lunes, 24 de marzo de 2014

Del cuadro al museo... De Alguna Manera...


Del cuadro al museo...


Como se trata de recordar, los que permanecemos en el mismo lugar, podemos repetir lo que siempre defendimos: el 24 de marzo debe recordarse, conmemorarse, pero jamás celebrarse.

“El 24 de marzo debiera ser lo que es: el peor día de nuestra historia contemporánea, el que consagró la muerte como la forma de resolver las diferencias, llenó de dolor a miles de hogares argentinos, amordazó la libertad y nos humilló como país. El día más largo, que formalmente terminó el 10 de diciembre de 1983 y sin embargo sobrevive en la desconfianza que impregna todas las relaciones, desde las personales hasta las políticas. Si hasta la semántica nos muestra el error de hacer del 24 de marzo un feriado, una palabra que deriva de “feriar”: cuando los tribunales de justicia están cerrados.

Entre nosotros, de lo que se trata es precisamente de que los tribunales estén siempre abiertos, para hacer justicia con los secuestros, las muertes y desapariciones, para terminar con la impunidad heredada del autoritarismo.

Si la evocación del golpe militar de 1976 nos vuelve a enfrentar, entonces habrá vencido aquel día.”

Este texto fue escrito ocho años atrás, cuando se instituyó al 24 de marzo como un día festivo en el calendario, ya que eso es el feriado desde que el ocio y el turismo se estimulan como consumo. Aún cuando nada debo agregar a mis temores de entonces, la institucionalización de la memoria con museos y monumentos, este 24 de marzo, por la imposición de Milani como Jefe del Ejército y el proyecto de museo en la ESMA, marcan una bisagra. Ambos fueron objetados, rechazados por organizaciones de Derechos Humanos y del mismísimo Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, sin que el gobierno escuchara esos reclamos.

Milani y el Museo de la ESMA son, también, dos símbolos de este 24 de marzo. Tal como como sucedió, en otro sentido, diez años atrás. El entonces Presidente Néstor Kirchner descolgó el cuadro de Videla, recuperó la ESMA y pidió perdón público a los argentinos en nombre del Estado, lo que le granjeó la simpatía de una parte importante del país. Al invitar a las Madres de la Plaza de Mayo al Palacio del gobierno oficializó lo que Raul Alfonsín no había podido hacer para dar el paso mayor, el más difícil, ordenar el Juicio a los Comandantes en contra de muchísimos dirigentes políticos y una sociedad todavía atemorizada. No porque no crea que las madres y las víctimas que impulsaron la verdad y la justicia no deban ser homenajeadas sino porque fue a partir de ahí que los pañuelos blancos dejaron la Plaza para politizarse con los favores del Palacio. 

Diez años después, la urgencia para hacer de la ESMA un museo, contó con otra irregularidad previa, difícil de explicar. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que diez años atrás había recibido el edificio de la ESMA para que integrara el acervo de la memoria trágica de la ciudad, ahora cedió el Casino de Oficiales, que integra el predio, para que como Museo se llene de luces y sonidos en evocación del terror que allí sucedió. Un proyecto de la Secretaría General de la Presidencia, la Secretaría de Derechos Humanos y la Universidad de San Martin, siempre elegida a dedo, sin licitación, a la hora de tercerizar las obras de la cultura.

Como se  trata de recordar, los que permanecemos en el mismo lugar, podemos repetir lo que siempre defendimos: el 24 de marzo debe recordarse, conmemorarse, pero jamás celebrarse. Sin embargo, me temo que las conmemoraciones, acompañadas de murgas, festivales musicales o asados, lejos de resignificar el terror que allí se vivió, al provocar dolor a tantos otros, en realidad, exhuman, sacan afuera, proyectan sobre la sociedad, lo que las víctimas de la ESMA recibieron a manos llenas, la crueldad y la mentira, la perversidad y la denigración. El edificio de la ESMA como otros llamados Sitios de la Memoria podrán intercambiarse entre los gobiernos por conveniencia política o desinterés, lo que no podrán modificar es el legado trágico que pertenece a todos los argentinos. Sólo por eso debiera evitarse hacer del terror un espectáculo.

Si reconciliar es unir lo que fue violado, la reconciliación posible es la que nos devuelva lo que fue ultrajado, la convivencia democrática. No tan sólo la simbología de una entrevista de Hebe de Bonafini al general Milani, sino la subordinación de todos a la democracia. Sobre todo, los que visten uniformes.

Para conmemorar sin herir, ya está en la hora de que los argentinos que queremos hacer de la Historia un aprendizaje, no una venganza, recuperemos todo lo que nos pertenece, por autoridad de lucha y derecho democrático, y nos fue burlado desde el día que alguien pudo creer que el compromiso con los Derechos Humanos se reduce a quitar un cuadro de la pared.

© Escrito por Norma Morandini, Senadora Nacional,  el Lunes 24/03/2014 y publicado en  su página http://www.normamorandini.com.ar/?p=7617#sthash.vxbLo2KH.dpuf

 
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