domingo, 21 de junio de 2015

Copa América... Argentina 1 vs. Jamaica 0... @dealgunamanera...

Pudo ser fiesta, pero volvió a quedar en deuda…


El equipo no pudo desplegar todo su potencial y repitió errores como en los partidos anteriores. El único gol lo convirtió Gonzalo Higuaín, para darle el primer puesto de la zona B. El rival de cuartos de final se conocerá hoy.

Juegan Argentina y Jamaica y vos sos argentino. Entran a la cancha Messi, Di María, Pastore y compañía contra una banda de entusiastas grandotes caribeños. Te invitan a la fiesta. Imaginás que te vas a encontrar con una entradita de salmón ahumado o gambas al ajillo, y después tal vez un lomo a la pimienta, una trucha a la manteca negra con alcaparras y puré duquesa o ranas a la provenzal. Te creés que el vino va a ser Rutini, ponele, o un Escorihuela Gascón, y que de postre habrá frutos del bosque con helado de crema americana. Vas, mirás, olés y algo de eso te sirven, pero apenas te dejan probar un poquito, no pasás de la degustación. Esas cosas te ocurren con la Selección Argentina. Se dieron contra los paraguayos y te volvieron a pasar ayer. Te amenaza con el banquete y te termina dejando medio vacío, con gusto a poco.

Es cierto que el equipo argentino consiguió el cuádruple objetivo: 1) ganar el partido; 2) clasificarse en primer lugar de la zona; 3) que no se lesionara ningún jugador; 4) que no recibiera amarilla ninguno de los que estaban en capilla.

Y una mirada resultadista llevaría a pensar entonces que está todo bien, que no hay nada de qué quejarse. Pero si se rasca un poco, si se sale de lo superficial quedará claro que se desaprovechó una gran oportunidad de lograr una goleada, elevar la autoestima y avisarles a los contrarios que tengan cuidado. Vale decir, algo de lo que sí hizo Chile en su partido contra Bolivia.

El equipo de Martino pudo haber goleado porque oportunidades no le faltaron. Después del gol (una buena media vuelta de Higuaín luego de un pase lateral de Di María), el mismo Higuaín metió un tiro en el travesaño, Di María metió un zapatazo que rebotó en el horizontal, y el arquero atajó dos pelotas dificilísimas ante remates de Di María, Messi (gran volada hacia atrás en un tiro de emboquillada) y Pastore.

Pero la goleada no llegó. Como ante Paraguay o ante Uruguay, generó muchas llegadas, pero concretó pocas. ¿Mala suerte? Sí, puede ser. Pero problemas de definición también hubo: un pase de más, un tiro apresurado, un remate al arco cuando había un compañero mejor colocado.

Y lo peor de todo es que, como no se convirtieron los goles, el equipo terminó apretado, asustado, comprometido con los centros de un rival muy inferior que se agrandó en el final del partido. Bastó que los jamaiquinos cambiaran sobre el final el plan A (tratar de que no los goleen) por el plan B (má si, vayamos un poco al frente) para que la Selección Argentina se derritiera en el fondo, mostrara grietas, inseguridad, susto. El síndrome de Paraguay, volviendo a las cuestiones psicológicas que tanto juegan en el fútbol. Fueron cinco, diez minutos que causaron estupor.

Esos mismos rivales que en el primer tiempo no habían pasado la mitad de la cancha, esos mismos que mostraban su torpeza con algunas faltas ingenuas, esos que sólo mostraban buena voluntad, de pronto pasaban al ataque, llegaban hasta el fondo y metían la pelota en el área. Los fantasmas de Paraguay entraron a la cancha, al punto que en una jugada se dio una situación de flipper entre tres defensores argentinos, que querían sacar la pelota del área y mandarla a Puerto Montt.

Algo de responsabilidad se les puede achacar a los técnicos, que sacaron a Pastore (que no estaba jugando tan bien como contra Uruguay, pero no desentonaba) y pusieron a Pereyra, con lo que se perdió algo de posesión de la pelota. Pero no se debe caer sólo sobre Pereyra; todos se cayeron en picada y cuando entró Tevez el equipo ya estaba deshilachado.

Lo flojito de ese final terminó opacando los buenos momentos que produjo el equipo en la primera parte, en la que se empezó a cumplir con el trámite de liquidar el partido en el marco de algunos toques de lujo y buenas triangulaciones para atravesar una férrea defensa rival. Pudo ser fiesta, pudo ser goleada, pero quedó gusto a poco. Muy poco.


Estadio: Sausalito (Viña del Mar).

Arbitro: Julio Bascuñán (Chile).

Gol: 10m Higuaín (A).

Cambios: 58m Pereyra por Pastore (A), 70m Taylor por Hector, Dawkins por Laing (J) y Tevez por Higuaín (A), 77m Barnes por Brown (J), 83m Lamela por Di María (A).


© Publicado el domingo 21/06/2015 por el Diario Página/12 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 





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