viernes, 2 de diciembre de 2016

Ciencia Básica... @dealgunamanera...

Ciencia Básica…

Calacas...

La historia de la ciencia ha demostrado que la investigación básica es el alma del progreso de los individuos y que de allí surgen las ideas que producen avances espectaculares. E. Appleton

© Escrito por Juan Sabia, Doctor en Matemática, profesor en Ciencias Exactas (UBA), escritor, el viernes 02/12/2016 y publicado por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Bajó el diario y miró la hora: las diez y veinte. Para qué daban turnos si después lo hacían esperar a uno como si, por estar enfermo, debiese estar dispuesto a soportar cualquier cosa. Resopló y se tocó la cabeza, exactamente donde en el último tiempo le daba esa puntada insoportable, pero esta vez fue sólo por costumbre.

–Tranquilo, ya te van a llamar –le dijo la mujer sentada a su lado, sin levantar la mirada de la tablet que traía y, con el dedo índice, tocó otro cuadradito en la pantalla, que quedó pintado de verde.

Él siguió leyendo: “Ya a mediados del siglo XVIII, el naturalista francés Leclerc, Conde de Buffon, formuló un problema hoy conocido como “la aguja de Buffon” que puede considerarse precursor de esta rama de la geometría. En una de sus versiones más simplificadas, el resultado calcula, si lanzamos una aguja sobre un papel con renglones equidistantes, la probabilidad de que la aguja cruce uno de los renglones en función de la longitud de la aguja y de la separación de los renglones.”

–¡Dios mío!

La mujer lo miró por sobre los anteojos.

–¿Qué? ¿Mareo de nuevo?

–No, la historia de otro imbécil. Tenía que ser conde para tener tiempo que perder con agujas y hojas rayadas. Seguro que ni trabajaba. No sé adónde quieren llegar con esta historia.

La mujer, acostumbrada a escucharlo discutir con la radio, el televisor y hasta con el diario, volvió a su juego de cuadraditos de colores sin contestar.

“Otro geómetra fundamental para nuestra historia fue Johann Radon, austríaco, que sentó las bases para, por ponerlo en términos básicos, reconstruir un objeto a partir de distintos cortes transversales.”

–Dios los cría… Y éste seguro que cobraba por perder el tiempo. Si te dan una naranja cortada de distintas formas, no hay que ser un genio de la matemática para saber que es una naranja… –volvió a mirar la hora.

–¿Qué es una calaca? –preguntó la mujer bajando la tablet.

–Una calavera mexicana, las del día de los muertos. ¿Por?

–Dicen que esto es una calaca, pero no se parece en nada –la mujer mostró el juego terminado: un dibujo a cuadros verdes y blancos, que era demasiado anguloso para parecer un cráneo.

“Una versión más sencilla pero que puede aclarar el concepto anterior son los hanjies o nonogramas, juegos en los cuales sobre una cuadrícula se dice qué número de cuadrados van coloreados por renglón y por columna y el jugador debe armar el dibujo con esas restricciones.

Los números equivalen a los cortes transversales de Radón y la figura es el objeto a reconstruir”.

–Mirá qué casualidad. Justo acá hablan de ese jueguito tuyo. “Ciencia Básica” se llama la nota. Andá a alguna universidad y puede que consigas que algún imbécil te pague un sueldo por andar pintando cuadraditos con la tablet todo el día.

La mujer pareció no escucharlo.

“En el plano nacional, el destacado matemático hispano-argentino Luis Santaló, exiliado en nuestro país después de la guerra civil española, es considerado uno de los padres de la geometría integral. Uno de los resultados más conocidos de Santaló calcula, si se tiene una caja rectangular con varios corpúsculos dentro, la cantidad de objetos en promedio que atraviesa un rayo dirigido dentro de la caja.”

–Y claro… Si por cada imbécil que anda suelto por el mundo, hay cuatro argentinos y dos ayudantes. Y lo peor es que a éstos les pagamos el sueldo nosotros, para que especulen sobre la inmortalidad del cangrejo, en vez de hacer cosas útiles.

–Calmate que te va a volver la puntada –dijo la mujer.

“Y esta historia de más de doscientos años de ciencia básica, tiene su broche de oro en la creación, por parte del equipo del ingeniero inglés Godfrey Hounsfield, a partir de los resultados del físico sudafricano Allan Cormack, del primer prototipo de tomógrafo computado, logro por el cual fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina en 1979. Las rectas de la teoría se transformaron en rayos X, los corpúsculos de Santaló en los órganos y tejidos que se cruzaban en el camino de los rayos y la reconstrucción de Radón permite a una computadora obtener, como si lo estuviésemos fotografiando, una imagen del interior del cuerpo humano”.

El hombre tomó aire y bajó el diario en silencio. La puerta del consultorio se abrió. Un enfermero que salió lo llamó por su apellido y, cuando él se puso de pie, le aclaró que el tomógrafo ya estaba listo. El hombre volvió a tocarse la cabeza y dijo “Me siento…”

–¿Te sentís mal? –preguntó la mujer, alarmada.

–Sí –dijo el hombre–. Me siento un imbécil. –Y se dirigió con paso lento hacia la puerta abierta.


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