domingo, 11 de marzo de 2012

Efecto boomerang... De Alguna Manera...

Efecto boomerang...

'Unplugged'. ¿Hace falta que te diga quién es? Dibujo: Pablo Temes

Caso Boudou. Explicaciones que más que aclarar, oscurecen. El vicepresidente y Echegaray realimentan la crisis.

“Es notable ver cómo se desgarran la piel desde los comunicados, las solicitadas, las declaraciones, etc. Evidentemente no miden el riesgo al que se exponen cada vez que hablan.” La frase, dicha por una fuente judicial que sigue al detalle el caso Ciccone, Boudou y compañía, resume, a su vez, el verdadero zafarrancho que en el Gobierno está causando este caso. Por eso es que la Presidenta ordenó que el Gobierno salga al rescate del vicepresidente, tarea nada sencilla por cierto. Es que Amado Boudou está en el centro de una tormenta que se ha realimentado fuertemente. En menos de siete días el vicepresidente pasó de decir en el programa “goebbeliano” 6, 7, 8 que no iba a hablar del caso, porque eso equivalía a convalidar el armado de una mentira de los medios que no responden al Gobierno, a explayarse sobre el affaire a través de distintos reportajes que transitó con notable comodidad, a los que encima después debió salir a enmendar, ya que varias de sus afirmaciones fueron desmentidas por la realidad. 

Como parte de esas “aclaraciones que oscurecieron” que no coincidían con los hechos, Boudou tuvo que salir a reconocer que era mentira que no hubiera tenido nada que ver en el visto bueno que la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) dio para el levantamiento de la quiebra de la ex empresa Ciccone Calcográfica, acción que fue el puntapié inicial para esta maniobra –altamente sospechosa de fraudulenta– de la fabricación de billetes de cien pesos que, a causa del impacto público negativo que está teniendo su difusión, está por ahora congelada.

La decisión de defender a Boudou fue tomada por la Presidenta en la noche del miércoles, después de su “Aló Presidente” con el que inauguró la galería de los ídolos populares en la Casa Rosada. Como parte de esa defensa, se le ordenó al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, montar una conferencia de prensa destinada a quitarle envergadura a la participación del vicepresidente en el proceso que llevó al levantamiento de la quiebra de la empresa de los hermano Ciccone. En su exposición, Echegaray señaló que la participación de la AFIP no había sido algo inhabitual ya que había habido otras 350 empresas a las que se benefició echando mano de un mecanismo similar. 

Hasta ahí las cosas iban bien. Pero todo eso se desmoronó de un soplo cuando un colega preguntó, con tino, si en todos los otros casos se había verificado la misma intervención por parte del entonces ministro de Economía, Amado Boudou. La respuesta –que no sorprendió– de Echegaray fue rotunda: “no”. Y con esa respuesta todo el andamiaje defensivo de la figura del vicepresidente, trabajosamente elaborado durante 48 horas, se vino abajo. Claro que todo ese embrollo en el que se metió el administrador de la AFIP no terminó ahí; su exposición y las acusaciones de evasión impositiva, emisión de facturas “truchas” y sellos apócrifos que hizo contra la empresa Boldt son delitos por los que hay también causas abiertas contra Ciccone. Pero eso Echegaray no lo dijo. ¿Acaso lo olvidó?

Para empeorar las cosas, también las solicitadas de parte de la empresa. Fueron dos. En la primera de ellas Guillermo Reinwick, que firma como el principal accionista de The Old Fund SA, poseedora del 70% de la Compañía de Valores Sudamericana (CVS), actual nombre de Ciccone, señala que Alejandro de Paul Vandenbroele es director a cargo de la presidencia de dicha empresa. Curiosamente Reinwick, que es yerno de Tadeo Ciccone y figura como deudor impositivo en la provincia de Buenos Aires, señaló que demoró la respuesta a las denuncias por hallarse de vacaciones en el Uruguay (sic). 

Las cosas, evidentemente, no han ido bien ya que el jueves 1° de marzo Alejandro Vandenbroele publicó su propia solicitada en la que se presenta como presidente de la Compañía Sudamericana de Valores. Todo esto es llamativo, ya que Vandenbroele figura en la AFIP como trabajador autónomo categoría T1, lo que significa que no podría tener ingresos superiores a los 15.000 pesos anuales. ¿Será eso lo que cobra como presidente de CVS?

Aún falta saber varias cosas. Una de ellas –fundamental– es quiénes son los reales propietarios de la empresa The Old Funds, que fue la que aportó los fondos para el levantamiento de la quiebra de Ciccone. Como ya se adelantó en esta columna, uno de los que tuvo activa participación como aportante fue Jorge Brito, el presidente del Banco Macro –a quien hasta hace poco se lo apodaba “el banquero del poder”–, decisión por la que su socio de entonces, Eduardo Ceballos, decidió alejarse del banco.

Lo más duro para Boudou es que, más allá de lo que vaya a suceder en el ámbito judicial, para cuya comprensión es importante tener en cuenta que la maniobra de la contratación de la ex Ciccone con el objeto de fabricar billetes de cien pesos no se concretó, está claro que los hechos que se vienen denunciando a través de la investigación periodística son ciertos, circunstancia que al vicepresidente lo deja mal parado.

El pedido de juicio político que ha hecho la oposición no tiene ninguna posibilidad de prosperar, pero los que dentro del Gobierno a Boudou lo quieren tanto como a la nada, no hacen nada por ocultar el placer que les produce verlo en este trance que socava sus ambiciones políticas.

Con todo, Boudou no es el único problema que enfrenta el Gobierno en estos días. La discusión en comisión del proyecto de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina ha dejado al desnudo los problemas económicos de Kirchner. La confesión clara que hizo la presidenta del Banco, Mercedes Marcó del Pont, fue una confirmación de esa situación. “Es esta reforma o el ajuste fiscal”, reconoció la funcionaria.

A Juan Pablo Schiavi, el inefable ex secretario de Transporte de la Nación, lo echó la realidad. Cuesta creer que a la Presidenta le haya llevado tanto tiempo darse cuenta de ello y pedirle la renuncia recién dos semanas después de sucedida la tragedia de Once que, con su saga de 51 muertes, enluta nuestro presente. Nadie sabe por qué laberíntico proceso la Presidenta eligió como nuevo secretario a Alejandro Ramos, intendente de reconocida gestión en la localidad santafesina de Granadero Baigorria, que no tiene ninguna experiencia en el complejo campo del transporte público. 

Lo ocurrido en la ceremonia de su asunción no dejó de llamar la atención. El punto más impactante sucedió cuando, al ser pronunciado el nombre de Juan Pablo Schiavi, la concurrencia prorrumpió en aplausos. Fue, al fin y al cabo, una muestra de indiscutible desprecio a los 51 muertos y los centenares de heridos que dejó la tragedia de Once que, a la manera de un karma, habrá de cargar por siempre sobre su espalda el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Producción periodística: Guido Baistrocchi

© Escrito por el Doctor Nelson Castro y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 10 de Marzo de 2012.

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