martes, 12 de febrero de 2013

Identidad de clase… De Alguna Manera...


Identidad de clase…


Siendo opuesto en tanto, Kicillof comparte con Boudou el mismo problema de identidad de clase. El grupo socioeconómico al que ellos y sus familias están integrados se siente perjudicado por sus acciones. Pero el vicepresidente mitiga las consecuencias viajando siempre con custodia y en aviones de la flota presidencial o charters. Boudou, en la clase turista de Buquebus, acompañado por su pareja, Agustina Kämpfer, y sin custodia, no hubiese siquiera conseguido abordar el barco. Quizás hasta hubiera sido mejor, porque reclamarle a alguien que abandone una embarcación que ya se encuentra en medio del agua, como hicieron quienes increpaban a Kicillof, es bastante ridículo. ¿Qué hacía? ¿Se ahogaba?

Habla bien de Kicillof que se desplace sin prerrogativas pero la falta de conciencia de su propio protagonismo podría también ser interpretada negativamente: como un acto de omnipotencia o falta de sentido común. Al decir Luis D’Elía, “que haya sido en Buquebus y no en Laferrere es una buena señal”, confirma que debiera tratarse de un hecho previsible desde la perspectiva kirchnerista.

La sensibilidad que generó la limitación a la compra de dólares hizo que Timerman suspendiera la boda de su hija en Punta del Este y Echegaray, con casa en Uruguay, no pisara este año el balneario porque habría sido objeto de todo tipo de críticas. Kicillof debe haber juzgado haciendo foco sólo en lo real y sin tener en cuenta lo simbólico. Habrá pensado que él no vacacionaba en la sofisticada Punta del Este sino en la modesta Colonia, más barata que Mar del Plata. Pero en la mente argentina, Uruguay en verano no es símbolo de Colonia sino de Punta del Este.

Boudou (¿con más calle?) directamente mandó a su pareja de vacaciones a la India y Cristina Kirchner (con más poder), a su hija Florencia a París, con seis custodios. El cepo al dólar no fue un problema de ninguno de ellos. En realidad, tampoco es un problema para nadie conseguir dólares siempre que esté dispuesto a pagarlos a la cotización del mercado paralelo. Es más, cuando se termine de conocer las estadísticas del verano, se verá que los argentinos vacacionaron en el exterior más que nunca. Lo que es lógico, porque a las compañías aéreas y a las agencias de viajes se les paga en pesos con dólar a la cotización oficial, y así Estados Unidos y hasta buena parte de Europa pueden resultar más baratos que la costa atlántica.

Kicillof, aunque igualmente abucheado que Boudou en la misma semana, luce como un representante de otra especie. No vive en Puerto Madero, no es frívolo ni socialmente extrovertido y, fundamentalmente, no parece ser un oportunista sino alguien que siempre pensó de la misma manera que se expresa ahora en público. Su formación en el Nacional de Buenos Aires y la UBA, su matrimonio con otra profesora de la UBA, su vivienda en el barrio porteño de Agronomía y hasta su casa de veraneo en Colonia, sin ningún lujo, transmiten una trayectoria auténtica que hace verosímil la intención de devolverle al peronismo un carácter más revisionista donde, después del pacto sindical-militar y del menemismo, sus contradicciones se resuelvan por izquierda.

Al revés –como lo hizo Néstor Kirchner–, Boudou luce como alguien que, de haber estado en posiciones más importantes durante los años 90, habría sido funcional al menemismo. Personas como Kicillof en el Gobierno enfatizan las diferencias de Cristina Kirchner (más íntegra y consistente ideológica e intelectualmente, aunque también más loca) con su marido (quien no tenía límites pero para el pragmatismo y la negociación, o sea, un típico peronista de las últimas épocas).

El “ser loca” de Cristina Kirchner, como también el destacar su mayor coherencia ideológica sobre su marido, es el punto que diferencia lo que el oficialismo califica como prensa hegemónica. Clarín y La Nación asumen como propio el discurso de Alberto Fernández, quien argumenta que Néstor Kirchner era –en palabras de Scioli– “un pluralista”, y todos los males actuales obedecen a que su viuda no siguió con la misma línea. PERFIL, en cambio, viene sosteniendo que Néstor Kirchner era un déspota y, además, ni siquiera tenía la consistencia ideológica de Cristina Kirchner. Paralelamente, Clarín y La Nación no se atreven a decirle “loca” a la Presidenta porque temen que se los considere golpistas mientras que PERFIL, que siempre sostuvo que para ser presidente hay que estar un poco loco y en la Argentina aun más, no ve en una cuota de locura ningún impedimento insalvable para el ejercicio de la presidencia.

Obviamente, creer que Néstor Kirchner era magnánimo ayuda a justificar el apoyo que muchos de los que hoy se oponen al kirchnerismo le dieron al mismo régimen hasta 2008. Salvar a Néstor Kirchner y cargar a Cristina de todos los males del mismo modelo les resulta autoexculpatorio. Ese tipo de comportamiento oportunista les cuadra a personas como Boudou y no resulta tan posible en Kicillof. Esa singularidad de Kicillof también aumenta su visibilidad: si el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, hubiera estado en Buquebus probablemente los pasajeros no lo hubieran reconocido o no les hubiera despertado el mismo encono. Kicillof es sólo un secretario ministerial pero, como Moreno, por su autenticidad, imprime más profundamente.

© Escrito por Jorge Fontevecchia el sábado 09/02/2013 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


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