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domingo, 13 de agosto de 2023

Una campaña vergonzosa... @dealgunamaneraok...

 Una campaña vergonzosa...

Políticos rallados. Dibujo: Pablo Temes.   

Tres asesinatos en cadena pusieron punto final a una oferta política sin soluciones a los problemas reales de la gente.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 11/08/2023 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Morena Domínguez, de tan sólo 11 años, Juan Carlos Cruz y Daniel Peralta fueron los nombres de las víctimas de la delincuencia sin freno que asuela la Argentina. Son víctimas que fueron precedidas por muchas otras a lo largo de días, semanas, meses y años que, seguramente, serán seguidas por otras tantas en el tiempo por venir. Son muertes que reflejan dos hechos irrefutables: el primero, la marginalidad y sus consecuencias; el segundo, el desinterés que sobre el asunto exhiben el Gobierno y una buena parte de la dirigencia política.  

El 1° de abril de 2004 unas 150 mil personas marcharon al Congreso de la Nación convocadas por 
Juan Carlos Blumberg. La multitud clamó por cambios en la legislación penal y poner el tema de la seguridad en el centro de la atención no sólo del gobierno del entonces presidente Néstor Kirchner, sino también de todos los líderes políticos. Producto de esa manifestación y de las cuatro que le siguieron, se aprobaron cinco leyes, a saber: 

El 14 de abril de 2004, la Ley 25.882 modificatoria del artículo 166 del Código Penal, que castiga la portación de armas con pena de prisión no excarcelable; el 28 de abril de 2004, la Ley 25.891, por la cual se estableció que la comercialización de los servicios de telefonía celular debe ser efectuada sólo a través de empresas autorizadas; el 5 de mayo, la Ley 25.892 que produjo modificaciones en los artículos 13, 14 y 15 restringiendo el beneficio de la libertad condicional en los casos de condenas a prisión perpetua por delitos aberrantes, y la Ley 25. 893 que agravó las penas para homicidios y violaciones seguidas de muerte; y el 18 de agosto de 2004, la ley que modifica el artículo 55 del Código Penal que establece un máximo de cincuenta años de reclusión para los responsables de delitos concurrentes.


Han pasado casi veinte años de aquel convulsionado tiempo y las muertes por delitos violentos esta semana, de las que pasaron y de las que, seguramente, vendrán, demuestran que nada ha cambiado. Lamentablemente no hay nada que sorprenda. Veamos, pues, uno de los testimonios de Blumberg para reconocer no sólo la similitud en la demanda, sino también, la impericia y la desidia que, como ya ha quedado demostrado en demasiadas oportunidades, vino después: “Vinimos a donde están los representantes nuestros a pedir cosas chiquitas, simples, para que nuestros hijos puedan trabajar, estudiar, y que no sean asesinados. Hoy Axel es el hijo de todos”, había dicho a la multitud el ingeniero desde un palco ubicado en las escaleras del Congreso. 

Las tres muertes violentas que determinaron el cese inmediato de las actividades y los 
cierres de campaña tienen demasiadas cosas en común. Como ya se ha dicho, la marginalidad que se vive en las vastas zonas del territorio argentino –no sólo del Conurbano– es un hecho que nadie puede negar. Es estructural, está enquistada en el tejido social y se reitera –por lo menos– en dos generaciones. Se trata de familias enteras donde los menores no han visto ni verán trabajar a sus padres y, en muchos casos, la cultura del trabajo se ve corrompida por el asistencialismo social mal entendido, en manos de los punteros de la política que se sirve de la pobreza para administrarla a su antojo.

El otro fenómeno que cruza la marginalidad y se adueña de ella es el narcotráfico. Es triste reconocerlo, pero la palabra “fenómeno” ya no es la correcta. El narco ha dejado de ser algo excepcional para pasearse por las calles del Conurbano Bonaerense y la Capital Federal. Hace exactamente un mes atrás, el 12 de julio pasado, el periodista Fabián Rubino transmitió en vivo desde un búnker narco en el barrio de Balvanera y mostró cómo se podía conseguir droga sin ningún tipo de inconvenientes. El hecho se convirtió en el momento televisivo del día. Es imperioso dejar la hipocresía de lado. Rosario no es la capital de la droga y el narcotráfico. La Argentina toda está sumida en este terrible problema que puede acabar con generaciones enteras. Basta de hablar de Rosario. La dirigencia política debe enfrentar un problema que ya se le ha ido de las manos y, la muestra de ello, la tenemos todos los días frente a nosotros en cada una de las muertes violentas que, por un puñado de billetes, por una mochila o por un celular se producen en los distintos barrios con mayor o menor impacto y/o difusión. 


La ruta de los teléfonos celulares que terminan en manos de los delincuentes ya no desemboca en la reventa contra billetes del equipo robado. Desde hace algún tiempo, los aparatos de telefonía se cambian directamente por estupefacientes para consumo directo de la persona que cometió el hecho delictivo. Se roba para consumir, y se consume para anestesiar momentos del día a día, para alimentar la adicción y, también, para prepararse para seguir robando y delinquiendo. Una forma de vida y de autodestrucción que le cuesta muy caro a toda la sociedad. 

La puerta giratoria de la Justicia es la otra pata del problema. Pero ningún político debería sentirse eximido de su propia responsabilidad echando culpas a un sistema estéril que no funciona. En el Congreso de la Nación se hacen y votan las leyes. Está claro que, cuando se tocan temas que afectan los intereses del mundillo de la política partidaria, todos se sientan en sus bancas dispuestos a dar su voto para sancionar algún beneficio de turno. Sin embargo, no se observa la misma dedicación y perseverancia con los temas de fondo que pueden ser espinosos, pero que sin duda, podrían cambiarle la vida a la gente. Aún más, por muy poco, el asesinato de Morena Domínguez no terminó siendo utilizado políticamente por el oficialismo, por haber tenido lugar en un distrito opositor. Esto se explica, en parte, porque con apenas 24 horas de diferencia fue asesinado en Morón el médico cirujano Juan Carlos Cruz. Nadie en todo el arco político estaba en condiciones de tirar la primera piedra.

Tres asesinatos en cadena le pusieron el punto final a una campaña política vergonzosa que ha quedado muy lejos de ofrecer soluciones a los problemas reales de la gente.

 



   

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Estandarte intolerante... De Alguna Manera...


Estandarte intolerante...
 Heavy Metal II. Dibujo: Pablo Temes

Ante las protestas, más de lo mismo. Otra vez, la incapacidad de reconocer errores y la concepción absolutista del poder como una marca del kirchnerismo.

Los cacerolazos han puesto muy nervioso al Gobierno. La dura respuesta dada a los manifestantes por el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, reflejó el nivel de perturbación que la presencia en las calles de miles de personas les ha producido a la Presidenta y a su entorno, a los que envuelve un nivel de fanatismo que parece no tener límites. Repasemos algunas de las frases que se dijeron desde el oficialismo y sus afines: “Era toda gente bien vestida” –¿acaso no hay gente bien vestida entre quienes apoyan al Gobierno?–; “esa gente sólo piensa en Miami” –¿acaso no hay gente que viaja a Miami y a otros lugares del mundo entre quienes apoyan al Gobierno?–; “era gente de clase media alta” –¿acaso no hay gente de clase media alta entre quienes apoyan al Gobierno?–; “en Belgrano, Barrio Norte y Recoleta mucho no la votaron a la Presidenta” –¿acaso alguien olvidó que en esos barrios Cristina Fernández de Kirchner hizo una muy buena elección y fue sólo superada por el Frente Amplio Progresista y que, además, hizo una elección aun mejor en Puerto Madero?–.

Todas estas frases conllevan una indiscutible decisión de descalificar a la heterogénea población que, de a miles, expresó sus reclamos no sólo al Gobierno sino también a los opositores, a los que sienten en deuda por no encontrar en esa dirigencia la capacidad de constituir una oposición dispuesta a dar vida a un proyecto que genere la expectativa de una alternativa política viable y con posibilidad de gestión.

Desde ese punto de vista, lo del jueves se pareció mucho a aquellos otros cacerolazos de 2001-2002 movidos por una monumental hecatombe económica y una fenomenal crisis política. Hoy la economía está lejísimos de esa situación, lo cual torna aun más evidentes los groseros errores que significan las medidas implementadas, lo que ha terminado de generar una crisis a través de la que el oficialismo viene desplegando su impericia. He ahí uno de los problemas clave de esta gestión: la incapacidad de reconocer errores. El antecedente más inmediato de ello es la 125.

La reacción del Gobierno frente a la marcha del jueves desnuda su concepción absolutista del poder, algo profundamente antidemocrático. La no aceptación del pensamiento diferente es, sin duda, el mal mayor que domina a Fernández de Kirchner y su círculo áulico. Hay una aureola de infalibilidad que se trasunta en toda su gestión. No hay lugar para las voces críticas en ese universo donde la soberbia y la omnipotencia reinan. Por eso es que muchos funcionarios, genuinamente consubstanciados con los postulados del Gobierno, quisieran dejar sus cargos al verse sobrepasados por esa impronta a la que acompaña una buena dosis de fanatismo. “Con la Presidenta no se habla; a la Presidenta se la escucha”, es una frase que circula por los pasillos del poder.

En un Gobierno que ve conspiraciones por todos lados –el último ejemplo es la desopilante fábula del espionaje sobre la Presidenta de la policía de Santa Cruz–, ha reaparecido la idea de lo destituyente. Quienes protestan representan el mal. Con una concepción así, no hay diálogo posible. ¿Quién querría hablar con la encarnación del mal? Con una concepción así, tampoco hay posibilidad de discutir propuestas. ¿Quién aceptaría intercambiar ideas con los voceros del mal? Es claro, además, que con esta concepción la lista de enemigos aumentará. En esa lista, además de toda la oposición, se encuentran muchos ex oficialistas (Alberto Fernández, Esteban Righi, Roberto Lavagna, Hugo Moyano) y otros que aún están dentro del espacio como Daniel Scioli, contra quien hay enojo por su pecado mortal de expresar su respeto por los que participaron de la marcha. ¿Seguirá Scioli pensando que lo peor para él ya pasó, tal como señaló antes del jueves a sus funcionarios? La última incorporación que la Presidenta ha hecho a su nómina de enemigos es la del gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta.

Como no podía ser de otra manera, y a modo de descalificación de la marcha, el Gobierno no pudo privarse de echarle la culpa a Clarín y a TN por el éxito de la manifestación. La verdad es que el gran protagonismo comunicacional de esta marcha lo tuvieron las redes sociales. La Presidenta, su entorno y muchos de los que la apoyan creen que si el 7 de diciembre logran destruir TN, nada de lo que sucedió el jueves volverá a ocurrir. Es un grueso error. Hoy las redes sociales e internet representan alternativas de un creciente peso político. El minuto a minuto de los canales que responden al oficialismo mostró que sus audiencias bajaron durante el tiempo en que pretendieron minimizar la marcha. El pico de audiencia del programa de Marcelo Tinelli no se produjo durante algunas de las habituales peleas llenas de mal gusto entre sus panelistas, sino en el momento en que Marcelo se dedicó a hablar de la marcha.

Habitual en el kirchnerismo, la Presidenta ha dado la orden de redoblar la apuesta. Por eso la contramarcha que ha comenzado a organizar La Cámpora. Algunos protestaron por el cepo al dólar, pero muchos lo hicieron por la inseguridad, la inflación y por su rechazo a vivir bajo el imperio del miedo. Con una simpleza de pensamiento que no sorprende, en el Gobierno piensan que con el correr del tiempo y la falta de liderazgo político la marcha del jueves se irá diluyendo. En la Babel de Olivos no han comprendido que la protesta ha puesto a los opositores a la búsqueda de construir oposición como medio de representación para ese sector de la sociedad de la que forman parte muchos que votaron por Fernández de Kirchner.

Para el Gobierno sólo valen las marchas de sus partidarios. Todas las demás son manifestaciones antipopulares y antidemocráticas. Cristina ha hecho de la intolerancia un estandarte que ha inculcado fuertemente en su albacea político, La Cámpora. La oposición debe esmerarse en no caer en actitudes similares y, por lo tanto, igualmente reprochables. Qué aporte al desarrollo de una sociedad plural y tolerante y cuán beneficioso sería para su gobierno y el país que la Presidenta pusiera en práctica la famosa frase de Winston Churchill que dice: “La democracia es la necesidad de inclinarse de vez en cuando a las opiniones de los demás”.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

© Escrito por Nelson Castro y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 16 de Septiembre de 2012.

domingo, 16 de septiembre de 2012

CKF, no le tenemos miedo... De Alguna Manera...


Señora Presidenta: nadie le tiene miedo, como Ud pretende...

 Gobernador Daniel Peralta y Cristina Fernández

Entre los pañales que usaba el nene, la megalomanía a full y las amenazas a la provincia, la presidenta Cristina Fernández, da la sensación de estar algo desequilibrada y esto es sumamente grave en un Jefe de Estado.

La mandataria le disparó al gobernador de Santa Cruz (sin nombrarlo) algunas quejas por supuesta administración irregular o indebida y en ese caso la propia presidenta comete un acto de encubrimiento, si sabiendo que hay “cosas turbias” no las denuncia como corresponde y manda una amenaza velada, la cual es más política y efectista que efectiva.

El otro error en el que incurre CFK es en el delito de complicidad. Pues, todos recordamos que hasta el 23 de octubre las gigantografías mostraban su imagen junto a Peralta, sonrientes y prometiéndonos un futuro promisorio “de la mano del modelo que representamos”, “juntos por Santa Cruz”, decía el spot. Si hasta el 23 de octubre todo estaba bien ¿Cómo es posible que en 10 meses la provincia haya sido vaciada a tal punto que estemos en la lona? ¿O ya estábamos en la lona y ella lo encubría mintiéndonos desde el atril, por una cuestión eleccionaria? ¿O nos miente ahora porque en realidad quiere forzar un golpe institucional?. Es tan impostada la posición de la presidenta, que un silencio saludable, le resultaría más efectivo que hablar pisando su sombra.

El estado de megalomanía en que vive la primera mandataria y el rapto de delirio demostrado, cuando dijo “hay que tenerle miedo a Dios “y a mí, un poquito”, mientras la corona de aplaudidores festejaban el hecho de que les infunda temor, es un cuadro psíquico grave para el análisis de un psiquiatra y un mensaje político grave para la sociedad.

El espíritu pretendidamente maternalista desplegado en los aló presidenta, muestra a CFK mezclando sus rutinas de ama de casa con chistes malos, retos a los aplaudidores, una simulada locuacidad campechana y los pañales que usaba Máximo, lo cual no le importa a nadie, rasgos propios de cierto desequilibrio preocupante.

Finalmente, quisiéramos decirle en primera persona:

Señora Presidenta: no le tenemos miedo. Nadie le tiene miedo, excepto, claro, su cohorte de aplaudidores y obsecuentes que en cada aló presidenta, se ponen en las primeras filas asintiendo cualquier cosa que dice y gastando las palmas como gastan las rodillas.

Ud no infunde ningún miedo en nadie, excepto en su entorno, pero su entorno (para el resto de la gente) no existe. Su creciente personalismo y la creencia de que es el obligo del mundo, la está llevando a perder estrepitosamente consenso popular y lo que Ud cree que es una muestra de autoridad, es una expresión de autoritarismo, muy distinto a lo otro y produce un profundo rechazo.

Nadie le tiene miedo, señora presidenta, excepto sus aduladores crónicos, que facturan mientras le sonríen y quieren sostenerla para que a ellos no se les caigan los negocios. Creerse Dios o su lugarteniente, es de una excentricidad incompatible con un Jefe de Estado; no le haría bien escuchar los calificativos que podríamos enumerarle, ante tanta soberbia y falta de sentido común.

Con la dirigencia política que gobierna el país, estamos en manos de Dios, eso es seguro. Ahora, es raro que Ud, Sra presidenta, no haya reflexionado sobre lo que le ocurrió a su esposo, quien creía, tal vez, que bastaba con darle una orden al destino para no ser alcanzado por él y no era necesario cuidar su corazón, porque como decía usted misma, cada vez que su marido salía de una intervención arterial: “hay Kirchner para rato”, creyendo innecesario tenerle miedo a Dios, porque, en definitiva, Néstor era su lugarteniente en la tierra y nada le podría pasar.

La inmortalidad, señora presidenta, no es un don de los seres humanos y el miedo a Dios es una cuestión de fe. A Usted, nadie le tiene miedo y cada vez hay menos que le tienen fe.

© Publicado por la Agencia OPI de la Ciudad de Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz  el Lunes 3  de Septiembre de 2012.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Temor vs. Respeto... De Alguna Manera...


La Argentina del miedo...

Los nuevos aires. Sri Sri Ravi Shankar. Dibujo: Pablo Temes.

Amenazas oficiales para casi todos. Peralta se sumó a la lista de gobernadores maltratados por el poder central. Aprietes a Techint. Temor vs. respeto.

Primero le tocó a Daniel Scioli con su periplo mendicante a fin de que el Gobierno le diera los fondos para pagar el medio aguinaldo. Luego le llegó el turno a Mauricio Macri y el problema fueron los subtes. A continuación, el blanco fue José Manuel de la Sota a causa de la disputa con la Anses por los fondos que le debía girar a Córdoba para el pago de las jubilaciones. Ahora le llegó la hora a Daniel Peralta, el gobernador santacruceño. Santa Cruz representa el ejemplo del “modelo” creado y manejado por los Kirchner: una provincia endeudada, con gran injerencia del Estado en la economía, un manejo político feudal y abundancia del capitalismo de amigos. A eso llama el kirchnerismo un modelo “exitoso”. Desde que Néstor Kirchner dejó la comarca para acceder a la presidencia, ningún gobernador pudo hacer allí pie firme. El primero que sufrió eso en carne propia fue Sergio Acevedo, que supo ser titular de la SIDE en los días en que Kirchner hablaba de la transversalidad, quien el 16 de marzo de 2006 debió renunciar cuando se negó a ser un títere del entonces presidente. A Acevedo lo sucedió su vice, Carlos Sancho, que sí aceptó ser un títere  del Gobierno central. Tras Sancho llegó Peralta.

Su actual gestión ya arrancó mal cuando los representantes de La Cámpora en la Legislatura provincial se le pusieron en contra. Los que conocen la política de Santa Cruz lo tomaron como lo que era: un alerta. Ahora todo está claro. La Presidenta ya no lo quiere más. Exige ahí a alguien de La Cámpora. La pregunta entonces es: ¿aguantará Peralta? A diferencia de alguno de sus predecesores, el gobernador parece dispuesto a resistir. Así que deberá prepararse para aguantarse algún aviso propagandístico denostando su gestión producido por orden del Gobierno y emitido en Fútbol para Todos.

El episodio dejó al desnudo la aceitada maquinaria de una operación en la que se utilizó el multimedios oficial y paraoficial, que dio aire a la denuncia acerca de la existencia de una red de espionaje montada desde la Gobernación para efectuar tareas de seguimiento a la Presidenta con fines desconocidos, lo que suena a mucha fantasía. Para su proyecto de permanencia y descendencia política, Fernández de Kirchner necesita que La Cámpora comience a hacerse de alguna gestión provincial a fin de que, con los recursos del Estado, construya poder. Ese es el plan, y Santa Cruz sería ideal como punta de lanza. ¡Qué mejor que un feudo que se maneja desde la Rosada!

En los “Aló Presidenta” de la semana se avanzó un poco más en el camino hacia el chavismo que el Gobierno viene desandando con prisa y sin pausa. Se repitieron conductas que forman parte de una planificación a la que contribuyen las más de cien personas que trabajan en la Secretaría de Medios. Así, las largas actuaciones de Fernández de Kirchner tienen cada vez más de perorata que de anuncios concretos, en la que se mezcla información cierta con información errónea, y en la que se emiten afirmaciones que no son verdaderas. No es verdad la afirmación de la Presidenta de que los medios no reflejan las buenas noticias que ella proporciona en sus apariciones. No es verdad que no utiliza la cadena nacional para ventilar aspectos de su vida personal o familiar. En realidad, para aspectos de su vida personal o familiar, no sólo utiliza la cadena nacional sino también los recursos del Estado. Esto, en realidad, no es de ahora sino que ya ocurría en tiempos en que Kirchner era presidente. Por otra parte, la Presidenta utiliza la cadena nacional para vilipendiar al que piensa distinto, para amedrentarlo y para avisarle que lo ha mandado a investigar por la Gestafip.

Hay que reconocerle a Fernández de Kirchner que en esta tarea tanto de acumulación de poder, así como también de búsqueda del poder “eterno”, viene siendo ayudada eficazmente por sectores de la oposición que todos los días demuestran estar en cualquier cosa. El Gobierno hasta se divierte viendo cómo con cada una de sus iniciativas divide a sus opositores y los mete en un laberinto en el que dejan al desnudo su confusión. El proyecto de habilitar el voto a partir de los 16 años es el último capítulo que ha demostrado la vigencia de esa penosa realidad.

En la semana hubo, además, dos afirmaciones que resumen el concepto de poder con el que la Presidenta lleva adelante su gestión. Por su contundencia y por su significado presente y futuro, es imprescindible no olvidarlas. La primera de esas definiciones la dio el viceministro de Economía en 6,7,8, el esquicio oficialista con aires “goebbelianos”. Dijo allí Kicillof: “Habría que bajar el precio de la chapa y fundir al señor Rocca, pero no lo vamos a hacer, aunque habló mal de nosotros”.  Es claro, pues, que para el Gobierno cualquier crítica es pecado mortal. Esta definición, además de ser imprudente –qué empresario extranjero o local estará atraído a invertir su dinero en un país en donde un funcionario amenaza con fundirlo–, denota un pensamiento propio de un régimen totalitario. Seguramente habrá cosas para objetarle a Techint, pero si Paolo Rocca no hubiera osado criticar aspectos de la política económica no padecería hoy la ira oficial.

El otro concepto lo dio la Presidenta cuando dijo que “hay que temerle a Dios y un poquito a mí”. No está claro si se quiso equiparar a Dios, pero que haya habido funcionarios que aplaudieron jocosamente esta advertencia, es patético. No hay registro de que en un acto en la Casa Rosada funcionarios festejen el estar bajo la dominación del miedo hacia quien desempeña la primera magistratura del país. En la Argentina, miles de personas dieron sus vidas detrás del ideal de un país en donde la libre expresión del pensamiento fuera un derecho absoluto. Por ello es que resulta increíble escuchar a la Presidenta, que se dice un adalid del pensamiento progresista, ufanarse de que le teman “un poquito”. Se les teme a los dictadores; se les teme a los déspotas; se les teme a los tiranos. En cambio, a los verdaderos estadistas se los respeta. La Argentina del miedo a expresar un pensamiento distinto al del Gobierno no es ya un eventual riesgo del futuro, sino una penosa e inquietante constatación del presente.

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

© Escrito por Nelson Castro y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 8 de Septiembre de 2012.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Santa Cruz está que arde... De Alguna Manera...


Santa Cruz: golpe oficial a Peralta y embestida contra la prensa...

"Sólo hay que tenerle miedo a Dios y a mí... un poquito". Cristina Kirchner.

Cristina y una peligrosa apuesta contra la República. "Hay un sector que quiere cargar en mi espalda el fracaso del modelo". Esas proféticas palabras fueron pronunciadas por el gobernador Daniel Peralta el sábado pasado y fueron el preludio de lo que ocurriría horas más tarde, cuando Cristina Kirchner lo acusó de haber ordenado un puntilloso seguimiento sobre su persona.

La acusación oficial, aunque disparatada, no carece de paradojas: el kirchnerismo ha instaurado en la Argentina todo un sistema de espionaje hacia periodistas, empresarios y referentes de la oposición. No es algo nuevo, Tribuna de Periodistas lo reveló en el año 2006 con lujo de detalles gracias al aportes de un relevante funcionario del Poder Ejecutivo: "Existen terminales de computación denominadas DVCRAU que funcionan incansablemente en la oficina que la SIDE posee en Av. de los Incas 3834, más conocida como 'Ojota' (Observaciones Juciciales). En esa dependencia no sólo se suelen escuchar conversaciones, sino que se suelen interceptar otro tipo de comunicaciones como los correos electrónicos y las señales de fax. Desde allí surgen reportes que son enviados directamente a una de las oficinas de presidencia de la Nación y que sólo pueden ser leídos por pocos funcionarios de la extrema confianza del primer mandatario (Néstor K). Estos informes se complementan con los datos surgidos de otras fuentes que el kirchnerismo utiliza para informarse de todo lo que sucede a su alrededor", se publicó en esos días.

Un año después, los datos fueron refrendados por el ingeniero Ariel Garbarz a través de una entrevista que le fue realizada por revista Noticias. Allí, el especialista admitió que funcionarios del kirchnerismo le habían admitido que se "pinchaban" teléfonos de diversas personas a través del referido equipo DVCRAU, el cual "hacía las pinchaduras" y "estaba conectado con el cable de fibra óptica que sale de la sede de la SIDE en la Avenida de los Incas, en Belgrano. Ahí funciona la OJOTA, la Oficina de Observaciones Judiciales que es la que se encarga de intervenir los teléfonos".

Frente a lo antedicho, ¿cómo puede Cristina hacer un señalamiento como el que ha hecho en las últimas horas? ¿Por qué nunca dio explicaciones sobre las acusaciones del Garbarz?

Pensar que la Presidenta de la Nación más poderosa de la historia argentina pueda ser víctima de un intento de espionaje llevado a cabo por un grupo de periodistas de pocos recursos, junto a espías que forman parte de una dependencia que fue desmantelada en 2011, es de una puerilidad que abruma.

¿Acaso nadie le dijo a Cristina que el Departamento de Inteligencia provincia (DIP) fue disuelto por Peralta el 1º de marzo de 2011? ¿Sabrá la mandataria que este fue creado en 1972 por el tío de Néstor Kirchner, en años de la dictadura de Agustín Lanusse?

Las contradicciones llegan a la hilaridad más increíble: durante los tres períodos de “Él” como gobernador de Santa Cruz e incluso luego de que llegara a la primera magistratura, el DIP siguió vigente y con su estructura intacta. ¿Tanto tardó el kirchnerismo en percatarse de que era un organismo siniestro?

Se insiste, aunque moleste: las acusaciones que Cristina ha hecho en las últimas horas no tienen el más mínimo sustento, aunque sí un claro objetivo. Dos en realidad: embestir contra un medio crítico como es OPI Santa Cruz —se pergeña incluso una dura denuncia judicial— y hacer un golpe institucional contra Peralta.

A ese respecto, debe mencionarse que OPI ha cometido un grave error: el de trabajar con gran profesionalidad, echando luz en cuestiones que a la Presidenta le molestan, y mucho. Dos de los hechos que la fastidiaron ocurrieron en las últimas semanas. El primero, cuando OPI descubrió que se había reunido en secreto con su contador y escribano, los fantasmales Víctor Manzanares y Leandro Albornoz.

El segundo suceso que fastidió a Cristina se dio cuando OPI reveló los inesperados desperfectos del Tango 01, que obligaron a Presidencia de la Nación a contratar un charter privado. "¡Por culpa de ese hijo de p..., vamos a salir en todos lados!", habría dicho la mandataria cuando vio al fotógrafo de esa agencia retratar el momento.

Minutos antes, uno de sus custodios le había dicho crudamente: “Señora, una de las turbinas no enciende y dicen los técnicos que en prevención debemos suspender el vuelo”. La furia cristinista era incontenible.

A partir de ese momento, comenzó el plan para destruir a OPI —de la mano de los "medios satélite" del kirchnerismo, como Página/12, Tiempo Argentino, Télam, y otros— y, al mismo tiempo, avanzar varios casilleros en el plan para eyectar a Peralta del poder santacruceño. Es una trama que anticipó TDP con lujo de detalles el pasado 19 de julio:

No casualmente, en estas horas el oficialista secretario de Seguridad, Sergio Berni, se encuentra en Santa Cruz comandando un operativo de patrullaje de Gendarmería en el marco del paro policial que dejó desiertas las calles de esa provincia durante las últimas dos semanas.

La aparición de Berni no es síntoma de nada bueno: se trata del mismo funcionario que, merced a una bolsa repleta de dinero, comandó una de las operaciones más sucias contra el macrismo en el Parque Indoamericano, a fines de 2010.

En esta oportunidad, el secretario ya mostró las cartas que usará contra Peralta. Lo hizo al advertir que el envío de personal de fuerzas de seguridad nacionales no implicará en absoluto que la Casa Rosada resuelva el conflicto de fondo. En plena conferencia de prensa —en la que no permitió al gobernador siquiera sentarse a su lado— Berni aclaró que será Peralta quien deba hacerse cargo de solucionar el paro policial.

Las palabras del funcionario no son aisladas ni casuales, sino parte del inconsciente cristinista. Pocos saben que su diálogo con la Presidenta es constante y directo, sin intermediarios.

Mal que le pese a Peralta, Berni es el ejecutor del plan que ha instruido Cristina en estas horas, el cual incluye su propio aislamiento por parte de todo el arco oficialista santacruceño.

Los otros encargados de llevar adelante la "operación cerrazón" son Máximo Kirchner, Julio De Vido, Carlos "Chino" Zannini, y el empresario Lázaro Báez. De Vido, por caso, se encuentra reunido en estas horas con un grupo de intendentes santacruceños con los que coordinará un nuevo plan de obras para la provincia, obviamente sin darle participación a Peralta.

Basta observar el papel que en estas horas juega Berni para comprender que el plan se lleva adelante con la precisión de un relojero suizo. El secretario de Seguridad es el sicario que ha elegido el kirchnerismo para erosionar la figura del gobernador santacruceño. En ese marco se entienden sus intimaciones a Peralta de “abstenerse" a seguir haciendo algo que jamás ocurrió: "monitorear" a Cristina.

No es el único frente que deberá sortear el mandatario provincial. En estas horas, dos alternativas se discuten en Casa de Gobierno de Buenos Aires. Primera: ahogar económicamente a Peralta, promoviendo de esa manera el atraso de los sueldos y el pago de las obligaciones financieras. Segunda alternativa: promover el juicio político contra el mandatario a través de la legislatura provincial, copada por La Cámpora. Debe recordarse que, de los 24 legisladores que allí se desempeñan, 22 pertenecen al Frente para la Victoria y la mayoría responde directamente a Buenos Aires.

Concluyendo

Lo que ocurre en estas horas en Santa Cruz es de una gravedad republicana pocas veces vista con anterioridad. ¿Cómo es posible que se utilice el aparato del Estado para perseguir al periodismo en lugar de resolver cuestiones de mayor relevancia, como la inseguridad y la pobreza? ¿Hasta dónde llegarán los señalamientos contra quienes no comulgan con el "modelo"?

La democracia vive sus peores horas; el periodismo también. La ciudadanía se muestra hoy rehén de la discrecionalidad de una mujer que solo parece moverse a través del capricho personal, sumado al desconocimiento republicano. No se puede comprar dólares, no se puede importar insumos, no se puede siquiera protestar públicamente. ¿Hay acaso alguna diferencia entre la Argentina y Venezuela?

Nadie sabe aún hasta dónde llegará la escalada oficial, pero una cosa es segura: la virulencia está lejos de cesar en el mediano plazo. “Estamos en un año no electoral, ¿qué nos espera en 2013 entonces?”, advirtió, no sin tino, un colega de diario La Nación. 

Parecieran quedar pocas alternativas frente a lo que viene. Tal vez haya que cruzar los dedos y esperar a que algún ministro o secretario se anime a hacer recapacitar a Cristina, obviamente a riesgo de ser destruido por el maligno aparato estatal.

Fuera de esa alternativa, no queda mucho más. Solo resistir ante lo inesperado y hacer lo que mejor saben los hombres de fe: esperar un milagro.

 © Escrito por Christian Sanz y publicado por Tribuna de Periodistas el jueves 6 de Septiembre de 2012.