domingo, 21 de octubre de 2012

¿Les estalla antes la cabeza o la economía?... De Alguna Manera...


¿Les estalla antes la cabeza o la economía?...

“Los ritos y las ceremonias de las iglesias no hacen más que convertir a Dios en un payaso.” Søren Kierkegaard

 CRISTINA Y MORENO. Dos estilos de alteración.

El jueves, en un reportaje publicado en la revista Nuestra Palabra del Partido Comunista, Guillermo Moreno explicó que “la Presidenta fue muy clara cuando dijo que es inmanejable un país con una inflación por encima del 15, 18 o 20%. La inflación es la que realmente está midiendo el Gobierno”.

¿Qué parte de la población será analfabeta numéricamente como para todavía creerse que la inflación es del 9% o, más allá de cualquier porcentaje, creer que la inflación crece la mitad de lo que le aumentan su sueldo?

No parece resultar muy conveniente para el Gobierno recordar cuando Cristina Kirchner, en la Universidad de Harvard, sostuvo que “si la inflación fuera del 25%, el país estallaría por el aire”. Esa frase es para psiquiátrico: un país estallando por el aire si sucediera lo que ya sucede, advertido por la propia responsable de conducir ese país. Muchas interpretaciones son posibles  (palabra plena, lapsus del inconsciente), pero hay un único efecto: la sospecha de que no sólo podría estallar la economía del país sino, y no menos preocupante, que la cabeza de quienes gobiernan está tan mal como la inflación.

Todavía existen preconceptos culturales arcaicos sobre las mujeres que fácilmente son calificadas de locas. No sólo Cristina Kirchner soportó esa acusación sino también Elisa Carrió, de quien –hasta oficialmente– el que fue jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, dijo que a ella “le faltan varios jugadores” y que “no le llega agua al tanque”.

Es cierto que en el caso de los hombres ser “loco” hasta puede convertirse en un atributo valorativo distinto, significando que esa persona tiene un arrojo especial que le permite ir más allá de los límites, como podrían ser “el loco Moreno” o “el loco Néstor Kirchner”. Pero tampoco habría que detenerse en una discriminación opuesta que impida decir que una mujer luce alterada sin caer en violencia de género. Por eso es oportuno aquí juntar a Moreno con Cristina, ya que resulta hasta benigno calificar de locos a quienes  desde el Gobierno sostienen que si la inflación fuera del 25% el país estallaría.

El kirchnerismo apuesta a que en 2013 llegará un segundo viento de cola que acomode y disimule todos los problemas económicos que su modelo viene acumulando. Quizá se confíe demasiado, y en lo económico, al revés, sería cuerdo estar un poco más paranoico.

Pero, más allá de la economía, el Gobierno debe reconocer que una creciente parte de la sociedad tiene la percepción de que a su conductora la afecta algún tipo de excitación discursiva que –sea verdadera o falsa– atribuyen a algún grado de alteración de su ánimo.

Probablemente no sea más que otro mito urbano pero, a un año de las elecciones que el 23 de octubre de 2011 le permitieron a Cristina Kirchner ser reelecta con el 54% de los votos, el número de ciudadanos que dice que nunca la votaría creció en la misma proporción en la que cayeron su imagen positiva (más de veinte puntos) y la aprobación de su gobierno.

Es factible que Cristina Kirchner tenga hoy la misma oralidad exaltada de siempre y aquellos que dejaron de apoyarla por otros motivos decidieron prestar más atención a ese rasgo de su personalidad que siempre la caracterizó, cuya percepción se inhibía en época de luto, porque cualquier pensamiento negativo era reprimido y enviado al inconsciente. Si así fuera, retornaría ahora con más fuerza, como todo lo reprimido, y la población estaría atravesando “el   fin del luto”.

Simplificadamente: una parte de la sociedad votó a Cristina Kirchner en 2007 porque prometió iniciar una etapa de recuperación de la institucionalidad dejando atrás el estado de excepción, más tolerable en los primeros años poscrisis de 2002. En la primera presidencia de Cristina Kirchner no hubo avances republicanos, pero se atribuyó ese estancamiento a que su marido seguía gobernando en las sombras. Con su muerte, además de la solidaridad en el dolor, Cristina Kirchner renovó el crédito por la promesa electoral de 2007 no realizada, ya que recién sin él podría ser ella misma.

El actual fin del luto no sería sólo la caducidad del sentimiento de acompañar en el dolor a quien había enviudado sino, principalmente, el pase de una doble factura por incumplimiento de la promesa electoral tanto de 2007 como de 2011 (obvio, de aquellos que no son naturalmente kirchneristas).

La gente cuya politización es mediana percibe como perturbados a quienes tienen una ideologización extrema, sea de derecha o de izquierda. El predecesor de Obama, George W. Bush, también fue reelegido presidente; sin embargo, en su segundo mandato se hizo mayoritaria la idea de que sus creencias eran tan rígidas que derivaron en un encierro dogmático que distorsionó su percepción de la realidad.

El enamoramiento, como su contraparte, el odio, implica una forma de descalibramiento del radar con el que se registra lo externo. El amor a una religión o a una causa necesariamente requiere que la realidad sea retraducida de forma que no llegue a crear un conflicto insalvable con los sentimientos y las creencias, que al ser existenciales no pueden ser abandonadas por la persona sin perder su autoestima.

El problema del kirchnerismo es que gran parte del relato es la economía (más la explicación de por qué fracasó en el pasado y quiénes fueron los culpables). Otro fracaso demandaría otro relato.

© Escrito por Jorge Fontevecchia y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 20 de Octubre de 2012.

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