viernes, 10 de abril de 2009

Sócrates y Jesús… Nuestro Señor…

Sócrates y Jesús…



Me pregunto qué habría sido del mundo si conmemoráramos el suicidio -asistido- de Sócrates en lugar del suicidio -más asistido todavía- de Jesús.

Sócrates ya lo sabía: nunca se puede saber nada, y hay que saberlo para saber algo. Sabemos, por ejemplo, que entre dos hombres célebres condenados y ejecutados por sus Estados hace más de dos mil años recordamos mucho más a uno de ellos. Hoy se revive en la mitad del mundo la muerte de aquel señor judío ejecutado en Palestina. Su victoria fue tan completa que hoy lo evocamos, aún sin quererlo, todos: los que creen que ese señor fue un Dios, los que creen que no, los que no creemos que eso que llaman dioses exista fuera de las mentes –donde se mezcla con el vencimiento de la cuota del auto, el viaje de egresados de la nena, el miedo al cáncer de pulmón, la indignación por el ascenso de Rodríguez, la urgencia de repintarse los claritos, las ganas de cogerse a la vecina del 3ºC, el desprecio por Marcelo Tinelli, la pregunta por el sentido de la vida, el tedio ante los diarios, el dolor del gol en contra del domingo, el dolor de la maldita regla, el dolor de ya no ser, la esperanza de que el próximo gobierno, la ignorancia sobre casi todo, las ganas de cogerse al cajero de cobranzas, la culpa por el asado de esta noche, el hartazgo por los reclamos de Teresa, el recuerdo de aquel helado de frutilla, el olvido de la cara del abuelo y tantas otras cosas.

Pero en el mundo real, un poco más allá o más acá de la mente, aquel señor de Palestina tiene un lugar tan decisivo que esta mañana usted, señora, puede leer este diario en la cama en lugar del subte medio lleno: Dios –sabíamos– es misericordioso. Y todo por una muerte a tiempo y bien usada. La primera, en cambio, no dejó rastros visibles.

Sócrates fue el hijo de un tallador de piedras que nació en Atenas hacia el año 470 antes del Otro. Cuando joven retomó el oficio de su padre y peleó en las milicias de su ciudad contra los persas; era un ciudadano aplicado, sin el menor carisma, más feo que mil perros feos y levemente hosco pero tan inteligente que en algún momento decidió que se dedicaría sólo a pensar y, si acaso, entrenar algunos jóvenes en ese deporte extremo. Sócrates tuvo una vida protestona y más o menos feliz, casado con una señora que pasó a la historia como la más insoportable, padre de tres hijos medio idiotas y animador de mil debates, médium de ideas y hallazgos memorables. Hasta que un día, 399 antes del Otro, lo acusaron de “despreciar a los dioses de la ciudad y corromper a sus jóvenes”, y un tribunal popular lo condenó, tras breve discusión, a muerte. Sócrates tenía el derecho de proponer una pena alternativa –que solía ser aceptada: una multa importante, el ostracismo–. Con desprecio infinito les sugirió que, en vez de matarlo, lo mantuvieran de por vida “por sus servicios a Atenas”. El tribunal ratificó su condena y treinta días después, rechazando los planes de fuga que le propusieron sus amigos, Sócrates se tomó la cicuta de un buen trago.

Sócrates no fue Jesús, pero podría haber sido. Y ahora, jueves dizque santo, pescados aterrados, el incienso en el aire, la molicie, me pregunto qué habría sido del mundo si conmemoráramos el suicidio –asistido– de Sócrates en lugar del suicidio –más asistido todavía– de Jesús. Dos profetas menores –de dos ciudades bien distintas: una, el centro de la cultura de su tiempo, la inventora de la filosofía y la democracia, brillantísima Atenas; la otra, la capital de una provincia atrasada del Imperio, sede de un templo, una corte y un mercado, Jerusalén bella y oscura. Dos profetas que se entregaron a la muerte: rechazaron la clemencia de sus jueces, los provocaron para obligarlos a matarlos –o, por lo menos, no hicieron nada por impedirlo. Los dos actuaron, entonces, esa manera del suicidio que podríamos llamar sacrificial: alguien que cree que es mejor morirse para sostener ciertas ideas que dejarlas de lado para seguir viviendo. Aunque sus sacrificios se vieron tan distintos: la puesta en escena dramática y pública de la tortura de la cruz contra la delicadeza de un trago en la intimidad del patio de la casa. Sócrates estuvo displicente: “Critón, le debemos un gallo a Esculapio. Por favor, no te olvides de dárselo”, fueron sus últimas palabras. Esculapio era un dios curandero, cuyos sacerdotes cobraban sus terapias en bípedos plumados; la frase significa, dicen, que Sócrates tomó la muerte como cura. Jesús, en cambio, se desesperó: “Eli, Eli, lama sabactani”, gritó en la cruz, en su frase más brutal y menos recordada: “Padre, Padre, ¿por qué me abandonaste?”. Pero la diferencia mayor está en las ideas por las que murieron, y en la forma en que intentaron difundirlas.

Ninguno de los dos escribió nunca una palabra. Sócrates es un relato de Platón; Jesús, de Lucas, Marcos y Mateo. Jesús fue el profeta por excelencia, el que sabía todo, el que podía decir lo que nadie podía, el que hablaba del mañana y de los cielos, el que exigía que le creyeran sin razonamientos: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, dice Mateo que dijo Jesús. Sócrates, en cambio, era la duda sistemática, el que no creía en sus dichos más que en los ajenos: “Ustedes no me creerán, pero la forma más alta de la excelencia humana es cuestionarse a uno mismo y a los demás”, dice Platón que dijo. Jesús, coherente, desparramaba su saber absoluto en discursos y parábolas, lo impartía; Sócrates, también, buscaba el aprendizaje a través del intercambio, del diálogo.

Jesús dictaba reglas sobre cómo hay que vivir; Sócrates insistía en que cada cual se buscara sus reglas –mientras no rompiera las de la sociedad donde vivía. Jesús funcionaba según leyes que sólo se aplicaban a él, y desafiaba las leyes naturales –supuestamente– naciendo de una virgen, resucitando lazaros, convirtiendo panes en peces, agua en vino, la muerte en vida eterna: haciendo lo que nadie más podría, estableciendo una jerarquía absoluta donde solo él tenía el poder de todo eso, donde él, como hijo de Dios y dios a su vez, había condescendido a salvarnos pero estaba claramente por encima de todos. Sócrates no hacía nada distinto de nadie salvo tratar de pensar –que, curiosamente, está al alcance de cualquiera– y descubrir que sólo era un poco más sabio que sus vecinos porque él, al menos, sabía que no sabía; nunca dejaba de decir que era un hombre común, un ciudadano, y aceptó las leyes de la ciudad hasta tal punto que decidió cumplir con su condena a muerte. Jesús pudo decir que era un dios o el hijo de un dios o por lo menos el rey de los judíos, formas extremas del poder; Sócrates nunca quiso ser más que un artesano que conversaba con sus amigos y paisanos y no se privaba de decir lo que pensaba, aunque eso molestara. Uno, la institución de un poder sin crítica posible; la crítica constante del poder, el otro.

Son diferencias entre dos hombres antiguos que murieron a manos del Estado porque hablaban y decían cosas raras. Nos queda el juego de pensar qué sería de nosotros, cómo habría sido nuestra historia y nuestra civilización si, en lugar de recordar al palestino, en un día como hoy recordáramos al griego: si no pensáramos que es mejor un dios, un ser omnipotente al que hay que seguir y obedecer a ciegas que un hombre con quien charlar para buscar, a tientas, juntos, ideas nuevas y mejores. Nada, pavadas, lo que ahora los historiadores llaman contrafácticos: ejercicios para feriados aburridos, tristezas de lo que habría podido ser si no fuéramos, tan insistentes, lo que somos…

© Escrito por Martín Caparros en el Diario Crítica de la Argentina el viernes 10 de abril de 2009.


lunes, 6 de abril de 2009

Carta de despedida de Jorge Lanata a los lectores del diario Crítica de la Argentina...

Debo ser una de las personas que más se ha despedido en los medios. Hay quienes lo han visto como una postura dandy. Seguiré vinculado a Crítica de la Argentina y vuelvo a la TV.

Debo ser una de las personas que más se ha despedido en los medios. Me despedí de Página/12, de Veintitrés, de la radio. Me despidieron de la televisión. Me he despedido como víctima de la fatalidad o como ejercicio de libertad. Hay quienes lo han visto como una especie de postura dandy: -Se aburre y se va - dicen, etiquetando.

Hace muchos, muchos años decidí vivir de acuerdo a lo que pienso. Vivo, entre otras
contradicciones, la de levantar empresas sin decidirme a ser un empresario: no creo que el dinero otorgue la razón, ni siquiera que sea un mérito tenerlo. Siempre me causó gracia esa costumbre que lleva a los demás a felicitar al dueño de un auto o una casa nueva, “Te felicito”, dicen. Nunca te felicitan por tener una idea. Dirigir un diario exige no sólo luchar para captar lectores, tener buenas notas, comunicarlas con ingenio, pelearse con los otros medios, el poder, etc., sino también desvelarse por la distribución, el costo del papel, los ajustes de salarios, la falta de publicidad, las estrategias de crecimiento, los bancos y las cuentas. Comencé esta empresa con un veintiocho por ciento de su propiedad y después de volver –otra vez– a vender una casa y poner mis ahorros pero el vértigo del primer año paralelo al crecimiento del proyecto, llevó a que el necesario aporte del resto de los socios redujera mi participación a un 5%. Una empresa, claro, no sólo depende del dinero para comenzarla, sino del flujo para mantenerla mientras se estabiliza. Vivo de mi trabajo, no tengo capital y realmente no soy útil en la desgastante pelea entre quienes disponen del dinero y quienes lo gastan en la producción.

En acuerdo con el resto de los accionistas decidí dejar la dirección periodística de Crítica de la Argentina, aunque seguiré vinculado al diario escribiendo cada domingo el panorama político junto a Luciana Geuna y Jesica Bossi. Marcelo Figueiras, el presidente de la empresa, Antonio Mata, el resto de los accionistas y los editores de la redacción continuarán con su trabajo de siempre en un diario que crece y se consolida en el camino hacia su segundo año en el mercado.

Nuestro contacto, de todos modos, seguirá siendo cotidiano: desde el próximo martes 14 vuelvo a la televisión con Después de todo, un ciclo diario de 20.00 a 20.30 en el Canal 26. Y los domingos en Crítica de la Argentina. Sigo buscando, como ven, motivos para complicarme la vida.

PD: Párrafo aparte merece la reacción de ayer de algunos medios al informar con verdadera mala leche sobre esta noticia. Es gracioso y patético verse corrido por izquierda por Clarín: que el diario que convivió e hizo grandes negocios con los militares (Papel Prensa, junto a La Nación), gerenciado por la señora que se sospecha apropiadora de hijos de desaparecidos, que implementa el terror como política laboral (no tiene, por ejemplo, comisión interna) sostenga en un artículo sin firma que Crítica “moderó últimamente su posición sobre Kirchner” es tan torpe que resulta cándido. “Lanata se va por la caída en las ventas” dice Clarín luego de aclarar que no tiene cifras del IVC sino afirmaciones del mercado. Crítica tiene, sin embargo, cifras del IVC: en febrero Clarín cayó 61.875 ejemplares los domingos y 26.213 de lunes a viernes. Cifras altas incluso para los 250.000 ejemplares promedio de Clarín. El diario que montó ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal 13 del menemismo y logró la fusión monopólica del cable con Kirchner nos acusa de falta de independencia. Clarín no soporta que no le tengan miedo. Me hubiera gustado, al menos, dar esta pelea con Roberto Noble, su creador, y no con su lobbista Héctor Magnetto y el genuflexo señor Kirschbaum, cada día más encorvado por decir que sí. Nada de lo que digan sobre nosotros cambiará la imagen que ustedes tienen al mirarse al espejo.


© Escrito por Jorge Lanata en el Diario Crítica de la Argentinala Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el domingo 5 de abril de 2009

sábado, 28 de marzo de 2009

Festival Oculta Reggae 2009...

Festival Oculta Reggae 2009

Por tercer año consecutivo se realizará este evento solidario protagonizado por los mayores exponentes de reggae de nuestro país.

El 2009 no podía arrancar de otra manera que no sea con su ya clásico Festival solidario de reggae, esta vez con algunos cambios. Como en sus dos versiones anteriores, se realizará el 2 de Abril (jueves feriado), pero esta vez en un nuevo lugar. Se llevará a cabo dentro de la Fábrica Recuperada Coventry, ubicada en Juan Manuel de Rosas (Ex Márquez) 4858, San Martín, provincia de Buenos Aires. El cambio de lugar se debe a la mayor comodidad del recinto, donde habrá más beneficios para todos: un mayor escenario, una entrada más cómoda, baños químicos, fácil acceso y formas de llegar al lugar y, lo más importante de todo, no se suspenderá por lluvias.

Las bandas que se presentarán a partir de las 13 horas serán Resistencia Suburbana, Nonpalidece, El Natty Combo, Amigos de Tosh, Encias Sangrantes y Clan Oculto con la idea de terminar como mucho a las 20 horas.

La entrada constará de 5 pesos más dos alimentos no perecederos o útiles escolares. Nos hemos puesto como objetivo multiplicar la jornada solidaria ya que la totalidad de lo recaudado, incluido el Buffet, será donado a los comedores de Ciudad Oculta, a los trabajadores de la Fabrica Coventry y a los comedores de “El Eternauta” de San Martin; demostrando que cuando nos juntamos, nuestras fuerzas se multiplican.

El anhelo para esta edición es alcanzar las 10 toneladas de alimentos y con el dinero comprar 15.000 litros de leche.

Organizan Luis Alfa, los Oculta Boys, El Eternauta, Fabrica Coventry y Jamming Radio Reggae.

El Festival se trasmitirá en vivo para todo el mundo a través de la radio Oficial del Oculta Reggae:

¿Por qué hacemos el Oculta Reggae?

El festival lleva el nombre por diferentes motivos. Por un lado, está la necesidad de los músicos de volver a sus verdaderas raíces: el ghetto, el lugar donde nació el Reggae, demostrando que nadie olvida de donde viene. Contrariamente a los prejuicios, el ghetto es un lugar que se expresa, se muestra, vive y sueña con un futuro mejor.

Por otro lado, orgullosamente este festival lleva ese nombre en honor a la mal llamada Ciudad Oculta uno de los ghettos o barrios carenciados más antiguos de la Ciudad de Buenos Aires.

Nacido desde una idea de Luis Alfa (Resistencia Suburbana) este festival propone devolverle al reggae su esencia solidaria y contraria a cualquier tipo de discriminación, haciendo de este evento un punto de encuentro y una perfecta excusa para generar el evento de reggae solidario más grande de la Argentina.

Después de 2 ediciones realizadas en las mismísima Ciudad Oculta con una convocatoria de más de 20.000 personas, demostramos que se pueden romper todos los prejuicios cuando la idea es ayudar.

No es casualidad que en este momento en que el mundo se cae a pedazos por la codicia financiera que genera recesión y el desempleo, esta 3º Edición del festival se realizará en otro predio emblemático, La Fabrica Recuperada Coventry, un ejemplo de lucha y resistencia de los trabajadores que no aceptaron como destino final el cierre de su fábrica, dejando como testimonio su ejemplo de dignidad.

¡¡¡Día Mundial del Hincha Quemero!!!...

¡¡¡Día Mundial del Hincha Quemero!!!

© http://www.patriaquemera.com.ar

martes, 24 de marzo de 2009

24 de marzo: Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia...

Hasta 1976, el 24 de marzo remitía en las efemérides a dos hechos auspiciosos y democráticos: el 24 de marzo de 1816, se inauguraban las sesiones del Congreso de Tucumán que proclamaría nuestra independencia y tres años antes, un 24 de marzo, la Asamblea del año XIII terminaba para siempre con la nefasta Inquisición en todo el territorio del ex virreinato del Río de la Plata.

Seguramente ni los congresales del XIII ni los del XVI estaban en condiciones de sospechar que la Inquisición volvería corregida, actualizada y aumentada un 24 de marzo de 1976.

Los uniformados y sus socios civiles venían a imponer un nuevo modelo de sociedad, a terminar con todo conato de desarrollo nacional independiente y a disciplinar a una sociedad con una larga tradición de lucha y conciencia gremial. Así lo expresó claramente el general Videla en la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, el 8 de julio de 1976: "La lucha se dará en todos los campos, además del estrictamente militar. No se permitirá la acción disolvente y antinacional en la cultura, en los medios de comunicación, en la economía, en la política o en el gremialismo".

El apoyo al golpe por parte de los factores de poder fue decisivo. Dentro de este esquema de acuerdo represivo entre poder económico y poder militar se consideraría subversivo a todo aquel que postulase ideas contrarias al "ser nacional", que comprendía valores como la aceptación acrítica de toda jerarquía sin lugar a la discusión. La sociedad argentina venía de un proceso de cambio que se había acelerado a partir de hechos clave como el Cordobazo y la recepción de la renovada producción ideológica e intelectual posterior al Mayo francés del 68. Una clase media ilustrada e inquieta seguía con atención los procesos mundiales y comenzaba a adoptar el psicoanálisis y sus categorías de análisis.

Como señala el historiador David Rock, "los grupos de poder, la Iglesia y los militares comenzaron a preocuparse cuando notaron, entre otras cosas, que el cura confesor estaba siendo reemplazado por el psicoanalista"(1).

El responsable de la represión en Córdoba, general Luciano Benjamín Menéndez, decía por aquellos años en un discurso dirigido a directivos de establecimientos escolares: "Para los educadores, inculcar el respeto de las normas establecidas; inculcar una fe profunda en la grandeza del destino del país; consagrarse por entero a la causa de la Patria, actuando espontáneamente en coordinación con las Fuerzas Armadas, aceptando sus sugerencias y cooperando con ellas para desenmascarar y señalar a las personas culpables de subversión, o que desarrollan su propaganda bajo el disfraz de profesor o de alumno. Para los alumnos, comprender que deben estudiar y obedecer, para madurar moral e intelectualmente; creer y tener absoluta confianza en las Fuerzas Armadas, triunfadoras invencibles de todos los enemigos pasados y presentes de la patria" (2) .

La imposición de una cultura vigilante de "los valores occidentales y cristianos" se planteó como una especie de cruzada en la que la jerarquía de la Iglesia católica cumplió un rol fundamental, tal como se advierte en estas declaraciones del representante del Vaticano en Argentina, monseñor Pío Laghi: "El país tiene una ideología tradicional, y cuando alguien pretende imponer otro ideario diferente y extraño, la Nación reacciona como un organismo con anticuerpos frente a los gérmenes, generándose así la violencia. Pero nunca la violencia es justa y tampoco la justicia tiene que ser violenta; sin embargo, en ciertas situaciones la autodefensa exige tomar determinadas actitudes; en este caso habrá que respetar el derecho hasta donde se puede" (3).

Desde el otro lado de la historia, un sacerdote que fue secuestrado por un grupo de tareas contó su terrible experiencia a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas: "Volvió el otro hombre, que me había tratado respetuosamente en el interrogatorio, y me dijo: 'usted es un cura idealista, un místico, diría yo, un cura piola; solamente tiene un error, que es haber interpretado demasiado materialmente la doctrina de Cristo. Cristo habla de los pobres de espíritu, y usted hizo una interpretación materialista de eso, y se ha ido a vivir con los materialmente pobres. En la Argentina los pobres de espíritu son los ricos, y usted, en adelante, deberá dedicarse a ayudar más a los ricos, que son los que realmente están necesitados espiritualmente'. Luego la persona que me interrogaba perdió la paciencia y se enojó diciéndome: 'vos no sos un guerrillero, no estás en la violencia, pero vos no te das cuenta de que al irte a vivir allí, con tu cultura unís a los pobres, y unir a los pobres es subversión'". El ministro de Educación Llerena Amadeo llegó a proponer que: "Para una mayor convivencia social es conveniente que quienes no son cristianos sepan cuál es la concepción cristiana que tiene la mayoría de la población sobre estos temas. El nuestro es un país occidental y cristiano y no se puede dejar de mostrar a los futuros ciudadanos qué significa tal concepción".

Pero ¿cuáles eran esos valores "occidentales y cristianos" que los genocidas militares y civiles decían defender? Históricamente, se ha vinculado a la tradición occidental con la democracia y la plena vigencia de los derechos elementales del hombre. Se oponía el modelo democrático occidental a las tiranías, teocracias y regímenes autoritarios ubicados por los propios occidentales en la tradición oriental.

En cuanto a lo cristiano: la solidaridad, la misericordia, el amor al prójimo hasta el sacrificio, la dignidad de la persona humana, a lo que habría que sumarle los diez mandamientos, de los cuales los terroristas de Estado no dejaron uno solo sin violar.

Se decía en no pocos documentos oficiales que la "subversión" utilizaba la droga como medio de captación de los jóvenes y se hablaba de sus efectos devastadores para el individuo y la familia. La historia nos recuerda que en 1980, la dictadura de Videla colaboró activamente con hombres, armas, dinero y logística con el llamado "golpe de la cocaína" perpetrado en Bolivia por generales vinculados al narcotráfico encabezados por García Meza. Uno de los responsables del apoyo argentino, el general Suárez Mason, presidente y aniquilador de la petrolera estatal YPF y responsable de la represión en el Cuerpo de Ejército 1, será condenado años más tarde por una corte de los EE.UU. por tráfico de drogas y vinculación con el narcotráfico internacional.

La contradicción entre los dichos y los hechos no es nueva en nuestra historia, ya que los conservadores argentinos, autodenominados liberales, que han detentado el poder durante la mayor parte de nuestra historia y lo hicieron durante la dictadura, han hecho del doble discurso su forma de hacer política. Uno de ellos, José Alfredo Martínez de Hoz, le aclaraba al país en 1977: "No somos unos ogros que han sacado del fondo de una caverna para hacer sufrir a la gente, sino que somos seres humanos, igual que todos ustedes que me están escuchando; que hemos sido sacados de nuestras casas convocados por las Fuerzas Armadas, que han salido a superar una crisis tremendamente grave en la historia política, económica y social argentina; que hemos abandonado una vida más cómoda, más provechosa y también nuestra vida familiar". Decía el genial Atahualpa Yupanqui, "no aclare que oscurece".

(1) Testimonio al autor, en Historia Argentina 1976-83. Documental. Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, 1996.

(2) En Argentina, cómo matar la cultura, Madrid, Editorial Revolución, 1981.

(3) Clarín, 28 de junio de 1976.

© Escrito por Felipe Pigna y publicado en el diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 23 de marzo de 2009

“Ser León Gieco cansa un poco”...

“Ser León Gieco cansa un poco”


Es tal vez uno de los músicos más queridos en su ambiente y reconocido por su tarea solidaria. Él dice que ayudar le alivia la vida, le quita el lastre de concentrar las miradas sobre un escenario. Está por estrenar su primera película, Mundo Alas, filmada con los artistas discapacitados que muchas veces comparten con él escenario.


Jura que infinidad de veces se sentó a pensar por qué lo hace y nunca encontró una respuesta. Repasa su historia personal y no encuentra allí ni un mandato familiar ni una herencia ligada al compromiso social.

Afirma que no hace ningún esfuerzo cada vez que ayuda a alguien, que no busca reconocimiento, que no lucra y que ya no necesita que lo quieran tanto. A días de estrenar Mundo Alas, su primera película –que codirigió junto a Sebastián Schindel y Fernando Molnar–, y que es una realidad ficcionada, cuyos protagonistas son artistas con capacidades diferentes que logran cumplir sus sueños, León Gieco intenta meterse en los laberintos de su pasado para entender al hombre en el que se convirtió.


Después de la pregunta de manual para empezar la charla acerca de por qué esos chicos y chicas lo eligieron a él, León esbozará, como se podría intuir, razones políticas: "Todos adhieren ideológicamente a mis canciones, sino, le hubiesen pedido subir al escenario a otro tipo de cantante como Valeria Lynch o Diego Torres. Son pibes que tienen contacto con lo solidario, tocan para otros, se movilizan para ayudar y me vieron a mí como un puente para subir al escenario en diferentes momentos de la vida y distintos lugares, casi como una jugarreta del destino."


–Pero León, mucha gente que piensa igual jamás se junta para llevar a cabo un proyecto. Debe haber otras razones de por qué todos estos artistas te eligieron a vos.

–La verdad es que no lo sé. Pero puedo contarte qué me pasó a mí. Yo me di cuenta de que cuando actué con todos los artistas de Mundo Alas, por primera vez en la Casa de Gobierno, era mucho más fácil para mí tocar con ellos que con mi banda, que está super ensayada. Con Pancho, que no tiene piernas ni brazos y toca la armónica; con Ale Davio, que compone y canta; con Maxi Lemos y Carina Spina, ambos cantantes; con Demián Frontera que baila en su silla de ruedas o con los pintores sin manos que nos acompañan, Antonella Semaán y Carlos Sosa, y el resto, no ensayamos nunca. Cada vez que vamos a tocar juntos los llamo y les digo qué vamos a hacer y punto; y si bailan tango los chicos de Amar, que son pibes con síndrome down, hacemos un tango. Todo se ensambla naturalmente, sin hacer esfuerzo y yo soy uno más. Hace mucho tiempo que no me sentía uno más, siempre tuve el compromiso de ser León Gieco con su banda. Todo el mundo siempre me mira a mí y esta es la primera vez que siento que el público ya no me mira y eso me relaja.


–¿Estás cansado de que todos te miren?

–Un poco sí, porque no soy tan atractivo como para que me miren y además no entiendo qué tiene de atractivo mirar a una persona que canta. Por eso siempre pongo una pantalla atrás para pasar videos ¡Vamos, no soy Elvis Presley! Porque si al menos bailase como él o como Sandro cuando era joven, vaya y pase.


“Sufrí de pánico por siete meses, en el 96. Como no sé por qué vino, ni cómo se fue, tampoco sé si va a volver”.


–¿Pensaste qué te pasa con la mirada de los otros?

–Me da un poco de pánico.

–Bueno, vos sufriste pánico en una época.

–Durante un período de siete meses en el año 96. Pero como no sé por qué vino ni cómo se fue, tampoco sé si va a volver y siempre estoy esperando que el pánico vuelva.


–Además de ese período de siete meses, ¿habías tenido algún episodio anterior?

–Con el tiempo, haciendo un inventario, recordé un recital en San Genaro, en donde estaban mi papá, mi mamá y mi hermana en la platea y sentí algo muy fuerte porque me vieran tocar. Es que, en realidad, mi mamá y mi papá me prepararon para ser un artista. Sin tener ellos ninguna preparación en la música, desde que yo era chiquito mi mamá atendió a un artista, me conseguía las botitas, las bombachas, la charretera para bailar folclore y se ponía feliz cuando le decían lo bien que bailaba su hijo. Mamá me miraba todo el tiempo y me decía: "Vos sos un artista". Entonces, el primer suceso fue ese día que estaba mi familia en la platea. No sabía lo que era, pensé que la batería me había aturdido, tuve un lapsus, miré al tecladista para que me dijera la letra y en qué canción estaba y volví a enganchar. Pasaron varias semanas, voy al programa de Juan Alberto Badía donde intuí que me iba a perder en las letras así que le pedí a mi manager que me anotara “La colina de la vida”, “El fantasma de Canterville” y “Sólo le pido a Dios” y me sentí muy seguro. Esos fueron los primeros indicios, hasta que un día, antes de viajar a los Estados Unidos para grabar "Los Orozco", me volvió a pasar el ataque con taquicardia, al día siguiente viajé y cuando llegué me interné en una clínica. Me diagnosticaron el panic attack. Fue en el 96 y nunca más volvió, pero cada tanto, si viene un avance, me calmo con un cuarto de Rivotril.


–¿Esto te pasó alguna vez tocando con los músicos de Mundo Alas?

–Vos sabés que eso es lo loco: jamás. Es eso de que no siento la presión de la mirada del público.

–Parece que funciona como un antídoto para el pánico.

–Lo podés analizar desde ese punto de vista o desde cualquier otro. Pero lo cierto es que con ellos hago un espectáculo que no me lleva ningún compromiso ni el más mínimo tiempo. Cuando me llamaron para invitarme al último festival de Cosquín les dije que no podía porque no tenía tiempo de preparar algo especial. Pero los organizadores me insistieron tanto y ahí dije "chau, Mundo Alas". Los llamé a todos y los convoqué para que nos juntásemos a las dos de la tarde para probar sonido y tocar a la noche. Nos cagamos de la risa y todo el público se emocionó y lloraron, algo que sucede siempre y que seguro también pasará con la película.


–¿Por qué creés que se emocionaron?

–Creo que la gente llora porque le da impotencia pensar en cuánto esfuerzo tonto hizo quejándose por pelotudeces, se preguntan cómo este chico puede ser tan feliz en una silla de ruedas o por qué este otro pibe que pintaba para ser un gran deportista ahora baila hermosamente en su silla y le encontró la vuelta para que lo aplaudan 60 mil personas. Y además, Panchito, sin brazos y sin piernas, grabó tres discos propios y grabó y actuó tocando la armónica con La Bersuit, La Renga, Los Piojos, Iorio y conmigo.


–¿Y por qué te enganchaste en esta historia?

–No lo sé y no es que no lo haya pensado. Funciono así. Cada vez que doy un concierto me llevo discos y remeras para vender y lo que recaudo se lo doy al Padre Farinello. Invité a un montón de actores, que son re cholulos y les encanta cantar y nunca tienen cómo y les propuse grabar dos discos para juntar guita para los actores grandes que viven en la Casa del Teatro; ¡y no sabés lo que vendo! Fabrico por un peso el libro que escribió Mónica Carranza con la historia de su vida, que adentro tiene dos datos importantes, su mail y el teléfono; y la gente cuando termina de leerlo se conmociona tanto que la llaman para donarle comida y ropa a su comedor. Ayudar no me cuesta nada, nada, y me relaja.


–¿Funciona como una liberación, saldás culpas por algo?

–No lo sé, y hago esto desde chiquitito. Me da placer ver que alguien se ponga contento con el solo hecho de darle algo que tengo, que me sobra o que puedo hacer. ¡Qué se yo! Te cuento un caso y sacá tus propias conclusiones, porque no le encuentro la vuelta; en mi familia nadie era así. Yo era un pibe de familia muy pobre, a los siete años conseguí un laburo de repartidor de carne desde las siete de la mañana hasta las 10. Como no me alcanzaba, desde las 10 hasta las 12 también trabajaba para una señora imposibilitada que no quería salir de la casa y yo le hacía todos los mandados. Después comía, iba al colegio hasta las seis de la tarde y volvía a casa para hacer la tarea; terminaba muerto. Eso lo hice durante cuatro años. Pero el punto es que, cuando cruzaba las vías del tren para llevar la carne al otro barrio, me llamaban la atención dos linyeras que se tiraban por ahí todos los martes y los viernes. Eran dos tipos que habían renunciado a la vida. Ahora los crotos no existen, están los cagados de hambre.


“Me da placer que alguien se ponga contento con el solo hecho de darle algo que tengo, o que puedo hacer”.


Un día detecté que tenían un refugio y atrás de todo había unas latas acumuladas con unas brasitas y ahí se me ocurrió que se pondrían muy contentos si yo todos los martes y los viernes les llevaba un pedazo de carne. Le encanuté al carnicero un cacho de carne con hueso, que no le iba a hacer nada, ni se iba a dar cuenta; fui y les pregunté si tenían ganas de comer carne, no sabés cómo se pusieron. Me dijeron que Dios me bendiga y yo sentí que de alguna forma ellos me estaban protegiendo. Sentí como que hice una gran cosa que no significó nada. Lo hice muchísimo tiempo y era muy placentero, me daba seguridad, me dejaba contento por el resto del día, me ponía en un estado creativo como cuando compongo una canción, es una sensación en el estómago que te llena de adrenalina. Bueno, ahora sacá tus propias conclusiones.

–Parece un pensamiento lineal, del tipo " doy algo bueno porque seguro recibiré algo bueno a cambio".

–Y... puede ser, la condición humana es rara. Hay gente que me dice que yo ayudo para que me quieran. Otros pelotudos piensan que yo concentro la solidaridad del país, como un periodista de un diario porteño que le dijo en una nota a Patricia Sosa, cuando fue a tocar gratis a El Chaco, que tenía que hablar conmigo porque la ayuda es mi tema.

¡Y qué querés que opine!, ese comentario me parece de muy mal gusto, porque yo no lo hago por eso, lo hago porque lo siento y porque no me cuesta nada.

–Estás casado hace 35 años con la misma mujer, tenés dos hijas y dos nietas. ¿Cómo sos como padre, esposo, abuelo?

–(Se ríe a carcajadas). Eso deberías preguntárselo a ellas, estoy casi seguro de que hablarían bien de mí, el amor que nos tenemos es inmenso y siempre fui un padre cariñoso, me preocupé. Siempre hay problemas, que no siempre vienen de uno, sino de situaciones externas.


–¿A qué te referís?

–Cuando tuvimos a Liza, mi hija mayor, nos exiliamos y ella era chiquita y tenía a sus dos padres en exclusividad y la pasó genial. Pero a la segunda le tocó crecer con el advenimiento de la democracia, cuando mi popularidad creció y a ella no le gustaba caminar conmigo por la calle porque la gente me pedía autógrafos o quería sacar fotos. No había un problema entre ella y yo, era el entorno que la agobiaba. Y sigue siendo así.

Desde hace tiempo salgo a andar en bicicleta con un barbijo, es que me las tengo que ingeniar para que no me reconozcan. El fin de semana pasado me fui a una feria de Palermo impresionante, en la que vendían jamones y chorizos y con el barbijo nadie se me acercó.

–¿Y como marido, cómo sos?

–El 11 de marzo, en el aniversario de la asunción de Cámpora, cumplimos 35 años. Ese día nos reencontramos después de un tiempo porque ella era la esposa de mi íntimo amigo, Horacio Fumero, un bajista increíble que vive en Barcelona y que es mi amigo del alma.

–¿Te quedaste con la mujer de tu mejor amigo?

–Pará que te explico: nosotros éramos tan amigos que siempre estábamos en contacto con las mismas chicas, por ahí él tenía una novia que dejaba de andar con él y empezaba a andar conmigo o al revés. Y así pasó, nos casamos con la misma mujer, bah, él se casó, duró tres o cuatro meses con Alicia y después de un año nos reencontramos gritando por el triunfo de Cámpora y nunca más nos separamos. No nos casamos porque siempre sostuvimos que los papeles no eran necesarios y desde ese momento sabemos convivir con el entorno, ya que mi vida artística más intensa empezó con ella, que sabe que a la noche salgo a tocar, sabe que estoy siempre ocupado, que mis horarios son raros, que ahora no uso celular y no sabe dónde estoy. Pero se acomodó perfectamente a ese tipo de cosas porque su personalidad es bastante claustrofóbica y los problemas entre nosotros empiezan cuando estamos juntos dos semanas seguidas. Ahí empiezan los líos: guardá esa ropa, por qué dejaste la valija tirada... entonces más vale que me vaya con la valija por ahí. Tengo mi estudio, adonde puedo venir y vivo en hoteles, que me encantan.

–Después de tanto tiempo viajando ¿te sigue gustando dormir en hoteles?

–No sólo me gusta, cuando entro a un hotel, me emociono. Me acostumbré y no se por qué me gustan tanto, pero me fascinan. Y me emociona uno cualunque, no tiene que ser de gran categoría porque cuando entro ya está, estoy protegido, nada malo me puede pasar. Me hace acordar a los aeropuertos, que también me fascinan, son lugares neutros, nadie va a venir a matarte o a robarte. En los hoteles y en los aeropuertos es como estar en mundos protegidos y esa sensación sólo la tengo en el escenario, una jaula segura donde soy una especie de mono que hace piruetas y todos disfrutan pero no suben al escenario.


–El antropólogo francés Marc Augé llamó a los aeropuertos, los hoteles y las autopistas los "no lugares", espacios donde se conquista el anonimato.

–Me cierra perfecto, amo los no lugares, amo los hoteles, la ruta y los aeropuertos, porque en los no lugares nadie me conoce y la paso bomba.

–¿Qué influencia tuvo tu mujer en tu música?

–Mucha, porque ella es una piba (bah, una piba de 60 años, pero sigue siendo una piba), muy lectora, sabe mucho, es culta y memoriosa y es mi agenda, no de teléfonos sino mi agenda de palabras y situaciones. Cuando tengo que enfrentar reportajes me instruye en cómo encarar los temas. Con la pelea entre el Gobierno y el campo, me dijo que en cualquier cosa que dijera iba a estar equivocado, por eso opté por no opinar. Además, es una gran compositora. Cuando hago el primer demo de cada disco, lo escucho con todas mis mujeres, incluso mis nietas; ellas son mis peores jueces y por ahí salta una y me dice: "Esto es muy Valeria Lynch, dejate de hinchar las pelotas". Viste cómo somos los seres humanos, demasiado exigentes; y somos todos cóndores, ninguno quiere ser gorrión, todos con la altivez al palo. Y se ve que a los hombres les cuesta ingresar en esta familia, durante mucho tiempo el único hombre que entró fue un perro, pero cada tanto alguno entra. Y bueno, estamos como queremos (risas).


–Filmaste tu primera película. ¿Cómo te sentiste en el rol de director y qué aprendiste?

–Aprendí que el cine es muy mentiroso, que podés mentir a lo loco y eso me encantó, porque en una canción no podés mentir. Además, filmando esta película me vinieron dos historias más que ya tengo cerradas, sólo me falta escribir un guión con un escritor fantasma y las voy a filmar. Una de las películas se va a llamar Canalla, es sobre la realidad social y la otra, Grandes premios.


“Anda a saber si mi película no gana premios importantes, si a mí siempre me fue bien sin buscarlo”.


–¿El cineasta va a ir desplazando al músico?

–No creo, de hecho ya estoy preparando un nuevo disco que tratará temas de la condición humana, porque últimamente me han sucedido algunos hechos desagradables con personas allegadas que me hicieron reflexionar. Y por otro lado, quiero seguir filmando, para empatar a Fito Páez (risas). No, fuera de joda, vale la pena insistir un poquito más con el cine porque andá a saber si esta película no gana grandes premios, si a mí

siempre me fue bien sin buscarlo. Mirá si en los diarios le ponen "excelente", me encantaría.

–¿Te importa la opinión de la crítica?


–Por supuesto, todos vivimos de eso. Lo mismo pasa cuando tenés un kiosco y la gente no entra, ahí hay que cambiar algo. No me voy a hacer el hippie de decir que no me importa, quiero que tenga éxito como todo lo que hago, si yo quería tener éxito desde chiquito. Cuando canté por primera vez en el colegio tuve éxito; vino mi mamá me dio un beso y me dijo: "La gente dice que cantás muy bien", y ya está, eso es el éxito.

–¿Tus padres cuándo murieron?

–Mi mamá murió el año pasado; siempre fue una fanática que tenía empapeladas las paredes con mis fotos. Mi papá falleció en el 92. Él no vio la mejor parte de mi carrera, que empezó cuando dejé de tomar vino y algunas pastillas, porque yo pintaba para ser como mi viejo y su muerte, por alcoholismo, me hizo cambiar. Dejé de tomar, estuve mucho tiempo probando diferentes spa, pero recién cuando murió mi viejo pude salir adelante. Él me regaló con su muerte una nueva vida y fue la parte más grossa de mi carrera, desde Mensajes del alma hasta

ahora. Su muerte al menos sirvió para algo, para que yo empezara otra vida.


Todos los artistas


Mundo Alas comienza como un reclutamiento de artistas para hacer una gira por el interior del país que se convertirá en un viaje iniciático para cumplir sueños compartidos. En el medio de la ruta, los recitales y las cenas hasta cualquier hora, surgen los miedos, las charlas sobre música y canciones que hablan de amores perdidos. Mientras todos persiguen un fin —actuar en el Luna Park—, habrá episodios desopilantes, declaraciones que calan profundo, relaciones amorosas e historias de vidas singulares que el espectador irá conociendo de a poco. La primera película filmada por León Gieco junto a Fernando Molnar y Sebastián Schindel —cuyo estreno está previsto para este jueves— es el resultado de las relaciones que el músico fue tejiendo durante 15 años con los protagonistas: artistas con capacidades diferentes.

El detonante de esta historia fue Panchito Chévez, un armonicista rosarino que nació sin brazos ni piernas y que ya lleva editados tres discos y actuó y grabó con grupos como la Bersuit y Los Piojos.


Resulta que ex presidente Néstor Kirchner recibió al músico en la Casa Rosada y hasta le dio su celular para que lo llamase cuando quisiera y parece que Panchito se lo tomó en serio. Un día el secretario privado de Kirchner lo llama a León para decirle que controlara a Pancho, que estaba volviendo loco al presidente porque quería tocar en la Casa de Gobierno. Fue ahí que Gieco organizó el primer recital de Mundo Alas y en el que participaron los protagonistas del film: Maxi Lemos, un cantante de San Luis que nació con secuelas de parálisis cerebral, tiene un disco editado y se presenta en escenarios puntanos; Antonella Semaán, una pintora de 18 años que dibuja con su pie y que realizó un retrato de Carlos Tévez utilizado en una campaña de Nike; Carlos Soda, otro artista plástico con tetraplegia espástica, que pinta con su boca; Demián Frontera, el bailarín y deportista que sufrió a los 14 años un accidente que lo dejó en una silla de ruedas que hoy es la base que le permite bailar danza clásica y tango, no sólo en la Argentina sino en el mundo; Alejandro Davio, el joven músico que nació con hidrocefalia congénita y a quien Gieco conoció en el hospital Garrahan y se convirtió en una de las voces más bellas de Mundo Alas; Carina Spina, una cantante ciega con una voz privilegiada y que está por editar su primer disco y un libro de cuentos infantiles; la Compañía de Tango Danza Amar, integrada por Karina Amado, Nidia Scalzo, Lucrecia Pereyra Mazzara, Javier Trunso y Eduardo Spasaro, chicos con síndrome de down que ya han compartido escenario con Copes, Lavié y Mederos y también Rosita Boquete, la agente de prensa de Pancho Chévez y Beto Zacarías, su asistente personal.


© Escrito por María Fernanda Mainelli y publicado en la Revista C del Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábadoo 21 de marzo de 2009