miércoles, 29 de mayo de 2013

La Asamblea interminable que nos parió... De Alguna Manera...


La Asamblea interminable que nos parió...


Si. Nacimos de una asamblea interminable que empezó por la mañana y finalizo pasada la medianoche. Nacimos de una asamblea inusitada en los confines del mundo en un día frio de mayo hace 203 años. El 22. Era viernes.
 
Esa reunión fundacional fue el equivalente de una maratónica sesión de la actual Cámara de Diputados. Aclaro que solo por el numero; las comodidades eran otras (los objetivos y los personajes también). 257 son los actuales diputados, 251 vecinos los que iniciaron el famoso Cabildo Abierto de entonces.
 
Que estuvieron apretados no cabe duda y que el Cabildo actual fue reconstruido a una escala menor tampoco. Basta hacer la prueba y subir a la galería del Balcón del primer piso y aun calculando las alas que se amputaron del viejo edificio, le cuesta a uno imaginar otra reunión que no sea bastante incómoda, apretada y con mucho frio.
 
La asamblea fue tensa, con gente entrando y saliendo. El debate interminable. Según cuentan las crónicas se mando a traer comida para que los invitados no se fueran al mediodía. Serian empanadas y pasteles seguramente. Ya desde esa época, a los que íbamos a ser argentinos, nos sacaban de apuros las empanadas y el delivery.
 
Poco más de 200 terminaron votando. A los otros los venció el cansancio, las especulaciones, quizá una cena familiar o la inconsciencia de lo que se avecinaba.
 
La lista original de invitados era de 600 pero fue "pulida" a 450. Esa fue la cantidad de invitaciones que se imprimieron, con tan mala fortuna para el Virrey, en la imprenta de Donado, un conspicuo revolucionario. La invitación tuvo así un alto grado de discrecionalidad en favor de la causa Patriota. De los 450 ingresaron 251. El resto tuvo miedo, o nunca le llego la invitación o le bloquearon el acceso a la Plaza los Chisperos de French y Berutti.
 
Efectivamente desde el día 21, como contrapeso de las milicias de Saavedra, un número importante de jóvenes se agruparon alrededor de los patriotas y convirtieron a French y Berutti en sus líderes naturales. Muchos de ellos ya tenían experiencia militar de la época de las invasiones inglesas, pero lo que más los caracterizaba era su entusiasmo y la apropiación de las ideas de libertad e igualdad, que lo inundaban todo en el Rio de la Plata.
 
Por lo que se cuenta eran muchos y no andaban con vueltas. El frio, la lluvia y la humedad del otoño de la época, obligaba a andar con capotes. Capotes que ocultaban pistolas y puñales.
 
Es dable pensar que soñaban con imitar a los Jacobinos que hacía 20 años en otras calles y plazas de la lejana Paris, habían terminado con la Monarquía más rancia de Europa.
 
Los entusiastas muchachos crearon la escarapela, que nunca sabremos de qué color fue realmente, lo que si queda claro es que no surgió de un rapto de inspiración. Fue una contraseña para poder mostrar la adhesión a la causa revolucionaria. Ese día quien no la tenía, no entraba al Cabildo o le costó bastante entrar.
 
Solo por un minuto imaginen la Plaza de Mayo sin colectivos, ni transito, sin bocinas, sin luces, sin semáforos y sin miles de personas caminando. Solo un gran espacio abierto de tierra, alguna que otra carreta o caballo. Imaginen ese silencio.
 
Si sesionaron como no cabe dudas, en la galería del balcón, los gritos y discursos encendidos se deben haber escuchado casi hasta donde hoy está la pirámide o en la mismísima Recova. La tensión retumbaría en la tranquilidad de la hoy inimaginable plaza.
¿Cual fue la esencia de lo que se discutió ese día?
 
Para los realistas, ganar tiempo para quedarse en el Poder a como de lugar, esperando nuevas noticias de España y buscar cómo sobrevivir coordinando con los sectores pro monárquicos del interior de la actual Argentina, con el Alto Perú y el Virreinato del Perú.
 
La postura revolucionaria era inequívoca: Cesado el poder del Rey, el poder vuelve al pueblo y es el pueblo el que decide que hacer. Así nació lo que sería nuestro país. Alrededor de una coincidencia fundamental: lo que no se quería ser más.
 
Los Patriotas venían de caminos, estrategias e ideas distintas. Llegaron juntos a ese día porque la oportunidad fue tan única que unió a todos y porque unos pocos se dieron cuenta que valía la pena unirse. Lo que sucedería después estaría en la cabeza de todos en ese Cabildo del 22. Y todos (por lo menos los más importantes) tendrían su propia versión de la continuidad de las cosas y habrán reservado con más o menos ambición y vanidad, su lugar en la historia que nacía.
 
Fue una época de división de familias, de amigos. De ruptura de viejas lealtades y culturas centenarias. La ciudad estaba militarizada y con un intenso debate político sobre el futuro de estas tierras. El aroma más fuerte para el ser humano, mucho más fuerte que el más exquisito de los perfumes o que la pestilencia más repugnante, es el olor a vacío de poder. Eso es lo que percibió el puñado de revolucionarios criollos en los días de Mayo.
 
Ese puñado de hombres se zambulló en ese vacío para intentar llenarlo, sabiendo que seria a matar o morir.
 
Muchos fueron los protagonistas. En realidad, la gran cantidad de actores reflejaba la diversidad de visiones de lo que había que hacer. Por lo tanto esa semana fue la obra de muchos sin que alguien se destaque demasiado o se convierta en líder del movimiento naciente. Saavedra mantuvo el aplomo necesario al saberse vital por su condición de Jefe de los Patricios. No hizo de más, pero tampoco de menos y fue clave en la mirada de los que votaron en el Cabildo del 22. Al menos esa noche no se equivoco.
 
Es probable que Moreno haya repasado toda su vida ese día. Quizá intuía que nacería como nació, horas más tarde, en el lluvioso 25. El cabildo del 22 lo encontró como dicen las crónicas, callado y meditabundo. Es probable que tuviera noticias o haya sacado conclusiones de lo peligroso que era lo que se estaba haciendo o que para su temperamento previsor y realista se estaban tomando pocas precauciones o peor aún, veía ya las divisiones y peligros internos futuros. Escucho a todos y no abrió la boca. Moreno el de las contradicciones tan típicas del país que nacía: Católico y Rousseauniano. Defensor de los hacendados e indigenista. Pluma brillante y hombre de acción. Admirado y seguido de cerca por los ingleses y buscado por el ultra españolista Álzaga, para que integre la Junta de la malograda asonada un año antes. Quizá pensó en su tierna chuquisaqueña Guadalupe a la que dejaría lentamente.
 
¿Quién era el verdadero Moreno? Nacería en pocas horas.
 
Si tengo que elegir dos protagonistas del día fundacional, no dudo: Belgrano y Castelli. Abogados los dos. Primos. Uno casado, el otro soltero. Conocidos amantes empedernidos de mujeres de la entonces pequeña ciudad. Los dos Carlotistas. Lo intentaron todo y de mil maneras. Belgrano con una formación académica más solida. Castelli, sin una historia oficial en nuestra historia, al menos como para saber cual podría ser la no oficial. Personalidad impetuosa; dio en todo momento la sensación que con sus 43 años (de esa época) estaba dispuesto a jugársela a todo o nada. Gano y perdió. Cuando gano, ayudo como pocos a que naciéramos. Cuando perdió, murió. Y se lo olvido.
 
Belgrano fue puro nervio esa semana. Empujo a todos previo al Cabildo del 22 y aguijoneo también a todos, irritado y enojado, a que el 25 seria por la buenas o por las malas. Era el encargado de dar la señal, si hacía falta, para que entren los muchachos de French y Berutti en nuestra asamblea fundante y se arregle todo a los sablazos.
 
Sin Belgrano y sin Castelli que dio el discurso más importante de nuestra historia, se hubiera dificultado nuestra naciente revolución.
 
El 22 es una metáfora bien argentina. Ese día fue una mezcla exacta y perturbadora de planes, improvisaciones, silencios, titubeos y audacias. De la suma de todo, conseguimos el cese de las autoridades vigentes hasta ese momento, logramos el autogobierno y empezamos a recorrer el camino inexorable hacia la independencia.
 
Como fuere, los que ganaron la votación ese día, pusieron en movimiento una rueda que ya no se detendría.
 
Las ideas que nacieron en la Quinta de los Rodríguez Peña, donde hoy está la plaza en la esquina de Callao y M.T de Alvear y que tomaron forma en una maloliente y todavía inubicable jabonería de San Telmo, habían encontrado su oportunidad en esta ciudad perdida del sur del mundo.
 
Aquí, donde las sudestadas cada tanto recordaban la precariedad de lo que habían fundado Mendoza y Garay.
 
Aquí, lejos de los lujos y riquezas del Perú y más lejos aún de España, germino una rebelión con éxito.
 
La ciudad de los contrabandistas tuvo su momento y no lo desaprovecho.
 
La asamblea interminable de ese 22 de mayo, con sus pasiones, errores y temores, aun nos acosa como un fantasma eterno.

© Escrito por el Diputado Nacional Roy Cortina el lunes 27/05/2013 y publicado en: http://www.facebook.com/RoyCortina


 
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