martes, 11 de septiembre de 2012

Michelle Obana, Ensoñación...


Ensoñación…

Michelle Obana

Tuve suerte. Me tiré el lance y me salió bien. Le pedí a Michelle Obama que me respondiera algunas preguntas para mis lectores, aquí en la Argentina. La primera dama de los Estados Unidos aceptó. Confieso que admiro profundamente a esta mujer de 48 años. Su historia es conmovedora.

¿Qué significa ser la primera dama del país más poderoso del planeta? Servir como primera dama es un honor, un privilegio extraordinario. Viene de una familia humilde, de gente de trabajo, y ha llegado a la Casa Blanca. ¿Cómo se atraviesa por esa experiencia? Mire, mi padre enfrentó numerosos desafíos en su vida. Padecía de esclerosis múltiple y trabajaba en la planta potabilizadora de agua en nuestra ciudad. Casi nunca faltó al trabajo. El y mi madre estaban resueltos a darnos a mí y a mi hermano la educación con la que ellos sólo pudieron soñar. Y en un país donde estudiar en la universidad cuesta mucho, ¿cómo pudieron hacerlo? Cuando mi hermano y yo finalmente entramos a la universidad, nuestros aranceles se pagaban con nuestros créditos estudiantiles y por becas, pero papá sin embargo insistía en pagar una pequeña porción del arancel de su bolsillo y cada semestre se proponía pagar a tiempo, incluso endeudándose cuando no le alcanzaba. Estaba tan orgulloso de poder mandar a sus hijos a la universidad que se aseguraba de que nunca quedáramos sin inscribirnos si su cheque no llegaba a tiempo.

¿Por qué era tan importante para su padre, un trabajador municipal, que ustedes estudiaran en la universidad? Porque como para muchos de nosotros, ésa era la medida de su éxito en la vida: ser capaz de parar la olla decentemente para poder sostener a su familia. ¿Sus orígenes y escenarios familiares son parecidos a los de su marido Barack, no es cierto? Barack fue criado por una madre que luchaba para llegar a fin de mes, y por abuelos que ayudaban cuando su mamá lo necesitaba. No envidiaban a nadie, ni les importaba que otros tuvieran mucho más que ellos. Creían simplemente en la fundamental promesa norteamericana: incluso si uno empieza con poco, pero trabaja duro y hace lo que debe hacer, debe poder vivir una vida decente y asegurar una vida mejor para sus hijos y sus nietos. Así nos criaron.

¿En qué se parecen su vida y la de su marido a las de sus padres y abuelos? Aprendimos de esos ejemplos dignidad y decencia. Nos enseñaron que importa mucho más trabajar duro y parejo que el dinero que se gane. Que ayudar a los demás significa más que salir adelante uno solo. Nuestros viejos nos enseñaron a ser honestos e íntegros. Importa mucho decir la verdad. No es bueno tomar atajos. Lo importante es ser fieles a nuestros valores. Bueno, pero ¿para el norteamericano medio acaso no importa tener éxito? El éxito no sirve a menos que uno llegue a él de manera recta y justa. Nos enseñaron a ser agradecidos y humildes. Supimos gracias a ellos que mucha gente tuvo que ver con nuestros logros, desde maestros y profesores que nos inspiraron, a trabajadores de maestranza que limpiaban nuestras aulas en el colegio.

¿Y cómo se relacionan esas experiencias con la vida en la Casa Blanca? Cuando se trata de reconstruir la economía, Barack piensa en mi viejo y en su abuela, en el orgullo que siente un asalariado tras una dura jornada de trabajo. Y cuando se trata de proporcionarles a nuestros hijos la educación que se merecen, sabe que, como yo y muchos, él nunca podría haber estudiado en la universidad sin ayuda financiera. ¿Vivían de manera muy austera? Me podrá creer o no, pero la verdad es que cuando estábamos recién casados la suma combinada de nuestras cuotas mensuales para pagar el crédito estudiantil era mayor que el monto de la hipoteca de nuestra casa. ¡Eramos tan jóvenes, estábamos tan enamorados y teníamos tantas deudas! ¿Piensa que la de ustedes es una demostración del mítico american dream? Barack sabe qué es el sueño americano porque lo ha vivido. Cree que cuando uno trabaja duro, hace bien las cosas y toma en cuenta las oportunidades, usted no cierra esa puerta detrás de él. Para él, el éxito no consiste en cuánto dinero uno acumula sino en la diferencia que uno produce en las vidas de la gente.

Ese matrimonio que vive hace cuatro años en la Casa Blanca y viaja en el Air Force One, ¿en qué se diferencia de lo que fueron como jóvenes afroamericanos tratando de salir de la pobreza? Amo en Barack que nunca haya olvidado cómo comenzó su vida, que podamos confiar en que hará las cosas que dice que va a hacer, incluso cuando es pesado, especialmente cuando es muy duro hacerlo. Eso amo en él, que nunca piense en términos de “nosotros” y “ellos”. No le importa que seas demócrata, republicano, o ninguna de ambas cosas. Entonces, ¿cómo llegaron adonde llegaron viniendo de donde venían? Llegamos a la Casa Blanca gracias a gente como mi padre y la abuela de Barack, hombres y mujeres que se dijeron “puede que no tenga la posibilidad de hacer realidad mis sueños, pero tal vez mis hijos podrán. Tal vez mis nietos podrán”.

Ya casi sobre la fecha en la que su marido será votado para permanecer o no cuatro años más en la presidencia de los Estados Unidos, ¿cuáles son sus emociones y ansiedades? Hoy sé por experiencia que si verdaderamente queremos dejar un mundo mejor para nuestros hijos e hijas, si queremos darles las bases para que sus sueños y oportunidades estén a la altura de sus proyectos, si queremos infundirles el sentido de esas posibilidades sin límites, su convicción de que aquí, en los Estados Unidos, siempre hay algo mejor delante de nosotros mientras estemos dispuestos a esforzarnos en pro de esa meta, entonces tenemos que trabajar como nunca antes, volver a unirnos y apoyar al hombre en el que se puede confiar para que éste, nuestro gran país, siga avanzando: mi marido, el presidente Barack Obama.

Obviamente, Michelle Obama no me concedió una entrevista. Esta fue una licencia periodística. Sus “respuestas” literalmente son sus palabras en la convención del Partido Demócrata de esta semana en Charlotte, Carolina del Norte. El copyright del concepto sobre el cual trabajé este reportaje “fraguado” pertenece a Juan Carlos de Pablo, cuyos “diálogos” con muertos ilustres los domingos en La Nación son una valiosa marca registrada. Todo lo que Michelle Obama sostiene choca de manera colosal con los usos y costumbres de la Argentina, donde la cultura del esfuerzo, el rigor de las obligaciones y la ética de las responsabilidades son rasgos minoritarios. ¿Alguno de ustedes podría imaginar estas palabras en boca de Cristina Fernández?

© Escrito por Pepe Eliaschev y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 8 de Septiembre de 2012.


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