miércoles, 2 de abril de 2014

Octavio Paz: nació hace cien años y sigue dando que hablar... De Alguna Manera...


Octavio Paz: nació hace cien años y sigue dando que hablar...

Mirada. Octavio Paz buscó el ser nacional mexicano, se vinculó con los surrealistas y abrazó el liberalismo. Foto: AFP 

Quería que lo recordaran como poeta. Fue un ensayista y un pensador que pasó fronteras.

En 1986, cuando Octavio Paz visitó por segunda vez la Argentina para presentar la edición latinoamericana de la revista Vuelta, le preguntaron cómo quería ser recordado. Paz, que en aquel entonces ya había sido traducido a una decena de idiomas, ganado el Premio Cervantes, era un candidato permanente para el Nobel y durante décadas un actor omnipresente a la hora de pensar la política mexicana, contestó con humildad abrumadora: Como poeta”. Es lo más difícil y lo más fácil al mismo tiempo. La poesía es la creación suprema, implica condensación. Es lo único que me interesa”.

Ayer se realizaron actos para celebrar el centenario del nacimiento del poeta, ensayista y escritor mexicano más importante del siglo XX en varios países. México, por supuesto, fue el eje y el centro de los homenajes. Pero –en contra del deseo de Paz– la evocación de su figura la mayoría de las veces trascendió la poesía. “Era un revolucionario. No solamente era un poeta, era un hombre de acción y un servidor público ”, lo describió su amigo, el primer Nobel africano Wole Soyinka, uno de los invitados a los actos en los que también participaron Jean Marie Gustave Le Clezio (otro Nobel), Juan Goytisolo y la ganadora del Cervantes Elena Poniatowska, entre otros.

La trayectoria de Paz justifica tantos homenajes. Nacido en 1914, a los 17 años colaboraba en revistas culturales como Cuadernos del Valle de México y Barandal; a los 19 publicó su primer libro Luna silvestre, a los 23 quiso sumarse a las filas republicanas durante la Guerra Civil Española. No lo dejaron. A su regreso, fundó la revista Taller y fue miembro fundador de El Hijo Pródigo. Vivió en Estados Unidos e ingresó al servicio exterior mexicano. 

Cumplió funciones en París, se acercó al movimiento surrealista y conoció a André Breton. 

Su poesía tenía poco que ver con la escritura automática. Se interesó en Japón, en la herencia hispánica y en los antepasados aztecas y primeros pobladores de México. Todos confluyen en su poesía, también el misticismo de la India, donde fue embajador. Se obsesionó con el ser nacional mexicano. De eso trata su primer y más celebrado ensayo: El laberinto de la soledad, en el que se inspiró Google para dedicarle ayer su popular doodle, el emblema del buscador. También fue un traductor encomiable, tradujo a Fernando Pessoa y a E.E. Cummings, entre otros. “No soy un erudito.

En Buenos Aires. Sabato, Paz, su esposa y Bioy Casares, en 1986. Foto: Archivo.

El erudito sólo almacena información. Yo soy un pensador " , solía decir.

Le interesaba Sor Juana Inés de la Cruz y escribió Las trampas de la fe, un ensayo histórico sociológico, que es también una biografía, un estudio literario y –en definitiva– una excelente novela sobre la gran poeta mística.

Se casó dos veces y tuvo una única hija, Helena, quien murió el sábado a los 74 años. Tuvieron una relación complicada. “He aprendido a perdonarlo”, dijo en su última entrevista.

Abandonó más temprano que tarde las ideas revolucionarias de izquierda, “un pecado” que –en sus palabras– “nos ha manchado y ha manchado también, nuestros escritos”. Lo atormentaba la burocracia, en especial, la mexicana, una cuestión que abordó en El ogro filantrópico. Repudió el stalinismo, se mantuvo lejos de la Revolución Cubana, pero en palabras de Enrique Krauze– su compañero en la revista Vuelta (donde publicaban a disidentes soviéticos) nunca dejó de creer en la Revolución, para la que estaba predestinado; después de todo su padre era el emisario de Emiliano Zapata ante los Estados Unidos.

Desde Vuelta, considerada una de las mejores revistas latinoamericanas de cultura del siglo XX, denunció las dictaduras militares de los años 70 y la violencia de la guerrilla. La dictadura argentina la prohibió. En 1986, Paz fundó una edición sudamericana de la revista con sede en Buenos Aires. Danubio Torres Fierro y Enrique Pezzoni dirigieron el experimento en plena primavera democrática. Duró hasta 1989.

Paz era liberal, pero sus pronunciamientos y su enemistad con figuras como García Márquez hizo que en 1984 quemaran una imagen suya frente a la embajada de los EE.UU. en México.

Criticó por décadas al PRI, el partido que gobernó México 70 años, pero una izquierda agotada y el entusiasmo por una nueva generación de políticos lo llevaron a apoyar a Carlos Salinas de Gortari, fuertemente sospechado por corrupción y violencia política: un error que pocos le perdonan. En 1990 ganó el Nobel, algo que tampoco se olvida. Trabajó activamente hasta 1998, cuando un cáncer se lo llevó. Tenía 84 años.

Como escribió en el inicio de El arco y la lira: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono”. Todo eso es Octavio Paz.

© Publicado el Martes 1º/04/20147 por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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