Victorias y tropiezos - Riesgo de embriaguez…
El Gobierno enfrenta una erosión creciente: el caso
Adorni, errores políticos y tensiones sociales.
© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 12/04/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.
Hay momentos a lo largo de un gobierno en los cuales el cúmulo de poder
encandila. Le pasó a Cristina Fernández de Kirchner en 2011 luego de haber sido
reelecta con el 54% de lo votos. “Vamos por todo”, fue la frase que resumió esa
embriaguez de poder tan nociva para el país y para la mismísima expresidenta
hoy cumpliendo una condena por el delito de corrupción. A Mauricio Macri le
sucedió lo mismo tras el buen desempeño en las elecciones de medio término, en
octubre de 2017, en la provincia de Buenos Aires. Ahora esto mismo le está
ocurriendo a Javier Milei tras el resonante triunfo electoral de octubre
pasado. Es evidente que tamaña suma de poder enceguece aquí y en el mundo y es
un peligro que sin buen juicio y contexto adecuado puede perjudicar a cualquier
gobierno.
Este es un momento de contrastes para el Gobierno: por un lado, viene de
conseguir otra victoria parlamentaria importante con la aprobación de la media
sanción del proyecto de Ley de Glaciares, el que se suma a los otros logros legislativos
que el oficialismo cosechó durante el verano: por el otro, en cambio, el caso
de Manuel Adorni que se complica y se enreda cada vez más con aristas y
personajes casi novelescos. A esta altura de los hechos, la decisión más sabia
que el jefe de Gabinete debería tomar es alejarse del Gobierno. Con solo leer
los contenidos de las redes sociales que, hasta aquí, han sido un bastión de La
Libertad Avanza, tendrían la comprobación de la creciente decepción que el
episodio está generando en una parte de su base de apoyo ideológico y cultural.
El comportamiento por parte del Presidente, de su hermana Karina y del núcleo
duro que lo rodea es el propio de la casta. Hay que recordarle a Milei que los
funcionarios son fusibles. El único irreemplazable es él y, probablemente para
él, su hermana.
En la semana, ocurrió algo que hubiera sido impensado al comienzo de la
actual gestión. Fue la entrevista que Milei concedió a Antonio Aracre y Ramiro
Castiñeiras en el programa Economistas que se emite por la Televisión Pública.
Todos recuerdan que el Presidente había condenado la actividad de los medios
públicos. Junto con el Banco Central, tenía destino de extinción. Nada de eso
ha ocurrido. Pero eso no es lo malo. Los medios públicos son importantes cuando
dejan de lado la militancia y adquieren características de independientes y
plurales. Lamentablemente no es esto lo que está sucediendo. Como lo hicieron
otros antes, la así llamada “entrevista” fue absolutamente concesiva y se
transformó en un vehículo de las descalificaciones del jefe a quienes lo
critican y a una repetición de promesas de mejoras que se van posponiendo según
pasa el tiempo. Hizo acordar a los famosos “brotes verdes” del también célebre
“segundo semestre” de bonanza que se cansó de anunciar Mauricio Macri durante
su mandato que nunca llegó. Como es costumbre, volvió a criticar a la prensa
asegurando que “el 95% de los periodistas son delincuentes”. Pero uno de los
puntos más curiosos que le costó críticas –incluso– entre sus propios
seguidores fue la intrincada e infantil forma de evaluar el caso de los
funcionarios públicos que tomaron créditos con el Banco Nación. “Los créditos
se tomaron a la tasa de mercado, con lo cual no se violentó nada”, sentenció.
Es posible desde lo técnico o legal, pero no es lo aconsejable desde un enfoque
ético o moral. Seguramente para el común de la gente no sería tan fácil
tramitarlo. Fue justamente en ese punto cuando ensayó una curiosa explicación
desde el punto de vista de la moral libertaria: “Nosotros hemos definido
nuestros valores morales; la pregunta es: ¿haber tomado ese crédito mató
gente?; ¿violentó el derecho a la vida? ¿Acaso terminó con la libertad de
alguien? Ustedes se pueden reunir libremente”, les dijo a sus interlocutores.
Qué triste es ver a una persona inteligente justificando de forma tan retorcida
algo que podría haberse subsanado de otra forma. De esta manera, el Presidente
terminó expuesto a una situación de desgaste autoinflingida que fue el
comentario de todo el mundo en las redes sociales durante días.
El Adornigate tuvo esta semana la aparición en
escena de la escribana que participó en las operaciones inmobiliarias del jefe
de Gabinete. Más allá del personaje pintoresco que compuso Adriana Nechevenko
–la notaria en cuestión–, sus declaraciones públicas no solo no ayudaron a
Adorni, sino que la complicaron, al punto de dejar abierta la puerta para
eventuales sanciones que podrían afectar su matrícula. Fue cuando dijo que no
tenía obligación de averiguar el origen del dinero utilizado en las operaciones
inmobiliarias en cuestión. Esto es algo que, por la Resolución 242/23,
específicamente se le requiere a cada escribano que solicite una declaración
jurada por parte del comprador sobre el origen de los fondos que destine a la
operación correspondiente. A ello hay que agregar que el jefe de Gabinete es
una persona políticamente expuesta. Esto significa que, por causa de su poder,
tiene a mano los elementos para llevar a cabo actos de corrupción. Un error de
principiante que no resiste el menor análisis.
Lejos del juego de la política –o víctima de él–, el PAMI ha vuelto a ser
noticia. El atraso en el pago a las prestaciones de las farmacias acumula más
de dos meses y pone en jaque a uno de los actores principales del sistema de
salud. Desde hace tiempo que los farmacéuticos hacen malabares para poder
reponer los medicamentos. También hay retrasos en la entrega de medicamentos
oncológicos y las clínicas y sanatorios han comenzado a suspender sus
prestaciones. El problema no es estrictamente de la obra social de los
jubilados. Desde allí alegan –con razón– que el Ministerio de economía no
transfiere los fondos suficientes. Estamos ante un gobierno para el que, con
buen criterio, el equilibrio fiscal es innegociable, pero, cuando los números
no cierran, deberían establecerse mejor las prioridades en las asignaciones
para que no sea el ciudadano de a pie el que pague las consecuencias.








