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domingo, 27 de abril de 2014

Reportaje a Anibal Fernández... De Alguna Manera...


Aníbal F.: "Me hago cargo, fue un error hablar de sensación de inseguridad"…

Delito. “¿Dónde está uno seguro? ¡Qué sé yo! Uno tiene que tomar todos los recaudos”, aseguró. “A partir de lo que pasó, ahora me veré obligado a tomar más precauciones”, agregó luego del robo que sufrió. Foto: Marcelo Aballay

En una entrevista con Magdalena Ruiz Guiñazú, el senador asegura que fue un error comentarlo. "Yo no inventé el término", insiste. Qué dijo sobre su su documentación patrimonial.

Lamentablemente debemos comenzar este reportaje con lo ocurrido esta semana al senador Aníbal Fernández. “¿Qué sintió cuando lo encañonaron?” es algo que no podemos dejar de preguntar.
Un breve silencio, y luego contesta: “Al principio, nada… Yo venía con unas tartas que acababa de comprar para comer ese día y estaba escuchando música mientras me detenía en un semáforo. De pronto, delante de mí paró un coche. Otro, detrás. Y en algún momento alguien empezó a golpearme el vidrio. Yo no entendía qué quería decirme, hasta que vi el caño del revólver. Mientras sacaba la palanca de cambios ya tenía a otro, también armado, del lado del volante. Abrí la puerta, me bajé y el que estaba a mi lado me metió la mano en el bolsillo para sacarme la llave. Pero se sabe que en estos coches no se pone llave. En cuanto vi un huequito en el tránsito crucé hacia la vereda. Eran pibes de unos 20 años y no dejaban de encañonarme. “Llevate todo”, le dije al más cercano, y cuando bajaron el arma me sentí más tranquilo.

—¿Era la primera vez que tenía un arma enfrente?
—Sí. Fue la primera vez que me pasó.

—Debe ser una sensación espantosa. Pero usted, que es una persona inteligente, ¿cómo pudo tener aquella famosa frase acerca de que la inseguridad era sólo “una sensación”?
—¡No vamos a discutir esto toda la vida! Me hago cargo: fue un error hablar de “sensación de inseguridad”, fue un error comentarlo. Es un tema que el diario La Nación ha tomado muchas veces. Según los recortes que he guardado desde el año 2008, es el título de la nota que dice “sensación de inseguridad”. Yo no debería haberlo comentado porque parecería que uno utiliza eso para bajarle el tono a la discusión por la seguridad. Una estupidez. Bueno, el error está cometido, así que es inútil llorar sobre la leche derramada. Lo que digo es que yo no inventé el término. Lo saqué de un medio serio y señalé que, a veces, cuando usted repite muchas veces una nota periodística pareciera que fueran varias, y esto puede estar en la cabeza del inconsciente colectivo, cuando en realidad estamos hablando de un mismo delito. Pero bueno, ya está. Como le decía, es un error mío que pagaré por un buen tiempo porque muchos de los desprevenidos van a seguir insistiendo sobre este tema como si fuera un invento mío.

—Lo triste es que, cuando usted lo dijo, la situación era menos grave que ahora. Acabo de leer que en Wilde han matado a otra persona para sacarle el auto. Es una escalada que va en aumento.
—Hay una forma de medir estas cosas: cuando se trabaja en ellas se elaboran promedios, y los promedios son injustos. Si yo digo que usted se comió dos pollos y yo no comí ninguno, el promedio da que nos comimos un pollo cada uno. Pero la realidad indica que usted se comió dos, y yo, ninguno. La misma injusticia se presenta cuando uno habla de los delitos teniendo a un señor a quien han matado. Su familia se va a sentir ofendida y agraviada porque pareciera que uno lo quiere transformar en un número y no debe hacerlo. Lo que debe mirarse es el todo, y en el todo, este país, como Uruguay o Chile, tiene índices públicos suministrados por los diarios que acabo de mencionarle: La Nación y Clarín. Y esto demuestra que, en Latinoamérica, uno de los países que cada cien mil habitantes tienen menos homicidios es Argentina. Ahora, quién le explica ese promedio a las familias a las que les han ocurrido estas cosas. Yo no pretendo minimizar esto y soy muy respetuoso de lo que sucedió. Tuve la suerte de que no me pasara nada. La realidad es que uno no tiene que contrastar el hecho formal, como estadística, al que está partido de dolor porque le han matado a un familiar. Pero en realidad, la Argentina, de acuerdo con las Naciones Unidas, no tiene un número que la ponga en una situación de riesgo.

—¿Le parece? Todos, aun inconscientemente, tomamos más precauciones hoy que un año atrás.
—Yo también las tomo y, a partir de lo que sucedió la semana pasada, me veré obligado a tomarlas mucho más. Infinitas veces le he dicho a mi mujer que transite por avenidas iluminadas, y usted ve lo que me ha ocurrido, en una avenida llena de gente, luces y coches. ¿Dónde está uno seguro? ¡Qué sé yo! Uno tiene que tomar todos los recaudos, y si damos un consejo, hay que tratar de hacerlo de la manera más quieta posible para que estas cosas no traigan una consecuencia posterior. Mientras los tres pibes me estaban apuntando... bueno, una vez que dejaron de apuntarme, desapareció mi preocupación.

—Y de acuerdo con su mirada de vigilancia, ¿cómo ve la situación del narco en el país? Se lo pregunto porque Berni y Rossi han disentido en este punto.
No estoy de acuerdo con lo que dijo Rossi. Me parece que Rossi está impregnado del microclima santafesino. En un momento feo, cuando a Bonfatti le pasó lo que le pasó, yo lo llamé inmediatamente. “Estoy a tu lado. Contá conmigo. ¿En qué puedo ayudarte?”. También me pareció muy bueno el trabajo que hicieron en conjunto las fuerzas federales y la policía de Santa Fe monitoreadas por Berni y por el propio gobernador. Hay que seguir trabajando en esto. Usted tiene que pensar que si Naciones Unidas considera a la Argentina como un país de tránsito es porque, entre otras cosas, es más negocio. La droga, en vez de pagar un peso aquí, paga veinte en España o en Estados Unidos. Es tal la cantidad de dinero para corromper que hay de por medio… Cuando ocurrió lo de la efedrina, si no me equivoco, se pasó de 2,9 toneladas de efedrina que entraban por año al país para elaborar remedios a 19 toneladas. En aquel momento nosotros insistimos en que si bien estaba el registro de precursores químicos en la Sedronar, la realidad es que el Congreso no tiene atribuciones para decidir quién es autoridad de aplicación, artículo 99, inciso 2 de la Constitución. Si es una atribución del Poder Ejecutivo, saquemos entonces un decreto y compartámoslo con la Anmat, que es quien tiene la responsabilidad respecto de los medicinales, y con la Policía Federal. De ese modo habrá un control mutuo que va a garantizar que solamente se pueda aceptar la importación de efedrina para los laboratorios que están fabricando estos medicamentos. Se puede hablar largo sobre este tema, pero le digo que el incremento, en Argentina, no es una cosa descontrolada. El trabajo que se ha hecho es muy fuerte y hay gente muy especializada trabajando en las fuerzas federales y provinciales. Es necesario seguir perfeccionándose y cuidando que no ingresen al país cosas novedosas que puedan permitir que se multipliquen esos negocios.

—A propósito de drogas, ¿por qué hay tan pocos radares en nuestro país? ¡Algunos hasta trabajan con horario! Constantemente hay denuncias en las zonas fronterizas.
—Se siguen construyendo, pero también con eso se comete un error: se cree que si tengo un radar y detecto un avión, el problema está resuelto. Me dijeron que, en Bolivia, habían sancionado una ley de derribo. Brasil la tiene. Pero esto no se hace en ningún lugar del mundo, porque es una condena a muerte sin procesos. Nosotros siempre insistimos en que el avión, y de hecho hay muchos aviones decomisados por fuerzas federales y provinciales, se baja con más facilidad a través de la inteligencia. Me refiero a escuchas, investigaciones, etc.

—Pero escúcheme, senador: el avión de los Juliá no solamente fue llenado de droga en Morón, donde el aeropuerto es de jurisdicción de la Aeronáutica, sino que pasó dos controles en Ezeiza hasta llegar a Barcelona, donde lo estaban esperando los españoles.
—Como ministro firmé un convenio con Alfredo Pérez Ubarcabal, entonces ministro del Interior de España, precisamente para intercambiarnos información entre la República Argentina y países como España, Portugal con quienes, reitero, tenemos convenios firmados. Le repito lo que dije antes: más que vender en Argentina, el objetivo de los narcos es vender allá. En el caso que usted menciona, seguramente habrá mucha gente que deberá dar explicaciones ante el juez.

—Pasando a otro tema, recuerdo que en el programa de radio de Lanata usted nos dijo que mañana lunes va a hacer pública su declaración jurada, ¿no es cierto?
—Lo que dije es que tuve siempre una declaración jurada pública. No voy a transformarla en privada. Cuando presenté mi declaración jurada en el Senado suponía que se hacía pública. Fue el 13 de mayo de 2012. Lo que voy a hacer ahora es la presentación de mi declaración jurada después de haber presentado mi declaración jurada de impuesto a las ganancias. Es un error pedirle al legislador o al funcionario que haga una presentación previa a la que va a presentar en Ganancias porque puede haber un ajuste, una corrección, algo que el contador entienda que conviene hacer presentándolo de una determinada manera y tiene que estar rectificando facturas. Dejen que termine Ganancias y se presentará la declaración jurada. Una vez que yo presente la declaración jurada de Ganancias que mi contadora tenga firmada y presentada, a partir de ese momento presento a la Oficina Anticorrupción mi declaración jurada porque yo no quiero que deje de ser pública.

—Legalmente no tiene obligación de hacerlo.
—Sí, pero yo quiero que siga siendo pública, porque si no me meten en un lío. Fíjese lo que dice hoy Clarín: “Tras el robo de su BMW, su patrimonio quedó bajo la lupa de la AFIP y en la AFIP figura como asesor de empresas y con ingresos de hasta 15 mil anuales”. Esa es la forma en que se inscribió. Yo no escribo estas cosas. Las escribe mi contador. El hecho imponible lo hace la actividad y no la inscripción. Pago conforme a la actividad que yo tengo. Y estoy pagando el máximo nivel. Todos los meses emito mis facturas, las envío a las empresas, me mandan los cheques y se depositan en mi cuenta corriente; tengo una sola cuenta, y además es muy fácil acceder al resumen de la cuenta corriente y advertir que todo está cumplido. No es lo que dice Clarín. Lo que pasa es que le tiran una papa caliente y arréglese usted. Pero yo no tengo nada que explicar.

—Salgamos de los números y dígame qué le pareció la reunión del Frente Amplio UNEN.
—En primer término, yo soy muy cuidadoso. Normalmente, no me meto a opinar sobre los partidos de oposición. Es un problema de ellos que solucionarán como les parezca. También, alguna consideración al respecto puede hacerse: lo que veo aquí es que es una alianza de la coyuntura buscando solamente un objetivo electoral. Y punto.

—Ellos tampoco lo esconden.
—No digo que lo escondan ni que sea deshonesto. En este caso tengo que mirar quiénes son los actores. Veo hombres a quienes les tengo mucho respeto, como Ernesto Sanz, Hermes Binner, quien no digo que sea amigo pero tiene una imagen personal muy buena. Ahora, la verdad es que ver a Sanz, Binner, Solanas, Carrió, Libres del Sur, Prat Gay, Lousteau… ¡no tienen nada que ver! ¿Que el objetivo es electoral? Bueno, sabrán hacerlo. ¿Cómo se trasunta después eso en términos del ejercicio de las políticas públicas? Y… el fracaso de la Alianza fue rotundo. Pasaban cosas terribles. Yo he visto funcionarios que ante la debilidad del presidente decían, por ejemplo: “Bueno, yo voy a plantear tal cosa y si no, ¡renuncio!”. A Raúl Alfonsín, a quien siempre respeté y respeto mucho y gocé de su afecto en los últimos años de su vida, a Néstor Kirchner, a Cristina, si alguien les presentaba la renuncia se la aceptaban en el mismo momento. Nadie iba a correrlos con la vaina ni por casualidad. En cambio, cuando aparecía de cada pueblo un amigo traía dolores de cabeza que no podían trasladar a una decisión de políticas públicas concretas en beneficio de la sociedad. Ahora tengo la sensación de que vamos a lo mismo. Lo mismo hubiera sucedido con la Unión Democrática sesenta años atrás. No quiero hacer chicanas, pero qué respuesta le hubieran dado al Partido Conservador, al radicalismo y al Partido Comunista, que en aquel momento eran todos la misma cosa compitiendo con Juan Domingo Perón.

—Las fotos de archivo muestran a Alfredo Palacios al frente.
—Estoy hablando de los que tenían una estructura distinta. Yo no dudo de que Tamborini y Mosca la tuvieran también. Pero allí había un montón de otras personas que, por más que tuvieran estatura, poseían otra visión de la política. No tenían una alternativa común para llevarla a la práctica. Lo de la Alianza, que fue poder, muestra a las claras los errores que se cometen cuando se privilegia el beneficio electoral. Pero es entrar en un tema que no me interesa. Fíjese que en Capital Federal, cuando se junta UNEN, es para un candidato como Pino Solanas. Cuando gana, todos nos preguntamos: ¿se cumplió la primera parte de las PASO, una herramienta estupenda? Ahora, la segunda, ¿hay fidelidad en el voto? Y bueno, veámoslo. Esperemos la elección. Y Solanas hoy es senador de la Nación. Son las reglas que uno pensaba que podían crear una nueva Argentina.

—Anoche, en el teatro Broadway, las piedras del escándalo eran dos: Macri y Massa.
—Sí, lo que pasa es que una buena parte de los participantes que estaban allí se ha derechizado. Sin pertenecer al sector a la derecha.

—¿Tumini también?
—¡A Tumini no le tengo ningún tipo de respeto! Mucho no me preocupa, pero en otros casos se han volcado y ya no lo ven tan lejos a Macri, que es un hombre coherente y con el cual tengo miles de diferencias, pero por lo menos es coherente. Como Federico Pinedo, a quien le tengo mucho respeto: también es coherente. Nunca ha variado su manera de pensar. Hoy lo ven como a un posible aliado a futuro. Algunos dicen que en el ballottage. Otros, en distinta situación, pero la verdad es que termina comulgando en una propuesta de derecha solapada, y me gustaría ver dónde termina una conclusión de esas características en un eventual ejercicio del poder.

—Pero en el caso de Massa, fue jefe de Gabinete K.
—Sí, un error que seguramente se debe estar pagando caro. El utilizó ese espacio para su propio beneficio traicionando a la Presidenta a ocho metros de su propio escritorio. Conozco las reuniones porque conozco a varios de los que él citaba y que se sorprendían de ser invitados al despacho del jefe de Gabinete en reuniones en las que se competía en contra de la Presidenta de la Nación.
¡Lo echaron por eso! ¡Por traidor! Después aparece Santiago O’Donnell con su libro, en el que exhibe expresiones respecto de lo que manifestaba en la embajada de Estados Unidos contra Néstor Kirchner. Expresiones que, supuestamente, nunca se darían a conocer pero que un día se publicaron y son la visión de una persona que fue despedida al año. Yo asumí después que él. Fui dos años jefe de Gabinete, y cuando terminé mis funciones, me ofrecieron encabezar la lista de senadores nacionales para la Provincia de Buenos Aires. Ahí queda marcada una diferencia muy grande entre uno y otro pensamiento.

Aclaración:
 
La entrevista que Magdalena le hizo a Aníbal Fernández se realizó antes de la investigación periodística que ayer se publicó en Perfil.

© Escrito por Magdalena Ruíz Guiñazú el Domingo 27/04/2014 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Despedida... De Alguna Manera...


Despedida...


Terminó una etapa política en Venezuela y América latina. Las primeras horas de la transición transcurren con la preocupación, el amor y la piedad de millones de compatriotas y extranjeros de uno y otro lado. Hoy, la figura del presidente venezolano y líder regional está muy presente. Tanto o más que cuando estaba gobernando, hasta que el sábado pasado aceptó que su salud se lo impide.

Millones de venezolanos hoy votan en elecciones regionales donde se deciden cosas importantes. Pero en las últimas horas, la evaluación de la gestión de los distintos gobernadores y el mapa de distritos chavistas u opositores quedaron en segundo plano ante millones de mensajes de apoyo para el presidente enfermo, de Venezuela y de todo el mundo. A eso se sumó, cuando la gravedad de la situación era evidente, el silencio respetuoso de sus tantas veces proclamados enemigos. No podía ser de otra manera.

Terminó una etapa política porque aun apostando a su recuperación, “favorable” según el último parte médico, no es fácil sobrevivir a tres operaciones de cáncer en menos de un año y medio. Se trata de una situación lo suficientemente delicada como para que el sábado pasado Chávez armara una mise en scène para proyectar su traspaso de poder simbólico al vicepresidente Nicolás Maduro. El comienzo de su despedida del poder.

Muy distinta había sido su partida anterior, en febrero, cuando Chávez había viajado a Cuba para su segunda operación. Esa vez, optimista y desafiante, había hablado de parado, apoyándose en su hija menor, Rosinés, frente a unos doscientos civiles y militares el jardín del Palacio Miraflores. Tras llamar a la unidad de su fuerza y atender a “la burguesía apátrida y pitiyanqui que pretende engañar al pueblo”, Chávez había hablado de su enfermedad como algo temporario, como un obstáculo en su camino. “¡Viviremos y venceremos! ¡Hasta la victoria siempre! ¡Volveremos para ponernos al frente de la batalla rumbo a la gran victoria del 7 de octubre!” “¡Viva la patria! ¡Viva el pueblo bolivariano! ¡Viva la Revolución Socialista! ¡Viva Venezuela! ¡Viva Chávez!”

En cambio, el sábado pasado, Chávez se despidió puertas adentro, sentado a una mesa, junto a un médico de uniforme blanco, con la bandera venezolana a su derecha y Maduro a su izquierda. Vestido de camisa de fajina azul sobre una remera rojo punzó, manos inquietas, torso inmóvil, habló en un tono calmado, didáctico, entre cálido y neutral, lejos del histrionismo y de la solemnidad, quitándoles dramatismo a sus palabras.

Tras anunciar la inminencia de su tercera operación, Chávez admitió, por primera vez, que las dificultades físicas le resultaban ya no un obstáculo sino un verdadero impedimento para el normal ejercicio de la presidencia.

“Yo decidí venir (a Venezuela), es verdad, haciendo un esfuerzo adicional porque los dolores, bueno, son de alguna importancia... estamos con tratamiento, con calmantes, en la fase preoperatoria y yo debo regresar a La Habana mañana, con el favor de Dios”, dijo a la cámara.

No mencionó la revolución socialista ni al pueblo bolivariano ni a ningún adversario, salvo su enfermedad. A falta de eso, sacó un crucifijo plateado de su bolsillo, lo mostró a la cámara, se lo llevó a sus labios y lo besó, cual talismán, y dijo: “Estoy aferrado a Cristo”.

Después siguió hablando con el crucifijo en la mano. Repasó varias fechas importantes de su vida y del país, como su llegada a la presidencia y su vuelta al poder tras haber sufrido un golpe de Estado. Dijo que está vivo de milagro, que su vida es un milagro y que esperaba otro milagro para sobrevivir a la siguiente operación. Mientras hablaba, se pasaba el crucifijo entre los dedos y lo hacía girar. “Y sigo aferrado al milagro”, confió, místico e introspectivo.

Entonces, con un ademán, Chávez estiró el brazo y posó al crucifijo lejos de él, en un costado de la mesa, como diciendo que terminaba el mensaje religioso y empezaba el de Estado.

“Ahora, toda operación implica un riesgo”, empezó a decir. “Y aunque uno planifica todo, hay que estar preparado para que algo salga mal. En ese caso, la Constitución ha previsto que asuma el vicepresidente.” Justo cuando decía “vicepresidente”, Chávez levantó de la mesa una copia en miniatura de la Constitución Bolivariana de 1999. Chávez entonces enumeró una larga lista de elogios al vicepresidente mientras jugaba con la Constitución entre los dedos. Buscando con la mirada la sonrisa cómplice de Maduro, el presidente remató: “Lo he visto, lo hemos visto durante todo este tiempo. Por algo te tuve de canciller, ¿cuánto? ¿Cinco o seis años, Nicolás?”.

Antes de que Maduro pudiera contestar, Chávez se puso serio otra vez y dijo: “Debo decir algo aunque suene duro, pero yo quiero y debo decirlo. Si, como dice la Constitución, se presentara alguna circunstancia sobrevenida que a mí me inhabilite, para seguir al frente de la Presidencia, Maduro debería concluir el período actual”.

El mensaje no terminó ahí. “Nicolás Maduro no sólo en esa situación debe concluir como manda la Constitución el período sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente”, dijo Chávez, sin soltar el librito.

El traspaso simbólico del poder chavista se completó con otro mensaje por cadena nacional, esta vez el martes por la noche, en el que Maduro informó al mundo que Chávez había sobrevivido a la operación.

Desde el patio Palacio Miraflores, subido al mismo atril desde donde Chávez solía dar sus discursos presidenciales, rodeado de chavistas jóvenes y viejos vestidos con poleras rojas, uniformes militares y camperas símil bandera venezolana, mientras alzaba la voz con la misma cadencia caribeña de su jefe convaleciente, Maduro se pareció bastante a un Chávez con bigote.

Con respecto a la operación quirúrgica, el vice dijo secamente: “Podemos decir que ha concluido”. No dijo “éxito”, ni siquiera “salió bien”. Apenas, “ya se encuentra en su cuarto descansando”.

Pero el mensaje de Maduro no terminó ahí. Ante un auditorio de sonrisas forzadas e incómodas por noticias no muy alentadoras, el sucesor elegido de Chávez emprendió un discurso político. Refiriéndose a Chávez como “mi comandante”, habló del deber de continuar con el trabajo tal como lo habían planificado con el presidente, mencionó las elecciones de hoy como una oportunidad para darle una alegría al jefe, y agradeció especialmente a las fuerzas armadas y a los líderes de América latina. También le dedicó un largo párrafo a la oposición. “A los que destilan odio y veneno, ¡basta ya! ¡Respeten al comandante, respeten el dolor del pueblo!” Arrancó aplausos por única vez cuando resaltó el coraje de su líder: “Afortunadamente esa humanidad gigante que es el comandante una vez más ha demostrado su fortaleza”.

Sobre el final, emocionado, Maduro aseguró que jamás traicionaría a Chávez, ni siquiera si Chávez no estuviera vivo. “¡Hemos jurado ser leales a usted, más allá de esta vida!”, dijo al borde del llanto. “¡Aquí lo esperamos!”

Así, en Venezuela y la región, la etapa política dominada por la gigantesca figura de Hugo Chávez llegó a su fin. Sucedió muy rápido. Si Chávez no asume el 10 de enero, como todo parece indicar, según la Carta Magna bolivariana, Maduro tendría que llamar a una nueva elección presidencial en treinta días.

Llegarán nuevas fechas y nuevos acontecimientos en Venezuela y en la región que ya no tendrán a Chávez como principal protagonista, sino, ojalá, descansando. Ya habrá tiempo para analizar el cambio. Ahora es momento de cruces y despedidas.

© Escrito por Santiago O’Donnell y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 16 de Diciembre de 2012.