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domingo, 24 de junio de 2012

Querido ex enemigo… De Alguna Manera...

Querido ex enemigo…

 Ambición. Hugo Moyano aspira a que su influencia política trascienda el sindicalismo.

El desafío de Moyano a la Presidenta tiene un costado positivo. Puso una lente de aumento sobre los mismos defectos de todos los actores políticos que, al estar ampliados, hizo más didáctica su comprensión. ¿Usted se imaginaba, lector, a Moyano anunciando un paro de Camioneros desde los estudios de TN? Peor aun, ¿alguna vez usted hubiera imaginado a Macri y al PRO apoyando un paro general de la CGT y enviando adherentes a una marcha de Moyano a la Plaza de Mayo?

¿O a Scioli pornográficamente desnudado por Moyano? El esmero del gobernador por disimular –haciendo de un Chauncey Gardiner que dice obviedades para ser interpretado como un metafísico folk– fue arrasado por su foto con Moyano tras jugar al fútbol con el equipo de Camioneros, levantando el trofeo que el líder sindical calificó como “Copa de la Lealtad” en honor a Mariotto y justo en los albores del lanzamiento de su conflicto sindical. En el lenguaje analógico de los gestos con los que Scioli “habla”, su foto de ayer jugando al fútbol contra el equipo de Maradona y el Kun Agüero busca minimizar aquella imagen con Moyano.

¿Y quién hubiera imaginado a la Mesa de Enlace apoyando un reclamo de Moyano? ¿O que las opiniones sobre el Gobierno que Moyano expresa públicamente coincidirían con las de quienes cacerolean? León Gieco sentenció: “No hay que ser hipócritas diciendo que este gobierno es una dictadura militar, como dice Moyano”.

Moyano sostiene que él no cambió, que sigue defendiendo lo mismo y que quienes cambiaron son los otros, o sea Clarín, Macri, Scioli, la Mesa de Enlace o quienes cacerolean. Moyano se equivoca, ellos tampoco cambiaron; igual que él, defienden lo mismo de siempre: su propia supervivencia. Igual que el Gobierno. Todos, sin tener en cuenta principios, razones, criterios de verdad o justicia, pretensiones de consistencia ni tampoco adscripción ideológica.

Cuando la Argentina sea un país plenamente desarrollado, tanto económica como política y culturalmente, quizá los historiadores de esa época expliquen las causas de nuestra inferioridad actual basados en el hecho de haber convertido en religión aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. O lo explicarán como consecuencia de nuestra fragilidad y pobreza, ante la cual cada actor social no podría darse el lujo de la coherencia porque a cada paso estaría en juego el total de su subsistencia.

Moyano representaba todo lo indeseable para la clase media no kirchnerista, pero por el solo hecho de enfrentarse al Gobierno pasó a tener razón y ser valorado por quienes antes lo despreciaban. Tal es el deseo de que le vaya mal al kirchnerismo, que cualquiera con fuerza suficiente para hacerle daño, venga de donde venga, es bienvenido. Pero se equivoca el Gobierno al creer que se trata de un complot. Es desesperación por ver que ningún partido de la oposición es capaz de poner límite al oficialismo y, ante esa orfandad, se ilusionan con cada esperanza que va apareciendo, igual que el familiar de un enfermo terminal que se aferra a un curandero.

Moyano tampoco deja de ser patético con la severa crítica que ahora realiza sobre el Gobierno cuando hace sólo nueve meses llamó a votar por Cristina Kirchner. O al omitir sin descaro que hay una crisis mundial que enfría no sólo la economía de los países centrales sino también la de Brasil y todos los países emergentes. Distinta fue su posición cuando ante un caso similar, en 2009, tuvo una actitud responsable al aceptar aumentos de sueldos inferiores a los del año anterior (bajó de 20% en 2008 a 17% en 2009) y que ese año no hubiera actualización del mínimo no imponible para el cálculo del impuesto a las ganancias. Por lo mismo que hoy llama a un paro nacional.

No menos hipócritas son los muchos ex funcionarios de primera línea del kirchnerismo que critican al Gobierno despiadadamente amparándose en que hubo un cambio en los últimos años, cuando la esencia cultural kirchnerista y sus defectos son los mismos desde el primer día. La única diferencia es que antes ellos se beneficiaban siendo parte del “proyecto”, y ahora no. El mejor ejemplo es la publicidad oficial, columna vertebral del relato oficial, instrumentada los primeros seis años del kirchnerismo por Alberto Fernández, quien ahora critica los abusos del Gobierno como si fuera un representante de una ONG republicanista.

Si todo enemigo del Gobierno es bueno porque sirve para debilitar al Gobierno sin importar nada más, la crítica al Gobierno por hacer lo mismo carece de legitimidad. Y más aun, lo peor del kirchnerismo ganó: porque colonizó culturalmente el comportamiento de quienes lo rechazan.

© Escrito por Jorge Fontevecchia y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 24 de junio de 2012. 



domingo, 29 de abril de 2012

Abducidos, más allá de la razón... De Alguna Manera...

Abducidos... 

 Más allá de la razón...

Resolvimos manejar las cosas a nuestra manera. Mirá cómo nos salió: a pedir de boca. Hasta la soja va de nuestra mano. De “los gallegos” ni hablemos, con el rey cazando elefantes y encima fracturándose. ¿Cómo no vamos a estar eufóricos si les estamos llenando el arco de goles? Te juro que hasta yo mismo a veces no lo puedo creer. Mirá a los radicales, golpeándose el pecho, argumentando que votan por “los principios”, pero dándonos ese aval absoluto que será decisivo para nosotros. Con ellos, como con los socialistas, compartimos una misma mirada, sólo que nosotros sabemos ejercer el poder y sobre todo no perderlo. Ellos, en cambio, se angustian, debaten, polemizan, van a internas y al final vienen al pie.

Hay gente acongojada a la que es imposible explicarle, por ejemplo, el puntapié con el que echamos a Esteban Righi, sobre todo para reemplazarlo por esa triste y obediente nada que se llama Reposo. Pero tampoco exageremos, que el famoso camporista que retaba a la Policía Federal en 1973 nos fue súper servicial y se encargó de liquidar a Garrido y a las investigaciones que nos complicaban. Hay tipos tristes porque cambiamos a Righi por Reposo, que es infumable pero, ¿viste, hermano?, es la guerra, y a los tibios los vomita Satanás.

Tan estupefactos los tenemos, tan al pie y sin reflejos, que hasta podemos darnos el gusto de humillar cuando queremos y como queremos. Miralo a Aníbal, un maestro. Su capacidad de hacer daño es descomunal. Sale periódicamente en cacería predatoria y se devora todo lo que le apetece. El martes la rompió en la Feria del Libro, que hasta hace poco era un coqueto picnic de oligarcas. Dijo que Boudou “tiene bolas”, Macri es un “conejo negro porque no lo hacen ni trabajar los magos”, Miguel del Sel es “un tipo de mierda”, De Narváez es “el coloradito que quería ser gobernador de Bogotá” y a su ex compañero Alberto Fernández le dijo “andá a cagar”. Cómo andaremos que Aníbal es senador de la Nación y al día siguiente de decir eso, los radicales nos votaron mansitos en el Senado. Por los “principios”, claro.

La contra dice que Axel la tiene hipnotizada a la Presidenta. Tonterías; son ellos los hipnotizados. Además, les estamos dando para que tengan y guarden: ahora nos manejamos con egresados del Nacional Buenos Aires, la vieja cueva del mitrismo que ellos llamaban “Colegio de la Patria”. Como diría Adelina, las pelotas. Ahora mandamos nosotros, ¿o Mariano Recalde no estudió también en Bolívar 263? Se creían dueños de todos los monumentos y se olvidaban de que Firmenich, Ramus y los hermanos Abal Medina pasaron también por el Nacional Buenos Aires. Así que, bingo, todo en orden, planetas alineados. ¿Quién hubiera dicho que los dos colegios universitarios de excelencia en la Capital serían hoy un semillero de vanguardias ideológicas, abarrotados de kirchneristas y trotskistas? Ese es nuestro mérito: politizamos a la pendejada.

Reina el consenso nacional para abrigar y respaldar a la Presidenta porque, salvo un puñado de periodistas resentidos, ¿quién se anima hoy a cruzarla a Cristina? Nadie, es obvio. Tan absoluto es nuestro predominio que ahora hasta hacemos fulbito para los golosos, ¿o no lo viste a D’Elía dándose el lujo de arrearlo a Forster a un acto en favor de la re-reelección de Cristina? Justo D’Elía, que tanto nos cuesta disciplinar, porque trabaja para los iraníes y viene de visitar las bases de Hizbalá, el Partido de Dios en El Líbano. Tenemos tanto paño que el pobre Forster, al que no se le entiende nada cuando publica en nuestras revistas esos mamotretos con párrafos de cuarenta líneas sin puntos, tiene que meterse en el bolsillo su formación cultural judía y su apoyo al Estado de Israel para, como diría Ceferino, saltar por el bizcocho que le tiran desde el Gobierno.

Nunca estuvimos mejor. Después de enterrar lo de Ciccone y cargarnos por tibios a Righi y a Rafecas, Boudou es Gardel. Nos falta ahora atornillarlo a Reposo, pero si tropezamos, González Warcalde es perfecto. ¿Que era menemista en los años noventa? Miralo al Carlos, nuestro nuevo compañero, el que entregó YPF a “los gallegos” y ahora, para apoyar la expropiación, no va a votar al Senado.

Es cierto, hay mucha gente cabizbaja porque nos ven gobernando sin parar hasta 2019, pero son minoritarios y, sobre todo, carecen de agallas para complicarnos. Sobre todo, tienen mucho miedo, de todos y de todo. A nosotros ese miedo de ellos nos viene de maravillas; a ellos los paraliza. El que fastidia es Mauricio porque nos puede picotear el corral pero, tranquilos, mientras sus asesores sigan siendo Duran Barba o Goretti, dormimos sin frazada.

Fuimos capaces de dar vuelta todo, una proeza. Después de haberlos arrastrado a la captura de Aerolíneas (que sigue siendo de Marsans), a la toma de las AFJP y a la Ley de Medios, los del centroizquierda están en la lona. No pudimos ser más geniales: el que está en desacuerdo con nosotros es “de derecha”, listo. ¿Decía que están hipnotizados? Me corrijo: los tenemos abducidos, no pueden salirse del libreto, tienen las vías clausuradas por todas partes, si es que insisten, claro, en ser más “progresistas” que nosotros. Les pasa una y otra vez y siguen viniendo por más, ¿o el pobre Cobos no se masticó la galletita de la “concertación” y terminó votando, con un hilo de voz, “no positivo”? Esta semana, con lo de YPF repitieron pero con otras palabras: votaron por Cristina y luego se mandarán la gran “no positivo”, no respaldando el articulado de la ley. Pero nadie se enteró. Los radicales votaron por el Gobierno, punto.

Nuestros únicos enemigos ahora sólo somos nosotros mismos. Y como vendrán sacudones muy fuertes, porque la re-re de Cristina no será un bizcochito, debemos ser cuidadosos para no balearnos en los pies, con travesuras tipo Antonini, Uberti, Jaime y Amado. Si en eso somos eficaces, y como casi todos siguen chochos, no habrá moros en la costa. Vamos bien. El músculo duerme, la pasión descansa, todos con mamá, abducidos.

© Escrito por Pepe Eliaschev y publicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 29 de Abril de 2012.


Abducción:

Del latín abductĭo, la abducción es el movimiento por el cual un miembro u otro órgano se aleja del plano medio que divide imaginariamente el cuerpo en dos partes simétricas. Se trata de un movimiento de dirección transversal.

Abducción. En este sentido, el movimiento opuesto a la abducción es la aducción, que se produce cuando una parte del cuerpo se aproxima al plano de simetría sagital de éste.

Por otra parte, una abducción es el supuesto secuestro de seres humanos concretado por extraterrestres. Por lo general, quienes aseguran que han sido secuestrados dicen haber sido sometidos a experimentos en el interior de las naves espaciales.

Este fenómeno, nunca probado por la ciencia, implicaría un lapso de pérdida de conciencia o amnesia, ya que los afectados dicen sentir que han pasado un periodo extenso con las criaturas extraterrestres, aunque no recuerdan demasiado. Los ufólogos creen que, a partir de la hipnosis, es posible que el sujeto reconstruya aquellas experiencias de las que no tiene mayores recuerdos concientes.

Las supuestas abducciones también incluirían la implantación de ciertos objetos en el cuerpo de la víctima. Estos implantes extraterrestres tendrían propiedades similares a las de los chips terrestres.

Para la filosofía, un razonamiento abductivo es un silogismo cuya premisa mayor es evidente, mientras que la menor es menos evidente o solo probable. Por lo tanto, la conclusión que se puede obtener tiene el mismo grado de probabilidad que la premisa menor. Por ejemplo: “Todos los lápices de la bolsa X son negros” / “Estos lápices son negros” / “Estos lápices proceden de la bolsa X”.


 

jueves, 5 de abril de 2012

Amado, Ciccone & Rafecas... De Alguna Manera...

Amado Boudou mintió, atacó y apretó 
para defenderse…

 Amado Boudou.

Magnetto, Boldt, bingos, Macri, La Nación, España, Anses, etc. En su errática conferencia de prensa —insólitamente sin preguntas permitidas a los periodistas— Amado Boudou habló de todo menos del allanamiento que este jueves llevó adelante la justicia sobre un inmueble a su nombre ubicado en Puerto Madero.

En medio de una elocuente soledad, sin funcionarios a su lado, el Vicepresidente habló en el Congreso de la Nación y demostró que está más comprometido de lo que se creía. En lugar de ensayar alguna defensa, se dedicó a atacar, criticar y apretar a diversos actores de una trama que ni él cree que sea real. Si así fuera, desbancaría a los más reputados best sellers de la historia de la ficción.

Es que, según Boudou, su desgracia no se debe a los hechos de corrupción que lo involucran, sino a un entramado que "hilvana" a Clarín, Macri, Scioli, Boldt, y hasta a la Bolsa de Comercio. Imposible de creer.

Por el contrario, el vice jamás dio explicaciones respecto de las acusaciones en su contra ni por el procedimiento judicial que ayer se hizo sobre su departamento. ¿Habrá temido meter la pata como suele hacerlo cada vez que habla?

Una de las pocas frases que pronunció en su favor fue desacertada: "No llevé adelante ninguna acción para favorecer a la empresa Ciccone", aseguró, olvidando que ello ha sido desmentido por los propios hechos. Una nota enviada oportunamente a la AFIP, donde mostró interés por esa firma, refuta sus palabras.

Por más que intentó explicar que se trató de un procedimiento usual, difícilmente el vicepresidente pueda justificar por qué fue la primera y única vez que intercedió en favor de una empresa privada.

El ataque de Boudou no tuvo miramientos ni límites: por caso, en un gesto que sorprendió a propios y ajenos, embistió duramente contra el juez Daniel Rafecas, a quien sindicó como "esbirro de la mafia". ¿Olvidó el funcionario que fue el gobierno de los Kirchner el que lo puso en su cargo al frente de la Justicia Federal?

No conforme con denostarlo, el Vicepresidente apretó indirectamente al juez al recordarle que fue él quien permitió que un narco serbio llamado Dragoslav Ilic pudiera salir de prisión para ser parte de una fiesta que generó fuerte polémica. No fue casual: en el escritorio de Boudou reposa una carpeta donde se asegura que Rafecas le habría cobrado dos millones de dólares al mismo narcotraficante que liberó de manera temporal.

Por si no hubiera sido suficientemente claro el mensaje —el apriete en realidad—, el funcionario insistió en su ataque al mencionar que el magistrado sabe enviar mensajes de texto a diversos periodistas, anticipándoles sus movidas judiciales. ¿Cómo sabe este dato Boudou? ¿Se lo aportó la siempre oscura Secretaría de Inteligencia?

Hay que decir que la apresurada conferencia del vice tiene una razón de ser: Rafecas dio con la tecla  al allanar el inmueble ubicado en el piso 25 de la calle Juana Manso 740. Jamás Boudou pensó que en un departamento que estaba desocupado a la Justicia se le ocurriría llevarse dos teléfonos inalámbricos e indagar sobre el pago de expensas del mismo lugar. Ello explica la inesperada sobreactuación del funcionario.

¿Qué ocurriría si al juez se le ocurre llevar adelante un peritaje de las comunicaciones punto a punto que surgen de los aparatos telefónicos secuestrados? ¿Qué pasaría si se descubre que el inquilino de Boudou es Alejandro Vandenbroele y no el fantasmal Fabián Donoso Donatiello?

En realidad, se trata de algo más que preguntas retóricas. Son parte de las sospechas que Rafecas ostenta en estas horas y que ha transmitido al fiscal Carlos Rívolo, con quien comparte la investigación de marras. A este último, el magistrado le aseguró que avanzaría hasta donde fuera necesario, siempre y cuando aparecieran evidencias de peso. Eso es lo que ocurrió ayer en el allanamiento ad hoc.

Ahora, al acusarlo de "esbirro de la mafia", Boudou ha dado un insospechado impulso a Rafecas para que investigue con más ahinco y, por qué no, con más independencia.

Sin embargo, no es lo más desacertado que ha hecho el vice: al atacar a la empresa Boldt, abrió la puerta a un tópico que hasta ahora no fue debidamente desmenuzado por los medios.

Es el que tiene que ver con lo ocurrido en octubre de 2010 cuando José María Nuñez Carmona, otro de los presuntos testaferros de Boudou, se encontró en el hotel Caesar Park con el director de Asuntos Públicos de la empresa Boldt, Guillermo Gabella. Junto a ellos se sentó el sciolista Lautaro Mauro, gestor del encuentro.

Allí, según este último les juró a Rafecas y Rívolo, Núñez Carmona lo habría presionado para que le entregara la planta de Ciccone Calcográfica que su empresa había alquilado poco antes por el término un año. "Represento a las máximas autoridades del gobierno nacional", jura Gabella que le dijo el socio de Boudou como toda justificación. Acto seguido, le dio las buenas nuevas —malas para él—: "Compramos Ciccone".

Que se conozcan los detalles de esa trama no le conviene a la firma Boldt, pero menos aún al Vicepresidente. ¿Qué ocurrirá cuando se conozca el resultado del peritaje que Rafecas ordenó efectuar ayer mismo sobre los celulares de Núñez Carmona, Gabella y Lautaro Mauro? ¿Cree realmente Boudou que se mantendrá un pacto de silencio por el cual aún nadie ha desembolsado un solo centavo?

En fin, no ha sido una buena idea la conferencia que ha brindado Boudou —presumiblemente por orden de Cristina Kirchner—, ya que ha forzado a que la agenda de los medios insista en referirse al escándalo que lo involucra. Mal que le pese, cuanto más escarba el periodismo, más contradicciones lo complican.

Por suerte para él, aún nadie se ha detenido en un punto, el más neurálgico para sus intereses: el que tiene que ver con su propio patrimonio. ¿Qué sucedería si a alguien se le ocurre hurgar sobre los bienes que tenía en el año 2003 y compararlos con los que hoy ostenta? ¿Qué explicación daría si se le preguntara cómo logró crecer tanto en tan poco tiempo, solo con su salario derivado de la función pública?

Aunque el vice se encargó de armar sociedades de diversa índole tanto en la Argentina despierto, se ha equivocado en un punto: ha colocado a los mismos socios en todas ellas (a ese respecto debe prestarse especial atención a la marplatense Sandra Viviana Rizzo). Ello permite que cualquiera que tire de la punta del ovillo pueda averiguar toda la trama de negocios que lo involucran.

Boudou sabe que ese monstruo podría poner en jaque sus días como funcionario público y su futuro como referente político.

Lo que parece desconocer es que acaba de despertar a esa misma bestia.

Escrito por Christian Sanz y publicado por http://www.periodicotribuna.com.ar el jueves 5 de Abril de 2012.


sábado, 4 de febrero de 2012

Hablar... De Alguna Manera...

Hablar...

La Gioconda copiada fue el personaje mundial de la semana. La Presidenta lo fue en la Argentina.

En el siglo XVII, Suecia tuvo una famosa monarca llamada Cristina, a quien se conocía como la reina intelectual. Ella dijo: "Hay dos cosas que siempre hacen hablar: el coraje y la vanidad".    

A nuestra Presidenta le gusta hablar. Además, le gusta hacerlo por cadena nacional. Los anuncios que realiza, y son la causa formal de sus intervenciones, podrían ser hechos por otros funcionarios y sin cadena nacional. Al ser en cadena nacional, tampoco se requerirían la presencia de la gran cantidad de funcionarios que la acompañan ni la pérdida de tiempo en traslados y esperas que les restan a sus tareas porque podrían verla por televisión.

Todos los presidentes preferirían no hablar solos frente a las cámaras, como habitualmente tienen que hacerlo, pero en niveles de democracia más arraigados resultaría ofensivo que  cien de los principales funcionarios del Estado fueran utilizados como claque con el fin de aplaudir o asentir con la cabeza casi todas las semanas.

El método oratorio de la Presidenta la predispone a la asociación libre. En su discurso del miércoles, explicó las ventajas del vidrio sobre el plástico y otra vez volvió a cargar contra los ambientalistas que nada dicen sobre eso. En su discurso anterior, los acusó de no denunciar la depredación de calamares de los pesqueros ingleses en Malvinas. Un psicólogo diría que se percibe su encono con los ambientalistas probablemente porque la contradicen con la explotación minera (Famatina es el último ejemplo) y en su veto a la Ley de Glaciares.

Saber de todo es una característica que se desarrolla crecientemente en los líderes carismáticos. Tanto de Stalin como de Hitler, se decía en sus países que eran, según el caso, el mejor jurista, el mejor arquitecto, el mejor historiador, el mejor economista o el mejor militar. No es el ser de derecha o de izquierda lo que hace creer a cualquier persona que realmente sabe de todo, sino simplemente el resultado de mucho tiempo de poder indiscutido porque nadie se animó a contradecirlo en años.

Este es el problema del poder. En el último discurso, la Presidenta –aunque en broma– dijo que Néstor Kirchner estaba para Premio Nobel de Economía porque Grecia pide 70% de quita de su deuda y que el bono de su deuda quede atado a la evolución del PBI.

La cúspide en ese proceso de autosugestión es el misticismo. Menem decía que viviría más de cien años y hacía chistes con que duraría más que el Magiclick, y Cristina habló la semana anterior de milagro y no de falso positivo en su primer diagnóstico de cáncer luego no confirmado.

Ojalá esa confianza en su fortuna no la lleve a subestimar los desafíos que enfrenta ni contagie la conducción económica de voluntarismo religioso. Milagro y magia son primos hermanos.

La performatividad es la capacidad del lenguaje de convertirse en acto: “Los declaro marido y mujer”, por ejemplo. La potencia institucional del gobernante hace que el lenguaje performativo le sea habitual, pero el riesgo reside en creerse que todo discurso es una acción y que hablar y hacer son la misma cosa. A Dios le cabría la atribución de tener indiferenciado hablar de hacer; según el Génesis, Dios dijo: “Hágase la luz. Y la luz se hizo”. No es casual que la performatividad sea una característica de los discursos fundacionales como las Constituciones, por caso.

Hablar mucho en público es también un estilo de los líderes carismáticos latinoamericanos. Eran famosos los discursos kilométricos de Fidel Castro como la verborragia de Hugo Chávez. Cristina tiene esa cualidad, de la que Néstor Kirchner carecía al ser poco agraciado tanto en su dicción como en su lenguaje corporal. Quizás eso lo ayudó a ser más pragmático, porque si hubiera sido elegante y con buena oratoria el riesgo al encierro dogmático habría sido mayor. Debe ser difícil para la Presidenta sentirse linda, inteligente y con poder y no tentarse con escucharse y verse a sí misma. El sonido de la propia voz puede  jugar el papel autohipnótico que ejerció el agua como espejo en Narciso.

Erasmo sostenía que “una buena gran parte del arte del bien hablar consiste en saber mentir con gracia”. El problema se produce cuando quien habla se persuade a sí mismo y olvida luego la distancia entre las palabras y las cosas. Las palabras tienen un poder sobre las cosas pero limitado en el tiempo. Su reiterado uso las desgasta.

La definición de lenguaje performativo para “todo  enunciado que implica la realización de una acción” nos viene del inglés, donde to perform es “hacer” y del francés, donde parfournir significa “llevar a cabo por completo”. Pero la concepción cotidiana de la performance en los países iberoamericanos está más asociada con el acto en función teatral y como espectáculo.

Quizá por carecer de una raíz española, las connotaciones multívocas que performance tiene en Latinoamérica hagan más literal aún la asociación entre espectáculo y política que Guy Debord planteó en su libro La sociedad del espectáculo: “Todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación”. Como podría decirse de la Presidenta hablando con el fondo del mural de Evita en el ex Ministerio de Obras Públicas, donde hizo su discurso más recordado.

Vale considerar la antítesis que personifica Macri, a quien tanto le cuesta hablar que hasta manda a su vicejefa de Gobierno a responderle a la Presidenta sobre las acusaciones de ser un vetador serial. Si la virtud se encuentra entre dos irregularidades, una combinación del exceso de Cristina y el defecto de Macri haría al gobernante equilibrado. Volviendo a la definición de la reina Cristina de Suecia del comienzo de esta columna, quizás a la Presidenta le sobre vanidad y a Macri le falte coraje.

© Escrito por Jorge Fontevecchia y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 4 de Febrero de 2012.

sábado, 6 de febrero de 2010

Policía Metropolitana de Buenos Aires... Interrogantes... De Alguna Manera...

Interrogantes...


A priori, que haya más efectivos, de la Federal o de la Metropolitana, patrullando las calles de la ciudad, es una buena noticia. Se supone que sirve a la prevención porque esos efectivos, patrullando, son un obstáculo más para alguien que se dispone, por ejemplo, a robar.

A nivel mundial, los especialistas coinciden en que el delito no tiene estrecha relación con la pobreza sino con la desigualdad social, algo que internacionalmente se refleja en el llamado coeficiente de Gini: a mayor desigualdad, proporcionalmente mayores índices de delito. Casi cualquier ladrón veterano cuenta en la Argentina que empezó robando zapatillas: quería competir con otros que tenían zapatillas mejores durante el fin de semana. La condena a la marginalidad, la falta de trabajo, los barrios sin calles, sin luz, sin salud y sin educación le ponen el sello a la desigualdad y, paralelamente, a los índices de delito.

En ese marco, se plantea el papel de las fuerzas de seguridad locales. Especialistas como Alberto Binder han manifestado muchas veces que su propuesta para la Bonaerense, por ejemplo, es que las policías –comisarías, patrulleros, efectivos– se les entreguen en gran parte a los intendentes. Ellos, que son los funcionarios más cercanos a los ciudadanos, deberían conocer mejor cuáles son las zonas críticas, los problemas de seguridad y cómo prevenirlos. En todo caso, la gente les reclamará allí mismo, en la sede municipal o las jefaturas de Gobierno, por las fallas que existan. Por supuesto que entregar las policías a los intendentes hará que en cada lugar la fuerza tenga el sello de quienes gobiernen.

Cuando Mauricio Macri puso a Jorge “El Fino” Palacios al frente de la Metropolitana exhibió, asombrosamente, lo que quería. Palacios estaba al borde del procesamiento en la causa AMIA. Además, traía el antecedente de que estuvo a cargo de los policías que actuaron en la represión de Plaza de Mayo el día de la renuncia de Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001. La Justicia no lo condenó pero esos hechos están en su currículum.

Con semejante historia, lo que ocurrió más tarde era previsible: un hombre de Palacios, Ciro James, fue sorprendido en una operación de espionaje ilegal. Y no estaba escuchando a un delincuente común, sino a una víctima del atentado, Jorge Burstein, un dirigente de los familiares que perdieron a sus seres queridos en el ataque contra la AMIA. Cuando Página/12 reveló esa trama, tampoco Macri echó a Palacios. Lo que siguió fue grotesco: el juez Norberto Oyarbide descubrió que el hombre de Palacios había espiado también a empresarios como Carlos Avila y Alfredo Coto, a esposas en conflicto matrimonial, a abogados que intervenían en causas de importancia y, lo peor de todo, al cuñado de Macri, Daniel Leonardo, peleado con parte de la familia. Ni siquiera cuando todo eso quedó en evidencia, Macri condenó públicamente a Palacios. Hasta hoy no lo ha hecho. Y la Metropolitana terminó debutando con un record mundial: sus dos jefes, Palacios y Osvaldo Chamorro, tuvieron que irse antes de que la fuerza saliera a la calle. Semejante desaguisado obligó a sucesivos recambios que terminaron con un civil, Eugenio Burzaco, al frente de la Metropolitana. Un paréntesis a la manía de que la seguridad quede en manos de uniformados en lugar de en las de funcionarios políticos.

Los interrogantes respecto de la Metropolitana pasan ahora por varios aspectos:

- Los integrantes de la fuerza provienen de otras fuerzas. Vienen con todos los vicios anteriores, incluyendo la vinculación con el delito y los delincuentes. No será nada fácil controlar una fuerza de ese estilo.

- La convivencia entre la Metropolitana y la Federal plantea también un enorme signo de pregunta. Desde ayer confluyen en la calle, en principio, en unos pocos barrios. Pero las calles cobijan inmensos negocios ilegales. Es conocido que los policías cobran peaje por las cuevas financieras, los dealers de drogas, curanderos, pasadores de juego clandestino, aborteros, adivinadores, reducidores de cosas robadas, boliches, trapitos, departamentos de prostitución y una multitud de otras actividades. Ni hablar de los tratos con los que roban. Las preguntas son: ¿quién cobrará el peaje?, ¿se pondrán de acuerdo o confrontarán por el botín?, ¿existe alguna chance de que se termine con estas prácticas?

- La derecha hizo un culto de la idea de darle más poder a la policía y condena el concepto de realizar un estricto control interno, expulsando de la fuerza a los que pactan con el delito y a los que violan los derechos humanos. “Eso hace bajar los brazos a los policías, los desmoraliza, les ata las manos”, argumentan. Con semejante modelo, el destino inevitable es que ese mayor poder termina en que lo usan para pactar con el delito.

En este terreno, el antecedente de Macri con Palacios es malo. Ayer, el propio Macri y el ministro Guillermo Montenegro dijeron que cometieron errores. La inevitable sospecha, sin embargo, es que aquello a lo que ahora llaman errores expresa más bien su forma de pensar.


© Ecrito p
or Raúl Kollmann y publicado en el Diario Página de la Cuidad Autónoma de Buenos Aires el sábado 6 de Febrero de 2010.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-139753.html