastón Esmerado, quien remató e media vuelta, pero Migliore contuvo sin dar rebote.


Fue lo último que hizo en ofensiva el Globo, ya que después fue todo de San Lorenzo manejado por la experiencia y sabiduría del Kily González y el buen acompañamiento del Papu Gómez.



A los 20 mintuos se fue expulsado Ezequiel Filipetto por doble amarilla y dejó a su equipo con diez jugadores.


Sobre los 24 minutos, Bordagaray definió muy bien y estampó el 2 a 0. Cuatro minutos más tarde se produjo una gran maniobra de Bordagaray, la habilitación a la entrada de Leiva, quien remató al medio del arco y puso el rotundo 3 a 0.


Lo que quedó para jugar estuvo de más, ya que San Lorenzo se dedicó a controlar el balón y esbozar algún avance que pudieron derivar en más conquistas del equipo dirigido por el Méndez, quien ganó el segundo clásico consecutivo. Hace una semana venció (1 a 0) a Independiente.


© Publicado en el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 18 de Abril de 2010.


Los Goles...








Lo bajó de un hondazo...



El Globo podía quedar quinto, pero el Ciclón no lo dejó. Con un gol más lindo que el otro -Papu Gómez, Bordagaray y Leiva-, San Lorenzo lo borró de la cancha y se quedó con el clásico por 3-0. Y ahora... ¿Quién saca al Gallego Méndez?


La posición en la tabla no fue una variable para San Lorenzo en el clásico casa adentro ante Huracán. El Santo manejó el partido con tranquilidad y terminó floreándose con el resultado ya asegurado luego de la llamativa exquisitez de Leiva para el 3-0.



Luego de un comienzo cerrado, fue el Papu Gómez quién marcó diferencias con su velocidad y su pegada para poner el 1-0. A partir de ahí, el local manejó los tiempos con cierta tranquilidad. Huracán no tuvo respuestas de ningún tipo.



El segundo tiempo no fue muy diferente. Y la historia se terminó con dos golpes. Así, secos y contundentes de San Lorenzo. La arremetida de Bordagaray y la preciosa definición de Leiva por arriba de todos cerró el encuentro.



Así, con el 3-0, el Gallego Méndez ganó su segundo clásico desde que asumió. Primero había sido Independiente la víctima, y ahora el rival del barrio. Pero el ex defensor irá por más la semana que viene cuando visite a Boca en la Bombonera, estadio en el cuál jugó su último partido como jugador. Huracán perdió después de mucho, pero la derrota lo bajó a tierra, por lo que significa el partido.


© Escrito por Lautaro Gatto y publicado por el Diario Deportivo Olé de la Ciudad Autónoma de Buenos Ares el domingo 18 de Abril de 2010


Motos... Nacionales o Importadas... De Alguna Manera...

La ley de la motocicleta nacional divide a las empresas del sector…

Ensamblado de motos. Un trabajador ajusta las piezas para integrar una moto en la planta de Honda, en Florencio Varela.

La norma premia el uso de componentes locales. Zanella celebra la medida pero Honda, Guerrero y Yamaha piden cambios. La guerra de las motopartes…

La carrera por acceder a los beneficios de la denominada “Ley de motos nacionales” causó profundas grietas entre las empresas del sector. El origen de las controversias tiene que ver con la reglamentación de la Ley 26.457, que favorece con créditos fiscales y bajas arancelarias a los que fabriquen motovehículos con un mínimo de 40% de componentes producidos en el país. Las principales marcas, entre ellas Honda, Yamaha y la santafesina Guerrero, reclaman cambios en la normativa, mientras que Zanella, en soledad, celebra la promoción y proclama que es una barrera contra el aluvión de importaciones chinas.

No se trata de una guerra sin cuartel, pero las diferencias quedaron expuestas cuando Zanella conformó su propia cámara empresaria, de nombre larguísimo (Cámara de Fabricantes y Comerciantes de Motocicletas, Ciclomotores, Cuatriciclos, Vehículos Afines y sus partes de Iberoamérica), con el objetivo de diferenciarse del resto. “Se puede traer un ciclomotor de China por US$ 150 dólares, mientras que fabricar sólo el motor en el país ronda los $ 600. Reflotar la industria implicaba tener un marco legal que incentivara la producción”, dice Cecilia Fraire, ejecutiva de Zanella.

La otra posición la expresa CIFEMA (Cámara de Importadores, Fabricantes y Exportadores de Motovehículos de la Argentina), entidad que agrupa a los principales referentes del sector, excepto Zanella. Su titular, Gustavo Ogura, es el gerente general de Honda, y advierte sobre la necesidad de incluir ciertas modificaciones a la ley, que establece un plazo de cinco años para fabricar motos con el 40% de motopartes de origen local. “Es muy difícil llegar a ese porcentaje de integración con un mercado interno de 500.000 unidades”, puntualiza, pero luego aclara que “todos estamos a favor de la Ley”.

Las ventas de motos y ciclomotores, al igual que los autos, cayeron, producto de la crisis. Sin embargo, 2008 fue un año récord para el sector, cuando se colocaron unas 800.000 unidades. El año pasado, de acuerdo con la consultora MRT (Market, Research & Technology), se importaron apenas 325.000, y para 2010 se espera un repunte (550.000 para los más optimistas), muy por debajo de las proyecciones de hace dos años.

Ogura recuerda que la Ley se gestó entre 2007 y 2008, “cuando se hablaba de un mercado potencial de un millón de motos, en ese contexto sí cerraban los números. Por eso, habría que extender los beneficios a la exportación de motopartes (amortiguadores, ruedas, motores, chasis, etc.) y no sólo a las motocicletas”. A pesar de que la mayoría de las empresas retrasa los planes de inversión, Ogura recalcó su respaldo a la Ley: “La norma es ésta y hay que adaptarse”, dijo con tono de resignación.

Infografía. Importaciones de motos.

Desde Zanella asumen que son los únicos fabricantes en el país. Su presidente, Walter Steiner, afirma que “nuestra empresa hace casi todas las piezas de los motores y los chasis de los ciclomotores que vendemos”. Y Fraire admite que por ese motivo “Zanella está en mejores condiciones que otras para aprovechar los beneficios de la Ley”.

A pesar de jactarse de ser “los únicos fabricantes de motos en el país”, Zanella es en la actualidad uno de los mayores importadores de motovehículos. De acuerdo con MRT, en 2009 la empresa ingresó al país 43.125 unidades, ubicándose sólo por debajo de Honda (56.900) y Guerrero (45.368). Más atrás aparecen Yamaha (35.573) y la santafesina Motomel (23.391), en un padrón en el cual figura un total de 137 importadores de cuatriciclos y otros 56 de motos. En realidad, un 60% de las compras al exterior son kits para armar, por lo que la mayoría cuenta con plantas de ensamblado. Y todos presumen de ser “industrialistas”.

La ley de “moto nacional” impulsa la producción local de componentes. Los que se inscriban y presenten un plan de inversión de US$ 1 millón ante el Ministerio de Industria –la autoridad de aplicación–, deberán acreditar en un plazo de cinco años que sus unidades están integradas con al menos un 40% de partes nacionales. Los beneficios no son menores: por cada pieza producida en el país recibirá un crédito fiscal del 25% de su valor y también, rebajas arancelarias de hasta un 60% a las importaciones. Hasta ahora, según Steiner, Zanella es la única empresa en condiciones de presentar un plan.

“Toda la cadena de valor está de acuerdo en avanzar si se adapta la Ley, porque es un catalizador enorme para el sector, pero es necesario contemplar un beneficio adicional para la exportación de motopartes. Brasil tiene un parque de 15 millones de unidades y la capacidad colmada. Es un mercado que consume gran cantidad de repuestos y motopartes, que tranquilamente la Argentina podría satisfacer. Solamente Honda, en la actualidad, exporta US$ 3 millones de motopartes, pero a costo y ganancia cero”, concluye Ogura.

© Escrito por Damián Kantor y Clarisa Herrera Lafaille en el Suplemento iEco del Diario Clarín e la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 18 de Abril de 2010.

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Periodistas Criticos... "Ni tan pelada, ni tan peluda"... De Alguna Manera...

Reclaman al Gobierno que proteja a los periodistas críticos con su gestión...


Pegatina con imágenes de periodistas que trabajan en medios del Grupo Clarín. Foto: Cedoc

Luego de la amenaza a un cronista de Perfil.com, los afiches contra periodistas de Clarín y la agresión a Fernando Bravo, ADEPA repudió los métodos de grupos K.


A raíz de la amenaza que sufren varios periodistas por parte de oficialistas, tal como la que recibió un cronista de Perfil.com por parte de un “custodio” del diputado K Carlos Kunkel en la marcha a favor de la Ley de Medios, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) solicitó hoy al "gobierno de los argentinos" que "proteja a los periodistas" de la acción de grupos afines que, con sus mensajes públicos "sembrados al voleo" mediante la pegatina de carteles con fotografías, pueden generar "reacciones peligrosas" contra los señalados.


"ADEPA reclama al gobierno de los argentinos la debida atención sobre este brote patológico que afecta la vida en democracia, así como el cuidado y protección de todos los ciudadanos, incluidos los que lo critican", señaló en un comunicado.


La entidad que nuclea a los editores de diarios señaló que la pegatina en la vía pública de carteles con imágenes de periodistas que trabajan en medios del Grupo Clarín, la agresión callejera al conductor radial y televisivo Fernando Bravo o la amenaza a un periodista del sitio Perfil.com, todos hechos registrados el último jueves durante la marcha a favor de la ley de medios, " son variantes del autoritario y reprobable método del escrache que, cada vez con mayor frecuencia, practican grupos kirchneristas".


ADEPA se refirió especialmente a "la acción de sectores afines al Gobierno" contra periodistas del grupo Clarín y de otros medios "cuyas investigaciones y opiniones revelan, cuestionan o critican posiciones, conductas y decisiones asumidas por el poder gobernante". La situación "ha atravesado un nuevo umbral", advirtió ADEPA.


"El señalamiento de periodistas mediante la reproducción de sus imágenes en espacios públicos es una manera de 'definir un blanco', de marcar a un enemigo, de apuntarle con un arma potencial", agregó la entidad.


En la advertencia, ADEPA señaló además que ese tipo de acciones de escrache "es a la vez, una intimidación y una instigación, ya que este mensaje sembrado al voleo puede ser recibido por personas que no estén en capacidad de procesarlo y, por lo tanto, disparar reacciones peligrosas contra los señalados".


El jueves, el periodista radial y televisivo Fernando Bravo denunció haber sido agredido verbalmente por manifestantes que volvían de Tribunales después de haber participado de una marcha efectuada en apoyo a la Ley de Medios.


Bravo refirió a través de su programa de radio que quedó en medio de la desconcentración "a eso de las 9 de la noche, en la avenida Corrientes" y que los manifestantes lo insultaron "durante dos cuadras y pico".


© DyN y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 18 de Abril de 2010.


Fernando Bravo fue agredido por simpatizantes de la ley de Medios...


El periodista relató lo que le sucedió cuando ayer se cruzó con militantes que asistieron a la marcha. La advertencia de Alfredo Leuco. Escúchalo.

http://www.perfil.com/contenidos/2010/04/16/noticia_0025.html


Fernando Bravo y Alfredo Leuco comentan el hostigamiento del Gobierno a la prensa.
Fuente:Bravo Continental - AM 590


Fernando Bravo contó esta tarde en radio Continental el trago amargo que debió pasar ayer por la noche cuando salía de una conferencia de prensa, en pleno centro porteño, y se cruzó con militantes del oficialismo que se desconcentraban en la marcha a favor de la Ley de Medios.

"Hoy el periodismo independiente está atravesando un momento difícil", explicó Bravo esta tarde, al tiempo que aseguró que anoche "me gritaron hijo de tu madre, chorro, mentiroso, sos un gorila. Todo este tipo de cosas que uno habitualmente entiende y lo sabe. Durante dos cuadras y pico hasta que llegué al Obelisco. Como si fuera el grupo Quebracho, cuando hacen fila de gente, estuve siendo insultado por los distintos grupos de personas que estaban allí. Había en realidad, muchísima gente de distintos partidos, había banderas de distintos colores", relató.

Su compañero de programa, Alfredo Leuco, recordó otros antecedentes de embestidas contra periodistas durante la gestión K. "A (Joaquín) Morales Solá dos veces le pasaron con el mismo auto a salida de su domicilio particular. Hay grupitos de diez, quince patoteros que suelen ir a la puerta de las radios o la puerta de los medios para identificar algunos periodistas conocidos, lo hacen con algunos medios del Grupo Clarín", contó el periodista.

"Ojo con el caso Cabezas, ojo porque fue un patotero salvaje acostumbrado a pegar trompadas, a prepotear con armas que le quiso hacer un favor a (Alfredo) Yabrán, no sean tontos los del gobierno nacional, no sean boludos", advirtió. "Si alguien hubiese agredido a cualquiera de estos periodistas el principal perjudiciado, además de la víctima, va a ser el Gobierno nacional proque está fomentando la agresión cobarde a los periodistas".


© Publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 16 de Abril de 2010.

Nota del redactor:

El término ni "Tan pelada, ni tan peluda", obedece a que muchos de los periodistas "acusados" de no ser independientes realmente no lo son. Pero si hay periodistas que son realmente independientes, más allá del medio que los contrate. Los ejemplos de Nelson Castro, Santos Biasatti, Marcelo Zlotogwiazda, hablan de por sí.