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viernes, 3 de abril de 2026

Torturador y violador: quién es Alberto González, el mentor de Victoria Villarruel… @elprofesorcapomasi...

 Torturador y violador: quién es Alberto González, el mentor de Victoria Villarruel…


Alberto González y Villarruel. Fotografía: Cedoc. 

Tiene dos condenas a perpetua y una por delitos sexuales. Massera lo condecoró. Trastienda de su relación con la Vice. 
Adelanto de la tapa de Noticias.


© Escrito por Juan Luis González el 23/03/2024 y publicado por la Revista Noticias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.   

Dos chalets idénticos. Tienen dos cuartos, un baño y una cocina. Pero no están pegados, sino que se encuentran en rincones distintos de la base naval de Zárate. Por eso es que, cuando tocaba día de visitas, había que coordinar bien la logística. Quién hacía la comida, quien conseguía bebida, en qué casa se juntaban.
Alfredo Astiz entraba en lo de Alberto González como lo que eran: viejísimos conocidos. Fueron compañeros de la “promoción 100”, la que comenzó sus estudios en la Escuela Naval en 1968. Unos años después se volvieron a cruzar, pero en la Escuela de Mécanica de la Armada (ESMA)

Ahí ya no eran jóvenes estudiantes, sino dos engranajes centrales de esa maquinaria sangrienta por la que pasaron cinco mil personas y sólo pocos sobrevivieron. Durante la dictadura habían tenido chispazos: ambos se enamoraron al mismo tiempo de la misma mujer, una montonera de 20 años secuestrada en la ESMA. Fue González quien se impuso en esa pulseada: no por decisión de ella, que fue sistemáticamente violada y torturada por él.

Hoy tienen otros problemas: cuando asumió Néstor Kirchner, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final fueron anuladas, y se reactivaron los juicios por crímenes de lesa humanidad. Astiz y González cumplen prisión preventiva por secuestros, torturas y desapariciones forzadas.

Escena

Sin embargo, piensa el primero mientras abre la puerta de González, la base de Zárate no está tan mal. De hecho, les permite recibir a quien quieran para pasar una velada amena, como la que está a punto de protagonizar. En eso estaba su cabeza 
cuando Victoria Villarruel sale de la cocina y le dice que se siente, que la comida está por salir.


Es el año 2005 y Astiz, mientras come, escucha la idea de González de crear una asociación civil que hable de “los otros muertos” y de contar “la memoria completa”. Villarruel, sentada al lado del anfitrión, toma nota en silencio.


Tapa de la Revista Noticias del sábado 23 de Marzo de 2024.

Alberto Eduardo González nació el 26 de octubre de 1950 en la Capital Federal, hijo de Francisco Alberto y de Inés Edith Di Lorenzo. “El Gato”, como lo llamaban en los años de plomo, 
es capitán de Corbeta de la Armada retirado y profesor de historia naval. Pero esa no es toda su biografía.


También fue oficial de inteligencia del Grupo de Tareas 3.2.2 de la ESMA, que comandaba su compinche y padrino Jorge “El Tigre” Acosta, otro de los represores más famosos y temidos de los años de plomo, y que tenía entre sus miembros a Astiz. González estuvo en ese cargo y en ese lugar entre el 1 de marzo de 1977 y el 17 de mayo de 1979.

Ese grupo de tareas no es uno más, sino que tiene un lugar central en las páginas más tristes de la historia argentina, al ser parte de lo que se conoció como “los vuelos de la muerte”. En los fundamentos de la condena a cadena perpetua a González por crímenes de lesa humanidad, la Justicia describe así a este grupo:

“Desarrollaba las operaciones de carácter ofensivo; es decir, salir a detener a personas sospechosas -según ellos- de vincularse con la 'subversión' o las 'organizaciones terroristas' y procesar los datos. Dichas operaciones ofensivas comprendían el ciclo de detención, interrogatorio, alojamiento y resolución final del caso; esto es, secuestro, tortura, privación de la libertad en un centro clandestino de detención y muerte o desaparición forzada”.


González tenía un lugar destacado en esta maquinaria sangrienta. Al menos de eso estaba convencido Emilio Massera. El 12 de septiembre de 1978, el comandante en jefe de la Armada le entregó una distinción en “honor al valor del combate” para “premiar los hechos heroicos” en “operaciones reales de combate”.

No era para menos. Es que si bien “el Gato” participaba del armado de los secuestros y de los operativos en sí, su terreno era otro. Su reino era “el sótano”, el rincón más terrorífico de la ESMA. Ese era el primer lugar adonde los militares enviaban a las personas secuestradas para la tortura, donde había celdas minúsculas en las que se mantenía bajo condiciones inhumanas a los detenidos. “El sótano” era también lo último que miles vieron: ahí se volvía a enviar a los desaparecidos antes de ser asesinados.


En ese pedazo de infierno, el que movía los hilos era Alberto González, quien tenía, como decían en la ESMA, “los casos” a su cargo. “Su rol específico consistía en la obtención de información por intermedio de la tortura y la planificación del uso de esa información”, dice el fallo en el que se lo condenó.

En ese lugar tuvo la desgracia de caer Silvia Laybarú, una chica de 20 años, embarazada de cinco meses, que era miembro de Montoneros. De ella fue quien se enamoraron González y Astiz, pulseada en la que el primero se impuso a la fuerza.

Lo que cuenta Laybarú es un relato escalofriante: “El Gato” no sólo la violaba en la ESMA, sino que, en un trance en el que mezclaba una fenomenal violencia con el hecho de haber desarrollado sentimientos hacia ella, la raptaba del sótano para llevarla a su casa. Ahí repetía esa operación, pero con otra vuelta macabra, que involucraba a su entonces esposa. Eso sucedía mientras la hija de dos años de ambos estaba en el cuarto de al lado.

“Al principio lo tomaba como parte de la tortura, pero siempre tuve claro que el hecho de haber sido obligada a participar de los juegos eróticos de esta parejita me hizo ver muy claramente que lo que estos tipos estaban haciendo no tenía absolutamente nada que ver con la lucha antisubversiva. Porque, ¿en qué sirve ser violada por la esposa de un oficial a la lucha antisubversiva? ¿qué tiene que ver esto? Ellos, tan cristianos, tan éticos... ¿para qué servía ser violada por la esposa de un marino?”, dijo en un reportaje en el diario Perfil, que acompañó el adelanto del libro que escribió Leila Guerreiro sobre ella y su historia, “La llamada”.

González hoy cumple tres condenas a cadena perpetua. En la causa ESMA II por su rol en la desaparición de 86 personas, en la causa ESMA III por otras 789 víctimas y, finalmente, por la violación de Laybarú y de otras dos mujeres. El 15 de agosto de 2021 la Justicia convirtió a González en el primer condenado por delitos sexuales de toda la dictadura militar. Pero “el Gato” no es sólo eso. También es el mentor de la vicepresidenta.

El lado oscuro. “De todos los ex ESMA con los que Villarruel se podría haber metido, González es el peor”, dice el periodista Uki Goñi, autor de “El infiltrado”, el libro sobre Astiz que fue central en el juicio en el que se los condenó a ambos, y en el que “González Menotti”, otro de sus apodos, aparece bastante.

Villarruel conoció a González a través de otra persona que estaba “orgullosa” de haber participado en la “lucha contra la subversión”, como decía, y que también fue premiado por ese labor: era Eduardo, su padre. Villarruel senior y González compartían su amor por la historia (en democracia, “el Gato” estudió esa carrera en la Universidad de Belgrano, el mismo lugar donde, curiosamente, se recibió Javier Milei). A ambos les gustaba en especial la historia naval. En 1989, cuenta el periodista Ricardo Ragendorfer, a González lo nombraron jefe de investigaciones del Departamento de Estudios Históricos de la Armada. La influencia de González en Villarruel hija es mucha. “Es cómo mi segundo padre”, dice ella en su intimidad.

Así lo cuentan también varios testimonios. “Lo conocí por Villarruel. Fuimos juntas al penal y él me mostró el libro que estaba escribiendo, que luego firmó Victoria”, contó Cecilia Pando, otra mujer de este mundo militar. Acá se cruza otra historia: en off y en on, muchos apuntan a que los libros que la vicepresidenta publicó como suyos (“Los llaman jóvenes idealistas” y “Los otros muertos”) no fueron de su autoría.

“Alberto formó a Victoria y escribió los libros que ella firmó como propios”, aseguró Segundo Carafí, uno de los líderes del partido NOS de Juan José Gómez Centurión, en el cual Villarruel tuvo un breve paso y al cual están afiliadas su hermana y su madre. A este comentario en redes lo secundó Nicolás Marquéz, uno de los ideólogos preferidos del Presidente. En privado, el escritor del “libro negro de la nueva izquierda” es más crudo: asegura que la relación entre Villarruel y González era la de una pareja.

Otra persona importante del grupo de familiares de militares presos dice lo mismo, pero con el grabador apagado. “Varias veces fui a visitar a Alberto a la cárcel, y estaba escribiendo esos libros. Victoria sólo iba cuando no estaba la esposa de Alberto”. Esta persona da un paso más allá. “El Celtyv (la fundación de Villarruel) fue obra de Alberto. Idea de él, que desde siempre está con esa idea de contar toda la película”.

Cerca de la vicepresidenta afirman que los libros fueron de ella, mientras que dicen que prefieren no hacer declaraciones sobre el vínculo con González. Es verdad que hay un dato que no deja de ser curioso: Villarruel publicó dos libros de cientos de páginas, pero no se destacó nunca por escribir artículos.

Presente

De la base naval de Zárate, a González lo trasladaron a Marcos Paz y luego a Ezeiza. Ahí está detenido hoy, en el complejo VII, con Astiz y otros genocidas.

Villarruel mantiene contacto con él, incluso hasta el día de hoy. Es algo que afirman familiares de los presos detenidos allí y también dos ex colaboradores de ella. “Ante cualquier duda, de cualquier tema importante, Victoria se comunica con él. Es una especie de guía para ella”, aseguran.





jueves, 19 de febrero de 2026

La Máquina de Destruir Periodistas... elprofesorcapomasi

La máquina de destruir periodistas...

Fotografìa: Cedoc

El Gobierno creó una "oficina" tuitera para perseguir voces críticas. Cómo el odio personal de Milei se transforma en política de Estado. La caja de YPF para premiar lealtades. Los ejemplos de Bukele y Orbán.

© Escrito por Juan Luis González el jueves 12/02/2026 y publicado por la Revista Noticias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

“No odiamos lo suficiente a los periodistas” ya es, a esta altura de su gestión, un mantra del Presidente Javier Milei. La creación de la Oficina de Respuesta Oficial es el último eslabón de esa estrategia de ataque a esta profesión. La oficina -en realidad una cuenta en redes comandada por un francotirador digital libertario- no limita su accionar a refutar informaciones erróneas, sino que condena bajo la etiqueta rápida de “opereta” cualquier expresión, opinión u observación de la realidad nacional que no sea del agrado presidencial. Milei califica a periodistas del más amplio espectro ideológico como “ensobrados”, mientras hace la vista gorda de los amigos beneficiados con pauta como la de YPF, los rebautiza con ironía no siempre fina y descalifica con el método de la erosión lenta. 

En la edición de NOTICIAS de esta semana, cuyo título de tapa es “La máquina de destruir periodistas”
 analizamos el singular fenómeno comunicacional del mileísmo y la sintonía con otros gobiernos afines como los de Bukele y Orbán.


Además, en la portada de esta semana. Bud Bunny, una sorpresa contracíclica. Consagrado con polémica en el Super Bowl de los Estados Unidos, el puertorriqueño que llevó la música latina al tope del ranking mundial hará estallar con su música el fin de semana largo en Buenos Aires.

Y también en la tapa el regreso de los bazares chinos, remake del noventoso “todo por dos pesos”. Y el parador de Pinamar que se convirtió en búnker de los políticos.

Guerra es paz, ignorancia es fuerza, libertad es esclavitud”. Esas eran las tres frases que Winston Smith leía todos los días en la fachada del ministerio de la Verdad, uno de los cuatro que componían el gobierno de Oceanía. Ahí Smith se desempeñaba en el departamento de Registros, el área que se encargaba de confeccionar el pasado a través de la edición de videos, diarios, películas, libros, o lo que sea. Un día cualquiera del trabajo del hombre en ese lugar se veía así: “En el Times del 19 de diciembre del año anterior se habían publicado los pronósticos oficiales sobre el consumo de ciertos productos en el cuarto trimestre de 1983. Pues bien, resultaba que los pronósticos se habían equivocado muchísimo. El trabajo de Winston consistía en cambiar las cifras originales haciéndolas coincidir con las posteriores. Eran noticias que por una razón u otra era necesario alterar, o, como decía la frase oficial, rectificar”.

A esta altura más de un lector se habrá dado cuenta de que Smith no era una persona real, ni el ministerio de la Verdad o el gobierno de Oceanía existieron jamás, sino que son parte de la famosa obra de George Orwell, “1984”. Sin embargo, la realidad se va pareciendo cada vez más a la ficción. En especial en Argentina, país gobernado por alguien que hace años no tiene muy en claro dónde termina una frontera y empieza la otra. La vocación mesiánica y autoritaria de Milei viene chocando desde el día uno con ese oficio que por definición cuestiona el relato único. Y, como le pasó a Smith cuando empezó a dudar del ministerio de la Verdad -“Que se encarga de la mentira”, dice Orwell en el libro-, el economista pretende usar el poder del Estado para callar a cualquier voz crítica o disidente. Y a su máquina de destruir periodistas ahora le sumó una controvertida “oficina de Respuesta Oficial” que, como en la novela, quiere imponer su propia versión de los hechos. El Gran Hermano libertario está al acecho.

Panóptico.

“La oficina de Respuesta Oficial de la República Argentina fue creada para desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”. Este fue el primer tuit de la cuenta, en la cual se anunciaba su creación ante el mundo y enumeraba sus presuntos objetivos. Eso sucedió el 5 de febrero, a las 12:37 del mediodía. Javier Milei tardó algo más del minuto que pasó entre que la token $Libra se creó y que él la promocionó desde su cuenta, pero igualmente fue bastante rápido: 12 minutos después el Presidente estaba compartiendo la novedad en sus redes. “Para desenmascarar mentiras y operaciones de los medios, fin”, tuiteó el libertario, en mayúsculas.

Desde entonces -hasta el cierre de esta edición- la oficina de Respuesta oficial había sacado 16 comunicados con desmentidas. Tres de ellos -más el tuit del estreno- fueron amplificados por el propio Milei. “Aquí está el que confesó que ha sido parte de una red de espionaje ilegal al Ejecutivo”, subió el 6 de febrero, dedicado a Mauro Federico, a quien el mandatario acusa de haber sido parte de un intrincado plan para espiar a sus perros clonados. Ese día también compartió un tuit de la oficina contra Luis Novaresio, al que le agregó “acomodando al mentiroso y operador serial, algún día se sabrá lo que operaba desde España tratando de generar caos en Argentina”. El 11 de febrero reprodujo un mensaje contra  TN: “Aquí un periodista operando una mentira”.

La coordinación entre la oficina y las redes del mandatario revela mucho más que una adicción tuitera del Presidente. Como contó el diario La Nación, fue el propio Milei quien tuvo la idea de crear esta oficina. Como en otras áreas de su gestión, es más que probable que el libertario se haya copiado de Donald Trump, que en el comienzo de su segunda gestión como presidente número 47 de Estados Unidos lanzó “Rapid response 47” -por eso el número- para cruzar en las redes a periodistas críticos. De hecho, hasta los logos de ambas cuentas son muy similares.

Más allá de este nuevo plagio, el movimiento ilustra cómo funciona el oficialismo. Como viene contando esta revista desde que La Libertad Avanza llegó al poder, las estrategias y las políticas del Gobierno se acoplan a los deseos, necesidades o caprichos personales del mandatario, y no al revés. Si bien en el caso de esta oficina se puede encontrar un motivo racional atrás de su creación -como por ejemplo desviar la conversación pública de la intervención del INDEC, el escándalo nacional que ilustró la última tapa de este medio-, fue el propio odio de Milei al periodismo el que la hizo nacer. Crear en “X” una cuenta con el tilde gris, es decir que cuenta con el aval de la red social de Elon Musk de que pertenece efectivamente a un gobierno, tarda varios días sino semanas. La coincidencia con la renuncia de Marco Lavagna y el cambio en la nueva metodología de medición a unos días de publicarse es nada más que eso, una coincidencia. Lo que mueve montañas, en este caso, es la ira de Milei a la prensa.

Guerra.

La oficina cargó contra los periodistas Jorge Fontevecchia, Manuel Casado, Julián Maradeo, Federico, Novaresio, María O'Donnell, María Laura Santillán, Francisco Jueguen, las comunicadoras Marcela Feudale y Edith Hermida, la dirigente de izquierda Vanina Biasi y el abogado Félix Lonigro. 

En varios de esos cruces, la cuenta -que maneja Juan Pablo Carreira, un soldado de Santiago Caputo (ver recuadro)- hizo un paso en falso y demostró su verdadero rostro: a Maradeo le desmintió una información que el propio Milei había dado en una entrevista de octubre de 2025 -donde comentaba que estaban por comprar submarinos franceses, lo mismo que había publicado el periodista-, y a O'Donnell la cruzó por comentar que en casi ningún país del mundo la edad de imputabilidad es de 13 años. La oficina puso erróneamente como ejemplo a Uruguay, cuya ley indica que la edad es de 18 años. 

A Fontevecchia le “desmintieron” una editorial, cuando una opinión es, en todo caso, una opinión, no algo “desmentible”. La metodología revela el fondo: la intención es aleccionar a la prensa crítica, atacar a los periodistas para intimidarlos a ellos y a los que quisieran seguir su ejemplo.