miércoles, 4 de septiembre de 2013

I have a dream... De Alguna Manera...


Sueños…


Hay oraciones que condensan enteros ciclos históricos. Martin Luther King Jr. tenía 34 años cuando el 28 de agosto de 1963 deliró en Washington ante una muchedumbre que lo veneraba. Esas 35 palabras en inglés las pronunció cinco años antes de que en abril de 1968 fuera asesinado a balazos en Memphis, Arizona. ¿Había sido tan poderosa esa frase? Era la confesión de un deseo: “Sueño que mis cuatro pequeños hijos vivan algún día en una nación en la que serán juzgados no por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”.

Michael (Martin Luther) King Jr. había nacido en plena recesión, el 15 de enero de 1929, en Atlanta, Georgia. Lo mataron a balazos el 4 de abril de 1968. Aquella consigna fue un grito de paz, pero también un santo y seña para siempre: I have a dream. Era bien sencillo, pero tendría torrenciales consecuencias, porque asumía la promesa central del proyecto histórico de los Estados Unidos: “Todos los hombres fueron creados iguales” y tienen derecho a “la vida, a la libertad y la búsqueda de felicidad”. Como bien recordó The Economist, “‘todos’ quiere decir ‘todos’”.

Comparada con la Argentina, ¿cómo eran los Estados Unidos en 1968? ¿Cuánto se parecen a lo que son hoy? En medio siglo, en los Estados Unidos, cuyo presidente es hoy un negro, hubo cambios. En 1968, los negros del Sur podían ser linchados si intentaban votar en las elecciones; debían usar baños públicos y escuelas segregados y de calidad inferior, sólo para negros; y estaban confinados a ocupaciones subalternas. En 1940, el 60% de las mujeres negras con trabajo eran sirvientas en las casas de los blancos.

Medio siglo después, los afroamericanos votan más que cualquier otro grupo racial, al menos si Barack Obama es el candidato. El prejuicio blanco contra candidatos que no sean no blancos ya es difícil de detectar. El gobernador de la primorosamente blanca Massachusetts es negro. Obama tuvo más votos de blancos en 2008 que el también demócrata John Kerry en 2004. En la época de King, las relaciones sexuales entre “razas” diferentes eran ilegales en muchos estados. Hoy, el 15% de los nuevos matrimonios son entre personas de grupos étnicos diferentes, pero el 24% de los hombres negros no se casa con negras. En aquellos años, la segregación racial era legal en el Sur y era la norma en el Norte. Hoy ya no existen barrios exclusivos para blancos. La segregación va desapareciendo en todas las más grandes 85 zonas metropolitanas de los Estados Unidos. No sorprende que alcaldes negros sean los jefes políticos de grandes ciudades (Washington DC, Filadelfia, Denver) o grandes corporaciones (Merck, Xerox, American Express). Un actor negro hace el papel de Dios en el cine, Morgan Freeman. El salario de los negros aumentó de manera exponencial desde la revolución de los de derechos civiles, tanto en términos absolutos como en relación con los blancos, pero el progreso de los negros parece hoy detenido.

Entre 2000 y 2011, el ingreso familiar promedio de los hogares negros cayó del 64% a 58% respecto de los ingresos de las familias blancas. La brecha social es aún más grave. Se agudizó porque los negros se hipotecan más peligrosamente para adquirir vivienda, lo cual agravó su empobrecimiento después del estallido de la burbuja inmobiliaria. En 2005, los bienes promedio de una familia blanca promedio eran unas 11 veces mayores que los de los negros. En 2009, eran veinte veces superiores. El adolescente negro promedio, de 17 años, lee y hace cálculos aritméticos como un chico blanco de 13 años. Cuando llegan a los 30/34 años, uno de cada diez negros está preso, mientras que entre los blancos está en la cárcel a esa edad uno de cada 61. Comparada con los años de militancia de King, la familia negra tradicional se evaporó. En los años 60, casi el 25% de los hijos de los negros nacían de madres sin pareja. Hoy, el 72% del total nace de madres solteras, mientras que entre los blancos la proporción es de sólo el 29%. Muchos de ellos son criados por mujeres solteras y además solas.

El racismo no empeoró en la última década. Es una ofensa condenada por la sociedad, la desigualdad subsiste, pero muchos de los problemas de los negros son responsabilidad de ellos, incluyendo los alcaldes y jueces negros en funciones en todo el país. El salario promedio de mujeres negras y blancas con grado universitario es casi el mismo. A los norteamericanos que terminan la escuela secundaria, tienen trabajo de tiempo completo y esperan llegar a los 21 años para tener hijos, sólo los espera el 2% de posibilidades de ser pobres. Pero, como apunta The Economist, “lo deprimente es que pocos negros reúnen esas tres condiciones tan básicas”.

Pero si se piensa en los cincuenta años que van de 1968 a hoy, ¿cómo le fue a la Argentina? ¿Qué sueño de hace medio siglo se hizo aquí realidad? ¿Qué modelo de sociedad ofrece la nueva burguesía kirchnerista asentada en Puerto Madero y aledaños? ¿Estudian o al menos trabajan los hijos del poder? Martin Luther King Jr. reclamó el derecho a procurar la felicidad, pero ¿está garantizado ese derecho en la Argentina? Recorran las calles de Buenos Aires y cuenten la cantidad de personas indigentes sumidas en el sopor, tiradas sobre colchones mugrientos. Observen de cerca a la muchedumbre de familias e individuos que cada día rompen bolsas de residuos para vivir de la basura. ¿Qué pasó con los sueños de prosperidad y justicia, convertidos desde hace diez años en un espejismo armado desde el poder para seguir saqueando en provecho propio?

© Escrito por Pepe Eliaschev el domingo 1º de Septiembre de 2013 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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