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sábado, 5 de septiembre de 2020

Messi Se Queda En Barcelona… @dealgunamanera...

Messi Se Queda En Barcelona…


Lionel Messi reconoció que revirtió su decisión de marcharse del FC Barcelona porque el Presidente del club, Josep María Bartomeu le dijo que “la única manera de salir era pagando la cláusula (de rescisión) de 700 millones (de euros)” que figura en su contrato vigente hasta el 30 de junio del año próximo. 

© Publicado el viernes 04/09/2020 por el Diario Digital ondiario.com de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.

Messi, aseguró que “jamás haría juicio” contra la institución catalana, lo que se presentaba como un camino irremediable por la falta de entendimiento con la dirigencia luego del envío del burofax (carta documento) en el que hizo formal su deseo de romper el vínculo.

Jamás se me pasó por la cabeza llevar al Barça a juicio”, sostuvo el futbolista.

Messi, aceptó que le costó “muchísimo” la decisión de alejarse de Barcelona y que ello fue “un drama bárbaro” para la familia por el arraigo a la ciudad. 

No Hay Acuerdo Por La Salida De Messi Del Barcelona



Jorge Messi, padre y representante del futbolista y el Presidente de Barcelona, Josep María Bartomeu, no se pusieron de acuerdo en el objetivo de negociar la salida del astro argentino quien no quiere continuar en el equipo catalán, informaron fuentes del club.

Bartomeu estuvo acompañado por otro directivo, Javier Bordas, en el encuentro con Messi padre durante una hora y media en una de las instalaciones de la familia del rosarino en Barcelona.

El padre de Messi arribó a la capital catalana para juntarse con Bartomeu en un primer paso para la salida del máximo goleador histórico de Barcelona.

El presidente de Barcelona pretende que Messi cumpla su contrato hasta 2021, porque el nuevo entrenador, Ronald Koeman, lo cuenta en su proyecto.

La cláusula de rescisión del argentino está estipulada en 700 millones de euros.

Se especula que habrá un nuevo cónclave para definir el futuro de Messi, quien es pretendido por Manchester City de Inglaterra.

martes, 27 de septiembre de 2016

César Luis Menotti en La Llave del Gol... @dealgunamanera...

César Luis Menotti

César Luis Menotti


Invitado: César Luis Menotti, su historia y su filosofía del fútbol desde Huracán Campeón 1973 hasta la actualidad...




© Editor: GMAXTV SPORTS. Publicado el martes 27/09/2016
Categoría: Deportes
Licencia: Licencia estándar de YouTube


viernes, 3 de abril de 2015

El día que Maradona transformó una esperanza en amor… @dealgunamanera...

El día que Maradona transformó una esperanza en amor…


¿Cuándo nació la pasión entre el 10 y el Napoli? Hoy se cumplen 30 años de un partido que cimentó uno de los romances más extraordinarios de la historia del fútbol.

En la vida es difícil identificar el momento exacto en que nace un amor. En el fútbol parece más sencillo: muchísimos amores estallan en apenas una tarde. Si bien no fue repentino, el de la ciudad de Nápoles con Maradona fue uno de los más pasionales que se haya visto en una cancha. ¿Y cuándo nació? ¿Con la llegada del 10 a mediados del 84? No, la ciudad lo recibió con esperanza, pero también con la resaca del pánico por un descenso evitado por un pelo. ¿Con algún Scudetto, la copa UEFA, la Supercopa italiana? No, el amor ya era sólido e irrefrenable.

No es una locura pensar que hoy, 24 de febrero, se cumplen 30 años del nacimiento del amor entre Maradona y el Nápoli.

Diego había llegado a Nápoles en julio de 1984, justo después de que el club se salvara por un punto de irse a la serie B. Lo recibieron como una garantía para dejar esos apuros atrás, como un lujo para un club poco acostumbrado a ostentar, pero la posibilidad de un campeonato estaba en la mente de pocos. Y el comienzo del torneo ratificó esa idea.

Napoli, con Maradona, debutó con una derrota 3-1 ante el Verona de Galderisi, que al final saldría campeón. Luego llegó un empate contra Sampdoria y una goleada en contra ante Torino. La primera vuelta de aquel campeonato vio al equipo del sur italiano con apenas 8 puntos (todavía sumaban dos las victorias) y los fantasmas del descenso, aún con Maradona en la cancha, volvieron a aparecer.

La segunda rueda, ya en enero de 1985, comenzó con las mismas penurias: empates sin goles ante Verona y Sampdoria, victoria ajustadísima sobre Torino, empate ante Como...

La liga italiana mostraba la magia de Platini en la Juventus, los goles de Altobelli en el Inter y la sorpresa de un Hellas Verona con un par jugadores que serían figuras en el Mundial de México (como el danés Elkjær Larsen o el alemán Briegel, quien aparece en todas las fotos de la final de México corriendo infructuosamente a Burruchaga antes del tercer gol argentino). Pero de Maradona, poco. Y del resto del Nápoli, casi nada.

Por eso, el 24 de febrero del 85, cuando Napoli recibía a un maltrecho Lazio, los más de 70 mil hinchas que fueron al estadio San Paolo seguían mirando con aprensión la parte de abajo de la tabla. Pero algo, ese día, cambió. La esperanza por lo potencial se transformó en amor por la certeza. Maradona, ese día, fue Maradona.

Diego hizo tres goles, y un cuarto fue anulado por una "Mano de Dios" que, esa vez, el árbitro no compró. Uno de los tantos fue con una media vuelta repentista que, a 40 metros del arco, llevó la pelota a un ángulo.

Otro fue olímpico.

Napoli ganó 4 a 0 y el técnico de Lazio, el argentino Juan Carlos Lorenzo, fue un fusible que Maradona hizo saltar por los aires.

"Festival de Maradona", tituló al día siguiente Clarín. Y en el suplemento deportivo fue más elocuente: "Tres goles de Maradona abrumaron a Lorenzo". La crónica de ese día contaba:

Diego Maradona cristalizó así su mejor producción desde que se incorporó al fútbol italiano y fue ovacionado por los simpatizantes del Napoli después del
amplio triunfo.


Fue bastante más que eso. Fue el nacimiento de un amor en Nápoles.

Y después...

Napoli triplicó en esa segunda rueda la cantidad de puntos que había reunido en la primera. Maradona fue el segundo goleador del torneo, detrás de Platini. El Napoli encabezó la tabla de recaudaciones del campeonato. Y si bien el equipo ni siquiera clasificó a una copa continental, la escalada del final del torneo, con la magia del 10, fue el germen para lo que llegó después: dos campeonatos locales, una copa UEFA, una Supercopa italiana. Y un romance que, con vaivenes e incluso algunos desengaños, sigue vivo hasta hoy.

© Escrito por Guillermo dos Santos Coelho el martes 24/02/2015 y publicado por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

jueves, 9 de agosto de 2012

El otro fútbol... De Alguna Manera...

Delicias del otro fútbol, el olvidado…

“Encontré un fútbol que creí que no existía”, dice Federico Peretti, director de la película que se estrena hoy. Pequeñas personas con historias grandes.

Existe. Hay que buscarlo. En categorías como la C o la D o en las ligas del interior del país. En las tribunas de madera. En las canchas ubicadas entre montañas. O en aquellas que el frío y la nieve hace que parezca más una pista de hockey sobre hielo que un campo de juego. En cada uno de esos jugadores, técnicos o árbitros que lo hacen por pasión, por amor al deporte. Porque la plata se la ganan arriba de un colectivo, curando pacientes en un hospital, manejando un taxi o levantado paredes en una construcción. También se lo puede encontrar en la honestidad de esos dirigentes que ponen plata en vez de llevársela. Es real. En Argentina, hay otro fútbol.

“Es la mirada de este fútbol un poco olvidado que uno no le da tanta bola porque en los grandes medios no hay espacio”, explica Federico Peretti, el director de El otro fútbol, el documental que se estrena hoy. Y agrega: “Me encontré con un fútbol que yo pensaba que no existía. Que ese espíritu amateur de jugadores que juegan por amor a la camiseta se había abandonado”. Para verlo, hay que buscarlo.

Cuarenta y ocho mil kilómetros en avión, en colectivo o, en su mayoría, arriba de un auto que coleccionó multas varias. De la Quiaca a Ushuaia y de Corrientes a San Juan. Tres años de trabajo. De fines de semana o semanas enteras fuera de casa. Y el objetivo -logrado- de encontrar, a través de historias, imágenes, sonidos y silencios, que existe otro fútbol.

“Hemos ido a clubes donde el presidente vende pollos u organiza peñas para tratar de que el club siga en pie y donde realmente juegan por el hecho de seguir perteneciendo a la sociedad y que la gente que vive ahí siga teniendo un lugar para ir el fin de semana a hacer un deporte”, cuenta a 442 Peretti.


En las ligas del interior, la rivalidad es adentro de la cancha. Afuera son todos vecinos. “Ves al árbitro que se come unas empanadas con los equipos cuando termina el partido. Todos viven en una ciudad. En el partido se matan, todos quieren ganar. Pero cuando termina el encuentro siguen con su vida”, describe el director de la película.

“Me sorprendió mucho el tema de las canchas. En Tinogasta, Catamarca, cuando no hay partido la cancha está cerrada y dejan dos caballos pastando en el medio del campo de juego. O en La Quiaca, donde es una cancha de tierra, piedras y la pelota va para cualquier lado. Y los jugadores juegan como si fuera en La Bombonera, no les importa. En Chilecito, si le pegan fuerte le pelota rebota contra una montaña que tiene 300 metros”.

Peretti, quien junto a Fernando Prieto, investigador y productor, llevaron adelante la realización de la película, asegura que la idea era “centrarnos en pequeñas personas, con grandes historias que cuenten un poquito de qué va este mundo del ascenso, rodeados de estas ligas, de estas canchas y de estos clubes”. Para poder mostrar, en la pantalla grande, que existe otro fútbol.

© Escrito por Juan Ignacio Zaccagnino y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el jueves 9 de Agosto de 2012.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El fútbol que se ve es horrible... De Alguna Manera...

“El fútbol que se ve es horrible”...

El escritor Juan Sasturain se alarma por la “involución” en el juego, aunque asume que cuando mira un partido termina como el Tano Pasman.

—Que te gusta mucho el fútbol, se sabe; que escribís sobre el tema y que sos fanático de Boca, también, pero hay una faceta tuya menos conocida: el Sasturain jugador. ¿Cómo eras?

—Me gustaba mucho. En Coronel Dorrego llegué a jugar en la Primera de Independiente, era delantero. Me acuerdo de que el día que debuté le hice un gol a Ferroviario. Le pegué desde afuera del área, con unos botines Fulvence que me quedaban un poco grandes porque mi viejo suponía que las patas me iban a seguir creciendo. En el ’63 salimos campeones de la liga de Dorrego. Al año siguiente me vine a Buenos Aires a estudiar, y como tenía un tío que laburaba en San Lorenzo me fui a probar. Después pasé por Independiente, estuve tres o cuatro prácticas. Al final fui a Lanús y quedé. En ese grupo todos teníamos 19 años, pero había un nene de 16, chiquito, que la rompía: era Ramón Cabrero.

—San Lorenzo, Independiente, Lanús: ¿viniste a Buenos Aires a estudiar o era una excusa para probarte como jugador?

—La verdad, vine a estudiar Letras, pero jugar al fútbol me gustaba mucho. Al final, la realidad eligió por mí. Es mucho más fácil recibirse de profesor de Literatura que jugar en Primera. Porque hay mucha diferencia entre jugar más o menos y jugar. Les cuento una historia: un día con el equipo de la Universidad fuimos a jugar un picado en Avellaneda, y no pude tocar una pelota. El que me marcaba me tenía de hijo, no me dejó pasar, no agarré una. Tiempo después lo reconocí, ese muchacho era Pancho Sá. Ahí me di cuenta de que hay un abismo entre los jugadores profesionales y los que más o menos jugamos.

—¿Y Boca, cuándo entra en tu vida?

—Siempre fui muy hincha de Boca, de pibe. Todavía guardo una camiseta que me regalaron a los cuatro años. Es chiquita, de piqué, una textura hermosa, y tiene manchas de comida. Me la regaló mi viejo en el ’49, cuando Boquita se salvó del descenso en la última fecha. En esa época, además de la continuidad de los colores, había una continuidad de las características de las camisetas. La de Boca era escote en V, muy pegadita al cuerpo; la de River era tipo camisa, mucho más amplia; la de Racing era como una chomba, con tres botones y cuellito. No existía esa necesidad marketinera que hoy está tan instalada de cambiar los diseños para vender más camisetas.

—¿Recordás la primera vez que pisaste la Bombonera?

—Fue cuando vine a Buenos Aires, en el ’64 o ’65, pero no me acuerdo del partido. Era un Boca maravilloso.

—¿Encontrás en el Boca de hoy alguna señal de aquel equipo maravilloso?

—¡No! Ocurre que el fútbol que se juega hoy me parece horrible. En la Argentina se está jugando muy mal. Y no porque me haya quedado en el tiempo, no soy nada nostálgico. Uno adquiere conceptos a través de una vida, son el resultado de la experiencia: si leíste cinco libros, la literatura son cinco libros, si leíste quinientos, la literatura son quinientos. Con el fútbol pasa lo mismo: podés decir las mismas pelotudeces, pero si viste muchos partidos tus referencias son más amplias.

—Sos pesimista por una cuestión de experiencia, entonces.

—No sólo por eso. Cuando ves a las selecciones juveniles, por ejemplo, te das cuenta de que todos juegan mejor que nosotros. Acá a los pibes les enseñan a marcar, a correr, a cuidar la posición y a hacer relevos en lugar de cómo manejar la pelota. Están formando jugadores de metegol. Estoy convencido de que lo que vemos o lo que se nos muestra o lo que nos vemos obligados a consumir como lo único posible es mucho peor que lo que se podría. Con estos mismos jugadores el fútbol argentino podría ser mejor. Hay una ideología, un concepto general de la competencia que tiende a deteriorar la calidad del juego.

—¿Vislumbrás que se puede cortar esta inercia?

—Espero que se revierta esta involución, porque está pasando y es grave. No aparecen jugadores y los que aparecen se van tan rápido que no hay posibilidad de que generen nada. Es como la soja en el campo, con el tiempo te termina cagando.

—Recién hablabas de ideología y parece inevitable hacer escala en Menotti y Bilardo.

—Es que existe una ideología del juego, que tiene que ver con los estilos, con los valores, con los conceptos. Hay un primer corte que es el de la legalidad. El resultadismo llevado hasta sus últimas consecuencias te saca de las reglas de juego porque justifica la transgresión, la trampa. Todo lo demás es discusión estética. Lo que sí es concreto es que el resultado, que sería el territorio lógico de aquellos que creen que justifica el deterioro del juego, es malo. Si me decís que ganamos cada copa que jugamos, lo discutimos pero no, al contrario: jugamos feo y perdemos, lo cual me parece saludable. Entonces, creo que habría que respetar ciertos conceptos mínimos: el cuidado de la pelota, el respeto por la libertad individual de los jugadores, no anteponer el esquema táctico a la aptitud de los jugadores ni las obligaciones a la posibilidad de jugar.

—Hacés más foco en los jugadores que en los equipos.

—Es que yo miro los partidos por los jugadores. En la Selección, cuando Messi juega mal, me entusiasma menos. Y a Boca me gusta verlo cuando está Román. Y prefiero que ganen los equipos donde hay buenos jugadores.

—Queda claro que sos muy crítico con el fútbol actual y que tenés reservas con lo que vendrá. ¿Esta postura te afecta como hincha?

—No, al contrario, estoy cada vez peor. Soy como el Tano Pasman. Afectivamente me comprometo muchísimo, y estoy cada vez más intolerante con las voces que me desagradan, con los comentarios pelotudos o tendenciosos. Si alguna vez les dijeron que con el paso del tiempo van a dejar de calentarse, les mintieron. Es una enfermedad que no se cura. Y está bien que sea así. Cualquier cosa, menos evolucionar hacia el cinismo. Podés ser escéptico, pero no cínico. Nosotros nos apasionamos con el fútbol porque creemos. No comemos vidrio, ojo, pero creemos que no todo está arreglado, creemos que hay equipos grandes que pueden descender, creemos que no hay intereses que manejan los partidos, por eso los miramos. Nos apasionamos porque creemos. Y eso hay que reivindicarlo. Si no, te dedicás a la Economía y te convertís en uno de esos soretes que están pronosticando la ruina todo el tiempo mientras se guardan la guita en el bolsillo.

© Escrito por Marcelo Rodríguez y Claudio Gómez y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 13 de Noviembre de 2011.