martes, 4 de septiembre de 2012

Votar a los 16... De Alguna Manera...


Recursos electorales...

 Cáculos, Cristina Fernández. Dibujo: Pablo Temes

Votar a los 16. En el Gobierno sienten que para asegurarse la elección 2013 deben agrandar el padrón. La re-re como objetivo.

El Gobierno sigue en su marcha imparable tras el objetivo de su perpetuación en el poder. El polémico proyecto de habilitar el voto a partir de los 16 años apunta en esa dirección. Hoy al Gobierno no le dan los números para aprobar la declaración de la necesidad de la reforma de la Constitución Nacional. Le urge, pues, ganar las elecciones legislativas del año próximo con una amplitud tal que le posibilite asegurarse los dos tercios de la totalidad de los miembros de la Cámara de Diputados y de la Cámara de Senadores. Con el padrón de votantes, tal como está hoy, las esperanzas de obtener un triunfo por semejante margen se diluyen. Pero, con un padrón ampliado por la incorporación de esta franja etaria, las cosas podrían cambiar. A esos fines, y descontando que el proyecto del voto a partir de los 16 años de marras será aprobado, La Cámpora viene trabajando con prisa y sin pausa. 

Para toda esa tarea, la organización que tiene como su numen a Máximo Kirchner cuenta con un instrumento poderoso: los recursos del Estado. Un ejemplo, entre muchos: varios directores de escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires se han quejado –por supuesto en estricto off– porque la distribución de los libros que provee la Dirección de Escuelas estuvo a cargo de miembros de La Cámpora, en un accionar claramente proselitista. Se asiste, por otra parte, a un verdadero copamiento del Estado por parte de esta agrupación, que de esta manera, además, se convierte en una verdadera agencia de colocaciones dando pie así a una singular circunstancia de militancia rentada, y por cierto muy bien rentada.

La estrategia de la Presidenta tiene, además, un segundo objetivo: tratar de que La Cámpora cope al peronismo con la finalidad de desplazar a la mayoría de sus dirigentes, en muchos de los cuales no confía y a muchos de los que, por otra parte, desprecia. Para esta tarea también son fundamentales los fondos del Estado. La metodología, perversa, ha sido ya explicitada miles de veces: a los intendentes y a los gobernadores que se quejan por ese avasallamiento que viven en carne propia, y que es permanente, se los castiga quitándoles la plata que desde la Nación les debe llegar para hacer obras o pagar sueldos. Es lo que viene experimentando José Manuel de la Sota. Como se recordará, el gobernador de Córdoba osó protestar y demandar al Gobierno ante la Corte Suprema por dineros que la Anses le debe a su provincia. 

El resultado de esa osadía ha sido previsible y contundente: ha pasado a ser un enemigo del kirchnerismo, como lo dejó expuesto sin tapujos el aviso crítico que le dedicaron en el esquicio propagandístico en el que el oficialismo ha transformado el Fútbol para Todos. Para disgusto del Gobierno, este ataque feroz sobre su persona le ha devuelto a De la Sota un protagonismo nacional del cual no gozaba desde hacía años. La foto con Macri es, para la Presidenta, lisa y llanamente un pecado mortal. El gobernador de Córdoba, que no se cansa de repetir en sus apariciones públicas que es peronista, ha visto renacer así sus aspiraciones presidenciales, que creía ya perdidas. Tanto en el kirchnerismo como en el peronismo no kirchnerista ya se han anoticiado de ello. En consecuencia, desde el Gobierno buscarán torpedear la gestión de De la Sota y destruir así su figura.

Al día de hoy, las encuestas creíbles siguen mostrándole a la Presidenta que sus rivales son Daniel Scioli y Mauricio Macri. Alguien que estuvo en el despacho de la presidencia de la Bolsa de Comercio el día que Cristina Fernández de Kirchner anunció el pago del Boden 2012 no deja de narrar lo impresionante que fue ver el nivel de desprecio al que fue sometido el gobernador bonaerense, a quien, cuando llegó, pusieron a un costado del salón y al que ni la Presidenta ni sus ministros –más allá de un saludo formal, distante y frío– le dirigieron la palabra. El gobernador de la provincia de Buenos Aires sigue su navegación por la ancha avenida de los grises, y esa grisura suya es la que desconcierta –obligándolos a buscar otros referentes– a quienes pretenden ver en él a un líder capaz de enfrentarse con el kirchnerismo. “¿Qué querés que haga? Si me planto me destruyen”, le confesó Scioli a un jefe distrital con rango de gobernador que le reprochó su falta de definición.

Por el lado de Macri, el problema más serio que debe enfrentar, al margen de sus errores de gestión –los maestros que utilizaron el aula para parodiarlo junto al ministro de Educación, Esteban Bullrich, estuvieron mal, pero la sanción que se les aplicó fue absolutamente desmedida y muy poco inteligente–, es su situación judicial. Si en el juicio por el caso de las escuchas ilegales fuese encontrado culpable, no sólo se vería obligado a renunciar, sino que no podría postularse a la presidencia de la Nación, ya que ello les está vedado a personas con condenas con sentencia firme. Su carrera política, por lo tanto, estaría prácticamente terminada.

El viernes, Ricardo Echegaray, el titular de la AFIP, salió a justificar las nuevas medidas que semana tras semana hacen más restrictivo el cepo cambiario. “Preferimos que los argentinos veraneen en el país”, dijo muy suelto de cuerpo quien, a su vez, es poseedor de una casa en Punta del Este. Se supone, pues, que esta temporada veraniega la alquilará y, para ser coherente con los requerimientos del gobierno del que forma parte, irá de veraneo a alguna playa argentina. Al margen de este “detalle”, la aseveración de Echegaray ilustra a la perfección el modelo de país que pretende instaurar el kirchnerismo. 

Es un modelo en el que las libertades individuales están severamente limitadas por un Estado que pretende imponer un estilo de vida dependiente de los gustos, los humores, los pareceres y las arbitrariedades de los funcionarios de turno. Hoy, el Gobierno “prefiere” que los argentinos veraneen en el país. Mañana, puede que el Gobierno “prefiera” que los argentinos habiten en casas de un determinado estilo y superficie. Pasado, puede que el Gobierno “prefiera” que los argentinos lean tal diario o miren tal canal de televisión o escuchen tal radio… y así una larga serie de etcéteras tan extensa como cualquier lector quiera imaginar. ¿La sociedad argentina se resignará a vivir bajo estas normas y abdicará de la defensa de sus libertades individuales, consagradas por la actual Constitución Nacional?

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

© Escrito por Nelson Castro y publicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 1º de Agosto de 2012.
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