sábado, 15 de febrero de 2014

La historia del perro Calafate, fiel a su amo... De Alguna Manera...


Calafate, el perro vivió 9 años junto a la tumba de su amo…

El perro “Calafate” en el acceso del cementerio donde era ya parte del paisaje cotidiano.

Esta historia increíble tuvo su punto final el pasado martes con la muerte de un pequeño perro mestizo que se instalara permanentemente en el cementerio municipal de Río Grande, a partir de lo que fue la muerte de su amo en el año 2004. El perro retornó a la última morada de su amo para no irse nunca más y fue adoptado con cariño por el personal municipal del área.

La historia parece inverosímil pero da cuenta del grado de fidelidad y amor al que puede llegar una simple mascota ante la pérdida de su amo, en otros casos que han sido famosos en todo el mundo y que tuvo en este pequeño animal un ejemplo similar a nivel local.

La historia de Calafate era conocida por tanta gente, casi en proporción a la gente que desconocía la misma pero posiblemente observó a ese pequeño perro mestizo en la zona del cementerio municipal, donde ya era parte del paisaje.

La historia se inicia allá por el 2004, con la muerte de un peón chileno, Pedro Vera Cárcamo, de quien los memoriosos aseguran que murió en un accidente de trabajo en la estancia donde se empleaba.

Vera Cárcamo poseía una pequeña mascota, el perro Calafate, quien tras el deceso fue llevado a la estancia donde vivió un tiempo, siendo luego devuelto a la ciudad.

Con el tiempo el personal del cementerio comenzó a toparse periódicamente con un llamativo visitante, un pequeño can que se colaba entre las rejas del portón trasero, el cual solía merodear las tumbas ubicadas en el fondo del predio.

“Puede ser que algún perro se metiera y siempre los sacábamos, en el caso de Calafate recuerdo que tenía hambre y lo sorprendíamos comiéndose las velas, por lo que lo sacábamos corriendo, pero siempre volvía”, recordó uno de los empleados municipales.

Con el correr del tiempo la presencia del perro fue casi permanente en el lugar, y un día llegaron a buscarlo quienes lo habían “heredado” como mascota. Todo fue infructuoso, Calafate seguía escapándose al cementerio para permanecer en las inmediaciones del lugar donde fuera sepultado su amo. Un comportamiento inexplicable en razón de cómo podía llegar a saber de la presencia del mismo en ese lugar.

Aclarada esa situación, el personal del cementerio comenzó con alimento, a atraer al pequeño perro hacia el quincho en el cual descansan, zona donde con el correr de los años Calafate se instaló, pasando a ser la mascota del lugar y un verdadero ícono, anécdota insoslayable para cualquier visitante a la necrópolis que preguntaba por la llamativa presencia del perro.

Finalmente, la pasada semana Calafate fue atacado por dos perros de gran tamaño en las afueras del cementerio, siendo asistido e internado por el personal municipal. A pesar de su avanzada edad logró reponerse, pero finalmente el martes fue encontrado sin vida cuando el personal ingresó a trabajar.

La muerte, ese componente tan cotidiano en el trajinar diario del personal municipal del cementerio, esta vez golpeó muy duro y eso podía observarse en el ánimo de todos, a pesar del acostumbramiento a circunstancias penosas de este tipo.

Calafate fue sepultado muy cerca del quincho donde compartía sus días con el personal municipal, dentro del predio que eligió para seguir al amo perdido. Final de una historia, cierta o no, que el imaginario popular seguramente resiste descreer, e incluso se encargará de perdurar en el tiempo.

© Publicado el Viernes 14/02/2014 por el Diario El Sureño de la Ciudad de Río Grande, Tierra del Fuego.


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